Thursday, July 09, 2009

La mendicidad por la internacionalización - Seth J. Frantzman - JPost

Las siempre presentes apelaciones dentro de la sociedad israelí para "una mayor participación internacional y una mayor presión” a Israel son emblemáticas de un desprecio por la democracia. Algunos intelectuales de la izquierda quieren verse a sí mismos como canarios en una mina de carbón, alertando de una posible destrucción. Un corolario de esta interminable pugna por ser la "única voz de la razón" es su tendencia a insistir en una mayor presión internacional.

Justo después de las elecciones de Israel de 2009, el Prof. Neve Gordon, de la Universidad Ben-Gurion, declaró que había llegado la hora de que los EEUU bajo la presidencia de Barack Obama impusiera una solución a Israel, y "si ese tipo de intervención incluye sanciones, sería la única manera de garantizar la existencia de Israel a largo plazo". La última manifestación de este tipo fue la del columnista político del Haaretz, Akiva Eldar, el pasado 29 de Junio, y donde llamaba a Obama a "jugar con los temores de Israel, no con sus esperanzas de paz.... Ha llegado el momento de abordar directamente a los israelíes, por encima de sus dirigentes".

A veces, este interés por una presión internacional puede llegar a ser francamente brutal, como cuando el editor del Haaretz, David Landau, le dijo a Condoleezza Rice en septiembre de 2007 que creía que los EEUU debían "violar" a Israel. Según los informes de sus palabras, él se refirió a Israel como a un "estado fallido políticamente, con necesidad de una solución impuesta por los Estados Unidos".

La creencia de que la presión internacional representaría una bendición está bastante generalizada. En Febrero del 2009, una petición firmada por cinco académicos, entre ellos los profesores Giora Rachel y Eva Yablonka de la Universidad de Tel Aviv, en apoyo de un reciente movimiento anti-Israel en la Universidad de Manchester, señalaba que "creemos firmemente que sin la presión desde fuera de Israel y sin un apoyo concreto para los palestinos, no cambiará nada en nuestra parte del mundo".

En una vena similar, el 3 de abril, Naomi Chazan escribió en la revista del fin de semana de el JPost que "es necesaria una mucho más asertiva participación internacional…, la amenaza de un aislamiento que roce el ostracismo puede ser precisamente ese tipo de sacudida que ha sido necesaria desde hace algún tiempo..., ya que ese impulso desde el exterior también puede revitalizar la política nacional".

La insistencia sobre una autoritaria participación de la comunidad internacional, y la esperanza y confianza en sus decisiones, es indicativa de una grave desconfianza respecto a la democracia israelí. Aquellos dentro de la izquierda que apelan a esto, si bien reconocen el fracaso de sus opciones políticas en 2009, necesitan a los extranjeros para imponer una solución. Esta opinión ha sido típica durante mucho tiempo de los grupos marginados, como Yesh Gvul, el cual trataba de obtener que los israelíes fueran acusados de "crímenes de guerra" en el exterior ya que aquí los tribunales no les seguían el juego.

La aparente razón de esta convocatoria a una intervención internacional es la sensación de que los partidos de izquierda han fracasado. Ze'ev Sternhell, ganador del Premio Israel y un controvertido profesor, dice que el Partido Laborista ha perdido su objeto. Al describir su desilusión con el Partido Laborista señala: "El verdadero problema es que la izquierda israelí es artificial, incluso una falsa izquierda. Carece de cada una de las respuestas instintivas que se identifican de forma natural con la izquierda: de pie con los débiles, los oprimidos y los trabajadores pobres y enfrentada a los fuertes y al propio Estado".

Para Israel Harel, otro columnista del Haaretz, la izquierda ha fracasado debido a su incapacidad a la hora de lograr la paz cuando se les dio la oportunidad y por la “sobre identificación de este sector con el nacionalismo árabe-palestino". No es de extrañar por tanto que Zehava Gal-On, un antiguo diputado del Meretz, haya sido descrito por el Haaretz como el "último de izquierdas" entre una izquierda "sin mensaje claro… sin límites".

Volviéndose hacia el exterior, estas apelaciones son anti-demócratas. Es interesante que algunos dentro de la élite del país confíen más en la justicia de las mismas naciones que perpetraron el Holocausto a la hora de ser los árbitros del conflicto actual. Ellos se sienten continuamente avergonzados por sus compatriotas, siendo el caso más reciente el del Ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman. Esto es un error. El elector puso su voto en manos de Lieberman, principalmente porque consideró que la izquierda estaba fuera de contacto con la realidad, era elitista y se mostraba incapaz de solventar una situación intratable.

El propio Gal-On lo admitió en una entrevista el pasado 3 de abril, al señalar que los judíos de Oriente Medio "no eran las clásicas caras del Meretz". Tampoco lo son ni los rusos ni los etíopes. En lugar de cortejar a los electores con soluciones razonables, algunos dentro de la izquierda simplemente hacen caso omiso de ellos, ignorándoles, y solicitan al exterior que les haga el trabajo. Este no es un desarrollo positivo. La reacción de esas opciones que en una democracia comprueban que el electorado les ha dado la espalda, no debe ser declarar el fracaso de la democracia, sino enmarcar sus propuestas de soluciones en una forma aceptable.

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2 Comments:

Blogger Iojanan said...

¿Hay diferencia entre esta izquierda y la española ? Ninguna, ambas, como las demás europeas, se amparan en el pretendido beneficio de la sociedad cuando quieren decir que el beneficio es propio. Se basan en las clases iletradas y en las medias sin preparación. Qué tiempos en que la izquierda con verdaderos ideólogos se creía ella que el mundo cambiaría. Hoy son como los vendedores malos, no venden, les compran. A día de hoy, son basura.

11:15 AM  
Blogger Iojanan said...

Por cierto, he tomado prestadas algunas de tus aportaciones. Gracias.

12:21 PM  

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