Wednesday, June 01, 2011

¿Por qué Occidente malinterpreta a Mahmud Abbas? - Emmanuel Navon


El barrio judío de la Ciudad Vieja de Jerusalén en 1948

"¿Así que ahora preguntémonos cual es la verdadera cuestión?", se preguntó retórica e inteligentemente Netanyahu en su magistral discurso ante el Congreso de los EEUU: "Si los beneficios de una paz con los palestinos resultan tan evidentes para todos, ¿por qué no la hemos logrado hasta ahora?". La respuesta de Netanyahu a sus propias preguntas era evidente: "el liderazgo palestino se ha negado siempre, y sigue negándose, a firmar un acuerdo de paz que implique la aceptación y permanencia del Estado judío, independientemente de sus fronteras”. De ahí el rechazo de la Autoridad Palestina a las ofertas de Ehud Barack (en 2000) y de Ehud Olmert (en 2008) para establecer un Estado palestino en prácticamente toda la Ribera Occidental y Gaza.

Arafat y Abbas, quienes dijeron que no, se negaron a ello porque implicaba abandonar la fantasía de la invasión de Israel por parte de los descendientes de los refugiados árabes de 1948, porque no quieren reconocer el pasado judío del Monte del Templo y porque no desean comprometerse en poner un final al conflicto tras obtener la estatalidad.

Así salió a relucir el verdadero impedimento. Si Abbas ya se negó a establecer un Estado palestino dentro de unas fronteras que eran prácticamente idénticas a las líneas de armisticio de 1949, ¿por qué iba a aceptar la creación de un Estado palestino en un territorio más pequeño con el fin de que Israel tuviera fronteras defendibles? Los que afirman que Israel sólo logrará la paz manteniendo y volviendo a ofrecer a los palestinos lo que ellos previamente han rechazado repetidamente, son un ejemplo vivo de la definición de Einstein de la locura ("Hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes"). Y aquellos que esperan que los palestinos estén de acuerdo con una versión degradada de lo que ya rechazaron anteriormente, de alguna manera recrean la famosa disputa entre Winston Churchill y Lady Astor:
Lady Astor: "Winston, si usted fuera mi marido, le envenenaría su té...".
W.Churchill: "Nancy, si yo fuera su marido, me lo bebería".
Una respuesta estándar para esta pregunta es que “lo único que Israel tiene que hacer para lograr la paz con los palestinos es retirarse a la frontera de 1967". Pero lo cierto es que nunca hubo tal frontera. Lo que hubo entre 1949 y 1967 fue una línea de armisticio específicamente definida como "temporal" en los acuerdos de Rodas, y ello sobre todo ante la insistencia de Jordania. Esta línea no era un límite fronterizo y no estaba destinada a convertirse en ello. La Resolución 242 del Consejo de Seguridad fue redactada específicamente para "no convertir la línea de armisticio en una frontera". No hay base jurídica para "exigir" una retirada israelí a la línea de armisticio de 1949. Pero además de la legalidad, afirmar que la retirada a esa línea “producirá la paz con los palestinos” desafía la lógica. No hubo paz antes de 1967, por lo tanto... ¿por qué volver hacia atrás la historia posterior a 1967 tratando de conseguir una paz que tampoco existió anteriormente?

La razón por la que Israel fue capaz de extraer un acuerdo de paz de Sadat (aunque no una paz verdadera) a cambio de la retirada del Sinaí es que Sadat quería el Sinaí (y, de paso, la generosidad financiera estadounidense que venía con él). Si los palestinos desearan realmente la Ribera Occidental y Gaza, la formula de un "retroceso a las líneas de 1967" también hubiera funcionado con ellos. Pero lo que ellos quieren es toda Palestina, y los intentos previos de firmar un acuerdo de paz antes de 1967 fracasaron por eso mismo. La Autoridad Palestina enseña a los niños palestinos que Jaffa y Haifa finalmente serán liberadas de los invasores sionistas, y que el único propósito de firmar acuerdos con los infieles es lograr el objetivo final de "liberar toda Palestina”. Y el mensaje cala. Una encuesta llevada a cabo por Stanley Greenberg en noviembre del 2010 revelaba que el 60% de los palestinos veían la solución de dos estados como un mero paso intermedio para conseguir reemplazar Israel por un estado exclusivamente árabe.

La afirmación de que los palestinos han abandonado su objetivo de "liberar" toda Palestina hace caso omiso de lo que los mismos palestinos siguen diciendo (aunque ahora, ciertamente, preferentemente en árabe). Ayer (28 de mayo), Mahmud Abbas declaró en Doha que "nunca reconocerá a Israel como un Estado judío", que nunca perderá la confianza en el "derecho de retorno", y que el futuro Estado palestino estará "limpio" (o "vacío", dependiendo de la traducción) de toda presencia israelí (incluyendo los civiles).

En tal escenario (con un retorno de los refugiados), el Estado de Israel perdería su mayoría judía, mientras que el Estado palestino estaría "limpio" de cualquier judío. Los judíos se convertirían en una minoría entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, y serían gobernados por una mayoría árabe. Si Abbas resulta tan claro acerca de sus verdaderas intenciones, y si además es tan explícito sobre ellas, ¿por qué para algunos resulta tan difícil creerle?

¿Cuál sería la reacción del mundo si Netanyahu declarara que el Estado de Israel debería estar "limpio" de cualquier árabe? Una solución de dos estados no debería excluir la presencia de minorías en ambos bandos. La India fue dividida en 1947, pero siguieron habiendo musulmanes en India e hindúes en Pakistán. Esto es lo que Netanyahu quería decir en su discurso ante el Congreso cuando afirmó que "en cualquier acuerdo de paz real que ponga fin al conflicto, algunos asentamientos terminarán más allá de las fronteras de Israel". Contrariamente a lo que The Economist, por error (o por malicia) interpretó, eso no significa que algunos asentamientos judíos, en consecuencia, "tendrán que ser eliminados" ("No se puede hacer a todos felices", The Economist, 26 de mayo).

Esto significaría que en una verdadera paz debería poder existir una minoría judía en el Estado palestino, del mismo modo que existe una minoría árabe en el Estado judío. Y o bien el Estado palestino está dispuesto a tolerar una minoría judía, con una igualdad de derechos civiles similares a los que gozan los árabes en el Estado de Israel, o bien se ha comprometido a realizar una limpieza étnica. En ese caso, debería poder existir una transferencia mutua de población entre ambos estados, como ya lo había sugerido en 1937 la Comisión Peel.

Al aceptar el principio de que debe existir una minoría árabe en el Estado judío, pero que en cambio "no puede existir una minoría judía" en el Estado palestino que se establezca, se genera un doble rasero sin precedentes que además absuelve a los palestinos de su intolerancia hacia las minorías, y de manera implícita apoya la idea de que los árabes tienen más derechos que los judíos sobre una tierra que ambos pueblos reclaman como suya.

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