Monday, August 01, 2011

El judaísmo es mucho más que el 'tikkun olam' - Joel Alperson - JTA



Al menos una parte de mi ciudad natal, Omaha, en Nebraska, puede estar bajo el agua en los próximos días. Las bombas están en marcha en varios lugares, incluso en una central nuclear situada no lejos de la ciudad. El río Missouri, en las fronteras de nuestra ciudad, se ha elevado a niveles potencialmente peligrosos. Algunos residentes de Omaha han llevado bolsas de arena para ayudar a reforzar los puntos críticos a lo largo del río.

Este desastre potencial refleja el grave problema que enfrenta el mundo judío no ortodoxo.

El judaísmo no ortodoxo se enfrenta a crecientes niveles de secularismo que casi siempre conducen a la asimilación, una tendencia que, dentro de una o dos generaciones, podría convertir tanto del judaísmo conservador como al reformista en irrelevantes en gran medida en EEUU (y también en el extranjero). El descontento general que respira el mundo del judaísmo no ortodoxo, y su partida resultante de una vida judía, con su abandono, podría llevar a ambos judaísmos, reformista y conservador, a un estado de obsolescencia.

Esta predicción no es original ni nueva. A partir de estudios sobre las altas tasas de matrimonios interreligiosos, con unos porcentajes de adhesión crecientes, deberíamos conocer a estas alturas que la forma de vida judía no ortodoxa está fallando en casi todas las métricas que tenemos a nuestra disposición. Y por cierto, yo no soy un judío ortodoxo, por cierto.

A algunos no les gustara leer estas palabras y otros podrían sentirse molestos por ellas, pero como las inundaciones en Omaha, es difícil ignorar lo que uno ve con sus propios ojos. Este distanciamiento de las enseñanzas y experiencias ritual de la religión judía conduce inevitablemente a un distanciamiento del propósito y del ser judío. Así que cada vez más estos judíos tratan de encontrar su “significante judío” en causas sociales y/o políticas (la reforma migratoria, los nombramientos de la Corte Suprema, la lucha por el medio ambiente, los derechos de las mujeres, etcétera). Dejando de lado el mérito de defender esas posiciones, seamos honestos: estos actividades donde se persigue el "tikkun olam" (término cabalístico que significa “la reparación del mundo) permiten sentirse bien consigo mismo e incluso hacer algo bueno, pero hacen muy poco para construir comunidades judías.

Estamos perdiendo a los judíos y el compromiso de los judíos demasiado pronto como para pensar que podemos darnos el lujo de seguir como hasta ahora. Si los judíos siguen dando prioridad a estos esfuerzos sociales y/o políticos más que a las probadas prácticas religiosas, debemos tener el coraje de reconocer que hemos sustituido al judaísmo por todas estas causas seculares. No podemos tener las dos cosas. Podemos insistir en que el tikkun olam y la justicia social son fundamentales para nuestra forma de vida judía, pero en realidad dichas causas seculares suplantan cada vez más el lugar de la educación y la práctica judía.

Esas son las bombas de agua y los sacos de arena empleados por el movimiento ortodoxo contra la creciente marea de la asimilación.

Observo con tristeza como los seminarios de nuestros movimientos no ortodoxos despiden empleados y cierran programas. A nivel nacional, y cada vez más, la representación escolar de este judaísmo no ortodoxo equivale solamente a un pequeño porcentaje de los niños judíos en los Estados Unidos. Y no es porque la economía haya comenzado una espiral descendente, las tendencias que conducían a esa decadencia se establecieron mucho antes.

Los judíos ortodoxos, a pesar de los muchos desacuerdos que los judíos no ortodoxos tienen con ellos, han crecido en número, y no sólo por refugiarse en las comunidades haredíes ortodoxas. En contraste con los ortodoxos haredíes, los ortodoxos modernos nadan en gran parte en las mismas aguas seculares que los otros judíos no ortodoxos: Tienen televisión, utilizan mucho Internet, asisten a universidades seculares, y su trabajo y vacaciones son las del mundo secular. Pero ellos también se aferran a una disciplina religiosa que creen que hará sus vidas mejores. Ellos observan el Shabbat y las festividades judías, y estudian los textos judíos en un número mucho mayor que los judíos no ortodoxos. Son más propensos a tener hijos, y sus hijos son mucho más propensos a contraer matrimonio con otros judíos y formar hogares judíos.

El judaísmo nos enseña a ser mejores amigos, empresarios, maridos, esposas, filántropos... Nos dice cómo ayudar a los débiles y el momento de luchar contra el mal. En resumen, el judaísmo nos hace mejores seres humanos. Es la disciplina de llevar una vida judía tradicional la que también nos recuerda la mejor manera de participar en la reparación del mundo.

Irónicamente, al poner demasiado énfasis en el tikkun olam podría, en última instancia, fomentar una pérdida de conocimiento de la experiencia judía, es decir, perder ese mismo ímpetu que nos ha permitido colocar el tikkun olam antes que nada.

¿Debe cada judío ortodoxo llevar una vida plena y significativamente judía? Es evidente que no. Sin embargo, hay un gran número de judíos no ortodoxos muy comprometidos. Pero como una comunidad, al menos por ahora, vamos a vernos muy debilitados si no reconocemos que la reparación más necesaria actualmente es la nuestra propia, más urgente aún que reparar el mundo.

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