"Profetas" y "Protectores" - Steven M. Cohen - Ynet

El discurso favorable a Israel, el que llevan a cabo aquellos que se consideran, o dicen ser, amigos de Israel, parece provenir de cualquiera de estas dos perspectivas.
Una perspectiva se centra exclusivamente en las deficiencias de Israel, por lo general, en lo que conlleva el maltrato de uno u otro grupo: las mujeres, los trabajadores inmigrantes, las diversas corrientes religiosas judías relegadas por los ortodoxos (reformistas, conservadores…) y, de manera muy destacado, los palestinos.
La otra perspectiva se centra en las virtudes morales de Israel en el contexto de su lucha por la paz y la seguridad (en una región sumamente peligrosa y opuesta a su presencia).
Esta última perspectiva hace hincapié en las afirmaciones de Israel como una democracia según los parámetros occidentales, con valores sociales progresistas, que además es laboriosa, ingeniosa, sensible y respetuosa con los derechos humanos, algo mucho más destacable al encontrarse en medio de una prolongada lucha existencial. A menudo, en este discurso, a Israel se la compara con las otras democracias occidentales, en contraposición de los palestinos y el mundo árabe o musulmán.
¿Por qué estos dos tipos de discurso - ambos sostenidos por israelíes, sionistas, judíos pro-Israel y sus amigos y aliados no judíos – parecen tan disonantes, tan desconcertantes y tan desagradables entre sí?
Recuerdo que no soy el primero en tomar nota del discurso dispar existente sobre y en Israel. Hace casi 30 años, en septiembre de 1982, durante una pausa temporal en la (primera) Guerra del Líbano, y justo antes de las masacres de Sabra y Shatila [N.P.: llevadas a cabo por milicianos falangistas cristianos libaneses ante la indiferencia israelí), Leonard ("Leibel") Fein, escribió estas mismas palabras en ese momento:
Hay dos tipos de judíos en el mundo.
Uno es ese tipo de judío que detesta la guerra y la violencia, que cree que luchar y combatir no es "la manera judía" de hacer las cosas, y que por ello acepta de buen grado que los judíos tienen sus propias y elevadas normas de conducta. Y que no sólo tenemos esas elevadas normas propias, sino que además son nuestra razón de ser lo que somos.
Y está ese otro tipo de judío que cree que se ha comportado pasivamente demasiado tiempo, que ya ha sido suficiente, y que está convencido de que es hora de devolver el golpe a nuestros enemigos, que debemos rechazar de una vez por todas el papel de víctima, que los judíos deben aceptar de una vez y de buen grado que no pueden permitirse depender de los favores de los demás, y para ello debemos ser fuertes y resistentes.
Y el problema es que la mayoría de nosotros somos o participamos de esos dos tipos de judío.
Aunque más adelante Leibel reestructura parcialmente esa división (argumentando sus dudas acerca de que la mayoría de nosotros llevemos dentro ambos tipos de judíos), esas diferencias permanecen aún presentes.
Treinta años después, estos dos tipos de judíos siguen vivitos y coleando, y llevan con nosotros desde hace algunos años, si no siglos. Y es el destino de la nación judía el que ha estado en el centro de la disputa entre esas dos perspectivas o campos. Un campo habla con la voz profética del judaísmo, y el otro está motivado principalmente por su preocupación por la seguridad del pueblo judío (tan reiteradamente amenazado y agredido). Ambas perspectivas recurren como fuente de sus planteamientos a los valores morales judíos, y ambos se ven a sí mismas como las verdaderas defensoras de los intereses de Israel y del pueblo judío.
Las históricas imágenes de Yochanan ben Zakkai y Simón Bar Kokhba nos vienen a la mente. De cara al opresor romano, el primero aconsejó la rendición en el 68 d. C. Unos 70 años después, el segundo encabezó una rebelión que fue aplastada (La verdad sea dicha, la historia ha juzgado mucho más amablemente a algunos otros “protectores” judíos que a Bar Kokhba).
Casi dos milenios más tarde, los “profetas judíos” y los “protectores de Israel” aparecen una vez más estrechamente asociados, respectivamente, al sionismo de izquierdas y al sionismo revisionista de derechas. En la última generación, hemos comprobado como ahora se les denomina o identifica como "palomas" y "halcones" respectivamente, o, más ampliamente, como miembros del "Campo de la Paz" y del "Campo Nacional".
¿Y hoy en día? El mundo que se muestra favorable a Israel todavía se encuentra dividido entre un campo que potencia una visión más profética y otro que incide en una mayor protección y seguridad. Entre los primeros, y en términos generales, tenemos al New Israel Fund, JStreet, los judíos demócratas (de EEUU) y aquellos educadores y académicos israelíes que recomiendan "abrazar" la complejidad del Israel actual. En la otra parte del cuadrilátero, nos encontramos con organizaciones como ZOA, AIPAC, los judíos republicanos (de EEUU) y los organismo ligados con la industria de defensa de Israel, los cuales desean ver avanzar la causa de Israel dentro de la arena pública internacional como un imperativo moral.
Las líneas pueden ser borrosas, pero los impulsos todavía están presentes. Los dos bandos se sienten completamente justificados y a la vez se muestran profundamente preocupados. Y cuanto más alzan sus voces los de un lado, más los del otro se sienten vulnerables, si no derrotados.
Los “protectores” consideran que los “profetas” están causando un grave daño a la imagen de Israel y a su seguridad: ¿Quién necesita a esos supuestos amigos de Israel - por no hablar de sus enemigos – si solo se dedican a exponer aquellas historias que, según alegan, dan cuenta del sexismo, la intolerancia religiosa, los abusos de los derechos humanos, las tendencias fascistas y la existencia de motivaciones racistas presentes en la sociedad israelí?
Por su parte, los “profetas” consideran a su vez que son los “protectores” los que socavan la seguridad de Israel. Ellos se preguntan, ¿cómo podrán afrontar los israelíes llegado el momento las decisiones difíciles que implican realizar las necesarias concesiones para la paz, (y que implican menos seguridad) si constantemente se les dice que todo lo que hacen, ellos y sus líderes, está bien, que el mundo se muestra indiferente a su suerte y que la otra parte es de por sí hostil, poco fiable y fanática? Y mientras tanto, ese discurso de los “protectores” apaga la autocrítica y esa necesaria búsqueda de la justicia que permitiría a los israelíes evitar cometer los abusos más flagrantes en varias esferas - y en particular la ocupación -, abusos que tanto daño les provocan, moral y políticamente, a ellos y a su causa.
Una posible conciliación entre los “profetas y los protectores” no parece plausible. Pero tal vez cada parte debería comenzar observando lo que tiene de valor la otra, o inclusive valorar y recurrir a las sensibilidades y visiones del mundo que cada una de las partes aporta al discurso favorable a Israel.
Labels: guerras judías, S.M.Cohen


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