Friday, February 17, 2012

¿Quiénes son los haredim? - David N. Myers - Jewish Journal



El reciente e inquietante episodio relacionado con el acoso a una niña ortodoxa de 8 años en la ciudad israelí de Beit Shemesh a causa del tema de la modestia, y la actual controversia sobre los asientos separados para las mujeres en ciertos autobuses públicos de Jerusalén y de otros lugares que transitan por zonas haredi, ha centrado la atención en ese grupo de judíos conocido como haredim (o ultra-ortodoxos). Pero ¿quiénes son y de dónde vienen?

Según ellos mismos se presentan, son los herederos directos de los valores del judaísmo de la verdadera Torah. De hecho, es frecuente que declaran su deseo de caminar por "el camino del antiguo Israel" (Israel Derekh Sava), como si representaran el eslabón principal en la cadena ininterrumpida de la tradición. Sin embargo, los haredim son un fenómeno relativamente novedoso dentro de la historia judía, un grupo nacido en la época moderna a pesar de que nacen para combatir la visión moderna del mundo. En la medida en la que consideran que el mundo que les rodea está corrupto y contaminado, creen que es necesario participar en un combate prolongado para asegurar la pureza de sus vidas judías. Esto conduce a un conjunto de impulsos que a menudo son contradictorios: un impulso marcial a unirse a la batalla en nombre del Todopoderoso, junto con un impulso separatista para aislarse del resto de la sociedad a fin de asegurar su pureza. En ambos casos, están motivados por la "harada", una palabra hebrea que denota miedo, temblor o ansiedad frente a la omnipotencia de Dios. A partir de este estado de ansiedad vigilante tenemos el nombre de "haredim".

En su estudio sobre los haredim, el fallecido historiador israelí Jacob Katz apuntaba al advenimiento de un "nuevo tradicionalismo" en la Europa del siglo XIX. Él y otros estudiosos señalan la influencia de un rabino de origen alemán, el Rabbi Moisés Schreiber (1762-1839), conocido como Hatam Sofer, quien ganó renombre por su fuerte oposición a las corrientes modernizadoras dentro del judaísmo de su tiempo. Esta oposición fue inmortalizada en el famoso credo de Hatam Sofer: "Chadash asur min HaTorá", o “está prohibida la innovación como una materia de la Torah”.

Él mismo dejó su Alemania natal para vivir en Presburgo, en el Imperio Austro-Húngaro, donde estableció una yeshiva que ganaría renombre por su plan de estudios tradicionalista y por su rigor. Allí uniría sus fuerzas con un socio inesperado, el rabino hasídico de origen galitziano Rabbi Moisés Teitelbaum, para con él combatir a los "modernizadores", como por ejemplo los primeros judíos de la Reforma, a los que achacaban estar socavando la fe verdadera.

Esta rara pareja que conformaban un rabino no hasídico de Alemania y un rabino hasídico de Galitzia, pone de manifiesto uno de los rasgos característicos del judaísmo haredi: su diversidad. No sólo este fenómeno tiene componentes hasídicos y no hasídicos, sino que existen muchas variantes del hasidismo dentro del mundo haredi. El mismo Imperio Austro-Húngaro, donde se asentó la Hatam Soferm, demostró ser durante el siglo XIX una especie de incubadora maestra de este nuevo experimento dentro del tradicionalismo religioso. De manera particular, Hungría fue el lugar donde se libraron intensas batallas entre las diferentes facciones judías, entre las que se incluían los Neolog (similares al judaísmo de la Reforma), los Status Quo (en algún lugar intermedio entre los conservadores y los ortodoxos), los ortodoxos y los diversos sectores dentro de los haredim. Ya en el siglo XIX los haredim insistían en un nuevo grado de rigor ritual dentro de la vida comunitaria judía. Los descendientes del rabino Moses Teitelbaum fueron especialmente enérgicos a la hora de insistir en las nuevas normas del kashrut (más rígidas), la segregación de género, la modestia en el vestir para las mujeres y la resistencia a los estudios seculares. El más famoso de esos descendientes, el Rabbi Joel Teitelbaum (1887-1979), también obtuvo una gran notoriedad por su feroz e implacable oposición al sionismo, al que consideraba como una violación de la orden rabínica que se muestra opuesta a una "aceleración del final mesiánico".

Como cuestión de hecho, la oposición al sionismo fue una característica clave dentro de las numerosas nuevas formas de judaísmo tradicionalista que se expandieron a finales del siglo XIX y comienzos del XX. De hecho, lo mejor es pensar en estas nuevas formas tradicionalistas ocupan un espectro que incluye a las versiones más moderadas y a las más radicales, aunque las diferencias quizás no serían fácilmente perceptibles para el observador común.

Por ejemplo, un nuevo movimiento tradicionalista surgió en 1912, el Agudat Israel, compuesto por judíos hasídicos y no hasídicos procedentes de Polonia y Alemania, y cuya misión expresa era vigilar y mantenerse en guardia ante la influencia secularizadora del movimiento sionista. Ellos no se unieron, sin embargo, con los dirigentes del judaísmo haredi de Hungría, tales como Joel Teitelbaum y el Rebbe Munkaczer, los cuales, de hecho, prohibieron a sus seguidores tener cualquier contacto con miembros de la Agudat. Este hecho nos debe hacer recordar que ese impulso por participar en la batalla anti-modernización, tan central y relevante para el judaísmo haredi, se dirigió o desvió a menudo contra los propios aliados. Los húngaros se consideraban unos puristas y pronto marcaron a los Agudat como meros colaboradores, por razones que pronto se aclararán.

Pese a su total y frontal oposición al sionismo, las diversos sectas o sectores haredi, moderados y radicales por igual, compartían un profundo vínculo con Eretz Yisra'el y también trataron de establecerse allí. El más radical de esos sectores estableció en 1919 su propia comunidad haredí, la "Edah Haredit", en el barrio de Mea Shearim de Jerusalén. Esta comunidad funcionaba como una alternativa, una fuente antisionista de autoridad religiosa, con sus propias sinagogas, yeshivas y normas de kashrut en varios barrios de Jerusalén, así como en Bnei Brak (Tel Aviv). Su propia y curiosa mezcla de quietismo y activismo se basaba en la creencia de que, si bien no se debe tratar de restablecer un autogobierno judío en Palestina antes de la llegada del Mesías, no se debía dejar en manos de los sionistas la Tierra Santa, ya que el compromiso con ellos resultaba imposible.

La Agudat Israel adoptó un enfoque diferente. En 1933 estableció un acuerdo con la Agencia Judía dirigida por judíos sionistas para recibir el 6,5% de los certificados de inmigración a Palestina, certificados que dicha agencia distribuía. Y en 1947, la Agudat fue el socio en el famoso acuerdo de status quo por el cual David Ben-Gurion, que pronto sería el primer ministro de Israel, asumía que el nuevo Estado garantizaría que se observara el shabbat, que se mantendría el kashrut en las instituciones gubernamentales, y que se cedería el control sobre las cuestiones de educación y estatuto personal a las autoridades religiosas.

Con el tiempo, la Agudat se ha integrado cada vez más en la vida política israelí y sus representantes sirven como viceministros y miembros de la Knesset. Algunos dirían que el precio a pagar por ese acuerdo de status quo - y por la participación de la Agudat en la vida pública de Israel – ha sido demasiado alto: un control coercitivo sobre los asuntos religiosos por parte de los ortodoxos.

Eso puede ser cierto, pero lo que ocurrió en Beit Shemesh - y la batalla por la segregación de género en ciertos autobuses de Israel - es el resultado de la batalla presentada por el sector haredí más radical, cuyas raíces se remontan a la Edah Haredit. Aunque firmemente separatistas - por ejemplo, sus dirigentes no sirven en la Knesset o en los ministerios del gobierno -, al mismo tiempo son uno de los sectores haredi más agresivos, visibles y poblados dentro de la plaza pública israelí. Su mano dura, y a veces sus tácticas violentas, no son nada nuevo. Ellos tienen sus raíces en el entorno del judaísmo haredí húngaro.

La pregunta clave es la siguiente: ¿podrá su creciente número, y por lo tanto su requerimiento de una mayor integración dentro de la sociedad israelí para aliviar sus problemas de alojamiento y subsistencia, mitigar de esa manera sus impulsos separatistas y agresivos? ¿O bien su creciente prominencia, y su sensación de un mayor poder, potenciarán las fisuras cada vez más profundas dentro del tejido social de Israel? En gran medida, el futuro de Israel depende de la respuesta a esas preguntas.

Labels:

0 Comments:

Post a Comment

<< Home