Monday, January 06, 2014

O deben encontrar a otro ladrón (que no sea catalán, of course) o simplemente les toman aún Mas el pelo



Noticia del 30 de Diciembre que saco a colación del artículo final de Bassets

El Consell Assessor per a la Transició Nacional, el grupo de "sabios" en los que se arropa el presidente Mas para identificar las estructuras estratégicas del funcionamiento del futuro estado catalán, ha alertado al Ejecutivo nacionalista de los peligros que puede encontrar el proceso soberanista en el momento de divulgar su mensaje en los foros internacionales. Advierte que aludir al agravio fiscal con España «es lo que desean los contrarios al proceso de autodeterminación» para poder tachar a Cataluña de «agente insolidario».

En este sentido, los asesores de Artur Mas destacan que utilizar sólo «la bandera del perjuicio económico», el conocido como España nos roba, podría conducir a «identificar el patriotismo y la voluntad de ser de los catalanes con una forma colectiva y exacerbada de egoísmo económico». Por eso, recuerdan que ante un panorama de crisis mundial, y con «las tensiones distributivas importantes», Cataluña «no puede aparecer como un agente insolidario, sobre todo cuando nunca ha sido así».

Los asesores creen que este mensaje «plantearía una hostilidad considerable en un amplio espectro de la opinión pública europea: la izquierda en general y los países con una renta per capita más baja». De ahí la expresa petición de «renunciar a cualquier referencia a la Europa de los pobres».

(...)

En este informe sobre las claves para la internacionalización del proceso soberanista, los asesores también recomiendan «evitar cualquier acto o palabra hostil» respecto a España. Además, insisten en plantear con «transparencia la posibilidad de que el proceso político catalán pueda desestabilizar el Estado español y Europa». Consideran que el Gobierno rechazaría «negociar un acuerdo de secesión» y que la independencia causaría «efectos económicos y tal vez psicológicos en España».

Por eso se aconseja implicar a la Unión Europea en el proceso y ofrecer un marco de relaciones «cooperativas, cercanas y constructivas» a España una vez conseguida la independencia, en relación con un consejo entre los dos para tratar temas comunes como energía, seguridad o telecomunicaciones.



La visión de Santiago González en El Mundo de la noticia de arriba:
El Consejo Asesor para la Transición Nacional se ha puesto a asesorar, que es lo suyo, y ha concluido que lo mejor que pueden hacer con los españoles es derrotarlos a besos.
Ellos piden libertad «sin ninguna hostilidad respecto al Estado español» y se temen que expresiones del tipo "Espanya ens roba" son doblemente inconvenientes. Los independentistas podríamos parecer insolidarios a los ojos de la UE: ¡los impuestos para quien los evade! Esto viene a ser así, ya explicó Boadella el principio universal de que cuando alguien pide rancho aparte es para comer más que los demás. 
Por otra parte, los españoles, gente suspicaz, podrían ofenderse, aunque si nos oyeran sin prejuicios, verían que es una declaración de amor: yo la llamé puta y ella me llamó cabrón. Así, hablando, hablando, congeniamos. 
Tampoco es cierto que los separatistas catalanes no queramos ser españoles, como les pasaba a los vascos, al decir de Juaristi: "lo que queremos es ser españoles de primera". Queremos que el Barça siga en la Liga española, por ejemplo. A ver cuántos jugadores culés no quieren ser llamados por Del Bosque. Hay un handicap: la selección catalana que hoy juega con Cabo Verde, es como el Barcelona, pero sin Messi, Neymar, Pedrito, Iniesta, Alexis, Alves, Adriano, Mascherano, ni Pinto. No diré más. 
Está el IVA del cava, esa deliciosa confusión entre quién paga el impuesto, que es usted, un christmas victim, y dónde se recauda, o sea, Cataluña y otras comunidades productoras (Valencia, Murcia, La Rioja, etcétera) Esto les lleva a la infundada conclusión de que los ciudadanos catalanes pagan más de lo que reciben. 
En lo que toca a los impuestos directos ignoran un hecho fundamental: que los contribuyentes son los ciudadanos, no los territorios, matiz que debería plantearse antes de meterse en cálculos de balanzas, incluso para defender el criterio de ordinalidad. No son las comunidades autónomas las que pagan. 
Si usted gana, pongamos 50.000 euros al año, podría sufrir el síndrome de Cataluña: seguramente pagará más en impuestos de lo que recibe en gasto social, mientras conocerá a alguien en paro que percibe el subsidio de desempleo y a ancianos jubilados cuyas enfermedades crónicas cuestan un pico en gasto sanitario y farmacéutico. Pero no es adecuado que un honesto extremeño de centeno o un gallego de lluvia y calma se pongan a gritar desaforadamente: ¡España nos roba! 
A eso se le llama Estado del Bienestar, y descansa en el principio de solidaridad que sostiene toda política fiscal moderna. A la doble pregunta del referéndum le falta una tercera: ¿Quiere que Cataluña sea un Estado? ¿Quiere que ese Estado sea independiente? Y en caso de haber respondido afirmativamente a las dos primeras: ¿Quiere que sea un Estado del Bienestar?

Y hoy, en el Global, el análisis - con mucha ironía - de Jordi Bassets y el comentario mañanero y muy realista de Thibeault (las comillas son mías):
Hay un malentendido que urge aclarar. Me he dado cuenta al leer el documento titulado 'Las relaciones de cooperación entre Cataluña y el Estado español', redactado y difundido por el Consell Assessor per la Transició Nacional a finales de este pasado año. Vean esta frase contenida en la justificación del informe del grupo de expertos nombrado por Artur Mas: "Sería absurdo concebir esta independencia como una vía de ruptura con España". Y a continuación, este argumento que sirve para sostenerla, junto al ya muy conocido de la interdependencia dentro de la globalización: "Tal como se desprenden de las manifestaciones explícitas y mayoritarias de los actores públicos y privados que intervienen en el proceso, hay un voluntad explícita de fortalecer los vínculos históricos y actuales, colectivos y personales que existen entre los dos territorios". 
No hagan caso, por favor, a las ideas, iniciativas y eslóganes difundidas desde el propio gabinete de la presidencia; al simposio de historia titulado España contra Cataluña; a la consigna sobre política fiscal de que España nos roba; o a la celebración de 1714 en el Born, declarado 'Zona cero' de los catalanes, con ese 'Vivir libres' que señala indefectiblemente el "estado de sometimiento y opresión nacional, la falta de libertad y el sufrimiento de tres siglos bajo la bota hispánica que ahora terminará con el doble o triple sí propugnado por Artur Mas". Tampoco a la solemne carta de queja a los países europeos, a fin de cuentas parte de la gestualidad retórica destinada a calentar el ambiente. El presidente catalán y el líder de ERC Oriol Junqueras dijeron hace unos meses que "amaban a España, aunque no tanto al Estado español", y no se entiende muy bien por qué nadie, ni siquiera sus partidarios, les hacen caso y todos seguimos "tan convencidos de que detestan a ambos, a España y al Estado". 
Hay que situar los hechos en perspectiva. Lo hace el papel sobre las relaciones exteriores: es para después de la independencia. "El informe parte del supuesto de que sea cual sea el desarrollo del proceso, tarde o temprano, y una vez concluido, será necesario establecer un marco efectivo de relaciones de colaboración entre los Estados de España y de Cataluña. Y más aún cuando, incluso en los casos de separaciones traumáticas, la experiencia histórica demuestra que, en general, al cabo de un tiempo se restablecen las relaciones de cooperación". 
Todo es, pues, más sencillo: el Consell de la Transició está adelantando faena. No sabemos si habrá cacería pero, "además de repartir la piel del oso, ya estamos fabricando con ella abrigos y gorras". Tanto frenesí tiene una explicación. Cuanto mejor se conozca la maravilla del resultado mejor podremos vender ahora la iniciativa. La idea tan portentosa y de momento incomprendida de que la consulta y la independencia son buenas para España y para Europa no ha hecho más que empezar a abrirse camino. Separarnos para luego abrazarnos, según expresión del filósofo Xavier Rubert de Ventós, cuya traducción inmediata es "insultarnos y arañarnos primero para besarnos y piropearnos después". Está claro que los asesores de Artur Mas han creído que si adelantamos algo en besos y piropos, será mucho más fácil el divorcio. 
¡Y vaya besos y piropos! 
Tiene que gustar la idea de que España tendrá un aliado fiel y responsable, con el que formará un Consejo Catalano-Español, a imitación del Benelux, para colaborar juntos en Europa. También gustará y mucho, sobre todo a los portugueses, la oportunidad que será para España la creación de un Consejo Ibérico en el que los países peninsulares se relacionarán como lo hacen ahora los países escandinavos entre sí; aunque habrá que anotar la "dificultad para explicar tan magnífica idea a los nacionalistas vascos y gallegos, que se verán incluidos en España y excluidos de una relación multilateral entre iguales". 
Pero lo que sin duda "más gustará internacionalmente es la creación de una relación institucionalizada entre los territorios de habla catalana de cinco Estados": España claro está, Andorra, Francia, Italia y, naturalmente, Cataluña, en razón de que incluyen poblaciones de habla catalana a las que les interesará participar de una relación institucionalizada con la nación patrocinadora. "Ya sabemos cuánto gustan estas iniciativas entre países vecinos, aunque a veces puedan propulsar proyectos irredentistas que, por supuesto, el Consell no nombra ni tiene en cuenta, porque naturalmente no existen o si han existido ahora no tienen importancia". Más aún, la nueva relación de igualdad permitirá además "superar lo antes posible las viejas desconfianzas por 'pancatalanismo' que han condicionado hasta ahora todos los intentos de colaboración". 
Como se puede ver, con buena voluntad aparecen soluciones imaginativas a cualquier problema. Hay políticos que saben hacer siempre zumos dulces con limones amargos. No será ahora cuestión de reprochárselo.
 Comentario de Thibeault:
Aunque he de reconocer que hace algún tiempo que, por mero aburrimiento intelectual, he desistido de mi empeño; lo cierto es que durante los últimos dos años he procurado leer todo lo que se publicaba sobre el proceso soberanista catalán y, con todos mis respetos, he llegado a la conclusión de que o es una gigantesca operación de propaganda ignoro muy bien con qué objetivo, pues vender un producto que uno sabe que no se va a poder ofrecer está condenado a enojar a los compradores, salvo que ese enojo sea el objetivo que muy bien pudiera ser, o es un proceso creado por ilusos, ciegos o incompetentes con poca talla intelectual, pues lo del Consejo Catalano-Español borda el patetismo kitsch.  
¿Es que ser nacionalista supone renunciar a la inteligencia? Si quieren crear una nación tendrán que asumir que solo hay un modo efectivo de hacerlo, que es de forma traumática, pues en España nadie está dispuesto a admitir una independencia pactada dado el Statu Quo actual, O sea que su única salida es una declaración unilateral - si es que consiguen masa crítica suficiente - y después prepararse para resistir la intervención de la autonomía por parte del gobierno español.  
Y si lo consiguen, cosa que dudo, prepararse para largos años de penuria para obtener un reconocimiento internacional y el ingreso en la Unión Europea. ¿Están los catalanes que han conseguido formando parte de España tener un nivel de vida superior a la media europea dispuestos para tal sacrificio o simplemente están en manos de conspiradores de oficina jugando un peligroso juego de rol?

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