Saturday, February 08, 2014

En vísperas del cuarto "No" de los palestinos - Jonathan Tobin - Commentary



Diccionario de los medias occidentales sobre la Ribera Occidental:
- Aldea: "Un lugar donde vive la gente". Detrás de mí una aldea árabe
- Asentamiento "Un lugar donde viven judíos". Detrás de mí una colonia judía

Los esfuerzos del secretario de Estado John Kerry para orquestar un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos ha insuflado nueva vida a los viejos argumentos acerca de los asentamientos en Cisjordania y de la necesidad de que Israel asuma riesgos por la paz. El más que evidente consejo de Kerry a los israelíes de que deben dar a los palestinos lo que quieren o se encontrarán boicoteados y aislados, es ampliamente aceptado como la sabiduría convencional del establishment de la política exterior occidental. El movimiento de boicot, desinversión y sanciones (BDS) contra Israel, que se piensa como un enemigo de Israel en última instancia, ganaría porque en ausencia de paz, y con la frustración por unas negociaciones fallidas, conseguiría que el Estado judío pudiera ser presentado como la nueva Sudáfrica, una nación en ruinas que sería puesta de rodillas por la guerra económica.

Los enemigos de Israel siempre han subestimado su capacidad de recuperación y esta vez no es la excepción. Pero el problema con muchas de las discusiones acerca de tales boicots es que invariablemente ignoran algunos hechos básicos sobre el conflicto entre Israel y los palestinos. Si, como de hecho, Israel está dispuesto a renunciar a la casi totalidad de Cisjordania y permitir a los palestinos su independencia, esta evidencia vuelve muy discutibles los condescendientes consejos de  Kerry de los que se hicieron eco sus partidarios en los medios de comunicación. La mayoría de los israelíes están justamente preocupados por las consecuencias de una retirada de Cisjordania y de la posibilidad muy real de que el Estado terrorista de Hamas en Gaza sea replicado en cualquier otro territorio que el Estado judío abandone.

Pero la pregunta clave para los que, como Kerry, solo se dedican a instar al gobierno de Netanyahu a hacer eso precisamente - dar a los palestinos lo que desean -, no tiene que ver con los méritos de un pacto que volvería al Estado judío más vulnerable. Más bien se trataría de lo que van a hacer Kerry y sus secuaces después de que los palestinos digan una vez más "No".  Después de todo, ellos ya lo han hecho tres veces. Y, si las noticias son correctas, pueden estar al borde de un cuarto rechazo de los términos impuestos por EEUU a raíz de la oferta de Israel del 90% de Cisjordania, mientras compensaría ese 10% restante con un intercambio de territorios situados dentro de las fronteras pre-1967 de Israel, y otros intercambios.

Aunque la mayoría de los medios de comunicación tratan esta información como poco más que un arcano de los detalles de las guerras del Peloponeso, el hecho es que Israel ya ha ofrecido a los palestinos un estado independiente en la casi totalidad de Cisjordania, Gaza y una parte de Jerusalén, y nada menos que tres veces. Y tres veces se negaron a decir que sí a Israel. Las dos primeras negativas fueron directos "No" de parte de Yasir Arafat, en 2000 y 2001, y que respondió a la paz ofrecida por Ehud Barak con una guerra terrorista de desgaste llamada la Segunda Intifada. La tercera negativa fue la del sucesor de Arafat, Mahmoud Abbas, quien muy preocupado de ser forzado a no poder decir otro "No", huyó de las negociaciones patrocinadas por Estados Unidos con Israel en 2008 tan pronto como los israelíes hicieron su oferta con el fin de evitar dar una respuesta.

Si Abbas encuentra otra razón para no aceptar un generoso acuerdo que daría a los palestinos la independencia que reclaman como objetivo, se plantearía la cuestión de cómo los críticos de Israel justificarían la campaña de BDS con la que Kerry amenazó como castigo al Estado judío si no alcanzaba un acuerdo. ¿Van a despedir las ofertas de Israel como insignificantes o no dignas de una respuesta? ¿O afirmarán que la diferencia entre el 90% de Cisjordania, además de los territorios otorgados por Israel, y cada centímetro de los territorios que Israel ganó en una guerra defensiva en 1967 son tan importantes que justifica una guerra económica contra el Estado judío, o el terrorismo, o ambas cosas?

La respuesta a estas preguntas es sí a todo. Como fue el caso después de 2000, y cada vez desde entonces, los apologistas de los palestinos van a encontrar una manera de justificar lo injustificable y racionalizarán el recurso de los palestinos a la violencia como algo inevitable, además de incrementar su campaña internacional de deslegitimación de Israel. Pero en su mayor parte van a hacer lo que han hecho desde el año 2000, es decir, limitarse a ignorar las ofertas de paz de Israel y considerar la ausencia de un acuerdo como prueba de la responsabilidad exclusiva del Estado judío en la continuación del conflicto.

La primera vez que Israel trató de dar a los palestinos la Ribera Occidental, la respuesta de Arafat confundió a la izquierda israelí, que apostó su vida política a dicha transacción. El gobierno de Ehud Barak fue a Camp David en el verano de 2000 decidido a dar a los palestinos una oferta que no podían rechazar. Pero cuando Arafat se negó ella, apenas supieron qué pensar. En un evento de prensa que cubrí en el otoño de 2000, Shlomo Ben Ami, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel, expresó su conmoción por la forma en que su esfuerzo por satisfacer el deseo palestino de independencia de alguna manera había llevado a otro conflicto sangriento. Sin embargo, él dijo que había un aspecto positivo en estos trágicos acontecimientos, al menos desde entonces el mundo sabría qué lado quería la paz y qué lado había elegido la guerra. Más de 13 años después, todavía no sé si reír o llorar ante su ingenua fe en la opinión pública internacional.

Como sabemos ahora, en lugar de socavar la narrativa palestina de victimización, esos eventos sólo aumentaron el apoyo internacional a su posición y las críticas a Israel. Eso se repitió después de la retirada de Israel de Gaza en 2005, cuando de nuevo, un esfuerzo israelí para favorecer la paz, fue pagado en sangre cuando el territorio evacuado se transformó en una plataforma de lanzamiento de cohetes de Hamas contra civiles israelíes.

El principal obstáculo para la paz sigue siendo la cultura política palestina que sigue considerando la existencia de Israel como un crimen, y considera a Tel Aviv, por no hablar de los bloques de comunidades a lo largo de la antigua frontera o los suburbios de Jerusalén, como un "asentamiento ilegal" del mismo tipo que la colina más remota ocupada por extremistas judíos en la Ribera Occidental. En ausencia de un cambio en esa cultura que permita a Abbas firmar un tratado de paz sin un "derecho de retorno" para los descendientes de los refugiados de 1948 y un reconocimiento de la legitimidad de un Estado judío, hay pocas posibilidades de que el gobierno de Netanyahu prosiga con la oferta del 90% de Cisjordania. Tampoco es probable el truco de una fórmula un poco más generosa. Como lo hicieron en 2000, 2001 y 2008, el liderazgo palestino parece estar preparando a su público para la continuación del conflicto en lugar de prepararlo para la aceptación de un acuerdo que les obligaría a renunciar a su sueño de la completa aniquilación de Israel.

En vez de torcer el brazo a Netanyahu para que haga lo que su país ya ha tratado de lograr en el pasado, un intercambio de tierras por la promesa no creíble de la paz, los críticos de Israel deberían estar pensando en cómo van a reaccionar al cuarto "No" palestino. Desafortunadamente, lo más probable es que la mayoría de ellos apenas reaccionará cuando ese cuarto "No" se haga presente y sencillamente continuará culpando a Israel. De hecho, eso es exactamente con lo que los palestinos - que saben perfectamente lo que pasó las tres primeras veces que rechazaron las ofertas israelíes de paz - están contando.

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