Saturday, March 22, 2014

Obama parece querer configurar la situación de impasse de las negociaciones para culpar de ello a Israel - Jonathan Tobin - Commentary



La reunión entre el presidente Obama y el líder de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas no conllevó sorpresas. En contraste con la fría acogida que recibió el primer ministro israelí Netanyahu hace dos semanas [N.P.: recuerden la entrevista previa en la que recibió duros ataques y donde se esbozaron posibles amenazas], Abbas recibió las cálidas alabanzas de Obama. En sus declaraciones públicas, el presidente Obama también decidió poner énfasis en aquellos elementos del acuerdo marco patrocinado por los Estados Unidos para la paz en Oriente Medio que se ajustan a algunas de las demandas de los palestinos, como un estado a lo largo de las fronteras de 1967 con intercambios territoriales acordados mutuamente. Pero aunque el presidente también dijo que los palestinos necesitan asumir riesgos por la paz, no hubo nada de presión o de crítica de mano dura hacia Abbas como las que recibió Netanyahu. Tampoco hubo ni siquiera una mención de la necesidad de que Abbas diga las dos palabritas que garanticen una oleada de apoyo israelí para concesiones a los palestinos: "Estado judío".

Abbas, obviamente, se dio perfectamente cuenta de la significación de esa omisión, que fue prefigurada por la denuncia del secretario de Estado Kerry de la semana pasada acerca de la necesidad de que los palestinos hagan dicha declaración para demostrar así el final de su guerra para destruir a Israel. Como el New York Times señalaba en un nota, el presidente parece estar en el doloroso momento de definir "un equilibrio justo" en las negociaciones. Al parecer, la Casa Blanca ha llegado a la conclusión de que los esfuerzos del Secretario de Kerry para revivir el proceso de paz han estado demasiado centrados en las medidas destinadas a convencer a los israelíes de que los palestinos están finalmente listos para la paz, y en garantizar su seguridad en el caso de que se llegue a un acuerdo. El presidente parece pensar que es hora de cambiar de tono y optar nuevamente por un tono combativo cuyo fin sea presionar a Israel, tono que aplicó durante la mayor parte de su primer mandato, antes de que llegara el año electoral y pasara a adoptar una ofensiva de encanto con el electorado judío americano. A pesar de que los israelíes han demostrado que van a aceptar el acuerdo marco de Kerry, que al parecer incluye un reconocimiento palestino de un Estado judío, la intención de Obama parece estar destinado a colocar de lleno la carga de la culpa de una posible ruptura de las conversaciones sobre los israelíes.

Esa es una buena noticia para Abbas, que ha dejado en claro que no tiene intención de aceptar el acuerdo marco. Pero se plantea la pregunta de si Obama está más interesado en atacar a Netanyahu o en intermediar por de paz.

Los israelíes, sin lugar a dudas, se sorprenderán al saber que la administración Obama cree que durante los últimos meses ha inclinado el campo de juego diplomático en su dirección. Después de todo, fue únicamente el Estado judío quien pagó un alto precio en términos de la presión de EEUU, al exigírsele la liberación de más de 100 asesinos terroristas con el fin de persuadir a Abbas para que volviera a la mesa de negociaciones. Y fue Israel el foco principal de la presión de Kerry a lo largo de los primeros meses de las conversaciones, con el secretario Kerry amenazando con una nueva Intifada y con crecientes boicots económicos si no realizaban las suficientes concesiones a los palestinos en las declaraciones que parecían justificar tal actuación.

Kerry incluyó en su marco marco, la demanda de Netanyahu del reconocimiento del Estado judío, así como medidas más concretas destinadas a garantizar que el nuevo Estado palestino no plantearía una amenaza a la seguridad de Israel. Al hacerlo, Kerry estaba buscando justamente un acuerdo que realmente traería una conclusión del conflicto en lugar de una pausa, antes de que los palestinos reanudaron dicho conflicto en condiciones más ventajosas. Pero esto al parecer es demasiado tanto para los palestinos como para su amigo en la Casa Blanca, el presidente Obama. Por lo tanto, en lugar de utilizar esta visita de Abbas para presionarlo y que diga esas dos pequeñas palabras que reconocen que la paz supondrá el final del conflicto, el presidente parece haber empleado su cita con Abbas como una señal a Israel para que retroceda en sus demandas si no desea culpado del colapso de las conversaciones.

El presidente Obama está siendo asistido en esta táctica por una corriente principal dentro de los medios de comunicación liberales, que saben captar los deseos de la administración Obama. El titular de un artículo del New York Times, "La declaración de Estado judío provoca el bloqueo de un acuerdo", dejaba en evidencia que Washington quiere señalar claramente que, a pesar de que es Abbas quien está diciendo "no" a un acuerdo marco de paz, la administración Obama culpa a los israelíes por pedirle que "haga algo irrazonable".

La negativa de Abbas a tomar las medidas necesarias para lograr la paz no es nada nuevo si tenemos en cuenta que él y su antecesor, Yasir Arafat, ya han rechazado tres ofertas israelíes de paz y de condición de Estado. Este ha sido un patrón consistente para la Autoridad Palestina. Tal como Jackson Diehl señaló este domingo en el Washington Post, Abbas cree que puede salirse con la suya porque el gobierno de Obama no tiene ninguna intención de presionarlo o de hacerlo responsable por la incitación palestina, las conexiones terroristas o la intransigencia diplomática.

Si el presidente Obama estuviera genuinamente interesado en la búsqueda de la paz, criticaría igualmente a los palestinos por su comportamiento y dejaría en claro que pagarían un alto precio por decir "no" al acuerdo marco de Kerry. En cambio, él ha dado carta blanca a Abbas para mantener la misma postura inflexible que ha tomado desde que se hizo cargo de la Autoridad Palestina, imitando a su jefe de toda la vida, Arafat.

¿Qué va a lograr con esto? No hacer avanzar la causa de la paz. Pero será más fácil para los críticos de Israel culpar a Netanyahu del colapso inevitable de los esfuerzos de Kerry, y servirá para racionalizar la violencia y los boicots con los que el secretario de Estado amenazó al Estado judío. Todo lo que Obama está logrando es dar a entender a Israel que ha llegado el cuarto "no" palestino a la paz.

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