Saturday, April 19, 2014

El New York Times, buscando la estigmatización de Israel, difunde el bulo de un giro hacia la teocracia - Yair Rosenberg - Tablet



Hace unos días (el artículo es del 11 de Abril), el New York Times publicó un artículo de opinión que intentaba demostrar que Israel se dirige a la deriva hacia una teocracia judía ortodoxa. Por desgracia para el diario, ese artículo solamente demuestra la profunda ignorancia tanto de la política interna de Israel como del judaísmo ortodoxo por parte de sus autores. Todo el argumento de la columna de opinión escrita por el por lo demás excelente erudito iraní Abbas Milani y el académico de la Universidad de Haifa Israel Waismel-Manor, gira en torno a un punto clave:
"Mientras que los partidos judíos ortodoxos actualmente no forman parte del gobierno, juntamente con el partdio Hogar Judío del señor Bennett, un partido religioso de derechas, poseen alrededor del 25% de los escaños en la Knesset. Los partidos ortodoxos aspiran a transformar a Israel en una teocracia"
Como será evidente para cualquier persona con cierta familiaridad con la política israelí o el judaísmo ortodoxo [N.P.: podemos pensar que el académico israelí, en particular, puede parecer particularmente ignorante, o bien malicioso], esta afirmación es demostrablemente falsa. No todos los judíos ortodoxos son iguales, no todos los partidos ortodoxos son iguales, y no todos los judíos ortodoxos pretenden convertir a Israel en una teocracia. De hecho, muchos de ellos se oponen enérgicamente a esa pretensión. Los autores combinan convenientemente a los partidos ultra-ortodoxos (actualmente en la oposición) y al partido ortodoxo moderno - o sionista-religioso - Hogar Judío (actualmente en la coalición). Sugerir que estas comunidades profundamente dispares son ideológicamente idénticas es, desde luego, una afirmación muy dudosa, pero claro está resulta necesaria para los autores de la tesis, y es que Hogar Judío tiene 12 escaños en la Knesset, un poco menos de la mitad de los atribuidos por los autores al supuesto bloque teocrático. Sin Hogar Judío trabajando con los ultra-ortodoxos para imponer la ley judía ortodoxa a la población, todo el esquema y el argumento del artículo se desmorona.

De manera harto inconveniente para el argumento del artículo, Hogar Judío y su líder Naftali Bennett han estado trabajando asiduamente para debilitar la institución del Rabinato del país y para romper el dominio político de los ultra-ortodoxos sobre la vida religiosa de Israel. Ya en mayo de 2013, Bennett se convirtió en el primer ministro de asuntos religiosos en la historia de Israel que solicitaba al gobierno financiar a los rabinos no ortodoxos, y no sólo a los ortodoxos. (Hasta entonces, Israel ha estado subsidiando a todas las comunidades religiosas, excepto eso sí a las judías no ortodoxas). Hogar Judío también ha respaldado la legislación que extraerá el control de los procesos de conversión y el matrimonio del Rabinato ultraortodoxo, para dárselos en su lugar a rabinos locales por lo general más liberales.

Estos desarrollos no deberían sorprender a nadie (aunque parece que al académico israelí del artículo le han tomado por sorpresa): Bennett es un judío ortodoxo moderno que sirvió en la unidad de élite del IDF, las Sayeret Matkal, ganó millones en la industria tecnológica y está casado con una mujer no ortodoxa. Su adjunta de toda la vida, y número cinco de Hogar Judío, es Ayelet Shaked, ella misma una orgullosa judía secular. Es decir, no son exactamente unos estereotipados fanáticos barbudos de una revolución teocrática.

Pero las políticas de distorsión de lo que es Israel en el New York Times van más allá de un simple malentendido sobre lo que representa en realidad un determinado partido israelí. El artículo de opinión interpreta de manera fundamentalmente errónea todo el escenario político israelí, que en los últimos años se ha vuelto contra la inmersión de los ultra-ortodoxos en la política israelí. Después de las elecciones de 2013, los partidos ultra-ortodoxos teocráticos fueron alejados de la coalición de gobierno por segunda vez en 35 años. ¿Por qué? Debido a que Hogar Judío se unió al partido ultrasecular Atid Yesh y exigió a Netanyahu que estuvieran ausentes de la coalición dejándolos en la oposición. Esto ha permitido a la actual coalición aprobar no sólo las reformas contra el Rabinato descritas anteriormente, sino una ley que por vez primera trata de reclutar a los ultra-ortodoxos en el servicio nacional, en un intento de integrarles en el tejido del Estado moderno. Todas estas reformas han sido impulsadas tanto por legisladores judíos ortodoxos modernos - como el rabino Shai Piron, también ministro de Educación y su colega el rabino Dov Lipman, ambos del partido secular del Yesh Atid, y por Elazar Stern, del partido centrista Hatnua -, ninguno de los cuales apoyan la teocracia, como por supuesto por legisladores seculares.

En otras palabras, la idea de que los partidos ultra-ortodoxos israelíes repentinamente hayan unido sus fuerzas con sus homólogos sionistas religiosos para imponer la ley judía no resulta simplemente risible, sino que relata exactamente lo contrario de lo que verdaderamente ha estado sucediendo.

Ahora bien, nada de esto es nuevo. De hecho, la alianza entre la población laica de Israel y su contingente ortodoxo moderno contra los ultra-ortodoxos, en lugar de ese fantástico empujón panortodoxo hacia la teocracia, ya ha sido bien documentada por nada menos que el propio (y altamente contradictorio) New York Times. Apenas el mes pasado, la periodista del diario Isabel Kershner escribió acerca de la "guerra cultural entre los judíos ortodoxos modernos y los judíos seculares contra los ultra-ortodoxos", y cómo eso se refleja en el empuje popular para reclutar a los judíos ultra-ortodoxos en el ejército.

Todo esta estupidez se pudiera haber evitado si solamente los autores del artículo, así como los propios revisores del diario, hubieran leído los artículos que publica su diario.

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