Friday, April 18, 2014

El Seder de Pesaj y ese ausente "quinto judío" - Shmuel Rosner - Jewish Journal



Hace mucho tiempo, en los días prehistóricos del pre-investigación por parte del Pew de la comunidad judía, escribí un artículo sobre "el misterio del quinto judío". Este individuo, el "quinto judío", se halla "en casi todos los resultados" de las encuestas a la población judía. Mi artículo mencionaba una serie de ejemplos. "En una encuesta anterior de la AJC, el 18% de los encuestados dijeron que se sentían algo distantes emocionalmente de Israel..., cuando a los judíos americanos se les preguntaba si el objetivo de los árabes era la destrucción de Israel, el 78% decía que sí y el 18% decía que no... Otro 19% decía que nunca hablaba de Israel o lo defendía cuando estaba en compañía no judíos". Mi artículo sobre ese "quinto judío" se centraba sobre todo por la conexión con Israel, pero me acordé de él cuando estaba leyendo un artículo de Tamar Frydman sobre el "quinto hijo en el Seder", ese hijo que "falta en la cena, ese que ni siquiera desea sentarse a la mesa".

Frydman se refiere en su artículo a una "tendencia a la baja en lo referente a la participación en el Seder". Un estudio de la comunidad judía de Nueva York, por ejemplo, encontró que "más hogares en el 2011 no participaban en un Seder (el 14% en 2011, frente al 8% en 2002)". En otro artículo, Steve Lipman enumeró una serie de conclusiones similares sobre un Seder que "pierde fuerza". Los estudios todavía informan de una alta asistencia de los judíos en el Seder: "Para el National Jewish Population Survey de 2013: el 68%; para el informe del Pew: el 70%; para la UJA-Federation Jewish Community Study: 69%;  para la Jewish Federation of Atlanta en el 2006: un 62%. En el Este de la Bahía de California, que tiene la reputación de ser un área particularmente liberal, un estudio de 2011 encontró que exactamente la mitad de la comunidad judía participaba en un Seder".

Sin embargo, todas estas encuestas "comparten la conclusión de que el Seder se alinea con las velas de Hanucá y el ayuno de Yom Kipur en la parte superior de la lista de celebraciones observadas por los judíos", aunque va perdido su poder de convocatoria y su estatus de acontecimiento a no perderse.

Claramente, esto ya no representa solamente a un ausente "quinto judío". Hoy en día, estaríamos hablando de cerca de un tercio. Si un tercio es mucho o poco, depende, por supuesto, de las expectativas que tenga uno, pero vemos claramente una disminución en la asistencia y en la participación.

"¿Quién no va a un Seder?", se preguntaba un artículo del Jewish Week de Nueva York. Y daba la siguiente lista:
"incluye a aquellas personas que encuentran el Seder aburrido, y sus lecturas y rituales sin significado; a aquellos que consideran que el tema de esta celebración es excesivamente machista o paternalista; también están los emigrados procedentes de la antigua Unión Soviética y de otros países una vez comunistas, quienes crecieron sin libertad de religión y nunca tuvieron la oportunidad de asistir a un Seder; también están esas personas que simplemente no pueden permitirse el lujo de hacer su propio Seder o bien asistir a uno organizado por una sinagoga u otra organización judía; finalmente los ancianos aislados que no viven cerca de cualquier persona que celebre un Seder, los jóvenes que están fuera de su ciudad y no han recibido una invitación, los solteros que se sienten fuera de lugar en un ambiente intensamente centrado en los niños de un Seder, y esas personas que se dicen demasiado seculares o desinteresadas".
Me parece que algo falta en esa lista, tal como las razones de esta disminución son bastante obvias y se pueden encontrar fácilmente en las recientes encuestas. El reciente estudio de Pew muestra que hay más familias interconfesionales dentro la comunidad judía. También muestra como el grupo que no asiste a un Seder en un porcentaje más alto procede del grupo interreligioso. Entre los judío/as casadas con otros judío/as, la asistencia sigue por las nubes: un 91%. Pero en aquellos judío/as casadas con no judíos la historia de esa decadencia parece evidente: cerca de la mitad (un 54%) de ellos asisten a un Seder, mientras que los otros no lo hacen (la brecha en la asistencia también es evidente cuando la "comunidad judía" se divide entre las categorías inventadas en la investigación del Pew: "los judíos de religión" (78%) y los "judíos de ninguna religión" (42%), pero esta terminología, como he dicho en otro lugar, es muy problemática).

Hace algunos años, escribí un artículo en Slate sobre "la prueba de Pesaj", en la que traté de analizar el significado de la asistencia al Seder para las familias interconfesionales. "La correlación entre la iluminación de las velas de Hanucá y el Seder de Pesaj - los dos rituales más practicados entre los judíos americanos - es interesante", argumentaba por entonces. "Hanucá es más popular para la mayoría de los grupos judíos. La razón es clara: la celebración compite con la Navidad". Sin embargo, cuanto más identificado se esté con el grupo judío, más estrecha es la brecha existente entre estas dos prácticas. Los "altamente identificados" es el único grupo en el que la asistencia al Seder supera a la iluminación de las velas por Hanucá (el 96% frente al 94%, según la Encuesta de la Población Nacional Judío). Para los matrimonios mixtos - las parejas con un cónyuge cristiano - la brecha entre esas dos prácticas es la más amplia (el 85% celebra Hánuca, mientras el 41% celebra Pesaj).

No tenemos números sobre Hanucá en el estudio del Pew. Pero los tenemos (y de Pesaj) en el estudio de Nueva York. El 82% y el 81% respectivamente de las parejas judías encienden velas y participan en un Seder, mientras que solo lo hacen el 52% y 46% respectivamente de las parejas interreligiosas.

Curiosamente, estas dos prácticas son aquellas en las que su disminución, entre el estudio de 2002 y el estudio de 2011, es la más alta, junto con la declaración de que "ser judío es muy importante en mi vida". Esto no es una sorpresa: asistir a un Seder y encender las velas de Hanucá es el estándar dorado de una participación judía mínima. La disminución en estas dos categorías va en paralelo con un descenso en la afirmación de la "importancia de ser judío". ¿Es porque el Seder es aburrido, chauvinista, caro, y todas las otras razones mencionadas anteriormente? No creo que sea por eso. Bueno, lo es y no lo es. Lo es en el sentido de que éstas son buenas excusas para aquellos que no quieren asistir a un Seder - se necesita una justificación y eso se convierte en un acto de razonamiento consciente -. Pero también no lo es, porque incluso cuando el Seder resulte aburrido, no importara tanto si considera que es significativo. Y si se trata de que resulta caro, se hace el esfuerzo y se ahorra en otras cosas, salvo en situaciones extremas. Y si les resulta machista, puede alterar la ceremonia, reinventarla como hace mucha gente, en lugar de renunciar a ella. La decisión de abandonar el Seder, en la mayoría de los casos, realmente es una señal de que a uno le trae sin cuidado su propio judaísmo.

Y permítanme sugerir otra razón para la disminución de la asistencia a un Seder - y al encendido de las velas de Hanucá -. Estos son también dos días festivos judíos en los que su celebración no tiene tanto que ver con la fe y en Dios, ya que se trata de una celebración del pueblo judío. Estos son días de fiesta que celebran dos acontecimientos un tanto similares para el pueblo judío: su liberación de la imposición de otros - egipcios y griegos -. Para sentir el verdadero significado de estas fiestas uno tiene que sentir alguna conexión con el pueblo judío.

Así que miren de nuevo los números del Seder y recuerden, si la familia es una familia judía, la asistencia es muy alta (el 91% según el Pew). La disminución se debe a las dos siguientes razones:
Primero: El Seder es una larga e intensa historia familiar. Esto significa que resulta más fácil su celebración cuando toda la familia siente la necesidad de hacerlo, y en las familias interconfesionales tal deseo, naturalmente, es inferior. También significa que cuando los jóvenes judíos se casan más tarde - como lo hacen hoy -, la relativamente baja asistencia de los judíos que  "no están casados" tiene un impacto en la asistencia general (los judíos no casados asisten en un 64%).
Segundo: El Seder marca un evento nacional, y las parejas interreligiosas ven, comprensiblemente, de una manera menos cómoda los aspectos nacionales del judaísmo.

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