Saturday, May 24, 2014

Culpar a Israel para mantener una teoría - Jonathan S. Tobin - Commentary



El secretario de Estado John Kerry ha estado en Londres estos días tratando de hablar dulcemente al líder de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas y así conseguir que converse de nuevo sobre la paz con Israel. Pero el frente principal en este proceso de paz parece estar en Washington, donde el Departamento de Estado sigue removiendo el colapso de la iniciativa de Kerry y colocando la culpa principal del fracaso de su misión sobre los hombros de Israel. Mientras que fue el propio Kerry quien realizó el disparo inicial de esta campaña - describiendo en una audiencia ante el Senado el momento del cataclismo, el famoso "poof" - afirmando que los anuncios de construcción de viviendas por parte de ministros israelíes habían dado la puntilla a las negociaciones, la campaña continuó con una entrevista en profundidad dada por un funcionario
estadounidense al Yediot Aharonoth (al que con una amplia y reconocida credibilidad se identificó como el segundo de Kerry, Martin Indyk) en la que se culpaba directamente al gobierno Netanyahu, mientras se racionalizaba y comprendía la intransigencia de Abbas. Pero no satisfechos con eso, los ayudantes de Kerry han vuelto a la carga reforzando sus ataques contra Israel la pasada semana, y para ello han relatado sus historias tanto al New York Times como al Washington Post.

El objetivo de esta campaña de prensa no parece el mismo que otras anteriores contra los israelíes y cuyo fin era presionarles para que hagan más concesiones a los palestinos en futuras negociaciones, pues tal como el NYTimes señaló, el ​​presidente Obama parece no tener interés en exponerse a otro fracaso más en nombre de un esfuerzo que no tiene ninguna posibilidad de éxito. Más bien, el continuo cotilleo sobre los asentamientos como un obstáculo para la paz parece tener dos propósitos.

Uno es defender la reputación de Kerry contra las precisas críticas desatadas por su decisión de perder tanto tiempo y tanto esfuerzo en una negociación que siempre estuvo condenada al fracaso. El otro es que la mayoría de su gente en este proceso de paz ha repetido los mismos errores cometidos por el gobierno de Bill Clinton durante el período de Oslo, al sentirse “obligados” a justificar y disculpar el comportamiento culpando a Israel. El problema en poner todo el enfoque en los asentamientos es que no solamente es inexacto y está fuera de contexto, sino que obliga a poner "todo el peso de la culpa sobre Israel por ser la única manera de preservar la creencia en su teoría acerca de como conseguir de la paz en el Oriente Medio", y que ha vuelto a fracasar.

No solamente se puede enfatizar suficientemente que la mayor parte de la discusión sobre los asentamientos por parte de las fuentes de la administración americana, y de sus habituales altavoces en la prensa, resulta equivocada, sino que también es deliberadamente engañosa. Un ejemplo perfecto proviene de un reciente artículo de David Ignatius:
La cuestión de los asentamientos israelíes ha humillado a los negociadores palestinos y ha envenenado las conversaciones, según las declaraciones de los negociadores estadounidenses. Cuando Israel anunció 700 nuevos asentamientos a principios de abril, antes de la fecha límite de 29 de abril para las conversaciones, se produjo finalmente ese "Poof" que delimitaba el final según comentó Kerry ante un panel del Senado.
Dicho de esa manera ciertamente suena atroz. Pero Israel no anunció la puesta en marcha de "700 nuevos asentamientos". Autorizó 700 nuevos apartamentos en Gilo, un barrio judío de 40 años de antigüedad situado en Jerusalén, y que nadie, ni siquiera los palestinos, espera que pase a formar parte del estado de Palestina, incluso en un tratado de paz más a su gusto que al de los israelíes. Israel no ha construido casi ningún nuevo "asentamiento", es decir flamantes ciudades, pueblos o ciudades, en Cisjordania desde los acuerdos de Oslo firmados en 1993, y afirmar algo diferente no sólo demuestra un grave error de información, sino que más bien parece demostrar un intento deliberado de envenenar la atmósfera contra el Estado judío. Ese mismo día, el WPost corrigió esa línea por "nuevos apartamentos", pero la intención de engañar por parte de Ignatius parece evidente.

Más aún, tanto el artículo de Ignatius como la última columna de opinión - y mal etiquetada como una noticia - del corresponsal del NYTimes en la Casa Blanca, Marcos Landler, parecen desarrollar en sus relatos “la perfidia israelí”, aun cuando haya que resaltarse que fue Netanyahu quien estuvo de acuerdo con el marco del acuerdo de Kerry así como con las nuevas conversaciones de paz, mientras que fue sobre Abbas sobre quien debió ejercer su influencia los EEUU para que las aceptara. Fue Abbas quien se negó a ceder un ápice en las mencionadas conversaciones a pesar de que las ofertas de una retirada territorial por parte de Israel constituían la cuarta oferta de paz que, incluyendo la independencia que los palestinos, han sido rechazadas en los últimos 15 años. Su decisión de abrazar a Hamás en un pacto de unidad en lugar de hacer la paz con Israel selló el final del esfuerzo de Kerry, no los anuncios de nuevas viviendas en Jerusalén.

La razón de esta ofuscación no es ningún un misterio. Reconocer la verdad sobre el fracaso de las conversaciones obligaría a Kerry y a sus secuaces del Departamento de Estado a admitir que su teoría sobre la forma de lograr la paz ha sido un error desde un principio. Fue sobre todo la negativa de los palestinos a dar el paso simbólico de reconocer que Israel es el Estado-nación del pueblo judío, el cual viviría en paz junto a un Estado-nación del pueblo palestino, lo que hundió las conversaciones. Pero "reconocer esto significaría entender por fin que la cultura política de los palestinos - en el que la identidad nacional está inextricablemente atada a un rechazo de la existencia de Israel - debe cambiar antes de que la paz sea posible".

Israel, que ya ha procedido a  retiradas territoriales a gran escala en la esperanza de una paz, ya ha desmantelado asentamientos y desmantelaría aún más si una verdadera paz fuera el resultado. Además, dado que la mayor parte de esos nuevos apartamentos, a los que Kerry y compañía les echan la culpa de la falta de la paz, se encuentran en áreas que serían conservadas por Israel, la obsesión con ellos es tan ilógica como mezquina.

Al igual que el gobierno de Clinton blanqueó las negativas de Yasir Arafat y de la Autoridad Palestina en los años 90, también la tripulación de Obama blanquea al sucesor palestino, Abbas, el grado de incitación contra judíos e israelíes y la negativa a poner un final al conflicto. El resultado final de tanto blanqueo es que los palestinos creen que nunca sufrirán consecuencias graves por su rechazo de la paz.

A través de la iniciativa de Kerry, Obama y su secretario se limitaron a elogiar a Abbas mientras dirigían sus reproches a Netanyahu, así, en lugar de empujar a los palestinos a optar por la paz, sólo se les anima a rechazarla. Pero si los EEUU desean ayudar para dirigir al Oriente Medio más cerca de la paz, ello requerirá una mayor honestidad de su administración hacia los palestinos y abandonar su obsesión por los asentamientos.

Visto desde esa perspectiva, Kerry y Indyk fueron los mayores colaboradores de Abbas a la hora de sabotear el proceso de paz, por encima de Netanyahu. Pero en cambio, Obama, Kerry e Indyk se niegan a admitir sus errores y continúan mancillando a Israel mediante sus amigos y altavoces de la prensa. Apegarse a una teoría desacreditada siempre será más fácil que enfrentarse a la verdad, sobre todo cuando implica mirar los propios errores.

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