Saturday, May 10, 2014

El show de Kerry & Indyk: Una autopsia de la inepta diplomacia de los EEUU - Jonathan S. Tobin - Commentary



El desastroso intento del secretario de Estado John Kerry de llevar la paz a Oriente Medio no está yendo tranquilamente a su disolución después de su colapso en el último mes. Kerry dejo en claro sus propios prejuicios, así como su incomprensión acerca de la realidad del conflicto, cuando le dijo a la Comisión Trilateral que Israel se convertiría en un "estado de apartheid" si falla a la hora de hacer la paz. Aunque posteriormente Kerry tuvo que ofrecer una especie de "disculpa sin disculpas" en la que lamentaba su elección de palabras, su elección ilustra su ánimo respecto a las posiciones del Estado judío. También supuso echar más leña al fuego de la campaña de odio contra Israel que se ve reforzada por esos bulos. Pero no satisfecho con ese disparo efectuado contra la proa del gobierno de Netanyahu, su equipo insistió en disparar contra Israel con un "Israel es el culpable" con una entrevista concedida por “anónimos funcionarios estadounidenses de alto nivel" a Nahum Barnea en el YNet.com.

No hay nada demasiado sorprendente en su autopsia de las conversaciones, la fuente de los cuales (si usted cree al Haaretz y a otros medios) es el propio enviado de Kerry, Martin Indyk. Indyk, quien parece haber renunciado a su cargo como negociador de EEUU y que parece volver a su chollo en Washington en la Institución Brookings, tiene una larga historia de mala sangre con el primer ministro israelí Netanyahu que se remonta a su controvertida gestión como embajador de EEUU en Israel en la década de 1990. Pero en lugar de limitarse a presentar este distanciamiento como otro ejemplo de las venenosas políticas personales que pueden inmiscuirse en la diplomacia, una lectura atenta, aunque crítica, de la entrevista revela más acerca del por qué los esfuerzos de paz de la administración Obama falló que sobre cualquier cosa que pudieran hacer los israelíes. Al igual que las declaraciones públicas tanto del presidente Obama como del secretario Kerry en las que alababan al líder de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas mientras criticaban duramente a Netanyahu, los EEUU han repetido el error de la administración Clinton de blanquear a Yasir Arafat en la década de 1990. Al hacerlo, han vuelto más improbables las ya escasas posibilidades para la paz.

Las modalidades de las quejas de Indyk acerca de Israel no son muy convincentes. A pesar de que intenta retratar a Netanyahu como a un intransigente, incluso su entrevistador, Barnea, se ve obligado a señalar que incluso la rival política del primer ministro, la ministra Tzipi Livni, a quien Indyk alaba extravagantemente como a una "heroína", confesó que en realidad Netanyahu sí se había movido fuera de su anteriores posiciones sobre un posible acuerdo, mientras que Abbas no se había movido ni un centímetro.

Indyk cuenta como se destrozaron las razonables demandas de garantías de seguridad requeridas por Israel y que garantizarían que el territorio de Cisjordania no se convirtiera en otra versión de Gaza después de 2005, tras la desastrosa retirada de Ariel Sharon. También afirma que Abbas hizo grandes concesiones al aceptar un acuerdo en el que Israel mantendría los barrios judíos en Jerusalén y el 80% de los asentamientos en Cisjordania. Pero después de haber llegado a un acuerdo que más o menos coincidía con lo que se cree que Netanyahu había ofrecido, Abbas se retiró de las conversaciones en lugar de negociar su aplicación. Esa no era una paz. Era una obstrucción más que le permitía evitar asumir la responsabilidad de hacer una paz que teme que su pueblo no quiera.

Indyk también nos dice mucho acerca del despiste de la administración americana cuando admite que no entendió por qué Abbas se negó a discutir ni siquiera el reconocimiento de Israel como un Estado judío, incluso cuando los israelíes estaban preparando versiones de un comunicado que, al mismo tiempo, reconocía a "Palestina" como el Estado-nación de los árabes palestinos.

"No podíamos entender por qué le molestaba tanto", dijo el anónimo funcionario de EEUU. ¿En serio? Decir esas dos simbólicas palabras, "Estado judío", habría supuesto recorrer un largo camino para convencer a la opinión pública israelí de que Abbas era sincero sobre su deseo de poner fin al conflicto. Su negativa, por el contrario, señalaba que la Autoridad Palestina, y su nuevo socio Hamas, no quieren saber nada de cualquier tratado que pusiera el punto final a su guerra centenaria contra el sionismo. Si Indyk y Kerry no entendían la importancia de esta cuestión, no solamente están demostrando su falta de voluntad para lograr que los palestinos se volvieran responsables, sino que además también estaban demostrando una alarmante falta de habilidad diplomática.

Adicionalmente, el enfoque de Indyk sobre las supuestas ofensas diplomáticas de Israel durante el proceso también es importante. Indyk no puede dejar de lado las críticas del ministro de Defensa israelí, Moshe Yaalon, sobre Kerry, sugiriendo que era un político mesiánico en búsqueda de un Premio Nobel de la Paz, algo que calificó de un "gran insulto". Pero no tenía nada que ver con las negociaciones y podría haber sido una señal de que ese derechista miembro del Gabinete estaba alarmado por la cantidad de concesiones realizadas por Netanyahu en las conversaciones.

Por último, Indyk vuelve a caer en la misma excusa de los asentamientos que los críticos de Israel siempre citan como prueba de que el Estado judío está obstruyendo la paz. Pero el foco en la cantidad de "asentamientos" que se estaban construyendo durante las conversaciones es una pista falsa, ya que casi todos esos "nuevos asentamientos" que en realidad eran simplemente casas nuevas que se construirían en comunidades existentes, y no nuevas ciudades, se construirían exactamente en lugares que Abbas, supuestamente, estaba de acuerdo en que formaran parte de Israel. En otras palabras, la edificación no tuvo un gran impacto en las condiciones de paz. Pero que Indyk crea que puede culpar específicamente al anuncio de varios cientos de apartamentos nuevos que se construirían en Gilo (un barrio a las afueras de Jerusalén) y señalarlo como la gota que colmó el vaso de la paz, resulta absurdo. Gilo es un barrio judío desde hace más 40 años de edad, está próximo a la capital, y se mantendría en el interior de Israel incluso si se alcanza la paz. ¿Cómo entonces podrían unos apartamentos de más en un lugar que nunca sería devuelto por Israel servir de justificación aceptable para una retirada palestina, tal como indica Indyk?

La respuesta a esa pregunta es que los estadounidenses habían invertido tanto en la débil credibilidad de Abbas como pacificador que estaban dispuestos a tragarse cualquier excusa de él. La verdad es que Abbas no tenía ningún interés genuino en la paz y huyó de las conversaciones a la primera oportunidad que tuvo. Indicó su falta de interés con su deseo de regresar a las Naciones Unidas para así finalizar las conversaciones y lo selló al hacer un trato con Hamas en lugar de con Israel. Pero todo lo que Indyk puede hacer es culpar a Netanyahu. La entrevista en realidad nos ha proporcionado todo lo que necesitamos saber acerca de cómo la diplomacia estadounidense se ha convertido en inepta.

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