Sunday, June 01, 2014

Muy interesante: El fracaso de la intelligentsia judía - Rafael Castro - Ynet


La multitud celebra en Tel Aviv el nacimiento de Israel (1948)

Ganar la simpatía por el sionismo de los intelectuales es una tarea ingrata. ¿Por qué Noam Chomsky y Peter Beinart son tan críticos hacia Israel, mientras que sus hermanos menos dotados académicamente tienden a simpatizar con el Estado judío?

¿Podría ser que las universidades de élite en EEUU imbuyen a sus estudiantes judíos más prometedores un descarado sesgo izquierdista? Tal vez, pero ¿por qué esta situación se repite en Israel, donde la intelectualidad también tiende a apoyar posiciones pacifistas?

¿Pudiera ser que las posiciones pacifistas sean más inteligentes? Esta es una afirmación dudosa a la luz de cómo los acontecimientos en Palestina se han desarrollado durante los últimos 20 años. ¿Pudiera ser que las posiciones pacifistas sean más éticas? Teniendo en cuenta el dolor y derramamiento de sangre traído sobre ambos, judíos y árabes, sus intentos de realización, esto también resulta cuestionable.

El enigma se profundiza cuando reflexionamos sobre tres grupos demográficos judíos que, durante las últimas dos décadas, parecen haber hecho prevalecer sus predicciones geopolíticas. Judios sefarditas, inmigrantes rusos y judíos religiosos de la diáspora son grupos que, en general, no se han mostrado demasiado entusiastas y se han opuesto al proceso de paz de Oslo y a la retirada israelí de Gaza.

¿Cómo es posible que su escepticismo se haya demostrado tan certero, mientras que las promesas de la intelectualidad hayan parecido tan delirantes? ¿Podría ser que Israel es el único país que niega tener conocimiento de sus poderes de predicción?

Con el fin de abordar esta cuestión, es necesario redefinir nuestro conocimiento. ¿Acaso el poseer doctorados en Estudios del Oriente Medio otorgados por universidades de élite garantizan la adquisición de una verdadera comprensión de los países árabes o del Islam? ¿Acaso codearse con los intelectuales árabes, o de pasar un semestre en Amman o El Cairo, permiten a un occidental entender realmente la cultura musulmana?

Las credenciales académicas son cruciales para ser considerado un experto en el Oriente Medio, tanto en Israel como en el extranjero. Pero, ¿podría ser que en Israel los verdaderos expertos en el mundo árabe a menudo no poseen esas mismas credenciales?

Creo firmemente que si Israel hubiera tomado el conocimiento y la experiencia de su antigua población sefardí y mizrahi más en serio, Israel podría haberse ahorrado en sí muchas lágrimas. Cualquier judío sefardí o mizrahi, que haya pasado décadas viviendo en los países árabes, desde Marruecos al Yemen, el Líbano e Irak, valoraría y entendería la cultura árabe y musulmana mucho mejor que inclusive esos graduados de Oxford, Princeton, Yale y Harvard.

El mismo principio se aplica para reivindicar la sabiduría de los inmigrantes rusos. Los judíos de Rusia han sido alimentados por una máquina de propaganda soviética que pontificaba diariamente sobre la fraternidad internacional, mientras se dedicaba a sojuzgar a sus propios ciudadanos, es por eso que sabían muy bien cómo distinguir el fondo de propaganda mucho mejor que las élites israelíes.

Y no ha sido - como afirman los izquierdistas israelíes - la falta de experiencia con la democracia de "los rusos", sino precisamente su amor por la libertad, lo que les volvió profundamente sospechosos de las intenciones de Arafat desde el principio del juego de Oslo.

El apoyo de la judíos religiosos de la diáspora a las posiciones de línea dura también se ha denigrado como uN ejemplo de ignorancia y fanatismo. Este es otro espejismo de la intelectualidad de izquierda. En la diáspora, los judíos religiosos tienden a estar mucho más conectados, y ser más conocedores, con Israel que los judíos seculares de la diáspora. Ellos, por ejemplo, estudian más tiempo en Israel, por lo general tienen más miembros de su familia que viven en Israel, y viajan más a menudo a Israel. Sus posiciones de línea dura son, pues, el producto del conocimiento y del interés, todo lo contrario por lo tanto de los prejuicios y de la ignorancia.

Quizás tal sesgo de prejuicios e ignorancia deban buscarse en otra parte. Tal vez la disonancia cognitiva habría que buscarla en los que no pueden comprender las circunstancias únicas de la Tierra de Israel. En aquellos que aplican indiscriminadamente modelos teóricos sin pasar por el juicio de la realidad; en los que piensan en términos de esquemas filosóficos y de convenciones políticas, en lugar de estar conectados a la realidad, al sentido común y al tesoro de experiencias personales.

A la luz de estas realidades, tal vez ha llegado el momento de que incluso los judíos reevaluen la importancia otorgada a ciertas credenciales académicas.

Si esta nueva evaluación se hubiera realizado hace dos décadas, la trágica historia contemporánea de Israel podría haberse evitado. Fue el hecho de no valorar adecuadamente los conocimientos de los que habían experimentado la "convivencia" con el adversario lo que quizás haya provocado los espantosos fracasos de juicio que se manifiestan por cierta parte de la intelectualidad judía con respecto a Israel y al mundo árabe.

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