Friday, June 13, 2014

The Economist dice que los judíos europeos están reaccionando "exageradamente" ante el antisemitismo existente en Europa – Adan Levick - CifWatch



Para ser justos, diremos que un característico artículo anónimo de la edición impresa del 07 de junio de la revista The Economist y titulado "De las armas y de las urnas”, trataba del antisemitismo europeo y sí reconocía en parte la gravedad del problema, aún más dramáticamente ejemplificada por el reciente ataque a tiros por un yihadista contra el Museo judío de Bruselas (similar al ataque de 2012 en Toulouse), así como el peligro del éxito de algunos partidos de extrema derecha en las elecciones europeas.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que el autor descendiera a las típicas confusiones.
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The Economist escribe:
Hubo un momento en que la nueva apertura de Europa, después de la caída del Muro de Berlín, parecía augurar una época dorada para los judíos europeos. La vida judía se estaba restaurando allí donde se había extinguido, y las fronteras en expansión de una Europa posnacional ofrecía nuevas oportunidades para los judíos dispersos entre sus fronteras. 
Claramente, el nacionalismo se está reafirmando. Y el persistente antisemitismo de la vieja escuela basado en el viejo cristianismo, se mezcla actualmente con el islamismo radical de los musulmanes desencantados.
Sin embargo, una encuesta de la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) citada por The Economist en ese mismo artículo y en otro lugar, contradice la afirmación de la “base cristiana" del antisemitismo que ahora se "mezcla con el antisemitismo de los musulmanes desencantados".

He aquí un desglose de los datos relevantes aportados por el FRA sobre los perpetradores de los acosos antisemitas:
Los autores de los incidentes más graves de acoso antisemita fueron así descritos por los encuestados por el FRA: En toda Europa, el 27% de los agresores eran percibidos como alguien con "puntos de vista extremista musulmán; otro 22% eran percibidos con "puntos de vista políticos de extrema izquierda"; el 19% como "derechistas", y un 7% como "una persona con una visión cristiana extremista".
Tenga en cuenta que, contrariamente a la afirmación de The Economist, no solamente ha desencadenado muy pocas víctimas el acoso antisemita catalogado por el autor como "cristiano extremista" (un 7%), sino que casi el 50% describía a sus agresores, ya sean como extremistas musulmanes o bien con  puntos de vista políticos de “extrema izquierda". De hecho, como debería ser obvio para los comentaristas que sí toman al antisemitismo moderno en serio, mientras que la extrema derecha continúa siendo un grave problema, el reciente resurgimiento del antisemitismo europeo está cada vez más ligado a un fenómeno islamista e izquierdista.

Además de estos desaires retóricos más que evidentes, más adelante en ese mismo artículo el autor de The Economist comienza advirtiendo a los judíos de la supuesta locura que supondría tomar demasiado en serio las advertencias de que "Europa ya no es segura para los judíos".

Mientras que el economista supuestamente reconoce los temores judíos en este pasaje:
Una encuesta realizada el año pasado por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea mostraba que casi un tercio de los judíos europeos habían considerado dejar sus lugares de residencia en los últimos cinco años debido a que no se sienten seguros. Tres cuartas partes consideraban que el antisemitismo estaba empeorando, con la situación en Hungría y Francia siendo especialmente mala.
Para sin embargo llegar a la siguiente conclusión:
Sin embargo, no hay que preocuparse de que tales cambios puedan ser la señal para que los judíos deban empacar y partir. Diciendo lo obvio, el antisemitismo en Europa no está patrocinado por los gobiernos, y no hay pogromos organizados o leyes de  Nuremberg. Berlín cuenta con el más rápido crecimiento de una comunidad judía del mundo. 
Los judíos son libres de quedarse o irse. Mudarse a Israel puede satisfacer una necesidad religiosa, cultural o política para muchos judíos, pero no es más seguro que el permanecer en Europa.
Así, The Economist parece indicar que el gran número de judíos (hasta un tercio de la población judía total) que ha considerado dejar Europa - y mudarse a Israel, ya que no se sienten seguros – manifiestan un miedo irracional. Además de la arrogancia de tal sugerencia, los datos adicionales de la encuesta del FRA pintan una imagen muy clara de por qué los judíos se sentiría más libres y seguros en Israel.

Un tercio (33%) de los judíos de la UE muestran su preocupación por haber sido agredidos físicamente por ser o parecer judíos. El Reino Unido tiene los niveles más bajos en ese miedo, con un 28% de preocupación por el abuso verbal y un 17% de preocupación por los ataques físicos. El nivel más alto es Francia, con un 70% y 60% respectivamente.

En toda Europa, y según la encuesta, el 27% de los judíos de la UE evitan de vez en cuando los lugares públicos porque no se sienten seguros allí por ser judíos. Bélgica (42%), Hungría (41%) y Francia (35%) son los peores lugares para ello.

Y ahora lo más preocupante:
El 68% de los judíos en la UE, al menos de vez en cuando, evitan el uso de objetos o prendas en público que puedan identificarles como judíos. La cifra para el Reino Unido es del 59%, las cifras más altas se registran en Suecia (79%) y Francia (75%).
Aunque por supuesto hay un pequeño número de incidentes antisemitas en Israel perpetrados por un número minúsculo de los árabes israelíes, todos los judíos que viven en Israel (y también esos judíos europeos que están considerando emigrar) se sienten más seguros al conocer que el gobierno israelí va a utilizar el poder del Estado-nación cuya razón de ser es servir como guardián de los judíos para proteger ferozmente su libertad.

Uno no tiene que recurrir a hipérboles poco serias acerca de una "vuelta a la década de 1930" para tomar en serio los temores judíos, y sentirse profundamente preocupados porque 70 años después del Holocausto, un inquietantemente elevado porcentaje de lo que queda de la judería europea una vez más se siente bajo el yugo del odio más antiguo del continente.


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