Saturday, September 20, 2014

Cómo lo afrontan los israelíes - Yossi Klein Halevi - LATimes


Suenan las sirenas avisando de la llegada de los cohetes

Fuera de mi ventana, en la aldea palestina que se ve a lo lejos del camino, había celebraciones todas las noches después del alto el fuego. Fuegos artificiales saludaban la supuesta victoria de Hamas sobre Israel - a pesar de la devastación en Gaza y a pesar de un alto el fuego que no ha dado nada a Hamas y que se podría haber conseguido un mes antes -. Una encuesta confirmó que la inmensa mayoría de los palestinos cree que Hamas ganó la guerra, y un sorprendente 87% de los encuestados ahora se mostraba compatible con la organización cuyo más profundo anhelo religioso es la destrucción de Israel.

Contemplé y traté de resistir la desesperación. Yo creo que la supervivencia a largo plazo de Israel depende de acabar con la ocupación, de dejar de controlar a nuestros vecinos. Los judíos no volvieron a casa para negar otro pueblo su sentido del hogar. Pero, ¿cómo crear un Estado palestino fuera de mi ventana que bien podría ser controlado por Hamas? ¿Cómo compartir el gobierno de Jerusalén con un Estado palestino - negociado, por ejemplo, con el actual presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas - cuando podemos despertar una mañana y descubrir que estamos "compartiendo" nuestra capital con un enemigo genocida?

Mientras tanto, y cuanto más persiste el conflicto, más el odio y la violencia crecen en ambos lados. En Jerusalén, los judíos siempre han temido entrar en los barrios palestinos; ahora los palestinos también deben evitar los barrios judíos.

En las mañanas frías de septiembre, de pie en el porche al borde de Jerusalén, puedo ver claramente las montañas del desierto de Jordania, a menos de una hora en coche de distancia. En las noticias están informando que los miembros del Estado Islámico se han infiltrado a través de la frontera con Jordania. Ya tenemos a Hezbollah en nuestra frontera norte, a Hamas en el sur, ¿qué más seguirá?

Durante las recientes y fallidas conversaciones de paz entre Israel y los palestinos, el secretario de Estado John F. Kerry sugirió dejar el control que actualmente posee Israel de la frontera de Cisjordania con Jordania a una fuerza de paz internacional. Sin embargo, la semana pasada cientos de tropas de paz de la ONU situadas en la frontera entre Israel y Siria apenas pudieron escapar a Israel después de que fuerzas de Al Qaeda invadieron su posición. ¿A quién debemos confiar nuestra protección si no a nosotros mismos?

Los israelíes miran el destino de los yazidis y de las minorías cristianas en el Oriente Medio y se dicen entre sí: Imagínense lo que nos pasaría a nosotros si alguna vez bajamos la guardia. Sabemos que el alto el fuego en Gaza es sólo eso: una tregua hasta la próxima vez. Un comandante israelí de alto rango dijo recientemente que si Hezbollah lanzara sus decenas de miles de misiles contra el frente interno israelí, nuestro sistema de defensa de misiles, que tanto éxito ha tenido con el limitado arsenal de Hamas, sería en gran medida ineficaz. La única manera de responder, concluyó, sería con una fuerza abrumadora.

Por lo tanto, estamos atrapados en un patrón patológico. Un enemigo yihadista dispara cohetes contra los civiles israelíes. Israel trata de detener los cohetes, a menudo lanzados desde las escuelas y mezquitas. El resultado de ello provocará en ocasiones numerosas víctimas civiles, que es precisamente lo que quieren los terroristas. Y la apaciguadora y acomodada comunidad internacional reaccionará con horror…  en contra de Israel. Y salimos de cada ronda de combates contra los yihadistas un paso más cerca de convertirnos a ojos de los apaciguadores en un Estado paria.

Cuando la esperanza de una solución al conflicto palestino retrocede y la locura que nos rodea se aproxima, ¿cómo lo sobrellevan los israelíes? ¿Cómo seguimos criando hijos aquí, en la Tierra de Israel, y resistimos la desesperación?

Una forma es a través de la amnesia forzada. Tan pronto como los cohetes dejaron de caer, se reanudó sin más la vida cotidiana. De una guerra a otra guerra, hemos aprendido a fingir normalidad hasta que casi realmente creemos en ella.

También lo hacemos frente recordando que nada es definitivo en el Oriente Medio. En el Yom Kipur de 1973, el presidente egipcio Anwar Sadat lanzó un ataque sorpresa contra Israel y fue el hombre más odiado en el Estado judío; cuatro años más tarde hizo las paces con el primer ministro israelí de línea más dura, Menachem Begin. Así que tratamos de tranquilizarnos a nosotros mismos: ¿Quién puede predecir qué va a pasar aquí?

Tenemos que encararlo porque no tenemos otra opción. Este es el único rincón del planeta donde los judíos son soberanos. Muchos de nosotros seguimos luchando para preservar un Israel decente. Pese a la creciente desconfianza mutua, persisten los esfuerzos de convivencia entre árabes israelíes y judíos israelíes. El Tribunal Supremo de Israel y los medios de comunicación israelíes se encuentran entre los más vigorosos del mundo. Ante un conflicto aparentemente interminable, no podemos dar esos logros por sentado. Otras democracias se han roto en un momento de menor presión.

Y a pesar de todo esto, los judíos siguen llegando a casa. Este año, el 1% de los 600.000 judíos de Francia se están moviendo a Israel. A pesar de que los misiles cayeron sobre las ciudades israelíes, aviones cargados de inmigrantes franceses llegan a esta tierra. Huyen de la creciente violencia anti-judía. Pero estos inmigrantes bien formados no van a Canadá, prefieren venir al Estado judío. A la orilla final.

En estos días antes de Rosh Hashaná, las oraciones penitenciales se recitan en las sinagogas y la llamada del shofar se oye en las calles por la mañana. Esta es una sociedad de creyentes. Incluso aquellos que no creen en Dios tienden a creer en el misterio perdurable de la supervivencia judía.

La otra mañana, mientras conducía a mi hijo de 16 años de edad, Shachar, a la escuela, le dije: "Aquí estamos, en un atasco de tráfico en Jerusalén. Pero a veces pienso en cómo los detalles más ordinarios de nuestra vida diaria fueron el mayor sueño de nuestros antepasados". "Creo totalmente en eso", me respondió sin rodeos.

Eso fue todo lo que dijo. Pero para mí fue suficiente. Ya sabía que él sería capaz de sobrevivir aquí.

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