Thursday, October 16, 2014

Control, no "contención" - Dror Eydar – Israel Hayom



Conocemos de sobra las reglas del Oriente Medio. El temor a "provocar disturbios" nos llevó a la "contención" por nuestra parte, lo que ha dado lugar a una escalada en la provocación de los agitadores árabes que han convertido al lugar más sagrado para el pueblo judío en un antro de perdición - una descripción del profeta Jeremías que caracteriza perfectamente lo que un grupo de musulmanes están haciendo en el Monte del Templo, con casi ninguna objeción -.

Los que controlan el Monte del Templo controlan al país. Los árabes locales lo entienden mejor que nosotros. Ellos no se están reuniendo en el Monte del Templo porque estén poseídos por un ataque de piedad. Incluso allí, cuando oran, dan la espalda a la Cúpula de la Roca, el lugar del Santo de los Santos de nuestro Templo.

Conocidos grupos islamistas proveen de alborotadores árabes que regularmente humillan a los visitantes judíos y amenazan con una "tormenta de fuego", una propaganda muy similar a la de esos otros yihadistas de la escuela de la Franja de Gaza.

Si los judíos no pueden visitar el Monte del Templo en paz, los musulmanes tampoco deben poder hacerlo. La policía puede y debe garantizar una absoluta tranquilidad en el Monte del Templo. Unas pocas decenas de manifestantes no son una razón para cerrar el lugar. Es posible entrar en la mezquita y arrebatar el control a ese grupo de matones que se ha atrincherado en el interior. Si los musulmanes no respetan su propia casa de oración y la convierten en un bastión para sus ataques, ¿por qué debemos respetarla nosotros?

Y no sólo en el Monte del Templo: grupos de árabes de Jerusalén están tratando de atacar la visión de una ciudad unida, y están utilizando la "política de contención" para dañar el tren ligero y los edificios públicos y gubernamentales de la ciudad [N.P.: además de la desecración de tumbas judías en el Monte de los Olivos].

Si la policía duda o elige "contener o aceptar" la situación, será trabajo del ministro de Seguridad Pública, Yitzhak Aharonovitch, golpear encima de la la mesa del inspector general de la policía, el general Yohanan Danino, y promover una acción decisiva para que se atienda su demanda. Y si el ministro está ocupado discutiendo con el inspector general, entonces deberá ser el propio primer ministro quien debería darles una reprimenda, como ya lo ha hecho.

No podemos demostrar debilidad. En nuestra región, ya hemos aprendido que cualquier persona que muestre "comprensión" por la violencia y "acepte" las perturbaciones a pequeña escala, acabará obteniendo una guerra. Cualquier dirigente que opte por no combatir al grupo Estado Islámico mientras que sea relativamente pequeño, y prefiera bombardearlo desde el aire en lugar de enfrentarse a ellos, estará promocionando una amplia guerra santa. Cualquier persona que no desmantele a las arrogantes organizaciones islamistas en el Monte del Templo y en el este de Jerusalén, se verá obligada a hacer frente a unos disturbios mucho más grandes dentro de poco.

En Succot, nuestros antepasados ​transitaban por las calles de Jerusalén y el Monte del Templo en estos días festivos solicitando paz y un invierno lluvioso. Debemos erradicar la deshonra para nuestro pueblo y acabar con el absurdo de que un judío no debe ser capaz de murmurar oraciones en el lugar sobre el que se dice: "Mi casa será llamada como casa de oración para todas las naciones" (Isaías 56: 7).

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