Tuesday, February 17, 2015

Si el acuerdo de Obama con Irán es tan bueno, ¿por qué ocultar su contenido a Israel y por qué ofrecer garantías nucleares a Israel?






Algunos medios estadounidenses e israelíes han informado de que la administración Obama redujo el intercambio de información sensible con Israel sobre sus negociaciones nucleares con Irán porque Binyamin Netanyahu ha filtrado "detalles de la posición de Estados Unidos a los medios de comunicación".

Esta es un relato sesgado de la situación. El hecho es que el presidente estadounidense Barack Obama y el presidente Hassan Rouhani de Irán han acordado el borrador final de un acuerdo nuclear completo. Sus términos son, por lo tanto, un secreto a voces. El acuerdo sería estaría hecho si el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, da su aprobación al plan.

Por ahora, Washington y Teherán están utilizando tácticas de manipulación mediática en un esfuerzo por convencerlo. Esas tácticas fueron catalogadas como "juegos pocos profesionales en los medios de comunicación", por el ministro de Asuntos Exteriores iraní, dijo la portavoz Marzieh Afkham el domingo 15 de febrero, cuando negó un informe del Wall Street Journal que decía que Jamenei había respondido a una carta del presidente de Estados Unidos.

"No ha habido ninguna nueva carta de parte Irán", aseveró la portavoz iraní en referencia a una carta de Obama a Jamenei de octubre pasado que, según la prensa estadounidense, sugería la cooperación con Irán en la lucha contra el Estado islámico.

En su carta no se hacía referencia a la cuestión nuclear. El líder iraní mantiene un silencio de esfinge, algo que no tiene nada que ver con Binyamin Netanyahu, pero de hecho refuta la propaganda que utiliza Obama de fijar toda la culpa en el primer ministro israelí.

Durante cinco años, Obama tuvo un canal diálogo con Irán. Luego, también guardó en secreto su contenido no sólo a Israel, sino también a otros aliados estrechamente afectados, como Arabia Saudita y algunos emiratos del Golfo. Israel a veces ofrecía a Washington inteligencia pertinente sobre Irán, pero fue rechazada.

La campaña de los políticos de la oposición israelí contra Netanyahu y ​​su partido, el Likud, para las próximas elecciones de 17 de marzo se ha valido de esta disputa para acusarle de poner en peligro los fuertes lazos de amistad del país con los Estados Unidos, cuando en realidad se trata de una pelea personal con el presidente de los Estados Unidos.

Las relaciones se verían seriamente perjudicadas si Obama siguiera su camino hasta el final y cortara los lazos militares y de inteligencia con Israel, pero sería un paso que también haría daño a los intereses estratégicos de Estados Unidos, no menos que a los de Israel.

Y en efecto, Philip Gordon, el director del área del Oriente Medio del Consejo de Seguridad Nacional del presidente Obama, llegó a Israel el lunes 16 de febrero para reunirse con el asesor de seguridad nacional israelí Yossi Cohen, y con el ministro de Inteligencia Yuval Steinitz.

La semana pasada, Washington tuvo que admitir que la inteligencia de los Estados Unidos había sido tomada por sorpresa por la caída del régimen pro-estadounidense en Yemen y la toma del poder de Sanaa por los rebeldes chiitas huzíes apoyados por Irán. Aunque reacia a admitirlo, la administración Obama estaba profundamente decepcionada por este acto de engaño por parte de Teherán, con el que la Casa Blanca cuenta en gran medida como cooperador militar y de inteligencia y como aliado de confianza en la futura guerra contra el Estado islámico.

Aparte del tema de la información de inteligencia que sobre Irán Obama ha dejado de proporcionar a Israel, el propio Israel también puede igualmente ser reacio a compartir sus datos de inteligencia sobre Yemen o incluso sobre la situación en Siria e Irak.

Y es que el Israel de Netanyahu no es el único país del Oriente Medio que se ha destacado en contra de la política iraní de Obama. Otros líderes están en peores relaciones con Washington. El gobierno de Obama y el presidente egipcio Abdel-Fatteh El-Sisi no están ni siquiera en condiciones de hablar, al igual que tampoco lo estaba el difunto monarca saudí Abdullah, que murió el mes pasado. Su sucesor, el rey Salman todavía no ha hecho conocer sus intenciones hacia los Estados Unidos.


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