Sunday, March 22, 2015

El interno racismo elitista ("progresista e ilustrado") debe ser aplastado - Ben-Dror Yemini - Ynet





Dejemos a un lado por ahora Israel y consolémonos con los problemas de los demás, incluso si el dolor de muchos es el consuelo de tontos. Sí, Europa también tiene problemas. Los islamistas son una amenaza no sólo para Israel, sino también para Occidente y el mundo en general. Resulta aterrador. La inmigración musulmana continúa sin disminuir. Y los números incluyen a más y más yihadistas. Y se están convirtiendo en ciudadanos y teniendo un efecto que da miedo.

La derecha europea está tratando de lidiar con el problema. Algunos de estos derechistas - incluyendo intelectuales, profesores, artistas y periodistas - están cruzando las líneas rojas. A continuación se muestra una pequeña selección de los declaraciones que dan testimonio de la decadencia moral y del sentido de impotencia.

Un conocido profesor, que aparece casi todos los días en los estudios de las principales cadenas de televisión, escribió: "Si no hubiéramos abierto las puertas de manera indiscriminada a todos estos inmigrantes de países de tercera división que sólo quieren cubrirse con velos, comer hummus, recibir subsidios estatales y tener orgasmos volando a los infieles, Gran Bretaña podría ser un lugar maravilloso. Esto no es una ilusión, sino un análisis frío y razonado. Gran Bretaña está pagando ahora por el precio de su política de inmigración".

Un dramaturgo popular publicó un llamamiento abierto a un vecino musulmán: "Hola, Fatma, usted y sus nietos pueden seguir pudriéndose en sus barrios, en sus mezquitas y en sus escuelas. Estoy harto. Yo tengo familia en los Estados Unidos y tengo un pasaporte americano. Me voy de aquí. ¿Y usted? Usted puede irse al infierno".

Un reconocido escritor británico escribió a raíz de logros impresionantes de un partido que incluía a numeroso inmigrantes musulmanes: "Cada comunidad tiene el gobierno que se merece. Larga vida a la estupidez, a la maldad y a la falsa conciencia. Bebed cianuro, putos neandertales. Sólo la muerte les salvará de ustedes mismos...".

Y un muy conocido periodista judío-británico no ahorró sus ataques contra los palestinos tras la reelección de Mahmoud Abbas como jefe del Consejo de la OLP: "Después de tantos años manifestándose sistemáticamente opuesto a un Estado judío, parece evidente que Abbas se merece a los palestinos y los palestinos se merecen a Abbas. Un número significativo de los palestinos está completamente alejado de la realidad. Este es el resultado de todos los años de adoctrinamiento e incitación. El pueblo palestino debe ser reemplazado".

Está bien aquí. Si todavía no se han dado cuenta vamos a aclararles las cosas: declaraciones como éstas, por supuesto, se pueden oír en Europa. Pero estas declaraciones no se hicieron allí, se hicieron aquí, en Israel y en los últimos días, a raíz de los resultados electorales. Y no se trata de condescendencia, sino de racismo. Y los reprobados aquí en estas declaraciones no fueron los árabes, sino los judíos que votaron a la derecha, los inmigrantes mizrahim y rusos, los judíos religiosos.., al igual que no se criticó a Abbas, sino a Netanyahu. Y estos profesores, dramaturgos, escritores y periodistas no eran británicos, sino miembros de la izquierda israelí, los cuales han dicho cosas aún más graves contra ciudadanos judíos israelíes. La selección incluye solamente las declaraciones de figuras de la izquierda pertenecientes al supuesto "sector ilustrado", todos ellos participantes destacados en el discurso público. Alguno de ellos es invitado respetuosamente para que figure constantemente en los programas de televisión para expresar sus "razonables y matizadas" opiniones.

Asumamos, y es sólo un suponer, que está bien que se pueda oír su voz. Vamos a suponer que el racismo aborrecible y contundente forma parte de la libertad de expresión (siempre claro está que se dirija en contra de los miembros del Likud y la población judía mizrahi, y no, dios no lo permita, en contra de los inmigrantes ilegales o los árabes). Lo extraño es que esta gente de izquierdas, y muchos otros dentro de la izquierda lo piensan también, se considera realmente como gente ilustrada y progresista. Ellos realmente piensan que engañan a alguien cuando hablan con pomposidad del respeto al Otro y la igualdad.

Y es muy triste. Porque ellos no son izquierdistas. Ellos simplemente piensan que lo son y se identifican con la izquierda. En general, las reacciones posteriores desde las élites progresistas y la izquierda en general a las palabras de estos racistas ilustrados incluyen la frase: "Ellos no representan a la izquierda". Lo siento, pero no puedo escribir eso porque no me lo creo.

Y no me lo creo por varias razones: porque representan de hecho a una gran parte de la izquierda; porque esa misma izquierda les da una plataforma donde expresarse; porque además la izquierda sigue sin denunciarlos y no es capaz de etiquetarlos como lo que son verdaderamente, unos racistas despreciables de izquierdas.

Y mientras estos racistas de la izquierda continúen recibiendo palmaditas en la espalda en las reuniones sociales con los líderes de la izquierda, mientras sigan siendo los invitados de honor en distinguidos programas de los medios de comunicación y en las reuniones del mundo académico, mientras sigan publicando artículos de ese tono y recibiendo elevados salarios de los periódicos de la gente progresista y biempensante, no hay ninguna razón para preguntarse por qué la izquierda sionista no es capaz de llegar de nuevo al poder. Cuando dejen de aceptar o abrazar a estos racistas de izquierda, tendrán el derecho de plantear la cuestión. Y de hecho, cuando eso suceda, la cuestión ya no será relevante.

Los lamentos y lloriqueos que provienen del campo de la izquierda es también una señal, por supuesto, de otra aflicción, su completa separación de la realidad. Debido a la campaña magistral de Benjamin Netanyahu, y fue de hecho magistral, no se ganaron a los votantes del centro, y desde luego no la izquierda. Fue lo contrario lo que pasó en realidad: el viraje de Netanyahu hacia la derecha asestó un duro golpe a la extrema derecha.

Una de las declaraciones más recriminadas a Netanyahu fue que las nuevas circunstancias regionales descartaban por el momento la posibilidad de un Estado palestino. Oh, vamos. Podría ser un comentario innecesario, ¿pero racismo? Una segunda polémica declaración se refería al hecho de que los árabes estaban votando en masa. La izquierda israelí, que rápidamente utilizó y calificó sus palabras como una señal de racismo, ha dicho lo mismo, al menos mil veces en elecciones anteriores, sobre la votación en masa de los ultra-ortodoxos. Fue una declaración fuera de lugar, sobre todo viniendo del primer ministro. Pero era el día de las elecciones. El hombre estaba en estado de pánico. No fue racismo. Fue un desliz oral en el mayor de los casos.

Los resultados podrían haber sido mucho peores, por ejemplo, si Bait Yehudi hubiera ganado 18 escaños y el Likud sólo 20. Si ese hubiera sido el caso, un gobierno dirigido por Isaac Herzog se habría convertido en una opción realista porque, a diferencia de elecciones anteriores en los que la derecha y los ultra-ortodoxos consiguieron la a mayoría, en esta ocasión no lo habían conseguido. Si esto hubiera ocurrido, la izquierda habría estado descorchando las botellas de champán. Pero sucedió algo diferente: la extrema derecha, y más aún los ultra-ortodoxos, se debilitaron. Pero el Likud se fortaleció. Desde una perspectiva política, Netanyahu ganó.

La izquierda, a lo largo de toda la campaña electoral, tuvo como auténtico programa su oposición a la presencia política de Netanyahu. Y no era hostilidad, para muchos era odio. Un gran odio. Demasiados en la izquierda crearon un demonio y creyeron realmente que se trataba de un monstruo. El público israelí en general estaba en otra parte. Ha madurado. Ya no se divide en dos campos.

Los terribles días de las campañas electorales de los años 1980 han pasado casi al olvido. Pero la hostilidad que se convirtió en odio restableció los campos firmemente separados. Hubo muchos, muchísimos, que pusieron un pie aquí y un pie allí. Un signo de madurez. Se mantuvieron kosher, pero también pensaron que era hora de dejar de depender de los sueños de un Gran Israel. Pero el odio les ahuyentaba. Era contraproducente.

Y si no estaba claro antes, entonces los resultados de estas elecciones despejaron la visión. No sólo un odio intenso a los que piensan de manera diferente, sino principalmente un racismo de la vieja y fea escuela europea. Ha surgido el demonio racista, y entre la gente que se considera progresista e ilustrada. Va a tomar un poco de trabajo aplastarlo.

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