Sunday, June 07, 2015

La vergüenza de los judeófobos - David Aaronovitch - TheJC



Entre unas cosas y otras, he seguido con no demasiado rigor el furor de primavera sobre el simposio sobre "Israel" en la Universidad de Southampton. Era obvio para mí por el carácter de los invitados a hablar - incluyendo ese ridículo teórico de la conspiración, Richard Falk - que este evento no era un intento académico de explorar "el Derecho Internacional y el Estado de Israel". Más bien iba a ser lo que creo que los americanos denominan un "círculo imbécil", en el que académicos hostiles a Israel se estimularían imaginativamente entre sí tal como ya conocen.

Pero, con todo esto, yo estaba en contra de que ese simposio se anulara. A nivel de principios, creo en la lucha contra los malos discursos mediante mejores discursos, y a nivel de pragmatismo, sé cómo una cierta mentalidad se nutre de la leyenda de su propia victimización. O para resumir, que ellos pudieran celebrar su estúpida conferencia.

Sigo pensando que eso hubiera sido lo mejor. De lo que no me había dado cuenta es de hasta qué punto participan algunos de los espíritus animadores de la conferencia en lo que sólo puedo llamar la nueva judeofobia. La brecha en mi educación se llenó esta semana con la última edición de la revista Fathom y un artículo de la profesora Sarah Brown analizando el pensamiento del organizador académico del simposio de Southampton, el (ex) israelí Oren Ben-Dor.

Uno de los fenómenos más desagradables de la vida reciente en las acogedoras diásporas ha sido la aparición de un cierto tipo de israelíes autoexiliados de Israel que insisten en decirnos lo malos que son los judíos. Por supuesto, siendo un israelí, esa persona no puede ser tan fácilmente descrito como un antisemita (como George Galloway señaló jubilosamente a Gilad Atzmon durante una de sus lucrativas participaciones en la cadena televisiva de Putin RT).

Hasta la semana pasada yo me había imaginado al Sr. Atzmon como más o menos una extraña y única fusión de una opaca jerga sociológica y antropológica anticolonialista mezclada con el clásico odio al judío de la extrema derecha. Yo no había previsto que un importante académico de una universidad británica estaba pisando el mismo camino intelectual y vinculaba el demoníaco sionismo moderno con la vieja visión demoníaca del judaísmo. Sin embargo, como demuestra Sarah Brown, eso es precisamente lo que hace Ben-Dor, sobre todo en un largo artículo publicado en 2012 en una publicación Edinburgh University Press, "Estudios de Tierra Santa".

Este es un artículo de corta longitud y Ben-Dor es un pretencioso escritor de largo aliento (su artículo se titula "Mentes Ocupadas: Reflexiones filosóficas sobre el sionismo, el antisionismo y la prisión judía"), por lo que es difícil dar al lector algo más que el sabor de su contenido. Pero en suma sostiene que los judíos sionistas y los antisionistas son cautivos de la misma mentalidad judía primitiva, y que fue esta forma de pensar la que, en efecto, provocó la reacción antisemita, hasta el propio Holocausto.

En otras palabras, los judíos la han estado pidiendo a lo largo de la historia, y parece que no se han detenido hasta conseguirla.

Este es también el argumento de Atzmon. Y es un argumento que le ha valido los aplausos de los neonazis. Pero Atzmon no es un profesor universitario, y su respetabilidad está en los límites. Lo que resulta deprimente en Ben-Dor y en muchos izquierdistas y simpatizantes de la causa palestina en este país y en otros lugares es que ya no pueden encontrar la diferencia entre el pensamiento progresista y un fanatismo "esencialista" que solía ser el coto de la derecha racista y antidemocrática.

Lo que hay que hacer ahora es no tratar de silenciar a los que así piensan - no deben silenciados y, en todo caso, no debemos ponernos del lado de los silenciadores -, sino contrarrestarlos allá donde quiera que se encuentren.


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