Sunday, September 13, 2015

Un buscador espiritual encuentra maestro y trascendencia - Josh Rosenfeld - Tablet



El acto de enseñar es prácticamente una declaración de fe judía, formalizado como un deber religioso supremo en la oración de la shema. Los docentes y sus estudiantes, desde la Biblia a la era digital, son los garantes de la longevidad histórica del judaísmo, la durabilidad de la tradición y en ocasiones una renovación radical - por lo general, a través de carismáticos maestros -.

Uno de los ejemplos más resonantes de tal relación profesor-alumno se produjo hace exactamente un siglo, en vísperas del Rosh Jodesh Elul, en St. Gallen, Suiza. Las ramificaciones y repercusiones de esta reunión todavía resuenan poderosamente en el pensamiento judío y sionista contemporáneo. El erudito y filósofo francés André Neher estableció el escenario para este encuentro del alma en su hermosa prosa:
Era una noche ardiente... El incidente ocurrió durante la primera Guerra Mundial, pero el evento no tenía conexión con todo lo que estaba ocurriendo hay fuera. Fue en lo más profundo de su alma que todo esto le sucedió en una sola noche a David Cohen.
El joven David Cohen, que más tarde sería conocido formalmente como ha-Rav ha-Nazir, o simplemente "El Nazir", sigue siendo una figura sui generis en los anales de la historia judía moderna. El título de "Nazir" se refiere a la promesa bíblica llevada a cabo por un hombre o mujer en busca de inspiración religiosa y de profundidad vital, y donde promete abstenerse de beber vino (alcohol) y de cortarse el pelo. David Cohen fue sólo uno de ese puñado de personas que han adoptado el Nazirato desde hace milenios, desde la destrucción de los templos. Nacido en una familia rabínica en la ciudad de Maisiagala, Lituania, en 1887, David Cohen muestra una combinación única de tradicional destreza talmúdica y de una curiosidad intelectual insaciable, incluso en sus  tempranos días en la Yeshiva. Desde muy joven, el Nazir se sintió atraído por los textos que estaban fuera del ámbito del plan de estudios de la Yeshiva, algunos de los cuales estaban incluso prohibidos completamente.

Mientras buscaba e inclusive entonces intentaba reconciliar esa tensión interior, una entrada de su notable diario da fe de su sincera impresión ante su primera visita al Muro Occidental, dejando de pedir disculpas por su confusión y en su lugar embarcarse por completo en la trascendencia:
Y aquí, sellé un pacto entre el Dios de Israel y yo. No hay palabras para expresar lo que habita en las partes más íntimas de mi corazón y mi alma. Todas las profundas preguntas filosóficas han pasado sobre mí, y ahora me siento tan, tan cerca de Dios... un nuevo espíritu ha descendido sobre mí aquí mismo, trazas de la profecía en el centro del corazón del pueblo judío, todas conectadas y entrelazadas en este lugar.
El deseo de trascendencia, por la santa unificación de los opuestos y por la síntesis final de todas las cosas en la búsqueda de Dios, nos da una precisa descripción de la esencia de la obra y de la vida de David Cohen. Él es famoso por su inusual combinación de ascetismo y esteticismo, marcada por su voto nazareo y por la cabellera que le acompañaba, con "ayunos y mudez" de varios meses de duración durante los meses de las altas festividades, todo ello unido a noches de estudio público de ka Torah en su casa acompañado de música y de poesía. Él escribe de lo que sólo puede ser descrito como "visiones y búsquedas" en el desierto de Judea, y su objetivo permanente de alcanzar el nivel de la profecía que registra hacia el final de su vida.

Su obra magna, Kol ha-Nevu'ah, subtitulada "La audición lógica del hebreo", esboza la ruta sistemática en que esto podría ser concebido a través de un viaje por el pensamiento judío, repleto de notas eruditas que citan de manera rápida tanto a Leibniz como al Levítico. La fundación editorial dirigida por su hijo, el rabino She'ar Yashuv Cohen (ex Gran Rabino de Haifa), sigue publicando ediciones muy elegantes de las conferencias de R. Cohen sobre una sorprendentemente amplia gama de actividades académicas judías, desde la Cábala a exposiciones sobre la lógica talmúdica.

A pesar de su notable experiencia personal y sus enseñanzas (fue profesor durante años de la Yeshiva Mercaz ha-Rav en Jerusalén), el Nazir es quizás mejor conocido por su relación con su maestro, el rabino Abraham Isaac ha-Kohen Kook (1.865 - 1935), el primer Gran Rabino Asquenazi del Mandato de Palestina, una figura que es de sobra conocida por su profunda búsqueda de la trascendencia espiritual y de síntesis de todas las cosas bajo la rúbrica de la santidad. Rav Kook fue un místico, un halajista y un pensador profundamente original que hoy es visto como la principal figura rabínica del sionismo religioso. Es difícil resumir la imagen reverente del Rav Kook dentro de la comunidad sionista religiosa, y su capacidad de apertura, aceptación e inclusive de santificación del proyecto sionista no religioso a la hora fundamentar su visión del mundo contemporáneo.

La historia de la reunión de estas personas fue la de dos dos vidas que se fusionan, con las diferentes marcas de una orquestación divina. A la edad de 28 años, David Cohen, preso de una encrucijada en su vida, había estado yendo y viniendo de un lugar a otro, estudiando la Torah en la Yeshiva Slabodka y yendo al Kolel para estudiantes avanzados y especialmente dotados del Barón David Ginsburg. Pero la frustrante enseñanza proporcionada por la ortodoxia ilustrada alemana le llevó a un serio compromiso con la filosofía occidental en la Universidad de Friburgo. David Cohen relató en su diario unos sentimientos casi constantes de inquietud y alienación.

Tras el estallido de la primera Guerra Mundial, Cohen recibió la noticia de que el Rav Kook estaba atrapado en el limbo de la neutral Suiza, obstaculizándole el regreso a la Tierra Santa después de un viaje a Europa para la Convención de la Yisrael Agudat, celebrada en Alemania. El Rav Kook tuvo que permanecer durante más de un año antes de poder dirigirse a Londres para servir como rabino de la sinagoga Mahazikei ha-Dat.

Cohen viajó para reunirse con el Rav Kook y llegó a St. Gallen en la víspera de Rosh Jodesh Elul. Cohen describe esa fatídica mañana y los preparativos para la reunión en sus diarios. Después de un baño ritual en el Rin, y armado con un libro de la Cábala en la mano y con las expectativas de "que una nueva etapa en mi vida podría empezar", se dirigió al lugar donde el Rav Kook se alojaba. Encontró al Rav Kook estudiando Halajá con su hijo, y con una discusión bastante decepcionante acerca de la filosofía y la literatura griega finalizó esta primera reunión. Cohen, de nuevo frustrado, decidió quedarse en St. Gallen y anotó "una noche sin dormir, una noche inquieta", donde sentía que "toda mi vida pendía de un hilo... de los resultados de este encuentro decisivo".

Uno sólo puede preguntarse qué habría sido de David Cohen de no ser por la siguiente reunión con el Rav Koov durante la mañana siguiente al romper el alba : "... el ritmo de nuestras pisadas, aquí y allá, las bendiciones de la mañana, recitar el Akedah, una oración tan elevada, desde los cielos primordiales, recordando el amor de nuestros antepasados. Le he escuchado, y me he transformado, me he convertido en una persona nueva, diferente. Después de estas oraciones, me apresuré a escribir que había encontrado mucho más que por lo que yo había rezado, había encontrado un Rebe".

Con un "corazón nuevo y un espíritu nuevo", el Nazir se embarcó en la fase final de su vida como estudiante del Rav Kook. Pasarían otros siete años antes de que se reunirían de nuevo, esta vez en Jerusalén, donde Cohen testificó no dejar de lado ni por un sólo momento a su maestro, aprendiendo de él día y noche. Un día, él se acercó a su amado maestro y le preguntó: "Rebe, hay aquí santidad y espíritu, ¿pero también hay un sistema en tú Torah que podamos transmitir?" La respuesta afirmativa del Rav Kook llevó a David Cohen a tomar la decisión de dedicar gran parte del resto de su vida a "clarificar, organizar y exponer las enseñanzas del maestro". La descripción de estos encuentros proféticos aparecieron más tarde en la introducción que escribió para la primera edición del Orot ha-Kodesh, su monumental presentación en cuatro volúmenes donde sistematizaba la filosofía religiosa del Rav Kook, que el Rav Kook bendijo como una obra tanto del Nazir como propia.

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