Thursday, January 07, 2016

La ejecución de un imán chií: Riad advierte a Washington - Gil Mihaely - Causeur


Mediante la ejecución del 2 de enero de Nimr al-Nimr, una figura religiosa chiíta de Arabia Saudita, el Reino de Saud ha enviado dos mensajes:

- Ya no confía en los EEUU.

- Tiene la intención de oponerse enérgicamente el creciente poder de Irán en la región.

Por primera vez desde 1945, Arabia Saudita parece haber entendido que los Estados Unidos ya no son lo que eran: el poder protector que impedía que cualquiera perturbara la producción y exportación de petróleo y la peregrinación a La Meca.

Desde el pacto firmado por Roosevelt y el rey Ibn Saud a bordo del USS Quincy Cruiser en febrero de 1945, las relaciones entre los Estados Unidos y Arabia Saudita sin duda que han tenido momentos de tensión, pero la sensación de que los intereses de ambos países convergen ahora menos nunca es cada vez más aguda. Y la gota que colmó el vaso fue la Primavera Arab, a fortiori desde el estallido de la crisis siria.

Hace ya más de dos años, uno de los mayores conocedores saudíes de los Estados Unidos, el príncipe Bandar Ibn Sultan, había hecho público su análisis: la inacción de los EEUU en Siria y su política de apertura de cara a Teherán empuja a Riad a considerar un cambio importante en sus relaciones con Washington. El hombre que durante 22 años fue el embajador en los EEUU expresó la decepción de Riad por la falta de apoyo de los Estados Unidos a la política de Arabia Saudita en Bahrein.

Las palabras del príncipe - entonces el jefe de la inteligencia del reino - sin duda fueron pronunciadas para ser "filtradas", una audacia permitida por el rey de entonces, Abdallah.

A finales del 2013, un Riad decepcionado y encolerizado con Obama desde principios de septiembre - cuando se negó a golpear a Siria a pesar del uso de armas químicas por Assad y de ser esa una de sus "líneas rojas" -, envió un primer mensaje público a la administración estadounidense. No se anunciaban claramente sus intenciones: los términos del acuerdo de Quincy iban a ser cambiados, ya que Arabia Saudita ya no deseaba depender de los EEUU para defender sus intereses vitales.

Visto desde Riad, los dos años que acaban de pasar sólo han confirmado los peores temores de la monarquía wahabí después de más de treinta años de la Guerra Fría: los Estados Unidos buscan volver a aliarse con Irán. Ahora bien, si en los años 1960-1970 Riad accedió a jugar la estrategia de los dos pilares - una estrategia estadounidense consistente en depender de sus dos aliados en el Golfo, el Sha de Irán y Arabia Saudita -, cuatro décadas después esta opción ya no está en el orden del día. La propia naturaleza del régimen iraní - una república islámica chiíta - no lo permite más. La lucha por la influencia en la región es ahora inseparable de la cuestión religiosa, y los enfrentamientos entre sunitas y chiítas son a la vez causa y síntoma de todas las demás tensiones entre los dos países.

El jeque Nimr no ha sido, por lo tanto, más que un peón en el gran juego del Golfo. Los iraníes han hecho todo lo posible desde que fue detenido en 2012, y aún más desde su condena a muerte en 2014, para convertirlo en un mártir y provocar que su eventual ejecución generara una explosión diplomática. Es un poco como ese hospital que se burla de la caridad, sabiendo que Irán ha ejecutado a 1.000 personas en 2015 contra 157 ejecutadas por Arabia Saudita.

La indignación de Irán es vista en Riad como una forma de sembrar aún más confusión en la provincia chiíta de reino saudí, muy rica en petróleo. Por otra parte, el rechazo a las apelaciones de los EEUU a la moderación, como por ejemplo la ruptura de relaciones diplomáticas con Irán tras el incendio de su embajada en Teherán y de un consulado en Meshaad, demuestran que Riad está en el proceso de implementar las ideas del príncipe Bandar.

La agresiva política de Arabia Saudita en términos de precios del petróleo, de su intervención militar en Yemen y de su nueva determinación tanto de cara a Teherán como de Washington, no dejan lugar a dudas: los Saud están determinados a buscar el fracaso de Irán, incluso al precio de sus relaciones privilegiadas con los Estados Unidos.

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