Saturday, December 17, 2016

Cuando hablar con los israelíes es tabú - Evelyn Gordon



Si desea saber por qué las perspectivas de paz entre israelíes y palestinos son actualmente cero, consideren el informe de Avi Issacharoff para el Times of Israel le hace unas semanas sobre el Séptimo Congreso general de Fatah, que se llevó a cabo en Ramallah. El Congreso se supone que elegiría a los dos órganos principales del liderazgo de Fatah, el Comité Central y el Consejo de la Revolución, siendo un candidato para este último Nasser Abu Baker, un reportero de Radio Palestina. "Abu Baker, quien una vez mantuvo estrechos vínculos con sus colegas israelíes, ha boicoteado a los periodistas israelíes desde que comenzó a preparar su carrera política", escribió Issacharoff.

Fatah, por supuesto, es el socio oficial para una paz con Israel, por partida doble. Es el componente principal de la OLP, la organización firmante de los Acuerdos de Oslo con Israel, y también el partido encabezado por el "moderado" Mahmoud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina y el presidente de la OLP. Sin embargo, la manera de ganar votos entre los miembros de los "socios para una paz con Israel" no es mediante la promoción de la paz, sino negarse incluso a hablar con sus colegas israelíes, incluso entre aquellos israelíes los más pro-palestinos que puedan encontrar, como ocurre con la mayoría de los periodistas israelíes. Por otra parte, esta práctica de boicotear a los israelíes en realidad ha empeorado bajo el "moderado" Abbas, tal como señaló otro periodista israelí en un artículo de hace unas semanas. En la entrevista realizada por el Haaretz sobre una nueva serie de televisión sobre el mundo árabe, Ohad Hamu, el reportero de asuntos árabes para el Canal 2 de Televisión, recordó:
No hace mucho tiempo que podía vagar libremente alrededor de Gaza y Cisjordania y traer historias culturales y políticas, pero hoy en día hay pocos lugares donde pueda entrar en Cisjordania... Los medios de comunicación israelíes no entra en algo así como el 70% de Cisjordania, e incluso cuando voy, es para filmar algún tipo de diálogo de 10 minutos con alguien y nos vamos fuera de allí inmediatamente, ya que resulta demasiado peligroso. No quieren vernos allí..., a los periodistas israelíes que antes utilizaron para servir como un puente entre la sociedad israelí y palestina, pero este puente se ha ido agrietando poco a poco.
Y éste no es un problema exclusivo de los periodistas. La campaña "anti-normalización", un eufemismo para negarse a hablar con los israelíes e intimidar a otros para que hagan lo mismo, se ha extendido también a figuras culturales israelíes, empresarios , organizaciones no gubernamentales y muchos más.

Claramente es difícil imaginar una paz palestina-israelí cuando incluso hablar con los israelíes resulta tabú, en la medida en que incluso en la parte palestina "moderada", alguien que quiere ser uno de sus dirigentes está obligado a boicotear a sus colegas israelíes. Es difícil hacer la paz con otras personas si no se está dispuesto a hablar con ellos.

Pero el hecho de que este problema haya empeorado en vez de mejorar en las últimas dos décadas demuestra que, lejos de avanzar las perspectivas de paz, el famoso "proceso de paz" las ha frenado hasta poder necesitar generaciones para recuperarse. Mediante la creación y la financiación de un gobierno palestino autónomo que no ha invertido en educar para la paz, el proceso de Oslo y sus partidarios israelíes y occidentales han permitido que la Autoridad Palestina utilice las dos últimas décadas para enseñar de manera sistemática a su gente a odiar a Israel. El hecho de que incluso hablar con los israelíes se vea ahora mismo como un obstáculo importante en una contienda electoral, es el resultado directo de la forma en que el sistema educativo palestino ha envenenado las mentes de sus hijos, tal como ya he descrito anteriormente:

En el curriculum de la Autoridad Palestina se rechaza la legitimidad de la existencia de Israel (los libros de texto se refieren "al autodenominado Estado de Israel") y la violencia en su contra está justificada, definiendo a este tipo de violencia como una obligación religiosa e informando a los estudiantes que los judíos y los sionistas son irremediablemente el mal (un libro, por ejemplo, se refiere a "los judíos ladrones", otro dice a los estudiantes palestinos que Israel "mató a sus hijos, abrió los vientres de sus mujeres, agarró a sus venerados ancianos por la barba y los condujo a pozos de la muerte"). Estos mensajes se refuerzan con los programas "educativos" difundidas por los medios de comunicación oficial de la AP, donde los judíos son descritos como "monos y cerdos", "enemigos de Alá" y la "peor de las creaciones", entre otros encantadores epítetos.

El esfuerzo de adoctrinamiento es asistido por el hecho de que la mayoría de los palestinos de hoy en día no tienen un conocimiento de primera mano para contrarrestar la viciosa incitación diaria en las escuelas palestinas y en sus medios de comunicación. Esto es consecuencia de la escalada de terror que siguió al establecimiento de la AP en 1994, lo que produjo unas graves restricciones en las interacciones diarias entre israelíes y palestinos que eran habituales hasta entonces. Esas interacciones facilitaban que ambas partes al menos se vieran como seres humanos.

El esfuerzo de adoctrinamiento es asistido por el hecho de que la mayoría de los palestinos de hoy en día no tienen un conocimiento de primera mano para contrarrestar la viciosa incitación diaria en las escuelas palestinas y en sus medios de comunicación. Esto es consecuencia de la escalada de terror que siguió al establecimiento de la AP en 1994, lo que produjo unas graves restricciones en las interacciones diarias entre israelíes y palestinos que eran habituales hasta entonces. Esas interacciones facilitaban que ambas partes al menos se vieran como seres humanos.

Hoy en día, aparte de la industria de la construcción, la mayoría de los israelíes nunca encuentran a un palestino a menos que estén en el ejército, y la mayoría de los palestinos no conocen a ningún israelí que no sea un soldado. En otras palabras, las únicas interacciones entre israelíes y palestinos que tienen lugar actualmente son del tipo que refuerzan la opinión de cada lado, contemplando a la otra parte como un enemigo. Eso es precisamente lo que los activistas palestinos "anti-normalización" quieren, y por qué castigan cualquier otro tipo de contacto con los israelíes como un equivalente a la traición.

Se va a tardar mucho, mucho tiempo, y probablemente gracias una gran cantidad de presión de los donantes occidentales de la AP, para revertir estas décadas de educación en el odio. Pero hasta que eso ocurra, las posibilidades de paz entre Israel y Palestina son considerablemente menores que las probabilidades de una tormenta de nieve en el infierno

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