Sunday, March 12, 2017

Anexión o no, la derecha israelí debe buscar tener sentido - Yoaz Hendel - Ynet



Entre el ministro de Defensa Avigdor Lieberman, quien anunció que no habría anexión, y el diputado del Likud Miki Zohar, que promueve una anexión sin ningún plan, la derecha israelí debe tener sentido. Cuando se la ve confundida, suena confusa.

Creo que Israel tiene un claro interés en la aplicación de la ley israelí a los bloques de asentamientos y al valle del Jordán. Esa es el área de consenso. Los grandes bloques de asentamiento, por la demografía y la interpretación del pasado. El Valle del Jordan por la geografía. Pero si los anexionamos, también debemos decir en dónde estamos construyendo y qué lugares vemos como una zona en disputa. Debemos presentar mapas y planos, y despejar la ambigüedad. Y es ahí donde radica el problema.

La profecía fue dada a los locos, sin embargo predije en la víspera de la inauguración de Donald Trump que sin una iniciativa y un plan lógico israelí que presentar al nuevo presidente americano, él encontraría a otras personas que le dijeran qué hacer. No tengo ni idea si las declaraciones realizadas por Lieberman y otros funcionarios israelíes sobre las advertencias de viajar a los distritos de la derecha israelí son verdad, no tengo ni idea de si la objeción a una anexión es seria o solamente una excusa, pero no hay duda de que el Israel oficial aparece más confuso que nunca.

La derecha israelí está perdiendo su camino en el momento en que debe responder de una manera clara. Cincuenta años después de la Guerra de los Seis Días, en una época en la que la consigna de "territorios por paz" suena distante y ajena a la realidad, y con un presidente estadounidense que sin duda ha llegado con una pizarra limpia y con algunas declaraciones pro-Israel, ¿tenemos todas las condiciones para decir lo que queremos y lo que está pasando? Nada.

Es como si se invitara a la izquierda israelí a celebrar el comentario "no hay nada porque no había nada". Y después de todo, hay algo que se está discutiendo, y no estoy hablando de Miki Zohar. La evaluación de los riesgos por parte del campo nacional (la derecha) ha demostrado ser muy precisa. Una profecía que se cumple, incluso cuando existen primeros ministros con una gran voluntad de hacer la paz.

No les proporcionen armas, protestó la derecha contra los Acuerdos de Oslo. Les dimos armas y llegaron ríos de sangre. Gaza se convertirá en una base terrorista, dijo la derecha, y se creó al estado enemigo de Hamas. Ellos tuvieron razón en todo lo que decían, hasta el momento en que la derecha pasó a gobernar. Hasta el momento en que no hubo competidores en la izquierda. Y entonces se callaron.

A la Autoridad Palestina, a la que se refieren como un enemigo, la protegen. Respecto a la Franja de Gaza, aunque estuvimos allí después de la desconexión, no hubo nadie que tratara de reconstruir Gush Katif. Y las ideas de la derecha política se han ido dejando de lado a causa de Obama y ahora por Trump.

Nada se ha puesto sobre la mesa, aparte de globos de helio. En primer lugar, una conferencia regional sobre la base de la iniciativa saudí. Tonterías inútiles, incluso si el primer ministro Benjamin Netanyahu hubiera aceptado las propuestas expuestas por Barak Ravid en el Haaretz. Una iniciativa que nació después de los ríos de sangre de 11-S, después de que Arabia Saudita, de donde vinieron los terroristas, estaba buscando un giro político para mejorar su imagen.

En la práctica, nunca hubo un punto de partida para las negociaciones. Un retorno a las fronteras de 1967 es un peligro estratégico para Israel, el retorno de los refugiados árabes es una línea roja en Israel, y aparte de establecer vínculos con los estados árabes solamente cuando la primera parte de los acuerdos se implementan, no hay nada y nunca fue nada. Esta es la razón por la que ligar los gobiernos de Israel y la coalición de derecha al concepto de "iniciativa árabe" es un absurdo que transmite ese mismo confuso mensaje.

Luego vinieron el "algo menos que un Estado" de Netanyahu y la "autonomía con esteroides" de Naftali Bennett, que nunca fueron discutidos en el gobierno. Y por último Miki Zohar, y la idea de un estado sin derecho a voto. Y en este estado, ¿quién va a pagar el seguro nacional y la educación palestina, además de la resolución de las peleas entre clanes en Jenin? Ni yo ni Miki Zohar.

En lugar de un maratón de debates sobre las políticas, recibimos un maratón de debates sobre una comunidad, Amona, con 40 familias. En lugar de un plan estratégico, se discutió la Ley de Regulación. En vez de discutir lo que debe ser presentado a Trump, nos excitamos con sus observaciones no vinculantes realizados en la primera reunión. Y ahí es donde termina la política.

La única opción era y sigue siendo "decir lo que queremos en ausencia de paz". Tenemos que hacerlo por la administración Trump, pero sobre todo por nosotros mismos. Hay bastante gente sería dentro de la derecha y hay suficientes miembros del Likud con capacidades conceptuales. Y cuando se encierran en los placeres de la confusión, lo único que queda es Miki Zohar.

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