Sunday, July 09, 2017

Magnífico, léanlo, el exhibicionismo progre al descubierto: ¿Qué pasa cuando unos famosos novelistas "se enfrentan a la ocupación" en Cisjordania? - Matti Friedman - Washington Post



El año pasado, los novelistas estadounidenses Michael Chabon, Ayelet Waldman y Dave Eggers llevaron a un grupo de escritores a “dar testimonio” de la crisis en Irak, enfrentándose al destino de ese país durante y después de la ocupación americana - los cientos de miles de muertos, las minorías desaparecidas, el caos que se extiende por la región -. La antología resultante del viaje proporciona una mirada introspectiva a lo que significa ser americano en el siglo XXI.

¡Estoy bromenando! Por supuesto, informar sobre Irak es molesto y también lo es realizar una introspección. En su lugar, esos conocidas novelistas fueron para “dar testimonio” de la crisis en Cisjordania y Gaza, donde miles de periodistas, empleados de organizaciones no gubernamentales, activistas y diplomáticos se mantienen dando vueltas a este conflicto con un número de muertos el año pasado aproximadamente similar al de un tercio de los homicidios en Baltimore. Es el tipo de conflagración en el Oriente Medio donde los escritores pueden viajar atrevidamente en un autobús con aire acondicionado, observar con seguridad a los nativos durante unas pocas horas y volver para cenar y beber cómodamente en un buen hotel

La antología resultante, “Reino de Olivos y Ceniza: Escritores contra la ocupación” incluye ensayos de autores estadounidenses e internacionales, como Eggers, Mario Vargas Llosa, Colum McCann y Colm Toibin - una lista impresionante -, con unos pocos locales de relleno. Los distinguidos visitantes viajaron y se mostraron rodeados de activistas anti-ocupación y escribieron sus experiencias. Editado por Chabon y Waldman, los 26 ensayos constituyen un coro de condena de Israel.

Chabon, por ejemplo, entrevista a un hombre de negocios estadounidense sobre la vida palestina en Cisjordania - un sistema de permisos bizantino, los 1.001 humillaciones de gobierno no democrático -. Otro ensayo examina a un pueblo de pastores empobrecidos, Susiya, a la sombra de un asentamiento israelí. Geraldine Brooks describe un apuñalamiento en Jerusalén. Nos encontramos con niños detenidos por las tropas, con población palestina esperando en los puestos de control y otras diversas cicatrices de la ocupación militar que comenzó aquí después de la guerra de 1967.

He visto Cisjordania desde muchos ángulos desde hace más de dos décadas en Israel, como soldado en puestos de control y como reportero que pasa a través de ellos con los palestinos, y sé que las injusticias de la situación son reales y dignas de observadores justos. Sin embargo, lo que tenemos aquí es un producto peculiar. Los escritores que visitan Cisjordania no son expertos, de hecho la mayoría parece haber estado durante unos pocos días, y algunos parecen bastante perdidos.

Chabon y Waldman nos hablan en la primera página de una visita a Israel en 1992, que recuerdan vívidamente como una época de optimismo, cuando los “acuerdos de Oslo estaban vivos y aún no habían sido testados”. Pero su memoria debe estar jugándoles una mala pasada, ya que los acuerdos de Oslo ocurrieron en el otoño de 1993. Chabon y Waldman, que viven en Berkeley, California, son unos consumados escritores,  pero el lector necesita unas pocas palabras acerca de lo que están haciendo en Cisjordania. ¿Tienen alguna experiencia especial que ofrecer? Israel es probablemente la noticia internacional más grande de los últimos 50 años, por lo que hay una razón de por qué decidieron que el mundo necesita saber más sobre lo que allí ocurre que, por ejemplo Kandahar, Guantánamo, Congo o Baltimore quizás.

Los ensayos varían en tono y calidad, pero los experimentados periodistas que cubran habitualmente la historia de Israel / Palestina reconocerán las impresiones habituales de los reporteros recién salidos del aeropuerto: !Lindos niños palestinos tocaron mi pelo! !Hermosos vasos de té! !He visto un arma! !He perdido mi equipaje y eso parece simbólico! !Árabes cantando hip-hop! !Los soldados son tan jóvenes y groseros!...

Nuestros escritores entrevistan a las mismas personas que siempre son entrevistadas en Cisjordania, y piensan que todo lo que les cuentan es nuevo e inédito, y por supuesto creen lo que les dicen. Chabon, por ejemplo, bromea sarcásticamente que en Cisjordania se pueden pasar meses en detención administrativa si se olvidan de su tarjeta de identificación en el hogar. Pero eso no es cierto.

Todo se describe con un peso específico, lo que nos sugiere que los autores no han pasado mucho tiempo fuera de las rincones más seguros del mundo. Eggers dedica dos páginas enteras a un incidente en la frontera de Gaza donde un guardia israelí le dijo que no podía pasar, y luego vino otro diferente y lo dejó pasar. Dave, si estás leyendo esto, espero que estés bien y ya te hayas recuperado.

Lo que curiosamente no se nos dice es quién pagó este proyecto. Pero aprendemos que fue organizado por un grupo llamado Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio), una de las muchas ONG financiadas por los europeos y americanos para criticar las políticas israelíes. El hecho particular de estos activistas es que son "veteranos israelíes", aunque los israelíes saben que no deben tomárselo en serio pues existe un servicio obligatorio y la mayoría de los israelíes son veteranos. Pero eso parece impresionar a los extranjeros.

La coreografía de estos anfitriones "veteranos" se hace evidente cuanto más se lee, porque los escritores siempre regresan a la misma calle en Hebrón, al mismo pueblo cerca del mismo asentamiento, al mismo activista de los puestos de control. Se evitan a los extremistas palestinos y a los israelíes promedio, prefiriendo en su caso a los colonos más extremistas, lo que hacer parecer que todos los palestinos son razonables y que todos los israelíes no lo son.

Obtenemos las rancias comparaciones con el racismo americano y al racismo sudafricano, aprendemos que los israelíes no utilizan cañones de agua porque "no son lo suficientemente crueles”, y escuchamos que el sionismo es descrito como “la ideología de los colonos, con prominentes características coloniales bajo la cobertura de la narrativa de la Toráh”.

Aprendemos gracias a Vargas Llosa que solamente un pequeño número de judíos de Israel son "justos" [N.P.: generalmente, los colaboradores más radicales y anti-israelíes del Haaretz], y que el propio Vargas LLosa considera que es una antigua característica de la vida judía. El resto de nosotros al parecer, y se trata de la gran mayoría de los israelíes, estamos “cegados por la propaganda, la pasión o la ignorancia”. Los judíos que lean esto podrían preguntarse cómo se han convertido en los personajes del juego de moralidad desarrollado por Vargas Llosa, pero no tienen que preocuparse, porque sus críticas son “un acto de amor".

Sé que el espacio para estos proyectos es limitado, especialmente por todo el amor que necesitan para llevarse a cabo, pero la catástrofe siria desplegada a 90 minutos en coche de Cisjordania podría haberles movilizado para ofrecernos algunas palabras o reflexiones - medio millón de personas han muerto y varios millones han sido desplazados -: ¿El desastre sirio afecta el pensamiento de los israelíes y palestinos? ¿Las decisiones israelíes están influenciadas por los resultados sangrientos del vacío de poder en el Sinaí, Irak y Libia? ¿Qué va a sustituir a la ocupación? En Gaza, el sustituto fue Hamas, ¿También lo será en Cisjordania? ¿Si la policía de Israel deja el este de Jerusalén, la ciudad podría convertirse en otro Alepo? Estas son algunas de las grandes preguntas del 2017.

Pero estos conocidos autores no las abordan, lo que nos lleva a otra pregunta: ¿De qué va en realidad este libro?

De lo que en realidad trata es de los propios y famosos escritores. La mayoría de los ensayos no son periodismo sino una especie de "selfie" en el que el autor posa delante de la simbólica cuestión moral escogida: !Aquí estoy ante un puesto de control israelí! !Aquí estoy con un pastor!

Es por eso que en la primera página del libro nos encontramos que Chabon y Waldman no hablan de la ocupación, sino de Chabon y Waldman. Después de un tiempo me sentí atrapado en una especie de prolija autoalimentación al estilo del Instagram de las Kardashian, sin introspección ni apenas reflexión.

Cualquiera que fuera la antología que se propuso ser, “Reino de Olivos y Ceniza” es el insospechado autorretrato de grupo de un cierto tipo de intelectuales.

¿Les gustaría un viaje financiado a un país extranjero para ejercer la corrección política? !Inscríbanlos! ¿Creen que unos pocos días es suficiente para emitir un juicio sobre los participantes en un conflicto de un siglo? ¡Ellos pueden hacerlo! Estas personas están dispuestas a llevar su corrección política a cualquier país donde su seguridad esté garantizada. Alguien les apunta, y ellos van. Se puede confiar en que no preguntarán quién les moviliza, ellos ya estarán montados en el autobús con aire acondicionado o en los automóviles a su disposición.

Había una vez una América diferente. Mark Twain partió en un barco para un viaje por Tierra Santa. Su mal humor se tradujo en sus opiniones sobre los extranjeros, pero tampoco perdonó a aquellas personas que viajaban con él: pomposos, podridos, hipócritas. Él ya los inmortalizó en 1869 en su obra "Los inocentes en el extranjero”, y es que Mark Twain nunca se habría unido al coro de nadie, y solamente podemos imaginarnos lo que habría pensado de los conocidos novelistas de esta gira: su atención fácilmente manipulable, sus puntos ciegos, su creencia de que ellos no son unos observadores defectuosos de la existencia ajena, sino una especie de policías de la moralidad global. Pero no había ningún Twain en este autobús.

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