Thursday, November 02, 2017

La importancia de dibujar líneas - Jonathan S. Tobin - JewishWeek



No hay nada que ofenda más a los judíos estadounidenses contemporáneos que una exigencia de trazar una línea que definiría quién está adentro y quién está fuera de la comunidad. Pero si hay algo que podamos aprender de la serie de controversias que involucran al Centro para la Historia Judía y la Sociedad Histórica Judía Estadounidense es que, por más que intentemos evitar hacerlo, a veces hay que trazar líneas.

Los problemas comenzaron con las críticas al nombramiento del historiador de UCLA David Myers como presidente y CEO del Centro de Historia Judía en Manhattan. Myers es un hombre de izquierdas, partidario de J Street y del New Israel Fund, y eso provocó una furiosa respuesta de la derecha sionista. Como el editor de Jewish Week Gary Rosenblatt señaló en una columna, algunas de las acusaciones eran inexactas. Por ejemplo, Myers niega cualquier conexión con el grupo judío antisionista Jewish Voice for Peace (JVP). Tengo pocas simpatías por sus opciones políticas y cuestiono el juicio de cualquiera que, como él hizo, respalde públicamente a un grupo como IfNotNow, que se organizó para protestar contra la campaña de autodefensa de Israel contra los ataques de cohetes y misiles de Hamas desde Gaza en 2014, se opone al AIPAC y deja muy claro que "resistir" a la administración Trump es mucho más importante que apoyar a Israel. Pero establecer pruebas políticas para los puestos académicos es una pendiente resbaladiza que puede emplearse tan fácilmente  contra los académicos de la derecha como contra los de la izquierda. Siempre y cuando Myers, un respetado académico, se mantenga fiel a su trabajo de promover el estudio y la comprensión de la historia judía, no hay razón para cuestionar su nombramiento.

Pero montar una bronca por Myers no es lo mismo que declarar que las líneas nunca deberían existir. La American Jewish Historical Society (AJHS), que opera desde el edificio Center Chelsea, ilustró esto copatrocinando un panel para conmemorar el centenario de la Declaración Balfour el próximo mes, pero organizado por la Jewish Voice for Peace, donde los oradores destacados serían un crítico palestino del sionismo junto a un judío antisionista.

Cuando se les señaló la naturaleza atrozmente sesgada del programa, la AJHS inmediatamente canceló el evento, así como una próxima lectura de una obra de teatro de un partidario de JVP.

Como era previsible, esto provocó una nueva ola de críticas, esta vez desde la izquierda, que acusó al AJHS de silenciar la disidencia judía y reaccionar exageradamente a la controversia con Myers. Estos críticos afirman que una banda de ruidosos extremistas de derecha estaban ejerciendo una influencia indebida sobre las principales organizaciones, y que una comunidad judía en gran parte liberal debería estar escuchando a un grupo como el JVP.

Eso suena razonable para los judíos que ven el trazado de líneas, especialmente con respecto al debate sobre Israel, como inaceptable en la vida estadounidense del siglo XXI.

Pero como creo que tanto los liberales como los conservadores deben escucharse y aprender los unos de los otros, algo que tratamos de ejemplificar en una serie de debates públicos por todo el país con mi amigo y compañero de debate, el columnista de Forward JJ Goldberg, también creo que es un error peligroso que las instituciones judías den la bienvenida o patrocinen a quienes defienden efectivamente la guerra contra Israel y el pueblo judío.

Para mí, la línea de demarcación es fácil de definir. Aquellos que se oponen a las políticas del gobierno de Israel pero apoyan el sionismo, ya sean sionistas liberales o derechistas, merecen ser recibidos y escuchados, incluso si estamos en desacuerdo con sus puntos de vista. Aquellos que como el JVP niegan el derecho del pueblo judío a un estado y su derecho a una legítima defensa están en el lado equivocado de la línea.

En el último año, el JVP ha diversificado su apoyo anterior a BDS oponiéndose a los viajes Birthright a Israel y respaldando el "derecho al retorno" palestino, lo que efectivamente los alinea con Hamas y las posiciones más intransigentes palestinas. También ha promovido una nueva versión del libelo de sangre al afirmar que los partidarios estadounidenses de Israel eran "responsables del asesinato de afroamericanos por parte de la policía" porque respaldan los programas de entrenamiento israelíes para los funcionarios encargados del cumplimiento de la ley de los EEUU. Al hacerlo, están ilustrando que el antisionismo invariablemente degenera en antisemitismo. Tal grupo tiene todo el derecho a decir lo que quiera, pero no a chantajear a ninguna comunidad judía con un núcleo moral o un remanente de respeto por sí misma.

Una comunidad que cree que la inclusión es el único valor es la que, en última instancia, no representa ni cree en nada. Una comunidad o institución que, promoviendo la historia judía, trata de integrar a un grupo que promueve el antisemitismo como otro punto de vista más, merecedor de respeto como cualquier otro, ha perdido su brújula moral.

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