Sunday, November 12, 2017

La Knesset Israel Victory Caucus - Oded Forer




Ze'ev Jabotinsky, autor, soldado y líder sionista, introdujo su doctrina de la Muralla de Hierro en un ensayo de 1923, en el cual sostenía que la aquiescencia árabe al derecho judío a la condición de Estado solo funcionaría con el establecimiento de una base de poder judía inexpugnable: militar, política y diplomática.

Esta lógica informa el actual Israel Victory Project, a saber, que solo una victoria decisiva israelí impulsará a los palestinos a aceptar a Israel como el estado del pueblo judío, con Jerusalén como su capital, así como la realización del derecho histórico de los judíos al renacimiento nacional en su territorio o patria ancestral.

La reintegración de la doctrina de la Muralla de Hierro en el discurso político israelí es un corolario del colapso del proceso de Oslo, ése que permitió a Yasser Arafat ganar concesiones israelíes mientras mantenía su impulso violento para la destrucción de Israel en línea con la estrategia de fases de la OLP de 1974.

La reentrada de la doctrina de la Muralla de Hierro en el discurso israelí es un corolario del colapso del proceso de Oslo.

Mahmoud Abbas, sucesor de Arafat, ha continuado plenamente esta postura de rechazo, desestimando la idea de un Estado judío y sosteniendo una virulenta incitación antisemita y antiisraelí por parte de la Autoridad Palestina, y pagando a las familias de los terroristas palestinos en las cárceles israelíes. Esto demuestra sin lugar a dudas que el prolongado conflicto palestino-israelí no tiene nada que ver con cuestiones prácticas como la delimitación de fronteras y el futuro de los barrios judíos de Cisjordania, sino con el implacable rechazo palestino del derecho judío a la autodeterminación.

La validez de la doctrina de la Muralla de Hierro ha sido probada una y otra vez en los conflictos internacionales contemporáneos. La paz y la prosperidad europeas posteriores a la Segunda Guerra Mundial se establecieron tras la destrucción del impulso nazi.

El tratado de paz egipcio-israelí de 1979 se concluyó cuando Anwar Sadat se dio cuenta de la incapacidad de los árabes para destruir a Israel por medio de la fuerza de las armas. El acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno colombiano se logró después de que la organización clandestina hubiera sido ampliamente derrotada.

Esto a su vez significa que un acuerdo de paz israelo-palestino solo puede lograrse cuando el liderazgo palestino se reconcilie con la inutilidad de una lucha armada y le diga a su gente, en árabe y sin equívocos, que evite la violencia y reconozca a Israel como el estado del pueblo judío.

Es probable que este reconocimiento tácito de la derrota estimule a los estados árabes, muchos de los cuales se han cansado del inútil conflicto con Israel, y han llegado a apreciar la contribución masiva de Israel a su lucha contra sus enemigos más mortíferos, las ambiciones hegemónicas de Irán y el terrorismo islamista, como desencadenantes de una paz con Israel.

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