Thursday, January 04, 2018

El ensordecedor silencio de los mercaderes y dadores de lecciones de Europa - Eldad Beck - Israel Hayom


Hasta la noche del martes, Federica Mogherini, la representante de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, no rompió el silencio sobre las protestas masivas contra el régimen iraní. Mogherini, que no pierde el tiempo a la hora de responder a cada anuncio sobre los prolegómenos de una posible expansión de la construcción judía en Judea y Samaria, consideró oportuno esperar hasta que los manifestantes comenzaran a despejar las calles de la ciudad por temor a una respuesta violenta de la Guardia Revolucionaria. Antes de llamar a "todos los interesados" en Irán a abstenerse de la violencia, manifestó que el asesinato de docenas de manifestantes a manos de las fuerzas iraníes era "inaceptable".

La canciller alemana Angela Merkel también guardó silencio durante demasiado tiempo. Su portavoz esperó hasta el miércoles para expresar su admiración por la valentía de las personas que se manifestaban por las calles de Teherán para expresar sus preocupaciones financieras y políticas. Para cuando se emitió la declaración, las protestas contra el régimen de mullah ya habían disminuido.

El presidente francés Emmanuel Macron fue un poco más enérgico en su enfoque. Macron llamó directamente al presidente iraní Hassan Rouhani para expresar su preocupación por el número de manifestantes asesinados y la violación de la libertad de expresión. También decidió posponer la visita del ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif, que estaba programada para esta semana.

El momento de esta parcial rebelión popular en Irán puede haber sido el menos conveniente para los europeos, ya que coincide con la temporada de vacaciones, pero esta no fue la única razón de su silencio: su reacción fue silenciada porque las protestas en todo Irán sirvieron para romper el argumento central de los europeos en su defensa del acuerdo nuclear con Teherán. El acuerdo nuclear, que la UE considera su mayor logro, se justificaba con el argumento de que si Rouhani y los "moderados" a su alrededor no vendían ese acuerdo al pueblo iraní, un acuerdo que levantaría las sanciones internacionales, mejoraría la economía, contribuiría al bienestar de la población y preservaría la dignidad de esa nación, entonces se pavimentaría el camino para que los "extremistas y los duros" regresarían al poder.

Este deseo de mantener a los "moderados" en el poder llevó a los europeos a cerrar los ojos ante el avance de Teherán en su programa de misiles balísticos y ante los esfuerzos iraníes para socavar la estabilidad en Oriente Medio y sus continuas violaciones de los derechos humanos. Pero es precisamente en contra de las políticas de estos llamados moderados, los amiguetes de Europa, que las masas parece que se han manifestado. Es posible que ahora los europeos aboguen por políticas económicas más abiertas hacia Irán y por la eliminación de más obstáculos, ya que aún creen que librarán a los "moderados" de la ira del pueblo e impedirán el fortalecimiento de los "extremistas". Ya hay quienes comparan la ola de protestas más reciente con las protestas estudiantiles de 1999, que socavaron la posición del entonces presidente "moderado" de Irán, Mohammad Khatami.

Entonces, como ahora, el silencio no ayuda a las masas en Irán, que esperan que la Unión Europea sea leal, no a su hipocresía histórica y a sus cálculos económicos, sino a sus principios fundamentales.

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