Monday, January 15, 2018

El último intento de la izquierda de deslegitimar al Estado judío - Emily Shire - New York Post



Jerusalén desafió muchas de las expectativas de los medios de que estallaría la violencia después de la decisión del presidente Trump de reconocer a la ciudad como la capital de Israel. Pero eso no ha impedido a algunos "sionistas liberales" predecir la fatalidad y la desaparición de su propia ideología.

Michelle Goldberg ha escrito en el The New York Times esta semana que ese anuncio, junto con la realización de los planes para trasladar la Embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, sería la principal causa de la muerte del "sionismo liberal", un concepto que no es explícitamente definido, pero que generalmente se entiende por estar centrado en una solución de dos estados. Goldberg afirmó que Trump mostró a los "palestinos e israelíes por igual" que estaba "dando carta blanca al gobierno israelí para continuar reclamando territorio palestino", aunque admite que la administración "no prejuzga el estado de Jerusalén en un acuerdo final de paz".

"Es probable que haya un futuro de un estado, y puede que sea judío o puede que sea democrático, pero no puede ser ambos", argumentó Goldberg. "La decisión de la embajada de Trump fue otro clavo en el ataúd del sionismo liberal".

Ella no estaba sola. El 6 de diciembre, el día del anuncio de Trump sobre la embajada, Haroon Moghul escribió para la NBC News que "ese movimiento indicaba que la solución de dos estados estaba prácticamente muerta". Al día siguiente, el profesor de UCLA Saree Makdisi escribió un artículo de opinión titulado "Trump acaba de dar un golpe mortal a la solución de dos estados" en Los Angeles Times. Ambos artículos estaban llenos de verdades a medias y omisiones selectivas de la historia, es decir, de cualquier mención de cómo las naciones árabes han rechazado las reiteradas ofertas de paz por tierra de Israel o el hecho de que los países árabes iniciaron muchas de las guerras donde, como dice Makdisi, Israel "adquirió ilegalmente territorio"..

Se trata de una hipocresía particularmente atroz. Desde los famosos "Tres No" de la Liga Árabe (no a la paz, no al reconocimiento de Israel, no a las negociaciones con Israel) después de la Guerra de los Seis Días, a por ejemplo Linda Sarsour, quien le dijo a Haaretz el año pasado que no deseaba una solución de dos estados sino una de un solo estado (por supuesto, sin autodeterminación judía), o como todos aquellos que se oponen a la existencia de Israel y denuncian la solución de dos estados, pero en cambio no son acusados ​​de obstaculizar el proceso de paz.

Además, el sionismo liberal y su solución preferida de dos estados han persistido frente a un creciente coro de críticos que insisten en que una solución de un solo estado sería ahora inevitable. Una amplia franja de sionistas estadounidenses, desde J Street hasta AIPAC, desde Bernie Sanders hasta Alan Dershowitz, respaldan una solución de dos estados. A pesar del relato de Goldberg y de otros, los informes sobre la muerte del sionismo liberal son sumamente exagerados.

Pero a pesar de que carece de un apoyo sustantivo, el estribillo del "sionismo liberal está muerto" resulta peligroso porque hace más fácil convencer a los liberales de que deberían prescindir por completo del sionismo: versión liberal o cualquier otra.

El sionismo es el soporte básico para la soberanía judía y no implica especificaciones sobre soluciones de dos estados, asentamientos o, para el caso, las opiniones de Benjamin Netanyahu. Sin embargo, cuando los críticos argumentan que el movimiento de la embajada de Trump es la sentencia de muerte para el sionismo liberal, implícitamente (y a veces explícitamente) hacen del apoyo a Israel un tema partidista. Marca al sionismo como "trumpiano" y refuerza el mito de que el liberalismo y el sionismo son mutuamente excluyentes.

Anunciar prematuramente la muerte del sionismo liberal aumenta la polarización en torno a un tema que debería ser apolítico, pues implica reconocer que los judíos tienen el mismo derecho a la autodeterminación que ha sido otorgado a otros grupos minoritarios religiosos, étnicos y nacionales.

Además, asegura que la antipatía hacia cualquier forma de sionismo crecerá porque volverá más fácil descartar, o simplemente demonizar, el concepto de soberanía judía. La narrativa del "sionismo liberal está muerto" establece de manera insidiosa las bases para que personas de todo el espectro político acepten un mundo donde Israel es prescindible.

Eso puede sonar exagerado, pero un examen superficial de la forma en que muchos sectores de la izquierda - principalmente la franja radical - y activistas discuten sobre Israel, muestra qué tan rápido puede volverse aceptable vilipendiar la autodeterminación judía.

En junio, en la marcha del Chicago Dyke March, se expulsó a unas mujeres por llevar banderas del arco iris con estrellas de David, declarando que "el sionismo es una ideología supremacista inherentemente blanca". Los organizadores nunca se disculparon y solamente se doblegaron. De manera similar, en octubre, Feministing publicó un artículo sobre las acusaciones de asalto sexual de Harvey Weinstein que culpaban de esos repugnantes actos al sionismo, y descaradamente lo defendían afirmando que el sionismo era "racista" y hostil al movimiento #MeToo.

Si se extiende el mito de que el sionismo liberal es una causa perdida, tal tipo de tratamientos fatalmente viles y miserables de Israel se convertirán en la norma.

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