Saturday, February 17, 2018

Partidismo, Farrakhan y un "judío liberal" - Jonathan Tobin - JNS



¿Y si los escenarios son los placeres culpables de cierto tipo de historiador y de fanáticos de la ciencia ficción? Pero incluso si piensan que reflexionar sobre tales cuestiones es generalmente una pérdida de tiempo, es difícil resistirse a la de la foto que acaba de aparecer en la que el senador Barack Obama sonríe ampliamente al lado de Louis Farrakhan. ¿La publicación de la imagen tomada en una reunión del Congressional Black Caucus (CBC) en 2005 habría descarrilado sus planes presidenciales?

Nunca lo sabremos. El CBC le pidió al fotógrafo independiente que la enterrara y así lo hizo. Solo ahora ha salido a la luz después de que ya no puede dañar la carrera del hombre que era una estrella en ascenso en el Partido Demócrata. Pero es una certeza absoluta que si se hubiera publicado en algún momento durante la campaña de 2008, habría ayudado a Hillary Clinton a defenderse del desafío de Obama para la nominación demócrata, o bien habría dado un impulso al republicano John McCain en las elecciones generales.

Pero al igual que con la política, lo que piense sobre esta cuestión depende de su afiliación política y de cómo piense con respecto al 44° presidente. Para los liberales que se enamoraron del hombre con un temperamento tan cool, así como con la idea de elegir a nuestro primer presidente afroamericano, sería como la presencia de Obama durante 20 años en una iglesia dirigida por un ministro radical con un historial de discursos de odio y antipatía hacia Israel, es decir, una cierta vergüenza lateral pero no descalificadora. Para los conservadores, sin embargo, sirvió para confirmar lo que ya sentían que era la falsedad fundamental de Obama como un hombre de buena voluntad.

Por lo que pueda valer, yo no creo que la foto hubiera marcado la diferencia. Ya hemos visto suficiente de la formidable habilidad del ex presidente Obama a la hora de usar tácticas de jiu-jitsu para convertir su falta de responsabilidad en fortalezas, por lo que intuímos que podría haber manejado esta crisis tan fácilmente como lo hizo con sus conexiones con el reverendo Jeremiah Wright y otros radicales.

La foto salió días después de que el ex presidente Obama fuera citado diciendo en una sinagoga que él y su equipo solían bromear diciendo que él era "básicamente, un judío liberal". La observación, que surgió durante una acto en el Templo Emanu-El de Nueva York, estaba en el contexto de la defensa de Obama de su actitud hacia Israel.

Con la excepción de una ofensiva de encanto hacia los judíos que coincidió con sus esfuerzos de reelección, Obama discutió incesantemente con el gobierno de Israel durante sus ocho años en el cargo, criticando sus políticas de seguridad y asentamientos y, en particular, abrió un nuevo camino en el tratamiento de los vecindarios judíos en Jerusalén construidos desde 1967, considerándolos como no diferentes de los asentamientos de Cisjordania. También rompió con la comunidad pro israelí al buscar un acercamiento con Irán, para ello rompió su promesa de 2012 de eliminar el programa de Irán y acordó un acuerdo que no solo enriqueció y dio poder a Teherán, sino que aseguró que dentro de una década podría obtener un arma nuclear con impunidad legal.

Pero es probable que la mayoría de los judíos estadounidenses que son liberales todavía estén felices de contar con Obama "como uno de su tribu". Comparten su creencia de que estar dispuesto a criticar a su gobierno cuando hace algo que ofenda su sensibilidad es señal de ser un verdadero amigo de Israel. La creencia de Obama de que una mayor "luz del día" entre los Estados Unidos e Israel conduciría a la paz con los palestinos fue desacreditada por la continua intransigencia y la violencia palestinas, y fue contradecida por un amplio consenso dentro la sociedad israelí. Sin embargo, nada de esto sacudió el afecto con el que los judíos liberales estadounidenses lo veían.

La razón es obvia: partidismo. En nuestra nación bifurcada, la sospecha de que estamos ante unos opositores políticos es ahora tan profunda que no podemos escuchar sus argumentos, o incluso pensar honestamente sobre aquellos de nuestro sector que generan una gran división política, algo ilustrado de nuevo por el debate sobre la investigación de Rusia.

Y es que los judíos liberales estadounidenses le hicieron unas concesiones a Obama que nunca le hubieran dado a un conservador. Y continuaron haciendo esas concesiones durante toda su presidencia porque la guerra contra los republicanos era más importante que cualquier otra cosa. Lo mismo ocurre con los conservadores que hacen concesiones a las deficiencias del presidente Trump debido a su punto de vista contrarion a los demócratas.

Es por eso que discutir sobre el significado de la fotografía de Obama / Farrakhan (que, como era de esperar, ha sido ignorada por los mismos medios que actuaron como una entusiasta "cámara de eco" de Obama en el debate sobre Irán, el escándalo del IRS y muchos otros temas) todavía valga la pena, incluso si ya no puede afectar la historia.

Aunque la foto habría sido perjudicial, ninguna imagen iba a desilusionar a los judíos liberales estadounidenses que ya estaban enamorados de Obama. No importaba lo que Obama hubiera hecho con Israel o con Irán, nunca existió la posibilidad de que sus compañeros demócratas, judíos o no judíos, se volverían contra él. Eso se debe en parte a sus impresionantes poderes de persuasión, pero principalmente porque la atracción de las tribus políticas parece ser mayor que la de cualquier otra lealtad en nuestra época hiperpartidista.

Esta es una historia de advertencia para los judíos estadounidenses republicanos que actualmente pueden estar bajo el hechizo muy diferente de Donald Trump, ya sea porque les gusta su enfoque poco ortodoxo de la política o porque lo ven como una especue de "judío conservador honorario" (sus nietos al menos lo son) debido a su posición sobre Jerusalén.

Pero también debería recordarles a los judíos estadounidenses demócratas que se oponen por principio a cualquier cosa que haga Trump, incluyendo posiciones sobre Israel que hubieran aplaudido si las hubiera  llevado a cabo Obama o cualquier otro miembro de su partido, que debería haber algunos límites al partidismo.

Francamente, no me importa si, como ahora exige la Liga Antidifamación, Obama debe renovar su condena a Farrakhan por dicha foto. El barco del debate sobre la aptitud de Obama para el cargo atracó hace ya mucho tiempo, y nadie realmente se preocupa por las habituales y ritualizadas declaraciones sobre los extremistas. Lo que importa es si los judíos estadounidenses tendrán la sabiduría y las agallas para superar las etiquetas del partido para defender los intereses de su comunidad cuando sea necesario.

Con base a la evidencia, no creo que haya muchas razones para el optimismo.

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