Friday, March 02, 2018

Sorprendente, sobre Bibi: Por qué la derecha es realmente racional - Avi Shilon - Haaretz



Desde que la policía emitió su informe resumido sobre las dos investigaciones contra Benjamin Netanyahu, muchas personas han estado tratando de resolver uno de los grandes acertijos de la política israelí: ¿cómo es que las cifras de las encuestas sobre el primer ministro y su partido el Likud no solo no declinan, sino que incluso se elevan?

No se puede afirmar que solo una parte del mapa político se preocupa por la corrupción. En 1977, las reclamaciones de una corrupción masiva al más alto nivel contribuyeron al disgusto de los votantes con el laborismo hasta llevar a su derrocamiento. Y en 1992, las manifestaciones contra la corrupción ayudaron a que Yitzhak Rabin venciera a Yitzhak Shamir. Entonces, ¿qué ha cambiado?

Varios columnistas de Haaretz se han pronunciado. Yossi Klein citó la necesidad de "venganza" de los votantes del Likud contra las élites (22 de febrero). Daniel Blatman propuso el "miedo" como una explicación para la falta de deseo de separarse de Netanyahu (22 de febrero, en hebreo). Ravit Hecht citó la naturaleza "familiar" de los votantes del Likud (23 de febrero). Alon Idan comparó el apoyo al Likud con la lealtad de los fanáticos a un equipo de fútbol (23 de febrero, en hebreo). Iris Leal afirmó que Netanyahu "hipnotizaba" a su audiencia (25 de febrero, en hebreo).

La debilidad de todas estas explicaciones reside en su común denominador. Los términos clave en estos artículos de opinión muestran que, para sus críticos, el apoyo a Netanyahu es emocional. Ninguno de ellos trató de entender su razón de ser.

Este problema es más evidente en los intentos de explicar por qué la izquierda no ha logrado convencer a la derecha: y es que la persuasión es imposible desde una posición de arrogancia fundamental que asume que "ellos", los de derechas, no son racionales, mientras que "nosotros", los de izquierdas, sí lo somos. Sin embargo, una mirada más profunda revela, aunque sea involuntariamente, una dificultad real para comprender al otro.

Pero esto no resulta nuevo. El fallecido sociólogo Yonathan Shapiro, quien dirigió uno de los primeros estudios sobre el ascenso del Likud al poder, mencionó varias razones para su victoria en su libro "El camino hacia el poder: el partido Herut en Israel". Una de las principales, según él, era la manipulación emocional del líder del Likud, Menachem Begin, de los judíos mizrahim.

Esta afirmación fue ampliamente aceptada como axiomática durante varias décadas, y aún se hace eco a través de debates académicos y públicos. El problema es que la manipulación no solo funciona en personas de ciertos orígenes étnicos, y en cualquier caso, todos los políticos tienden a manipular.

De hecho, nuevos estudios sobre las políticas económicas del partido gobernante Mapai, un precursor del Partido Laborista, durante los años formativos del país,  demuestran que hasta la década de 1960, y en contra de su imagen como un partido que explotaba a los mizrahim, el Mapai perseguía una nítida política de reducir las diferencias salariales entre las élites y las clases bajas. Esta información nos ayuda a entender por qué los mizrahim abandonaron al Mapai en ese momento y comenzaron a votar por Begin, porque explica el contexto económico y de clase y reconoce que esta fue una decisión racional.

El redactor en jefe del Haaretz, Aluf Benn, escribió que los logros de Netanyahu - la prosperidad de Israel, su estabilidad política y el declive del terror palestino en Israel propiamente dicho - son los que le ganan el apoyo público (26 de febrero). Pero Benn no sacó la conclusión necesaria, que si los logros de Netanyahu son lo que lo mantienen en el poder, entonces la derecha es la racional y la izquierda es la emocional en su oposición total a sus políticas.

Claramente, la historia de izquierda a derecha es más complicada que las cuestiones de emotividad, e incluso aquellos que reconocen los logros prácticos de Netanyahu no pueden ignorar sus fallas morales. Sin embargo, las personas que gritan "!Sólo Bibi!" [N.R.: en contraposición a sus enemigos, que gritan "!Cualquiera, excepto Bibi!"], incluso cuando él es sorprendido en desgracia, no necesariamente están actuando instintivamente. Por el contrario, están expresando un reconocimiento racional del hecho de que, a pesar de la importancia de la guerra contra la corrupción en las altas esferas, no afecta a sus vidas y no modificará necesariamente su situación.

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