Sunday, May 06, 2018

Es hora de abandonar la teoría del "pecado original" - Ben Cohen - JNS



Tan bienvenidas como notablemente diversas han sido las condenas del último discurso antisemita de Mahmoud Abbas durante los últimos días: desde el nuevo director general de la UNESCO, el The New York Times, J Street y una asociación alemana-palestina, todas ellas se han unido a la lista.

Sin embargo, hay un elemento más profundo acerca de las observaciones del líder de la Autoridad Palestina ante el Consejo Nacional Palestino que aún deben ser comprendidas.

Abbas, y el mundo finalmente ha comenzado a darse cuenta, tiene un apego permanente por las teorías de la conspiración sobre los judíos, sus orígenes y sus poderes antinaturales. Él ha demostrado estas inclinaciones una y otra vez durante sus 13 años en el poder (nueve de los cuales, según el recuento actual, son el resultado de que su mandato como presidente se prorrogara indefinidamente desde 2009).

La disculpa malsonante de Abbas este viernes por su discurso ante el Consejo Nacional Palestino no hizo mención de ese apego porque hacerlo socavaría fatalmente su afirmación de que "no quiso" ofender a nadie con sus comentarios, y que según dice ahora "respeta al judaísmo· como lo hace con todas las religiones monoteístas".

Por supuesto, el hecho de que un gerontócrata como Abbas se disculpara por su desagradable discurso, lo que implica una ruptura con la tradición, es de gran importancia. Pero eso no debería oscurecer algo más fundamental: simplemente no es posible separar las opiniones grotescas de Abbas sobre la supuesta culpabilidad judía por el Holocausto de sus opiniones igualmente grotescas sobre los orígenes del Estado de Israel. La demonología que es dolorosamente visible en sus puntos de vista sobre el Holocausto es la misma demonología que fundamenta su objeción visceral al sionismo.

Abbas es quizás el exponente más conocido de la teoría del "pecado original" implícito en como nació Israel. Como se expresa en el pacto fundacional de la OLP, ésta sostiene que los colonos sionistas "invadieron" Palestina hace un siglo. Su propósito "era hacer extinguir su carácter nacional árabe para dejar paso a un pueblo extranjero sin conexión histórica con la tierra". Este es precisamente el "pecado original", tal como lo ve Abbas, que finalmente resultó en la Naqba , o "catástrofe", de la creación de Israel en 1948.

Esta es también la imagen de Israel que distribuye Abbas en sus negociaciones periódicas con funcionarios israelíes y enviados estadounidenses. Esta misma convicción de que Israel es el producto de un gran engaño protagonizado por impostores judíos que manipularon y exageraron el Holocausto, explica en gran medida por qué esas negociaciones invariablemente fracasan. Desde el punto de vista de Abbas, es imposible negociar de buena fe con personas que, en sus tratos con los palestinos, exhiben los mismos rasgos de engaño y deshonestidad que provocaron que les expulsaran de Europa.

El nuevo consenso internacional de que estas opiniones son extravagantes y ofensivas se mantendrá en un terreno más firme una vez que se vaya más allá del abierto antisemitismo expresado por Abbas. Su insistencia en que Israel tiene la responsabilidad exclusiva de los refugiados palestinos de la Guerra de Independencia de 1948 no es menos descabellada y ofensiva que su punto de vista de que los líderes sionistas tienen una mayor responsabilidad por el Holocausto que los propios nazis.

Y sin embargo, cuando Abbas habla del "derecho al retorno" de los 5 millones de descendientes de los refugiados de 1948, con el resultado obvio de anular la existencia soberana de Israel, de repente vuelve a ser un estadista para muchos occidentales. Cuando acusa a Israel de buscar la eliminación de los lugares sagrados musulmanes en Jerusalén, sus comentarios son relatados fielmente y sin comentarios por la gran mayoría de los medios de comunicación. Todo esto da la impresión de que cada vez que Abbas dice algo escandaloso sobre el Holocausto, simplemente expresa su exasperación política, ese tipo de arrebato desafortunado que, en otras palabras, se puede arreglar con la disculpa adecuada. En cuanto al resto de sus declaraciones, muchos siguen tomándole en serio.

Esta inconsistencia transparente ha preocupado a muchos seguidores de Israel durante mucho tiempo, aunque a raíz del discurso de Abbas ante el Consejo Nacional Palestino tal vez eso finalmente esté comenzando a desmoronarse. Si es así, entonces quizás también se extraerán las lecciones correctas.

La suposición principal concierne mucho más que al propio Abbas, o incluso a su eventual sucesor. Si la administración Trump desea que las negociaciones de paz den frutos, entonces lo que se requiere es una nueva visión de la política palestina en una era posterior a Abbas que aún podría comenzar antes de que expire el primer mandato del presidente Donald Trump.

Estados Unidos ha señalado que espera cambios profundos, por ejemplo poner fin a la política de gastar ayuda extranjera en pagos de asistencia social a los terroristas condenados. Pero eso solo puede suceder si el liderazgo palestino aprende a ver a Israel de manera diferente, principalmente abandonando la teoría del "pecado original".

Eso no significa que los palestinos tengan que dejar de considerar a Israel como un adversario. Incluso podría significar que las demandas palestinas sobre asuntos tan tangibles como el territorio y la estatalidad se verán con mayor simpatía una vez que finalmente se las despoje de su equipaje doctrinario y antisemita. Mientras antes el mundo termine con su indulgencia ante la teoría del "pecado original", más pronto llegarán allí.

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