Tuesday, January 01, 2019

Entre Jerusalem y Tel Aviv - Dror Eydar - Israel Hayom



Me dirigí al funeral de Amos Oz en el Kibbutz Hulda, desde la ciudad de Rehovot, desde una ciudad fundada durante la Primera Aliyah (1882-1903) y hacia un kibbutz establecido durante la Segunda Aliyah (1904-1914). Pensé que había algo simbólico en eso porque estamos tratando de un gran escritor nuestro; y ta como dijo el gran escritor Charles Baudelaire, la naturaleza es un "bosque de símbolos". Él nunca conoció Israel, y es que aquí no solo la naturaleza, sino la carretera y las farolas, también son símbolos.

A su manera, la revolucionario Segundo Aliyah borró la Primera Aliyah, y rápidamente llegó a liderar el movimiento sionista, dejando al movimiento revisionista al margen hasta la agitación política que vio a la derecha tomar el poder en 1977, y eso realmente ocurrió solo recientemente.

Oz documentó esta transición en sus libros. En muchos sentidos, hizo su propia transición similar al corazón de la vanguardia socialista, convirtiéndose en el portavoz y líder espiritual de la Izquierda Sionista durante los últimos 50 años.

Vine a mostrar mis respetos a uno de los autores hebreos más destacados de la segunda mitad del siglo XX. Somos una nación que siempre ha creído en el poder de las palabras "para erradicar y arrancar, destruir y derribar, para construir y plantar", como se le dijo al profeta Jeremías al comienzo de su iniciación. Formamos un pacto con la palabra, y en las recientes generaciones estas palabras han sido formuladas para nosotros por nuestros autores y poetas. La resurrección de nuestra nación de las cenizas se produjo a través del poder de la palabra e inicialmente a través de la literatura.

De camino al cementerio, observé la vista y la tierra roja saturada con las lluvias del mes hebreo de Tevet que nos han bendecido en los últimos días. Vi casas modestas y un letrero en un viejo edificio que informaba a los transeúntes que una vez fue el lugar de un gran gallinero, de unos 100 metros de largo, donde los pollos ponían huevos. A través de este paisaje traté de imaginar a un joven Oz que llegaba a este kibbutz en la década de 1950 y luego se retiraba para comenzar a trabajar en su empresa literaria.

Ahora enterrado, disfruta de "una paz perfecta", como el título de su libro que se centró en la vida en el kibbutz, la brecha entre los miembros de la generación fundadora y sus hijos, y como la carga impuesta a los hijos por sus padres a menudo fue demasiado difícil de soportar. A mi alrededor había mujeres y hombres con cabello plateado y blanco, una generación de pioneros en proceso de desaparición. Frente a la tumba cubierta de ramilletes, mi sensación fue que estaba ante el final de una era.

Junto a mí estaba el nuevo CEO de Peace Now, Shaqued Morag, que sostenía un ramo de flores para colocar en la tumba de uno de los fundadores de su movimiento. Nunca antes había sentido el tangible cambio de guardia en la sociedad israelí tanto como lo sentí este lunes, junto a la tumba recién descubierta de Oz. Este cambio de guardia es necesario y vital para nuestra existencia como nación que desea la vida. La naturaleza del mundo es tal que los grupos de liderazgo rotan bajo la camilla de nuestros antiguos pueblos.

Más tarde, los asistentes cantaron del Libro de los Salmos: "¿Quién es el hombre que desea la vida y desea muchos días para poder ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de que hablen engaño. Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela" (Salmos 34: 13-15).

Y de repente estallaron cantando:

"Aquí en la tierra de nuestros amados antepasados, 
Todas las esperanzas se harán realidad. 
Aquí viviremos y aquí crearemos 
Vidas de encantos, vidas de libertad. 
Aquí morará el espíritu (del Dios Eterno). 
Aquí florecerá el lenguaje de la Toráh".

Y se escuchó un eco desde las montañas de Gush Etzion: Amén.

Y cuando dejé el kibbutz, las señales apuntaban a los caminos que conducían a Tel Aviv o Jerusalén, con Amos Oz en el medio, descansando en paz.

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Tuesday, May 30, 2017

Muy recomendable: Una gran anécdota de Amos Oz para que observen la presunción con que se trata a Israel




Amos Oz quiera hablar: Parte 1,  Parte 2.

Dror Eydar, es uno de los columnistas de la derecha israelí que a priori podría ser el menos indicado para entrevistar a Amos Oz por su diferente visión ideológica y personal de Israel y de la identidad judía. Sin embargo, en el Israel Hayom ha publicado una larga entrevista con este reconocido escritor israelí dividida en dos capítulos que resulta ser muy interesante.

Por supuesto, la controversia ideológica y los reproches entre la derecha y la izquierda israelí forman parte en gran medida de ese diálogo, ya que no se trata de una mera y simple entrevista puesto que ambos exponen detenidamente sus puntos de vista y críticas, y en algunos momentos parecemos asistir a una tensa confrontación ideológica, política y cultural.

Amos Oz, un famoso escritor muy conectado con la izquierda israelí, habla de la profunda tensión existente entre los campos que dividen a Israel.
"Dile a tus lectores que Amos Oz está buscando oír y discutir con aquellos que no comparten sus puntos de vista. Y no porque piense que son unos fanáticos, sino porque creo que el celo en cada hombre. Yo solamente pido no ser etiquetado porque mis puntos de vista sean diferentes. por eso he llamado a la puerta de Israel Hayom. No estoy tratando de tener la última palabra. No estoy descendiendo del Monte Sinaí para impartir la auténtica Torah sobre ellos. No soy, y lo diré aquí, ni un mejor israelí, ni un mejor judío. Sólo vengo para decir lo siguiente: Amigos, escuchen, tengo una propuesta, pueden aceptarla o rechazarla, puede aceptarla parcialmente o no aceptar nada de ella, pero no digan que Amos Oz abrió la boca porque odia al estado, o a los judíos, o porque se le olvidó lo que significa ser un judío. Digan solamente que no les gusta mi propuesta".
Al ser la entrevista tan larga, he optado por destacar una anécdota muy significativa narrada por el propio Amos Oz que revela la mentalidad de los aliados occidentales de esa izquierda israelí, pero que en realidad se extiende más allá, pues es la mentalidad y la presunción de bastantes dirigentes, medios e intelectuales europeos cuando se enfrentan a lo que auténticamente significa Israel.

Voy a contar una vieja historia: Me pasó a ser en Suecia durante la Guerra del Líbano de 1982. Era muy difícil ser un israelí en esos momentos, pero había publicado titulado 'En la Tierra de Israel', y fue traducido al sueco. Aparecí en un programa de la televisión sueca de las 9 de la noche, cuando la audiencia era más elevada.

La entrevistadora me preguntó: 'Dígame, ¿no le da vergüenza ser un judío en un momento como este?'. Yo le contesté, '¿Por qué?' y ella me dijo: 'Sus hombres, su gente, están implicados en asesinatos. Eso va en contra de su religión'. Yo entonces le respondí: 'Tengo una noticia para usted...  Israel no es un país cristiano. Y a pesar de que pueda serle difícil aceptarlo, nosotros no ponemos la otra mejilla'.

Eso le dije, y tras terminar la entrevista me fui a la cama. Al día siguiente, a las 7 de la mañana, recibo una llamada del recepcionista del vestíbulo del hotel. 'Alguien quiere verle'. No reconocí el nombre que me anunció. No obstante, bajé y tuve una especie de premonición. Me encontré con un anciano de unos 80 años, un judío, un sobreviviente del Holocausto.

'Hemos escuchado lo que dijo anoche en la televisión, y hemos abierto las oficinas del Comité Judío de Estocolmo y hemos dedicado árboles en su nombre en el libro de oro'. Yo le pregunté, '¿Por qué?' y él me contestó: 'Porque usted les dijo que no somos cristianos'. Le contesté: 'Oh, vamos...' y él prosiguió: 'Hijo mío, al parecer no te das cuenta de lo que has hecho'.

Y tenía razón, realmente no me di cuenta, porque cuando me mostraron los diarios suecos en los titulares se podía leer: 'Escritor israelí afirma: Israel no es un país cristiano'. Imagínese un titular en la página 3 de un periódico israelí diciendo 'Escritor sueco en Jerusalén: Suecia no es un país judío'. Y eso fue sólo el comienzo de más sorpresas.

A las 10 de la mañana me llegó una llamada diciendo que el primer ministro, Olof Palme, quería hablar conmigo. Yo no lo conocía. Fui hasta allí caminando, estaba cerca. Su oficina era muy modesta. Él me dijo que me había visto en la televisión y que le había sorprendido: '¿Cómo podía decir que matar no estaba prohibida en el judaísmo? ¿Qué pasaba con los Diez Mandamientos?'.

Fue cuando le contesté: 'Primer ministro, no existe tal mandamiento en toda la Biblia'. Sorprendido, sólo acertó a decirme: '¿Qué...?' Así que se lo repetí: 'No existe tal mandamiento'.

Entonces el primer ministro sueco pulsó el botón del intercomunicador y al cabo de un minuto su secretaria entró llevando un libro con una cubierta desgastada de cuero verde. Al parecer era la Biblia de su confirmación, la cual hojeó rápidamente, demostrando que la conocía bien, y entonces me leyó en voz alta: 'No matarás'.

Yo le contesté: 'Ya sé que es así como aparece en su Biblia. En la versión de Martin Luther en alemán, en la de King James en inglés, pero eso no es lo que dice el texto original'.

Entonces él me preguntó: '¿Qué dice en la suya?' y entonces le respondí: 'No cometerás asesinatos'. 

Y añadí: 'No existe un vínculo etimológico en hebreo entre el verbo matar y el verbo asesinar. Desde luego, matar no sólo está permitido, sino que en algún caso se recomienda: 'Si alguien viene a matarte, levántate y mátalo tú primero'.

Palme se quedó tan sorprendido que solamente pronunció una frase que nunca olvidaré: '¿Pero señor Oz, está usted seguro de que su versión de la Biblia es la versión correcta'.

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