Sunday, January 07, 2018

Si el Comité Central del Likud desea anexionar los asentamientos, que lo hagan de una vez, y no sigan hablando de hacerlo - Yoaz Hendel - Ynet



El fracaso es el resultado de la exageración. En la década de 1990, los Acuerdos de Oslo se basaron en la exageración conceptual. La idea de que un architerrorista como Yasser Arafat pudiera convertirse en un socio real para la paz, y que pudiéramos armar a los terroristas palestinos con armas y esperar lo mejor de ellos, estaba enraizada en las ilusiones de la izquierda. El derramamiento de sangre y las docenas de ataques terroristas podrían haberse evitado, si no fuera por esa exageración conceptual, pero la querían tanto y estaban tan apegados a ella (aún incluso), que prefirieron cerrar los ojos y precipitarse hacia adelante.

Hoy, en el 2018, la mayoría de los israelíes cree que el conflicto no puede resolverse con el espíritu de la visión de Oslo. Puede ser administrado. Y cuando no es administrado, seguimos adelante.

La decisión del Comité Central del Likud de aplicar la ley israelí a Judea y Samaria (a los asentamientos allí existentes), adolece por otro lado de dos fallos principales: exageración y falta de voluntad para manejar el conflicto, y simplemente continuar adelante. Con todo su carácter festivo, la decisión levanta una cortina de humo sobre el hecho de que los sucesivos gobiernos de derecha no han anexionado ni una pulgada en Judea y Samaria. Básicamente, estamos siendo engañados.

No existe un proceso real destinado a crear legalmente hechos establecidos sobre el terreno. El Estado de Israel no aprovecha la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca para promover la ideología de la derecha. En el mejor de los casos, está apagando incendios y prometiendo las mismas 300 casas en Beit El una y otra vez.

El ex ministro Gideon Saar tiene razón cuando dice que es hora de levantar la amenaza de evacuación de las comunidades de Judea y Samaria, pero ¿qué tiene que ver eso con la decisión del Comité Central del Likud? La última vez que tomaron una decisión sobre la Gran Tierra de Israel fue el momento previo a la desconexión de Gaza iniciada por el Likud. ¿Qué tiene que ver la decisión con lo que está sucediendo en la práctica?

No existe tal cosa como aplicar la ley exclusivamente a los judíos. La ley se puede aplicar a un territorio. Cualquier persona inteligente puede entender eso. Quien viva en ese territorio, tanto judíos como árabes, se convertirán en ciudadanos israelíes. Es lo que podría haber sucedido si el área de Ma'ale Adumim o Gush Etzion se hubieran anexado, tal como prometió Likud. Tampoco sucedió, y a juzgar por el nivel de exageración, no va a suceder en el corto plazo.

Entonces, ¿qué decidió hacer el Comité Central del Likud? ¿Vamos a anexionarnos los territorios de la Autoridad Palestina? ¿O tal vez solo el Área C, como sugiere el plan del líder de Bayit Yehudi, Naftali Bennett? ¿Es esta una declaración ideológica o solamente una declaración por la posibilidad de hacerla?

Hace varios días, mi colega Ben-Dror Yemini criticó la decisión del Likud y al ministro Gilad Erdan por no haber podido evitarla, argumentando que proporciona armas a los activistas del BDS. Eso es posible, pero hay un precio que vale la pena pagar, siempre que exista un propósito. Y este giro político no es un propósito.

El día después de la decisión, Judea, Samaria y el Valle del Jordán seguirán siendo "territorios administrados" en el lenguaje oficial israelí. Netiv HaAvot y otras comunidades lidiarán con la misma extraña situación en la que su destino será decidido por un tribunal en lugar del gobierno. No existe un plan real que pueda presentarse a la administración estadounidense, y principalmente a nosotros mismos. La conclusión es que fue un acontecimiento partidista con representantes elegidos y con muchas declaraciones y objeciones.

Por el momento, hay dos planes serios en la derecha. Uno tiene que ver con Gaza e incluye la creación de medidas económicas y de otro tipo para finalmente desconectar la franja de Israel. El iniciador del plan, el ministro Yisrael Katz, no ha logrado mantener un solo debate en el gabinete sobre el tema. Cuanto más especifica el plan y agrega medidas prácticas, más se escapa. No hay discusión para evitar tener que tomar una decisión.

El segundo plan es el de Bennett, e incluye anexionar el territorio no perteneciente a la Autoridad Palestina (el área C) y aplicar la ley israelí a esa parte del territorio, con un claro entendimiento de que el resto de territorios de la AP no se anexionarán sino que existirán como una autonomía expandida o un "estado menor", tal como alguna vez expresó el primer ministro Benjamin Netanyahu. El plan de Bennett no está maduro, pero es una excelente base para un movimiento lógico.

El Comité Central del Likud podría haber tenido una discusión sobre estos planes: aceptarlos, ajustarlos, cambiarlos o rechazarlos. En cambio, votaron sobre una decisión que no puede implementarse. No hay un gobierno israelí que quiera anexionar Nablus, Ramallah y Jenin para dotar a sus residentes de los fondos del Seguro Nacional y los presupuestos de educación. La ley no se aplicará realmente, ya que Likud está en contra de un estado binacional.

Entonces, ¿qué tenemos aquí? Pues un aparente giro político. Un partido que ha tenido problemas para crear una plataforma política en las últimas tres campañas electorales y que, por lo tanto, está volviendo a su zona de confort, una especie de imitación del Bayit Yehudi con una exageración adicional.

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Unicornios, Papá Noel y la anexión del Área C propuesta por el Comité Central del Likud - Michael J. Koplow - Matzav Blog



Los opositores a una solución de dos estados dentro del gobierno israelí marcaron el comienzo de 2018 con un golpe. El domingo, el Comité Central del Likud votó unánimemente para pedir a los políticos del Likud que apliquen la ley y la soberanía israelíes a los asentamientos en Cisjordania. Ayer, la Knesset aprobó una enmienda a la Ley Básica sobre Jerusalén que exige que cualquier decisión de ceder parte de la ciudad como parte de un acuerdo de paz con los palestinos debe ser aprobada por 80 miembros de la Knesset en lugar de una mayoría simple. El peligro de estos movimientos gemelos no es que condenen la solución de dos estados, ya que el primero no tiene fuerza de ley y el segundo puede ser anulado instantáneamente por el voto de 61 diputados. Más bien, el peligro es que representan la elevación del pensamiento mágico de la derecha que se niega a lidiar con las consecuencias reales de las políticas que defienden, y esa es la mayor amenaza para la solución de dos estados que el teatro político que ha jugado esta semana.

Ni el voto del Comité Central del Likud ni la enmienda a la Ley Básica de Jerusalén deberían ser una sorpresa. Esta tendencia dentro del Likud se ha estado infiltrando desde hace tiempo ya que ha sido impulsada por activistas del partido, eso ha provocado que el primer ministro Netanyahu ocupe desde hace tiempo el flanco izquierdista de su partido con respecto a estos temas, negándose a aceptar retóricamente la anexión de partes de Cisjordania. La ley de Jerusalén también ha sido un tema del debate de la Knesset durante meses. Y el momento actual para ambos movimientos tiene que ver con la política, tanto interna como externa.

Las investigaciones sobre Netanyahu parecen estar llegando a un punto crítico, y los comentarios públicos del primer ministro revelan por primera vez que, al menos, la policía recomendará que sea procesado. Algunos miembros de la coalición están encantados de servir en el gobierno más derechista de la historia de Israel y no quieren molestar su trayactoria, mientras que otros están aterrados ante la posibilidad de ser eviscerados si se convocan nuevas elecciones en los próximos meses. El resultado es que nadie quiere derrocar al gobierno, pero todos se están preparando para el final de la era Netanyahu, y así la disputa ha comenzado con toda su fuerza entre los potenciales sucesores de Netanyahu.

Mientras Netanyahu ha estado ausente de la votación del Comité Central del Likud, aquellos que esperan reemplazarlo como Gideon Sa'ar, Yisrael Katz, y Yuli Edelstein aparecieron todos y dieron lo que fueron esencialmente discursos de rigor. Los incentivos son tales que cualquiera que quiera ser el quinto líder del Likud y seguir los pasos de Menachem Begin, Yitzhak Shamir, Ariel Sharon y Netanyahu debe demostrar unas impecables credenciales a favor de la anexión para estar en línea con la base del partido. Los activistas de base del partido entienden muy bien esta dinámica y, por lo tanto, tienen el incentivo para presionar para más declaraciones políticas anexionistas mientras tienen una audiencia cautiva de políticos suplicantes. Si el propio Netanyahu quisiera que algo de esto ocurriera en estos momentos, se trata de una idea de último momento, el indicador más claro de cómo el aparato del partido Likud ve las perspectivas del futuro político de Netanyahu.

La cuestión de Jerusalén también se debe en parte a estas dinámicas, pero no cabe duda de que el reconocimiento por parte del presidente Trump de que Jerusalén es la capital de Israel lo ha impulsado. El gobierno israelí, con razón o sin ella, está leyendo la jugada de Trump como una señal para ser más agresivo con respecto al estatus y futuro de Jerusalén, y este es solo un primer paso en una campaña para intentar cambiar las expectativas de los otros que los palestinos deberían esperar con respecto a Jerusalén en cualquier acuerdo futuro. A pesar de que la declaración de Trump sobre Jerusalén no reconoce la reclamación de Israel de una capital unificada que incluye lo existente dentro de las fronteras municipales actuales, la derecha israelí está haciendo todo lo posible para actuar como si realmente validara su visión maximalista, un argumento que ahora es más fácil de seguir con los tuit de Trump del martes. Netanyahu ha frenado en el pasado aquellas iniciativas que provocan sorpresa en la Casa Blanca, pero hay pocas razones, dados los mensajes provenientes de Washington, para que hoy piense que hay razones para seguir procediendo con cautela en los esfuerzos por mantener el control de Israel sobre el totalidad del municipio de Jerusalén.

La otra pregunta, aparte del momento elegido, es qué efecto tendrá todo esto. Como señalé anteriormente, los pronunciamientos del Comité Central del Likud crean presión política pero no tienen fuerza de ley, e incluso un primer ministro israelí menos precavido y cauteloso que Netanyahu tendría bastantes dificultades para anexionar el Área C, sin importar como lo interpretaría el presidente estadounidense. El requisito de la súper mayoría para ceder cualquier parte de Jerusalén es un gesto prácticamente sin sentido, ya que ningún gobierno israelí tomará tal paso sin el apoyo de una gran mayoría en la Knesset, y es el mismo apoyo minoritario el que puede rescindir el nuevo requisito de la súper mayoría. Pero a pesar de que ninguna de estas cosas conllevará ningún cambio práctico, sus consecuencias no deben subestimarse.

Cualquiera que defienda una solución de dos estados sabe que la primera objeción que siempre surge es cómo garantizar la seguridad de Israel y evitar que Cisjordania se convierta en Gaza. Es una cuestión totalmente lógica y legítima, nacida de la experiencia de Israel durante la última década, pero también de una actitud que durante demasiado tiempo consumió a la izquierda israelí y que cuyas consecuencias adversas potenciales, como la retirada territorial, las barrieron debajo la alfombra en lugar de enfrentarse a ellas. Fue un error cuando lo hizo la izquierda, y ahora es un error semejante cuando la derecha lo hace con la anexión y Jerusalén.

Todo político israelí que apoye la anexión del Área C y la aplicación de la ley israelí a los asentamientos debería explicar cómo funcionará en la práctica. ¿Israel construirá una barrera que abarque solo el Área C? Una ojeada a un mapa demuestra que esto sería casi imposible: el área C no es una parte distinta de Cisjordania, sino una telaraña interconectada de asentamientos, posiciones del IDF y carreteras, y crearía una frontera que sería la menos fácilmente defendible militarmente del mundo.

¿Israel otorgará la ciudadanía a los 250-300,000 palestinos que viven en el Área C y les permitirá moverse libremente por Israel, a pesar de que muchos de los mismos políticos que piden su anexión también describen a los ciudadanos palestinos de Israel y a los residentes palestinos de Jerusalén Oriental como unas amenazas potenciales a la seguridad al no ser lo suficientemente leales al estado? De manera similar, si Israel hace que sea imposible ceder partes de Jerusalén, ¿mejorará el gobierno israelí los servicios municipales en Jerusalén Este, o incluso extenderá los servicios básicos de policía y basura a lugares como Shuafat que no tienen ninguno en estos momentos? Si el gobierno israelí decide ampliar las fronteras del municipio como lo hizo en 1967 y nuevamente en 1993, ¿las nuevas áreas serán tratadas como si hubieran sido establecidas por una sagrada escritura?

Todo esfuerzo para tomar medidas que hagan que una solución de un único estado vaya pareciendo inevitable debe enfrentarse con una avalancha de preguntas sobre la practicidad de tal enfoque. La idea de que Cisjordania se puede anexionar fácilmente y que hacerlo sería simplemente una cuestión de actuar con valentía, no puede aceptarse simplemente al pie de la letra ni enfrentarse solamente a los desafíos ideológicos. Las fantasías que la derecha está propagando actualmente son solo eso, fantasías. El peligro a largo plazo es que muchos lo vean como planes de acción factibles. El reto por delante es asegurarse de que más personas comprendan por qué anexionarse ​​el Área C sería el equivalente a saltar de un avión sin siquiera verificar si nos hemos puesto un paracaídas.

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Friday, January 06, 2017

Visualizando el principal "obstáculo para la paz" - Elder of Ziyon























Aquí está un mapa que muestra todas las ubicaciones de las comunidades judías en Judea y Samaria y que muestra cómo se propagan los "asentamientos" por toda la zona y lo difícil que sería eliminarlos.

Seguro que parece que no hay oportunidad para una solución de dos estados, ¿no es cierto?

!!Excepto que este es un mapa de 1993 , cuando el proceso de Oslo estaba empezando!!




Aquí está un mapa de 2015 que muestra la misma cosa, los asentamientos, pero superpuestos sobre el mapa 1993, y se puede ver que no ha cambiado mucho físicamente en los últimos 20 años: (De hecho, el mapa de 1993 incluye a las comunidades que no aparecen en el mapa más reciente)

Si los asentamientos no eran un "obstáculo para la paz" en 1993, cuando el proceso de paz se iniciaba..., y si no eran un "obstáculo para la paz" cuando Israel ofreció a los palestinos un estado en el 2000, 2001 y 2008...,  ¿qué es lo que ha cambiado?

Es evidente que en cualquier plan de paz de dos Estados algunas de estas comunidades tendrían que ser desmanteladas. Hubiera sido necesario entonces y sería necesario ahora (a menos que los palestinos decidan dar a los judíos el derecho a permanecer en sus propios hogares, pero dentro del estado palestino, algo que han dicho en repetidas ocasiones que no lo harían).

El mito de la "expansión de los asentamientos" es únicamente la mayor mentira en el conflicto , y es una que se repite hasta la saciedad por los pacificadores, por los funcionarios europeos y estadounidenses y por la ONU como un hecho establecido.

Es por eso que siempre utilizan las cifras de población en lugar de la cantidad de hectáreas de espacio ocupado por las comunidades judías, ya que estos números reales no se ajustan a la narrativa de Israel destruyendo las posibilidades de paz.

Si era posible la paz en 1993, también lo es ahora. Si no lo era entonces, tampoco ahora. Nada fundamental ha cambiado, excepto la cantidad de demonización de Israel por sus supuestos "amigos".

Las personas que culpan a los asentamientos judíos por la falta de paz, haciendo caso omiso de la segunda Intifada, de la "Intifada de los cuchillos", de la constante incitación al asesinato de judíos y de cada mapa de la Autoridad Palestina que borra al Estado judío, son unos hipócritas y unos mentirosos. Y eso incluye a Barack Obama, John Kerry y a casi todos los líderes mundiales occidentales.

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Saturday, October 04, 2014

Mr.Obama, barrios de Jerusalén "libres de judíos" no facilitará la paz - Jonathan Tobin - Commentary



Al principio parecía que el primer ministro israelí Netanyahu había escapado de su reunión en la Casa Blanca con el presidente Obama sin una renovación de su larga disputa. Pero antes de que terminara el día, quedaba claro que la predilección de la administración Obama por buscar una pelea sin sentido con los israelíes no se había desvanecido, y eso aún cuando Obama parece estar más interesado en la lucha contra el ISIS que en las negociaciones de paz en el Oriente Medio.

Centrándose de nuevo en construcción judía en Jerusalén, algo que han presentado como acciones de Israel que obstaculizan la paz, los EEUU no solamente se distraen de los verdaderos problemas en el Oriente Medio. Al reafirmar su oposición a que los judíos vivan en ciertas partes de su capital, los estadounidenses también están adoptando un estándar que hará imposible una verdadera paz.

Como escribió Eugene Kontorovich, la voluntad expresa de la administración Obama de utilizar la terminología esencialmente engañosa de ciertos grupos marginales de la izquierda israelí sobre los asentamientos, distorsiona la discusión. Si se cuenta cada apartamento construido como un "nuevo asentamiento", se tiene la impresión de que Israel está construyendo cientos, si no miles, de nuevos barrios y ciudades cada año. En realidad, lo único que está haciendo es construir viviendas en comunidades judías ya existentes, la gran mayoría de las cuales están ubicadas en zonas que, incluso bajo los parámetros que han sido sugeridos por la administración Obama, permanecerían dentro de Israel, incluso si se firmase un tratado de paz con los palestinos.

Pero los argumentos planteados por la administración Obama sobre los nuevos hogares judíos en Jerusalén - y que se hacían eco de la condena generalizada que estos proyectos han despertado en la mayoría de la comunidad internacional -, son preocupantes por algo más que las razones habituales. Si el presidente Obama y su Departamento de Estado verdaderamente creen que la presencia de judíos en ciertos barrios del este de Jerusalén representa un obstáculo para la paz que debe ser eliminado para que se alcance un acuerdo de paz, lo que están haciendo es aprobar tácitamente la exigencia árabe de zonas libres de judíos en la antigua capital, así como aprueban una Palestina Judenrein.

Como Netanyahu señaló, la noción de que resulta inmoral que algunos judíos compren bienes o construyan viviendas en zonas de la ciudad, pero por el contrario no hay nada malo en que los árabes hagan lo mismo en barrios que son predominantemente judíos, es intrínsecamente perjudicial. El doble estándar aquí es terrible. Los árabes construyen (a menudo ilegalmente) a través de los barrios de mayoría árabe de la ciudad y nadie piensa que, si tuviéramos que utilizar la misma norma por la cual es juzgado Israel, eso también podría ser interpretado como un obstáculo para la paz.

Pero el verdadero problema es que ese tratamiento de la construcción judía en los territorios, y especialmente en Jerusalén, como una acción ofensiva casi por definición, confirma la creencia árabe de que hay algo intrínsecamente ilegítimo en la presencia judía en el país. Es ese concepto, y no las acciones israelíes, lo que aún constituye el principal obstáculo para la paz.

Después de todo, si la prioridad principal de los palestinos hubiera sido el establecimiento de un Estado independiente al lado de Israel, podrían haber aceptado las ofertas de paz de Israel que les habrían otorgado la casi totalidad de Cisjordania, Gaza, y una gran parte de Jerusalén. Sin embargo ellos rechazaron esas ofertas en el 2000, 2001 y 2008, y se negaron a negociar seriamente con Israel de nuevo ese mismo año a pesar de que Netanyahu ya había señalado su disposición a ceder territorio. No fueron los asentamientos los que les impidieron conseguir la independencia, sino el hecho de que el reconocimiento de la legitimidad de un Estado judío, sin importar dónde se trazan sus fronteras, sigue siendo un anatema para su cultura política. De hecho, cuando Hamas - que obtiene el apoyo de la mayoría de los palestinos y que es mayor que el otorgado a la Autoridad Palestina de Mahmoud Abbas -, habla de la "ocupación", no se refiere a Cisjordania, sino a todo el territorio del Israel anterior a 1967.

Mientras tanto, la mayoría de los israelíes han sacado las conclusiones adecuadas del rechazo palestino y comprenden que la paz no está de ningún modo a la vista, y más aún la esperanza de que algún día esto vaya a cambiar. Y es que no hay ninguna posibilidad de que la cultura política de los palestinos haga algún día posible un compromiso sobre la tierra, hasta que Occidente no deje de dar apoyo moral a sus demandas de zonas libres de judíos.

Netanyahu hace bien en ignorar estas últimas quejas, tal como ya lo ha hecho en el pasado, entre los aplausos de la gran mayoría de los israelíes, sobre todo cuando los EEUU atacan el derecho de los judíos a vivir en Jerusalén. Si los palestinos algún día acceden a la paz y Jerusalén se divide, ¿acaso el presidente Obama cree realmente que podrá lograrse sobre la base de que ambos, judíos y árabes, pueblen las áreas israelíes, pero que las zonas palestinas permanecerán étnicamente limpias de judíos? Si eso es así, entonces su amarga crítica por la presencia de judíos en Silwan o en el barrio mixto de Givat Hamatos tendrá sentido. Pero si el objetivo es tener una ciudad abierta en la que la convivencia prevalezca, entonces estos argumentos son contraproducentes.

Hay razones por las que los israelíes se muestran cautelosos acerca de la idea de dejar atrás a judíos en áreas que, al menos en teoría, formarán parte de un futuro Estado palestino. La mayoría piensa que tales poblaciones judías se convertirán en los blancos inmediatos de terroristas asesinos. Pero si a los palestinos se les dice por medio de la administración Obama que es perfectamente correcto que ellos exijan que a ningún judío se le permita vivir en las zonas que ellos controlarán, incluso en Jerusalén, entonces no habrá ningún incentivo para ellos para hacer la paz en cualquier tipo de términos .

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Cómo crear una "crisis por los asentamientos" gracias a Peace Now y ciertos medios de comunicación - Honest Reporting



Es como si se tratara de un nuevo Día de la Marmota. El primer ministro israelí Netanyahu se reúne con el presidente Obama y los medios de comunicación están llenos de historias acerca de la construcción de asentamientos israelíes y por lo tanto de condenas, tanto de la Casa Blanca como del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Así pues, ¿cómo hemos llegado a esta "tormenta perfecta?"

En primer lugar, por supuesto, nada de esto sería posible sin algún importante medio obsesionado con el tema de los asentamientos por encima de todo. A pesar de todo lo que está sucediendo en el Oriente Medio, muchos siguen comprando la narrativa que afirma que la construcción de viviendas judías, en este caso en un barrio de Jerusalén, representa el mayor obstáculo para la paz en el Oriente Medio.

En segundo lugar, el factor de la relación simbiótica entre los medios de comunicación y las organizaciones no gubernamentales (ONG), en particular aquellos medios que son críticos con las políticas israelíes. El Washington Post, sin embargo, hace un relato justo cuando habla de los planes de construcción en Givat Hamatos, en Jerusalén:
El desarrollo de estas viviendas ha estado en planificación durante años, pero ha estado en espera hasta la semana pasada, cuando el gobierno publicó un aviso público donde se permitía aceptar las ofertas y comenzar la construcción. El aviso no atrajo ninguna atención hasta que el grupo izquierdista israelí Peace Now publicó una declaración al respecto, poco antes de la reunión entre Obama y Netanyahu.
De hecho, fue sólo cuando apareció este aviso de Peace Now en las bandejas de entrada de los periodistas extranjeros cuando se convirtió en una historia:



Por lo tanto, el grupo Peace Now mantuvo deliberadamente a raya la emisión de su comunicado de prensa durante una semana hasta que pudo conseguir la máxima atracción para la prensa internacional (haciéndolo coincidir con la reunión entre Obama y Netanyahu), y, al mismo tiempo, causar un nuevo dolor de cabeza a Netanyahu durante su viaje a los Estados Unidos. Y todo esto a pesar del hecho de que la construcción en Givat Hamatos ya había sido aprobada en diciembre de 2012.

Sin embargo, para The Times de Londres, por ejemplo, se trata sobre todo de un nuevo asentamiento que se construye dentro de un área existente en Jerusalén:
Las divisiones entre Israel y Estados Unidos fueron expuestas una vez más cuando un nuevo y controvertido asentamiento judío fue aprobado horas antes de una reunión entre los líderes de ambos países .
Pero no se trata de un "nuevo asentamiento judío", y ciertamente no fue aprobado sólo unas horas antes de la reunión Netanyahu-Obama.

También fue omitido en la cobertura de la prensa, excepto en los medios israelíes, el hecho de que la mitad de las viviendas de Givat Hamatos están designadas para residentes árabes. De hecho, lo que es ampliamente mal entendido en sus argumentos en torno a las viviendas en Jerusalén es que no hay nada que pueda evitar legalmente a los residentes árabes de Jerusalén, o a los árabes israelíes, la compra, alquiler y residencia en propiedades ubicadas en cualquier lugar dentro de los límites municipales de la ciudad.

Así podemos comprobar que, tanto el momento elegido como la sustancia de la historia de Givat Hamatos, no es nada más que una "crisis" creada artificialmente que, en realidad, debería haber pasado desapercibida si no hubiera sido por la intervención de Peace Now.

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Sunday, September 07, 2014

Todo lo que usted sabe sobre los asentamientos israelíes es erróneo - Elliott Abrams, Uri Sadot - FP



El 31 de agosto, Israel reclamó 1.000 acres de tierra en Cisjordania. La tierra está en Gush Etzion, un área predominantemente poblada por judíos desde antes de 1948 y que los líderes estadounidenses y palestinos reconocieron, en anteriores negociaciones, que seguirían formando parte de Israel en cualquier acuerdo futuro. Con su nuevo estatus formal como "tierras del Estado", la zona queda legalmente libre para emprender nuevas construcciones.

Las condenas que inmediatamente siguieron a esta decisión fueron viscerales. El secretario de Estado estadounidense John Kerry llamó al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu para tratar de convencerlo de revertir la decisión, la cual considere "contraproducente" el Departamento de Estado americano. El ministro de Exteriores británico juzgó la decisión como "particularmente equivocada" a la vez que la deploraba, mientras que la Autoridad Palestina amenazó con que dicha medida "conducirá a una mayor inestabilidad ... inflamando la situación". The New York Times citó a un funcionario de la organización pacifista israelí Peace Now que afirmaba que podría ser el mayor anexión de tierras en décadas.

Según lo que se desprendía de todas estas opiniones, ¿se podía afirmar que Israel estaba aumentando enormemente el ritmo de las actividades de asentamiento y provocando que el establecimiento de un futuro Estado palestino fuera cada vez menos probable?

La breve respuesta, y la respuesta correcta, es un rotundo no. Así mientras Israel era denunciado a lo largo y a lo ancho por la expansión de asentamientos, la Oficina Central de Estadísticas de Israel publicaba uno de sus informes periódicos sobre las actividades de asentamiento. Lo que revelaba dicho informe es que el ritmo actual de construcción de asentamientos de Israel ha llegado a un mínimo histórico. Sólo 507 unidades de vivienda fueron aprobadas para la construcción por parte del gobierno de Netanyahu en los primeros seis meses de 2014, una disminución 71,9% respecto al mismo periodo de 2013, con cerca de un tercio de ellas construyéndose dentro de los grandes bloques de asentamiento que se entiende que Israel mantendrá en cualquier acuerdo sobre el estatuto final. Para una población de más de 300.000 israelíes viviendo en Cisjordania, ese ritmo en la construcción ni siquiera permite el crecimiento natural de la población, y desde luego mucho menos su rápida expansión.

Sólo en 2010 Israel edificó a un ritmo más lento - 738 unidades para todo el año - y fue el año de una moratoria en la construcción de nueve meses impuesto por Netanyahu a petición de los Estados Unidos. Este congelamiento parcial, por cierto, no produjo ningún tipo de concesiones palestinas y ningún avance en el "proceso de paz" en absoluto.

¿Qué está haciendo Netanyahu? El patrón de su gobierno en los últimos años es claro: construir enérgicamente en los principales bloques de asentamientos y en Jerusalén, mientras que restringe el crecimiento más allá de la valla de seguridad en aquellas zonas de Cisjordania que pueden convertirse en parte de un futuro estado palestino. Netanyahu no sale a la palestra y expone esto claramente ante los medios por una razón política muy simple: la presión del lobby de los colonos lo condenarían abiertamente y, de hecho, ya le han amenazado con una venganza por su política de restricción del crecimiento en los asentamientos. Los diplomáticos británicos y estadounidenses, así como la prensa americana y europea, pueden ser engañados una y otra vez por las quejas palestinas y de Peace Now de que Bibi está engullendo el territorio palestino, pero los colonos viven en esos lugares y saben mejor que nadie que la construcción se está desacelerando.

Por otro lado, Netanyahu está tratando de evitar un enfrentamiento directo con los miembros de línea dura de su coalición y con su base política de derecha dura de su propio partido, el Likud. El ir demasiado lejos en la represión del crecimiento de los asentamientos podría conducir a que tanto Avigdor Lieberman como Naftali Bennett - sus dos principales rivales en la derecha, y ministros de Asuntos Exteriores y de Economía, respectivamente - abandonaran el actual gobierno, un escenario que obligaría a Netanyahu a montar una nueva coalición usando una fuerza muy debilitada. Si ese escenario llega, Netanyahu también sería cuestionado por un apoyo debilitado dentro de su propio partido el Likud, lo que podría suponer en algún momento la expulsión del primer ministro de su hogar político, más o menos como lo sucedido al entonces primer ministro Ariel Sharon en 2005. Si bien este presión de la derecha y del lobby de los colonos puede estar detrás de su reciente movimiento de crear nuevas "tierras del Estado" en Gush Etzion, Netanyahu ha mantenido notablemente su política de restringir la construcción de asentamientos más allá de la barrera de seguridad.

Al final del día, la anexión es un movimiento simbólico. Esas tierras van a seguir formando parte de Israel, no importando a que tipo de acuerdo se llegue: están pobladas por unos 20.000 israelíes, junto a la frontera anterior a 1967, y fueron reconocidas en las negociaciones anteriores como parte de las áreas que Israel mantendría y que intercambiaría por territorio de Israel. Más recientemente, el filtrado "mapa de la servilleta" de las negociaciones de 2008 entre el primer ministro israelí Ehud Olmert y el presidente palestino Mahmoud Abbas, ya marcaba todas estas 1.000 hectáreas como pertenecientes a un eventual control israelí.

Netanyahu, por su parte, está jugando un juego perdedor, ya que los colonos saben lo poco que ha cambiado su acción y cómo continúa desacelerándose la construcción de asentamientos fuera de los grandes bloques. Pero mientras tanto, los líderes extranjeros y los periodistas extranjeros siguen sin conocer los hechos auténticos, por lo que Netanyahu continúa siendo condenado por una supuesta vasta expansión en la construcción de asentamientos que en la realidad no existe.

Es una situación perder-perder para Bibi, cuando los ataques repugnantes de los líderes de los colonos coinciden con los de primeros ministros, los ministros de asuntos exteriores y los medios de comunicación de todo el mundo. El primer ministro israelí merece crédito, en estas circunstancias, para hacerle caso en lo que dice y en lo que parece creer: Israel debe construir allí donde permanecerá, en Jerusalén y en los grandes bloques, y es una tontería desperdiciar recursos en zonas de Cisjordania que algún día formarán parte del estado palestino.

En este punto, el estribillo sin sentido de la construcción de asentamientos parece haber asumido vida propia. Pero cualquier persona que sea seria acerca de abordar el conflicto entre israelíes y palestinos, deberá ignorar los discursos, la propaganda y las condenas rutinarias, y estudiar los números. La gran expansión de los asentamientos israelíes en el futuro Estado palestino simplemente no está sucediendo.

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