Saturday, January 08, 2011

Un nuevo paradigma es necesario - Benny Levy - Ynet



(Interesante artículo sobre todo por sus diagnósticos iniciales, muy apropiados. No soy tan entusiasta cuando se trata de sus recetas para un acuerdo interino, me parecen bastante optimistas por decir algo).

Una década ha pasado desde que el entonces primer ministro israelí, Ehud Barak, expuso el hecho de que no tenemos ningún socio para poner fin al conflicto. Hoy en día, los líderes palestinos admiten abiertamente que no tienen ninguna intención de comprar lo que Israel les desea vender: el reconocimiento de nuestra existencia aquí como un Estado judío.

El actual "proceso de paz" ha ido a la quiebra. Aún así, siguen existiendo pretensiones de que aún está vivo, y ello se debe a que muchas de las partes parecen tener un mayor interés en el propio proceso que en la paz. Por otra parte, no existen "cuestiones fundamentales", sino más bien una cuestión fundamental: "la existencia o la eliminación del Estado de Israel como un estado-nación judío en la Tierra de Israel". Esta es la verdadera manzana de la discordia.

En lo que respecta a la cuestión de las fronteras, la seguridad, e incluso Jerusalén, un esquema general de la solución ya se ha prefigurado durante las presidencias de Barak y Olmert.

El principal problema es la cuestión de los refugiados. La demanda palestina de su "retorno" no es un objetivo en si, sino más bien un medio. Más que evidenciar una preocupación por los refugiados, constituye un mecanismo que permitirá a los palestinos avivar las llamas del conflicto en el futuro. La noción de una "solución acordada" al problema de los refugiados es totalmente vaga. ¿Qué es exactamente lo que se acordará? ¿Y si no hay acuerdo?

Esta vaguedad tiene por objeto permitir que los palestinos puedan reclamar y demandar en el futuro que Israel no pudo cumplir con sus obligaciones en ese tema, con lo que sería licito reavivar el conflicto. Esta opción anularía la "irreversibilidad" inherente, en el caso de un acuerdo, de la renuncia por parte palestina a los territorios que conforman el Estado de Israel, protegiendo así a los líderes palestinos contra las acusaciones de traición a sus santificados valores nacionales [N.P.: y árabes y musulmanes].

El obstáculo para la paz puede ser el vínculo entre la "paz", cuyas implicaciones son operativas y aplicables, y el "fin del conflicto", cuyas implicaciones son religiosas y míticas, y exigirían renunciar a esos santificados valores nacionales [N.P.: y árabes y musulmanes].

Por tanto, necesitamos de un nuevo paradigma que establezca una distinción entre esos dos aspectos. A continuación se muestra un posible esquema para un nuevo paradigma de otro tipo:

- El punto de partida para un acuerdo es la suposición de que los palestinos podrían preferir la "paz" al mantenimiento del conflicto si ésta no les obliga a realizar concesiones irreversibles relativas a los antes mencionados "santificados valores nacionales" (su propiedad sobre toda la Tierra de Israel y el control del Monte del Templo).

- La noción de "paz" estará separada de la noción de "fin del conflicto". Las partes produciran "patrones de paz para la convivencia" y la obligación de respetar el acuerdo durante un tiempo delimitado (por ejemplo, 30 años) sin realizar pretensiones para poner fin al conflicto.

- Las partes no estarán obligadas a realizar concesiones irreversibles con respecto a las demandas relativas a los respectivos "valores santificados", incluyendo la demanda de un retorno de los refugiados. Sin embargo, estas demandas serán "congeladas" durante la vigencia del contrato. Durante este período, a las partes no se les permitirá llevar a cabo cualquier acción o realizar cualquier demanda dirigida a la realización de estas aspiraciones.

- Los principios fundamentales de los detalles del acuerdo se derivaran de los siguientes puntos: garantizar la existencia del Estado de Israel, el cual será el Estado-nación del pueblo judío; y la independencia de Palestina, además de dejar en sus manos su soberanía, prosperidad económica y bienestar propios.

- Un estado palestino desmilitarizado, con Jerusalén oriental como su capital, se establecerá en la mayoría del territorio delimitado por la Línea Verde de 1967, siendo así que los asentamientos aislados deberán ser desmantelados y sus habitantes reubicados en el Valle del Jordán, en los grandes bloques de asentamientos o bien en Israel, con la ayuda internacional. El estado palestino disfrutará de un acceso generoso a todos los puertos marítimos de Israel.

- Los palestinos aceptarán, mientras dure el contrato, que Israel es el Estado-nación del pueblo judío, absteniéndose de fomentar la guerra y las hostilidades en su contra, evitando también por completo los actos hostiles en el frente diplomático mundial. Durante este período, los refugiados palestinos podrán instalarse en el nuevo Estado palestino y en otros países que quieran absorberlos. No podrán instalarse en el Estado de Israel, y el Estado palestino no apoyará cualquier tipo de demanda para instalarse allí. Los refugiados que lo deseen se verán compensados por un fondo internacional que se creará a tal efecto.

- El desmantelamiento de los asentamientos y la retirada del IDF se llevará a cabo gradualmente y en consonancia con el nivel de compromiso y la capacidad demostrada por el Estado palestino para garantizar la seguridad y para abstenerse de actos hostiles en la escena internacional.

- El acuerdo se verá reforzado con una serie de garantías estrictas: Israel tendrá el derecho de actuar militarmente en el caso de que se desaten las hostilidades; de que Palestina comience a militarizarse - en violación del acuerdo -; de que un ejército extranjero entre en Palestina; o bien en el caso de un colapso del Estado palestino o que éste sea absorbido por un elemento externo, como Irán. Mientras tanto, a Israel se le garantizará el apoyo y el veto de los EEUU contra aquellas decisiones del Cuarteto que vayan en contra de Israel cuando se vea obligado a reaccionar (ante los casos enumerados anteriormente).

- Se utilizarán un sistema de incentivos y sanciones: La asistencia económica y política al nuevo estado crecerá cuanto más reduzca la educación y el odio venenoso desprendido a traves de sus medias y de los sermones en las mezquitas.

Este acuerdo permitiría a los líderes de ambas partes llevar la paz a sus pueblos sin hacer concesiones que no pueden aceptar. En caso de que ambas partes gestionen sus vidas con sabiduría, con el tiempo las "gangas" depositadas en el "congelador" (como el derecho a exigir un retorno de los refugiados) perderían su atractivo, y el acuerdo podría ampliarse y convertirse de facto en uno permanente.

¿Y si los palestinos violan el acuerdo? No hay suficiente espacio aquí para responder detalladamente, sin embargo los lectores que examinen esta propuesta estarán de acuerdo en que los riesgos que enfrentaría Israel no serían mucho más graves que a los que ahora se enfrenta. Sin embargo, un acuerdo de ese tipo tiene la virtud de finalmente poder poner un "fin" al conflicto.

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Tuesday, November 23, 2010

¿Por cierto, qué hay del reconocimiento? - Benny Levy - Ynet



El revuelo formado en torno a la extensión de la congelación de la construcción en los asentamientos desvía nuestra atención del precio adicional que al parecer Israel debe pagar por el paquete de beneficios prometidos a Netanyahu: renunciar a la exigencia de que los palestinos reconozcan a Israel como un Estado judío antes de proseguir las conversaciones. El primer ministro, que presentó esta demanda pocas semanas atrás, ha permanecido en silencio en lo referente a esta cuestión en los últimos tiempos, aunque sin no existe tal reconocimiento inicial, no está claro lo que va a ser discutido en las conversaciones.

Comenzar la discusión sobre las fronteras y las medidas de seguridad, tal como demandan los palestinos y los estadounidenses, resulta similar a emprender unas negociaciones donde las partes están discutiendo el precio de una retribución, el número de sus cuotas, su duración, etcétera, sin estar de acuerdo inicialmente si estamos tratando de la venta o el arrendamiento de un activo. Si se trata de una venta, el vendedor posteriormente ya no tendrá ningún derecho sobre dicho activo. Si por el contrario se trata de un contrato de arrendamiento, el arrendatario espera, asistiéndole el derecho, poder demandar dicho bien en el futuro.

Ese es el punto donde se explicitan las cláusulas preliminares en los contratos. Allí, las partes presentan sus intereses comunes, que son anteriores a las propias negociaciones. Por ejemplo, si la persona A está interesado en la oferta de alquiler de un apartamento, y la persona B está interesado en alquilar dicho apartamento, “las partes acuerdan... (y aquí vienen las cláusulas del contrato, que deberá regir durante las negociaciones)”. En la introducción del "acuerdo soñado" con los palestinos, se debería explicitar que como las partes están interesadas en poner un final al conflicto, ellas ven al Estado de Israel como el Estado del pueblo judío, y al futuro estado de Palestina como el Estado del pueblo palestino, y como consecuencia de esto están de acuerdo en lo siguiente: las fronteras, la seguridad, Jerusalén, refugiados, etcétera. Lamentablemente, los palestinos dicen negarse a dicha introducción. Abbas y Erekat han manifestado claramente menospreciar dicha posibilidad, y Yasser Abed Rabbo, quien al parecer apuntó a una posición diferente, no posee ninguna autoridad de todos modos [N.P.: Es muy interesante destacar que las mayores críticas que recibió Abed Rabbo por sugerir un reconocimiento condicionado de Israel como Estado judío provinieron de algunos de los líderes políticos de los árabes israelíes].

¿Significa esto que no hay lugar para las negociaciones? No necesariamente. Sin embargo, en ausencia de tal reconocimiento, no existe ninguna garantía de que en el futuro los palestinos exijan más derechos y concesiones a Israel. El conflicto podría reproducirse nuevamente, y esto debería tenerse en cuenta en el momento de elaborar los detalles de un acuerdo (que no recogiera el mencionado reconocimiento). Un reconocimiento palestino de Israel como un Estado judío (o Estado-nación del pueblo judío) ofrecido abiertamente al mundo - a Israel, al mundo árabe, a las naciones del mundo y a las instituciones internacionales – permitiría que Israel mostrara una mayor flexibilidad en la cuestión de las fronteras y asumiera más riesgos en el frente de seguridad. Alternativamente, en el caso de que los palestinos se negaran a reconocer a Israel como un Estado judío, esto requerirá unos acuerdos totalmente diferentes. Conseguir que las intenciones de los palestinos hacia Israel sean claras y nítidas se convierte en un elemento fundamental, más importante incluso que una mera condición previa, para la celebración de las negociaciones.

Dos cuestionamientos se plantean principalmente ante la exigencia de un reconocimiento. En primer lugar, ¿por qué necesita Israel que su identidad sea reconocida (definida) por una parte o elemento externo? La respuesta a este esfuerzo palestino (y de sus seguidores) de “hacerse el tonto” es que no se trata de que la identidad de Israel sea decidida por los palestinos, sino que más bien nos referimos a una aclaración previa y necesaria, antes de embarcarnos en las conversaciones, de que ambas partes están de acuerdo en que cuando se habla de la solución de "dos estados para dos pueblos" nos referimos al pueblo judío en el caso de Israel y al pueblo palestino para la futura Palestina. Este es un elemento muy importante a la hora de la redacción de las cláusulas del acuerdo. También afecta a la cuestión de los refugiados y demostraría la esperanza de que se pudiera llegar a un acuerdo que pondría fin al conflicto.

Y nos queda el segundo cuestionamiento de dicho reconocimiento, ¿por qué no se exigió en el pasado en los acuerdos de paz con Egipto y Jordania? Este también representa un esfuerzo por jugar a “hacerse el tonto”. Ni jordanos ni egipcios demandaban territorios de Israel, y tampoco educaban a sus hijos en el espíritu de "esta llave es la de nuestra vieja casa en Jaffa a la que volveremos". La ausencia de un reconocimiento explícito por parte de Jordania y Egipto de Israel como un Estado judío, no constituye una presunta desestimación de dicho carácter, como sí existe y se desprende ampliamente de las posiciones palestinas. Por otra parte, Egipto y Jordania no han participado en unas negociaciones con unas formulas de tanta vaguedad, doble discurso y mentira, como las propiciadas por los palestinos. Embarcarse en unas negociaciones antes de dejar bien acordado cuáles son las intenciones de las partes, sólo puede dar lugar a una repetición de los acuerdos de Oslo, cuyo resultado tenía - en palabras del propio Yitzhak Rabin, que descanse en paz - "más agujeros que un queso".

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