Gran artículo: El antisemitismo es tóxico, ya sea intencional o no - Ben Cohen - Haaretz

Una absurda polémica sobre la final de la copa del Rey de fútbol, la cual movilizó el populismo de ambas partes (aunque algunos solo hablan del ajeno), dio lugar a una supuesta identificación del pueblo catalán con el "pueblo judío de España" a ojos de los demás. Lamentablemente, el antisemitismo actual está sobre todo vigente entre la izquierda occidental, y por lo tanto también en ámbitos nacionalistas (fachas o radicales independentistas), tal como refleja la pintada de esta sucursal bancaria de Barcelona
Apenas pasa una semana sin una nueva polémica que atañe a la palabra "antisemitismo". Y cada vez que el antisemitismo levanta la cabeza, es dolorosamente evidente que hay poco consenso sobre lo que verdaderamente es, el más antiguo prejuicio que sobrevive en nuestros tiempos.
Dos artículos en este último mes ilustran este punto. El primero, el de Amira Hass en el Haaretz , sostenía que los investigadores que vigilan y catalogan los incidentes antisemitas están haciendo caso omiso a las agresiones perpetradas por residentes judíos de Cisjordania contra sus vecinos árabes palestinos, a quienes se refiere como "semitas", y por ello sostiene que esos ataques podrían catalogarse como "antisemitas". Al ampliar la definición de quién puede ser víctima del antisemitismo, Hass elimina, de un solo golpe, su asociación histórica exclusiva con los judíos.
El segundo artículo, de Anna Breslaw en la revista judía americanaTablet, está centrado en la inquietante confesión de su autora de su malestar y desconfianza con respecto a los sobrevivientes del Holocausto. Gracias a la franqueza sin filtros de Breslaw - lo cual incluye aprobar el uso de la palabra Judenscheisse, un antiguo insulto alemán que relacionaba a los judíos con los excrementos -, personas ubicadas en polos políticos opuestos en el debate sobre el antisemitismo se encontraron de pronto unidas en la condena de sus palabras como descarada y crudamente antisemitas.
A la derecha, John Podhoretz, el editor de la revista Commentary, describe el artículo de Breslaw como "la pieza antisemita más atrozmente sucia en muchos años", mientras que a la izquierda, Katha Pollitt, de la Nation - una revista que no ha renunciado a retratar las acusaciones de antisemitismo como baratas y sesgadas políticamente -, anunciaba en Twitter que su pesar estaba de acuerdo con la opinión de Podhoretz.
Así pues, ¿es el significado del antisemitismo tan elástico como parece sugerir Amira Hass? ¿o se trata simplemente de que nosotros lo reconocemos cuando lo vemos, como sugiere la reacción ante el artículo de Brelaw?
La palabra en sí misma es el punto más sensible de partida. "Antisemitismo" no es una palabra acuñada por judíos, sino por los propios antisemitas a finales de la Alemania del siglo XIX. Una gran y extraña variedad de pensadores de tercera categoría, especialmente el agitador Wilhelm Marr, trató de reinventar la hostilidad cristiana contra el judaísmo de una manera secular, como una teoría científicamente válida aplicada a la raza.
Como el historiador Leon Poliakov señaló por escrito acerca de Marr, existía un aire de envidia incrustado en su obra de 1879 "La victoria del judaísmo sobre el germanismo", en la que un énfasis en las supuestas características raciales de los judíos se mezclaba con una fantasía sobre el extraordinario poder de los judíos. "Ustedes no serán capaces de detener la gran misión del antisemitismo", escribió Marr a bombo y platillo.
Por "antisemitismo", Marr entendía no a los hablantes de lenguas semíticas, ni a los miembros de una inexistente raza "semita", él se refería específicamente a los judíos.
¿Por qué, entonces, el intento de Amira Hass de ampliar las competencias del antisemitismo para incluir a los árabes? ¿Por qué no simplemente emplear el término "racismo" en cualquier discusión sobre la discriminación que sufren las personas de origen árabe? Una interpretación generosa lo atribuiría solamente a un mal uso del término "semita". Sin embargo, el registro histórico demuestra que el despliegue de la palabra "antisemitismo" en el contexto árabe es una técnica de larga duración destinada a forzar a los judíos a compartirlo con otras personas para las que no estaba previsto.
Todo el mundo ha oído o leído alguna variación del tema, "nosotros somos semitas, ¿cómo te atreves a llamarnos antisemitas", muy común en las fuentes árabes. El método que subyace a esta protesta es bastante fácil de descifrar:
- En primer lugar, el reconocimiento de que, especialmente desde el Holocausto, ya no es respetable definirse uno mismo antisemita, incluso aunque sostenga ideas antisemitas.Se podría decir que el rasgo distintivo del antisemitismo en esta época en la que el pueblo judío se muestra con poder y soberano - y me refiero a que existe un Estado judío y que la gran mayoría de los judíos viven en países libres de legislaciones discriminatorias - es la codificación de expresiones como "Israel-Firster" (Israel-Primero, es decir, la idea de que los judíos son más leales a Israel que a los países de los que son ciudadanos), las cuales tienen un aire definitivamente peyorativo, pero que, invariablemente, su despliegue se entronca con acusaciones más antiguas, con tropos más nocivos.
- En segundo lugar, la insinuación de que hay una equivalencia entre la persecución histórica
sufrida por las comunidades judías por todo el mundo y el destino de los árabes de Palestina en 1948.
- En tercer lugar, la implicación de que el antisemitismo es una mancha lanzada interesadamente contra los más duros críticos del sionismo y de Israel para despojarlos de su credibilidad, incluidos a los propios "semitas".
Lo que nos lleva de nuevo a Anna Breslaw. Tal vez el mayor perjuicio de su artículo es que permitió a los expertos que normalmente se burlan de cualquier mención de antisemitismo, y que a menudo son acusados de emplear argumentos antisemitas ellos mismos, la muy fácil oportunidad de declarar su "disgusto" por lo que ella escribió.
En este grupo se incluyen blogger judíos como MJ Rosenberg, quien ha hecho más que nadie en los Estados Unidos por popularizar el término "Israel-Firster" [N.P.: lo más chocante es que un blogger de la izquierda radical recupere expresiones cuyos orígenes no pueden ser más problemáticos, ya que procede de medios neo-nazis y ultraderechistas]. En el post más reciente de su blog se lamentaba del vínculo establecido entre el antisemitismo y el antisionismo. Rosenberg admitía que la palabra "antisemitismo" es significativa: "... esas víctimas reales del antisemitismo, como esos niños franceses que fueron asesinados en Francia porque son (sic) judíos". A continuación, pasaba a declarar: "No se trata de Israel".
Suponiendo que los "niños franceses" a los que se refiere Rosenberg son los sacrificados en una escuela judía de Toulouse por un auto-proclamado terrorista de Al Qaeda, es bastante absurdo argumentar que el problema de Israel no tiene relación, ya que incluso el conocimiento más superficial del actual islamismo lo desmiente. (Osama Bin Laden, en octubre de 2002, en una "carta a los Estados Unidos" llama a la creación de Israel un "delito que debe ser borrado", antes de añadir que "los pueblos de Palestina son puros árabes y semitas originales").
Pero el punto principal es la siguiente: el odio de algunos judíos contra los judíos, en particular en el tipo de lenguaje utilizado por Anna Breslaw, parece ser el único momento en que el antisemitismo puede ser nombrado por su nombre. Todos lo demás serían una invención.
Este juego semántico ha permitido que las más desagradables temáticas del antisemitismo tradicional - en particular, los siniestros y tribales trabajos y actividades del "lobby israelí" - se hayan transformado en un discurso aparentemente respetable. Es un juego que además parece haber tenido éxito. De ahí la paradoja: cuanto más codificadas son las palabras, más peligrosas son. El libro de 2006 "The Israel Lobby", de los profesores John Mearsheimer y Stephen Walt - catalogado por el destacado comentarista Walter Russel Mead como "un libro que los antisemitas aman, pero que no es necesariamente un libro antisemita" -, ha sido infinitamente más influyente que lo que podrá ser nunca el artículo de Ana Breslaw, y ha animado a los lectores a pensar en el poder y la soberanía judía como algo sombrío e inexplicable.
Lo que todo esto demuestra es que un escritor puede permitirse temas y términos antisemitas independientemente de si esa era su intención. Lo que esto demuestra es que, para una gran franja de escritores e intelectuales se refiere, el antisemitismo sólo puede ser identificado como tal si viene expresado en la forma de una "especie de Mein Kampf" contra los judíos.
En el año 2012, como en 1879, los judíos siguen sin ser los dueños del significado de la palabra "antisemitismo", incluso a medida que experimentan sus efectos en el mundo real.
Labels: Antisemitismo, Antisemitismo postmoderno, Antisionismo, Ben SCohen

