Saturday, November 10, 2018

Otro gran artículo de Gadi Taub: Los demonizadores profesionales de Israel no pueden criticar a Trump sobre la creación de antisemitas - Gadi Taub



Se esperaba que los rivales políticos de Donald Trump fuera culpado por la masacre de Pittsburgh, por difícil que sea cuadrar este argumento con el sentido común. Ningún presidente ha apoyado más a Israel que Trump. Él tiene miembros judíos directos en su familia. Además, el asesino de la masacre no era uno de sus partidarios.

Y a pesar de todo esto, se nos pide que creamos que un neonazi, que odia a Trump precisamente por sus vínculos con los judíos, actuó de alguna manera siguiendo el espíritu de Trump. ¿Por qué? Porque Trump creó un "clima de odio" hacia los migrantes y porque los judíos, según el asesino, apoyan la inmigración. Esto es más que un ligero estiramiento de los hechos, y da la impresión de que aquellos que promueven esta narrativa están menos preocupados por el bienestar de los judíos que por atacar a Trump.

Los hechos rescatados en apoyo de esta endeble narrativa se demostraron rápidamente que eran igual de frágiles. Jonathan Greenblatt, ex asesor del presidente Barack Obama y ahora director ejecutivo de la Liga Antidifamación (ADL), proporcionó la evidencia de oro que todos se apresuraron a citar: un aumento del 57% en la cantidad de "incidentes" antisemitas en 2017, es decir, en el primer año de Trump en el cargo.

Pero resulta que este número oculta más de lo que revela. En un artículo en el sitio web judío de Tablet, David Bernstein mostró por qué. El aumento fue en el número de personas que se sintieron víctimas, no en el número de ataques.

Sin embargo, la cantidad de ataques violentos en realidad disminuyó en 2017, incluso de manera drástica. Además, los lugares con un aumento particularmente señalado en el número de incidentes reportados fueron los campus universitarios. La influencia de Trump allí es casi nula, por supuesto, en comparación con el impacto de la izquierda académica, la cual se está volviendo cada vez más hostil hacia Israel. Ya no es un secreto que ser un estudiante judío en una universidad estadounidense contemporánea no resulta fácil bajo la tiranía de la corrección política.

Por eso es difícil deshacerse de la desagradable sensación de que Robert Bowers se ha convertido en una especie de hoja de parra para algunos. Aquí, en un destello de falsa claridad, los nazis han vuelto al centro del escenario, y el viejo tipo de antisemitismo podría usarse para ocultar al nuevo tipo de antisemitismo.

Desde luego no hay que perdonar a Trump por no condenar claramente a los neonazis después de Charlottesville, o subestimar los peligros que acechan en la extrema derecha (principalmente en Europa), para reconocer lo que cualquier observador sobrio del clima contemporáneo le diría: el riesgo del antisemitismo planteado por los neonazis americanos, por asesinos y viles que sean, palidece en comparación con las nubes oscuras del antisemitismo islámico. Este último está respaldado por estados, ejércitos, programas de armas nucleares, organizaciones terroristas mundiales y una vasta red de incitación antisemita en mezquitas en todo Occidente.

Una parte sustancial de la izquierda occidental ha abierto sus puertas a este tipo de antisemitismo, bajo los auspicios del multiculturalismo, la tolerancia y la preocupación por los derechos humanos. Ha hecho legítimo el odio a Israel. Si existe un "clima de odio" contra los judíos es en buena medida el resultado de esta aceptación, y es esto lo que hace que los judíos huyan de Europa. Este no es un clima creado por Trump, sino uno al que se opone con vehemencia.

En este clima, el antisemitismo en la izquierda británica se ha trasladado de los márgenes del partido al liderazgo del partido Laborista. En este clima, Hezbollah y las organizaciones del frente de Hamas operan sin interferencia en Europa (en nombre del multiculturalismo, por supuesto). En este clima, las progresistas organizaciones judías estadounidenses se niegan a publicar noticias sobre la incitación antisemita en las mezquitas, por temor a que los defensores de la corrección política los llamen islamófobos.

En este clima, organizaciones no gubernamentales como Breaking the Silence pueden vender libelos de sangre sin fundamento sobre colonos que han "envenenado todas las fuentes de agua en una aldea palestina". En este clima hay una necesidad de guardias armados alrededor de las sinagogas europeas. En este clima, Berkeley ofreció un curso en el que la tarea final era sugerir formas de "descolonizar" Palestina, un eufemismo para la limpieza étnica de los judíos. En este clima, el alcalde de la Ciudad de Nueva York ofrece apoyo financiero a una organización encabezada por una antisemita como Linda Sarsour.

Representar a Trump, quien está decidido a evitar que Irán obtenga armas nucleares, como si estuviera incitando implícitamente a la gente al antisemitismo, y retratar a Sarsour, quien declara abiertamente que quiere "deshumanizar" a los judíos de Israel y que promueve la sharia, como un activista de los derechos humanos resulta francamente absurdo.

Todas las personas que colaboran con todo esto, activa o incluso tácitamente, no suenan convincentes cuando de repente culpan a un presidente filo-semítico por crear un clima antisemita. No se puede ahora usar la masacre de Pittsburgh para ocultar su propia contribución para legitimar el antisemitismo.

Asumo que internamente, estos agentes de la demonización y sus partidarios distinguen entre los buenos judíos (ellos mismos en Israel, los votantes de Hillary Clinton en los Estados Unidos) y los malos judíos (la mayoría de los israelíes, los votantes de Trump en los Estados Unidos). De hecho, un coro entero de columnistas del Haaretz parece basar sus esfuerzos periodísticos en esta distinción.

Pero el antisemitismo no conoce tales distinciones entre los judíos de aquí y los judíos de allí, entre los buenos judíos y los malos judíos, entre los libelos de sangre de la derecha y los de la izquierda. Por lo tanto, sería prudente recordar las palabras de Jeffrey Goldberg: "Cuando los neonazis me envíen un correo electrónico con enlaces a los artículos de opinión de Haaretz que declaran que Israel es muy malo, voy a tomarme un descanso, lo siento".

No dudo que aquellos en la izquierda israelí que se desviaron gradualmente de una preocupación por los derechos humanos a una demonización sistemática del estado judío estaban realmente conmocionados por la acción de Bowers. Claramente, esto no es lo que alguna vez pensaron. Esperaban que la demonización condujera a la presión internacional sobre Israel, y que tal presión a su vez condujera al final de la ocupación (basado en el supuesto imaginario de que si solo lo quisiéramos, tendríamos un socio para la paz del lado palestino). Pero este plan no dio el resultado esperado y Trump, más que nadie, simboliza su fracaso.

Mientras tanto, sin embargo, esta estrategia tuvo otros resultados: fomentó el antisemitismo en todas sus formas y una rendición particularmente vergonzosa ante sus variantes islámicas. Cualquiera que demonice a Israel día tras día no puede, al mismo tiempo, culpar a otros por crear "un clima de odio". Este ya no es un caso de camellos que no ven sus jorobas. Es un caso de elefantes que se niegan a ver sus trompas.

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Saturday, March 18, 2017

¿También culpa de los derechistas y de la Alt-right cuando atacan al privilegio blanco? Panfletos que afirman que el "privilegio judío" es la clave de la injusticia social en los Estados Unidos, distribuidos en el progresista campus de la Universidad de Illinois en Chicago - JewishWeek



Los panfletos, que se encontraron el martes y el miércoles en diferentes lugares, reclamaban que "acabar con el privilegio blanco comienza con terminar con el privilegio judío". Citando datos de una encuesta del PEW sobre la población judía americana, los panfletos afirmaban que el 44% de los judíos estadounidenses están dentro del "1%" que representa a la clase económica superior en los Estados Unidos.

"¿Es el 1% de los hombres blancos? ¿O es el 1% judío?", se preguntaba el panfleto, mostrando una pirámide de población en la que la parte superior estaba poblada casi en su totalidad con figuras estampadas con grandes estrellas judías. La base de la pirámide está etiquetado como "el 99%" y "goyim".

El Chicago Metro Hillel, que funciona dentro de la universidad, solicitó a la universidad que investigara los panfletos y convocara a una reunión con el decano de la escuela de los estudiantes. El miércoles, la universidad emitió un comunicado condenando los panfletos y anunciando una investigación.

"Unos carteles antisemitas fueron encontrados en el campus difamando, insultando y retratando negativamente a los miembros judíos de nuestra comunidad del campus", dijo el comunicado. "Tales acciones no reflejan los valores que tenemos como comunidad. Son manifestaciones que invocan el odio y la violencia hacia los miembros de nuestra comunidad que no serán tolerados en nuestro campus".

El informe de Pew del 2009 que utilizaba el panfleto comentaba "la distribución por ingresos dentro de los grupos religiosos de los Estados Unidos", y mostraba que el 46% de los hogares judíos tenía un ingreso anual de unos 100,000$ o más. Según algunas estimaciones, el ingreso familiar debe ser al menos de 350,000$ para calificarlo como miembro de esa clase económica superior que representa al 1%.

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Sunday, March 05, 2017

Hubo más de 7.000 incidentes antisemitas bajo la presidencia Obama, y los medios los han ignorado - Seth Frantzman



En los últimos dos meses casi 100 escuelas y centros comunitarios judíos han sido objeto de amenazas antisemitas. El mapa de las amenazas es impactante. Se extiende desde Maine a Florida, Texas, Colorado, llegando a California y Washington. A pesar de los más de 190 incidentes antisemitas, solamente ha existido una detención. Estos son tiempos aterradores para muchos, y existe la sensación de que el antisemitismo está alcanzando un crescendo en los EEUU. La percepción simpre ha sido que los Estados Unidos históricamente han sido un lugar seguro y tolerante, pero la oleada de antisemitismo actual puede romper esa leyenda dorada .

La reacción del gobierno de los Estados Unidos ha sido tibia en el mejor de los casos y de negación en el peor. Aunque el vicepresidente Mike Pence visitó el cementerio profanado en St. Louis, se tardó más de un mes para que el presidente estadounidense Donald Trump realizara una denuncia clara, a pesar de numerosas oportunidades que tuvo. A Trump se le atribuyó personalmente el "desencadenamiento" del antisemitismo durante la campaña electoral del año pasado. El rabino Daniel Bogard, una víctima de las amenazas antisemitas, dijo a la JTA "que ha tenido todas las oportunidades de decir las cosas que no ha dicho".

Esto alimenta una narración cada vez mayor sobre el incremento del antisemitismo. Hay más de 9 millones de resultados en Google con relación a "Trump antisemitismo", incluyendo titulares recientes como "Informe: Trump se piensa un asesor sobre el antisemitismo como parte del plan de presupuesto" y " Trump sugiere a la comunidad judía que está extendiendo las amenazas antisemitas".

Sin embargo Mark Oppenheimer en el The Washington Post señala que "no existe de todos modos una clara evidencia estadística de que los estadounidenses se hayan vuelto más antisemitas en los últimos meses... En general, sin embargo, no vamos a conocerlo durante muchos meses, hasta que el FBI y la Liga anti-Difamación (ADL) tengan mejores datos y pueden afirmar que el 9 de Noviembre (fecha del triunfo de Trump) fue el comienzo de algo nuevo, o simplemente la continuación de un legado lamentable pero duradero". La Liga anti-Difamación ha publicado una lista de los diez peores incidentes antisemitas de 2016, pero los datos correspondientes a 2016 aún no están preparados. Sin embargo, hay datos para los años anteriores a 2016.

Si ha existido un importante aumento en los actos de antisemitismo desde entonces, con 190 incidentes que los medios de comunicación han relatado en los dos primeros meses de 2017. Esto hace unos 95 por mes. Vamos a usar esta cifra como un barómetro y daremos a continuación un vistazo a los primeros siete años de presidencia de Barack Obama. Los datos del 2016, cuando estén disponibles, se verán influenciados por el aparente aumento en el antisemitismo durante la elección presidencial. Pero los años del 2009-2015, de los cuales hay datos, no están contaminados por un presunto aumento de los ataques de los partidarios de Trump.

Hubo 1.211 incidentes antisemitas en el primer año de Obama en el cargo. Esto fue después de cuatro años de disminución del antisemitismo. Por ejemplo, en 2008 hubo 1.352 incidentes, mientras que los ataques habían alcanzado su punto máximo en 2004 con 1.821 incidentes.

A través de los años el número de incidentes siguió disminuyendo. Después de una inicial alza a 1.239 en 2010 llegaron a 751 en 2013. Sin embargo, comenzaron a subir de nuevo hasta 914 en 2015, el último año del que disponemos datos. Cuando añadimos el número total de incidentes entre 2009 y 2015 el número total de ataques llega a más de 7.034. Sin embargo, el número de ataques físicos aumentó hasta casi el doble durante la presidencia de Obama.

En general, hubo un promedio de 84 incidentes por mes bajo la administración Obama. Demos un paso atrás por un momento y los comparamos con los 95 incidentes entre enero y febrero de 2017. Esto representa un aumento del 10%. Podría ser mayor, una vez que todos los datos se cataloguen. Pero los medios de comunicación no nos están diciendo que existe un ligero incremento, la narrativa de los medios consiste en decir que hay una ola antisemita que barre los EEUU. Si los comparamos con los casos en Europa, en Berlín se produjo un incremento del 16% en los incidentes antisemitas, y en el Reino Unido el incremento es aún mayor en el 2014.

Uno de los indicadores clave del creciente antisemitismo durante los años de Obama fue el número de agresiones físicas. Desde un mínimo de 17 en el año 2012 se elevó a 56 en el 2015. La ADL señaló que existió un "aumento dramático" en las agresiones de ese año. ¿Pero entonces por qué solamente ahora los titulares de los medios anuncian una "pandemia" de antisemitismo en los EEUU.? Abe Foxman, ex director del ADL, utilizó la palabra "pandemia" para describir el antisemitismo en los EEUU en 2009. "Este ha sido el peor antisemitismo, el más intenso, el más global que nosotros recordamos. Y el esfuerzo para que la buena gente se ponga en pie no es fácil", dijo en un discurso ese mismo año. Sin embargo, Jonathan Greenblatt, el actual director del ADL, dijo en noviembre de 2016 que los EEUU estaban sufriendo unos niveles extremos de odio. "El discurso público y político antijudío en los  Estados Unidos es el peor desde la década de 1930", informó la JTA.

Mirando hacia atrás casi una década nos pone las cosas en perspectiva. ¿Pero cuando los medios de comunicación en el 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, los años de Obama, resaltaron los miles de incidentes de antisemitismo? Nada menos que 210 agresiones físicas de judíos. 3.900 amenazas contra particulares e instituciones judías, 2.900 incidentes de vandalismo, 180 incidentes de antisemitismo en el campus.

Cada 6 días una persona judía en los Estados Unidos estaba siendo atacada en 2015, y eso fue en gran medida ignorado por los medias de comunicación. En promedio, hubo amenazas todos los días contra particulares e instituciones judías en los últimos ocho años, y la mayoría de ellas no recibieron ningún titular. También hubo incidentes de vandalismo todos los días de promedio.

¿Por qué esos 7.034 incidentes de antisemitismo no obtuvieron grandes titulares en los medios de comunicación durante tanto tiempo? ¿Fue por una agenda política y con el objetivo de proteger a la administración Obama de las críticas, o debido a la complacencia general ante la rutina de un antisemitismo diario?

El pozo negro de los que emergen los crímenes de odio actuales en los cementerios judíos no salen de la nada, y puede que no sea debido a las tóxicas divisiones motivadas por las elecciones de 2016, pueden tener raíces más profundas. Ese es el elefante en la habitación que no se parece querer ver. Existieron 7.034 incidentes en los primeros siete años de Obama que también fueron reportados por la ADL, pero de los que casi nadie quiere hablar.

¿Están los medios de comunicación induciendo a error a través del alarmismo sobre el antisemitismo actual en los Estados Unidos? Los datos parecen mostrar que la reciente ola de amenazas, única en su objetivo y regularidad, no representa un aumento masivo respecto a la de los últimos años. Muchas amenazas se produjeron a lo largo de las últimas décadas, y muchas no fueron denunciadas. El indicador clave de las agresiones físicas ha ido en aumento en los últimos años. El antisemitismo en los campus universitarios, afirma la ADL, alcanzó su punto máximo en el año 2015. Lo más importante es dar a conocer al público datos reales sobre el número de incidentes. El ciclo de noticias de 24 horas tiende a fomentar la sensación de que el antisemitismo está dejando a la gente en estado de sitio, con continuas esvásticas en el metro, en monumentos y en sinagogas. También existe una evidente tendencia en este último año de alimentar una narrativa que relaciona el importante aumento de los crímenes de odio en los Estados Unidos con el ambiente tóxico de las elecciones y que debería ser atribuido a Trump. Realmente puede haberse dado un aumento en los crímenes de odio, pero muchos de ellos no están dirigidos contra los judíos, muchos iban dirigidos a los musulmanes y a otros grupos, como la pareja de Georgia recientemente condenada por amenazar a unos afroamericanos.

La realidad es que los medios de comunicación americanos ignoran el grave antisemitismo existente en otros países mientras informan del antisemitismo en los Estados Unidos. Un vídeo acaba de publicarse de un predicador del Centro Islámico Al Andalous, del jeque Wael Al-Ghitawi, donde se afirma que los judíos son la "gente que asesinó a los profetas, derramó su sangre y maldijo al Señor". Otro sermón en una mezquita de Toronto hablaba de la "suciedad de los judíos". Cuando estos predicadores pueden propagar el discurso del odio de una manera tan abierta y sin ningún tipo de protesta por parte de los oyentes, estamos ante un serio problema. ¿Existen vídeos en los Estados Unidos de similar y abierta predicación del odio?

Esto plantea serias dudas acerca de la forma en que discutimos y aprendemos del antisemitismo. Cuando la gente oye ese tipo de sermones y no plantea objeciones cuando un predicador dice que los judíos son unos asesinos, estamos ante un gran problema. ¿Y qué pasa cuando no está claro el antisemitismo y los autores no son acusados de delitos de odio? En Aviñón, Francia, un musulmán lanzó petardos frente a una sinagoga, pero quedó libre de cualquier cargo de antisemitismo. Él lo hizo ante la única sinagoga, y no ante las docenas de iglesias de la ciudad. Hay muchos incidentes donde jóvenes de origen inmigrante y musulmán son detenidos por actos de antisemitismo y luego son liberados cuando las autoridades locales dicen que solamente son unos niños, o que simplemente causan "molestias". En Alemania, un tribunal dictaminó que un intento de incendiar una sinagoga no fue un acto antisemita o un crimen de odio, sino más bien un intento de protesta contra Israel.

¿Dónde están las protestas de los medios de comunicación cuando un tribunal decide que está "justificado" quemar sinagogas. ¿No es eso algo más grave que las amenazas telefónicas? ¿Qué lección puede aprender el público cuando los ataques contra las sinagogas son justificados o quedan impunes, o cuando los predicadores predican abiertamente el odio y la respuesta es silencio? ¿Estamos solamente ofendidos por determinadas formas de antisemitismo y otras no, o solamente nos ofende el antisemitismo de la extrema derecha, mientras que el antisemitismo en los campus, de la izquierda y de los inmigrantes musulmanes, no nos ofende ni provoca titulares?

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Saturday, February 25, 2017

¿Pueden ser los enemigos de Israel, al mismo tiempo, los amigos de las comunidades judías fuera del Estado judío? - Ben Cohen - Tower



En su obra magna "Una obsesión letal", el fallecido Robert Wistrich, uno de los mejores estudiosos de Israel de los senderos asesinos del odio a los judíos, resume elegantemente el carácter del antisemitismo de comienzos de este siglo XXI.

"El viejo-nuevo antisemitismo  puede ser tan inventivo como es repetitivo", escribió Wistrich. "A menudo parece dar a entender que los judíos nunca han sido víctimas sino siempre victimarios , lo que puede sonar original para algunos, pero es claramente falso. Por lo general, evita posiciones que huelen a una exclusión política o económica deliberada de los judíos como comunidad nacional o hacerse eco del desacreditado discurso de un racismo biológico. Por otra parte, representa al sionismo y al lobby judío como una potencia mundial y no lo considera como una caracterización racista o difamatoria. No hay ninguna ley en contra de sugerir que los sionistas provocan deliberadamente las guerras y las revoluciones, a pesar de que este es un mito clásico de fabricación antisemita que ha sido ampliamente difundido por nazis, comunistas e islamistas".

A partir de este breve párrafo, podemos deducir algunas observaciones generales. El antisemitismo se ajusta a las sensibilidades de la sociedad que lo rodea. Desarrolla temas que invariablemente retratan a los judíos como colectividad de la peor forma posible. Se obsesiona con el carácter distintivo del poder judío, de "ese pequeño pueblo" en palabras del compositor griego Mikos Theodorakis, un comunista, en 2004, o "la raíz del mal". Y eso es política y teológicamente promiscuo, ya que penetra en los salones de la derecha nacionalista y de la izquierda progresista, se arrastra por las iglesias presbiterianas y conduce el discurso atronador del Islam político.

Podemos resumir todo esto de una manera aún más simple, en dos máximas. En primer lugar, el antisemitismo no es propiedad exclusiva de una facción política o de una formación religiosa. En segundo lugar, el antisemitismo es algo así como un camaleón que niega con frecuencia que es lo que es, por eso tenemos problemas para identificarlo, incluso cuando nos hemos encontrado con él un millar de veces antes.

Con esto en mente, asistimos al ampliamente comentado "incremento" del antisemitismo en los EEUU, identificado en las últimas semanas y meses, y que se manifiesta en pequeña escala pero con desagradables incidentes, entre ellos la profanación de un cementerio, más de 50 amenazas telefónicas de bombas a centros judíos de la comunidad, varias agresiones físicas, y esvásticas y otros insultos antisemitas en campus universitarios y otros edificios. La Iniciativa AMCHA, una organización que promueve los derechos civiles de los estudiantes judíos, mantiene una línea de vigilancia de la presencia de "esvásticas y grafitti y panfletos neonazis" en los campus universitarios. Lo que se destaca es la gran frecuencia de estos incidentes y la naturaleza a veces brutal del odio a los judíos, según lo experimentado por un estudiante de la Universidad de Minnesota, que vio como en su dormitorio pintaron frases alabando "el dominio nazi" y una esvástica y el dibujo de un campo de concentración. Epítetos raciales como "sucios judíos" junto a lemas como "Heil Trump" abundan en estos informes de antisemitismo y de racismo.

Sin duda, todo esto se ve y suena muy parecido al antisemitismo que conocemos por las películas y los libros de historia, donde los autores son fanáticos racistas blancos con educación limitada y temperamento violento. Y tal vez eso explica por qué muchos de los medios de comunicación de la izquierda, del The New York Times a la BBC, están informando de esta actual oleada de antisemitismo con mucho menos cinismo que lo hicieron con otros episodios similares en los últimos años, como por ejemplo las conferencias negando el Holocausto organizadas en varias ocasiones por el régimen islámico de Irán, o el omnipresente antisemitismo del partido Laborista británico. Considerando que estos ejemplos son complicados tanto por la presencia de Israel como por la participación de los musulmanes en la promoción del discurso antisemita, cuando se trata de la América del presidente Donald Trump todo resulta muy simple y la nieve es de color blanco.

La triste verdad es que la comprensión del antisemitismo se ha convertido en algo irremediablemente politizado, lo que significa que nuestros juicios se ven comprometidos por imperativos no relacionados pero sí más convenientes. Además, con demasiada frecuencia, la respuesta al antisemitismo se obsesiona con las acciones y declaraciones individuales, oscureciendo las cuestiones más fundamentales. Kenneth Marcus del Centro de Brandeis Louis D. para los Derechos Humanos, lo explicó en una entrevista reciente: "A menudo hace más daño que bien realizar simplemente la pregunta: ¿Quién es y no es un antisemita? Si estás preguntando si los individuos son antisemitas o no, puede que nunca obtengas una respuesta y que pongas a la gente a la defensiva, dando lugar a un engrosamiento del discurso".

En la misma entrevista Marcus continuó, "tenemos que preguntarnos qué formas de hablar y qué tipo de actividades son antisemitas para que podamos identificarlo". Esto es absolutamente correcto, y los que afirman que Trump es un antisemita deberían examinar si existe un patrón consistente de pruebas para apoyar esta afirmación. Excusarse en sus nietos judíos y a sus consejeros judíos como prueba de lo contrario - como ha hecho el presidente Trump y ha sugerido a sus subordinados - puede ser irritante y puede sugerir que las últimas siete décadas dedicadas a educar al público en la naturaleza del antisemitismo y en la centralidad del Holocausto han sido en gran medida en vano. Pero manifiestamente no demuestra que la actual Casa Blanca esté presa de una fiebre antisemita.

En estos tiempos resulta peligroso sugerir experimentos mentales, pero voy a saltarme la precaución. Me pregunto si los que están de acuerdo con Steven Goldstein, del Centro Ana Frank para el Respeto Mutuo, cuando dijo que la condena del antisemitismo de Trump era una "forma de paliar el cáncer del antisemitismo que ha infectado a su propia administración", tendrían similares reparos con Linda Sarsour, la activista palestino-estadounidense defensora del BDS y que está alcanzando rápidamente el estatus de icono del movimiento de protesta que se ha creado en torno a la elección de Trump.

Sarsour y sus colegas activistas musulmanes recogieron más de 100,000$ para la reparación del profanado cementerio judío de Jesed Shel Emet, en St. Louis, ganando los aplausos de casi todos los medios de comunicación y el respaldo de la creadora de Harry Potter, JK Rowling. En términos de publicidad, fue un movimiento increíblemente inteligente, ya que con esta iniciativa logró que sus críticos se colocaran en la incómoda posición de cuestionar sus motivos en el momento que ella se acercó a la comunidad judía.

Pero si Kenneth Marcus tiene razón con referencia a los patrones de discurso y en cómo determinar qué constituye el antisemitismo, a continuación las denuncias anteriores de Sarsour del sionismo y su apoyo a una solución a la cuestión palestina basada en la eliminación de la soberanía judía, al menos justifican un examen crítico de la motivación política que está detrás de su gesto por el cementerio judío. Es fácil, después de todo, ser empático y amable con los judíos muertos y por sus recuerdos, ya sea en Polonia o en Missouri, y es mucho más difícil tratar con los que todavía están vivos y que consideran que las fantasías de Sarsour sobre "un único estado de Palestina" representan una opción siniestra de una solución que tendría que ser impuesta, con toda probabilidad y a través de la conquista violenta, a los judíos de Israel.

¿Pueden ser los enemigos de Israel, al mismo tiempo, los amigos de las comunidades judías fuera del Estado judío? O a la inversa, ¿los amigos de Israel reciben un pase a favor obviándose la presencia de anticuerpos antisemitas entre sus aliados políticos? ¿Por qué Sarsour resulta aceptable para cierta comunidad judía pero no Richard Spencer, ese rechoncho racista del autodenominado Instituto de Política Nacional? ¿Sómos los judíos tan faciles de engañar? Me temo que la respuesta es sí.

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Friday, February 24, 2017

¿Estamos siendo estúpidos en lo referente al antisemitismo en los Estados Unidos? - Shmuel Rosner

Gráfico 1


Gráfico 2

1.- Les voy a enseñar algo bastante increíble, y por favor perdónenme por abrir un artículo con un gráfico. Sé que esto puede no ser la manera más atractiva. Aún así, tengan paciencia conmigo y echen un vistazo. En muchos de los estudios anuales de la opinión judía americana que han sido publicados en la última década y media, se le hizo una pregunta simple, casi exactamente de la misma manera: ¿Es el antisemitismo actualmente un problema en los Estados Unidos?

Bien, ¿verdad?

En la mayoría de las encuestas, los judíos americanos tenían tres opciones para elegir: sí, es un problema muy grave; sí, existe cierto problema; y no, no es un problema en absoluto. En general, la mayoría de ellos respondieron que sí, que exista algo de antisemitismo, ya que sigue siendo una constante en los EEUU. Haciendo un muestreo estas encuestas y haciendo una gráfica de ellos, uno puede ver fácilmente que la "categoría de existe algo de antisemitismo" es la mayoritaria. El problema del antisemitismo no es lo suficientemente grave como para merecer ser denominado "grave", y no es lo suficientemente insignificante para ser tratada como "no, no es un problema en absoluto" (Gráfico 1)

Y esto es lo que ocurre cuando dividimos los judíos en sólo dos grupos: los que piensan que hay un problema - grande o pequeño - y los que creen que no hay problema, es decir, los que respondieron a la pregunta diciendo "no, no es un problema en absoluto". (Gráfico 2)

¿Ven a dónde va esto? En la última década y media, la tendencia creciente entre los judíos era estar convencidos de que el antisemitismo en América era un problema resuelto, inexistente. En 2016, una cuarta parte de todos los judíos estadounidenses respondieron a la encuesta diciendo que no hay tal problema. Esto es más de un 20% por encima de los números de la década de 2000.

Así que ahora tenemos que asumir una de dos cosas: o bien los judíos fueron engañados gradualmente en la creencia de que el antisemitismo estaba disminuyendo rápidamente cuando no era cierto - silenciado podría ser, pero no ausente -, o bien debemos suponer que en verdad fue disminuyendo hasta que alguna fuerza siniestra lo trajo de nuevo.

2.- ¿Nos engañábamos pensando que el antisemitismo era un vestigio del pasado que ya no pertenecía a la actualidad estadounidense? Miremos otro interesante estudio en busca de pistas: el famoso retrato de los judíos estadounidenses por el Centro de Investigación Pew. Una cosa interesante sucede en cuanto se busca el antisemitismo en esta encuesta: no se localiza. Ni una sola mención del antisemitismo en América, ni una sola pregunta sobre el antisemitismo en América. Eso nos dice que cuando la buena gente del PEW se esforzó por pintar el retrato de los judíos estadounidenses hace cuatro años, suponían que ninguna mención de los temores antisemitas era necesaria. De hecho, la única vez que el antisemitismo se mencionó en el informe PEW es cuando se preguntaba a los judíos estadounidenses si el antisemitismo era una gran amenaza para Israel.

También han existido estudios que abordaron los incidentes antisemitas en los últimos años, especialmente en los campus universitarios. En la mayoría de estos estudios, los supuestos y las conclusiones apuntaban en una dirección: Israel como la mecha de los incidentes antisemitas. "La conexión con Israel es el indicador más fuerte de percibir un ambiente hostil hacia Israel y los judíos en el campus y, en menor medida, de las experiencias personales de acoso verbal antisemita", concluyó un estudio publicado por el Centro de Cohen de la Universidad de Brandeis.

Los judíos podrían sentirse seguros en los Estados Unidos, a excepción de que Israel hiciera las cosas difíciles.

3.- Nosotros todavía no sabemos por qué hay un repunte repentino en los incidentes antisemitas. Argumentar que tiene algo que ver con Israel no parece ser la mejor opción. No hay tal indicación. Pero esto plantea la siguiente pregunta: ¿Nos hemos equivocado (los judíos) al suponer - como grupo - que el antisemitismo está en declive? ¿Demostramos - como grupo - una tendencia equivocada de ignorar la realidad que nos rodea?

Tres opciones surgen como una posible respuesta.
a) Estábamos en lo cierto. El antisemitismo no es un problema "grave" en los Estados Unidos. La actual ola de incidentes es sólo ruido producido por un grupo muy pequeño de intolerantes e idiotas, y pronto pasará. Hablé esta mañana con el ex ministro de Israel, Moshe Arens, uno de los más prominentes israelíes nacidos en los Estados Unidos, y me dijo sin rodeos: "Cuando veamos un aumento en la aliya - inmigración de los judíos a Israel - entonces sabremos que es grave". Ya que nadie prevé actualmente una ola de inmigración judía de América a Israel, nadie debe asumir que el problema sea muy serio. 
b) Estábamos en lo cierto, pero entonces sucedió algo. El antisemitismo estaba en declive, y los judíos tendrían  derecho a reclamar, en número creciente, que ya no era un problema, y sin duda un problema "grave". Ahora bien, la marea ha cambiado de repente. Tal vez por Donald Trump - como muchos judíos parecen creer (con pruebas cuestionables para probarlo) -. Tal vez debido a otras razones (culpar a Israel se está poniendo de moda otra vez -, si no vean esos artículos que traen de vuelta los temas más antiguos de la historia de antisionismo). 
c) Estábamos simplemente equivocados. Estábamos locos. El antisemitismo es todavía una fuerza con la que lidiar en América. Por supuesto, la sociedad americana no es antisemita. Es pro-judía. Pero hay más elementos marginales en la sociedad que siguen albergando un odio secular a los judíos, nutriendo ese odio, y a la espera de una oportunidad de llevar nuevamente esas tendencias antisemitas a la corriente principal. En esta narración, los judíos en las últimas décadas han sido ciegos a corrientes sociales que no debieran haber ignorados. Tal vez por eso muchos de ellos ven a Trump como sospechoso, debido a que su ceguera ante la sorprendente subida al poder de Trump es reminiscente a su ceguera ante la posibilidad de un sorprendente incremento del antisemitismo.
4.- Es necesario que haya más calma en la discusión sobre el antisemitismo. Es decir, debido a que las ondas de antisemitismo se alimentan de la histeria y se beneficia de ella. Ondas como ésta - como las olas de terrorismo y las ondas de ataques suicidas - tienden a producir un encendido automático. Cuanto más hablamos de una oleada de personas que cometen suicidio, las personas son más propensas a suicidarse. Cuanto más hablamos de una oleada de amenazas a centros judíos, ciertas personas son más propensas a coger el teléfono y hacer este tipo de amenazas. Se trata realmente de la cosa más fácil de hacer.

Por supuesto, esto no quiere decir que los judíos de América, y de otras partes, deban ignorar la amenaza o descartarla por completo. Pero sí quiere decir que, por ahora, sería más prudente reducir el nivel de la hipérbole y tratarlo con más calma. Y esto también significa que hacer del antisemitismo un punto focal de una batalla política contra el presidente Trump es simplemente imprudente.

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¿Por qué en su momento nadie criticó a Obama por el antisemitismo de la izquierda?



Los que acusan al actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de abastecer de combustible a la derecha antisemita debería recordar que nadie ha acusado a su predecesor, Barack Obama, de estimular el antisemitismo de la izquierda, comentó el viceministro de Diplomacia Pública y diputado Michael Oren.

Oren, el ex embajador israelí en Washington, también defendió la negativa del primer ministro Benjamin Netanyahu a hablar acerca de la declaración de la Casa Blanca el Día de la Memoria del Holocaustal, cuando no se mencionó al pueblo judío, diciendo que el primer ministro está participando en la formulación de políticas "responsables".

"Demasiado énfasis se pone en lo que dice la gente, no en lo que la gente hace. La cuestión no es lo que se dice, sino lo que se está haciendo", dijo Oren al The Times de Israel. "Sí, existe un incremento en el antisemitismo, pero la conversación al respecto no va en la dirección correcta".

En sus reuniones con delegaciones del Congreso de ambos partidos, dijo Oren, a menudo se le dijo que es menos importante que los crímenes de odio están condenados y más importante que se detengan. "La pregunta es ¿qué se hace de forma operativa para combatirlo y prevenirlo".

En las últimas semanas, en medio de un aumento de los ataques antisemitas, incluyendo falsas amenazas de bomba a docenas de instituciones judías, varios líderes judíos de los Estados Unidos responsabilizaron a la nueva administración Trump de aparentemente no denunciar con la suficiente fuerza el creciente antisemitismo. Trump le gritó a un periodista judío ortodoxo que intentó preguntarle sobre el repunte antisemita que "yo soy la persona menos antisemita".

El miércoles, por vez primera, Trump condenó específicamente los crímenes de odio antisemitas, como la  profanación de 170 lápidas de un cementerio judío de St. Louis. El vicepresidente Mike Pence hizo una visita de solidaridad al lugar del vandalismo, y ayudó activamente en el esfuerzo de restauración.

Netanyahu, hablando en una sinagoga en Sydney, alabó a Trump por tomar una "posición firme contra el antisemitismo". En una conferencia de prensa conjunta con Trump a principios de este mes, Netanyahu había proclamado que "no hay mayor defensor de los judíos y del Estado judío "que el presidente Trump".

Oren, quien fue un destacado historiador de la historia de los Estados Unidos e Israel antes de entrar en la diplomacia y en la política, no negó que el antisemitismo es una preocupación creciente en los EEUU, pero señaló que no era en absoluto un fenómeno nuevo.

"Es evidente que hay un problema con el antisemitismo y hay que tomarlo en serio", dijo Oren, un miembro del partido centrista Kulanu. "Pero tambíen existe el antisemitismo de la izquierda, y nadie culpó a Obama de ello. Durante mi estancia en Washington [como embajador de Israel], nunca encontré este incremento del antisemitismo de la derecha, pero sí experimenté una gran cantidad de antisemitismo desde la izquierda, sobre todo en los campus. Pregunten a los estudiantes judíos en América si temen al antisemitismo en los campus. Claro que lo temen, pero no tanto el de la derecha como el de la izquierda".

"Al igual que Obama no debería ser culpado por esos incidentes,  no se debería culpar a Trump por la actual ola de ataques aparentemente inspirados por ideologías de derecha".

El antisemitismo no es nuevo en América, comentó el nativo de Nueva Jersey, citando incidentes de su juventud. "Hay muchos precedentes. El antisemitismo era un hecho de la vida cuando crecí. Me encontré con él todo el tiempo: las ventanas rotas, continuas peleas todo el tiempo. Había cupos [para los judíos] en las universidades de la Ivy League".

La clave para enfrentar el actual antisemitismo reside en la policía local, argumentando a favor de un mayor esfuerzo para localizar a las personas que realizan amenazas de bomba a centros judíos y donde el FBI debería utilizar más gente en la lucha contra este fenómeno.

Oren, quien fue embajador en los EEUU entre 2009 y 2013, se negó a comentar sobre el silencio de Netanyahu sobre el incremento del antisemitismo en América y sobre la declaración del Día del Holocausto. El primer ministro se negó a comentar el hecho de que la declaración de la Casa Blanca omitía cualquier mención del genocidio contra los judíos, y posteriormente comentó que ciertas protestas de la comunidad judía-estadounidense sobre el asunto estaban "fuera de lugar".

Oren comentó que la negativa de Netanyahu a comentar la controvertida declaración del Día del Holocausto "fue política responsable y lúcida", centrándose en el cuadro más grande.

También recordó que Obama, al comienzo de su primer mandato, indicó que Israel fue creado a causa del Holocausto. "Fue fue una demostración de una narrativa problemática, ya que básicamente Obama estaba negando la historia judía. Pero no hicimos una gran cosa al respecto. Era una nueva administración y teníamos cosas más importantes que discutir".

"A Obama le llevó varios años antes de aclarar las cosas públicamente, cuando en un discurso ante la ONU habló de las milenarias raíces judías en la Tierra de Israel. Vamos a darle la misma oportunidad a Trump [de corregir errores] y no saltar por cada pequeña cosa que dice".

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Para los medias occidentales el antisemitismo es solamente cosa de los partidarios de Trump





El martes por la noche, en Bondy, Francia, dos hermanos fueron secuestrados y golpeados por varios hombres de aspecto de magrebí

Los hermanos que llevaban kipá, y cuyo padre es un líder judío en Bondy, se vieron obligados a detenerse en una calle lateral cuando conducían obligados por otro vehículo. Mientras su vehículo estaba en movimiento, el conductor y un pasajero desde otro coche les gritaron consignas antisemitas a los hermanos que incluían "Sucios judíos, vais a morir", comentó el padre en base a la denuncia presentada por sus hijos.

Las maniobras del otro vehículo obligaron a los hermanos a detener su coche, y entonces fueron rodeados por varios hombres a los que describen como teniendo apariencia de ser del Magreb. Otros hombres del mismo aspecto salieron de un café donde fumaban pipas de agua en una calle lateral y se unieron a los que había provocado la detención del coche, según el informe de caso publicado por JSSNews y BNCVA (Oficina Nacional de Vigilancia Contra el Antisemitismo).

Los presuntos agresores rodearon a los hermanos y a continuación les dieron patadas y puñetazos mientras les amenazaban de que serían asesinados si se movían. Uno de los presuntos atacantes cortó el dedo de uno de los hermanos.

Los hermanos fueron hospitalizados en lo que fue descrito como un estado de shock tras el incidente de la noche del martes en Bondy. Un informe del caso publicado el jueves por el BNVCA, sobre la base de la denuncia policial presentada por las presuntas víctimas, no especificó su estado de salud.

En el momentos, las únicas web de noticias que informaron de estos hechos son judíos e israelíes: Arutz 7, JTA, Times de Israel, Israel Hayom y i24news, siendo el primer informe de hace 20 horas.

Ahora imaginemos por un segundo si a un palestino se le dañara el oído debido a que un judío estornudó en voz demasiado alta. Les aseguro tras haber dado un vistazo a Google Noticias que produciría muchos más resultados que el ataque antisemita en París.

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