Wednesday, April 01, 2009

El Gobierno debe separarnos de los palestinos - Yaakov Lappin - JPost




©Reuters

El nuevo gobierno debe comenzar inmediatamente la planificación de una separación de los palestinos, dijo el veterano negociador y general en la reserva, Gilad Sher, durante una conferencia en Ramat Gan el lunes por la noche.

Sher, que participó en varias rondas de negociaciones con los palestinos y que sirvió como jefe de la oficina de Ehud Barak cuando fue primer ministro, describe la continuación de la presencia de Israel en los territorios palestinos como una "amenaza existencial".

"Tenemos que separarnos de los palestinos, ya sea con o sin negociaciones", dijo Sher en un evento organizado por el Consejo por la Paz y la Seguridad. "No me hago ilusiones sobre la impopularidad de esta postura después de la retirada de Gaza".

Y añadió: "Pedimos al gobierno que comience a preparar un plan nacional para la separación desde el primer día de su mandato. Si las negociaciones no tienen éxito, el gobierno puede decir, lo hemos intentado, ahora lo haremos a nuestra manera".

Describiéndose a sí mismo como un "gran creyente en el diálogo con los árabes", Sher dijo que, sin embargo, era importante reconocer que las negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina "no pueden terminar en un acuerdo", y planificar esta eventualidad.

Sher dijo que la creación de fronteras permanentes es fundamental para el futuro de Israel, y añadió que "la actividad del IDF en la Autoridad Palestina perjudica nuestra disposición para la guerra convencional".

Dijo que por lo menos de dos a tres años serían necesarios para formular un amplio plan de separación que podría pasar a la acción si las negociaciones fracasan.

Una retirada unilateral podría utilizar "la ruta de la valla de seguridad como frontera provisional", dijo Sher. Refiriéndose a un mapa, añadió que "Gush Etzion y partes del oeste de Samaria se anexionaran a Israel. Una fuerza multinacional debería tomar el mando en Cisjordania hasta que los palestinos puedan cumplir con sus responsabilidades en materia de seguridad".

En virtud de un acuerdo permanente, Israel podría anexionarse un 7.3% de Cisjordania, mientras que la Autoridad Palestina podría obtener un 5% de las tierras de Israel, propuso Sher.

Docenas de asentamientos y decenas de miles de colonos deben ser evacuados, señaló Sher, un proceso que se acelerará por la aprobación de una ley de compensación económica que recompense a aquellos que voluntariamente se trasladen de nuevo dentro de la Línea Verde.

Sher se refirió al tratamiento dado a los evacuados de Gush Katif como un fracaso y no un ejemplo a seguir, agregando que muchos de los antiguos colonos de Gaza todavía carecían de empleo y una hogar permanente donde rehacer su vida.

"No queremos repetir ese error, de ahí la razón de que necesitamos una planificación".

"Quiero una mayoría judía en Israel, y no me avergüenzo de decirlo", afirmó, añadiendo que la separación de los palestinos es la única forma de garantizarlo.

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Saturday, March 28, 2009

Sólo Netanyahu y Barak pueden hacer frente a Irán - Ari Shavit - Haaretz



El odio por Benjamin Netanyahu va más allá. Proviene de la época en que fue considerado como el anti-Cristo de Yitzhak Rabin y un incentivador indirecto de su asesinato. Continuó en los días en que parecía que la paz estaba al alcance de la mano y sólo Netanyahu llamaba a la prevención. Y aunque posteriormente se pusiera de manifiesto que incluso en ausencia de Netanyahu no había paz, el odio contra él no disminuyó. Simplemente se transformó. La élite israelí predominante aún no le puede perdonar que sea el más elocuente y el más poderoso portavoz de la derecha más sana. En ausencia de paz y ante la inexistencia de una verdadera fe en la paz, Netanyahu sigue alimentando el odio emocional de la tribu de la izquierda.

Pero el odio hacia Ehud Barak no es menos intenso. Se deriva de que Barak fracasó a la hora de satisfacer las expectativas mesiánicas de todos aquellos que apostaron por él después de lograr expulsar a Netanyahu. El odio se incrementó cuando Barak rompió la ilusión de la posibilidad de una paz en estos tiempos de Camp David. Pero inclusive después de que Ehud Olmert y Tzipi Livni demostraran en Annapolis que no era más que una ilusión, el odio hacia Barak no ha disminuido.

Barak es un antiguo kibbutznik que presuntamente cruzó las líneas y esto sólo ha generado un incremento en la hostilidad. La élite israelí sigue siendo incapaz de perdonar al presidente de Avoda (Laboristas) el haber tomado la senda de paz y demostrar que era un callejón sin salida. En ausencia de paz o de verdadera fe en la paz, el odio a Barak se ha convertido en el nuevo centro emocional de la izquierda.

Netanyahu y Barak tienen muchos defectos. Netanyahu es voluble y Barak es complicado. Netanyahu es arrogante y Barak condescendiente. Ambos carecen de inteligencia emocional y la política les ha embotado los sentidos. Sin embargo, los verdaderos Netanyahu y Barak no tienen nada en común con los dos detestados espantapájaros que fueron arrojados al fuego esta semana. A pesar de todas sus deficiencias, los dos dirigentes vieron claramente la realidad de la década de 1990, y también ahora ven como son las cosas hoy en día. Si consiguen reparar sus errores del pasado y trabajar juntos, tienen una buena oportunidad de sorprendernos.

La misión inmediata de Netanyahu y Barak misión es Irán. El designado primer ministro y el ministro de Defensa no tienen mucho tiempo. En algunos meses tienen que hacer lo que no se ha hecho durante años, reclutar a la comunidad internacional para que imponga un asedio económico-diplomático a los ayatolas de Teherán. Se considera que la visita de Barak a la Oficina Oval de Obama, en lugar de Avigdor Lieberman, mejorará considerablemente el poder de persuasión de Netanyahu. Pero si sucede que los Estados Unidos no estén dispuestos a tomar la sartén por el mango, Netanyahu y Barak tendrán que preparar a Israel para duros escenarios. Nadie dentro de Israel es más adecuado y capaz para este liderazgo.

La otra misión de los dos es la economía. En poco tiempo, Israel se enfrentará al iceberg de la deuda y de los grandes problemas, junto a una ola de despidos masivos. Tener a Netanyahu, Barak y Ofer Eini al frente de la campaña económica es muy significativo. Permitirá una prudente, armónica y decidida dedicación, proporcionando a Israel las mejores posibilidades para sobrevivir a la tormenta económica sin ahogarse.

Los resultados de las elecciones de 2009 han sido una pesadilla. Le dieron a la derecha una sólida mayoría, pero permitió que el ala derecha pudiera llegar a impedir las decisiones del jefe de fila de ese sector. Netanyahu ha sabido navegar ante esas amenazas.

Logró evitar que caer en la trampa de un gobierno de visión estrecha, sombrío y sin esperanzas. La decisión de Barak de unirse a Netanyahu fue bastante problemática, pero en última instancia, y en estas circunstancias, Barak ha actuado con sensatez y valentía.

Mientras que Livni y sus seguidores se han recubierto de una estéril autosuficicencia, Netanyahu y Barak han actuado con madurez.

Los dos hombres más odiados de la política israelí demuestran una vez más que son mucho más serios y serenos que los que les detestan.

En este momento, Netanyahu y Barak son los únicos adultos responsables.

Por lo tanto, el pacto final entre ambos no es una mala, sino una buena noticia. Después de muchos años de liderazgo estúpido, finalmente algo con fondo y sustancia se ofrece a Israel.

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Saturday, March 21, 2009

El israelí racista y fascista que hay en mí - Bradley Burston - Haaretz



LOS ANGELES - Yo estaba decidido a pasar ese trago. Estaba decidido a volar a los EEUU para hablar de la situación en Israel y a responder nada más que con una media sonrisa y un "siguiente pregunta, por favor", a todas esas personas leídas y abiertas de corazón que hacen preguntas del tipo de: "Entre usted y yo, ¿qué les pasa a esa gente, a sus amigos, los israelíes?"

Traducción textual de la pregunta: ¿Qué pasa con toda esa lacra que azota a la humanidad? Una gran máquina de guerra que sólo pretende ser un pequeño país; unos ciudadanía militarizada y esterilizada en los que respecto a su moralidad; desprovista de compasión; carente de conciencia; brutal en la guerra y en su ambición imperial; engendro de Goliath casado con la alta tecnología y el armamento; incorregiblemente sectaria y simple en la intimidación; poco más que racistas que votan a racistas; fascistas que se decantan por los fascistas; una vergüenza para Occidente; una vergüenza para los judíos; en suma, una vergüenza para ese interlocutor progresista que me formula la pregunta.

Estaba dispuesto a no decir nada. Sin embargo, en el avión que me llevaba, leo un ensayo sobre Israel y los israelíes que cambió mi mente. Tengo que dar gracias a la extraordinaria novelista Anne Roiphe por la redacción de ese artículo, el cual me hizo hervir la sangre y, a causa de ello, me obliga a decir lo que honestamente pienso.

La Sra. Roiphe, hay que decirlo, es una imperiosa y muy compasiva escritora, preocupada por los israelíes y que conoce casi todo acerca de ellos, salvo lo más básico.

"No podía sentirme peor", confiesa la Sra. Roiphe al comienzo de su ensayo sobre las recientes elecciones israelíes, y especialmente sobre esos judíos israelíes que votaron por Avigdor Lieberman, a quién define en términos peligrosamente demagógicos y profundamente crueles. "Me siento como si mi esposo me hubiera engañado con Mussolini".

Quizás como consecuencia de esto, la Sra. Roiphe asegura que ha comenzado a ver a Israel y a los israelíes con una especie de visión estrecha y oscura, como ese túneles donde no se observa ninguna luz que permita adivinar su final. Ella sugiere que lo importante de las elecciones es que fue un voto en contra de la paz.

"Yo definiría como un hecho patológico el que Israel aún escuche a esos dirigentes que no entienden que el conjunto de la Cisjordania no puede pertenecer a Israel sin que le convierta en una nación paria, sin violar el espíritu de la Torah y la aterrada memoria del pueblo judío".

Con una sonrisa y una bofetada, nos permite saber que ella es de los nuestros. "Comprendo que la paz ha tardado demasiado tiempo en llegar y que los palestinos han hecho cosas estúpidas: la elección de Hamas, el lanzamiento de cohetes contra Israel, burlarse de aquellos de entre nosotros que creíamos que abandonar Gaza podría ser un buen primer paso. Entiendo la desesperación, la frustración y la necesidad de saltar agitando una espada en el aire contra cualquier nube que aparezca en el cielo".

Perdóneme Sra. Roiphe, pero usted no comprende nada. No estoy seguro de que alguien, a miles de millas de distancia, pudiera entenderlo. Examine usted de cerca los resultados de las elecciones y encontrará que una clara mayoría votó a favor de los partidos que han ido favoreciendo un eventual Estado palestino en Cisjordania y Gaza. Además, comprobará como menos del 6% votó a favor de aquellos partidos que rechazan categóricamente esa solución.

Entonces, ¿cómo explicar el comportamiento incomprensible de esta gente, de mis amigos? ¿Qué denominador común que no sea la mala intención puede explicar la continuación de la ocupación de Cisjordania, el riesgo de una catástrofe demográfica, la mal comprendida rabia de un pueblo, expresada como un solo hombre, y si en muchos casos víctima, merecedora víctima por esta fechoría?

No le gustará la respuesta. Pero de toda la cegadora ecuación del complejo bazar que es el Oriente Medio, la realidad se reduce a una palabra: los cohetes.

Los cohetes de Saddam Hussein en 1991, esos que nos condujeron al proceso de paz, y los cohetes palestinos de ahora, esos que día tras día han cavado una tumba a la paz y la cubren con más cieno y escombros cada pocas horas.

El problema fundamental está hoy en día en los cohetes y no en el racismo que se adjudica a Avigdor Lieberman. Y son los cohetes, más que cualquier otro factor, lo que explica lo sucedido con la izquierda israelí, con el Meretz y, en particular, con el Partido Laborista.

Cuando Saddam Hussein disparó 39 misiles balísticos contra Tel Aviv, Haifa y Dimona, cambió radicalmente la manera con la que los israelíes consideraban la importancia de los territorios. De la noche a la mañana la amenaza venía de 1.500 kilómetros de distancia, y entonces, ¿por qué era bueno resistir permanentemente en las colinas de Samaria, en Cisjordania, o en las dunas del norte de Gaza?

Fue esto, tanto como cualquier otro factor, lo que allanó el camino para la apertura de lo que hemos llegado a conocer como el proceso de paz, y que comienza en la conferencia de Madrid en 1991.

En 2005, menos de un día después de que las fuerzas israelíes evacuaran a los últimos judíos de Gaza, los palestinos habían colocado sus lanzacohetes sobre las ruinas de los asentamientos que acababan de ser evacuados. Y tomaron como objetivo no sólo Sderot, sino algunos de los kibutzim que más firmemente han defendido la causa de una Palestina independiente al lado de Israel.

Ese acto, y los miles de cohetes que le siguieron, provocaron que los israelíes cambiaran total y nuevamente sus concepciones. Pusieron un brusco final a la idea de "tierra por paz", porque nadie, ni siquiera los más ardientes defensores de un Estado palestino en Cisjordania, estaban de acuerdo en dejar el aeropuerto Ben-Gurion, Tel Aviv y Jerusalén dentro del alcance de otros cohetes. De repente, hubo un nuevo consenso. Y el proceso de paz, el movimiento por la paz y, con él, el partido Laborista y el Meretz, se fueron quedando a contrapié (al margen).

Hace diez años, Hassan Nasrallah, el jefe de Hezbolláh en el Líbano, electrizó al Islam radical y particularmente a los palestinos cuando dijo que el terrible Israel realmente era tan frágil como una tela de araña.

Presionen a Israel con terroristas suicidas, indicó, y toda la red se colapsará y se derrumbará. Pero esto no funcionó. El terror por medio de suicidas, de hecho, fortaleció y unificó a Israel. A los ojos del mundo post 11-S, el terrorismo suicida convirtió a los israelíes de villanos en víctimas, y la imagen de los palestinos osciló de un valiente David a la de un escalofriante y detestable Goliath.

Pero ahora Hamas está empezando a considerar otra estrategia. En este punto, la mejor forma de destruir a Israel es dejar las cosas tal como están.

Evaluar y ajustar el flujo de cohetes lanzados contra los civiles israelíes hasta un nivel que les vuelva completamente aceptables para el resto del mundo, pero que a la vez resulten totalmente insoportables para los israelíes.

A continuación, sentarse y esperar que la demografía y la desesperación hagan su magia. No es de extrañar que los dirigentes de Hamas supuestamente moderados defiendan una tregua de 50 años. En ese tiempo, los árabes israelíes podría ser capaces de eliminar, votando, al estado judío del mapa.

Una clara mayoría de los judíos de Israel lo sabe también. Pero no me he encontrado con nadie en Israel, incluidos los votantes del Meretz, que esté dispuesto a entregar Cisjordania mientras que como ahora Ashkelon sea un lugar de prácticas para los artilleros palestinos y los cohetes vuelen sin cesar.

He creído durante mucho tiempo que, en términos de sus efectos destructivos sobre las perspectivas de paz, los asentamientos eran los cohetes Qassams de los judíos. Pero lo que no reconocí en un primer momento fue el efecto derivado de los Qassams palestinos, su “consagración” de los asentamientos en Cisjordania y que, más que cualquier otro factor, los protege de su posible evacuación.

En general, el mundo no tiene ni idea - ni siquiera el más mínimo interés - en que cuando un cohete de hasta nueve pies de largo vuela durante 25 millas de distancia a una velocidad de media milla por segundo, con hasta 44 libras de explosivos embalados en su ojiva, puede provocar fácilmente una matanza.

Y esto en la medida en que el mundo sabe que caen cohetes pero sin apenas provocar ruido. Quizá una casa puede ser destruida y los nervios de los niños puedan quedar destrozados, incluso de por vida. Comunidades enteras, ciudades enteras, sufren de estrés postraumático. Pero a menos que maten a 10 israelíes, o 20, estos cohetes nunca existirán para el mundo. 10.000 cohetes lanzados contra zonas civiles, sin protección alguna – y estoy realmente avergonzado de reconocerlo - más que el de los milagros.

Son esos milagros, esos que apenas evitan las catástrofes, literalmente millares de ellas, los que se han convertido en un hecho central de la vida israelí. Es esto, y una ira que nadie fuera de Israel puede conocer o comprender totalmente, y un dolor, una profunda frustración en el alma, siempre tarareando un miedo, una enfermedad y una fiebre ante la proximidad de un próximo e inevitable desastre, así como un sentimiento de abandono por parte de esos que en el extranjero ni esperan ni desean conocer lo que estas personas, mis amigos, están pasando aquí, ni por qué razón.

No es culpa del mundo si éste estima que los israelíes no tienen derecho a la ira. En realidad, el mundo tampoco es verdaderamente culpable de preferir ver a los israelíes como feroces y llenos de odio sin provocación de por medio, sin una causa justa.

El mundo sólo conoce lo que los medios de comunicación eligen revelar. Durante una década, hemos desestimado los cohetes como poco más que una desagradable trastienda, unas molestias poco menos que desagradables, unos cómodos pretextos para más ataques militares israelíes desencadenados por unos políticos israelíes deseosos de eludir cargar con la culpa.

Sin embargo, los cohetes siguieron cayendo. Día tras día, los cohetes palestinos fueron en busca de sus objetivos, y a veces demolieron hogares, guarderías, clínicas, sinagogas, comedores de kibutz, plazas, fábricas, escuelas primarias, escuelas secundarias, casas de apartamentos. Desde hace años, por algún milagro, un enorme número de vidas israelíes se ha librado de ellos. Estas son personas que tratan de vivir su vida cotidiana bajo el fuego, y que no tienen defensa, ni protección alguna, a excepción de la intercesión de una u otra forma de entender la providencia.

El fin de semana en que apareció el articulo de la Sra. Roiphe, me pregunté cuántos de sus colegas neoyorquinos escucharon que un cohete Katyusha se había estrellado en un aula vacía en Ashkelon, cerca de donde los fieles se encontraban reunidos en una sinagoga, y, poco después, otro aterrizó a 600 pies del Hospital Barzilai de Ashkelon y de sus miles de pacientes y personal sanitario. No hubo muertos = No pasó nada.

El mundo hace mucho tiempo que se cansó de los israelíes y de sus lloriqueos. Al mundo le importan aún menos, un bledo verdaderamente, esos milagros diarios que permite salvarlos. El mundo también ha tenido tiempo de crecer y cansarse de sus palestinos.

Pero el mundo debe saber esto: no importa que gobierno progresista pueda haber en Israel, no importa cuán grave sea el sufrimiento de los palestinos en Gaza, sin un final de los cohetes, no habrá proceso de paz y, desde luego, no habrá paz. Mientras los cohetes sigan volando, nada se moverá.

Nada de lo que Israel ha intentado, ni la diplomacia, ni la brutalidad, ha sido capaz de detener los cohetes. Sólo Hamas puede hacerlo. El mundo y Washington podrían haber convertido a los cohetes en una prioridad hace años, y quizás llegado a esta determinación. Pero el mundo tiene otras cosas en que pensar y Washington también.

De regreso a Nueva York, Anne Roiphe parece haber renunciado a sus hermanos de Israel. "En las condiciones actuales, es de vital importancia que los judíos liberales, dignos y democráticos, sigan desempeñando un papel cada vez importante. Puede que tengamos que ser los que llevemos adelante la nación judía, con todas sus inteligentes y morales propuestas".

Desearía tener tanta fe como ella en sus compatriotas judíos americanos, mi pueblo de origen.

Como se puede comprobar, no tengo casi nada en común con mis vecinos directos, inmigrantes judíos rusos a Israel, excepto en el hecho de que, en cierto modo, soy uno de ellos. Mi destino podría haber sido el suyo. Mi familia, que vivía en Rusia antes de la guerra, finalmente no emigró a Los Ángeles, sobrevivió al Holocausto y a Stalin y formó parte de ese millón de judíos de la ex Unión Soviética que se trasladó a Israel hace 20 años, y yo podría haberme encontrado a mí mismo siendo un orgulloso votante de Avigdor Lieberman, enojado con mis compatriotas israelíes que me lo echan en cara como si yo no fuera un israelí más, odiando a los árabes que nos tiran cohetes, furioso contra los árabes israelíes que apoyan el lanzamiento de cohetes y, finalmente, despectivo - cuando yo proclamo repetida e inútilmente mi lealtad – con un lugar donde encima me miran por encima del hombro.

Los nuestros son tiempos terribles. Las nuestras son opciones feas. ¿Quiere ver la paz la Sra. Roiphe? Rece por un milagro. Pero más aún, rece por el suceso que nadie espera, el acontecimiento sorprendente que nadie podía haber previsto, un viaje en el que Netanyahu o Lieberman se asemejen a los Begin y Sadat, o a los de Rabin y Sharon, el acontecimiento que obligue a todos sus colegas hipercríticos con sus típicas perspectivas y frustraciones a reconsiderar la posibilidad de que las personas en la Tierra Santa algún día puedan tener un futuro en común.

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Tuesday, March 17, 2009

Netanyahu, la verdad y la esperanza - Ari Shavit - Haaretz



En todas sus campañas electorales Benjamin Netanyahu ha dicho la verdad. La dijo en 1996, cuando sostuvo que los Acuerdos de Oslo habían fracasado, y tenía razón en 1999, cuando dijo que Ehud Barak quería dividir Jerusalém.

Bibi también tuvo razón en 2006, cuando advirtió que la retirada de Gaza nos traería cohetes Katyusha contra Ashkelon, y tiene razón en 2009 cuando afirma que tanto la seguridad de Israel como su economía están bajo amenaza. Sin embargo, dos cosas estuvieron ausentes de todas las campañas electorales de Netanyahu: organización y visión.

Bibi siempre ha dicho a sus electores la verdad, pero nunca les ofreció esperanza y liderazgo. Un taciturno pesimismo y una conducta negligente empañaron su mandato.

Este fue también el caso cuando Netanyahu fue primer ministro. Contrariamente a la creencia popular, se anotó un buen número de éxitos durante sus tres años en el poder. Restauró la economía, anuló la la inflación y avanzó en el liberalismo económico. Se redujo el terror, se llevaron a cabo negociaciones con Siria y se firmó el Acuerdo de Wye River. Durante su mandato la guerra no estalló y murieron menos palestinos que durante los mandatos de Ariel Sharon, Barak y Ehud Olmert.

Pero aunque Netanyahu haya actuado de manera responsable y juiciosa, omitió proporcionar a la gente una visión clara y una buena administración. Su torpe conducta y una actitud de confrontación constante empañaron su mandato como primer ministro.

Los grandes líderes deben conocer la naturaleza de su mundo. Franklin Delano Roosevelt conocía al mundo en que vivía, que fue el de la Gran Depresión. Harry S. Truman sabía que le tocaría el mundo de la Guerra Fría. Bill Clinton entendió que durante su mandato lo pertinente era la economía, al igual que lo sabe Barack Obama. En este sentido, Netanyahu es el más prometedor de los líderes de Israel. Su percepción “macro” es excelente y comprende a fondo los procesos políticos y económicos.

A diferencia de sus rivales, Netanyahu sabe que el mundo de hoy es el del Islam radical y el de la crisis económica. Debiendo ser estadista y economista, Netanyahu dispone de las calificaciones necesarias para hacer frente a ese desafío mundial. Pero su deficiente gestión de los asuntos inmediatos (microgestión) y la imposibilidad de dar esperanzas podrían frustrar a este nuevamente designado primer ministro. Cuando no hay visión, el pueblo abandona la moderación, y sin gestión de calidad cualquier gobierno estará perdido.

El punto de partida de Netanyahu es difícil. Su dependencia con respecto a Yisrael Beiteinu, Shas y Unión Nacional no deja al elitista de Rehavia mucho margen de maniobra. Y sin embargo, incluso bajo la olla a presión en la que deberá trabajar, Netanyahu podría haber hecho mucho más de lo que hizo: no debería haber puesto el control de la justicia en manos de Avigdor Lieberman y Daniel Friedmann; no debería haber abandonado a los moderados del Likud, gente como Silvan Shalom y Dan Medidor; no debería haber creado la sensación de que no hay suficiente excelencia en el liderazgo; y no debería haber formado un gobierno de extrema derecha cuyo destino ya se ha establecido y no ofrece nuevas ideas.

Aún no es demasiado tarde. En las próximas semanas Netanyahu todavía puede exigir a sus socios que prueben que su patriotismo se expresa tanto en hechos como en palabras. Incluso si un gobierno amplio no puede ser formado, Netanyahu y Lieberman tienen la capacidad de reunir un buen gabinete. Por ejemplo: Uriel Reichman como ministro de Educación en lugar de Friedmann como ministro de Justicia, un ministro de Finanzas ajeno al mundo de la política, elegido por su capacidad profesional. Puede nombrar consejos nacionales para el desarrollo económico, la educación y los asuntos exteriores. Y un gobierno brillante, con personas con talento en lugar de políticos pequeños con ideas extremistas.

Netanyahu creció y se educó en los Estados Unidos. El presidente americano no se atrevería a entrar en la oficina oval con el pueblo en torno a Bibi. El presidente americano no trataría de gobernar sin un gran concepto, sin capacidad de manejarlo y sin un alto índice de equipo.

Israel no es América, pero Israel tampoco es un shtetl. Israel tiene una gran cantidad de talento. El capital humano de Israel es su mayor esperanza. Si Netanyahu quiere tener éxito, debe obtener y aprovechar esta capital para dotarse de una verdadera visión.

Gobernando solamente con la excelencia y sin una visión clara, Bibi no tendrá la oportunidad de realizar su potencial de liderazgo. Si no puede hacer frente a sus debilidades, Netanyahu no podrá llevar a cabo la enorme tarea que le espera.

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Es el momento de contrarrestar a Lieberman - Gadi Taub - Ynet

Avigdor Lieberman en el Ministerio de Asuntos Exteriores es la última cosa que necesita Israel en estos momentos. Dondequiera que vaya, los medios de comunicación locales dirán que el representante oficial del Estado de Israel es alguien que propone que se revoque la ciudadanía a los árabes israelíes.

Ya tenemos suficientes enemigos de Israel que dicen: “ya os lo dijimos, el sionismo es racismo y un Estado judío es un estado de apartheid”. Con Lieberman al frente, sería difícil para nosotros explicar que sus ideas, que contradicen nuestro espíritu democrático, también están en contradicción con la posición sionista, la estructura constitucional de Israel, y su Declaración de Independencia.

Sin embargo, Lieberman puede obtener el Ministerio de Asuntos Exteriores ya que logró 15 diputados y nada puede ocultar este hecho. Los verdaderos partidos sionistas, tanto a derecha como a izquierda, que creen en un Estado judío y democrático deben tenerlo en cuenta. Deben preguntarse cómo ha ocurrido y cual es el origen de esta situación.

Por lo general, la mayoría de esos partidos elude la cuestión de la relación entre la mayoría judía y la minoría árabe. La derecha tiende a ignorar la angustia de los árabes israelíes, mientras que la izquierda sólo tiende a ser consciente de esa angustia y, por lo tanto, se mantiene totalmente en silencio ante hechos por parte de esa minoría que son contradictorios con su pretendido deseo de incorporarse a la sociedad civil.

En medio, tenemos a un gran grupo de votantes cuya impresión de la minoría árabe se basa fundamentalmente en la conducta de los miembros árabes de la Knesset. Sin embargo, la impresión creada por estos diputados va mucho más allá de ser engañosa. Algunos de ellos violan la ley mientras apoyan a estados enemigos de Israel en momentos de guerra. Otros no tienen más placer que, y no tengo otra palabra mejor para describirlo, que tratar de provocar a la mayoría judía. En nombre del derecho a la libre determinación de la minoría se niega ese mismo derecho a la mayoría y deliberadamente se concentran en profundizar las heridas en el lado judío.

Estas provocaciones envían cada vez más electores al campo de Lieberman. Mientras tanto, éste propone una inmoral y antidemocrática solución al problema de la relación entre la mayoría y la minoría, pero al menos ofrece algo, o al menos lo parece (en la práctica que no ofrece nada, sus propuestas no tienen ninguna posibilidad de materializarse).

Por lo tanto, quizás ha llegado el momento de empezar a abordar la cuestión más en serio. El peligro al que se enfrentan los árabes israelíes - la discriminación en las transferencias de fondos del gobierno, la discriminación en el empleo y la visión negativa de ellos - son una peliaguda cuestión que requiere de cuidados intensivos. La derecha haría bien si interioriza este asunto: la creciente angustia no fomenta una ciudadanía fiel. Sin embargo, la izquierda también tiene que aprender alguna cosa.

La incontrolada e irresponsable provocación de los diputados árabes no debe ser aceptada con ningún tipo de comprensión. De hecho, no debería barajarse la proscripción de sus partidos - de hecho no sería prudente -, pero tampoco deberíamos ignorar su apoyo al enemigo en tiempos de guerra y permanecer en silencio de cara a una campaña que apunta a deslegitimar el derecho de los judíos a un estado.

Sin embargo, no sólo debemos responderles, también debemos trabajar políticamente: eliminando la discriminación por una parte, pero por supuesto insistiendo en sus obligaciones civiles por la otra. No debemos implantar tests de lealtad o amenazas de revocación de la ciudadanía, en cambio, por ejemplo, podemos introducir el servicio nacional en el sector árabe (en contraposición a la oposición de los diputados árabes, la gran mayoría de la opinión pública árabe apoya dicho servicio: el 74% según una encuesta realizada por el profesor Sami Samocha).

No habrá manera de neutralizar el "Liebermanismo" en el caso de que éste pueda seguir retratándose a sí mismo como el único que se atreve a responder a las provocaciones de los diputados árabes y el único que ofrece una solución a la cuestión de las relaciones entre la mayoría y minoría. Los partidos sionistas, todos ellos, deben presentar una posición y una respuesta sobre esta cuestión. Esa es su responsabilidad.

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Saturday, February 14, 2009

Quién ha votado a quién - Haaretz

- Por ciudades:


Jerusalem


Tel Aviv-Jaffa


El asentamiento de Ariel, en Cisjordania


Sderot, la ciudad que más ha sufrido los ataques desde Gaza


Umma al-Faham (la mayor ciudad árabe)

- Por Comunidades:


Comunidades judías entre 100.000 - 200.000 habitantes


Comunidades judías entre 2.000 - 10.000 habitantes


Kibbutzim


Comunidades no judías entre 50.000 - 100.000 habitantes


Comunidades no judías entre 2.000 - 10.000 habitantes


Beduinos

La idea proviene del blog Guerre ou paix

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Livni, la princesa de la tribu - Ari Shavit - Haaretz


© Jerry Lampen y Damir Sagolj / Reuters

(El pobre Ari todavía no se ha recuperado del golpe. Fue sorprendente su diatriba de última hora contra Livni, y aún ahora su empeño no decae. Algunas son verdades muy ciertas, pero también hay una falta de crítica a los defectuosos mensajes envíados por los partidos de izquierda, recayendo toda la responsabilidad en una "princesa" embrujadora y en un electorado de izquierdas demasiado voluble, y que parece no haber tenido motivos serios, aparte del "embrujo" y de intentar parar a Bibi, para abandonar la "buena senda". Seguro que Ari, dentro de poco, corregirá el alza de su fúsil y también se hará otras preguntas).

El resultado de las elecciones de 2009 es claro: Tzipi Livni venció a la izquierda y fue batida por la derecha. La líder del Kadima consiguió un éxito espectacular aplastando al Partido Laborista y al Meretz. Sin embargo, no logró morder votos en el bloque de la derecha. Por lo tanto, la derecha tendrá una sólida mayoría en la Knesset, lo que le permitirá formar el próximo gobierno.

La campaña victoriosa de Livni no sólo ha sido permitido el ascenso de Avigdor Lieberman, ha arruinado a Ehud Barak y destruido a Haim Oron, y ha dado forma a un sistema de gobierno sin precedentes dominado por tres partidos cuyos líderes proceden del Likud. Un sistema de gobierno sin nadie de la izquierda.

Nadie mató a la izquierda, ella sólo se suicidó. En un repentino estallido de frenesí tribal prefirió votar al partido que nos ha llevado a dos guerras antes que a los partidos de la moderación [léase de izquierdas o Laborista en especial], prefirió al partido de Daniel Friedmann antes que a los partidarios del imperio de la ley. La izquierda ha abandonado la política de la verdad y de los valores para abrazar la política de los cambios y las imágenes. Y en el momento de votar eligió a Yoel Hasson del Kadima sobre Zahava Gal-On del Meretz, votó a favor de Reuven Adler y no de Amos Oz. En lugar de seguir los pasos de David Ben-Gurion y de Yitzhak Rabin, la izquierda ha preferido la vía Kadima.

¿Pero por qué se ha suicidado la izquierda? A causa del temor y de su disgusto. Temor a Benjamin Netanyahu y aversión a un Ehud Barak que ha guiado sin sentido a su partido durante las últimas semanas. El miedo y la aversión se refinaron en un gran y apasionado amor por Livni.

Y cuando la izquierda se enamoró, dejó de hacerse preguntas. De hecho, se prohibe cualquier pregunta. Al igual que los niños de Hamelin, la mitad del campo de la paz siguió al flautista Eyal Arad y ha terminado en el río. La izquierda se encontrará representada en la 18 ª Knesset por personas como Shaul Mofaz, Tzachi Hanegbi, Balila Ruhama Avraham, Eli Aflalo y Otniel Schneller [dirigentes de procedencia derechista, Likud, del Kadima].

El éxito de Livni ha sido enorme. Sin sustancia o con ella [alusión a un anterior artículo donde una garganta profunda le contaba los defectos y límites de Livni], la ministra de Exteriores es una gran militante. Aunque ella fue la gran sacerdotisa de la guerra de Gaza, se las arregló para ganar el apoyo de la izquierda, esa que pensaba que la guerra era un crimen. Aunque abiertamente ha cortejado a Lieberman, se ganó los votos de aquellos que abominan y quieren terminar con Lieberman. Aunque está flanqueada por Hanegbi y Haim Ramon, consiguió obtener los votos de los que apoyan a la Corte Suprema de Justicia y la lucha contra la corrupción.

Livni ha resquebrajado el código de "tribu limpia" de la izquierda. Ha conseguido que se pasarán a la "tribu de la princesa". Pero este logro no la convertirá en primera ministro. Debido a este éxito, el próximo gobierno no tendrá una alternativa de izquierdas.

No había ninguna posibilidad real de derrotar al bloque de derechas y religioso vencedor en las elecciones de esta semana. La alternativa realista, cuerda, era un gobierno de unidad nacional encabezado por Benjamin Netanyahu, Livni y Barak. Pero la ilusión de derrotar a la derecha, creada por Adler y Arad, engañó a numeroso fieles.

El resultado es muy duro. El próximo gobierno, en vez del eje fundador Likud-Laboristas, será un eje Likud-Yisrael Beiteinu. Irónicamente, aquellos de la izquierda que abandonaron los partidos de izquierda para detener a Netanyahu no han logrado detenerlo. Todo lo que hicieron fue fortalecer a Lieberman. Incluso pueden haber impuesto a Netanyahu la entrada de la extrema derecha en el gobierno, algo que él ha tratado tanto de evitar.

El pueblo ha hablado y debe respetarse su voluntad. El partido Laborista y el Meretz deben servir al estado desde la oposición y los desertores de la izquierda deben realizar su propia introspección.

Netanyahu, con toda probabilidad, será primer ministro, pero para evitar un posible negro futuro debemos hacer todo lo posible para garantizar que Kadima sea el socio del Likud en el gobierno. En estas circunstancias, un gobierno Bibi - Tzipi es un mal menor.

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Friday, February 13, 2009

La izquierda de Israel tiene lo que se merece - Israel Harel - Haaretz



(Hay más explicaciones, pero algunas están aquí)

Zahava Gal-On, Shelly Yachimovich y muchos otros de la izquierda explican sin cesar, al mundo exterior por lo menos, que el partido Laborista y el Meretz se estrellaron en las elecciones del martes pasado porque no fueron sensibles a las dificultades socioeconómicas de la población, y también, por supuesto, porque que cometieron errores estratégicos durante su campaña.

Excusas. Cuando el terror golpea sin piedad y sin tregua desde que la izquierda trajo el desastre de Oslo a la nación, y en muchos lugares en el Negev y en la Galilea los judíos no se atreven a viajar por la noche por miedo a que sus coches sean apedreados, la angustia socioeconómica, aún permaneciendo grave y dolorosa, incluso para los electores más pobres se convierte en un elemento secundario.

Ehud Barak no ha perdido a causa de su apartamento de lujo en Tel Aviv. Ha perdido porque incluso durante la Operación Plomo Fundido no tuvo el coraje necesario para derrotar de forma decisiva al terror proveniente de la Franja de Gaza. Y el Meretz porque comenzó a reclamar el fin de la operación al tercer día, y porque alguna de su gente acusa al IDF de crímenes de guerra.

Ha sido el aumento de las actividades de oposición entre los árabes israelíes en contra de Israel, y que a menudo exceden los límites de la legítima expresión de la opinión, así como la olvidada situación del pueblo judío lo que ha enajenado a la izquierda de los electores. Durante años, los votantes han oído sus tonos estridentes cuyo principal acorde, de acuerdo con la sentencia dictada este martes, es una excesiva identificación de estos sectores de la izquierda con el nacionalismo árabe-palestino, incluso en medio de una feroz campaña de terror contra los propios judíos.

Y en ese escenario, ni siquiera se ha escuchado la más mínima expresión de pesar [de autocrítica] tras conocerse los resultados electorales. El error en este caso, según nos cuentan los representantes de la izquierda, estuvo en que el camino hacia la paz no fue lo suficiente y convenientemente explicado a la opinión pública, como si los medios de comunicación impresos y electrónicos no les hubieran invitado repetidamente a hacer llegar sus mensajes a la opinión pública. El terror árabe ha llegado a su paroxismo precisamente como consecuencia de las amplias concesiones que el estado ha permitido gracias a estos mismos partidos que ahora se acaban de estrellar en las urnas, recibiendo finalmente lo que han sembrado.

Los votantes han declarado que esta ideología, la defendida por la izquierda durante los últimos 20 años, ha fracasado totalmente en los ámbitos de la seguridad y del conflicto palestino-israelí (los diversos acuerdos de Oslo, y las concesiones territoriales realizadas hasta el desarraigo de Gush Katif, han aplazado la paz y, desde luego, no la han acelerado), al igual que han fracasado según los electores sus políticas referentes a las relaciones entre judíos y árabes de Israel. La amplia defensa por parte de los partidos de izquierda de la insostenible posición de los árabes de Israel, apoyada también por parte de las autoridades judiciales, y sobre todo por la Corte Suprema de Justicia, sólo ha incrementado las determinación de los árabes de separarse y de establecer su propia región autónoma política y cultural, y eso también fue percibido por los votantes.

Como resultado, los votantes se inclinaron por una derecha que sí está dispuesta a hacer frente a estas cuestiones: Likud, Yisrael Beiteinu, Shas, Unión Nacional y Habayit Hayehudi y 60 de sus 65 escaños en la Knesset (el Judaísmo Unido en la Torah está fuera de esta imagen). Una mayoría muy decisiva. Y la izquierda que prefirió huir antes que plantarlas cara (a lo Barak) o que adoptó una posición pro-árabe palestina (a lo Meretz), sólo ha recibido 17 escaños de la Knesset. Kadima, que parece situarse a la izquierda en ciertos temas, no está exactamente con ellos.

Y así, incluso en los bastiones más seguros del Meretz, en los kibbutzim del movimiento Hashomer Hatza'ir, se prefirió el voto útil al Kadima. Incluso en el kibutz Merhavia, con todo lo que simboliza para la izquierda radical-sionista, el Meretz perdió ante el Kadima. Lo mismo sucedió en el kibutz Mishmar Ha'emek. Muchos miembros del Movimiento Unido Kibbutz han votado a favor de Kadima y no por los laboristas. Y no sólo por el aura glamorosa de Tzipi Livni. Sino al contrario, principalmente porque Barak y un gran número de los candidatos del partido han perdido su aureola sionista, dejaron de respetar las reglas del juego y abandonaron la dirección nacional del sionismo socialista.

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Wednesday, February 11, 2009

Tzipi lo logró (eso creo...)











Y eso a pesar del muy puñetero, por llamarlo de algún modo, artículo de última hora de mi admirado Ari Shavit

- Actualización, con casi el 41% del voto escrutado:

Kadima un 22.9%, el Likud un 21.8%, Yisrael Beiteinu y los Laboristas un 13.1% y un 10.1% respectivamente. Después, el Shas con un 8.8%, United Torah Judaism un 3.6% y el Meretz un 3.2% (ay, que me da algo de la risa. Tan buenos chicos que son, tan presentables en el exterior, tan de progreso en definitiva, y mira que no aprenden). Finalmente, Nacional Unión un 3.0%, Hadash un 2.9%, Habayit Hayehudi (Jewish Home) un 2.7%, United Arab List-Ta'al un 2.5% y Balad un 1.9%.

- Actualización, con el 80% del voto escrutado:



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Tuesday, December 23, 2008

Encuestas y tendencias - Shmuel Rosner

Sunday, December 14, 2008

Reorganización de la derecha en Israel - David Hazony - Commentary

Como el Partido Likud se encuentra en la posición de cabeza en las encuestas, la atención se dirige a la derecha política de Israel, y, en particular, a su extrema derecha. El campo nacional-religioso se ha reagrupado, unificándose sus diferentes partidos y desprendiéndose de sus antiguos dirigentes, que siempre fueron percibidos como burócratas, no terriblemente ideológicos, o, alternativamente, mesiánicos y alienantes a la hora de integrar al resto de los israelíes.

El más importante recién llegado a la escena política de Israel es Daniel Hershkowitz, quién ha sido nombrado líder del recién constituido partido Hogar Judío. Hershkowitz es a la vez un rabino y un erudito. Él es un matemático de gran categoría de la Technion, el equivalente en Israel de la MIT (Massachusetts Institute of Technology). Aunque mantiene sus propias opiniones políticas muy cerca de su corazón, se ha ganado una buena reputación en la parte norte del país como persona de acogedora personalidad, alguien que sabe cómo trasladar los textos y los valores clásicos judíos en un idioma aceptable para los israelíes laicos . La perspectiva de una política real ajena a la vez a lo establecido y al establisment rabínico, da buena cuenta de las esperanzas y fascinación suscitadas por su nombramiento, aunque el tiempo nos dirá cómo resiste a los excesos de una campaña política. Manténganse sintonizados.

El otro gran evento es el drama desatado en torno a Moshe Feiglin, cuyo movimiento "Liderazgo judío" ha estado tratando durante más de una década de introducirse dentro del seno del propio Likud. En esta semana de primarias del Likud, Feiglin obtuvo la plaza número 20 en la lista para la Knesset, lo que puede suponer un espanto para la Knesset.

Pero Feiglin sigue siendo una pesadilla para el líder del Likud, Benjamin Netanyahu. Los puntos de vista de Feiglin se han moderado en los últimos años, pero aún tiene posiciones que están lejos del establisment: está a favor de que Israel se retire de las Naciones Unidas, se opone abruptamente a cualquier negociación de paz sobre la base de renunciar a la tierra, y aunque se ha distanciado él mismo de un posible traslado forzoso de los palestinos de Cisjordania, popularizado por el rabino Meir Kahane, todavía sostiene la posibilidad de reducir su población mediante la retribución de aquellos que estén dispuestos a emigrar. Con razón o sin ella, Feiglin ha sido para la izquierda lo que Yossi Beilin fue siempre para la derecha: un pararrayos, un símbolo de todo lo que es monstruoso, alguien que reprobar y pluralizar con placer: "todos esos Feiglins". Además, su nombre recuerda a un villano de Dickens, algo que la izquierda erudita ha usado con ventaja.

Eso no es lo que Bibi necesita. Durante años ha trabajado para dispersar las sospechas de que era una hoja de parra para el movimiento colono, para convencer a los israelíes de que el centro-derecha político no puede ser considerado responsable del asesinato de Rabin, que está comprometido con la paz y con una eventual retirada de Cisjordania, que es un líder plausible para el país. Por lo tanto, inmediatamente después de las primarias, volvió hacia atrás, y el Likud utilizó una argucia técnica como excusa para retrasar la posición de Feiglin hasta la plaza número 36, haciendo su entrada en la Knesset mucho menos probable. Eso fue juego sucio, un transparente esfuerzo por hacer caso omiso de lo que expresaron los votantes. Pero también pudo ser la única esperanza del Likud de mantener su legitimidad ante los ojos del establisment israelí, que ha quedado muy impresionado con la nueva lista con figuras apreciadas como Moshe Yaalon y Benny Begin.

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