Monday, February 18, 2013

Jabotinsky no lo habría consentido - Jacob Tubi - Haaretz



La situación nacional de la minoría árabe-palestina en el Estado judío es un tema importante con implicaciones de largo alcance para el futuro de la empresa sionista. Muchas personas tienen dificultades para conciliar el oxímoron de un "Estado judío y democrático". Una de las formas ofrecidas por reconciliar esta “contradicción lógica”, desde el sector izquierdista del mapa político, está contenida dentro de la idea de un Estado binacional. Es decir, un Estado que a través de su identidad y sustancia de una expresión adecuada a las aspiraciones nacionales de ambas naciones que viven dentro de él.

Dmitry Shumsky parece aún buscar reclutar para esta causa al fundador y creador del movimiento revisionista, el progenitor de movimiento que desencadenó en el actual Likud, ("Al rechazar a los diputados árabes para una futura coalición, Yair Lapid también rechaza los valores judíos", 03 de febrero). Para ello se sirve de dos artículos escritos por Zeev Jabotinsky sobre el tema, resumiendo la postura del líder revisionista con una frase de uno de estos artículos que aparentemente sostiene que el futuro Estado judío "debe ser construido legalmente como un Estado binacional“. A partir de esta frase, sobre todo en una época en la que el poder judicial determina el carácter nacional, es un pequeño salto concluir que Jabotinsky “estaba dispuesto a sostener un Estado binacional árabe-judío” en el que ambas identidades nacionales fueran iguales.

Pero cualquiera que esté profundamente familiarizado con el pensamiento de Jabotinsky y que haya estudiado estos dos artículos mencionados,  sabe perfectamente que el líder sionista no previa ciertamente ese "Estado binacional" tan anhelado e imaginado por los defensores contemporáneos de la idea. Aunque es cierto que Jabotinsky declara en su artículo de 1926, "Sobre la Tierra de Israel como un Estado binacional", que la ley del futuro Estado judío "debía garantizar la igualdad nacional". Es decir, debe conceder derechos colectivos nacionales a la minoría. A su juicio, la minoría árabe merecía una "autonomía interna", por ejemplo en materia de educación, religión y bienestar, y que se realizara plenamente en el Estado de Israel.

Más adelante, en el mismo artículo, Jabotinsky deja claro que la mayoría demográfica judía - una mayoría que el Estado judío se esforzaría en establecer y mantener a toda costa - garantizaría que ese Estado binacional fuera en efecto el "Estado nación de los judíos”. Y esto, porque "todo el espíritu de la legislación, que delimita las vidas de los habitantes más allá de los estrechos cotos de la escuela, la religión, la familia y la caridad, la disciplina social del Estado... todos los métodos de la agricultura, la industria y el comercio se marcarán con el sello de la mayoría judía". En esto se incluye incluso el arte creado en el Estado. El carácter judío del Estado será tan fuerte, escribió Jabotinsky, que las características no judíos jugarán solamente un papel secundario. Él incluso fue tan lejos como para esperar o imaginar que la mayoría árabe, a pesar de todos los derechos concedidos a la misma, finalmente se asimile dentro de la mayoría judía, es decir, adopte las perspectivas y los hábitos característicos de los judíos, inclusive incorporando el hebreo en su lenguaje cotidiano.

Aquí está la prueba de que el Estado binacional de Jabotinsky era en efecto un código para una igualdad civil y judicial de la minoría árabe, pero ciertamente no era un plan de acción para el establecimiento de una entidad política meramente judía-árabe.

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Thursday, December 27, 2012

"Entre Ze'ev Jabotinsky y Menachem Begin", un libro de Yechiam Weitz - Shlomo Nakdimon - Haaretz



Por extraño que parezca, Yechiam Weitz, un historiador cuyas raíces son profundas en el movimiento obrero y cuya familia formó parte de los líderes y fundadores de las ramas políticas y de seguridad pre-estatales, ha abrazado la derecha sionista y revisionista, además de todos sus elementos constitutivos como el foco de su interés académico y de investigación. "Entre Zeev Jabotinsky y Menachem Begin" es su tercer libro sobre el tema, después de "Desde la militancia clandestina al partido político: El establecimiento del movimiento Herut, 1947 -1949" (2003) y "El primer paso para la llegada al poder: El movimiento Herut, 1949-1955" (2007). Y éste último libro, nos dice Weitz, no será el último de la serie.

"Entre Zeev Jabotinsky y Menachem Begin" es una colección de artículos de investigación publicados en los últimos años por Weitz, Profesor de historia en la Universidad de Haifa, los artículos de su ensayo se leen de manera diferente cuando se presentan reunidos en una única recopilación. Me parece interesante que el autor optara por lanzarse, como él mismo dice, a las fauces abiertas de una ideología que su abuelo Yosef Weitz y su padre Raanan Weitz habían deseado ardientemente que desapareciera de la faz de la tierra.

En un esfuerzo para asegurar una ausencia de sesgo en la investigación, Weitz presentó sus ensayos para su revisión a Arye Naor, un profesor emérito de Política y Administración pública en la Universidad Ben Gurión, y él mismo miembro de una familia profundamente arraigada en el movimiento revisionista. Los partidarios de la derecha sionista revisionista realmente pueden presumir que la investigación de Weitz ha contribuido a generar un incremento general en el interés y en el estudio académico de la doctrina Jabotinsky, incluso entre aquellos sectores de la sociedad israelí que se oponen férreamente a la ideología revisionista.

El estudio del movimiento Revisionista Herut resulta fascinante, escribe Weitz. Es de suma importancia en el momento actual. El movimiento Herut, cuya encarnación posterior fue el Likud, ahora conforma una especie de dinastía gobernante, similar a lo que una vez conformó el Mapai. Esto explica por qué la investigación de Weitz da herramientas para entender no sólo el pasado, sino también el presente. Weitz sugiere que hay muchas vías de investigación, en particular las que se refieren al período posterior a la primera convulsión política de 1977, cuando Begin y el Likud accedieron al poder por vez primera, que aún no han sido investigados.

Una estudiante de Weitz, Ofra Gruweis-Kovalsky, y una estudiosa del revisionismo por propio derecho, le aconsejó completar el prólogo de su libro con una estrofa del poema "sihat Beinayim" ("Conversación Provisional") de Natan Alterman: "Entonces las cosas de importancia secundaria se dejaron olvidadas / Y la esencia está inscrita, grabada. / Y entonces regresamos al argumento / pero volvemos de manera diferente".

En mi interpretación, la intención de Alterman era indicar que el tiempo cura todas las heridas. Así pues, la utilización del poema reduce a un segundo plano a los titulares de esa lejana época, cuando describía mundos en colisión y la paja era separada del trigo, y se mantenía la esencia. Esto no quiere decir que el argumento nunca llegue a su fin, al igual que los que ahora están argumentando tener un enfoque diferente.

Sin embargo, es importante señalar que los temas que una vez ocasionaron enormes diferencias de opinión entre el movimiento laborista y el revisionista, no se trataban meramente de desacuerdos semánticos y no eran de importancia secundaria (y tal vez Alterman no se refería a esta rivalidad ideológica en absoluto). Estas diferencias estaban profundamente arraigadas, y nos hablaban del núcleo de las creencias divergentes de los israelíes. Me referiré a tres de estas diferencias, cada una de ellas reseñada por Weitz.

El primer caso se refiere al XVII Congreso Sionista, en 1931, donde Jabotinsky tenía una oportunidad de oro para ser elegido presidente de la Organización Sionista Mundial. En su lugar, sin embargo, "él llegó hasta a romper su tarjeta de delegado, dirigiendo a su movimiento por un camino que llevó hasta la ruptura interna, a su retirada de la Organización Sionista Mundial (WZO) dos años después y a su lamentable capítulo final", escribe Weitz. Weitz no delinea las razones que provocaron que Jabotinsky renunciara a la oportunidad de su vida. Pero, ¿eso es realmente lo que pasó? No exactamente. Es cierto que Jabotinsky logró reunir una mayoría que estaba a favor de su trayectoria política, un camino con el que Mapai y sus partidos afines no estaban de acuerdo. Pero en un brillante pero "apestosa" maniobra, para usar la jerga de una época más reciente, el Mapai removió la alfombra bajo sus pies y con ello su victoria.

David Ben-Gurion, quien fue la figura activa detrás de las escenas vividas en el XVII Congreso Sionista, posteriormente se replanteó una posición en el centro del escenario, en las elecciones para el XVIII Congreso Sionista en 1933, cuando Chaim Arlosoroff fue asesinado. Ben-Gurion, que había comenzado a desarrollar una capacidad de liderazgo impresionante, convirtió el asesinato en una campaña de incitación contra Jabotinsky y sus colegas, con un gran éxito. Esto no detuvo a los dos hombres después de la celebración de una reunión en la cumbre de Londres, que fue iniciada por Pinhas Rutenberg.

Era la primera vez que los dos hombres se daban a conocer a los demás de cerca. A pesar de la amistad que luego se desvaneció y tras la cual se renovaron los combates, el intercambio de correspondencia entre ellos, antes y después, está lleno de estima mutua.

El segundo caso se refiere al día siguiente de la muerte de Jabotinsky, en agosto de 1940. Zalman Shazar, entonces el editor de Davar, el diario del movimiento obrero (y más tarde el tercer presidente de Israel), escribió un elogio en la primera plana de Jabotinsky junto con Eliahu Golomb, por entonces el comandante sin corona de la organización pre-estatal, un afiliado al partido laborista y un miembro de la milicia del Haganah). Shazar escribió la parte ideológica-sionista del elogio y
Golomb la parte militar. Shazar recordó con cariño el pasado del difunto, escribiendo que Jabotinsky fue "un violín que tocaba las esperanzas de Sión", “el niño prodigio y el hijo pródigo de todo el movimiento..., quien estaba destinado a ser el primer violín de la orquesta".

El líder revisionista se "había ganado el corazón de las masas y de los jóvenes al unirse a la guerra por la libertad y por el renacimiento" y "siempre ardió en él el fuego de la esperanza de la independencia de Israel", escribió Shazar, y agregó: "Que éste violín que estaba destinado a ser el primer concertista de la orquesta del renacimiento de Israel haya sido destrozado, representa un destino que no se cumple".

Después de que el elogio se publicara, el Histadrut, la federación sindical, convocó a su consejo general - que en ese momento era el Sancta Santorum del movimiento obrero - y trató de crucificar a Shazar por estas palabras de alabanza.

Un tercer caso relatado por Weitz tuvo lugar en febrero de 1969. Ben-Gurion, entonces un primer ministro jubilado y un diputado de la facción Rafi, escribió una carta a Begin en donde mencionaba su pasada y difícil relación, agregando que "personalmente, nunca te tuve ningún rencor personal, y cuanto más he llegado a conocerte durante estos últimos años más respeto he desarrollado hacia ti".

No estoy seguro de que estas palabras hubieran pasado la prueba del detector de mentiras. Pero es cierto que en 1967, cuando Ben-Gurion ya era un político marginal, Begin trató de devolverle a la presidencia debido a la sensación de crisis que prevalecía en Israel, y de repente Ben-Gurion volvió a escribir nuevas páginas en su diario, después de lo cual las expresiones de menosprecio por Begin ya no aparecieron.

Cuando se leen las páginas de su fascinante diario, nos encontramos con que Ben-Gurion había transferido su aborrecimiento de Jabotinsky a Begin (ambos hombres eran, en su opinión, un reflejo del hitlerismo), pero en los días que siguieron a la Guerra de los Seis Días, incluso compartió con Begin sus sentimientos de dolor y de tristeza por haber sido prevenido, según decía, por la mayoría de miembros del Mapai dentro de su gabinete de intentar liberar Jerusalén en 1948. Begin ahora se había convertido en un interlocutor de Ben-Gurion, el cual incluso solicitó a Begin su valoración de una dura denuncia del primer ministro Levi Eshkol, que hasta poco antes había sido el aliado de confianza de Ben-Gurion y a quien había recomendado para el cargo de primer ministro, pero que ahora detestaba.

Todo esto explica por qué es imposible describir este pasado como de importancia secundaria. En su libro, Weitz ofrece al lector capítulos ricamente detallados sobre estas particulares diferencias de opinión para que así podamos entender la política de la época, aunque es difícil establecer comparaciones entre el entonces y el ahora.

El profesor Isaac Ben-Israel, un general en la reserva y un ex diputado de Kadima, ha ideado una interesante escala ideológica. En ella se clasifica a los líderes sionistas que nos han llevado hasta el momento presente de la siguiente manera: Herzl y Nordau fueron los visionarios del sionismo, Chaim Weizmann fue una especie de institución en sí mismo, y Jabotinsky y Ben-Gurion fueron la pareja más práctica y operativa.

Ben-Gurión y Jabotinsky formaron un buen equipo, porque mientras Jabotinsky ideaba la doctrina del "Muro de hierro" en la que solicitaba el reconocimiento de los árabes en general, y de los árabes de Palestina en particular, de los objetivos de los sionistas, siendo esa la única manera que permitiera que llegaran a un acuerdo con nosotros, básicamente porque se habrían dado cuenta de que nunca serían capaces de superarnos porque el “Muro de hierro” no lo permitiría, Ben-Gurion, esencialmente, se convirtió en el ejecutor de la fórmula ideada por Jabotinsky, quien murió a los 59 años.

Menachem Begin es el protagonista del libro, aunque sólo se deba a la tesis del autor de que Begin fue una figura más significativa que Jabotinsky. Para ello ofrece esta explicación: "Mientras que Jabotinsky llevó a su movimiento a un callejón sin salida (tras la ruptura con la WZO), fue Begin quien le llevó hasta la sede del gobierno por vez primera en la historia del movimiento sionista y del Estado de Israel".

Weitz, justificadamente, escribe que Begin es merecedor de una nueva y actualizada biografía, que esté libre tanto de la ferviente admiración de sus fans como de la vehemente oposición de sus enemigos.


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Saturday, July 28, 2012

Jabotinsky y la tradición judía: para terminar con las calumnias - Pierre Itshak Lurcat - UPJF



Una de las numerosas calumnias que han sido propagadas al sujeto de Jabotinsky concierne a su relación con el judaísmo y la religión en general. Según esta acusación, él era un "enemigo" del judaísmo y de la tradición judía, que habría querido "erradicar" del Estado judío en gestación... (Yo había respondido a este respecto a un rabino francés que difundía tales acusaciones en su web y que después las ha retirado. De lo cual tomo nota). Ahora bien, un examen más cuidadoso revela que no hay nada más alejado de la realidad que esta descripción caricaturesca del fundador de Betar y del partido sionista revisionista.

Jabotinsky creció en un hogar judío tradicional, donde se celebraba el shabbat y las festividades judías, tal como lo describe en su autobiografía. Es cierto que se despegó muy temprano de la práctica religiosa, pero conservó un fuerte apego a la Biblia hebrea, que conocía de manera profunda, y que le inspiró, además de su novela bíblica "Sansón", varias textos importantes y conceptos sociales originales girando alrededor del Yovel, del cual hizo la piedra angular de su pensamiento social y económico.

Si el partido revisionista era en sus comienzos un partido laico, aspirando a la normalización y secularización de la condición judía, al igual que las otras corrientes mayoritarias en el movimiento sionista (con la excepción de Mizrahi), conoció sin embargo una evolución significativa - paralela a la de su fundador - vinculada a varios factores concurrentes, tanto históricos como personales.

El acontecimiento que determinó esta evolución fue el affaire Arlosoroff y la valiente toma deposición del rabino Kook, que se levantó públicamente contra de las falsas acusaciones realizadas contra Abraham Stavsky y de sus camaradas, acusados del asesinato de líder laborista, y que fueron finalmente exonerados. Jabotinsky se mostró muy impresionado por el compromiso y la estatura moral de Gran Rabino Kook, tal como se reveló durante este episodio, y concibió una gran admiración por él, comparándolo en un famoso pasaje al "sumo sacerdote" de la Biblia.

En una carta de fecha 22 de junio de 1934, dirigida al rabino Nathan Milikovsky (el abuelo de Benjamín Netanyahu), Jabotinsky escribió estas palabras:
El nombre del rabino K. se ha convertido en el espacio de una sola noche en un símbolo sublime en el corazón de la multitud. Y yo mismo, con toda humildad, si no fuera totalmente ignorante de las cosas de la tradición, temiendo expresarme sobre temas religiosos, elegiría precisamente este momento para lanzar un llamamiento público con el que sueño desde los tiempos de mi juventud: renovar, en nuestros días, el título de "Kohen Gadol" (Sumo Sacerdote). Estoy convencido de que la mayoría de los judíos en todo el mundo lo aceptaría con entusiasmo, e incluso los gobiernos (en los países que reconocen el judaísmo como una comunidad religiosa) ratificarían esta decisión. Pero no me atrevo ...
Un año más tarde, en 1935, en el congreso de fundación de la Nueva Organización Sionista (NOS), Jabotinsky acoje con simpatía la "Alianza de Yéchouroun", una corriente sionista revisionista religiosa dentro del partido, a pesar de la fuerte oposición de varios miembros de la vieja guardia del partido, entre los que figuran Adia Gourevitz Adia (fundador del movimiento cananeo) y su propio hijo, Eri Jabotinsky. En su discurso ante el Congreso de la NOS, Jabotinsky, declara:
"Por supuesto, la religión es un asunto privado de cada uno ... En ese ámbito debe reinar la libertad absoluta, heredada del antiguo liberalismo sagrado ... Pero no es una cuestión privada si el Monte Sinaí o los profetas son unos cimientos espirituales o una especie de momia almacenada en una vitrina de un museo, al igual que el cuerpo embalsamado del faraón ...

Este es un tema esencial y de nivel superior para un Estado y para nuestra nación, velar para que ese fuego sagrado perpetuo no se extinga ... para que sea preservado en medio del tumulto de incontables influencias que arrastran a la juventud de nuestros días, y a veces la engañan y envenenan, ya que esta influencia es una de la más puras - el espíritu de Dios -, para que un subsista para sus partidarios y una tribuna para sus promotores

Este es un tema esencial y de nivel superior para un Estado y para nuestra nación, velar para que ese fuego sagrado perpetuo no se extinga ... para que sea preservado en medio del tumulto de incontables influencias que arrastran a la juventud de nuestros días, y a veces la engañan y envenenan, ya que esta influencia es una de la más puras - el espíritu de Dios -, para que un subsista para sus partidarios y una tribuna para sus promotores".
Así Jabotinsky, lejos de querer "extirpar el judaísmo" del futuro Estado judío, se preocupa por el contrario de hacerlo perdurar (Un poco como Ben Gurion, que se mostrará muy tolerante con las reclamaciones de los judíos ortodoxos en educación y exención del servicio militar en la década de 1950). En la misma época, también escribió que "el hecho de que el alumno observe o no las mitzvot, es un asunto personal, pero debe conocer nuestras costumbres, así como nuestra historia y literatura, porque las costumbres forman parte del alma de la nación ...".

La evolución de Jabotinsky tiende también a una profunda comprensión del papel de la tradición. Después de que tantos líderes sionistas de su generación hubieran rechazado el yugo de la Yiddishkeit y de las mitzvot - vestigios de un pasado sobre las ruinas del cual querían construir una nueva nación mediante la creación de un "judío nuevo" -, él llegó en los años 1930 a una apreciación positiva de la importancia de la tradición judía, a la cual atribuye un papel clave en la construcción de un Estado y de una nación hebraica.

En su discurso programático durante el congreso de fundación de la NOS en Viena en 1935, Jabotinsky define así el objetivo del "sionismo supremo":
El Estado judío no es más que la primera fase de la realización suprema del sionismo. Después de esto viene la segunda fase, el retorno del pueblo judío a Sión ... Sólo en la tercera fase aparecerá la meta final y auténtica del sionismo supremo, la finalidad por la cual las grandes naciones existen: la creación de una cultura nacional que transmitirá su esplendor en el mundo entero, como está escrito: "porque de Sión saldrá la Torah".
Esta no es la menor paradoja de pensamiento rico y complejo del "Rosh Betar" - a menudo representado de manera caricaturesca como un judío totalmente asimilado y enemigo de la tradición -, que esta vocación de crear el futuro Estado judío, creación por la que dio su vida, se expresa específicamente con las palabras del profeta Isaías.

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Sunday, April 01, 2012

Malinterpretando a Jabotinsky y la crisis de Peter Beinart - Rick Richman – NYSun



El 19 de marzo, el New York Times publicó un fragmento - que cubre casi la mitad de la página de editoriales - del nuevo libro de Peter Beinart "La crisis del sionismo”, y en cual el Sr. Beinart propone boicotear las comunidades judías en los territorios en disputa de Cisjordania. Al final de dicho día, una extraordinaria variedad de más de 20 prominentes bloggers prominentes de izquierda, derecha y centro habían desmantelado el artículo de opinión del Sr. Beinart.

En el Atlantic, Jeffrey Goldberg no sólo rechazaba el boicot sino que escribía: "No estoy interesado en debatir sobre nuevo libro de Peter, cuya lectura acabo de terminar, porque me parece que su relato de la reciente historia de Oriente Medio solo recoge la visión de una de las partes y está lleno de errores y omisiones". Habiendo terminado mi propia lectura del libro, puedo confirmar que los errores y las omisiones en Beinart en las 196 páginas de texto podrían llenar otro libro.

Uno de los errores/omisiones más impresionante – entra en ambas categorías – es la relativa al grave error que comete el Sr. Beinart al interpretar un ensayo de 1910 de Vladimir Jabotinsky, error de interpretación que utiliza para apoyar su teoría de que "la razón es muy simple por la cual Benjamin Netanyahu no tiene confianza en Barack Obama (a quien el Sr. Beinart llama el 'presidente judío'): Obama le recuerda a Netanyahu aquello que al propio Netanyahu no le gusta de los judíos":
Comprender lo que a Netanyahu no le gusta de los judíos requiere comprender aquello que no le gustaba a Vladimir Jabotinsky de los judíos... Lo que a Jabotinsky no les gustaba de los judíos era su creencia de que llevaban un mensaje moral para el mundo... La Biblia dice: '¿No oprimirás al extranjero, porque tú conoces el corazón del extranjero ya que fuiste un extranjero en la tierra de Egipto', a lo que Jabotinsky respondía en 1910: Dentro de la moral contemporánea, no hay lugar para un humanismo tan infantil.
El Sr. Beinart ha encontrado esta cita de una fuente secundaria. Es poco probable que leyera el mencionado ensayo de Jabotinsky – unas 12 páginas - antes de usar esa cita como eje de su análisis porque el señor Beinart no solamente ha distorsionado atrozmente el tema del ensayo, sino que incluso ha malinterpretado una cita compuesta de dos frases.

Al Sr. Beinart le hubiera gustado el ensayo si lo hubiera leído. El ensayo hace alusión a las consecuencias derivadas del combate de boxeo por el campeonato de los pesos pesados celebrado el 04 de julio de 1910, entre Jack Johnson, hijo de esclavos emancipados que defendía su título, y Jim Jeffries, un ex campeón invicto que se había retirado después de negarse a combatir con púgiles negros, y que regresó de su retiro para, como le dijo a los Los Angeles Times, "recuperar el campeonato del peso pesado para la raza blanca".

La nación estaba paralizada por el combate. Las apuestas se decantaban mayoritariamente por Jeffries, quien se había entrenado durante nueve meses. Un artículo de la revista declaraba que "no es una exageración decir que el mundo entero espera ver - la película - el combate". El escritor Jack London cubrió la pelea para el Philadelphia Inquirer y escribió al día siguiente: "Una vez más... Johnson envió a la derrota al representante elegido de la raza blanca, y esta vez fue el mejor de todos ellos". Los resultados inmediatos del tal desenlace fueron disturbios raciales por todo el país, con decenas de muertos, casi todos hombres negros. Hacia el 7 de julio, más de 40 ciudades habían prohibido la película, una censura que fue apoyada por algunas autoridades religiosas, el New York Times, y el ex presidente Theodore Roosevelt.

Dos semanas después de la pelea, Jabotinsky - un periodista de 30 años que residía en Rusia - publicó su ensayo. Todo comenzaba de la siguiente manera:
El reportero de la Russkie Vedomosti nos ha informado desde Estados Unidos sobre los últimos actos de violencia contra los negros... Cuando se hizo evidente que Johnson había ganado, la victoria de un hombre negro sobre un hombre blanco, fue como si a una señal convenida la multitud se levantara por todo el país y comenzara a perpetrar agresiones contra los negros.

Los negros ya están acostumbrado a estos hechos desagradables. Pero estos incidentes estaban fuera de lo normal ya que estas violencias solían suceder de una manera regular en el sur del país, pero ahora estos actos de violencia contra los negros también se producían en las ciudades del norte. La excusa habitual era el rumor de que una persona de color local había intentado "nuevamente" violar a una mujer blanca, lo que conducía a una multitud de miles de personas en busca de hombres negros que linchar.

Esta vez, sin embargo, no ha sido necesaria tal excusa. [...] Los ciudadanos blancos trataron de aplastar el orgullo negro y cayeron sobre ellos en una proporción de cincuenta a uno, con cabezas destrozadas, personas pisoteadas e inclusive crueldad con mujeres y niños.
Jabotinsky se preguntaba por lo que hizo posible tales desmanes:
Los Estados Unidos, la república más libre de la tierra, el territorio cuya existencia política es el resultado de un levantamiento, también es el lugar donde residen 10 millones de ciudadanos con una escandalosa falta de derechos a causa solamente del color de su piel. Anteriormente eran esclavos. Más tarde, los estados del Norte exigieron el fin de la esclavitud y declararon la guerra a los estados del Sur... Finalmente, los negros fueron reconocidos como ciudadanos libres de esa gran república, con plenos e iguales derechos.

Desde entonces, casi cincuenta años han pasado, pero si tuviéramos que hablar en serio de esa "igualdad de derechos" no solamente cualquier hombre negro, sino también cualquier persona blanca, se reiría delante de nuestra misma cara. Una desigualdad de este tipo es incomparable a la existente en cualquier otra parte del mundo civilizado, aunque también hemos incluido en esta flexible definición a Rusia y Rumanía.
El Sr. Beinart se habría quedado impresionado ante la indignación moral que refleja la descripción de Jabotinsky de la situación a la que se enfrentaban los negros:
Los teatros están cerrados para ellos, al igual que los hoteles, los vagones de ferrocarril y las escuelas. Se les asigna vagones especiales y estrechos compartimentos separados en los tranvías. Las escuelas para los niños negros se construyen en zonas distintas a las de los niños blancos. Son de construcción barata, inadecuadas y sucias. Los derechos políticos del ciudadano negro "libre e igual" equivalen a nada...

Casi todos los veranos el mismo suceso se repite: un joven negro puede realizar algún gesto ambivalente con su mano extendida hacia una mujer blanca... y esa mujer se aleja llorando y gritando afirmando que se ha tratado de un intento de violación y, en cinco minutos, una gran multitud se reunirá y comenzará la caza de hombres de raza negra... Los ciudadanos de la República, que no están en estado de embriaguez, que saben leer y escribir, que terminaron en la mayoría de los casos la escuela secundaria, que se visten con ropa decente y con camisas almidonadas, se abren paso con sus codos y se dirigen contra el primer joven negro sospechoso para golpearlo con bastones y palos... Cuando algunos de ellos huyen y se dirigen al jefe de la policía para solicitarle ayuda, éste se encoge de hombros y les dice: "Soy incapaz de ayudarle. Tengo pocas manos para ello", una respuesta que los judíos conocen muy bien...

En un país como este, y en ese entorno [alfabetización generalizada y buenas costumbres], aparece el odio racial, no por casualidad, sino durante años y años, en diversas formas que son peores que el pogrom de Kishinev...
El conflicto entre los pueblos, escribe Jabotinsky, se parece a una enfermedad, algo que el "voto popular y las escuelas no pueden sanar", ya que la educación masiva y la democracia no la había desterrado de los Estados Unidos medio siglo después de la Guerra Civil. A continuación, señalaba - en el párrafo citado en parte por el Sr. Beinart - que incluso las personas oprimidas de pueblos oprimidos pueden oprimir a otros (Jabotinsky citaba a los alemanes que lograron su unión y entonces dividieron a los polacos, y como los propios polacos, después de haber sido oprimidos por los alemanes, oprimieron a su vez a los rutenos):
Sólo en la Biblia está escrito: "No perjudicaras a un extranjero ni lo oprimirás, porque tú fuiste extranjero cuando estuviste en la tierra de Egipto". En nuestro código de moral contemporáneo, ya no hay lugar para esta especie de amor delicado y humanismo hacia el prójimo, ya que nos parece infantil.
Fijándose únicamente en ese párrafo aislado, procedente de una fuente secundaria, el Sr. Beinart cree equivocadamente que Jabotinsky aprueba ese amoral "código de moralidad". Si hubiera leído todo el ensayo se habría dado cuenta de que Jabotinsky se limita únicamente a observar que, incluso en los mejores países, incluso en las circunstancias más civilizadas, la moral contemporánea hace caso omiso de los mandatos bíblicos y que por lo tanto no eran suficientes para proteger a un pueblo oprimido.

La conclusión que Jabotinsky quería hacernos llegar es que el poder era necesario para que los judíos sobrevivieran, y que la asimilación en Europa, en última instancia, no les protegería. Tres décadas más tarde, su suposición se demostró trágicamente correcta en lo que corresponde con los países más cultos y sofisticados de Europa.

Contrariamente a la caricatura de Jabotinsky que nos muestra el Sr. Beinart, "Jabotinsky se elevaba muy por encima de todos los demás líderes sionistas de entre las dos guerras mundiales por su cultura, sensibilidad y horizontes intelectuales", escribió Shlomo Avineri en "The Making of Modern Zionism"(1981), la fuente secundaria donde el Sr. Beinart encontró su cita.

Jabotinsky rechazó dar primacía al sentimiento de clase sobre la identidad judía, una característica del sionismo laborista que veía a los judíos como unos "trabajadores" que establecerían una paraíso socialista, y que por ello denigraban a los judíos de las otras clases. Del mismo modo, para el Sr. Beinart el liberalismo, en última instancia, debe prevalecer sobre el sionismo, el cual está en crisis según él. Es por eso que en este libro fruto de tan escasa investigación y tan pobremente escrito, el Sr. Beinart termina proponiendo boicotear a otros judíos y considera que Obama es más judío que el señor Netanyahu.

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Saturday, April 09, 2011

Unas pocas palabras sobre la firmeza - Shmuel Katz



Vivimos en una época en la que los políticos israelíes cambian su ideología con apenas una mirada hacia atrás. La idea de constancia ha dado paso a la de conveniencia política. La época de la grandeza puede que ya sólo sea cosa del pasado. Pero, ¿acaso no se engañará el ojo del espectador actual? Así pues, me dirigí hacia los comentarios de otros espectadores que sí vieron la grandeza de Zeev Jabotinsky.

Cuando era aún muy joven, con 22 o 23 años de edad, ya se le consideraba como un gigante literario dentro los escritores rusos de la época - Gorki, Andreiev, Kuprin -. Cuando le dio la espalda a una carrera literaria en Rusia para dedicarse a los problemas y a los sueños del pueblo judío, los rusos acusaron a los sionistas de haber 'robado' a Jabotinsky a la literatura rusa.

Jabotinsky realizó su primer paso importante dentro de la arena sionista uniéndose al brillante círculo de escritores de la revista semanal Rasswyet. Uno de ellos, Shlomo Gepstein, recordó muchos años después que había visto en los escritos de Jabotinsky algo de Heinrich Heine.

El Coronel John Henry Patterson, el primer comandante de origen irlandés de la Legión Judía, describió a Jabotinsky como un Churchill judío. Cuando la historia de la Legión Judía y de sus hazañas se hizo pública, Jabotinsky fue llamado por la prensa británica y americana el Garibaldi judío.

Él no fue, por supuesto, ni un Pushkin, ni un Heine, ni un Churchill, ni un Garibaldi. Fue Jabotinsky, una amalgama única de talentos y cualidades. Cuando Arthur Koestler, una de las grandes figuras literarias e intelectuales del s. XX, escuchó el 08 de agosto de 1940 que Jabotinsky había muerto, escribió en su diario: "Jabo está muerto... Se ha ido una de las grandes figuras trágicas del siglo, y paso desapercibida... Era el héroe adorado de las masas judías en Rusia y Polonia... El orador más fascinante que he oído nunca... Un gran amigo menos... ".

Precisamente, la multiplicidad de sus talentos y la variedad de sus logros tienden a complicar la evaluación de un hombre que navegó cómodamente entre cerca de 20 idiomas, que tradujo la gran poesía, que fue aclamado como uno de los grandes oradores de su época, que cautivó a los jóvenes actores a los que generosamente enseñó la dicción y la declamación hebrea, y que escribió lo que fue descrita en su momento como una de los grandes novelas bíblicas, “Sansón el Nazarita”.

Siendo un joven de apenas veinte años, ya manifestaba la madurez de su visión. Cuando el oleaje de las ideas revolucionarias anegaba a la intelectualidad rusa, se puso en pie en contra de la corriente, advirtiendo a los devotos socialistas en contra de sus ilusiones utópicas. Su pronóstico, una década antes de la futura Revolución bolchevique, resultó ser una descripción precisa de lo que sucedió en la Unión Soviética bajo Lenin y Stalin.

No había misticismo en sus pronósticos. Ellos reflejaban en términos racionales un profundo análisis de los hechos y de las tendencias que llevaban a una mente lógica e intuitiva a una inevitable conclusión.

Eso sucedería igualmente con su afirmación, en el mismo momento en que Turquía entró en la guerra en noviembre de 1914, de que el Imperio Otomano se desmoronaría. Esta previsión dirigió los pasos de Jabotinsky hacia la acción - la creación de la Legión Judía -, la cual, como señaló con sobriedad, cambiaría la cara a la historia judía y la ayudaría a conformar el moderno Oriente Medio.

No menos importante fue para Jabotinsky el enderezamiento de la espalda doblada del judío de la diáspora, con todas las posibles implicaciones para la futura lucha por la independencia nacional del pueblo judío y en sus relaciones con el mundo que lo rodeaba. La lucha por la dignidad y el autorrespeto judío ocupó la atención de Jabotinsky durante gran parte de su vida. La miseria que pudo contemplar en su primer encuentro con la vida judía en Polonia le convenció de la necesidad de lograr un cambio en el comportamiento, de hecho, en la mentalidad de la gente, a partir de la propia juventud judía.

Cuando años más tarde fundó el movimiento juvenil Betar, lo hizo impregnándole del nuevo espíritu que había inyectado - una metamorfosis de la fealdad de la vida en el gueto -. Cuando poco después del final de la Primera Guerra mundial los británicos comenzaron a retractarse de los compromisos de la Declaración Balfour de 1917, Jabotinsky se convirtió en un opositor destacado de la política y del dominio británico. A medida que la retractación británica cobró impulso, Jabotinsky fue el único líder sionista que de hecho se mantuvo firme e inflexible contra el conformismo y el acomodamiento a la nueva realidad. El elemento central que determinaría la historia del sionismo político durante la década de 1920 sería la gran confrontación entre los antiguos colegas: Jabotinsky frente Weizmann.

Para Jabotinsky, como para Herzl, el sionismo sería la cura para todos esos judíos sin hogar. Y la curación radicaba en un Estado judío independiente. Jabotinsky nunca dudó de la idea de un Estado judío y sus demandas políticas fueron dirigidas a posibilitar su logro. Sus únicos escritos publicados y su fascinante oratoria eran cada vez más populares sobre todo entre los jóvenes judíos, e inclusive fueron reconocidos por los británicos como un peligro para su gobierno. Aprovechando oportunamente su ausencia de Palestina con motivo de una serie de conferencias, el gobierno británico prohibió su regreso al país. En los últimos 11 años de su vida tuvo que vivir en el exilio.

El gobierno británico siempre valoró la perspicacia de Jabotinsky. En 1939 abandonó formalmente la promesa que había realizado al pueblo judío con la Declaración Balfour. Entonces, y finalmente, fue el movimiento de resistencia que Jabotinsky inspiró el que se convirtió en la fuerza central que erosionó el dominio británico.

Como lo expuso cautelosamente el líder sionista estadounidense Rabbi Abba Hillel Silver: "El Irgún fue un factor sin el cual el Estado judío no habría surgido. Si embargo, la justificación última de Jabotinsky - el surgimiento del Estado judío ocho años después de su muerte - resume la gran tragedia de su tiempo".

Su capacidad de visión le persiguió durante toda su vida, y agregó intensidad a la pasión de su sionismo. Y así, cuando a mediados de la década de 1930 la angustia y el peligro al que estaban sometidos los judíos en Europa alcanzó su punto culminante al cerrarse para ellos herméticamente las puertas de socorro en todo el mundo, la organización encabezada por Jabotinsky trató de llevar ilegalmente refugiados judíos desde Europa a Palestina.

Esa gira de conferencias fue su última campaña en Europa antes de los últimos días de paz de 1939. Fue en los Estados Unidos donde murió el 4 de agosto de 1940 encabezando una campaña para la formación de un ejército judío independiente que luchara contra los nazis. Jabotinsky, sin lugar a dudas, abarrotó el contenido de varias vidas durante su relativamente corta existencia (murió a los 59 años). Dejó una enorme obra escrita que nos proporciona un constante contrapunto de sus actividades políticas diarias: ensayos sobre arte, literatura y sobre cuestiones sociales, políticas y económicas. Entre otras cosas, él precedió a Beveridge al establecer las grandes líneas de una especie de estado del bienestar. Él fue el creador de la jornada escolar de la diáspora hebrea, una idea por la que fue atacado desde todos los lados.

Él también fue el primer poeta hebreo en utilizar la pronunciación sefardí, contando también al principio con una amplia oposición del establishment ashkenazi. Fue un franco pro-feminista y un individualista apasionado. El pragmatismo no le era ajeno a Jabotinsky, pero lo reforzó con una visión del mundo coherente y con un sentido del honor personal. Uno de sus admiradores de toda la vida, el famoso actor Shimon Finkel, dijo de él una vez: "Jabotinsky era un océano".

Artículos de Shmuel Katz

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Friday, September 03, 2010

Yizkor por Jabotinsky: El Profeta escuchado... a medias - Gal Beckerman - Forward



El 70º aniversario de la muerte de Vladimir (Zeev) Jabotinsky, el padre del sionismo revisionista, ha pasado en silencio este año. Y no fue el resultado de alguna negligencia. Jabotinsky, simplemente, no necesita de un día especial para recordarlo, no cuando la mayoría de los miembros del actual gobierno israelí se calificarían como "Jabotinskytas".

En el único acto conmemorativo en Nueva York, una velada organizada por la organización americana “Americans for a Safe Israel” y celebrada en la Sinagoga del Parque Este de Manhattan Oriente, el orador principal fue Douglas Feith, un destacado neocon que fue subsecretario de Defensa para Asuntos Políticos en la administración de George W. Bush. Al principio de su discurso, Feith destacó esa influencia que caracteriza a Jabotinsky.

"Aunque Ben-Gurión es admirado por muchos israelíes, ya no existen líderes políticos en Israel que se describen como Ben-Gurionitas", dijo Feith. "Tampoco ninguno se describen a sí mismo como Weizmannitas. Sin embargo, muchos se definen con orgullo como Jabotinskytas, como seguidores de lo racional y de lo pragmático, sin dudas y sin arrepentirse de sus creencias, seguros de si mismos, en suma, un nacionalista judío no socialista".

Jabotinsky, el pequeño y duro intelectual judío de Odessa, con anteojos de lechuza y orejas de soplillo, murió hace ya mucho tiempo. Pero su filosofía política - o aquellos aspectos que han extraído sus herederos ideológicos - sigue estando muy viva. Más concretamente, su evaluación del conflicto territorial entre lo que hoy llamamos israelíes y palestinos ha sido una especie de estrella del norte que ha guiado a la derecha.

Hoy en día, al borde de la reanudación de las conversaciones de paz entre Israel y Palestina, cuando el escepticismo abunda, hay una tendencia en la derecha israelí a recurrir al más famoso ensayo de Jabotinsky sobre el conflicto árabe-judío, "El Muro de Hierro", en el que escribió, " Un acuerdo voluntario entre nosotros y los árabes de Palestina es inconcebible ahora o en el futuro previsible".

En el encuentro de Manhattan esta cita fue reproducida en dos ocasiones. Alguien llegó a decir, "(ese ensayo) pudo haber sido escrito esta misma mañana".

Pero las ideas de Jabotinsky también han sido simplificadas durante décadas, eliminando las amarras de su contexto original y haciéndolas sonar con el aire de un pronunciamiento eterno.

Por un lado, el feroz nacionalismo de Jabotinsky es solamente una de las caras de su identidad intelectual. También fue un gran creyente en los derechos individuales, un laico convencido, un liberal (en el sentido antiguo) y demócrata. No tenía paciencia con cualquier tipo de mentalidad colectivista, ya fuera el comunismo o el fascismo. Hoy en día no sabría qué hacer con los colonos sionistas religiosos que se han asentado en Cisjordania y que lo ven como a un héroe. Él podría apreciar su valor personal, pero sería mucho más probable que mostrara desdén hacia sus motivaciones religiosas. Hablamos de un hombre que quería emplear el hebreo con un alfabeto latino y que previa que un día podría haber un vicepresidente árabe junto a un presidente judío.

Jabotinsky nunca disfrutó de ningún tipo de poder real, a diferencia de David Ben-Gurion y Chaim Weizmann. Su muerte a causa de un ataque al corazón en 1940 a la edad de 59 años, mientras visitaba un campamento juvenil del Betar (la rama juvenil y militarizada de su movimiento) en las montañas Catskill, le impidió ver el nacimiento del Estado judío. Y de acuerdo a muchos pensadores que han examinado las creencias de Jabotinsky, eso le evitó tener que comprobar lo que podría haber sido la naturaleza irreconciliable de su feroz nacionalismo y de sus principios democráticos.

"Jabotinsky, en parte debido a sus propias experiencias y al tenor de los tiempos, no podía comprender que su hermanamiento del individualismo y del nacionalismo democrático se conjugaba perfectamente siempre y cuando se formara parte de la parte oprimida, en cambio, ambos no se llevarían necesariamente muy bien una vez que se estuviera en el poder", afirma Bernard Avishai, el autor del libro “The Hebrew Republic: How Secular Democracy and Global Enterprise Will Bring Israel Peace at Last” (La República hebrea República: Cómo la democracia laica y la empresa global traerán por fin la paz a Israel - 2008). "Un ultranacionalista, en un país colonizado, siempre tiene un aire de radicalidad democrática, pero tan pronto como llega al poder su nacionalismo se muestra demasiado incompatible con el tipo de libertades democráticas que decía representar".

Es precisamente sobre la cuestión de cómo resolver el problema de dos pueblos que exigían la soberanía sobre el mismo trozo de tierra – cuestión que asume en "El Muro de Hierro" -, cuando el significado de la lección de Jabotinsky parece haber sido más distorsionado.

Debe decirse, en primer lugar, que su visión encaraba un Gran Israel que se extendería hasta el río Jordán y que se negaba a cualquier idea de partición. En este sentido, sostuvo una línea dura radical venerada hoy en día por los extremistas de línea dura. Pero también veía un punto final a la hostilidad con la población árabe en lo que entonces era la Palestina del Mandato Británico.

El concepto del Muro de Hierro de Jabotinsky era el siguiente: los judíos necesitan dejar en claro para poder sobrevivir (en la Tierra de Israel) que son indestructibles, que de ninguna de las maneras abandonarán y se irán. Jabotinsky respeta los deseos nacionales de la población árabe, concediéndoles un grado de legitimidad que describe como “ansia” de ellos, en comparación con el “hambre” de una patria que tienen los judíos. Los árabes no aceptarían la autoridad judía sobre la Palestina del Mandato a menos que se convencieran de que no había esperanzas de expulsar a los judíos. Cuando llegaran a aceptar esta realidad, entonces una nueva fase podría comenzar entre los dos pueblos.

"Para él, el Muro de Hierro no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr romper la resistencia árabe al avance del sionismo", escribió Avi Shlaim, un historiador anglo-israelí, en su libro que lleva el nombre del ensayo de Jabotinsky. "Una vez que la resistencia árabe se hubiera roto, un proceso de cambio se produciría en el interior del movimiento nacional palestino, con los moderados en un primer plano. Entonces, y sólo entonces, habría llegado la hora de comenzar con unas negociaciones serias".

Jabotinsky se refería a una negociación sobre "los derechos civiles y nacionales", aunque no especificó lo que estos derechos podían significar para él. Si tenía en mente algún tipo de autonomía política o un estado independiente, no está nada claro. Pero hizo ver la posibilidad de un acuerdo.

El Israel de hoy en día no es la Yishuv que tan duramente escarbaba la tierra en 1925. Era mucho más fácil (y necesario) por aquel entonces sostener que los colonos judíos debían mantener una postura inamovible e intransigente. Pero después de 1967, y armado con bombas atómicas, hay muchos que sostienen que Israel ha llegado a ese punto en el que ha demostrado convincentemente su indestructibilidad. El Muro de Hierro, según esta lógica, debería comenzar a descender y dar paso a una nueva fase.

Sin embargo, Feith, que se opuso a los Acuerdos de Oslo de la década de 1990, argumentaba en su intervención que aún no habíamos llegado hasta allí.

"La actual campaña para deslegitimar al Estado judío, describiendo a Israel como una nación creada a partir de una agresión a los árabes; sin ley e inmoral; merecedora del desprecio, la denuncia y el aislamiento, nos demuestra que los enemigos de Israel conservan aún la opinión de que Israel es vulnerable", dijo Feith .

La paz será posible”, afirmó, “sólo cuando el nacionalismo palestino sea algo más que una persistente, odiosa y extenuante oposición al sionismo". Con Irán conformando actualmente "un importantísimo papel en el conflicto", resulta más que evidente que Feith no ve llegado el día de una nueva fase.

Feith está lejos de ser el único que lee a Jabotinsky de forma descriptiva pero no prescriptiva, que acepta la noción de Jabotinsky de un conflicto que enfrenta a dos grupos de principios y derechos entre sí, pero que en cambio no tiene en cuenta la posibilidad de una siguiente fase (por ahora): ese día que Jabotinsky había imaginado en el que el pueblo judío pasaría a negociar desde una posición de fuerza, y que según Feith y otros aún no habría llegado.

Para algunos, la idea de que la realidad del conflicto es fundamentalmente diferente hoy en día, en 2010, es simplemente imposible de aceptar.

"(el ideario de) Jabotinsky es muy significativo para la realidad política que tenemos hoy", dice Yisrael Medad, director de recursos de información del Menachem Begin Heritage Center en Jerusalém. "Nada ha cambiado realmente con relación a los árabes, nada que tenga que ver con nuestra condición como sionistas. Esas cosas no se han movido en ninguna parte en los últimos 80 o 90 años. Podemos haber cambiado de nombres, del mufti a Arafat, de los británicos a los estadounidenses, pero estos paradigmas no se han movido un milímetro".

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Wednesday, August 11, 2010

El lobo solitario - Elliot Jager – Jewish Ideas Daily



El 70º yahrzeit (aniversario del fallecimiento) de Vladimir Ze'ev Jabotinsky (1880-1940) estuvo marcado el pasado 11 de julio, en el cementerio del Monte Herzl en Jerusalén, por la presencia del Primer Ministro Benjamin Netanyahu y el presidente Shimon Peres. No hubo ni una sola mención sobre este recordatorio en los medios de comunicación israelíes, y esta extraordinaria omisión obviaba al que fuera no sólo uno de los fundadores de la Haganá y el comandante supremo del Irgún, sino también un imponente líder y teórico sionista.

Jabotinsky nació y creció en la cosmopolita Odessa, cuando aún era un vibrante centro de la vida intelectual y cultural judía. Atraído por el periodismo, se convirtió en un folletinista de éxito. Su vida dio un giro trascendental en 1903, cuando temiendo que los pogromos que barrían Rusia llegaran a su ciudad, propició la formación de un grupo judío de autodefensa. Ese mismo año asistió al Sexta Congreso Sionista celebrado en Basilea, el cual rechazó la angustiada petición del propio Theodor Herzl de que se estudiara inclusive la idea de un santuario autónomo judío en el este de África.

Durante la Primera Guerra Mundial, mientras el establishment sionista mantenía con cautela su neutralidad, Jabotinsky se convirtió en la fuerza impulsora detrás de la formación de una Legión Judía que luchara junto a los aliados. En la década de 1920, ya que las autoridades del Mandato Británico de Palestina capitulaban regularmente ante la presión árabe, organizó medidas de autodefensa contra las revueltas y disturbios por parte árabe, una actividad por la que fue encarcelado en un primer momento por los británicos y más tarde amnistiado y deportado.

Jabotinsky fue firme en su insistencia en que el objetivo inmediato y sin concesiones del sionismo tenía que ser la visión original de Herzl de un verdadero Estado judío. Su ruptura con unos enfoques más acomodaticios por parte del establishment sionista con respecto a la Gran Bretaña se volvió inevitable. En 1925 fundó la Revisionist Zionist Organization (Organización Sionista Revisionista) , y diez años más tarde la llevó fuera del Congreso Sionista. En el Tishá B'Av de 1938, Jabotinsky pronunció un discurso profético y escalofriante en Varsovia en el que imploraba a los judíos de Polonia a que "vieran el volcán que pronto iba a comenzar a vomitar su fuego destructivo", y optarán por escapar mientras aún se podía.

Dos años más tarde, a la edad de cincuenta y nueve años, Jabotinsky murió repentinamente en Nueva York después de inspeccionar una guardia de honor de su movimiento juvenil Betar. En Tel Aviv, el diario laborista Davar, que se había opuesto a todos sus movimientos políticos, titulaba con sorna en su editorial: "Jabotinsky ha muerto. El talentoso violín se ha hecho añicos". La referencia se dirigía a sus formidables capacidades como polemista y como orador fascinante, capaz de dirigirse a su audiencia en ruso, hebreo, yiddish, inglés, francés, alemán y alguna que otra lengua eslava.

El primer biógrafo de Jabotinsky, Joseph B. Schechtman, lo describió como un "rebelde, estadista, guerrero y profeta". Para Shmuel Katz, su biógrafo definitivo, "Jabo" era simplemente un "lobo solitario". Su énfasis en el orgullo judío y en lo que se refiere a la necesidad de una disciplina militar para obtener los objetivos, hizo que los liberales se sintieran incómodos con él y que sus enemigos (los sionistas de izquierda) le trataran de descalificar asimilándole a un fascista, una acusación bastante extraña para un apasionado liberal del siglo XIX y un defensor de los derechos de la mujer (Buena parte de las críticas provendrían de las derivas y coincidencias más bien estéticas del movimiento juvenil, el Betar, con los camisas negras italianos, aunque Jabotinsky, estudiante de derecho en Italia, siempre fue un admirador de los líderes italianos del Risorgimento, como Mazzini y Garibaldi).

Al igual que otros, Jabotinsky no pudo penetrar y pensar plenamente el naciente nacionalismo árabe, pero en cambio aborrecía la idea de que árabes y judíos no podían vivir juntos pacíficamente.

El periodismo multilingüe de Jabotinsky y su producción literaria son las claves, a su manera, para entender su carácter y su s opiniones sobre la vida en general y la vida (y la imaginación) judía en particular.

A lo largo de su agitada carrera política se las arregló para escribir novelas, poemas, cuentos, canciones patrióticas, ensayos, y una columna regular en Nueva York en lengua yiddish en le Mourning Journal. Al revisar una traducción al inglés de una de sus novelas, Hillel Halkin encuentra una especie de autorretrato del propio autor en un personaje inclinado por naturaleza a un civismo liberal pero que se ha comprometido en una vida de deber y sacrificio.

¿Los puntos de vista inflexibles de Jabotinsky, inclusive sobre la integridad territorial de la Tierra de Israel, disfrutan en el siglo XXI de defensores potenciales en el Estado judío? No en el Likud, que teóricamente reivindica su legado político, y tampoco en el movimiento de los asentamientos de mayoría ortodoxa, que tiene sus propios héroes. Incluso tras la muerte, al parecer, Jabo sigue siendo un lobo solitario.

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Thursday, July 23, 2009

La embarazosa oferta de Jabotinsky - Shlomo Avineri - Haaretz



La semana pasada el Haaretz informó de que Kiev planeaba dar el nombre de una calle a Symon Petliura, quien encabezó el efímero estado ucraniano fundado tras la Primera Guerra Mundial. Ante los ojos ucranianos, Petliura es uno de los fundadores del nacionalismo ucraniano, al igual que el líder de la rebelión de los cosacos del siglo XVII, Bohdan Khmelnytsky. Para la narrativa judía, a Petliura se le identifica con los pogromos donde decenas de miles de judíos fueron masacrados.

En 1926, Petliura fue asesinado en París por Sholom Schwartzbard, el cual estaba tratando de vengar el asesinato de su familia. Schwartzbard fue absuelto por el tribunal y, posteriormente, falleció en Sudáfrica. Durante años, constituyó un símbolo de orgullo para los judíos sionistas de extrema derecha, y en 1967 su cuerpo fue exhumado y transportado a Israel para su entierro en una ceremonia oficial de estado presidida por Menachem Begin.

Petliura es un nombre apenas conocido hoy en día en Israel, pero él representa previamente a los nazis el ascenso al poder de un antisemitismo asesino. Los pogromos de Ucrania fueron uno de los factores que impulsaron a los judíos a enrolarse en las filas del Ejército Rojo en la guerra contra el nacionalismo ucraniano. En cambio, para los nacionalistas ucranianos, el acto de Schwartzbard es contemplado como parte de una conspiración judeo-bolchevique.

Lo que es menos conocido es que después de la caída del régimen del Petliura, nada menos que Ze'ev Jabotinsky firmó un acuerdo con él en 1921. Se trata de un complicado y vergonzoso episodio que envía ondas de estupor al gran movimiento sionista, del que Jabotinsky era entonces un líder.

Después de que la Ucrania independiente fuera derrotada por el Ejército Rojo, Petliura encontró refugio en Polonia, la cual también había luchado contra la Rusia soviética. Petliura tenía previsto regresar a Ucrania a la cabeza de un ejército de exiliados expatriados. Jabotinsky sugirió a Petliura que tuviera en cuanta a unidades de soldados judíos. Es evidente que el rabioso anticomunismo de Jabotinsky fue una de las razones que estaban detrás de esa propuesta. Esta oferta se racionalizó públicamentese alegando que las divisiones judías del ejército de Petliura defenderían a la población judía de posibles pogromos. La oferta permitió que Petliura afirmara que no era un antisemita, y que los pogromos eran sencillamente "acontecimientos lamentables" producidos en el fragor de la batalla.

El acuerdo nunca se materializó, pero sí provocó serias controversias durante el XII Congreso Sionista celebrado en Carlsbad. Se creó un profundo cisma entre Jabotinsky y el liderazgo encabezado por el sionista Chaim Weizmann, y fue una de las razones para el establecimiento del movimiento revisionista, el cual se escindió de la Organización Sionista Mundial. No es de extrañar que los miembros del nuevo movimiento hicieran todo lo posible por barrer el asunto bajo la alfombra.

Esta historia nos enseña de las complejidades que surgen en cada movimiento nacionalista, ya sea judío o ucraniano. Por otro lado, no debería sorprender a nadie familiarizado con la filosofía adoptada por Jabotinsky, quién albergó a lo largo de toda su vida cierta afinidad con el nacionalismo ucraniano a pesar de las sombras del antisemitismo. En 1911, cuando Ucrania celebra las bodas de oro de la muerte del amado poeta e icono cultural, Taras Shevchenko (otro notorio antisemita), Jabotinsky publicó un ensayo en el que, si bien reconoce la actitud de Shevchenko contra los judíos, añadió que "más importante es el hecho de que él proporcionó a su pueblo, en el mundo entero, una prueba clara y sólida de que el alma de Ucrania fue bendecida con el talento de una creatividad cultural independiente que se elevaba a las más altas esferas".

La historia es compleja, y sería útil hacer frente a esta complejidad de una manera directa. Quizás podamos aprender algo acerca del futuro.

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