Tuesday, January 01, 2019

Muy bueno: Cómo Amos Klausner llegó a Amos Oz: Una historia de desamor y oscuridad - Pierre Lurcat



Una historia de amor y oscuridad ocupa un lugar especial en la obra de Amos Oz. En primer lugar porque no es una novela, sino una historia autobiográfica. "Una historia impactante donde la vida de un pueblo y la verdad de un hombre se confunden", según su editor francés, este libro es uno de los más profundos y auténticos de la producción literaria de Amos Oz. Sin duda, es el único en el que tiene una mirada completamente sincera sobre sí mismo, sobre sus orígenes familiares y sobre su trayectoria individual. El público israelí no se equivocó, pues este libro se convirtió en el mayor éxito de la librería de Oz. ¿Por qué y qué puede enseñarnos sobre la figura del escritor que murió a la edad de 79 años, pero también sobre Israel y su historia política e intelectual?

Las historias de la infancia tienen el particular de que tocan a cada lector y hacen vibrar en él una cuerda íntima, abordando un tema a la vez único y universal. En este sentido, "Una historia de amor y oscuridad" no es una excepción a la regla. Entre las páginas más hermosas del libro se encuentran aquellas en las que evoca sus primeros recuerdos y logra revivir, a más de medio siglo, el maravilloso mundo de la infancia, en el que se mezclan el sueño y la realidad, imaginación y observación, lecturas y conversaciones de adultos, hacia los cuales el joven Amos está dividido entre la admiración y la cólera.

"Yo no tenía hermanos ni hermanas, no podían comprarme apenas juegos ni juguetes, y la televisión y los ordenadores aún no se habían inventado. Durante mi infancia en Kerem Avraham, Jerusalén, viví al borde del bosque, cerca de las cabañas, las chimeneas, los prados y la nieve de las historias de mi madre y los libros ilustrados que se acumulaban sobre mi mesita de noche. Yo estaba en el Oriente y mi corazón latía profundamente en el Occidente".

La familia en la que crece el joven Amos no es banal: pertenecía de hecho a la "flor y nata" de la aristocracia sionista revisionista. Su tío, Yossef Klausner, era un reconocido historiador, un especialista en la historia del Segundo Templo y autor de un libro sobre Jesús que fue un escándalo en su época, además de editor de la Enciclopedia Hebraica y candidato presidencial al Estado de Israel en 1948.

La familia Klausner estaba dividida entre los seguidores de Jabotinsky, el niño prodigio del sionismo ruso, y los de Menachem Begin, de un pequeño pueblo de Polonia, y que parecía "demasiado plebeyo, provinciano, carente de poesía y de grandeza de alma" a los ojos de los admiradores de Jabotinsky. Inmerso en ese medio intelectual y político de la intelectualidad sionista de derechas, Amos Oz creció en la Jerusalén de la década de 1950, muy diferente de la ciudad moderna de hoy. Oz describe la atmósfera de la época, los conflictos ideológicos y las dificultades de la vida cotidiana en el Israel de esos momentos. Las visitas semanales al profesor Klausner, que vivía en las afueras de Talpiot (frente a la casa del escritor Agnon), son una oportunidad para que el joven Amos ejerza su agudo ojo para la observación.

De niño, está lleno de admiración por el tío Yosef, que le hace entrar en un mundo fascinante, codeándose con los mejores escritores e intelectuales de la época (Agnon, Chernikovsky, Abba Ahimeir, UZ Greenberg) y evocando su encuentro con Theodor Herzl en el primer Congreso Sionista ("¡Era un hombre guapo, un ángel de Dios!" ¡Su rostro brillaba desde el interior! Parecía un rey asirio con su barba negra y los rasgos de una espiritualidad visionaria..."). El profesor Klausner tenía grandes ambiciones para el joven Amos, al igual que su padre y otros intelectuales de su generación.

Con sinceridad, Amos Oz describe al niño que era, un ferviente nacionalista, un admirador de Jabotinsky, cuyo estilo imita, y especialmente de Avraham Stern, el poeta y soldado fundador del Lehi, del que recita solo en su cama el himno de los guerreros anónimos. Asiste a reuniones entre los escritores e ideólogos de la derecha sionista e informa con fidelidad de los comentarios desilusionados del escritor Uri Zvi Greenberg, deplorando la falta de visión de los sionistas socialistas: "Simplemente, no quieren el Monte del Templo! ¡No quieren Anatot y Siloé! ¡Podrían haberlos liberado, pero no lo hicieron! Disponían de los frascos de aceite, podían haber purificado el Templo... El milagro estaba al alcance de su mano, pero no lo querían. ¡Dadles una comuna, no un reino!".

¿Cómo se convirtió el joven Amos Klausner en Amos Oz, el escritor del kibbutz y el portavoz de la izquierda pacifista? ¿En qué momento se cambio de chaqueta, como él mismo dice? ¿Fue realmente, como él relata con un humor cáustico a lo Philip Roth, escuchando un discurso de Menachem Begin, "hablando un hebreo arcaico, en el que la palabra que significaba 'arma' o 'armamento' no significaba para nosotros más que el miembro viril?". La anécdota es agradable, pero no explica el giro político e intelectual del joven adolescente, criado en el espíritu del Betar y del Herout. Sin embargo, ha reconocido lúcidamente que desde entonces ha huido de la "resurrección y la redención".

El resto de la historia de Oz es conocida. Su partida al kibbutz, su transformación en un escritor exitoso y, sobre todo, en portavoz de un movimiento político (Peace Now) que es la versión moderna de la Alianza por la Paz que sus padres aborrecieron. Detrás de la historia familiar, de la que Oz proporciona las claves de interpretación al lector (demasiado pronto privado del amor materno, él "mata" a su padre al renunciar a su nombre y sus ideales), es la historia nacional que aflora. La tragedia familiar de una madre que desaparece demasiado pronto puede haber contribuido a hacer del joven Amos el gran escritor en que se ha convertido.

Pero más allá de la historia de amor y oscuridad que es la del joven Amos, cuya madre se suicida cuando él solo tiene doce años, este libro es también el esbozo de una autobiografía política. Al rechazar el mundo intelectual de la familia Klausner, no solo se está alejando de su padre (de quien ha rechazado hasta su apellido). Él hace causa común especialmente con sus profesores de la Universidad Hebrea, Hugo Schmuel Bergman, fundador con Martin Buber de la "Alianza para la Paz", que predicó "una fraternidad sentimental entre judíos y árabes, y la renuncia al sueño de un Estado hebreo para que los árabes nos permitan vivir aquí, en su solar...", ese sueño utópico que sus padres consideraron totalmente aislado de la realidad y derrotista.

Una clave para interpretar el compromiso político de Amos Oz se da en su reunión con David Ben Gurion, quien lo invita y lo recibe en su oficina de Primer Ministro, cuando él solamente es un joven escritor principiante. A los cuarenta años de edad, Oz dibuja un retrato del Viejo León marcado por la ambivalencia de su mirada sobre toda la empresa sionista. Haciendo suyo el juicio del profesor de la Universidad Hebrea Isaiah Berlin, escribe que "Ben Gurion, a pesar de Platón y Spinoza, no era un intelectual. Ni mucho menos". Más tarde, escribió que "vio en Ben Gurion la oscuridad de la llama del diablo... Él encarnaba todo el misticismo judío, la Cábala, Shabtai Zvi y los mártires suicidas que santificaron el nombre de Dios".

El pacifismo político de un Amos Oz no es solamente la expresión de una aspiración por una paz utópica, sino también la actitud de los miembros de una generación que, creyendo sacrificar los ídolos de sus padres, fueron llevados demasiado lejos en su rechazo, uniendo confusamente a Ben Gurion y Jabotinsky, al Segundo Templo y la redención nacional, a los kibbutz y los asentamientos, el heroísmo de los soldados y la justa causa del regreso del pueblo judío a su tierra.

Una historia de amor traicionado, desencanto y oscuridad.

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Sunday, April 23, 2017

(Muy interesante) Sobre los ataques al sionismo religioso: "Más peligroso que Hezbolá": el sionismo religioso y la identidad de Israel - Pierre Lurçat



"Los sionistas religiosos son más peligrosos que Hezbolá, más peligrosos que los terroristas..."

Esta declaración del periodista del Ha'aretz Yossi Klein provocó un escándalo justificado en Israel. Pero no siempre se ha tomado la medida de su verdadero significado. No se trata del punto de vista de un sector radical, expresado por un periodista aislado y extremista. Klein ha ocupado puestos de responsabilidad en varios periódicos israelíes pertenecientes a la corriente principal, y recibió el apoyo del editor del Haaretz, Amos Shocken (nieto del fundador del diario, Gustav Schocken), durante este reciente controversia.

El sentimiento expresado por Klein es en realidad compartido por muchos otros miembros de las élites intelectuales y por el establishment cultural y mediático, del que es un representante auténtico, incluso más allá del periódico Ha'aretz, conocido por su hostilidad al sionismo religioso y por sus posiciones militantes anti-religiosas. Es significativo a este respecto que el debate en los medios (que aún continúa) sobre las declaraciones de Klein no gira tanto sobre el fondo de su discurso, sino sobre la forma en que expresó su rechazo del sionismo religioso, que es compartido por muchos otros formadores de opinión en Israel.

Este sentimiento es efectivamente el de una parte importante de la "izquierda" de Israel, para quien el sionismo religioso es en realidad "más peligroso que Hezbolá". (Ponemos entre comillas la frase "izquierda israelí", que tiene poco que ver con el concepto de la izquierda en su sentido clásico, tal como ya había observado acertadamente Shmuel Trigano, al evocar con "esa izquierda" a una categoría hueca, ya que tanto la "izquierda" como la extrema izquierda israelí conforman a las élites y al establishment).

¿Cómo comprender entonces el verdadero significado de la declaración de Klein? A los ojos de Klein y de otros muchos representantes de las antiguas élites y del anterior establishment cultural y político, el sionismo religioso representa una doble amenaza. Políticamente en primer lugar: mientras el sionismo secular lleva  en crisis desde hace varias décadas, y el sionismo laborista fundador representa a un sionismo casi moribundo, el sionismo religioso lo está haciendo sorprendentemente bien, incluso si el partido sionista religioso (el ex PNR) estalló, como la mayoría de otros partidos históricos que datan del período anterior al estado, en las últimas elecciones.

Desde este punto de vista, el grito del corazón de Yossi Klein expresa el resentimiento de algunas de las viejas élites ante la aparición de esas nuevas élites procedentes en buena parte de las filas del sionismo religioso (no es casualidad que el título del artículo de Klein contenga una diatriba contra el sionismo religioso al que se le tilda precisamente de "una élite hipócrita"). Pero más allá de este fenómeno político y sociológico, el debate sobre el sionismo religioso afecta a una cuestión más importante aún, la cuál está en el centro de los debates que agitan a la sociedad y a la política israelí desde hace muchos años: la cuestión de la identidad.

El "peligro" que representa el sionismo religioso es de hecho el de una identidad judía que ya no se limita a las sinagogas y las yeshivas, sino que ahora brilla en todos los ámbitos de la vida pública israelí: en el ejército, la política , la economía, etcétera. Ahora esto es lo que representa el verdadero problema para los representantes del poder postsionista encarnado por el diario Ha'aretz. La vehemencia y el odio expresado por Klein expresan una preocupación real, la de ver como el sionismo religioso pesa cada vez más en la identidad nacional de Israel. En la dirección opuesta, pueden interpretarse de la misma manera las polémicas observaciones del rabino Yigal Levinstein sobre la presencia de soldados femeninos en unidades de élite. En ambos casos, las declaraciones impugnadas expresaban, en su carácter excesivo, una preocupación real y justificada.

Pero esta ansiedad, tan real como es, no justifica por supuesto describir al público sionista religioso como "más peligroso que Hezbolá", un público que está a la vanguardia de la defensa de nuestro estado desde la Segunda Guerra del Líbano y hasta las últimas guerras en Gaza. Porque en realidad, el sionismo religioso no representa una amenaza, sino más bien una bendición para Israel. De hecho, ofrece una respuesta a las cuestiones cruciales para el futuro sobre temas como la identidad colectiva y el lugar del judaísmo en nuestro estado. El sionismo religioso puede responder a estas preguntas, precisamente porque reúne en sí a los dos elementos esenciales de la identidad judía contemporánea. Reivindica tanto en el mundo del estudio como el mundo secular, la "Torah ve-Avodá" (Torá y el trabajo) como dice el lema del movimiento juvenil sionista religioso Bnei Akiva.

- Contrariamente al sionismo secular, se inscribe dentro de la tradición judía y asume la herencia de la Torá.

- Contrariamente al  judaísmo ortodoxo no sionista (también en plena evolución), ha asumido el reto del sionismo (tímidamente en las primeras décadas del Estado y en la actualidad con mucha más ambición).

El sionismo religioso permitirá sin duda, en los próximos años, satisfacer las cuestiones críticas de la definición de la identidad israelí en áreas tan diferentes - e importantes - como la cultura, la justicia, la economía o el ejército. Debería especialmente poder redefinir los valores y las normas fundamentales, redefiniendo el equilibrio necesario entre las dos fuentes de inspiración que son la tradición de Israel y la democracia occidental.

En este sentido, el sionismo religioso no es un peligro para Israel, sino tal vez, y por el contrario, una clave para su supervivencia.

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Saturday, April 22, 2017

El extraño silencio alrededor de la muerte de Lucie Halimi. ¿Solamente otro musulmán radical "desequilibrado"? - Pierre Lurçat - Causeur



Si el affaire al-Dura marcó una etapa importante en la fabricación por parte de los medios franceses de un relato mítico del conflicto árabe-israelí, en el cual los palestinos fueron erigidos en las víctimas absolutas (con una total ausencia de responsabilidad por sus propios actos), el affaire de Sarah Lucie Halimi marcará quizás una etapa adicional en la exclusión vinculante de los judíos (y no sólo los israelíes) del estatuto de víctimas por esa misma narrativa de los medios de comunicación.

En el affaire de Al-Dura, recordémoslo, un niño palestino moría supuestamente por las balas de los soldados israelíes, una muerte "en directo" ante los ojos de los espectadores franceses del noticiario de la noche, convocados por Charles Enderlin (un reportero francés en Israel de conocido sesgo pro-palestino) y France 2 para asistir a ese espectáculo emitido reiteradamente y luego ofrecido a los espectadores de todo el mundo, y que con posterioridad fue reciclado por los árabes musulmanes y por la propaganda palestina a través de innumerables discursos y subproductos que adoptaron dicha historia como pretexto y justificación de los ataques y manifestaciones anti-judías. Fue necesaria la posterior investigación de Philippe Karsenty y de algunos otros periodistas y expertos para que se estableciera que este "reportaje" era en si mismo una manipulación (con montaje y cortes en la grabación), y que inclusive parecía aparentar poder ser una puesta en escena.

Quince años más tarde, el asesinato de Lucy (Sarah) Halimi certifica que la situación de los judíos en Francia, que había comenzado a deteriorarse significativamente tras desencadenarse la "Segunda Intifada" - con la reiterada difusión de las imágenes de la supuesta agonía de Mohamed al-Dura contribuyendo a la importación a los suburbios franceses del conflicto entre Israel y los palestinos -, ha alcanzado una nueva etapa.

Esta mujer judía defenestrada, es decir, lanzada al vació desde su ventana por un vecino musulmán después de años de persecuciones antisemitas contra su familia de su asesino (y parecer de algunos otros miembros de esa familia musulmana), ha sido convertida en efecto en una doble víctima. No sólo fue asesinada en forma particularmente horrible, sino que luego se le ha negado su condición de víctima, siendo relegada su muerte, como la del joven judío Sébastien Sellam (asesinado por otro vecino musulmán del que también se alegó "desequilibrio") hace unos años, al rango de hecho cuasi accidental, o más bien de un acontecimiento violento desprovisto de cualquier matiz de antisemitismo.

Así el procurador de la República declaró casi inmediatamente que los motivos del crimen aparentemente no eran antisemitas (la violencia de un nuevo "desequilibrado o perturbado", siempre con el mismo perfil y gritando el habitual Allah Abkar), contradiciendo el testimonio explícito de miembros de la familia de la víctima, una declaración “tranquilizadora” de la que se hicieron eco las instituciones judías oficiales para "calmar la atmósfera". Esta actitud “apaciguadora” de las instituciones judías ante el contexto preelectoral potencialmente explosivo que atraviesa Francia, cuando es factible que los candidatos de ambos extremos pueden llegar hasta la segunda ronda (la extrema derecha y extrema izquierda), se explica por el deseo de "no echar aceite al fuego" y no introducir en la campaña electoral “el elemento judío” para convertirla en aún más explosiva (elemento que ya ha introducido la candidata Marine Le Pen al utilizar la cuestión de la responsabilidad de Francia en la deportación de los judíos en 1942 con fines políticos).

Pero la realidad es más profunda y más dramática: en la nueva configuración creada por los medios de comunicación desde la década de 2000, en la cual el affaire Al-Dura supuso una culminación, los judíos ya casi no tienen derecho a la condición de víctimas, a menos que ese estatuto pueda ser utilizado por la ideología dominante que comparten la mayoría de los grandes medios. Es fácil imaginar qué lugar podría haber ocupado el asesinato de Lucie Halimi dentro de los medios de comunicación si el asesino, en vez de ser un musulmán "radicalizado", hubiera sido un activista de extrema derecha. Hubiera dado lugar a una manifestación como la de Carpentras en 1990 (tras la destrucción de un cementerio judío por unos skinheads de extrema derecha), donde todos los candidatos de la izquierda y de la extrema izquierda no solamente acudieron a la manifestación, sino que además encabezaron el cortejo...

Lo que está en juego en el affaire (o no affaire) Halimi es, obviamente, el antisemitismo musulmán, el nuevo gran tabú en la sociedad y la política francesa. Es significativo a este respecto que las controvertidas palabras de Marine Le Pen (exonerando a Francia en la redada, y luego la deportación a los campos de concentración, de Vel d'Hiv de 1942) surjan precisamente cuando los medios de comunicación franceses se niegan a hablar sobre el asesinato de Lucie Halimi. El mensaje es claro: mientras que el antisemitismo nazi y sus colaboradores en Francia son ahora objeto de consenso a través de los esfuerzos de muchos historiadores y defensores de la memoria, y a la reversión realizada por el presidente Chirac rompiendo con la tradición establecida por de Gaulle y perpetuada por Mitterrand, el antisemitismo musulmán sigue siendo un tema tabú en Francia.

El reciente proceso contra el historiador Georges Bensoussan, un reconocido especialista del Holocausto, ilustra claramente la existencia de este tabú, al menos tan embarazoso como lo fue previamente la colaboración de los policías de Vichy don la deportación de los judíos de Francia. Si el fiscal (es decir, el representante del estado) consideró oportuno llevar ante la justicia a un respetado historiador, con el apoyo de las asociaciones antirracistas, fue tanto para castigar sus declaraciones consideradas como "culpables", como para disuadir a otros historiadores de abordar el tema del antisemitismo musulmán...

En el proceso contra Bensoussan, como en el asesinato de Lucie Halimi, los medios de comunicación y la justicia han consagrado, a su manera y en una especie de competencia, la existencia de este nuevo tabú en la vida política francesa.

Y así el círculo está cerrado. Después de haber construido un relato mítico de la víctima palestina y de un Israel siempre culpable, en el cual la historia de Mohamed Al-Dura se convirtió en uno de los iconos más visibles, los medios franceses han excluido gradual y totalmente a los judíos del estatuto de víctimas. El joven Al-Dura, que murió en Gaza en circunstancias poco claras, se ha convertido en la víctima por excelencia, y en la figura casi mítica y crística de una "nueva pasión" contada por France 2 y Charles Enderlin como sus “evangelistas”.

Lucie Halimi, asesinada por un vecino musulmán en el corazón de París, es una víctima que no existe, al igual que los judíos expulsados de los países árabes. A ella la han asesinado dos veces: primeramente su vecino musulmán, y después los medios de comunicación cuando han cubierto ese crimen con un muro de silencio.

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Tuesday, January 17, 2017

Del affaire Shalit al affaireAzaria: ¿qué valores para el ejército israelí de cara al terrorismo yihadista? - Pierre Lurçat



El affaire Elor Azaria, ese joven soldado que acaba de ser condenado por el tribunal militar en Tel Aviv por homicidio después de haber asesinado a un terrorista palestino, divide y desgarra a la sociedad israelí. Contrariamente a las apariencias, no es una cuestión puramente interna de Israel, ya que sus implicaciones conciernen a todos los países que se enfrentan a la amenaza terrorista.

El veredicto de culpabilidad pronunciado contra el soldado Elor Azaria tiene repercusiones que van mucho más allá de simple caso juzgado por el tribunal. Este affaire, que acaparó las crónicas durante meses en Israel, no opone solamente a dos concepciones de la ética militar. También divide el país, reactivando viejas heridas sin cicatrizar dentro de la sociedad. Nacido en una familia modesta de Ramlah, de origen sefardí y en parte de origen francés, Azaria no se ha recibido del apoyo unánime de los medios de comunicación israelíes, a diferencia de otro joven soldado israelí antes de él y también con orígen francés, Gilad Shalit .

En circunstancias muy diferentes, ambos dos soldados con cara de ñiño se han encontrado en el corazón de un affaire cuya apuestas les superan ampliamente. Shalit, que proviene de una familia acomodada de origen asquenazi, desde un principio fue percibido como una víctima por toda la sociedad israelí, siendo adoptado por los medios de comunicación israelíes como "el niño de todos", un estatus que se le ha negado a Elor Azaria. Shalit fue liberado después de cinco años de cautiverio gracias a una intensa campaña mediática y a cambio de cientos de terroristas palestinos, como parte de una transacción apoyada por varios países, entre ellos Francia, que intervino en favor de su liberación.

Como lo recuerda el profesor Udi Lebel del Centro Begin-Sadat, el tratamiento diferente que han gozado los soldados Shalit y Azaria por parte de los medios de comunicación israelíes, pero también de la jerarquía militar, atestigua un cambio de valores en el seno del ejército israelí. Hubo un tiempo donde tener un "gatillo fácil" no fue considerado un crimen en el IDF, sino más bien como un defecto excusable o inclusive una especie de cualidad en ciertas ocasiones. Meir Har Zion, combatiente de la legendaria unidad 101, fue descrito en su tiempo como el "mejor soldado del IDF" por Moshe Dayan. Esta unidad se diseñó y tuvo como función principal llevar a cabo represalias contra los ataques de los fedayines palestinos a lo largo de la línea entre Israel y Jordania.

La operación más famosa, y también la más sangriento de la unidad 101, se llevó a cabo en octubre de 1953 y se denominó "Operación Shoshana" (el nombre de la hermana de Meir Har-Zion, asesinada por beduinos durante una excursión en el desierto de Judea). Según el historiador Benny Morris, su fin era tanto castigar a los autores de los ataques mortales contra Israel y disuadirlos. Esta operación que ocasionó 70 víctimas, muchas de ellas civiles, en la aldea árabe de Kibya, dando lugar a graves condenas contra Israel en el Consejo de Seguridad, incluida la resolución 101 que denunciaba las represalias israelíes. El primer ministro de la época, David Ben Gurion, deploró oficialmente las bajas civiles enemigas, pero le dijo en privado a Ariel Sharon comandante de la Unidad 101: "Poco importa lo que el mundo vaya a decir de la operación Kibya. Lo que es importante es la forma en que fue percibida en el mundo árabe. Y considero que es a través de este tipo de operaciones que podremos seguir viviendo aquí".

Se puede conocer, leyendo estas palabras, cómo han evolucionado las mentalidades y los valores que impulsan a los comandantes del ejército israelí en la actualidad. En el caso Azaria, la principal preocupación de los jueces del tribunal militar, pero también del ex ministro de Defensa Moshe Yaalon y del jefe del ejército, ambos apresurándose ​​en condenar al soldado Azaria, fue la imagen del IDF a los ojos del mundo occidental. Bien poco se han preocupado de conocer cómo este asunto, y la manera en que fue tratado el soldado Azaria, sería percibidos por los enemigos y los vecinos de Israel. El profesor Israel Aumann, Premio Nobel de Economía, ha advertido sin embargo desde el día posterior a la decisión judicial, que "pondría la seguridad de Israel en riesgo al desalentar a los soldados de disparar a los terroristas e incitaría a los palestinos a cometer nuevos ataques".

El reciente y sangriento ataque del camión en Jerusalén, producido pocos días después de la condena de Elor Azaria, confirmó trágicamente la exactitud de la predicción realizada por el profesor Aumann. El testimonio del joven guía que logró neutralizar al terrorista después asesinar a cuatro soldados, entre ellos tres mujeres, habla por sí mismo. "Vi que los soldados eran reacios a disparar... Creo que el veredicto contra Azaria es por algo". Por su parte, la juez del tribunal militar Maya Heller, en su sentencia que se extiende por casi un centenar de páginas, hace varias referencias al concepto de "pureza de las armas" y a las normas éticas que deben cumplir los soldados israelíes, sin jamás evocar el efecto que su decisión podría tener sobre los potenciales terroristas.

Francia no es totalmente ajena al caso Azaria. Las imágenes de la liquidación del terrorista palestino, que condujo a la acusación del joven soldado Azaria, fue de hecho filmada por un activista de la ONG B'Tselem, cuyo presupuesto proviene en gran parte de fondos extranjeros, entre ellos la UE, pero también el Consulado general de Francia en Jerusalén. Animando a ONG como B'Tselem , que defienden una visión selectiva y partidaria de los derechos humanos, Francia y la Unión Europea se inmiscuyen en el debate político interno en Israel. Un reciente proyecto de ley planea prohibir la financiación extranjera de las ONG en Israel para evitar esta intervención en la política interna del país.

La participación creciente de ONGs de financiación extranjera plantea un problema delicado a Israel en su guerra contra el terrorismo yihadista. En el affaire Elor Azaria, la condena fue ampliamente pronunciada de antemano a nivel político y militar, incluso antes de que el proceso de desarrollara, sobre la base de las imágenes filmadas por B'Tselem . La guerra mediática es sin duda un tema crucial, pero no debemos perder de vista la apuesta principal, que es ganar la guerra sobre el terreno. Para preservar la motivación de sus soldados, Israel debe impedir una situación en la que sus soldados teman más ser inculpados por el fiscal militar que a las balas del enemigo.


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