Thursday, October 23, 2014

Un mundo sin judíos - A. Kirsch - Tablet



El título del nuevo libro de David Nirenberg, "Antijudaísmo: la tradición occidental", utiliza un término deliberadamente diferente al que estamos acostumbrados. El odio y la opresión que han sufrido los judíos se conoce desde finales del siglo XIX como antisemitismo, una etiqueta, vale la pena recordarlo, originalmente llevada con orgullo por esos alemanes que odiaban a los judíos. ¿Cuál es la diferencia entonces entre antisemitismo y antijudaísmo? La respuesta, tal como se desarrolla en este tour de force académico emprendido por Nirenberg, se podría resumir así: el antisemitismo necesita a unos judíos contemporáneos para poder perseguirlos, el antijudaísmo, por el contrario, puede florecer perfectamente sin ellos, ya que su objetivo no es un grupo de personas, sino una idea.

La tesis de Nirenberg es que esa idea de Judaísmo, que solamente tiene un parecido pasajero con el judaísmo practicado y vivido por los judíos, ha estado en el centro mismo de la civilización occidental desde sus inicios. Desde el Egipto ptolemaico al cristianismo primitivo, desde la Edad Media católica a la Reforma protestante, desde la Ilustración hasta el fascismo, siempre que Occidente ha querido definir “todo aquello que no es”, cuando ha querido poner un nombre a sus más profundos temores y aversiones, ha utilizado al Judaísmo como el término que tiene más fácilmente a mano. El "antijudaísmo", sintetiza Nirenberg, "no debe entenderse como algo arcaico y oscuramente irracional situado en el gran edificio del pensamiento occidental. Más bien, fue una de las herramientas básicas con las que se construyó ese mismo edificio".

Esta es una conclusión bastante deprimente, especialmente para los judíos destinados a vivir en el interior de ese edificio, pero el viaje intelectual al que nos embarca Nirenberg resulta muy estimulante. Cada capítulo de "Antijudaísmo" se dedica a una época de la historia de Occidente y a su particular tipo de antijudaísmo que fomentó. Pocos, si es que existe alguno, de estos momentos son nuevos descubrimientos, y, de hecho, el argumento principal de Nirenberg es que ciertos tipos de antijudaísmo han sido tan importantes para la cultura occidental que los damos por sentado. Lo que Nirenberg ha conseguido es conectar todas estas variedades de antijudaísmo en una narrativa convincente, trabajando con las fuentes originales para sacar todas las consecuencias de los escritos seminalmente antisemitas.

La razón principal por la cual el Judaísmo, y por lo tanto el antijudaísmo, ha sido esencial en la cultura occidental es, por supuesto, el Cristianismo. Pero ya en su primer capítulo, el libro de Nirenberg nos muestra como algunos persistentes tropos anti-judíos son anteriores a Jesucristo en cientos de años. El historiador griego Hecateo de Abdera, cuyos escritos son de alrededor del 320 a. C. , registró una tradición egipcia que invertía la conocida historia del Éxodo. En esta versión, los hebreos no escaparon de Egipto, sino que fueron expulsados ​​por ser unos elementos indeseables, "unos extraños que vivían en medio de los egipcios y practicaban una serie de ritos extraños y diferentes". Estos exiliados se establecieron en Judea bajo el liderazgo de Moisés, quién instituyó para ellos, según Hecateo de Abdera, un "modo de vida intolerante y antisocial”. Como Nirenberg nos hace observar, ahí ya podemos detectar "lo que se convertiría en un concepto fundamental del antijudaísmo, la misantropía judía”. Este elemento fue aún más destacado por un escritor algo posterior, un sacerdote egipcio llamado Manetón, quien describió al Éxodo como la revuelta de un grupo de impíos "leprosos y otros grupos de individuos impuros".

Tal como lo hará a lo largo del libro, Nirenberg describe estos textos antijudíos no con un espíritu de indignación o condena, sino más bien de indagación. La cuestión que plantea no es si los antiguos israelitas eran "realmente" leprosos, sino más bien ¿por qué los escritores tardíos egipcios afirmaron que lo eran? ¿Qué tipo de trabajo intelectual realiza el antijudaísmo en esta cultura particular? Para responder a estas cuestiones, Nirenberg examina la historia profunda de Egipto, mostrando cómo las rupturas causadas por la invasión extranjera (los hicsos…) y la innovación religiosa llegó a estar asociada con los judíos. Luego pasa a discutir las políticas del Egipto helenístico, en el que una gran población judía se intercaló entre la élite griega y las masas egipcias. En un patrón que se repite a menudo, esta posición intermedia permitió que los judíos recibieran la hostilidad de ambos lados, degenerando en frecuentes estallidos con disturbios y masacres. A largo término, escribe Nirenberg, "las características de misantropía, impiedad, anarquía y enemistad universal que el antiguo Egipto asignó a Moisés y su pueblo quedarían disponibles miles de años más tarde: una tradición que ha vuelto venerable por su antigüedad, que previsiblemente sería olvidada pero que es redescubierta, y a la que se adjudican nuevos usos por parte de las generaciones posteriores de apologistas e historiadores, en definitiva, un retorno que la vuelve "disponible para el posterior milenio”.

Con sus capítulos sobre San Pablo y la iglesia primitiva, Nirenberg comienza a navegar por las cabeceras o fuentes del antijudaísmo europeo. Pablo, cuyas epístolas instruyeron a las pequeñas comunidades cristianas en el Cercano Oriente sobre las cuestiones de conducta y doctrina, las escribió en una época en la que el cristianismo era todavía, y principalmente, un movimiento judío. En su deseo de enfatizar la novedad de su fe y la ruptura con el judaísmo que Jesucristo representaba, retrató a las dos religiones como enemigas o serias opositoras. Cuando los judíos leían las Escrituras de acuerdo con la "letra", el significado literal, los cristianos la leían según el "espíritu", como una alegoría que predecía la posterior venida de Cristo. Asimismo, cuando los judíos obedecían las leyes tradicionales, los cristianos fueron liberados de ellas por la fe en Cristo, lo cual explica por qué no era necesario que los gentiles convertidos al cristianismo siguieran prácticas judías como la circuncisión. Al "judaizar", para usar un término acuñado por Pablo, el gentil estaba destinado a ser un prisionero de este mundo, a creer en lo visible en lugar de lo invisible, a valorar la apariencia superficial en lugar del verdadero significado, “a preferir la ley al amor”. Más que un error teológico, el Judaísmo era un error de percepción y de cognición, una forma fundamentalmente equivocada de estar en el mundo.

El problema, como Nirenberg sostiene en las secciones más interesantes de su libro, es que este es un error al que los propios cristianos son muy propensos. Pablo y los primeros cristianos vivían en la expectativa de un inminente fin del mundo, de un regreso de Cristo y del establecimiento de una nueva Jerusalén. A medida que ese final no llegaba, se hizo necesaria la construcción de una manera cristiana de vivir en este mundo. Pero esto significaba que los cristianos también tenían necesidad de una ley y del valor de la “letra”, en definitiva, tendrían la necesidad de "judaizar" en un cierto grado.

Es por eso que los debates teológicos de la iglesia primitiva, unos preámbulos a San Agustín, estuvieron moldeados muy a menudo con argumentos acerca de una “judaización”. Marción, un herético del siglo II d. C. , continuó la denigración de Pablo de la "letra" hasta el punto de descartar todo el Antiguo Testamento (tal como era conocida la Biblia hebrea), ya que seguir leyendo las escrituras judías suponía perderse la radical novedad aportada por Cristo. Por otro lado, Justino Mártir, el oponente ortodoxo de Marción, creía que esta reducción del Antiguo Testamento a su contenido meramente literal era en sí una manera de repetir un error "judío". En otras palabras, tanto Marción como Justino se acusaban el uno al otro de judaizar, de leer y pensar como un judío. Esto también se convertiría en un modelo para la posterior y subsecuente historia cristiana (y post-cristiana): si el Judaísmo era un error, cada error podría ser considerado potencialmente como judío. "Esta lucha por controlar el poder del Judaísmo'", escribe Nirenberg, "llegará a ser uno de los temas más persistentes y explosivos de la teología política cristiana, desde la Edad Media a la Modernidad".

Con el surgimiento de los sistemas políticos católicos en la Edad Media, el antijudaísmo se volvió algo menos teológico, y pasó a ser un elenco más material. En países como Inglaterra, Francia y Alemania, los judíos mantenían un estatus legal único como "sirvientes" o "esclavos" del rey, hecho que los colocaba fuera de la cadena normal de las relaciones feudales. Esto permitió a los judíos jugar un papel muy necesario, aunque detestado ampliamente, en las finanzas y/o en la recolección de impuestos, al mismo tiempo que se demostraba el poder único del monarca. La consolidación de la dinastía Capeto como reyes de Francia, especula Nirenberg, descansó en parte en su pretensión de controlar el estatus de los judíos, una prerrogativa real muy lucrativa: el rey saqueaba a "sus" judíos cuando tenía necesidad de efectivo. Al mismo tiempo, al ser la cara pública del poder real,  dejaba a esos mismos judíos expuestos al odio del pueblo en líneas generales. Los disturbios contra los judíos y las acusaciones de asesinato ritual se convirtieron en formas populares de demostrar la insatisfacción con el gobierno. Cuando los sujetos medievales querían protestar contra sus gobernantes, a menudo acusaban al rey de estar conchabado con los judíos, e incluso de ser él mismo de origen judío.

El hilo conductor de “Antijudaísmo” es que tales acusaciones contra el judaísmo tienen poco que ver con los judíos reales. Son producto de un discurso gentil que los cristianos sostienen con otros cristianos, acusándoles de judaísmo. El mismo principio se aplica en los fascinantes capítulos posteriores del libro de Nirenberg. Cuando Martín Lutero se rebeló contra el catolicismo, atacó a una iglesia "que tenía una comprensión legalista de la justicia de Dios", al igual que el judaísmo: "En este sentido, la iglesia romana se había vuelto más judía que los propios judíos". Cuando los revolucionarios puritanos de la Guerra Civil inglesa pensaron en la constitución ideal del Estado, miraron hacia la antigua república israelita descrita en los libros bíblicos de Jueces y Reyes.

Sorprendentemente, Nirenberg nos muestra como el declive de la religión en Europa y el auge de la Ilustración hicieron muy poco para cambiar la retórica del antijudaísmo. Voltaire, Kant y Hegell, todos ellos utilizaron al judaísmo como una figura de aquello que querían superar: la superstición, la moral legalista, el pasado muerto y superado. Finalmente, en un breve capítulo final sobre el siglo XIX y posteriores, Nirenberg muestra cómo Marx recapituló antiguos tropos antisemitas cuando concibió la revolución comunista como "una emancipación de la humanidad del judaísmo", es decir, “del dinero, el comercio y la alienación social“. Y todo esto sin mencionar algunos de los capítulos más sorprendentes de Nirenberg, incluyendo uno sobre el papel del judaísmo en el Islam primitivo y otro dedicado a una lectura atenta de “El mercader de Venecia” de Shakespeare.

Nirenberg tiene un claro y manifiesto conocimiento de una gran variedad de contextos históricos e intelectuales, y, a diferencia de muchos historiadores, es capaz de escribir con elegancia y claridad sobre temas complejos. No es sino hasta el final de su libro sobre el antijudaísmo cuando toca, oblicuamente, la cuestión de lo que significa esta antigua tradición intelectual para los judíos de hoy. Pero como él nos sugiere, la genealogía que conecta el antisionismo contemporáneo con el tradicional antijudaísmo es clara: "Vivimos en una época en la que millones de personas están expuestas diariamente a alguna variante del argumento que explica mejor los desafíos a los que se enfrenta el mundo en el que vive en función del término Israel". "A pesar de todos los progresos realizados en el mundo desde el Holocausto, ha llegado la hora de pensar racionalmente acerca de los judíos y el judaísmo, y la historia que nos cuenta Nirenberg nos dice que eso no se ha terminado. Cualquier persona que quiera comprender los desafíos de pensar y vivir como un judío en una cultura no judía debe leer su libro: 'Antijudaísmo' ”.


Intercambio entre Shmuel Rosner y David Nirenberg sobre el libro "Antijudaísmo"

Querido David,

me atrevo a decir que me gustó tu libro pues resulta fascinante, pero también era deprimente en la medida que sería muy difícil definirlo como "agradable", en el sentido ordinario. La impresión que se obtiene de la lectura de su libro se puede resumir en varios puntos:

A. Los judíos siempre fueron considerados como unos chivos expiatorios foráneos.
B. No había muchas cosas que hacer al respecto, porque cualquier cosa que hicieran se volvía contra ellos.
C. Ni siquiera tenían que ser odiados.
D. El mundo occidental (el suyo es un libro sobre la tradición occidental) necesitaba al judío como chivo expiatorio, y fue construido como la última imagen especular del judaísmo.

Así que la primera pregunta que me viene a la mente, por supuesto, es si ¿el antijudaísmo es una constante en la vida judía, una que no podemos soñar que se desvanecerá?.

Antes, sin embargo, me gustaría que usted perfeccionara e incluso corrigiera la manera un tanto simplista en la que traté de comunicar el tema de su libro a los lectores que aún no habían encontrado tiempo para leer "Antijudaísmo: La tradición occidental". Gracias de antemano por sus pensamientos,


Estimado Shmuel,

me alegro de que estés fascinado por el libro, pero también siento mucho haberte deprimido. No quise hacerlo. Es cierto que el libro trata sobre algunos hábitos profundamente arraigados en el pensamiento occidental, hábitos que han tenido efectos de gran alcance sobre las posibilidades de existencia de los judíos (y no sólo de los judíos) en el pasado. Pero pienso en el libro como algo muy esperanzador, en el sentido de que, por ejemplo, la psicoterapia es esperanzadora: no hay nada más optimista que la creencia de que, si nos entendemos a nosotros mismos un poco más profundamente, podemos aprender a vivir de manera diferente. Mi libro es un intento de hacer algo similar. Al proporcionar un sentido más profundo de cómo nuestras culturas han sido moldeadas por su forma de pensar (a menudo en contra) acerca del judaísmo, nos ayudará a ser más conscientes sobre las formas en que la historia de nuestras ideas conforma cómo vemos nuestro mundo. ¿Qué podría ser más esperanzador que eso?

Siendo un mensch (tío legal), eres lo suficientemente amable como para ofrecerme la oportunidad de mejorar o corregir tú caracterización de mi libro, y al ser un profesor, soy lo bastante pedante como para acceder a tu sugerencia. Podría estar equivocado, pero no creo haber usado nunca la expresión "chivo expiatorio" en el libro. Mi argumento no es que los judíos fueron siempre unos chivos expiatorios (aunque estoy seguro de que a menudo lo fueron). En cambio, lo que trato de mostrar es cómo, dentro de lo que a veces llamamos la tradición occidental, el "judaísmo" se convirtió en un concepto básico con el que la gente trataba de dar sentido a su mundo, y la superación de ese "judaísmo" se convirtió en uno de sus ideales básicos.

¿Por qué he puesto "judaísmo" entre comillas? Debido a que este concepto de "judaísmo" tenía poco que ver con lo que cualquier judío real y viviente podría pensar, creer o realizar, aunque ciertamente les afectaba cómo judíos reales que vivían en ese mundo (que interpretaba a su manera su religión). No obstante, esa otra visión del "judaísmo",  la generada por el “no judío” y cuyo objetivo era superarlo, se genera desde dentro de las dos grandes religiones de la tradición occidental, el Cristianismo y el Islam, a veces en contacto o en diálogo con el verdadero judaísmo. Ya podemos ver este proceso en acción (de recreación del judaísmo) en las escrituras de esas dos religiones.

Recuerden la epístola a los Gálatas, por ejemplo, cuando Pablo de Tarso discute con San Pedro sobre cómo los conversos gentiles deben seguir a Jesús. Allí Pablo acusa a Pedro de querer “judaizar” a los gentiles (Gálatas 2,14), y explica que por "judaizar" entiende dar prioridad a la letra de las Escrituras sobre su significado alegórico, y a la carne sobre el espíritu. Cuando un seguidor de Jesús hace esto, dice Pablo, "judaiza", es decir, que de alguna manera se convierte en un judío. Por supuesto, Pablo y Pedro eran ellos mismos judíos, y sabían algo acerca del verdadero judaísmo. Pero lo importante es que ya aparece ahí, en uno de los documentos más antiguos que sobreviven de un seguidor de Jesús (cerca del 50 d. C.), que "judaizar" no significa ser un judío real, vivo y confesó. Significa en realidad que cualquier persona (en este caso los seguidores gentiles de Jesús) que preste demasiada atención al significado literal de una palabra, o al cuerpo de un texto, o a una "Ley", se muestra en oposición a la gracia o al mundo espiritual. En otras palabras, "judaísmo" representa aquí una actitud hacia el mundo

Pero aquí está el problema: ¿Hay alguna manera de leer una palabra sin prestar atención a su sentido literal? ¿O vivir en una sociedad humana sin ley? Si no es así, entonces todo el mundo, no importa cuán cristiano sea, está en peligro constante de "judaizar". Algo similar ocurre en el Islam, y por razones similares. El Corán utiliza a los judíos para poder representar la hipocresía y a los hipócritas: aquellos que se presentan bajo una forma en el exterior, pero que en su interior escondían una opinión diferente. Esta también es una acusación que se puede asignar a cualquiera, por la diferencia existente entre lo que hoy podríamos llamar la apariencia pública y la conciencia privada, lo cual ha sido durante mucho tiempo un atributo fundamental de los seres humanos viviendo en sociedad.

Así que no debería sorprender que, al siglo del nacimiento de cada una de estas religiones, "judío" y "judaizante" se convirtieran en palabras que podrían ser, y así lo fueron, aplicadas a cualquier persona dentro de esas mismas religiones, y no eran inmunes a ello emperadores cristianos y califas musulmanes. Incluso nos encontramos con futuros santos lanzando acusaciones, como cuando San Agustín se mostró preocupado por la traducción de San Jerónimo de la Biblia desde el hebreo, a la que acusó de dar demasiado poder a los judíos, y San Jerónimo acusó a su vez a San Agustín de convertir cristianos al judaísmo.

Mi libro describe y traza este proceso, con el fin de mostrar cómo era ese anti-judaísmo que se convirtió en un concepto tan básico dentro de las culturas nacidas del cristianismo y el islam.
Pero también hace hincapié en que el concepto, aunque muy flexible, no es al azar.

El anti-judaísmo es una manera de tratar de entender y superar la brecha entre lo real y lo ideal, entre un mundo siempre cambiante y caótico que encontramos en nuestros cuerpos y a través de nuestros sentidos, y las verdades trascendentes y eternas que anhelamos. ("Nosotros" aquí no significa necesariamente usted o yo, sino que me refiero a todos los que han sido moldeados por el anhelo de trascendencia que impregna gran parte de nuestra historia). Y hay razones para que los judíos y el judaísmo tengan que venir a hacer este trabajo dentro del pensamiento occidental, y por unas razones que no tienen mucho que ver con la historia de las religiones, a través de las cuales las ansias de trascendencia han sido canalizadas y expresadas.

Mi meta es hacer que esas razones y su historia se distingan claramente, y trato de lograr ese objetivo mostrando cómo, en el tiempo y en el espacio, y en diferentes lugares y épocas hasta más o menos nuestros días, estas ideas sobre el judaísmo se han transformado con el fin de adaptarse al nuevo sentido de un mundo siempre cambiante. La Reforma, la Ilustración y la Revolución Francesa, la filosofía idealista y el marxismo, la modernidad y la democracia de masas: todas ellas han sido producidas, y en parte nosotros mismos, por las nuevas formas de poner el antijudaísmo a trabajar.

¿Significa esto que "no podemos soñar con que se desvanecerá (esa visión del Judaísmo)", me comentas en tu última pregunta? Escribí el libro en parte porque creo que (¿de manera pesimista?) nuestro propio mundo también puede volver a encontrar sus propias maneras de poner estos viejos hábitos de pensamiento a trabajar, y en parte porque creo que (¿de manera optimista?) los historiadores pueden ayudarnos a ser más críticos con esos hábitos. Nosotros hacemos nuestra propia historia, pero no hacemos la que nos plazca, y tener conciencia de la gravedad que el pasado ejerce sobre nosotros puede ser un poderoso estímulo para que nuestra conciencia identifique como las formas y los hábitos de nuestras ideas preconcebidas dan forma a nuestra manera de pensar el mundo tal como lo vemos. Mi esperanza es que este libro proporcionará dicho estímulo. No podemos "deshacernos" de nuestro pasado, pero no tenemos que permanecer prisioneros de él.

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Saturday, May 11, 2013

Tres poderosas razones para que una Iglesia cristiana, en esta caso la escocesa, saque a la luz un documento anti-judío – Nathan Levy



Lo siento".

Esto es lo que muchos de mis amigos cristianos me escribieron en sus mensajes en respuesta al informe extrañamente regresivo de la Iglesia de Escocia (Church  of Scotland’s Church and Society Committee) titulado "¿La herencia de Abraham? Un informe sobre la 'Tierra Prometida' ", programado para una votación de ratificación en su Asamblea General del 23 de mayo. Eruditos tanto cristianos como judíos y líderes religiosos están prácticamente unidos en su conmoción y condena por la mala teología que se desprende del núcleo del informe.

La ideología supersesionista (del reemplazo o la substitución), a saber, que la vida, misión, muerte y resurrección de Jesucristo sustituye y anula el pacto entre Dios e Israel, corre abundantemente por todo el informe. Si no me creen, lean la totalidad del informe de tan sólo 10 páginas, pero este es sólo un ejemplo:
"Si Jesús realmente supone decir Sí a todas las promesas de Dios, la promesa de Abraham sobre la tierra se cumple a través del impacto de Jesús, no por la restauración de la tierra (de Israel) para el pueblo judío. Jesús dio una nueva dirección y un nuevo mensaje para el pueblo de Dios, uno que no requiere un territorio especial para ellos".
Un académico judío me comentó lo siguiente: "Al leer este informe, con el típico estilo de las regañinas a la Torah propias del siglo XIX, me veo a mí mismo de nuevo en el shtetl cantando 'Si yo fuera rico'…"

Gentil lector, me gustaría poder compartir con usted por qué este informe está totalmente justificado, en el caso de que sea un adicto de la Iglesia de Escocia, mediante estas tres reflexiones:

1.- Las Iglesias de Siria y el Líbano, hermanas de la Iglesia de Escocia

Aunque la situación exacta es difícil de determinar, la mayoría de los testimonios procedentes de estas congregaciones informan de graves amenazas dirigidas contra algunas de las comunidades cristianas más antiguas del planeta. Cuando los yihadistas e islamistas radicales obtienen un mayor control sobre los barrios cristianos, muchos de los feligreses rara vez se aventuran a salir de sus casas por temor a secuestros y abusos. Elias Karmo, un cristiano de 22 años que vive en la ciudad fronteriza siria de Ras Al-Ayn, habla  silenciosamente: "Todo el mundo tiene miedo de que pueda ser secuestrado".

Issam Bishara, el director regional de la Asociación Católica del Bienestar Social del Oriente Próximo, informa que unos 300.000 cristianos sirios han huido del país hasta el momento. Imagínense si la Iglesia de Escocia hubiera utilizado un conjunto similar de principios teológicos y de fuentes del Nuevo Testamento para criticar públicamente la afirmación islámica de Dar al-Islam: los territorios sobre los que debe prevalecer un dominio islámico hegemónico.

Imagínense si esta próxima cita de la "herencia de Abraham” se hubiera centrado sobre Siria o Irán, o sobre La Meca o Medina:
"La visión de Jesús del reino no es para un área limitada del territorio, es la manera de anticipar cómo las cosas podrían ser si el pueblo fuera obediente a Dios" (Pág. 8 )
Presumiblemente, la Iglesia de Escocia siente que, con el fin de proteger a las comunidades cristianas amenazadas de Siria, solamente debe publicar invectivas contra Israel. En esta iglesia, al parecer, se considera simplemente que es una buena política difundir un informe que condene al único país con el que casi todas las facciones que se matan entre si en Siria – no obedeciendo los mandamientos de Dios ni siguiendo el ejemplo de Jesús - pueden estar de acuerdo en odiar.

¿Será esta una versión más de la narrativa "el enemigo de mi enemigo es mi amigo" para así salvar la vida de unos cristianos atrapados en una atroz guerra civil?

2.- Las librerías de segunda mano de West Port, Edimburgo

Es bastante preocupante que la Iglesia decidiera no compartir este informe con alguna organización comunitaria judía o con algún rabino antes de hacerlo público. Teniendo en cuenta que la Torah es citada en 12 ocasiones en el informe, se podría pensar que en algún momento alguien debería haber podido levantar la mano y decir: "Justo antes de publicar este informe en nuestra web, podría ser una buena idea pedirle a un judío o dos que nos dijera lo que piensan de estas líneas en la que estamos citando su Sagrada Escritura".

Creo que la razón por la que nadie preguntó a alguna organización judía o algún rabino es que los autores de este informe ya habían mantenido un diálogo "profundo y fructífero con numerosas voces judías”.

Al entrar en cualquiera de las encantadoras librerías de Port West, y en la sección dedicada al Oriente Medio, por regla general será recibido por una catarata de libros críticos sobre el sionismo, Israel y todo lo demás. Lo que siempre me inquieta es que la mayoría es obra de judíos, como Pappe, Braverman, Chomsky, Sand, Finkelstein, (el primer) Morris. Todo un minián bastante regular.

Así que los autores del informe sobre la “herencia de Abraham” solo necesitaban una inmersión en una acogedora librería de segunda mano de West Port para “cumplir” con los judíos de su tiempo, y estos autores les proporcionarían un montón de “perspectiva judía”. De hecho, Braverman apenas es citado en el informe como un "judío americano".

En su respuesta oficial a las criticas de la real, indignada, ignorada y asustada comunidad judía de Escocia, el portavoz de la Iglesia de Escocia afirma que la Iglesia de Escocia solamente está "hablando de la verdad con amor".

(Y con tanta verdad a su alrededor, el lector podría encontrar sorprendente que, hasta ahora, una semana después de que el Times of Scotland diera a conocer en su primera página tanto el informe de la Iglesia como la respuesta crítica comunitaria judía, la web de la Iglesia de Escocia no ha hecho ninguna mención del alboroto generado por su informe, aunque la Iglesia tuvo tiempo de emitir un comunicado ofreciendo una recompensa aún mayor que la anterior por la devolución de unos artículos robados de unas iglesias).


3.- La media de edad de los miembros de la Iglesia de Escocia es 61 años

El 70%  de los ministros de la Iglesia de Escocia tiene más de 50 años, y sólo el 6,4% tiene menos de 40 años. Con una iglesia y un clero envejecido, este es un momento crucial, un momento de crisis. Una ocasión, tal vez, para el retorno a las raíces del dogma de la Iglesia. El único problema es que el cristianismo ha evolucionado - a veces bien, a veces no tan bien - durante estos dos milenios: Karl Barth y sus dos alianzas, la casi silenciosa voz cristiana ante la Shoah, el Papa Juan Pablo II llamando a los rabinos sus hermanos mayores...

Una gran cantidad de pensamiento se ha generado sobre las relaciones judeo-cristianas desde la redacción de los Evangelios, y el tropo de hablar de los judíos como de esos "otros" se ha modificado radicalmente. Sin embargo, el informe de la Iglesia de Escocia, como si fuera una víctima de la hipotermia, envía toda la sangre de vuelta al corazón, colapsando el cerebro, por lo que ahora podría estar en pleno shock a causa de ese baño de agua fría de laicidad, lo que podría ayudar a explicar líneas tan lamentables como:
"el pueblo judío tiene que arrepentirse de la limpieza étnica de los palestinos entre 1947 y 1949. También debería motivarse para dejar de pensar en sí mismo como víctima y como personas especiales (página 6)"
 o en referencia a la revelación de la Torah en el Monte Sinaí como la “última dificultad " (página 7) en el "Proyecto sionista”.

Acabemos con esta palabra, “crisis”. Para citar al gran rabino Lord Sacks; "La palabra hebrea para ‘crisis’ es mashber (rotura), que también significa 'silla de parto' en hebreo. Las crisis no son solamente oportunidades, también pueden ser momentos de renacimiento".

El 23 de mayo, la asamblea de la Iglesia de Escocia votará sobre si “debe o no" alentar una amplia discusión sobre el informe de “la herencia de Abraham". El 23 de mayo sabremos si esta crisis es la ruptura definitiva de nuestro diálogo común o un renacimiento.

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Monday, January 23, 2012

Punto final. Antijudaísmo cristiano, el cuento de nunca acabar - Fernando Bermejo


La crucifixión blanca de Chagall, un judío en la cruz

Dado que las cuestiones planteadas en mi post de la semana pasada [N.P.: que adjunto a continuación] han generado numerosos comentarios de todo signo y condición, escribo hoy para aclarar algunos extremos y dejar aún más claro lo que pienso al respecto.

1.- En mi post anterior, señalé que – como han argumentado detenidamente muchos respetados autores a los que sería paranoide (por no decir, simplemente: idiota) acusar de paranoicos – el antijudaísmo forma parte del núcleo duro del pensamiento cristiano. Comencé haciendo referencia a varios autores y autoras bien conocidos en la investigación sobre este tema, y como obra muy reciente cité un libro de Amy-Jill Levine (una estudiosa bien conocida en la investigación sobre Jesús, y que es la única mujer judía que forma parte del consejo de redacción del Journal for the Study of the Historical Jesus, integrado mayoritariamente por varones cristianos), evidentemente no como argumento de autoridad, sino precisamente porque esta autora es una de las que ha reflexionado sobre el instructivo hecho de que se puede ser un cristiano inteligente, bienintencionado e incluso progresista, y al mismo tiempo tener sin embargo instalado en lo más profundo tics antijudíos, que se manifiestan aun inconscientemente. Dado que yo he escrito un simple post (no un artículo o un libro), resulta poco razonable (como hace algún lector) pedir que yo reproduzca los ejemplos que pone esta autora. Quien esté interesado, tiene una amplia bibliografía disponible.

2.- La idea de que se puede ser un cristiano inteligente y bienintencionado (e incluso progresista) y al mismo tiempo tener sin embargo instalado en lo más profundo tics antijudíos resulta contraintuitiva (uno esperaría que el cristiano inteligente y bienintencionado – como en general las personas inteligentes y bienintencionadas – haya superado totalmente tales prejuicios), pero lo contraintuitivo no es, ni mucho menos, siempre falso (no es necesario llegar a niveles subatómicos y hablar de física cuántica para advertirlo). Y es precisamente porque esta idea refleja un hecho incontrovertible por lo que me parece interesante reflexionar sobre ella en compañía de nuestros lectores. Que muchos cristianos pretendan negar a toda costa esta verdad es muy comprensible (es ciertamente una verdad difícil de digerir), y ya solo esto permite comprender el escasamente caritativo tono de los comentarios de algunos lectores.

3.- No estará de más decir explícitamente que, aunque el antijudaísmo forma parte del núcleo del pensamiento cristiano, y aunque por tanto los tics antijudíos aparecen por doquier en la exégesis y la teología cristianas, hay cristianos capaces (tras un arduo trabajo intelectual y emocional) de deshacerse de algún modo de aquél. De hecho, personas como G. F. Moore o Charlotte Klein fueron cristianos (esta última nació judía). Pasa con esto lo mismo que con la figura histórica de Jesús: al igual que los estudiosos cristianos que son capaces de distinguir nítidamente entre historia y teología son una muy exigua minoría (pero existen), los cristianos que son capaces de superar su antijudaísmo son una muy exigua minoría (pero existen). Omnia praeclara rara.

4.- Como ejemplo del alcance del tic antijudío en personas a las que nadie acusará (tampoco, nótese bien, el autor de estas líneas) de cabal antijudaísmo puse el ejemplo de una afirmación reciente de un teólogo español, que repito aquí:
Los mismos procedimientos y calumnias con que hace dos mil años otros amargaron la vida a Jesús de Nazaret... hasta asesinarlo
Queda perfectamente claro que, aunque aquí no se nombre a los judíos, son los judíos los referidos. No es solo que – a pesar de lo que intenta argumentar un lector - no parece poder decirse que los romanos calumniaran a Jesús, sino que la continuidad expresada en la frase – procedimientos y calumnias... hasta asesinarlo – no puede evidentemente referirse a las autoridades romanas, las cuales (que sepamos) tuvieron contacto directo con Jesús solo al final de la vida de este. El texto se refiere obviamente a judíos, y afirma que estos asesinaron a Jesús. Y esto reproduce la fabulación, contenida en los Evangelios canónicos (y tras ellos en innumerables obras cristianas) acerca de los adversarios (judíos) de Jesús empeñados en eliminar a este desde el principio, hasta que al final lo consiguen. La frase del teólogo delata, por tanto, quiérase o no, un tic antijudío.

5.- A diferencia de lo que dice un lector, yo no “juzgo” al teólogo en cuestión. Me limito a poner nombre a lo que hace. Dar a entender que los judíos asesinaron a Jesús es reproducir una aberración histórica con gravísimas consecuencias morales, aunque se haga de paso y sin mencionar a los judíos. Me limito a poner otro ejemplo de cómo una persona que seguramente no cree ser (y sin duda no puede ser calificada de) “antijudía” puede decir cosas que delatan, en el fondo, profundos prejuicios antijudíos. Y puede hacerlo porque el mito cristiano fundamental, que este teólogo comparte, es intrínsecamente antijudío (v. infra). El simple interés del caso es que hablamos de un teólogo progresista en la España contemporánea, no de un teólogo nazi ni de un discípulo de Bultmann en la Alemania de la posguerra, algo que nos quedaría un poco más lejos.

6.- Tienen evidentemente toda la razón los lectores que afirman que los judíos son como los demás humanos y se les puede criticar. Gran verdad, a fe mía, pero yo jamás niego perogrulladas. Y podría ser que algunas autoridades judías hubieran tenido una cierta participación en el arresto de Jesús, y afirmar esto no implicaría antijudaísmo. Cierto, pero yo no he afirmado lo contrario. Así pues, las proclamas de algunos lectores sobre que no resulta antijudío postular que pudo haber una participación judía en el destino de Jesús no tocan en lo más mínimo a mi argumento ni constituyen un argumento contra mí (véase lo que sigue).

7.- El antijudaísmo se evidencia no en la aceptación de algún tipo de participación judía en la muerte de Jesús – y por ello ni Ed Sanders ni B. Ehrman necesitan padecer de antijudaísmo –, sino en postular (por prejuicios teológicos) determinados modos de participación para los cuales no hay fundamento histórico. Por ejemplo, existe una diferencia muy sustancial entre afirmar que las autoridades judías, tras una acalorada discusión y como mal menor, decidieran parar los pies a un Jesús políticamente peligroso colaborando en su arresto para evitar el probable derramamiento de mucha sangre inocente (como puede deducirse de una lectura crítica del Cuarto Evangelio: Juan 11, 47-50) y afirmar que esas autoridades judías, por odio o envidia, utilizaron “procedimientos” (torticeros) y “calumnias” para “amargar la vida” a Jesús hasta “asesinarlo”. La diferencia entre ambas ideas es abismal, y espero que todo lector sea capaz de verla (pues quien no la viera, francamente padecería de un gravísimo problema de percepción). La primera no implica antijudaísmo, la segunda sí.

8.- Y aquí se halla el problema (o uno de ellos): que la suma de calumnias e interpretación in pessimam partem que sobre las autoridades judías nos regalan a menudo los Evangelios es aceptada como fiable (¡cómo no, si son considerados Sagrada Escritura!) en el mundo cristiano, comenzando por el mundo de la exégesis y la teología. Así, la muerte de Jesús (el gran Jesús, el paradigma de todas las virtudes, el individuo único al que se adora) se explica por el odio y la envidia que por él sentían muchos de sus correligionarios, espiritualmente muy inferiores y que no eran capaces de soportar su maravillosa superioridad espiritual.

Este cuento cristiano es al mismo tiempo un cuento chino, no porque los correligionarios de Jesús fueran tipos maravillosos (los jerarcas religiosos judíos no fueron seguramente mejores, moralmente hablando, que los jerarcas cristianos – entre los cuales hay gente muy noble y decente, pero también una gran cantidad de cínicos y miserables –), sino por dos razones que tienen todos los visos de ser históricamente fiables:
1ª) Jesús de Nazaret fue crucificado, es decir, ejecutado con una pena romana según el derecho romano 
2ª) los propios Evangelios ofrecen información abundante que apunta a que los romanos tuvieron razones suficientes para crucificar a Jesús (sin necesidad alguna de ser instigados a ello por judíos; v. infra).
9.- Presupongo en todos nuestros lectores la capacidad de (a) distinguir entre asesinato y ejecución; (b) entender que en muchos casos no existe distinción real entre ambas, pues muy a menudo, en el mundo humano, la ejecución es un asesinato encubierto. Confío en que los lectores presupongan que también yo tengo esta doble capacidad (aunque algún amable lector parece sugerir lo contrario). Por tanto, debo de tener alguna razón para haber observado que las autoridades romanas responsables de la muerte de Jesús habrían considerado la crucifixión como una ejecución (legítima), no como un asesinato (arbitrario): “el poder romano habría dicho que fue ejecutado por un crimen de lesa majestad”. Pues bien, establecer una distinción en el caso de Jesús de Nazaret entre asesinato y ejecución, presupone una visión determinada de cuáles fueron con mayor probabilidad las razones de la crucifixión de este personaje. Esta visión no puede ser explicada en dos líneas, aunque hace tiempo dediqué (también mi colega A. Piñero) algunos posts a esta cuestión. En apretada síntesis, digamos que existe un buen número de detalles en los propios Evangelios que explican suficientemente por qué Jesús fue crucificado por los romanos: la acusación contenida en Lucas 23, 2 respecto a la prohibición de Jesús de dar tributo al César (en conexión con una lectura crítica de Marcos 12,13-17); la exigencia de Jesús a sus discípulos para la adquisición de espadas en Lucas 22,36-38; la presencia de armas en el grupo de los discípulos y la resistencia armada en el arresto; la violencia implicada en el episodio del Templo; la conexión establecida en Juan 11,47-50 entre la creencia en (el mensaje de) Jesús y una intervención romana; el juicio por Pilato; el titulus crucis (pretensión de ser “rey de los judíos”); la noticia evangélica sobre una (probablemente muy reciente) sedición en Jerusalén; la crucifixión de Jesús entre “lestai”, etcétera.

10.- Aunque la aplastante mayoría de exegetas y teólogos cristianos (por no hablar de los cristianos en general) pasan de puntillas por estos datos evangélicos, intentan negar su validez u ofrecen de ellos interpretaciones rocambolescas o forzadas, la convergencia de todos esos indicios apunta en el sentido de que Jesús de Nazaret, aun sin ser un zelota, no fue ajeno a la resistencia política contra Roma. Esto explica del modo más sencillo y natural que Jesús fuera crucificado, es decir, ejecutado por un delito de lesa majestad. Por tanto, al escribir que Jesús de Nazaret no fue asesinado por los judíos, sino ejecutado por los romanos, estoy afirmando que la reconstrucción histórica más probable de los acontecimientos permite concluir que Jesús – a diferencia de muchas víctimas totalmente inocentes que en el mundo han sido, son y serán – parece haber sido objetivamente concausa de su propia muerte (aunque a mí personalmente - ¿hace falta decirlo? – toda ejecución me repugna). Y que su muerte puede explicarse sin necesidad alguna de postular un sórdido complot por malévolos judíos de nariz ganchuda y torva mirada, que conspiraron contra él para asesinarlo, movidos por el odio, la envidia y la mala baba.

11.- El problema, por supuesto, es que la admisión cabal de esta explicación de la muerte de
Jesús hace que el mito cristiano central se derrumbe hecho añicos. Se derrumba la fantasía del “Jesús víctima pacífica e inocentísima”, se derrumba la fantasía de los “romanos benévolos o al menos engañados”, se derrumba la fantasía de las “autoridades judías malas malísimas que odiaban a Jesús porque lo sentían como infinitamente superior moral y espiritualmente a ellos”, se derrumba, en definitiva, el mito evangélico central.

Dado que es de prever que los cristianos, y en primer lugar los intelectuales cristianos, harán todo cuanto esté en su mano para no reconocer que el mito cristiano central no parece merecer el menor crédito, puede entenderse que para apuntalar tales resistencias prefieran seguir ateniéndose a lo esencial del relato contenido en los Evangelios canónicos (que para eso son sus Sagradas Escrituras), aunque no pocos elementos de ese relato sean no solo históricamente inverosímiles sino también moralmente deletéreos. Así se explica que personas que jamás admitirán conscientemente ser antijudías – y de las que ciertamente no se puede decir que defiendan una concepción cabalmente antijudía – puedan seguir padeciendo toda su vida inconscientes tics antijudíos.


Antijudaísmo y hardware cristiano - Fernando Bermejo

A lo largo del siglo XX, diversos estudiosos (George Foot Moore, Samuel Sandmel, Charlotte
Klein o Ed Sanders, entre otros) denunciaron repetidamente – a veces, expresando comprensible hartazgo – la existencia de prejuicios antijudíos en la exégesis y la teología cristianas (incluyendo a los autores más representativos de estas), y la caricaturización del judaísmo concomitante.

En 2006, la estudiosa judía Amy-Jill Levine, en su libro The Misunderstood Jew (El judío malentendido) mostró cómo en las últimas décadas, exegetas y teólogos cristianos siguen caricaturizando el judaísmo de tiempos de Jesús (una magnitud, añadamos, en buena parte desconocida). Levine no se refiere a fundamentalistas ignorantes y cerriles o a teólogos dogmáticos ultramontanos, sino que pone ejemplos de retórica antijudía extraídos de las obras de gente considerada tan progresista como los teólogos de la liberación Gustavo Gutiérrez o Leonardo Boff, o de teólogas cristianas feministas.

Como afirma Levine, “el mal de la interpretación antijudía bíblica y teológica es tan pernicioso, tan omnipresente, que afecta incluso a aquellos que buscan su erradicación [:] el antijudaísmo es promovido incluso por las mejores instituciones, los teólogos más progresistas y los más sensibles de entre quienes trabajan por la justicia y la paz”. En una palabra, estamos hablando de un aspecto que forma parte del hardware cristiano.

Hace algunas semanas, un conocido teólogo de nuestro país, con fama (según creo) de progresista – y cuyo nombre, dado que no voy a hacer un elogio ni una crítica individualizada, prefiero omitir –, dejaba constancia en una entrevista reflejada en las páginas de Religión Digital de las disputas entre cristianos católicos en la España contemporánea. El párrafo, refiriéndose a católicos conservadores que critican a otros, terminaba de esta guisa (literal):
En el fondo, reproducen hoy los mismos procedimientos y calumnias con que hace dos mil años otros amargaron la vida a Jesús de Nazaret... hasta asesinarlo
Dado que las fuentes disponibles no nos dicen que los romanos “amargaran la vida” a Jesús de Nazaret (excepto, claro, en sus últimos momentos) y dado que no dice que lo calumniaran, pero dado que sí dicen que esto lo hicieron algunos de sus correligionarios, si la transcripción de la entrevista está bien hecha, nuestro teólogo parece estar efectuando una comparación de algunos cristianos contemporáneos con los adversarios judíos de Jesús. O sea, el teólogo en cuestión está afirmando que Jesús no solo fue “asesinado” (aunque el poder romano habría dicho que fue ejecutado por un crimen de lesa majestad: que si la pretensión de ser rey de los judíos, que si una intervención violenta en el Templo de Jerusalén en plena Pascua, que si las armas del grupo: ya saben), sino que fue asesinado por sus adversarios judíos.

Ciertamente, se dirá, esto es lo que se espera que diga un teólogo cristiano – tanto más si es un eclesiástico –, pues no en vano los cristianos llevan un par de milenios distorsionando la historia de este triste modo. Y, en efecto, esto es lo que uno espera de un teólogo, por muy progresista que se declare (o los demás le declaren): que reproduzca los mitos fundamentales derivados de las Escrituras que juzga sagradas y que sostienen su visión del mundo, y la de aquellos que lo leen. Al mismo tiempo, sin embargo, es la propia intelligentsia cristiana la que no deja de presumir de haber sido alcanzada de lleno por la Ilustración, de saber qué es eso de la crítica histórica y las Tendenzen, y de haber dejado atrás los más burdos prejuicios antijudíos.

El aserto del teólogo es tanto más elocuente, cuanto que no está escribiendo sobre el judaísmo explícitamente, y por tanto lo que sale de su boca es sin duda lo que realmente piensa (y lo que sabe que los suyos comparten con él) en el fondo de su corazón y de su cabeza. Tal vez el teólogo no quisiera decir lo que dijo, pero el caso es que es eso exactamente lo que dijo, perpetuando de este modo una de las distorsiones más repulsivas, aberrantes y deletéreas que debemos a la concepción cristiana del mundo, y que ha sembrado en este (y seguirá sembrando) inacabables males. Este es solo un ejemplo – entre los miles que podrían mencionarse - del antijudaísmo que forma parte del hardware cristiano, que sigue operativo hoy en día y que seguirá siéndolo, tal vez, durante siglos. Pero si esto lo hace un teólogo cultivado, que sin duda lee muchos libros, y al que hay que suponer una cierta inteligencia e incluso tal vez una cierta sensibilidad moral (digo “tal vez”, porque lamentablemente ambos valores no siempre van parejos), uno puede deducir fácilmente qué (no) harán los demás.

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Saturday, January 21, 2012

William de Newburgh y el ataque a los judíos de York en 1190 - Anna Sapir Abulafia





- El contexto histórico de la fuente

Cuando los historiadores analizamos cualquier episodio de violencia anti-judía tenemos que preguntarnos por qué se produjo ese ataque en particular en un momento determinado. ¿Qué sucedió para que los autores percibieran a los judíos como un grupo amenazador en lugar de unas personas que vivían entre ellos? ¿Quién instigó los atentados y por qué? ¿Fueron los ataques una expresión de la animosidad popular anti-judía o se produjeron como consecuencia de una animadversión orquestada desde las alturas? Las respuestas a preguntas como éstas sólo se pueden obtener a través de un examen cuidadoso de la información disponible de los hechos dentro de su entorno histórico, lo que incluye los lenguajes culturales y religiosos de la época.

La comunidad judía medieval inglesa se caracterizó por una serie de notables características. En primer lugar, existe una delimitación clara de su comienzo y finalización: 1066, cuando los judíos llegaron a instancias de William el Conquistador, y 1290, cuando fueron expulsados por Edward I. En segundo lugar, el control real sobre los judíos fue más fuerte en Inglaterra que en cualquier otro lugar de la cristiandad latina. En tercer lugar, este control produjo unos registros especialmente ricos en información sobre las actividades financieras judías en la Inglaterra medieval. Un departamento especial real, el “Exchequer (similar al actual ministro de Hacienda) de los judíos”, se instituyó para cuidar de los asuntos financieros judíos. El inconveniente de esta gran cantidad de material es que el aspecto financiero de la experiencia judía en la Inglaterra medieval a menudo se sobredimensiona, a expensas de cualquier otro aspecto. Sin embargo, a pesar de que abundan las pruebas documentales a nuestra disposición, sigue siendo de vital importancia valernos de cualquier otro material existente, en latín y/o hebreo, que nos pueda ayudar a conformar una visión más completa de dicha experiencia judía.

Como Stacey y otros ya han descrito, los judíos, en su mayoría, eran dependientes del favor real desde el inicio de su presencia en Inglaterra. Beneficiándose del estímulo real, pronto fueron capaces de establecerse como comerciantes de éxito y como cambistas en Londres y en un creciente número de ciudades con castillos normandos, o en la vecindad de las ferias más rentables. Hacia 1159, los judíos se habían establecido en Bungay, Cambridge, Gloucester, Lincoln, Norwich, Northampton, Oxford, Thetford, Winchester, y Worcester. Fue a través de las diversas regulaciones en tiempos de Henry II, que se convirtió en especialmente lucrativo para algunos especializarse en el préstamo de dinero. Aunque algunos miembros de la comunidad judía, como Aarón de Lincoln, tuvieron un éxito notable, es importante recordar que la riqueza de Aarón fue una excepción y no la norma dentro de las comunidades judías medievales de Inglaterra. De hecho, para una correcta comprensión de la posición de los judíos en la Inglaterra medieval, es mucho más importante centrarse en las mortificaciones que sufrieron las propiedades del mencionado Aaron en 1186 a manos de Henry II, que parecía hipnotizado por la fenomenal riqueza que Aaron acumuló en vida. No sólo los orígenes del “Exchequer de los judíos” se encuentran entre los procedimientos puestos en marcha para cobrar las deudas de Aarón de Lincoln, tras quedarse con su finca el rey, sino lo que es más importante, su adquisición y la búsqueda incesante de los deudores de Aarón por parte de los reyes Henry y después Richard, nos indican cuan peligrosamente ambiguo era el papel que se había asignado a los judíos en la Inglaterra medieval. Por mucho éxito que pudieran tener, dependían del rey, el cual podría volverse en su contra cuando quisiera. Más allá de esto, su éxito, que además era necesario para conservar el favor del rey, los hacía vulnerables a la ira de aquellos cristianos que estaban en deuda con ellos. Y estos judíos de la Inglaterra medieval se vieron aún más presionados por sus amos reales con el aumento de las sumas que se les requería según avanzaba el siglo XIII, con lo cual tenían que presionar más asiduamente a sus clientes cristianos para el pago.

En 1189, las incertidumbres de un nuevo reinado coincidieron con el fervor de los caballeros cruzados que habían tomado la cruz y amenazaban la seguridad de la que habían gozado los judíos durante el reinado de Henry II. El problema se manifestó en los disturbios anti-judíos que acompañaron la coronación de Richard I en Londres en septiembre, y se extendieron durante febrero y marzo de 1190 a Norwich, King’s Lynn, Stamford, Lincoln, York, Bury, Colchester, Thetford, y Ospringe en Kent. Richard no estaba de acuerdo con estos ataques, pero parece haberse mostrado reacio o incapaz a la hora de poner un fin efectivo a esta violencia. Llegados a este punto, los judíos de Inglaterra no parecen haber sido su prioridad más destacada. La cruzada estaba ahí, y él salió de Inglaterra hacia Normandia tan pronto como fue coronado y ultimó los preparativos para su viaje a Tierra Santa. En cuanto a Yorkshire se refiere, fue allí donde muchos antiguos clientes de Aaron de Lincoln fueron sometidos a una severa presión real. Aparte de eso, como Dobson y otros historiadores han demostrado, las relaciones entre el norte del país y la corte real estaban en un punto bajo en ese momento. En York y sus alrededores existía un vacío de autoridad.

William de Newburgh, nació en 1135/6 y murió en 1198 o poco después. Fue canónigo de Austin en Newburgh, en Yorkshire, y es el autor de la “History of English Affairs” en cinco libros, que abarcan el período de 1066 a 1198. Los ataques contra los judíos se encuentran en el cuarto libro de esta obra. William escribió más acerca de estos ataques y otras personas lo mencionan en sus obras. Como canónigo de Yorkshire, William tenía un especial interés en lo que sucedió en York en marzo de 1190. Mucho se ha comentado sobre la objetividad con la que William refleja los hechos controvertidos en su obra. William también escribió un notable comentario sobre el Cantar de los Cantares, que él consideraba como una alegoría de la Virgen María a quien le fue dedicado. Aparte de esto, compuso tres sermones. En el primer de ellos se refiere a las palabras que se usan en la liturgia en alabanza de la Trinidad; en el segundo sermón se comenta Lucas 11:27, cuando una mujer alaba el seno en el que nació Jesucristo y los pechos que lo amamantaron. Este sermón muestra muchas similitudes con el comentario mariano de William sobre el Cantar de los Cantares. El tema del tercer sermón es San Albano, que fue martirizado en la Britania romana en el 304. Este tema da lugar a que William realice una serie de interesantes observaciones sobre la naturaleza de la identidad inglesa después de 1066. Como Kennedy y más recientemente Kraebel han demostrado, es importante para el estudio de William poner en contexto toda su obra, y no aislar su obra histórica de sus escritos exegéticos. Como veremos cuando hablemos de la fuente, una serie de cuestiones se entremezclan de un trabajo a otro.

- La traducción de la fuente (latina):
Capítulo 9: [Comienza el ataque a la torre de Clifford, donde los judíos de York se habían refugiado] 
"Ciertamente, la nobleza de la ciudad y los ciudadanos de más peso tenían miedo de arriesgarse a la cólera del rey y con cautela se apartaron de tal grado de frenesí. Sin embargo, los trabajadores y todos los jóvenes de la ciudad, con mucha gente del campo y no pocos caballeros, llegaron con suma rapidez y atacaron sedientos de sangre los negocios judíos, como si cada persona siguiera su propio interés y buscara la mayor ganancia. También hubo muchos clérigos, entre los cuales un cierto ermitaño que parecía aún más celoso que los demás.

Ese mismo celo pusieron en quemar todo aquello, pensando que realizaban un gran servicio a Dios acabando con ese pueblo rebelde contrario a Cristo, mientras que con las mentes cegadas eran impermeables a las palabras de David, agraciado por el Señor, y que seguramente hablaba en la persona del Salvador: "Dios hará que vea en mis enemigos mi deseo. No los mates, para que mi pueblo no olvide (Salmo 59)". Sin duda, ese sería el verdadero motivo de la utilidad de los pérfidos judíos, los que crucificaron al Señor, por el que se les permite vivir entre los cristianos, por lo que se muestra la cruz del Señor en la Iglesia de Cristo, perpetuando la saludable memoria de la Pasión del Señor para todos los fieles, y aunque detestemos la acción impía del judío, adoremos fielmente y con devoción el divino honor de la forma sagrada (¿alusión a la hostia y a su supuesta profanación?): en consecuencia, los judíos, sin lugar a dudas, deben vivir entre los cristianos para nuestra utilidad, ya que deben servirnos a causa de su iniquidad.

Pero los judíos que vivían en Inglaterra durante el reinado de Henry II habían tenido mucho éxito y es por eso que se había invertido su utilidad de una manera desfavorable para los cristianos, y en base a su gran fortuna se envanecían impúdicamente en contra de Cristo e infligían una carga muy pesada a muchos cristianos. Por esta razón, en los días del nuevo rey, la vida de los judíos, permitida por la misericordia de Cristo, fue puesta en peligro por su justo decreto, no obstante, la masacre que se les infligió durante el motín de ninguna manera estaba justificado por la exquisita orden de su juicio
"
Capítulo 10: [Cuando los judíos en el castillo se dieron cuenta de que no podrían sobrevivir al asalto, algunos de ellos decidieron ofrecer su vida a Dios en lugar de convertirse al cristianismo o ser asesinados a manos de sus atacantes] 
... El más notorio de entre ellos, Josce, le cortó la garganta a su amada esposa Anna armado con un afilado cuchillo, y tampoco les perdonó la vida a sus propios hijos. Y cuando hizo esto fue imitado por otros hombres y los ancianos más miserables [Yom Tov de Joigny, un rabino que estaba de visita desde el norte de Francia, al que William ya había descrito previamente alentado a los judíos al martirio por su propia mano], le cortó la garganta a Josce por ser él más ilustre de los restantes. Poco después, prácticamente todos yacían muertos junto con el instigador del error, y el interior del castillo comenzó a arder por el fuego que, como ya se ha dicho, había sido iniciado aquellos que se preparaban para morir. Sin duda, los que habían optado por vivir hicieron lo que pudieron para resistir al fuego provocado por su propia gente con la intención de hacerles perecer incluso si no estaban dispuestos a ello, por lo que buscaron refugio en las partes exteriores de la ciudadela, donde estaban menos expuestos a las llamas. Ese frenesí irracional de seres racionales en contra de sí mismos era sencillamente asombroso. Pero cualquiera que lea la Historia de la Guerra de los Judíos de Josefo tendrá algún conocimiento de que esa locura que ha llegado hasta nuestros propios días es una antigua costumbre de los judíos enfrentados a la calamidad que les espera. Al amanecer, cuando numerosas personas se reunieron para asaltar el castillo, los desdichados judíos restantes, encaramados en las murallas, revelaron tristemente la masacre nocturna a los demás y lanzaron los cadáveres de los muertos al muro como prueba visible del ese crimen atroz mientras proclamaban lo siguiente: "He aquí los cuerpos de los desgraciados que se dieron muerte a sí mismos en un malvado frenesí, y prendieron fuego a las cámaras interiores del castillo porque deseaban quemar vivos por negarnos a darnos muerte y preferíamos ponernos en manos de la misericordia cristiana. Pero Dios nos ha preservado de la locura de nuestros hermanos así como de la destrucción del fuego, para que así no retrasemos más nuestra entrada en vuestra religión. De hecho, esta angustia nos ha dado el entendimiento y reconocemos la verdad cristiana y buscamos su caridad. Estamos preparados para ser purificados por el santo bautismo tal como nos demandéis, y después de renunciar a nuestros antiguos rituales unirnos a la Iglesia de Cristo. Recibidnos pues como hermanos y no como enemigos, pues viviremos con vosotros en la fe y en la paz de Cristo". 
A medida que escuchábamos esos tristes hechos, la mayoría de nosotros se estremeció con gran asombro ante la locura de los muertos y se compadeció de los sobrevivientes de la masacre. Pero los líderes de los conspiradores, entre los cuales había un tal Richard con el apellido Malebisse, un hombre muy violento, no fueron movidos por ningún tipo de misericordia hacia estos desgraciados. Ellos les traicionaron con palabras dulces y prometiendo que cumplirían fielmente sus promesas para que así no tuvieran miedo de salir. Pero tan pronto como aparecieron, emergieron los carniceros más crueles y hostiles apoderándose de ellos y matándolos, todo ellos mientras (los judíos) pedían el bautismo de Cristo. Y de hecho, de todos los que murieron por tal brutalidad, diría sin vacilación que si eran sinceros en su petición de bautismo no se les defraudó, ya que fueron bautizados con su propia sangre. Incluso si solicitaban el bautismo falsamente, la crueldad detestable de sus asesinos fue imperdonable... La visión de estas cosas en la ciudad resultaba sencillamente horrible y repugnante, con los cadáveres insepultos de tantos de estos desdichados mentirosos esparcidos alrededor del castillo. Una vez que su asesinato fue consumado, los conspiradores fueron de inmediato hacia la iglesia de la catedral y su insistente violencia provocó que los guardias aterrorizados les entregaran las actas de la deuda, depositadas allí por los judíos, los usureros del rey, y por los cuales los cristianos eran oprimidos, y destruyeron esos testimonios de una codicia impía quemándolos solemnemente en el centro de la iglesia, tanto por su propia liberación como para la liberación de muchos otros. Después de hecho eso, los conspiradores que habían aceptado la cruz [y se incorporaron a la cruzada] siguieron su viaje ajenos a cualquier investigación, mientras los otros permanecieron en el condado temerosos de una investigación. En verdad, estos fueron los hechos que sucedieron en York en el momento de la Pasión del Señor, el día antes del Domingo de Ramos [es decir, la noche de viernes a sábado del 16-17 de marzo. Era el Shabat ha-Gadol en el calendario judío, el sábado anterior a la Pascua]".
- Análisis de la fuente

La impresión general que obtenemos de la narración de William de los disturbios anti-judíos en los primeros meses de 1190 es que el ímpetu de los ataques provenía principalmente de esos caballeros ofendidos profundamente por la deuda que habían contraído con los judíos. Aquellos que tomaron la cruz se sentían agraviados por la prosperidad judía, sobre todo a la luz de la financiación que se necesitaba para ir a las cruzadas. Como Stacey ha argumentado, parece que los cruzados se sintieron decepcionados ante el hecho de que el nuevo rey no hubiera comenzado su reinado aliviando la carga de su deuda con los judíos. En su lugar, continuó la política de su padre, persiguiendo las deudas contraídas con Aarón de Lincoln en beneficio de las arcas reales. En el caso de York, William dice explícitamente que los instigadores eran personas de alto rango que debían una gran cantidad de dinero a los judíos (Libro IV, capítulo 9, 313); Richard Malebisse, el conspirador a quien William nombra, ya debía grandes sumas a Aarón de Lincoln en 1182. Por otra parte, Dobson ha destacado cómo la ausencia del rey y la complejidad de la política local significaban que no había nadie con la autoridad necesaria para conseguir que la animadversión contra los judíos no desembocara en violencia asesina. Hombres como Richard Malebisse parecen haber sido acompañados por clérigos y grupos de jóvenes, además de población ordinaria de la ciudad y del condado, pero no decididamente por la más alta sociedad de la ciudad a la hora de atacar el castillo real. Una mezcla de intereses económicos con preocupaciones religiosas parece haber sido la fuerza impulsora detrás de las hostilidades. Esta interpretación es corroborada por las acciones de los líderes de la revuelta tras la masacre, cuando se dirigieron a la catedral de York para destruir la evidencia física de las deudas con los judíos antes de cualquier otra acción. Esto también apoya otras reflexiones de William sobre las razones por las que los judíos estaban siendo atacados.

A lo largo de su relato de los disturbios de 1189-1190, William pone de manifiesto la relación directa entre la participación judía en el préstamo de dinero por orden del rey y el antijudaísmo cristiano. En cuanto a lo que preocupa a William, era ese préstamo de dinero el que había colocado a los judíos en una posición dominante sobre sus clientes cristianos. Para el canónigo de Austin esto resultaba inaceptable, y su crítica del papel de Henry II con respecto al desarrollo de la posición de los judíos resulta muy clara. Los judíos, en su opinión, deberían ocupar el lugar legítimo que S. Agustín había designado para ellos dentro de la Cristiandad, "servir a los cristianos". El objetivo de la máxima de "No los matarás"(Salmo 59) era consagrar ese concepto de servicio de los judíos hacia la Cristiandad. Viviendo su vida como judíos, así se supone que servían a los cristianos, recordándoles la Pasión de Cristo, a quien, a los ojos de William, habían crucificado. Su posición socio-económica debería dejar absolutamente de manifiesto que sobrevivían gracias a los cristianos, y no al revés. Cualquier otra cosa constituiría una inversión del orden natural de las cosas. En su comentario sobre el Cantar de los Cantares, William enuncia que Jesucristo surgió del pueblo judío a través de su madre María. Y a María se la representa constantemente orando por la conversión de los judíos gracias a su hijo. Mientras tanto, los judíos debían servir a los cristianos como forma de expiar su culpa, en la cual habían incurrido a través de la crucifixión.

No obstante, aunque William reprobara las actividades de préstamo de dinero de los judíos en Inglaterra y considerara a los judíos como pérfidos, blasfemos e insolentes asesinos de Cristo, no podía defender los disturbios asesinos en su contra. Sin embargo, esos disturbios se habían producido y habían provocado la muerte de muchos judíos, y William, como historiador y canónigo, se sintió obligado a explicar cómo pudo haber sucedido. Y aunque William pudiera pensar que Dios había puesto en marcha su propia voluntad a través de la mala voluntad de los perseguidores de St. Alban, y aunque los judíos sirvieran inconscientemente la causa de Cristo, que quiso morir por el bien de la humanidad, fue su propia maldad la que contribuyó a su muerte a manos de unos alborotadores codiciosos, descaminados y criminales en Londres, York y otros lugares, sin saber que realizaban la voluntad de Dios atacando a los judíos. Porque, de acuerdo a William, era justo que los judíos fueran castigados por su comportamiento insolente. Esto no suponía, sin embargo, que exculpara en absoluto a los perpetradores de la violencia asesina. William fue muy claro al respecto, aunque para él, esto vendría explicado por todas las cosas malas que se han sucedido en el curso de la historia. Respecto al lector actual, nos proporciona un mayor conocimiento acerca de las profundas ambigüedades que regían la percepción cristiana sobre los judíos en la Inglaterra medieval.

El relato de William nos proporciona una información más completa acerca de las respuestas judías ante estos ataques en su contra que cualquiera de las fuentes hebreas disponibles, ninguna de los cuales proviene de la propia Inglaterra. Efraín de Bonn (1133-después de 1196) nos da una información opaca sobre la violencia contra los judíos en York, así como algunos detalles sobre lo que ocurrió en Londres durante la coronación de Richard en su “Libro de los Recuerdos (Sefer Zekhrirah)”. Los poemas de Menahem ben Jacob de Worms (d. 1203) y Joseph de Chartres (siglos XII y XIII) cantan alabanzas a la erudición de los mártires y a su disposición a sacrificar sus vidas por la gloria de Dios (incluyendo en ellos los nombres de algunos de los mártires más importantes). Es a partir de Efraín y de Joseph que tomamos conocimiento del nombre de R. Yom Tov.

El automartirio de los judíos de Inglaterra se hacía eco de escenas similares que tuvieron lugar en Renania en 1096, pero los detalles del relato de William reflejan de manera natural su propia interpretación de lo sucedido. Su relato tiene en cuenta la desesperación de los judíos asediados, pero a sus ojos, los asesinatos fueron actos irracionales realizados por seres humanos racionales. Como historiador, trató de dar sentido a esos actos de automartirio, refiriéndose a la descripción de Josefo de la muerte de los judíos sitiados por los romanos en Masada, en el 74 d. C., en su “Historia de la Guerra de los Judíos”. Gracias al relato de William también nos enteramos de que no todos los judíos en el castillo decidieron convertirse en mártires. Esto es importante porque nos permite apreciar las diferentes formas en que podían reaccionar los judíos medievales ante la persecución. Como sucedió en 1096, no todos los judíos sitiados en el castillo de York estaban dispuestos a asumir la consumación de sus propias vidas y las de sus hijos. También resulta evidente la sorpresa y el horror que manifiesta William con la respuesta de los caballeros ante aquellos judíos que buscaban la salvación en el bautismo. Matar judíos ya era bastante malo, pero matar a aquellos que buscaban el bautismo estaba claramente más allá de los límites. La clara visión de William de que muchos de los que pretendían convertirse no eran sinceros resulta tan sorprendente como su convicción de que aquellos que podían haber sido sinceros habían sido bautizados con su propia sangre y así salvados (no físicamente, religiosamente).

En cuanto a los autores de los disturbios, William nos dice que un enfurecido Richard encargó a William de Longchamps, que fue obispo de Ely y canciller de Inglaterra, llevarlos ante la justicia. En ciertos casos, se impusieron multas en York, pero nadie fue llevado a juicio por la sangre que había derramado. En cuanto a los efectos duraderos de esta masacre en la presencia judía en York, Dobson ha demostrado que pocos años después de 1190 los judíos ya habían vuelto a establecerse en la ciudad. De hecho, York se convirtió en un importante centro de actividad económica judía en el siglo XIII.

JNJR (Jewish and non-Jewish relations)

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Wednesday, November 24, 2010

¿Por qué es tan importante la Tumba de Raquel? - Alex Joffe - Jewish Ideas Daily



Todas las culturas se han construido sobre lo que estuvo antes que ellas. Pero conocer cómo han tratado a sus antecesoras es una buena medida para valorar las culturas actuales. El tratamiento que los musulmanes han otorgado a la tumba de Raquel, muy conocida últimamente por aparecer bastante en las noticias, es un ejemplo meridiano de ello.

En el Génesis 35:19-20 se dice lo siguiente: "Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, donde está Belén Y Jacob erigió un pilar sobre su sepultura; y ese pilar sobre la sepultura de Raquel aún permanece a día de hoy". Mientras que las referencias existentes a esta tumba en los libros bíblicos de Samuel y Jeremías parecen radicarla al norte de Jerusalén, las tradiciones posteriores optaron por ubicarla al sur, tal como se especifica en el Génesis. A través de los siglos, los viajeros y peregrinos judíos y cristianos visitaron a menudo dicho lugar, cercano a Belén, y mencionaron esa columna o pilar hecha de piedras, que simbolizaba a las once tribus de Israel, el número de los hijos de Jacob (con exclusión del duodécimo y más joven, Benjamin, la prueba de que su nacimiento ocasionó la muerte de su madre Rachel). Por supuesto, no podemos saber si el sitio es "realmente" el lugar donde está la sepultura de Raquel, la "madre eterna", pero dicho lugar fue grabado firmemente como tal en la conciencia judía y cristiana.

El Islam llegó a Jerusalén en el 638 d.C. Aunque los eruditos debaten si realmente, y en qué casos, se puede calificar como una "conquista", no puede existir ninguna duda de que produjo una brecha cultural. Los primeros conquistadores y gobiernos que dominaron el lugar, sobre todo los romanos y los bizantinos, causaron su lote de estragos a la cultura existente, pero al menos reconocieron el pasado, aun cuando procedieron a borrarlo. Por ejemplo, cambiar el nombre del territorio y pasar a denominarlo "Palaestina" con el fin de romper el vínculo judío con dicho territorio, aunque irónicamente al denominarlo así, utilizaron un término derivado de la Biblia, con lo que nuevamente lo enlazaron con su pasado. Inclusive trataron igualmente, pero sin éxito, de cambiar el nombre de Jerusalén por el de Aelia Capitolia, además de negar a los judíos el derecho a residir allí. En suma, los judíos vivieron y oraron desde otros lugares, pero Jerusalén siguió siendo el centro de su fe.

En cuanto a los cristianos bizantinos, construyeron iglesias sobre los restos de los santuarios y sinagogas judías. Esto fue un robo, pero la conexión lineal entre el judaísmo y el cristianismo nunca fue negada; y a pesar de que desde Pablo y los Padres de la iglesia en adelante se idearon diversas formulas prácticas y teológicas para incrementar la distancia entre las dos religiones, la conexión se mantuvo firme.

El Islam, sin embargo, actuó de manera diferente. En su determinación por rehacer el mundo tanto en sus formas más pequeñas como en las más grandes, disfrutó de una ventaja singular sobre los romanos. Como una rama del judaísmo y del cristianismo, y pretendiente como era (y es) a detentar la revelación final, no sólo incorporó las tradiciones de las “religiones paternas”, sino que las afirmó como propias, realizando un trabajo de extracción de historias y personajes de la Biblia hebrea y de los Evangelios que procedió a islamizar. Abraham, por ejemplo, se convirtió en el primer musulmán, un profeta y antepasado de Mahoma y ello a través de la historia de Agar. Y en pocas palabras, estamos hablando de una usurpación. En una etapa final, las propias comunidades originarias, judías y cristianas, pasaron a ser acusadas posteriormente de haber falsificado sus propios textos (para ocultar la mención de Mahoma y la revelación musulmana posterior) .

Lo mismo sucedió con el propio paisaje físico. La construcción de mezquitas en el Monte del Templo fue el acto más sobresaliente, una especie de izado de la bandera del Islam en el sitio más sagrado del judaísmo, y por lo tanto un dominio que debería ser irrecuperable e irreversible para siempre. Este fue un procedimiento estándar. En la India, miles de templos hindúes fueron destruidos y otros miles convertidos en mezquitas. El Partenón de Atenas pasó de ser una iglesia bizantina y ortodoxa a una mezquita otomana y luego, posteriormente, un depósito de municiones volcado otomano. Los templos zoroástricos y sinagogas judías sufrieron la misma suerte. Incluso la Kaaba en La Meca fue originalmente un templo pagano. Pocos de estos santuarios es probable que sean devueltos a sus dueños originales.

La tumba de Raquel marca una excepción parcial a la regla. El diácono Zósimo de Rusia, quien visitó este lugar en torno a 1421, describe el edificio como una mezquita, pero en el 1615, Mohammad, el bajá de Jerusalén, lo reconstruyó en nombre de los judíos y emitió un firman (edicto otomano) concediéndoles su uso exclusivo para ellos. En los tiempos modernos, como recientemente ha reseñado el periodista israelí Nadav Shragai, la posesión judía fue confirmada más de una vez por los gobernantes otomanos. En 1841, Moisés Montefiore ganó el permiso oficial otomano para renovar el lugar.

Posteriormente, y durante el período del mandato británico, las reclamaciones de los musulmanes volvieron a presentarse y tomar fuerza. Y en la década de 1990, durante el período de Oslo, la tumba se convirtió en una manzana de la discordia entre Israel y la Autoridad Palestina (AP). Como señala Shragai, la Autoridad Palestina ignoró en gran medida dicho lugar en sus publicaciones oficiales, pero en 1996 comenzaron a referirse a la tumba como la “mezquita de Ibn Bilal Rabah”, el nombre de un esclavo etíope de la casa de Mahoma y que según la tradición islámica fue enterrado en Damasco. Lo que nos lleva de vuelta al presente.

A principios de este año, el gobierno de Netanyahu incluye la tumba de Raquel en un inventario formal de los sitios del patrimonio judío a ambos lados de la "Línea Verde", una decisión que enfureció a los palestinos como era previsible. Ahora la UNESCO, no menos predeciblemente (conociendo como los países árabes y musulmanes votan en bloque y presionan a los países no alineados a seguir sus pasos) ha declarado que el lugar es una mezquita (y por si acaso, también declaró que la Cueva de los Patriarcas en Hebrón es la "mezquita de Abraham", en una especie de regreso retroactivo al pasado). La reclamación palestina ha tenido una gran repercusión dentro del mundo musulmán. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, comentó a un periódico saudí en marzo que la Cueva de los Patriarcas y la Tumba de Raquel "no fueron ni serán nunca santuarios judíos, sino islámicos" [N.P.: para ello se pasó por el forro su famosa política exterior neo-otomana, ya que ignoró y despreció los propios documentos otomanos que resultaban favorables a la reivindicación de los judíos].

Y es que ser dirigente palestino y negar el pasado judío, y por lo tanto la conexión judía con Israel, no resulta nada nuevo. Yasir Arafat aseguró a Bill Clinton en una famosa declaración que nunca había existido un templo judío en Jerusalén, una posición compartida por Ikrima Sabri, el muftí de Jerusalén, así como por Hassan Ali Khater, editor en jefe de la Al-Quds Al-Sharif Enciclopedia, y por el actual presidente palestino, Mahmoud Abbas y otros. El académico israelí Yitzhak Reiter ha documentado con todo detalle la moderna tradición islámica según la cual Jerusalén nunca tuvo que ver nada con los judíos.

Frente a este comportamiento negacionista, el propio Israel ha estado dispuesto reiteradamente a sacrificar su "patrimonio en nombre de la paz”. Así, el Tribunal Supremo israelí ha denegado una demanda presentada para detener las obras de construcción sin supervisión que desarrollaba sobre el Monte del Templo la organización islámica encargada de velar por su integridad, la Wakf. En cambio, el Estado ha optado por dejar que la evisceración del lugar continuará, al igual que antes optó por mirar hacia otro lado cuando el Wakf excavó el lugar para la construcción de dos mezquitas subterráneas. Cualquiera que sean las consideraciones de prudencia que puedan estar detrás de esta decisión de abstenerse a la hora de intervenir, apenas han servido para desalentar la táctica palestino de crear supuestos hechos consumados sobre el terreno, como por ejemplo la reciente “aparición de un día para otro de tumbas musulmanas" en el lugar propuesto para un museo de Jerusalén.

Es cierto que los musulmanes no están solos en su impulso de negar el pasado judío: consideremos la regularidad con la que los cementerios judíos sufren actos de vandalismo en la Europa cristiana. Pero el Islam parece especialmente empeñado en borrar a los judíos de la historia por razones teológicas. Puntos álgidos como la Tumba de Raquel (o "la Tumba de Ezekeiel" cerca de la antigua Babilonia) son especialmente vulnerables debido a que representan a personajes específicamente reclamados como propios por el Islam, o por ubicarse lugares de culto, como la Gran Sinagoga en Orán, Argelia, tomada y convertida en mezquita en 1960, o edificios comunales, como el hospital Haim Benchimol en Tánger, capturado y derribado este año. Es cierto que hay excepciones que parecen servir de escaparate o de relaciones públicas: la sinagoga de Maimónides en El Cairo, las pequeñas comunidades judías en Marruecos y Túnez, que se conservan “en ámbar” por su gran valor como destino turístico. Sin embargo, gran cantidad de sitios que formaron parte del tejido vivo de la vida judía - cementerios, sinagogas y escuelas, por no mencionar casas y lugares de trabajo - se han perdido para siempre.

Cuando se trata de los judíos, la Europa post-cristiana actual sufre de una aguda esquizofrenia, pues al igual que “nominalmente” desea abarcar su pasado judío destruido, permite que se incuben una serie de viciosas corrientes que aúnan antisemitismo y antisionismo. El Islam, por el contrario, se manifiesta casi siempre negativamente, y su negación obstinada del pasado judío no es un signo de esperanza para el presente. Reconocer de una vez las raíces teológicas de esta disposición islámica, resulta necesario para de una vez por todas proporcionar un importante correctivo a esas gaseosas nociones a la moda donde se presenta un mundo irreal donde judíos y musulmanes habitaban “en magnifica convivencia y tolerancia” en los jardines de una edulcorada Andalucía, y más importante aún, a esa idea de que el conflicto árabe-israelí actual solamente es cuestión de una rivalidad territorial o nacional.

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Saturday, May 01, 2010

Que conste, Salvador Paniker no es antisemita

Después de su "muy celebrado" artículo "pro-judío antisemita" (o sea, bien por el judío "diluido" y mal por el judío "no diluido", es decir, "amamos al judío que no es ni parece de ninguna forma judío" - y por favor, no traten de investigar si esa singular interpretación de lo "universal" según la visión del mundo políticamente correcto de nuestro autor también debería ser aplicable a musulmanes, hinduistas, budistas, sintoístas, animistas, etcétera..., en una especie de frenesí disolvente -, Salvador Paniker nos sorprende con una impagable carta al director del Global.

Paniker se nos muestra "diluidamente transparente":
Ya imaginaba yo que mi artículo, "Israel, un error ya consumado (EL PAÍS, 21 de abril)", podría herir la enfermiza susceptibilidad de algunos sionistas.

Ahora bien, mi artículo no sólo no era antisemita sino que era decididamente pro judío. Era un artículo que comenzaba exponiendo la inmensa deuda que la cultura universal tiene contraída con los hijos de este pueblo; un artículo que no podía ser más respetuoso, e incluso simpatizante, con la causa judía.

Con lo único que mostraba disconformidad era con las tesis del sionismo radical y con el comportamiento agresivo del actual Estado de Israel. Una postura, la mía, compartida por buena parte de judíos.

Pues bien, el señor Jacobo Israel Garzón (en un artículo publicado en EL PAÍS del 27 de abril pasado) ha tildado mis palabras de obscenas y ha comparado mis observaciones con la actitud nazi de querer eliminar a los judíos de la faz de la tierra.

Qué le vamos a hacer. Sólo se me ocurre que, puestos a hablar de obscenidades, no estará de más recordar que Israel vive rodeado de muros, y que la nueva ley de talión practicada por los judíos ya no es la de "ojo por ojo, diente por diente", sino la de "cien ojos por ojo y cien dientes por diente".
Veamos..., no entremos a considerar la práctica del talión por parte de los ejércitos de numerosos países, entre ellos muchos europeos, que, respaldados por la ONU, atacaron a Serbia en su lucha por liberar el Kosovo y ocasionaron múltiples víctimas colaterales entre la población serbia; tampoco consideremos la práctica del talión por parte de Rusia y China contra las nacionalidades rebeldes en su seno (Chechenia, Dagestán, Tibet, Xinjiang...); ni la practicada entre las corrientes sunnitas y chiítas en el mundo árabe y musulmán; y, por supuesto, el creciente número de víctimas civiles ocasionadas por las tropas del nuevo Mesías progresista (y sus aliados), Ohhhbama, entre la población afgana..., centrémonos en las palabras de Paniker.

Paniker dice que él, en su artículo, "era decididamente pro judío", "incluso simpatizante, con la causa judía", que sus únicas pegas proceden de la "enfermiza susceptibilidad de algunos sionistas", y que sólo muestra su "disconformidad con las tesis del sionismo radical y con el comportamiento agresivo del actual Estado de Israel", sensación esta que que es "compartida por buena parte de los judíos".

Me abstengo de opinar qué considera el Sr. Paniker una buena parte. Pero es que al final de su carta, la carga contra la práctica del talión no se dirige contra esos "sionistas radicales", sino que va en contra de "la nueva ley del talión practicada por los judíos ya no es la de "ojo por ojo, diente por diente..."

En suma, Paniker nos dice que es "pro judío y simpatizante de la causa judía", a pesar, me imagino, de esas desagradables prácticas de los judíos (así, tomados en general, y sin particularizar esta vez en los abominables sionistas radicales) de la que nos informa (y que quizás, y haciendo extrapolación de la ley del talión, se pondrían extender a los asesinatos rituales de niños, los envenenamientos de pozos de agua, sus múltiples complot, sus profanaciones...) .

Cómo para no creerle, todo está claro como el agua. 

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