Friday, January 11, 2008

RFK Funeral Train - Paul Fusco




















"El 8 de junio del 1968, un sábado por la tarde, el cuerpo de Robert F. Kennedy, como 103 años antes el del presidente Lincoln, fue trasladado por un tren funerario desde Nueva York a Washington. Cómo sucedió con Lincoln, muchos miles, quizás un millón de personas, siguieron a los lados de las vías del ferrocarril su último viaje. El ataúd, en un féretro cercano al suelo y en coche descubierto, no podía ser divisado por las personas presentes a los lados de las vías. Entonces, los portadores del féretro de Kennedy lo levantaron y lo colocaron, un poco precariamente, en sillas.

A lo largo de la ruta del tren, boy scouts y bomberos monopolizaban en atención; monjas, algunas con gafas oscuras, amas de casa llorando, fueron sus testigos. Miles y miles de personas de color le esperaron silenciosamente ante un calor sofocante, algunas quizás por vivir cerca del ferrocarril, pero muchas otras estaban allí expresamente por él, y porque sabían que le echarían de menos.

"Muchedumbres maravillosas", comentó Arthur Schlesinger, mirando fijamente desde su ventanilla como el tren despaciosamente se mecía hacia el sur. "Sí", dijo Kenny O'Donnell. ¿Pero serán tan buenas siempre?".

Muchos de nosotros en America creímos que su hermano, el presidente John F. Kennedy, alimentaba una creencia renovada en un concepto de gobierno dedicado a todos los ciudadanos en vez de únicamente a los privilegiados y a los poderosos. Antes de que él fuera capaz de infundir ese espíritu en nuestra sociedad fue asesinado.

Cinco años más tarde, cuando Bobby (RFK) se levantó para tratar de restablecer un gobierno de esperanza, los corazones de los americanos llenos de entusiasmo resplandecieron. Pero otra tragedia les alcanzó nuevamente.

El golpe fue monumental. Esa creciente esperanza la habían destrozado de nuevo y aquellos que en mayor grado tenían necesidad de esperanza atestaron las vías del último tren de Bobby, paralizados de incredulidad, y mirando como su esperanza viajaba en un ataúd y desaparecía de sus vidas (Paul Fusco)."


Este domingo contemplé, por vez primera, y en un reportaje que homenajeaba al grupo Magnum, la fotografía que inicia esta serie. La de una familia blanca que, en un principio y ante la falta de datos excepto el nombre del fotógrafo, pensé que correspondía a una de esas familias pobres y blancas del sur de los Estados Unidos, sin comprender demasiado el por qué de la escena.

Una vez que se me hizo comprensible la razón, su actitud de profundo respeto mientras seguían con su vista el féretro fugitivo de RFK - mientras algunos de los niños miraban silenciosos sin saber que hacer a los fotógrafos - representó más que nunca la expresión plena de la honestidad, tan maravillosamente captada por Paul Fusco.

PD - Paul Fusco publicó este reportaje fotográfico en forma de libro con textos de Norman Mailer. Y ya ha pasado ha ser un clásico.

Una buena parte del reportaje fotográfico se puede ver en Digital Journalist, así como una exhibición de toda la obra de Paul Fusco en Magnum.

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