Wednesday, April 23, 2014

Abbas no puede deshacer la Autoridad Palestina - Dan Margalit - Israel Hayom



La respuesta natural a la amenaza del presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas de dejar las llaves sobre la mesa y desmantelar la Autoridad Palestina es decir, "Bueno, ¿y por qué no?" No ha sido un líder que verdaderamente esté cansado de gobernar y al que sus colegas le han obligado a continuar.

Tampoco hay necesidad de ver la amenaza de Abbas con la alegría que emanaba el líder del Habayit Hayehudi, Naftali Bennett. La amenaza de Abbas de cerrar la tienda es, en gran medida, vacía. Abbas no quiere renunciar. Y si él se mete en una situación en la que no tenga más remedio que llevar a cabo la amenaza que no tenía intención de cumplir, ninguno de sus rivales más jóvenes en la Autoridad Palestina le permitiría hacerlo.

Jibril Rajoub, Mohammed Dahlan e incluso Marwan Barghouti no han esperado hasta 2014 para permitir que un líder de transición hiciera añicos sus sueños de sucederle. Los líderes palestinos no quieren renunciar al trono de la Muqataa (la sede de la AP) en Ramallah y a las ceremonias de bienvenida por la alfombra roja a lo largo de todo el mundo. En su mayoría, estos parásitos no quieren que las contribuciones y la financiación internacional se detenga. Abbas puede querer saltar al abismo, pero su familia política no le seguirá. Abbas no tiene el poder para desmantelar la AP.

Por una parte, existen casos en los que los funambulistas resbalan y se caen. Si esto le sucede a Abbas, Israel debe dejar en claro que no se hará cargo de la Autoridad Palestina, para gran disgusto de Bennett y sus amigos. Más bien, este escenario sería una oportunidad histórica para ofrecer a Jordanía algunos de los territorios que ocupaba antes de la Guerra de los Seis Días de 1967. Si el rey de Jordania Abdullah vacila, él podría recibir un mandato (si fuera posible) de las naciones de la Liga Árabe.

Las conversaciones entre israelíes y palestinos han llegado a una etapa en la que las amenazas se deben contestar con amenazas. Los palestinos necesitan que se les obligue a realizar un análisis de costes-beneficios antes de que se enredan en una amarga disputa. Recientemente, los palestinos violaron el compromiso que hicieron en el inicio de las nuevas negociaciones y presentaron se solicitud de unión a 15 organizaciones y convenios internacionales. Estas solicitudes están todavía en discusión y en espera de aprobación. El desmontaje de la Autoridad Palestina verosimilmente cancelaría la aceptación de dichas solicitudes. Una empresa en quiebra y que está en proceso de liquidación no puede firmar cheques y comprar bienes. Las solicitudes serían nulas.

Sin embargo, Israel no está interesado en ver como Abbas renuncia o como la Autoridad Palestina se desmantela. El jefe negociador palestino, Saeb Erekat, tenía razón en esto, pero él sobreestimó su suposición de que un incremento de la presión sobre Israel, como requisito para tratar de mantener el diálogo con Abbas, produciría algún tipo logro para el régimen tambaleante en Ramallah.

Las conversaciones son la esperanza (aunque decreciente) de ambos pueblos y ofrecen la oportunidad de un futuro color de rosa. Sin comunicación ni conversaciones, la creciente violencia que se desarrolla en el Monte del Templo también podría entrar en erupción en otras áreas. Encogerse de hombros ante la extorsión de Abbas es la nota principal en la melodía diplomática de Israel, pero esto debe ir acompañado de una zanahoria, y no solamente de un palo. Israel debe ofrecer a Abbas una excusa atractiva para bajarse del árbol al que se ha subido.

El primer ministro Benjamin Netanyahu tiene muchas opciones o zanahorias. Debe elegir una y un palo con ella, incluso si esto va en contra de los deseos de los que se oponen a ello dentro de su coalición. Quizás así Abbas vea la realidad al nivel de sus ojos.

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Tuesday, April 22, 2014

¿Tiene Israel un déficit de responsabilidad? - Seth Frantman - JPost



Hay una profecía autocumplida que ha convertido a ciertos sectores de la clase análitica israelí, y a sus correligionarios en el extranjero, a la creencia de que el país está destinado al fracaso. Este sistema de creencias se atribuye a sí mismo el rol de canario de la mina sionista y, ya que es permanente crítico, no admite ninguna responsabilidad en el fracaso que piensa que se aproxima indefectiblemente.

La semana pasada el comentarista Rogel Alpher escribió un artículo de opinión afirmando que "el tiempo ha llegado para que podamos reconocer la realidad: no habrá paz". Ese es probablemente un análisis correcto. Pero su conclusión atribuya toda la responsabilidad a Israel. "Puede ser demasiado tarde para salvar la idea de dos estados", escribe, y "cuando llegue el juicio final será Israel quién se queme (en el infierno)”, ya que "entre los diputados judíos en la Knesset, la derecha tiene una gran mayoría y esto sólo va a aumentar".

Muchos columnistas y comentaristas piensan lo mismo. Mark Levine, un profesor de historia en la Universidad de California Irvine, se pregunta: "¿quién será capaz de salvar a Israel de sí mismo?" Su pronóstico es grave: "Los israelíes son claramente incapaces". Su adicción como sociedad a “la ilusión de la violencia como forma de poder ha llegado al nivel de una enfermedad mental colectiva".

Sin embargo, el lugar donde actualmente podemos encontrar el mayor número y las más retorcidas jeremíadas (el profeta que advirtió al pueblo que debía cambiar su ruta antes de que fuera demasiado tarde) es el habitado por la izquierda israelí. El mantra es en líneas generales bastante consistente: Israel debe hacer la paz y expulsarse a sí mismo, en la medida de lo posible, de Cisjordania, para que así no se convierta en un país no democrático, aislado por la comunidad internacional y en un estado paria.

Esto más o menos lo que se relataba en un artículo co-escrito, y publicado en el New York Times, por el profesor de la Universidad de Haifa, Israel Waismel-Manor, conjuntamente con al experto de la Universidad de Stanford de estudios iraníes Abbas Milani, y donde ambos sostenían una especie de cambio de roles entre Irán e Israel.

Podemos asumir, por supuesto, que el profesor Milani era el encargado de comentar la supuesta “liberalización iraní” y que el académico israelí se encargaba de la “teocratización israelí”. Pero lo que resultaba más interesante es el modelo de futuro de Israel descrito por el académico israelí, allí donde afirmaba que a medida que Occidente se vuelve menos religioso, será cada vez menos capaz de identificarse con un Israel que se vuelve más religioso: "Una nueva generación de judíos americanos ve una tensión fundamental entre sus propios valores liberales y muchas de las políticas israelíes".

La tesis de Waismel-Manor incide directamente en la demografía. "Dado que la gran mayoría de los judíos ortodoxos también están en contra de cualquier acuerdo con los palestinos, cada día que pasa las posibilidades de alcanzar un acuerdo de paz disminuyen". Resumiendo, el tiempo y la paz ya no está del lado de Israel debido a las altas tasas de natalidad de los judíos ortodoxos.

Del mismo modo, el editor senior de la revista New Republic, John Judis, afirmaba que "el partido Laborista de Israel y los pequeños partidos de izquierda han querido devolver los territorios ocupados como parte de un acuerdo de paz..., pero... el sionismo laborista se ha visto marginalizado el mismo".

Estos autores y muchos otros compañeros de viaje dibujan una visión lineal de la historia de Israel. Para ellos era el sionismo laborista quien no podía equivocarse y quien tenía todas las ideas correctas, representando, frente a la amenaza del resto de Israel, lo que una vez describió el líder laborista Ehud Barak como "una ciudad (la civilización) en medio de la selva" [N.P.: curiosamente el símil de Barak se refería a Israel como una sociedad con valores democráticos frente a las sociedades imperantes de los países árabes que le rodeaban].

Lo fascinante de este enfoque es el grado que requiere de ceguera voluntaria ante los propios hechos históricos. Cuando Israel conquistó los "territorios" en 1967 tenía un gobierno dirigido por el partido Laborista. Fueron principalmente burócratas de esa izquierda sionista oficial quienes situaron los primeros asentamientos en el valle del Jordán y el Golán.

Como Gershom Gorenberg demostró en el "Imperio Accidental", la decisión de construir comunidades judías en Cisjordania, Gaza, Golán y el Sinaí fue el resultado directo de las políticas post-1967 llevadas a cabo por los gobiernos del partido Laborista.

El líder laborista Yigal Allon concibió construir los asentamientos de Gush Katif en Gaza. El confidente de Golda Meir, Yisrael Galilee, y el héroe militar Moshe Dayan, apoyaron la construcción de Yamit en el Sinaí.

Un artículo de 1984 en el The Christian Science Monitor nos recuerda que gran parte de la construcción de las comunidades judías en Cisjordania en la década de 1980 tenía la aprobación de Shimon Peres y del partido Laborista. Sin duda, el diablo estaba en los detalles: "Likud y los partidos ortodoxos están resistiendo los movimientos para apoyar una plataforma política de asentamientos únicamente en las áreas de Cisjordania acordadas por todas las facciones de la nueva coalición liderada por Shimon Peres".

Para que nadie pretenda que por aquellos días nadie sabía lo que se estaba construyendo, la agencia AP informó el 26 de julio de 1977 que "los asentamientos en Cisjordania provocaron las protestas del secretario de Estado de EEUU Cyrus Vance, quien los catalogó como un obstáculo para la paz".

Lo que tanto Judis como Waismel-Manor están haciendo ahora es dirigir hacia atrás en el tiempo sus propios pronósticos para Israel. Ellos piensan que las comunidades judías en Cisjordania, y las antiguas comunidades ya desalojadas de Gaza y el Sinaí, son unos obstáculos para la paz, pero a continuación no culpan de ello a los que identifican como de su propia familia ideológica, sino a “esos otros” a los que consideran culpables de los problemas de Israel.

Waismel-Manor llega incluso a inventar un narrativa sobre "esa gran mayoría de judíos ortodoxos se oponen a cualquier acuerdo con los palestinos", y que por lo tanto, según concluye, es la demografía de los haredim el gran impedimento para el progreso en las conversaciones de paz. Recordemos que los judíos ultra-ortodoxos representan solamente al 10% de la población de Israel. Ellos nunca han sido otra cosa que un socio menor en las coaliciones de gobierno, o bien han estado ajenos a ellas, y hay pocos haredim que aún vivan en la Ribera Occidental.

¿Cómo es que el partido Laborista israelí no llegó a un acuerdo de paz entre 1967-1977, cuando estuvo en el poder, o bien de 1984 a 1986, o de 1995 a 1996, o de 1991 a 2001? Israel lleva permaneciendo en Cisjordania, en los "territorios en disputa" tal como los denomina Danny Ayalon, desde hace casi 50 años, más por lo tanto que los jordanos o los británicos. Y de ello no son culpables los "ortodoxos" ni los "datos demográficos", será en todo caso culpa de la incapacidad de la izquierda sionista de asumir la responsabilidad por sus acciones. Y también es culpa de la derecha sionista secular por su incapacidad a la hora de proporcionar una visión de lo que quiere hacer con Cisjordania.

La responsabilidad yace por lo tanto en el corazón de todos.

Hay una irresponsable tendencia en Israel de querer asignar constantemente la culpa a "ellos" (aquellos israelíes que no son de los nuestros), mientras se exculpa de la culpa a los "nuestros". Por otro parte, parece que siempre tenga que tener Israel toda la culpa por el colapso de los variados y vaporosos procesos de paz a los que nos embarcaron los "nuestros", y de cuyo fracaso los mayores culpables son siempre "ellos", es decir, esa parte específica de Israel que no está de acuerdo con lo que opinan los "nuestros".

Un enfoque más holístico sería contemplar la necesidad de una futura política sobre Cisjordania como algo de lo que cada uno es responsable. Predicas y profecías autocumplidas no están ayudando a nadie.

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Los extremos se tocan: la propaganda de fascistas, nazis y comunistas, idéntica - LD















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Sunday, April 20, 2014

Israel y los judíos moralistas narcisistas - Lawrence J. Epstein - Ynet



Hay algunos partidarios judíos de Israel que mantienen diferencias políticas realistas con el gobierno israelí. Pueden, por ejemplo, cuestionar la sabiduría política de seguir construyendo comunidades judías en ciertas partes de Cisjordania, y ello en vista de la oposición prácticamente de todo el mundo a tales esfuerzos. Ellos legítimamente buscan y promueven el mejor interés de Israel, por lo que aquellos que están en desacuerdo con sus opiniones deben discutir y debatir con ellos.

Sin embargo, hay algunos judíos que se oponen directamente a la existencia de un Estado judío en la Tierra de Israel. Son hostiles a la empresa sionista, y no necesitan análisis que valgan, simplemente están en contra de Israel. Es por eso que no vale la pena comprometerse con ellos en un diálogo constructivo porque su hostilidad les vuelve inmunes a un debate honesto.

No obstante, también hay otros judíos cuyas diferencias con Israel tiene más que ver con su propia psicología que con las propias políticas de Israel. Para ellos tampoco parece valer la pena analizar las cosas. Ellos se oponen a los argumentos o a las acciones israelíes por una razón muy personal y psicológica. Son moralistas narcisistas. Su deseo primordial, y su razón de ser, es creer que son personas morales. Es esa creencia la que les hace sentirse bien. Su atención se centra por lo tanto en sus propios sentimientos de cómo son y cómo los verán, no en las consecuencias de las acciones que promueven, ya que su único objetivo es que dichas acciones mejoren su conciencia de ser moralmente buenos.

En parte, ellos comparten lo que los demás narcisistas “normales” poseen: una preocupación por su autopercepción (y la de los demás). Pero si los narcisistas “normales” suelen manifiestar una falta de empatía, estos judíos moralistas narcisistas desarrollan por el contrario una absoluta empatía, por ejemplo, con los árabes palestinos, la cual resulta tan expansiva que erosiona su autoestima judía.

Es tan amplia su identificación que les lleva a negar cualquier empatía hacia los israelíes, y ello les lleva además a disculpar, o directamente negar, la violenta hostilidad y las agresiones, como es el caso del cruel terrorismo, en las que han estado involucrados los árabes palestinos. Los narcisistas “normales” tienen una falta inconsciente de autoestima, en cambio los moralistas narcisistas morales tienen un exceso de autoestima, hasta el punto de que a menudo se caracterizan por su arrogancia moralista. Están convencidos de que ellos, y todos aquellos que están de acuerdo con ellos, saben mucho mejor lo que hay que hacer que el gobierno israelí, que el electorado israelí, y que esos otros judíos - y no judíos - que no están de acuerdo con sus opiniones, y que inclusive llegan a cuestionar la validez de sus conclusiones políticas.

Estos moralistas narcisistas tienen un hondo deseo y una profunda necesidad de una pureza moral en un mundo impuro. Evitan el poder militar porque, por definición, ese poder puede ir dirigido o perjudicar a otros, y porque ven el poder mismo como algo intrínsecamente malo o un instrumento para permitir que el mal gobierne. Como es de esperar, están profundamente descontentos con el ejercicio y la aplicación de ese poder en Israel. Se sienten culpables de que los judíos ya no sean ahora las víctimas y que se hayan transformado en vencedores. Se muestran intensamente orgullosos de los judíos muertos como víctimas y por esos otros judíos fallecidos célebres, por ser a la vez fuente de orgullo e identificación y por ya no poder avergonzarlos y contradecirles. Se muestran tan ciegos que disculpan o justifican los crueles actos cometidos en el mundo árabe por deberse a los crímenes supuestamente cometidos con anterioridad por Occidente y los judíos contra el Islam.

Estos moralistas narcisistas se sienten especialmente bien cuando pueden firmar una carta o una petición, o escribir un artículo, o participar en una manifestación, que se dirigen en contra de alguna política israelí. Ellos rara vez reconocen los sorprendentes éxitos de Israel, su impávido espíritu democrático frente a un ambiente hostil, su apoyo a los derechos de las mujeres o de los homosexuales en un área geográfica que es característicamente hostil a cualquiera de esos derechos.

Estos moralistas narcisistas viven en un extraño universo moral. En cierto sentido, su problema es filosófico. Su idealismo perdido les ha llevado a tener un sentido ingenuo y simplista de la moralidad. Son idealistas morales. Exhiben una forma distorsionada de comportamiento altruista. Creen que si se esfuerzan por entender el punto de vista palestino, apoyando los esfuerzos políticos de los palestinos, los palestinos a su vez les abrazarán y dejarán de luchar contra los judíos. Creen que la buena voluntad y un sincero lenguaje de apoyo pueden acabar con el conflicto. Creen en la abnegación como el necesario camino hacia la paz.

Ellos no quieren ni desean ver al Oriente Medio como el mundo hobbesiano que es. En su mundo no puede existir un mundo que no sea moralmente puro, y todo lo demás está bajo sospecha. Son totalitaristas morales, y tratan de imponer su propia moral a todos los demás porque, según ellos, sólo ellos están “del lado de los ángeles”. Para ellos, Israel está poniendo en peligro su pureza moral y su reputación por extensión, y eso les resulta inaceptable.

Su “inocencia” sirve a sus necesidades personales, aunque participar de sus políticas utópicas y de su narcisismo moral puede acarrear unos daños muy reales. De hecho, hacen daño a Israel, y merecen ser criticados por ello. Ya que, o bien realmente no ven, o bien no les interesa, las consecuencias políticas y de otro tipo que para Israel implica su idealismo egoísta.

Realmente ellos no son malvados, tampoco son nuestros enemigos, solamente se equivocan. Pero por desgracia, su propio deseo de ser “morales ante todo” y de hacer el bien por encima de todo les vuelve peligrosos, ya que su “mundo no es de este mundo”, y desde luego no es el que habita Israel, sino un mundo imaginario donde las palabras detienen las balas y los discursos sustituyen a las políticas y a los intereses.

Puede parecer cruel denominar a estas personas por lo que son, pero el peligro que pueden causar lo requiere. En realidad son una variante de los famosos “idiotas útiles”, no plenamente conscientes de que sirven la causa de aquellos que se oponen a la existencia de Israel, los cuales utilizan a estos bien intencionados, a menudo judíos muy amables, de una manera cínica para socavar al Estado judío.

Es hora de que estos “buenos judíos” vean a los enemigos de Israel tal como lo que son. De esa manera, su moral pudiera llegar a ser auténtica, y aunque su pureza se vea contaminada por la realidad, habrán alcanzado una verdadera moralidad.

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La izquierda académica permanece singularmente silenciosa ante el imperialismo de Rusia: "Es que no se trata de Israel" - Preoccupied Territory



Los académicos izquierdistas europeos y americanos están explicando su falta de acción ante el programa ruso de domeñar por la fuerza a Ucrania señalando que como el agresor en este caso no puede ser identificado con Israel, por lo tanto no es necesario que se movilice una gran oposición.

En un discurso ante una conferencia de la  Harvard-Yale-Princeton-Oxford-Columbia-Radcliffe-International Team of Educators (HYPOCRITE), la profesora Lisa Duggan [N.P.: una de los principales promotores del boicot a Israel de la Asociación de Estudios Americanos] advirtió a los "hypocrites" asistentes que tienen que tener cuidado en no elevar demasiado la voz a la hora de valorar la violación por parte de Rusia de la soberanía de Ucrania, no sea que se corra el peligro de que el mundo comience a pensar que hay problemas más dignos de atención y no se prestan a la demonización de Israel .

"Si bien nadie niega que el comportamiento de Rusia es menos que perfecto, nosotros como académicos tenemos la responsabilidad de mantener la atención internacional centrada en el mal principal, que sin duda es Israel, y en las formas en que podemos deslegitimar a Israel. Dado que no hay elementos principales en la crisis entre Rusia y Ucrania que puedan ser atribuidos directamente a los crímenes israelíes, nuestra interés por esta crisis ruso-ucraniana debe permanecer lo más superficial posible". Posteriormente añadió que un boicot académico de las instituciones rusas estaba fuera de cuestión.

Otros oradores en la conferencia hicieron hincapié en que el mero imperialismo o la agresión militar no es suficiente para justificar la ira moral de los académicos progresistas. "El estudioso que se adhiere a una línea coherente de razonamiento moral y que no presupone la centralidad de Israel como la causa de todo el conflicto y maldad existente en el Oriente Medio, o por lo menos, la culpabilidad del imperialismo cultural americano y/o europeo en los males del mundo, carece de la autoridad para llamarse a sí mismo un erudito", dijo el presidente emérito de HYPOCRITE, Noam Chomsky.

"Resulta evidente que los pueblos no occidentales no poseen la capacidad de ser responsables de sus acciones, y que por tanto la culpa siempre debe provenir, aunque no siempre se halle a primera y segunda vista, de Occidente, y con más razón aún si esos pueblos mantienen siniestras nociones sobre los judíos e Israel".

"En ese mismo sentido", afirmó Duggan, "cuando se nos informa que Egipto tiene la intención de revocar la ciudadanía a 13.000 refugiados palestinos que les fue concedida bajo la relajación de las reglas promovida por el breve gobierno de Muhammad Morsi, no demos dar crédito y publicidad a dichas informaciones, ya que supone un mentís al argumento árabe de que los refugiados palestinos no están interesados ​​en la ciudadanía de otros países árabes. Dar una atención indebida a este acontecimiento provocaría que la gente se hiciera incómodas preguntas sobre las restricciones que varios países árabes imponen a esos refugiados, entre ellas la ciudadanía y limitar sus oportunidades de movimiento y de empleo. Cualquier cosa que pueda retratar las políticas israelíes, por contraste con las de los países árabes, como benevolentes, no puede ser publicitada", advirtió.

Por una votación de 45-0, los miembros de HYPOCRITE aprobaron una "resolución de condena a Israel" por tratar de llevar ante el Consejo de Seguridad de la ONU la tentativa sirio-iraní de enviar misiles a la Franja de Gaza.

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América, por favor, no nos hagas más favores - Dan Margalit - Israel Hayom



El secretario de Estado John Kerry está actuando como Santa Claus en Navidad presentando presentes y regalos a Israel. Si no es finalmente Jonathan Pollard, tal vez será una exención de los visados para los israelíes que buscan viajar a los EEUU por hasta tres meses. No, gracias. A pesar de que sería conveniente que Israel mostrara una posición más flexible en las actuales negociaciones con los palestinos, que desde luego son los que rechazan una paz no acorde a sus intereses máximos, no hay necesidad de compensar a Israel con unas visas parecidas a viajes a Disneyland.

La propuesta dio lugar a unas embarazosas respuestas. En dos comisiones del Congreso de los EEUU se expresó el sentimiento indignante de que los israelíes no están recibiendo las exenciones a los visados por las preocupaciones sobre el aumento de las actividades de espionaje en el territorio de EEUU. Esta es una suposición vulgar, pues desde el caso Pollard hace 29 años, Israel ha minimizado y deshecho tales esfuerzos hasta un verdadero punto muerto. Los que espían a los amigos son los propios norteamericanos, como hemos aprendimos de Edward Snowden. En resumen, un argumento bastante inútil.

No obstante, las autoridades de inmigración estadounidenses también justifican sus políticas de visados al reclamar reciprocidad en los estrictos controles israelíes a los ciudadanos estadounidenses de etnia árabe que deseen entrar en Israel. Todo el mundo sabe que Israel no tiene ningún interés en discriminar a nadie porque sí. Es cierto que sólo recientemente las condiciones de paso para judíos y árabes se igualaron en el Aeropuerto Internacional Ben-Gurion. Pero la protección de la vida está por encima de todo, y qué podemos hacer si hay más árabes que emigraron a Occidente y están involucrados en operaciones de deslegitimación y de terrorismo contra Israel que húngaros o ugandeses. Esto no se debe a ninguna discriminación, se trata de legítima defensa.

Israel paga muchas veces por la propaganda maliciosa arrojada contra nosotros por querer evitar ataques asesinos contra nuestros civiles. Si precisar de una visa para entrar a los EEUU es uno de esos precios a pagar por nuestra seguridad, entonces que así sea. Esta será la vergüenza de América, no la de Israel.

Básicamente, se trata de una discusión sobre un huevo que aún no ha eclosionado y no vale la pena gastar demasiado tiempo en ello. Lo más correcto es que Washington deje de tráficar con la exención de visados como si fueran caramelos, y que deje de actuar como si estuviéramos tratando de hacer las cosas más difíciles. Hay un estado de derecho en los Estados Unidos, y es apropiado tratar a Israel como a cualquier otra nación amiga de su calibre.

América, te mereces escuchar esto: Por favor, no nos hagas más favores.

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PreOccupied Territory: PallyHistoria, otomanos y británicos, quienes “aparentemente” gobernaron Palestina, en realidad no se dieron cuenta de que eran los propios “palestinos” los que gobernaban


Me gustaría recomendar una web bastante sardónica PreOccupied Territory, de la que selecciono uno de sus post que más me han divertido

Historiadores palestinos que han "investigado" la administración y control de la Tierra Santa durante los períodos británicos y otomanos, han descubierto que esos gobernantes foráneos del país se mantuvieron completamente ajenos al hecho de que ellos, en realidad, no eran los auténticos gobernantes. En realidad, dicen estos investigadores palestinos, el propio "pueblo palestino" era el que tenía  el control de su patria, por lo que la aparición posterior del control israelí sobre ese mismo territorio supuso un verdadero desastre.

Aunque los otomanos tomaron el control de Tierra Santa en la primera mitad del siglo XVI, según cuentan estos historiadores palestinos en realidad nunca gobernaron realmente sobre dicho territorio, a pesar de su monopolio en la recaudación de impuestos, en el registro de la propiedad de la tierra, en la construcción de carreteras, en el reclutamiento militar, y en la gestión del comercio, por ejemplo. A lo largo de esos 400 años de dominio otomano de la Tierra Santa, un pueblo indígena denominado “palestino” fue en realidad el poder soberano, a pesar de que no exista constancia alguna de ninguna soberanía indígena desde la destrucción del Segundo Templo judío hace dos mil años.

Ese mismo fenómeno de “control palestino” continuó cuando los británicos expulsaron a ​​los otomanos de la zona hacia el final de la Primera Guerra Mundial y asumieron el Mandato de Liga de las Naciones de gobernar el territorio. Aunque los británicos tenían la última palabra en inmigración, en la disposición militar, en las infraestructuras, en el comercio, y en muchas otras instancias típicamente representativas del control político, Palestina fue en realidad un "vibrante, idílico y prospero país, y todo ello sin el conocimiento de los propios británicos". Por extensión, este fenómeno se extendió hasta 1967 en Cisjordania, ya que nadie parecía estar molesto por la ocupación jordana de dicho territorio.

Estos eruditos historiadores palestinos han desarrollado tres enfoques generales para explicar esta anomalía histórica. El primero simplemente ignora la naturaleza no palestina del imperio otomano y finge que, como los otomanos eran en diversos grados musulmanes, aunque no árabes, se puede decir perfectamente que el área cayó bajo el control de una entidad con una "especie de pedigrí palestino", en el sentido de que la mayor parte de los palestinos de la época otomana también eran musulmanes, al igual que la gran mayoría de la población desde el África Occidental hacia el sudeste de Asia. Así que no fue específicamente hasta el establecimiento de Israel en 1948 cuando Palestina perdió su soberanía, representando en comparación con el Mandato Británico instalado en 1918, una forma aún más severa de ocupación extranjera.

El segundo enfoque se limita a negar la necesidad de todo tipo de demostración histórica de la soberanía con objeto de asentar las reclamaciones palestinas. Este enfoque ofrece la ventaja de no tener que necesitar una investigación histórica que respalde sus afirmaciones.

El tercer enfoque, y de lejos el más popular, combina los dos primeros, ya que trata a la vez de borrar activamente la historia documentada - por ejemplo, mediante las excavaciones llevadas a cabo por el Waqf en partes de la Explanada de las Mezquitas para deshacerse de las evidencias de antiguas estructuras judías – y de mantener que diga lo que diga el registro histórico, resulta irrelevante, ya que el pueblo palestino tiene más derechos que nadie a todas las tierras en disputa, no importando lo que digan los demás.

Estos diversos enfoques ya se pueden observar en declaraciones que van ridículamente contra los hechos históricos y que son realizadas por los líderes palestinos, como por ejemplo decir que Jesús el judío era en realidad un palestino, que los palestinos árabes son descendientes de los pueblos cananeos no árabes pre-israelitas - y ello a pesar de lo que sus propias tradiciones familiares cuentan -, o que los judíos actuales no tienen relación genética con los antiguos habitantes de esta tierra, y ello a pesar de lo que demuestran los estudios genéticos.

Pero los pacificadores internacionales también han adoptado este enfoque palestino al pretender que los territorios que Israel capturó en 1967 “se consideran 'ocupados' en virtud del derecho internacional”, algo que sólo podría ser cierto si antes formaban parte de una nación soberana. Jordania ocupó Cisjordania en 1948 y Egipto tomó control de la Franja de Gaza ese mismo año. Ninguno de esos dos países obtuvo el reconocimiento internacional de la anexión de esos territorios, por lo que la única forma de que se considere el control israelí como una "ocupación" es mediante la afirmación de que, de hecho, los palestinos los controlaron durante todo ese tiempo y nadie se dio cuenta de ello.

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Saturday, April 19, 2014

El New York Times, buscando la estigmatización de Israel, difunde el bulo de un giro hacia la teocracia - Yair Rosenberg - Tablet



Hace unos días (el artículo es del 11 de Abril), el New York Times publicó un artículo de opinión que intentaba demostrar que Israel se dirige a la deriva hacia una teocracia judía ortodoxa. Por desgracia para el diario, ese artículo solamente demuestra la profunda ignorancia tanto de la política interna de Israel como del judaísmo ortodoxo por parte de sus autores. Todo el argumento de la columna de opinión escrita por el por lo demás excelente erudito iraní Abbas Milani y el académico de la Universidad de Haifa Israel Waismel-Manor, gira en torno a un punto clave:
"Mientras que los partidos judíos ortodoxos actualmente no forman parte del gobierno, juntamente con el partdio Hogar Judío del señor Bennett, un partido religioso de derechas, poseen alrededor del 25% de los escaños en la Knesset. Los partidos ortodoxos aspiran a transformar a Israel en una teocracia"
Como será evidente para cualquier persona con cierta familiaridad con la política israelí o el judaísmo ortodoxo [N.P.: podemos pensar que el académico israelí, en particular, puede parecer particularmente ignorante, o bien malicioso], esta afirmación es demostrablemente falsa. No todos los judíos ortodoxos son iguales, no todos los partidos ortodoxos son iguales, y no todos los judíos ortodoxos pretenden convertir a Israel en una teocracia. De hecho, muchos de ellos se oponen enérgicamente a esa pretensión. Los autores combinan convenientemente a los partidos ultra-ortodoxos (actualmente en la oposición) y al partido ortodoxo moderno - o sionista-religioso - Hogar Judío (actualmente en la coalición). Sugerir que estas comunidades profundamente dispares son ideológicamente idénticas es, desde luego, una afirmación muy dudosa, pero claro está resulta necesaria para los autores de la tesis, y es que Hogar Judío tiene 12 escaños en la Knesset, un poco menos de la mitad de los atribuidos por los autores al supuesto bloque teocrático. Sin Hogar Judío trabajando con los ultra-ortodoxos para imponer la ley judía ortodoxa a la población, todo el esquema y el argumento del artículo se desmorona.

De manera harto inconveniente para el argumento del artículo, Hogar Judío y su líder Naftali Bennett han estado trabajando asiduamente para debilitar la institución del Rabinato del país y para romper el dominio político de los ultra-ortodoxos sobre la vida religiosa de Israel. Ya en mayo de 2013, Bennett se convirtió en el primer ministro de asuntos religiosos en la historia de Israel que solicitaba al gobierno financiar a los rabinos no ortodoxos, y no sólo a los ortodoxos. (Hasta entonces, Israel ha estado subsidiando a todas las comunidades religiosas, excepto eso sí a las judías no ortodoxas). Hogar Judío también ha respaldado la legislación que extraerá el control de los procesos de conversión y el matrimonio del Rabinato ultraortodoxo, para dárselos en su lugar a rabinos locales por lo general más liberales.

Estos desarrollos no deberían sorprender a nadie (aunque parece que al académico israelí del artículo le han tomado por sorpresa): Bennett es un judío ortodoxo moderno que sirvió en la unidad de élite del IDF, las Sayeret Matkal, ganó millones en la industria tecnológica y está casado con una mujer no ortodoxa. Su adjunta de toda la vida, y número cinco de Hogar Judío, es Ayelet Shaked, ella misma una orgullosa judía secular. Es decir, no son exactamente unos estereotipados fanáticos barbudos de una revolución teocrática.

Pero las políticas de distorsión de lo que es Israel en el New York Times van más allá de un simple malentendido sobre lo que representa en realidad un determinado partido israelí. El artículo de opinión interpreta de manera fundamentalmente errónea todo el escenario político israelí, que en los últimos años se ha vuelto contra la inmersión de los ultra-ortodoxos en la política israelí. Después de las elecciones de 2013, los partidos ultra-ortodoxos teocráticos fueron alejados de la coalición de gobierno por segunda vez en 35 años. ¿Por qué? Debido a que Hogar Judío se unió al partido ultrasecular Atid Yesh y exigió a Netanyahu que estuvieran ausentes de la coalición dejándolos en la oposición. Esto ha permitido a la actual coalición aprobar no sólo las reformas contra el Rabinato descritas anteriormente, sino una ley que por vez primera trata de reclutar a los ultra-ortodoxos en el servicio nacional, en un intento de integrarles en el tejido del Estado moderno. Todas estas reformas han sido impulsadas tanto por legisladores judíos ortodoxos modernos - como el rabino Shai Piron, también ministro de Educación y su colega el rabino Dov Lipman, ambos del partido secular del Yesh Atid, y por Elazar Stern, del partido centrista Hatnua -, ninguno de los cuales apoyan la teocracia, como por supuesto por legisladores seculares.

En otras palabras, la idea de que los partidos ultra-ortodoxos israelíes repentinamente hayan unido sus fuerzas con sus homólogos sionistas religiosos para imponer la ley judía no resulta simplemente risible, sino que relata exactamente lo contrario de lo que verdaderamente ha estado sucediendo.

Ahora bien, nada de esto es nuevo. De hecho, la alianza entre la población laica de Israel y su contingente ortodoxo moderno contra los ultra-ortodoxos, en lugar de ese fantástico empujón panortodoxo hacia la teocracia, ya ha sido bien documentada por nada menos que el propio (y altamente contradictorio) New York Times. Apenas el mes pasado, la periodista del diario Isabel Kershner escribió acerca de la "guerra cultural entre los judíos ortodoxos modernos y los judíos seculares contra los ultra-ortodoxos", y cómo eso se refleja en el empuje popular para reclutar a los judíos ultra-ortodoxos en el ejército.

Todo esta estupidez se pudiera haber evitado si solamente los autores del artículo, así como los propios revisores del diario, hubieran leído los artículos que publica su diario.

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A leer indefectiblemente: El ministro de Defensa de Israel dice lo que piensa sobre la actual administración de EEUU - Ben Caspit - Al Monitor



La forma en que se resolvió la anterior crisis entre el ministro de Defensa israelí, Moshe "Bogie" Ya'alon, y los Estados Unidos es muy reveladora de la situación en general. Es como los niños de una guardería que no están en condiciones de hablar. En el papel de niñera está el primer ministro Benjamin Netanyahu. Él fue quien recibió la llamada de teléfono enojada. El quejica era el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, quien no ha hablado directamente con Ya'alon desde que este último le llamó mesiánico y obsesivo. A raíz de esa queja airada, Netanyahu convocó al chico sinvergüenza - Ya'alon - para decirle que realiza las oportunas aclaraciones por él. Después de esta conversación, Ya'alon cogió el teléfono y llamó a Washington, donde encontró refugio en su homólogo estadounidense, el secretario de Defensa Chuck Hagel. Ya'alon y Hagel realmente han fomentado unas relativas buenas relaciones, especialmente en comparación con la relación entre Ya'alon y Kerry, por ejemplo. Los dos tuvieron una charla suficientemente buena. Ya'alon explicó lo que había dicho y Hagel concluyó que algunas de las cosas que se atribuyen al ministro de Defensa israelí habían sido sacadas de contexto. Todo lo que podemos hacer es preguntarnos por la otra parte de la charla. Partiendo como amigos cada uno partió a su manera hasta la siguiente ronda.

No fue sino hasta hace poco que sólo podíamos oír a Ya'alon a puerta cerrada, ya sea durante las conversaciones en profundidad, las discusiones internas o las sesiones de información. Todo el que se ha reunido con él - y me he reunido con él en varias ocasiones desde que asumió el cargo - oyó las cosas explícitas, convincentes y dolorosas que tuvo que decir acerca de la actual administración de EEUU y su política de "disminución" o de "retirada" que lleva a cabo alrededor del mundo. El problema de Ya'alon es que él no puede callarse y mantener las cosas reprimidas. La presión mantiene la construcción hasta que todo explota.

El trasfondo de la conversación del Ministro de Defensa israelí con el periodista, que fue publicado más tarde, fue un paso en falso que tuvo que ver con la ética periodística. Sin embargo, Ya'alon tiene el mismo parte de la culpa, por cuanto ha sido dispensando generosamente sus ideas con demasiada frecuencia y en demasiados foros. Su discurso del 18 de marzo en un foro cerrado en la Universidad de Tel Aviv se filtró rápidamente al diario israelí Haaretz y se extendió como un reguero de pólvora. En su estela, una reacción estadounidense atípica de un funcionario anónimo de la administración Obama todavía furioso replicó a Ya'alon que quien siembra vientos recoge tempestades.

El problema con Ya'alon es que su argumentación tiene sentido. Persuasiva y convincente, brota de su interior. Creciendo como un kibbutznik, el ministro de Defensa era un miembro del movimiento Laborista, que en Israel es considerado como un partido de izquierda. Como ex director de inteligencia militar, apoyó la Acuerdos de Oslo. Luego, haciendo caso o recobrando sus sentidos, dio un fuerte, rápido y vigoroso giro hacia la derecha. En términos generales, la función de director de la Inteligencia militar israelí lleva a muchos israelíes a desilusionarse con la idea de una paz con los palestinos y con el sueño de dos Estados que vivan prósperamente y en silencio el uno al lado del otro. Cada mañana, el director de la Inteligencia militar israelí lee, oye y ve la información sensible que analiza la mayoría de los secretos de los palestinos. Ya'alon ha llegado a la aguda percepción de que Israel no tiene ningún socio para la paz.

En su entrevista a la TV2 de Israel el 15 de marzo, Ya'alon señaló en términos inequívocos que el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas no era ningún socio para la paz. Teniendo lugar en medio del momento más delicado para el futuro de los esfuerzos de Kerry, la entrevista fue como un balde de agua helada siberiana que se vertía sobre la cabeza de los americanos. A mi juicio, la declaración de Ya'alon, que se realizó tres días antes de su intervención sobre la política exterior estadounidense, es la que les hizo perder los estribos a los estadounidenses. La reacción fuerte y tardía llegó más tarde, en la semana, cuando Yaalon provocó a Kerry con su charla predicadora en la universidad.

La realidad sobre el terreno y los eventos alrededor del mundo corroboran todo lo que Ya'alon dijo. La siguiente es su filosofía en pocas palabras: en cualquier foro internacional que asiste, la gente mantiene conversaciones de pasillo sobre la "decadencia de Occidente", o como el gobierno de Obama demuestra su debilidad a través de "la retirada estadounidense". El hecho de que se anuncie por adelantado que no tienen intención de usar la fuerza hace que sus amenazas se vuelvan vacías, diezmando rápidamente la disuasión americana y llevándola a cero. Más que nada, los acontecimientos en Ucrania ilustran la sólida filosofía de Ya'alon. El presidente ruso, Vladimir Putin - un hombre que "entiende una cosa o dos" sobre el uso de la fuerza - ha sacudido totalmente al presidente de EEUU, Barack Obama. Él sabe que el presidente de Estados Unidos es débil, así pues hace lo que le place, sin tener que pagar casi ningún precio significativo.

Pero lo que realmente impulsa a Ya'alon fuera de sí es la cuestión iraní.

En este sentido, los americanos verdaderamente han perdido una oportunidad histórica, observa el ministro de Defensa israelí. Las sanciones habían llevado a Irán a sus rodillas, lo que les obligó urgentemente a buscar un acuerdo con Occidente. Por lo tanto, Occidente, por su parte, estaba en una posición ideal. No tenía casi que negociar un acuerdo. El poder estaba de su lado y las condiciones estaban a su favor. Pero durante la celebración de las negociaciones, observa Ya'alon, todo se invirtió. Los iraníes se comportaron como si estuvieran muy cómodos sobre sus posiciones, mientras que Occidente se comportó como si tuviera que ceder. Así que en lugar de neutralizar realmente el programa nuclear de Irán, lo que fue negociado fue un acuerdo que congelaba la situación real, lo que permitía a Irán continuar con sus esfuerzos para convertirse en un estado en el umbral nuclear. Los iraníes, dice el ministro de Defensa israelí, estaban dispuestos a sacrificar el reactor nuclear en Araq, pero nadie realmente les hizo esa demanda. Mientras tanto, las sanciones se levantaban y empresarios y bancos se dirigían en procesión a Teherán. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif, realizaba giras victoriosas por todas las capitales concebibles, y ya todo el asunto estaba condenado. Un acuerdo sobre un estatuto permanente no saldría de todo esto, así era la estimación de Ya'alon.

Contrariamente a algunos informes de prensa de esa semana, no creo que Ya'alon haya cambiado de opinión y que ahora sí sea favorable a un ataque militar contra las instalaciones nucleares de Irán. Yaalon siempre ha defendido la idea de: "¿Si yo no estoy por mí mismo, quién estará para mí?" Sin embargo, él es consciente de que, siempre y cuando las partes mantengan las negociaciones, Israel no puede atacar. Estas negociaciones durarán todo el tiempo que el presidente Obama se mantenga en el cargo, según piensa Yaalon. Ni Teherán ni Washington se provocarán demasiado el un al otro. Lo que van a hacer es ampliar el plazo de vez en cuando y esperar ganar tiempo. Obama será capaz de retirarse a su biblioteca presidencial y decir que él ha cumplido su promesa de impedir que Irán se convierta en un estado nuclear "durante su mandato". Teherán, por su parte, será capaz de preservar su capacidad para en un futuro fabricar la bomba.

No nos equivoquemos al respecto: Israel no ha renunciado a la opción militar. Las capacidades de la fuerza aérea israelí y de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) desarrolladas a un coste de 12 mil millones de shekels (aproximadamente 3.400 millones de dolares) permanecen intactas y siguen siendo mejoradas. Nadie ha dado la señal de que no vale la pena proseguir. La financiación no se ha detenido, y tener una opción militar israelí creíble sobre la mesa con relación a Irán, es considerada aquí como un pilar estratégico en el esfuerzo por frenar el programa nuclear iraní.

El problema de Israel es que su opción militar no se suponía que fuera la única sobre la mesa. Debería haber sido eclipsada por una opción militar estadounidense y occidental mucho más potente, intimidante y creíble. El problema, dicen algunos en Israel, es que Obama es mentalmente incapaz de establecer dicha opción. Y aunque lo hiciera, nadie le creería, de ahí las declaraciones a propósito de Ya'alon sobre la debilidad norteamericana y la retirada de Occidente y su decadencia.

Los iraníes sólo entienden la fuerza, hay quienes sostienen en Israel. El hecho es que la única vez que realmente archivaron su programa militar fue inmediatamente después de la desastrosa invasión estadounidense de Iraq.

En los últimos dos años, la coordinación entre Israel y muchos otros países del Oriente Medio ha aumentado considerablemente. Muchos países en el mundo árabe que no mantienen relaciones diplomáticas con Israel, y que hasta la fecha solo habían mostrado unas pocas señales, especialmente en los lazos de inteligencia, se han convertido en una especie de aliados. Los lazos secretos con Arabia Saudita, los estados del Golfo, Egipto, Jordania y muchos otros países ya se han publicado en el pasado. Comparado con lo que los altos funcionarios de esos países le comentan al ministro de Defensa israelí, las críticas de Ya'alon a la administración Obama suenan como una conversación formal a la hora del té entre la reina de Inglaterra y alguno de sus invitados.

El problema de Ya'alon es que él no se contenta con decir privadamente a los propios estadounidenses lo que piensa. Él parece tener una necesidad incontrolable de desahogar su frustración en público. Mientras que Ya'alon muy bien podría estar en lo cierto, es probable que decirlo públicamente  no sea inteligente. A los estadounidenses no les gusta oír esas cosas que se dicen de ellos en público. Israel no tiene otros Estados Unidos. De acuerdo con los cálculos de coste-beneficio, Ya'alon no ha conseguido nada y ha causado daños, al estado y a sí mismo. Así es como un ministro de alto rango del gabinete de Netanyahu definió la situación hace unas semanas: "Por amor de Dios, ¿qué está pasando aquí, judíos? Bogie (Yaalon) declara la guerra a los Estados Unidos, el ministro de Economía y Comercio Naftali Bennett declara la guerra a Europa. ¿Qué pasa aquí? ¿Es que no hay suficientes árabes para todos?".

Lo que queda es la vía palestina. Aquí, también, Ya'alon es el gran ideólogo que aboga por el enfoque de que "no hay socio (para la paz)". Y él dice en voz alta lo que Netanyahu está susurrando dentro de la habitación y tiene miedo de decir a los estadounidenses. "Mis padres", dice Yaron, "acordaron la partición de la tierra. Apoyé el proceso de Oslo. Son los palestinos, los del otro lado, quienes son intransigentes. En ningún caso están dispuestos a reconocer el hecho de que existe un Estado judío aquí. Si la alternativa es entre un boicot internacional y los cohetes cayendo sobre las grandes ciudades israelíes y el aeropuerto Ben Gurion, me quedo con la opción primera. No hay ninguna razón para intimidarnos. El tiempo está del lado de aquellos que saben cómo usarlo correctamente. No tenemos un acuerdo de paz con el Líbano, pero tenemos una disuasión mutua y la situación es tolerable. No tenemos un acuerdo de paz con Hamas, pero la disuasión en Gaza es efectiva y la situación es tolerable. Cuando se trata de Judea y Samaria, tenemos que invertir en la economía, en la capacidad de gobierno de los palestinos, hacer cumplir la ley y el orden y poner fin a una incitación desenfrenada. ¿Por qué se da por hecho que el Estado palestino puede existir libre de judíos, mientras que nosotros tenemos a un millón y medio de árabes a los que nadie pone en duda su derecho a vivir entre nosotros?".

Desde la perspectiva de Ya'alon, los esfuerzos de Kerry para negociar un acuerdo con los palestinos no tienen remedio, no dando pie a ninguna posibilidad. Todo lo que Israel tiene que hacer es "dejar que estas negociaciones sigan su curso - inútil - y al menos transcurran de manera pacífica", para no ser acusado de intransigencia. Hasta ahora, esta táctica ha demostrado tener bastante éxito. Netanyahu va junto a Kerry, mientras que Abbas se muestra recalcitrante. El problema radica en que la persona que ha desenmascarado la incredulidad de Israel con su parloteo innecesario es Ya'alon. Después de todo lo que dice en entrevistas y conferencias, él es - de todas las personas - la que más pone en peligro las posibilidades para Israel de que "estas negociaciones sigan su curso - inútil - y al menos transcurran en paz".

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Word Council of Churches, Oxfam, Amnesty y HRW indignados: Terrorista palestino denuncia que su estancia en prisión perjudicó su colección de sellos - Arutz Sheva




(Para leer esta singular dedicación de ciertas Iglesias por la causa de los terroristas palestinos, y sólo la de ellos, aquí)

 Muchos israelíes han mantenido durante mucho tiempo que las condiciones de vida de los terroristas árabes en las cárceles israelíes son demasiado cómodas y no proporcionan un efecto disuasorio suficiente, y para ello citan numerosos incidentes de árabes palestinos que han llevado a cabo ataques solamente con el fin de recibir los beneficios que las cárceles israelíes les ofrecen, incluyendo una educación superior gratuita.

Una reciente entrevista con un terrorista recientemente liberado de la cárcel como un "gesto de buena voluntad" con la Autoridad Palestina no va a cambiar desde luego ese punto de vista tan popular, cuando un asesino convicto se lamenta de cómo las "dificultades" de la vida en una cárcel israelí le impidieron dedicarse totalmente a su hobby del coleccionismo de sellos.

En octubre 1984, Issa Abed Rabbo asesinó a dos estudiantes universitarios israelíes, Ron Levi y Revital Seri, a sangre fría, después de atarlos y vendarles los ojos a punta de pistola. Los dos estaban disfrutando de una excursión por el sur de Jerusalén, y fueron asesinados disparándoles a la cabeza a quemarropa.

A Abed Rabbo le cayeron dos cadenas perpetuas consecutivas, pero fue puesto en libertad en octubre de 2013 como parte de una de las varias liberaciones de terroristas palestinos destinadas a persuadir a la Autoridad Palestina para que acudiera a la mesa de negociaciones.

A principios de este mes el mencionado Abed Rabbo dio su segunda entrevista al medio de comunicación oficial de la AP, Al Hayat Al Jadida, y declaró que él "había regresado con entusiasmo a su afición, lo cual se le había impedido [proseguir] durante los 30 años que pasó en las cárceles de la ocupación".

La entrevista ha sido traducido por Palestinian Media Watch, una organización no gubernamental que supervisa los medios de comunicación árabes palestinos por incitación, antisemitismo y glorificación del terrorismo.

"He retomado mi afición al coleccionismo de sellos con entusiasmo, para compensar lo que perdí durante mi estancia en la cárcel", le dijo al periódico. "Estoy orgulloso de los sellos que recogí en la cárcel, pero fue difícil para mí para proseguir con mi hobby en la cárcel, porque había muchas restricciones, llegaban pocas cartas y la calidad de los sellos era pobre".

"La prisión también afecta a nuestras aficiones, y no tuve álbumes especiales para poner los sellos de una forma adecuada, por lo que los guarde en un sobre. Ese que salió de la cárcel conmigo".

Pero a pesar de esas "restricciones", él se las arregló para reunir un centenar de sellos "que me han acompañado siempre mientras me trasladaban por casi todas las prisiones de la ocupación".

En una anterior entrevista, Abed Rabbo, que después de su liberación fue aclamado públicamente como un "héroe" por el líder de la AP Mahmoud Abbas, describía con orgullo el asesinato de los dos estudiantes israelíes. En una entrevista en enero dada a la televisión palestina, dijo que "los amarramos, por supuesto, y luego les condenamos a muerte por fusilamiento, en nombre de la revolución. Yo les disparé, una bala a cada uno, y me fuí al escondite en las montañas...".

Abed Rabbo fue alabado públicamente como un "héroe" por el líder de la AP Mahmoud Abbas en una ceremonia después de su liberación, junto con más de dos docenas de terroristas condenados.

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Friday, April 18, 2014

Prepárense para un siglo de guerra diplomática - David M. Weinberg – Israel Hayom


La última ruptura de las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos lleva a la conclusión de que, por desgracia, un acuerdo global para poner fin al conflicto no será de fácil acceso. Por supuesto, Israel puede y debe negociar acuerdos parciales con la Autoridad Palestina con el fin de manejar la situación y mejorar la calidad de vida de todos. Pero los palestinos parecen haber rechazado una verdadera solución de dos estados para dos pueblos como final del conflicto.

El liderazgo palestino no renunciará al llamado "derecho de retorno" de los refugiados palestinos a Israel, ni reconocerá a Israel como un Estado judío, ni declarará el final de todas sus demandas contra Israel, algo que, por supuesto, representa las expectativas de Israel para un auténtico acuerdo de paz.

Los palestinos consideran esas expectativas israelíes como una trampa; como una "celda" que solo les permitiría una soberanía restrictiva. Ciertamente no sienten urgencia por lograr una solución de dos estados de ese tipo. En lugar de ello, buscan un Estado palestino y una no finalización del conflicto. De hecho, ellos quieren un estado con el fin de mejorar la continuación del conflicto.

Y para lograr esto, el liderazgo palestino ha establecido otros 10 años, o inclusive otros 100 años, de guerra diplomática contra Israel con el objetivo de llevar a Israel hacia abajo, desde dentro y desde fuera.

Así pues. la Autoridad Palestina planea intentar una vez más la "internacionalización" del conflicto, atacar a Israel con una "guerra jurídica" desde todos los ángulos posibles internacionales, buscando el boicot y el aislamiento de Israel en todos los ámbitos, y estigmatizando a los israelíes como criminales de guerra y racistas al estilo apartheid. En definitiva, difamar a Israel como una amenaza para la paz mundial.

La Autoridad Palestina espera desestabilizar a la sociedad israelí desde dentro profundizando las divisiones entre la izquierda y la derecha, y debilitar a Israel fomentando una división cada vez mayor entre la judería de Israel y las de la Diáspora.

Ante esta triste realidad se plantea una pregunta crítica: ¿Es Israel orientado, social y diplomáticamente, para repeler este asalto palestino? ¿Tenemos la solidaridad social y la unidad política necesaria para soportar una prolongada y ofensiva deslegitimación árabe? ¿Creemos profunda y suficientemente en la justicia de nuestra causa?

¿O bien la opinión pública israelí, tan saturada de fantasías desde la época de Oslo, ya no tiene la necesaria energía para sostener y defenderse de una malintencionada guerra diplomática promovida por el movimiento nacional palestino?

¿Acaso los redobles de los "Paz Ahora", "La Paz para muy pronto" y "La Paz simplemente al borde de la esquina si solo cedemos un poco más y damos algo más a los palestinos" han minado la capacidad de los israelíes y de los judíos de la diáspora a la hora de resistir ante un prolongado conflicto con los palestinos?

¿Acaso la lucha contra un revanchista, revolucionario e irreconciliable movimiento nacional palestino - uno que nunca estará satisfecho con un "pequeño Estado" palestino en Cisjordania y en una Gaza "ocupada" por Israel - va más allá de las capacidades y energías de Israel?

¿El hecho de que los israelíes hayan comprado tan a fondo la falsa creencia de que la "ocupación es corruptora" supone que ya no tendrán el suficiente sentido de superioridad moral para resistir las calumnias palestinas?

¿Es posible que los israelíes hayan aceptado de una manera tan completa esa argumentación derrotista que afirma que "Israel está condenada" a menos que una solución de dos estados se imponga rápidamente, que en ausencia de esta solución, de esa especie de Santo Grial, no podrá resistir la pelea?

Los palestinos desde luego esperan que sí. Ellos cuentan con la debilidad de Israel, con un Israel demasiado dependiente del amor occidental, de las comodidades occidentales y de los mercados occidentales. Ellos cuentan con una sociedad israelí post-ideológica, sedentaria, que ya no esté orientada para sostener una guerra, diplomática o de otra manera; y con una diáspora judía liberal cada vez más distanciada de Israel.

Ellos cuentan con una sociedad israelí que sólo sepa culparse a sí misma o culpar al campo político israelí rival, y no se una en la batalla contra un adversario externo implacable y decidido.

Es hora de que los israelíes y los judíos en todo el mundo se unan y demuestren a los palestinos que se equivocan.

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El Seder de Pesaj y ese ausente "quinto judío" - Shmuel Rosner - Jewish Journal



Hace mucho tiempo, en los días prehistóricos del pre-investigación por parte del Pew de la comunidad judía, escribí un artículo sobre "el misterio del quinto judío". Este individuo, el "quinto judío", se halla "en casi todos los resultados" de las encuestas a la población judía. Mi artículo mencionaba una serie de ejemplos. "En una encuesta anterior de la AJC, el 18% de los encuestados dijeron que se sentían algo distantes emocionalmente de Israel..., cuando a los judíos americanos se les preguntaba si el objetivo de los árabes era la destrucción de Israel, el 78% decía que sí y el 18% decía que no... Otro 19% decía que nunca hablaba de Israel o lo defendía cuando estaba en compañía no judíos". Mi artículo sobre ese "quinto judío" se centraba sobre todo por la conexión con Israel, pero me acordé de él cuando estaba leyendo un artículo de Tamar Frydman sobre el "quinto hijo en el Seder", ese hijo que "falta en la cena, ese que ni siquiera desea sentarse a la mesa".

Frydman se refiere en su artículo a una "tendencia a la baja en lo referente a la participación en el Seder". Un estudio de la comunidad judía de Nueva York, por ejemplo, encontró que "más hogares en el 2011 no participaban en un Seder (el 14% en 2011, frente al 8% en 2002)". En otro artículo, Steve Lipman enumeró una serie de conclusiones similares sobre un Seder que "pierde fuerza". Los estudios todavía informan de una alta asistencia de los judíos en el Seder: "Para el National Jewish Population Survey de 2013: el 68%; para el informe del Pew: el 70%; para la UJA-Federation Jewish Community Study: 69%;  para la Jewish Federation of Atlanta en el 2006: un 62%. En el Este de la Bahía de California, que tiene la reputación de ser un área particularmente liberal, un estudio de 2011 encontró que exactamente la mitad de la comunidad judía participaba en un Seder".

Sin embargo, todas estas encuestas "comparten la conclusión de que el Seder se alinea con las velas de Hanucá y el ayuno de Yom Kipur en la parte superior de la lista de celebraciones observadas por los judíos", aunque va perdido su poder de convocatoria y su estatus de acontecimiento a no perderse.

Claramente, esto ya no representa solamente a un ausente "quinto judío". Hoy en día, estaríamos hablando de cerca de un tercio. Si un tercio es mucho o poco, depende, por supuesto, de las expectativas que tenga uno, pero vemos claramente una disminución en la asistencia y en la participación.

"¿Quién no va a un Seder?", se preguntaba un artículo del Jewish Week de Nueva York. Y daba la siguiente lista:
"incluye a aquellas personas que encuentran el Seder aburrido, y sus lecturas y rituales sin significado; a aquellos que consideran que el tema de esta celebración es excesivamente machista o paternalista; también están los emigrados procedentes de la antigua Unión Soviética y de otros países una vez comunistas, quienes crecieron sin libertad de religión y nunca tuvieron la oportunidad de asistir a un Seder; también están esas personas que simplemente no pueden permitirse el lujo de hacer su propio Seder o bien asistir a uno organizado por una sinagoga u otra organización judía; finalmente los ancianos aislados que no viven cerca de cualquier persona que celebre un Seder, los jóvenes que están fuera de su ciudad y no han recibido una invitación, los solteros que se sienten fuera de lugar en un ambiente intensamente centrado en los niños de un Seder, y esas personas que se dicen demasiado seculares o desinteresadas".
Me parece que algo falta en esa lista, tal como las razones de esta disminución son bastante obvias y se pueden encontrar fácilmente en las recientes encuestas. El reciente estudio de Pew muestra que hay más familias interconfesionales dentro la comunidad judía. También muestra como el grupo que no asiste a un Seder en un porcentaje más alto procede del grupo interreligioso. Entre los judío/as casadas con otros judío/as, la asistencia sigue por las nubes: un 91%. Pero en aquellos judío/as casadas con no judíos la historia de esa decadencia parece evidente: cerca de la mitad (un 54%) de ellos asisten a un Seder, mientras que los otros no lo hacen (la brecha en la asistencia también es evidente cuando la "comunidad judía" se divide entre las categorías inventadas en la investigación del Pew: "los judíos de religión" (78%) y los "judíos de ninguna religión" (42%), pero esta terminología, como he dicho en otro lugar, es muy problemática).

Hace algunos años, escribí un artículo en Slate sobre "la prueba de Pesaj", en la que traté de analizar el significado de la asistencia al Seder para las familias interconfesionales. "La correlación entre la iluminación de las velas de Hanucá y el Seder de Pesaj - los dos rituales más practicados entre los judíos americanos - es interesante", argumentaba por entonces. "Hanucá es más popular para la mayoría de los grupos judíos. La razón es clara: la celebración compite con la Navidad". Sin embargo, cuanto más identificado se esté con el grupo judío, más estrecha es la brecha existente entre estas dos prácticas. Los "altamente identificados" es el único grupo en el que la asistencia al Seder supera a la iluminación de las velas por Hanucá (el 96% frente al 94%, según la Encuesta de la Población Nacional Judío). Para los matrimonios mixtos - las parejas con un cónyuge cristiano - la brecha entre esas dos prácticas es la más amplia (el 85% celebra Hánuca, mientras el 41% celebra Pesaj).

No tenemos números sobre Hanucá en el estudio del Pew. Pero los tenemos (y de Pesaj) en el estudio de Nueva York. El 82% y el 81% respectivamente de las parejas judías encienden velas y participan en un Seder, mientras que solo lo hacen el 52% y 46% respectivamente de las parejas interreligiosas.

Curiosamente, estas dos prácticas son aquellas en las que su disminución, entre el estudio de 2002 y el estudio de 2011, es la más alta, junto con la declaración de que "ser judío es muy importante en mi vida". Esto no es una sorpresa: asistir a un Seder y encender las velas de Hanucá es el estándar dorado de una participación judía mínima. La disminución en estas dos categorías va en paralelo con un descenso en la afirmación de la "importancia de ser judío". ¿Es porque el Seder es aburrido, chauvinista, caro, y todas las otras razones mencionadas anteriormente? No creo que sea por eso. Bueno, lo es y no lo es. Lo es en el sentido de que éstas son buenas excusas para aquellos que no quieren asistir a un Seder - se necesita una justificación y eso se convierte en un acto de razonamiento consciente -. Pero también no lo es, porque incluso cuando el Seder resulte aburrido, no importara tanto si considera que es significativo. Y si se trata de que resulta caro, se hace el esfuerzo y se ahorra en otras cosas, salvo en situaciones extremas. Y si les resulta machista, puede alterar la ceremonia, reinventarla como hace mucha gente, en lugar de renunciar a ella. La decisión de abandonar el Seder, en la mayoría de los casos, realmente es una señal de que a uno le trae sin cuidado su propio judaísmo.

Y permítanme sugerir otra razón para la disminución de la asistencia a un Seder - y al encendido de las velas de Hanucá -. Estos son también dos días festivos judíos en los que su celebración no tiene tanto que ver con la fe y en Dios, ya que se trata de una celebración del pueblo judío. Estos son días de fiesta que celebran dos acontecimientos un tanto similares para el pueblo judío: su liberación de la imposición de otros - egipcios y griegos -. Para sentir el verdadero significado de estas fiestas uno tiene que sentir alguna conexión con el pueblo judío.

Así que miren de nuevo los números del Seder y recuerden, si la familia es una familia judía, la asistencia es muy alta (el 91% según el Pew). La disminución se debe a las dos siguientes razones:
Primero: El Seder es una larga e intensa historia familiar. Esto significa que resulta más fácil su celebración cuando toda la familia siente la necesidad de hacerlo, y en las familias interconfesionales tal deseo, naturalmente, es inferior. También significa que cuando los jóvenes judíos se casan más tarde - como lo hacen hoy -, la relativamente baja asistencia de los judíos que  "no están casados" tiene un impacto en la asistencia general (los judíos no casados asisten en un 64%).
Segundo: El Seder marca un evento nacional, y las parejas interreligiosas ven, comprensiblemente, de una manera menos cómoda los aspectos nacionales del judaísmo.

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¿Podría estar el futuro de Israel en manos de los "unilateralistas"? - Tom Wilson - Commentary



El ministro de Economía de Israel y líder del partido Hogar Judío, Naftali Bennett, ha escrito públicamente al primer ministro Netanyahu abogando para que Israel se anexione áreas clave de la Ribera Occidental, a fin de lograr que los 440.000 israelíes que allí viven estén completamente bajo la soberanía israelí. Por supuesto, en estos momentos es difícilmente concebible que el gobierno israelí implemente lo que promueve Bennett - quien ha dicho anteriormente que tendría que haber elecciones para proveerle del apoyo necesario en la Knesset -, y eso que algunos miembros del Likud en teoría apoyan el plan, el cual puede llegar a vislumbrarse cada vez más en la agenda política de Israel.

La última debacle que ha supuesto el intento de EEUU de lograr un acuerdo final de paz entre Israel y los palestinos, ha convencido a muchos de la necesidad de considerar otras opciones. Después de la segunda Intifada, cuando el primer ministro Ariel Sharon juzgó de una manera similar que no había ningún socio real para una paz negociada, Israel comenzó a implementar un programa de separación unilateral. Esa política se detuvo en sus inicios, no tanto por el derrame cerebral sufrido por Sharon, sino sobre todo a causa de la lluvia de cohetes que llegaron desde Gaza, el caso de prueba para una desgarradora separación unilateral.

Desde entonces, ese enfoque parecía archivado, aunque de vez en cuando surgía como último recurso por parte de algunos comentaristas. En su lugar, ciertos sectores de la derecha han comenzado a hablar en su lugar de una anexión unilateral, total o parcial de Cisjordania. La encarnación de mayor alcance de esta estrategia esta representada por Caroline Glick en su nuevo libro "La solución israelí", dónde no sólo aboga por la plena incorporación de la totalidad de la Ribera Occidental al Estado judío, sino también la absorción de todos los palestinos que viven allí.

Adicionalmente, se ha hablado acerca de otras versiones o híbridos dentro de las opciones actuales. En el momento de la muerte de Sharon, una de esas opciones fue sugerida por el ex embajador de Israel en los EEUU, Michael Oren: que para evitar el dolor de cabeza de una continua vigilancia de los palestinos, Israel debería considerar una retirada unilateral de la mayor parte de Cisjordania. Sin embargo, Oren también reconocía que en virtud de un acuerdo de este tipo, Israel conservaría la mayoría de los asentamientos. Otra propuesta híbrida fue ofrecida recientemente por Hillel Halkin en la revista Mosaic, en lo que él llamó su plan de "dos estados minus". Esta propuesta aboga por la creación de una entidad palestina que no funcionaría como un estado totalmente independiente, sino que en su lugar existiría en federación con Israel.

Luego han surgido las sugerencias de no empujar las negociaciones hasta una resolución final de todas las disputas, sino más bien llegar hasta un punto medio y a un acuerdo seminegociado. Nicholas Casey ha escrito recientemente en el Wall Street Journal sobre la posibilidad de simplificar los objetivos, y en su lugar conformarse con gestionar la situación, en comparación con la búsqueda de una solución definitiva. Casey hacía referencia a una propuesta presentada por Shlomo Avineri que sugería que las dos partes llegasen a un acuerdo sobre aquellas cuestiones donde pudieran conseguirlo, con Israel transfiriendo el control de más territorio a los palestinos. En este escenario, los temas del estatus final, difícil o casi imposible de alcanzar, se dejarían de lado y las dos partes no estarían obligadas a reconocerse mutuamente. Por supuesto, el problema radica aquí en que sin un reconocimiento o un final del conflicto por parte de los palestinos, tanto las campañas de violencia e incitación como de deslegitimación de Israel a nivel internacional, probablemente continuarían.

Hay dos problemas obvios con la casi totalidad de las propuestas unilaterales. Uno de ellos es la seguridad, el otro es la opinión internacional. Esos planes que exigen una arriesgada retirada casi completa de Cisjordania podrían recrear una Gaza a escala masiva, y con el riesgo de amenazar lugares de alta importancia estratégica para Israel, además de sus principales centros de población y su infraestructura vital.

El plan de Bennett de una anexión israelí de la zona C de Cisjordania, ahora bajo control israelí, trataría de superar este problema, pero en realidad simplemente podría conducir a la creación de unas múltiples mini-Gazas en toda Cisjordania. Y si bien esta propuesta podría extender la soberanía de Israel al territorio habitado por cientos de miles de israelíes, es dudoso que la comunidad internacional la reconociera, del mismo modo que se niegan a reconocer la anexión israelí de Jerusalén Este o los Altos del Golán.

Por supuesto, una retirada unilateral de Cisjordania tampoco resolvería este problema, como lo demuestra una comunidad internacional apegada absurdamente a la idea de que Israel sigue siendo la potencia ocupante de Gaza.

La propuesta que trata de abordar ambos problemas es la solución de un estado único de Caroline Glick. Es de suponer que si Israel no sólo se anexionara el territorio, sino también extendiera la plena ciudadanía a todos los palestinos que allí viven, a continuación, y dependiendo de la reacción palestina, la protesta internacional podría ser más manejable. Muchos objetan este plan por razones demográficas. De hecho, puede ser cierto que ha existido una significativa falsificación palestina de los datos de su censo. Sin embargo, incluso si Glick tuviera razón cuando dice que los judíos lograrían mantener una mayoría de dos tercios, todavía existe un serio cuestionamiento acerca de cómo tantos árabes podrían llegar a ser asimilados en un Estado judío, y en el caso de que todos ellos ejercieron su derecho a voto, ¿serían los partidos sionistas todavía capaces de mantener la Knesset? Es por ello que ninguna de estas propuestas parecen factibles.

Probablemente no sea prudente hacer previsiones, pero suponiendo que la presión internacional se intensificara considerablemente, y con una salida negociada poco probable, es posible que algo sucediera, y finalmente, la izquierda o la derecha, podría implementar su versión de un plan unilateral.

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Gran artículo: El reconocimiento de un Israel judío es fundamental para los palestinos - Yaacov Amidror - Besa



Cualquier discusión sobre las negociaciones entre israelíes y palestinos debe comenzar con la siguiente observación: Desde la firma de los acuerdos de Oslo hace veinte años, Israel ha ajustado significativamente sus posiciones diplomáticas hacia los palestinos, mientras que los palestinos no se han movido un milímetro hacia Israel sobre cualquier tema.

Israel ha dado pasos de gigante hacia los palestinos, mientras que los palestinos han mantenido obstinadamente una posición de no compromiso con Israel. Por desgracia, el mundo no parece capaz de poder reconocerle a Israel ningún crédito por sus cambios de posicionamiento en beneficio de la paz.

Para ilustrar los cambios en las posiciones de Israel en las dos décadas que van desde la firma por Israel de la Declaración de Principios en septiembre de 1993, resulta instructivo empezar con las palabras del ex primer ministro Yitzhak Rabin. Rabin fue el principal firmante de Israel de la Declaración de Principios y del Acuerdo Interino entre Israel y Palestina en la Ribera Occidental y la Franja de Gaza (Oslo II).

En su último discurso ante la Knesset en octubre de 1995, apenas dos semanas antes de ser asesinado trágicamente, Rabin presentó dicho acuerdo ante la Knesset y especificó que la visión de Israel de esas conversaciones era que se crearía una "entidad" palestina que sería "menos que un estado". El primer ministro declaró explícitamente que Israel "no volvería a las líneas del 04 de junio 1967" (las del armisticio de 1948) y prometió que Israel mantendría el control sobre el valle del Jordán “en el sentido más amplio del término". También declaró explícitamente que Israel no congelaría la construcción en los asentamientos.

Resulta muy instructivo comparar las políticas negociadores de Rabin con las posturas negociadoras manifestadas por el actual primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, quien ahora sostiene abiertamente que aceptaría un estado palestino, e insiste en la “presencia” de fuerzas militares israelíes "a lo largo del río Jordán". Podemos decir que no sabemos exactamente lo que eso significa, pero sabemos que significa bastante más de lo que pretendía Rabin.

Rabin tampoco habló nunca de “compensar” a los palestinos con territorio de Israel - anterior a 1967 - por los bloques de asentamientos de más allá de la Línea Verde y que Israel tiene la intención de mantener. Ahora, por alguna razón, se ha convertido casi en una expectativa ampliamente aceptada que Israel va a compensar al Estado palestino con territorio propio a cambio de los bloques de asentamientos.

Tácticamente, también las posiciones de Israel han cambiado. El primer ministro Rabin nunca se comprometió a liberar a los presos palestinos condenados por asesinato. El primer ministro Netanyahu ya ha liberado a tres grupos de terroristas, y no a cambio de un acuerdo, sino más bien como una "medida de confianza" que sólo pretende traer a los representantes palestinos a la mesa de negociaciones.

Al mismo tiempo, los objetivos y las demandas palestinas se han mantenido constantes desde el período de Oslo, sin realizar concesiones de ningún tipo en los últimos veinte años.

Esta misma semana, tuve una conversación con 35 diplomáticos occidentales, muchos de los cuales han participado durante años en los asuntos entre israelíes y palestinos. Les pedí que identificaran para mí una concesión diplomática palestina u otra flexibilidad diplomática significativa en los últimos veinte años. Ellos balbucearon, vacilaron y parecieron ponerse a pensar durante un rato, hasta que uno de los diplomáticos dijo: "Bueno, Abu Mazen ha aceptado una presencia de seguridad israelí en el valle del Jordán durante 3-5 años". Esa es la única "concesión" palestina en 20 años que estos diplomáticos podían identificar, y esta "concesión" era, por supuesto, sin sentido.

En el contexto de la actual ronda de negociaciones, este patrón de inflexibilidad palestina explica la fundamental demanda del primer ministro Netanyahu de que los negociadores palestinos afirmen claramente que ellos entienden que el final de las negociaciones supondrá la presencia del Estado judío de Israel junto a un Estado árabe palestino. No nos referimos a un amorfo e indefinido "Israel", como la OLP reconoció en 1993, sino a un país judío claramente definido al otro lado de la frontera del Estado palestino. Si fuera más fácil para nuestros adversarios admitirlo, otra formulación podría ser que Israel es "el Estado-nación del pueblo judío".

Irónicamente, Israel no sería el principal beneficiario de tal declaración. Realmente tenemos poca necesidad de un "reconocimiento" palestino de nuestro derecho a vivir en esta tierra. La justicia moral, histórica y jurídica de un Estado judío en la Tierra de Israel está fuera de duda o de debate serio.

Más bien, el reconocimiento palestino de la permanencia de un Estado judío es crítico, primero y sobre todo, para los propios palestinos. Los líderes palestinos y la población laica por igual, tienen que empezar a ponerse de acuerdo con esta realidad, sobre todo hablando de ello en público y comenzando a educar a las jóvenes generaciones de ello.

De hecho, mi participación en las negociaciones y en las reuniones privadas con los palestinos durante el año pasado ha vuelto evidente para mí que el proceso diplomático no trata de "tierras por paz". No se trata de las fronteras de 1967, sino de desentrañar el conflicto entre Israel y los palestinos que se remonta a 1948. Por lo tanto, si un acuerdo entre Israel y los palestinos no incluyera el reconocimiento palestino de Israel como el Estado-nación de los judíos, dicho acuerdo no valdría ni siquiera el papel en que está escrito.

Creo que vale la pena tener en cuenta que desde cierto punto de vista, la posición palestina es comprensible. No hay ningún ejemplo en la historia de la humanidad en la que un pueblo volviera a su tierra ancestral después de un exilio de 2.000 años. Los palestinos, por lo tanto, están en lo correcto al preguntarse por qué, si no hay ningún precedente para el objetivo principal del sionismo, su nación debería tener que inclinarse ante el único ejemplo de un pueblo antiguo que regresa a su tierra.

Esta es precisamente la razón por la cual es fundamental que los palestinos digan abierta y claramente que el resultado del proceso de paz entre Israel y Palestina será un Estado judío junto a un Estado palestino. Es esencial que un acuerdo de paz, si se firma, incluya el total reconocimiento palestino de que las reclamaciones palestinas tradicionales, con respecto al nacimiento de Israel en 1948, están cerradas para siempre. Esta declaración seguramente les será muy difícil.

Los negociadores palestinos se oponen a la insistencia de Netanyahu de que reconozcan a Israel como un Estado judío porque dicen que es una "nueva" demanda israelí diseñada para evitar cualquier emergente acuerdo de paz.

Eso no es cierto. Yitzhak Rabin entendió la importancia de este tema. Por eso exigió la modificación de las cláusulas de la Carta de la OLP. El ex primer ministro Barak lo entendió de nuevo en Camp David, cuando se ofreció a firmar un acuerdo con Yasser Arafat siempre que éste aceptara que el acuerdo pusiera fin a todas las demandas palestinas ("el fin del conflicto").

Ambos líderes también entendieron que el amorfo e indefinido "reconocimiento" de Israel por la OLP en 1993 no era suficiente, ya que daba cabida a que los líderes palestinos manejaran la idea de que la fórmula de dos estados para dos pueblos en realidad podría ser revisada a fin de crear dos estados para un solo pueblo. Esa preocupación continúa asaltando al actual primer ministro - con su fuerte sentido de la historia - y es la razón por la que ha hecho de este tema como un tema central.

Para que las negociaciones en curso tengan algún significado, los palestinos deben reconocer que el objetivo de las conversaciones es consagrar la permanencia del Estado judío de Israel junto a un Estado palestino, por el bien de los palestinos y por el bien de una paz verdadera.

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Sublimación del kitsch cristiano: Cuando Jesús murió en Auschwitz - Jay Michaelson - Forward



Ha sido publicado en YouTube uno de los vídeos más insípidos allí subidos por nuestros amigos de "Judíos por Jesús" (J4J). Con el título de "Ese judío murió por ti", ese vídeo de tres minutos muestra a Jesucristo en medio de un grupo de judíos que llegan a Auschwitz. Y ustedes que pensaban que ciertas representaciones de la Pasión en la Semana Santa resultaban ofensivas.

Según los "Judíos por Jesús", el vídeo fue realizado porque "Jesús ha sido a menudo erróneamente asociado con los perpetradores del Holocausto". El vídeo, que incluye a Jesús ayudando a una mujer judía cuando ella tropieza durante una marcha forzosa y, más tarde, como seleccionado para las cámaras de gas por un nazi al estilo Mengele, parece estar destinado a aclarar ese aspecto. En realidad, Jesús era "simplemente otro judío", y sufrió con los judíos en el Holocausto.

El "making-of" del vídeo lo explica: "El Holocausto, tal vez más que cualquier otro evento o tópico, ha conseguido que los judíos se muestren abiertos a considerar a Jesús como el Mesías judío". Si solamente nosotros no culpáramos a los cristianos por el genocidio de nuestro pueblo, el razonamiento nos llevaría a estar más abiertos a una conversión al cristianismo.

Gran parte de este proyecto es tan absurdo y tan ofensivo, que es difícil saber por dónde empezar. Vamos a empezar con el recordatorio de que los "Judíos por Jesús" sólo son pura fachada. Sí, es cierto que hay un puñado de judíos mesiánicos. Pero están apoyados por alrededor de 15 millones de dolares en donaciones anuales de cristianos evangélicos y otras congregaciones. (Esa cifra es solo para "Judíos por Jesús", en realidad hay varias organizaciones similares). Y J4J no existe para satisfacer las necesidades pastorales de los judíos mesiánicos, existe solamente para convertir judíos.

Teniendo en cuenta ese mensaje, es difícil de imaginar como pensaron que ese proyecto sería una buena idea. Cualquier judío con recuerdos personales, familiares, o incluso históricos del Holocausto, encuentra inmediatamente que se trata de una barbaridad. Por no decir lo obvio, profana la memoria de seis millones de judíos utilizando su sufrimiento como una forma de convertir a los judíos al cristianismo.

Y luego está el propio mensaje teológico. J4J está tan enredado en su universo cristiano que sus líderes parecen incluso incapaces de comprender que los judíos vean el mundo de una manera diferente. Terminando con una mala traducción selectiva del pasaje de Isaías 53 del "siervo sufriente", el vídeo implica que Jesús fue asesinado por los nazis y / o los romanos, por nuestros pecados. Por supuesto, si la teología de sustitución fuera cierto, ¿por qué seis millones de judíos también tuvieron que morir? ¿No podría Jesús haberles ahorrado ese trabajo?

También tengo que decir algo sobre el estilo cursi del vidéo en sí. Filmado en blanco y negro - a excepción de la cruz de Cristo - es de tan bajo presupuesto, tan cursi y tan pobremente producido, que evoca la risa y no la solemnidad. Un puñado de malos actores, bien lavados y bien peinados, y en ocasiones algunos atractivos; unos trajes nazis baratos y una serie de clichés totalmente improbables de desgastadas campesinas judías; y, por supuesto, mucho sentimentalismo musical y visual,  ese "judío que murió por usted" es similar a películas como el Hijo de Dios y otras nuevas películas cristianas, con un estilo tan ingenuo y tan poco reconstruido como para parecer casi el vídeo de algún campamento.

No hace falta ser un Lenny Bruce para reconocer en esta forma de sentimentalismo la quintaesencia goyish. "Ese judío" evoca claramente la lista de Schindler en su intento de estética, pero su estilo es torpe y exagerado. Es una oleada de sentimentalismo cristiano que coincide con su teología cristiana.

Viniendo como lo hace en un momento histórico de incremento del antisemitismo - por no hablar de los tiros de esta semana en Kansas y el asesinato de tres personas -, la película es un esfuerzo insensible y torpe de aprovechar la tragedia judía para promover la conversión de judíos. Irónicamente, es tan ofensivo que creo que podría ser usado para mantener a los judíos más judíos.

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Por qué Netanyahu no querrá "pensar a lo grande" - Jonathan Tobin - Commentary



Resulta que el proceso de paz en Oriente Medio aún no está del todo muerto. Según el Departamento de Estado, las "brechas se están reduciendo" en las conversaciones entre Israel y la Autoridad Palestina, las cuales aún tienen lugar a pesar del hecho de que el líder de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas formalmente las echara a pique la semana pasada por reiniciar sus inútiles esfuerzos para lograr el reconocimiento de un Estado palestino a través de las Naciones Unidas. Echando mano de una declaración realizada por Abbas a un periódico árabe en la que afirmaba estar dispuesto a seguir hablando después de expirar el plazo de abril, siempre y cuando se llevaron a cabo según sus dictados, el reciente discurso del Secretario de Estado John Kerry sobre su iniciativa, que al parecer aún tendría oportunidades de éxito, se ve un poco menos ingenuo.

No obstante, dado que los palestinos no se han movido realmente ni una pulgada sobre cualquier cuestión de fondo en las conversaciones reiniciadas el año pasado y que Kerry culpara a Israel por lo que pasó la semana pasada en una declaración extraña (y ese patético "puff"), ya que era mendaz y es difícil contemplar por qué el primer ministro Benjamin Netanyahu se inclinaría a seguir jugando esta farsa por más tiempo. Después de que los palestinos han demostrado que sólo están interesados ​​en forzar a Israel a pagar por su presencia en la mesa de negociaciones con concesiones como la liberación de asesinos terroristas o se congelar la construcción en Cisjordania - o incluso en Jerusalén -, está claro que Israel tiene poco que ganar en tales negociaciones. Pero si los palestinos siguen hablando después de abril, no hay duda de que los israelíes estarán allí también, incluso si esto significa sobornar a Abbas liberando a más asesinos. La razón de esto no se deberá a que Netanyahu sea débil o que el proceso tenga una posibilidad real de éxito. Será debido al hecho de que el primer ministro entiende que Israel nunca debe alejarse de las negociaciones, no importa lo inútiles que sean. Por otra parte, la futilidad de estos esfuerzos se debe precisamente a que él sabe que su gobierno no debe, a pesar de las críticas de Kerry, ser el que acaba con la fiesta.

Algunos derechistas israelíes temen que Netanyahu se rompa pronto bajo la presión norteamericana y acepte retiradas territoriales, mientras que tal vez ni siquiera consiga una promesa simbólica de Abbas de que esto significa el fin del conflicto. No son los únicos. El fiel animador de la administración Obama, el periodista Jeffrey Goldberg, escribe hoy en su última columna que la única razón por la que Kerry persiste en sus esfuerzos es porque cree que Netanyahu hará finalmente eso, y como Ariel Sharon antes que él, hará volar en pedazos a su partido el Likud y transformará la política israelí para conseguir la paz. Pero el problema con este escenario es el elemento que incluso el propio Goldberg admite que es el punto débil en los esfuerzos de Kerry: Abbas. El palestino no tiene intención de firmar un acuerdo de paz bajo ninguna circunstancia.

Si Netanyahu, a pesar de todo, va a seguir apareciendo cada vez que los americanos le hagan señas, no es porque él ahora, y de repente. esté dispuesto a "pensar a lo grande" y hacer que llegue la paz. Aunque su oferta no es tan generosa (o deberíamos decir temeraria) como las ofrecidas por sus predecesores, Ehud Barak y Ehud Olmert, aún propone una solución de dos estados que ofrecería a Abbas casi toda Cisjordania como un Estado independiente. Pero la idea de que la paz dependa de una persona de quien Goldbert se burla como "el hombre de la inacción, poco dispuesto a arriesgar su carrera política por un acuerdo final" es de risa. En efecto, al escribir estas palabras, Goldberg ha perdido su estatus de experto más o menos en el Oriente Medio a favor del título de fiel taquígrafo de la corte de Kerry.

Antes de que estas conversaciones comenzaran, cabezas más sabias que Kerry advirtieron al secretario Kerry que con los palestinos divididos entre Cisjordania, gestionada por Fatah, y Gaza gobernada por Hamas, Abbas no estaba en condiciones de hacer la paz. Todo lo que ha ocurrido desde entonces solamente ha confirmado el hecho evidente de que Abbas ha puesto trabas en las conversaciones y se ha apoderado del primer pretexto disponible para huir de ellas.

Ni la liberación de prisioneros terroristas o una posible congelación de los asentamientos, serán capaces de atraer a Abbas para que diga dos pequeñas palabras "Estado judío", algo que podría indicar que está dispuesto a finalizar el conflicto con Israel en lugar de hacer una pausa. Tampoco hay nada que Netanyahu pueda hacer o decir para hacer que este envejecido tirano arriesgue su vida simplemente para crear un Estado palestino. Incluso si él mismo clave la cruz de la liquidación de los asentamientos - para usar la inepta metáfora que según nos comenta Goldberg es la preferida del vicepresidente Biden- no verán como Abbas colabora finalmente para hacer la paz, y Netanyahu lo sabe. Aunque el presidente Obama y Kerry alaben a Abbas como un hombre de paz, su descarada falta de voluntad para hablar de un final del conflicto indica que él no está dispuesto a ceder y aceptar la legitimidad de un Estado judío, sin importarle donde se sitúen sus fronteras, de la misma manera que Arafat.

Eso deja a Netanyahu con la desagradable tarea de gestionar un conflicto que no puede resolverse por la paz o por la guerra. Esto también significa presentarse a las conversaciones de paz, aunque no tenga ilusiones acerca de ellas y sean una tontería. Al hacerlo, puede parecer que, ante Kerry y su amigo Goldberg, aparezca como un mero "alcalde subalterno de Israel". Netanyahu puede ser un cliente espinoso que inspira animosidad en la mayoría de sus interlocutores estadounidenses, pero no es estúpido. Destruir al Likud para así impresionar a Kerry puede sonar como una visión agradable a los ojos de Goldberg, pero Netanyahu recuerda lo que sucedió cuando Ariel Sharon intentó lo mismo hace menos de una década antes de su retirada fiasco de Gaza. El primer ministro no tiene la intención de renunciar a ser él mismo sólo para dar a Abbas una oportunidad más para que demuestre que no puede o no quiere hacer la paz. Cualquier persona, en Israel o los Estados Unidos, que así lo piense, está subestimando tanto su inteligencia como su perspicacia política.

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