Sunday, July 15, 2018

¿Cuál es el problema con un Estado judío? - Jonathan Tobin - JNS



Es probable que la primera reacción de la mayoría de la gente ante la noticia de que la Knesset aprobará dentro de poco un proyecto de ley que define a Israel como un "Estado judío" sea de incredulidad. Puesto que casi todo lo que concierne a su gobierno y sus instituciones ya refuerzan el propósito de la nación como el hogar nacional del pueblo judío, tal legislación parecería superflua. Pero muchos israelíes parecen pensar que señalar lo obvio sobre su país no es suficiente.

No importa lo que piensen sobre la idea, la mayoría de los israelíes probablemente estén de acuerdo en que las últimas personas que deberían tener algo que decir sobre esta cuestión sean los judíos de la diáspora. Están hartos y cansados ​​de que los kibitzers (término yiddish para ese espectador ajeno que sin embargo opina sin estar involucrado) estadounidenses los juzguen, y en su mayoría sienten que sus primos de la diáspora ignoran las realidades del conflicto con los palestinos, o ven las acciones israelíes a través de una lente crítica distorsionada. Además, dados los enormes problemas demográficos a los que se enfrentan los judíos estadounidenses, muchos israelíes piensan que deberían ordenar su propia casa antes de darles más consejos no solicitados.

Sin embargo, mientras luchan por mantener la naturaleza de su estado, los israelíes que están preocupados por su judaísmo no pueden ignorar el hecho de que tales esfuerzos están ampliando la brecha entre las dos comunidades que aún se necesitan mutuamente.

Estos son tiempos sombríos para aquellos que se preocupan por promover la unidad judía.

Cuestiones culturales, religiosas y demográficas que se han estado infectando durante décadas ya presentaban obstáculos para el entendimiento mutuo. Pero ahora ese abismo se está exacerbando por la política, ya que los estadounidenses y los israelíes siguen profundamente divididos sobre dos cuestiones principales de estos momentos: el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el proceso de paz en Oriente Medio. A los israelíes les gusta Trump casi tanto como los judíos estadounidenses lo desprecian. Los judíos estadounidenses parecen pensar que la falta de paz se debe a las políticas del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, una opinión que solo comparten una pequeña minoría de votantes israelíes.

Como señala un importante ensayo publicado este mes por la revista Mosaic, estas duras divisiones deberían estimular aún más los esfuerzos para fomentar el conocimiento y la unión de estadounidenses e israelíes. El artículo, cuyos autores han sido el presidente saliente de la Agencia Judía para Israel, Natan Sharansky, y el erudito Gil Troy, argumenta que aún es posible enfocarse en un futuro compartido. Si bien el artículo detalla los factores que impulsan estas divisiones, la pareja cree que los elementos comunes, aún poderosos entre estadounidenses e israelíes, dictan no solo esfuerzos adicionales, sino también un camino que implica más comunicación y consulta.

Es una lectura que vale la pena y también contiene una propuesta para un Consejo del Pueblo Judío que tratará de dar a ambos lados de la división un foro para expresar sus diferencias e influirse mutuamente. El consejo es una idea loable, incluso si es extremadamente improbable que alguna vez se convierta en realidad. Sin embargo, la controversia sobre la legislación estatal judía ilustra exactamente por qué más de nosotros deberíamos pensar acerca de cómo los estadounidenses y los israelíes se separan, y qué podemos hacer al respecto.

El ímpetu para esta legislación se debe, como lo ha explicado Netanyahu, a la necesidad de mantener un equilibrio entre la identidad de Israel como un Estado judío y democrático. Los miembros de su coalición creen que se necesita una nueva ley básica (tales leyes forman el contorno de una constitución para Israel) para asegurar que su gobierno incorpore el carácter judío nacional y religioso del país en sus leyes. Pero el problema es cómo hacerlo sin socavar la democracia o infringir los derechos de las minorías no judías.

La mayor parte de la ley estatal judía no es controvertida. Existe un consenso abrumador a favor de reconocer el idioma hebreo, el calendario judío y las vacaciones en una ley básica. Lo mismo se aplica a la naturaleza del estado. La Declaración de Independencia de Israel proclama "el establecimiento de un Estado judío en la tierra de Israel" que serviría como un lugar para la "reunión" de judíos de todo el mundo, al mismo tiempo que protegía la libertad y los derechos de todas las personas que vivan allí.

Mantener el equilibrio entre los carácteres judío y democrático no ha sido fácil, especialmente desde que Israel ha sido atacada por aquellos que buscan su destrucción desde el día en que el primer primer ministro, David Ben-Gurion, leyó esa declaración. Si muchos miembros de la coalición de Netanyahu sienten que la ley es necesaria, es porque creen que algunos de sus oponentes de la izquierda han tratado de socavar su naturaleza judía. Pero han dañado su caso agregando una enmienda al proyecto de ley que permitiría el establecimiento de comunidades donde la residencia pudiera estar restringida por motivos de religión o nacionalidad según el criterio de sus habitantes, y degradando el estado del idioma árabe, que se habla y usa en la señalización en todo el país... pero que no figuraría al mismo nivel que el hebreo. Mientras que la implicación obvia de tal redacción sería la exclusión de los árabes, potencialmente también podría generar un medio legal de excluir a toda persona que no se ajustara a la forma de vida o la visión religiosa de la comunidad en cuestión, pudiendo afectar a judíos, cristianos, árabes, no veganos...

Tanto Sharansky como el presidente israelí Reuven Rivlin han señalado que la Knesset entregaría munición a los enemigos del país si la ley se aprueba en su forma actual. Ellos tienen razón. Igual de importante es que alienará a los judíos de la Diáspora, quienes lo verán como un acto ofensivo de discriminación y de socavación de los valores judíos.

Lo más desalentador de este debate es que algunos políticos israelíes parecen bastante indiferentes al impacto de sus acciones, pues no solo se trata del esfuerzo por defender al Estado judío, sino también el esfuerzo por fomentar la unidad judía. Lo mismo ocurre a menudo con los judíos estadounidenses que hablan sobre el conflicto con los palestinos de una manera que convence a muchos israelíes de que ni entienden ni se preocupan por su seguridad.

Las consecuencias de que los estadounidenses e israelíes continúen ignorando la brecha creciente entre ellos (y las acciones que la amplían) son incalculables. Es hora de que los israelíes recuerden que si quieren un Estado judío, deben tener en cuenta las necesidades de todo el pueblo judío, y que los judíos de la diáspora se relacionen con los israelíes en lugar de simplemente darles lecciones o presumir de moral a su costa. Es por eso que las ideas como las presentadas por Sharansky y Troy deben ser escuchadas. Es vital que hablar sobre la unidad judía y cómo promoverla deje de ser dominio exclusivo de los académicos y comience a ser una prioridad para nuestros líderes en ambos lados de la brecha.

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Por qué el odio ortodoxo por la manipulación del 'Tikkun Olam' - Ysoscher Katz - Forward




Jonathan Neumann está furioso con el judaísmo liberal y entiendo por qué.

No hace mucho tiempo yo también estaba enojado con ellos. Lamentablemente, sin embargo, su ira lo hace cometer una infracción que no es tan diferente de la transgresión que provoca su propia y justa indignación. Él castiga a sus adversarios políticos por abusar de un prominente tropo teológico judío, pero en el proceso desafortunadamente parece ignorar un conocido aforismo rabínico.

En una publicación en el New York Post, Neumann se manifiesta justamente molesto por la apropiación cultural de los judíos liberales de un arduo concepto religioso, el "tikkun olam" o reparar el mundo. Él se muestra muy decepcionado de que "silenciosamente lo raptaran [el concepto] y lo utilizaran fuera de contexto de una oración judía... para aplicarlo a la justicia social".

La afirmación de Neumann es cierta. El término "tikkun olam" aparece en el segundo párrafo del Aleinu, la coda que tres veces al día se emplea en las oraciones de los judíos, y que de hecho no se refiere a la justicia social en absoluto. El modismo, como cuestión de hecho, expresa un tropo teológico judío clave, no un valor sociológico universalista.

Ver a otros malversar repetidamente un concepto fundacional importante puede ser extremadamente frustrante. Recientemente hemos visto cómo las comunidades Afroamericana, Queer y Nativo-Americanas se ofenden con aquellos que intentan promover sus propias agendas tomando prestados los tropos culturales de esas comunidades. La comunidad ultraortodoxa no es diferente. Ellos también veneran la singularidad de sus expresiones culturales y la especificidad de sus preceptos religiosos, ya que los consideran sagrados y culturalmente contingentes. En su opinión, malversarla es un grave pecado. Ellos también se sienten engañados cuando otros hacen un mal uso de su preciada herencia.

Sé cómo ese mal uso altera las sensibilidades ultraortodoxas porque una vez formé parte de esa comunidad. Nací y crecí en la comunidad ultraortodoxa. De hecho, recuerdo vívidamente mi reacción cuando, como joven e impresionable adolescente, aprendí sobre la manera en que la judería liberal tergiversaba "nuestras" metáforas fundamentales. Fue profundamente perturbador.

Es cierto que algunos que se identifican con el ethos del activismo social han intentado rectificar esto. El rabino liberal Jill Jacobs y el académico progresista Aryeh Cohen, entre otros, han tratado de suprimir la premisa teológica del "tikkun olam" del discurso de acción social del judaísmo. Hasta ahora, sin embargo, no han tenido éxito. El tropo todavía juega un papel formativo en la conciencia de los judíos liberales y no religiosos. El resentimiento ortodoxo hacia el judaísmo liberal, en consecuencia, no ha disminuido. El resentimiento todavía es profundo. Escritores como Neumann dan voz a esa ira. Desafortunadamente, en la búsqueda de articular su punto de vista, comete una transgresión no menos atroz que la que reprende a sus oponentes políticos.

Los sabios del Talmud vivieron en un ambiente de ferviente conflicto religioso. Fueron constantemente criticados por sus contemporáneos por no ser apropiadamente religiosos. Algunos pensaban que eran demasiado estrictos, mientras que otros alegaban que no eran lo suficientemente puntillosos. Los rabinos a menudo respondían de la misma manera, peleaban agresivamente contra sus críticos, frustrando a aquellos que dudaban de su legitimidad. Si bien reconocieron que esos debates a veces podían ser extremadamente molestos, sin embargo exhortaron a sus estudiantes a no dejarse llevar por su justa indignación. La pasión por las ideas, creían ellos, no se convierte en una excusa para negar la humanidad de sus oponentes. Estar indignado es admirable, pero no al precio de poner en cuestión la dignidad de su adversario. Hacer eso era moralmente reprensible.

El ensayo de Neumann (y más aún en su nuevo libro "Para sanar al mundo, cómo la izquierda judía corrompe el judaísmo y pone en peligro a Israel") representa, lamentablemente, un rechazo implícito de este ethos clave de disputa. Su enojo lo ciega a la dignidad de aquellos cuyas ideas él rechaza tan vehementemente, hasta el punto de que parece pasar por alto su innata sacralidad. Su tono desdeñoso degrada la santidad inherente en todos nosotros porque, como la Biblia nos dice, todos hemos sido creados a la imagen de Dios. Así como se nos dice que odiemos el pecado, no al pecador, también nos incumbe criticar ideas, no aquellos que las expresan. Apartarse de los valores humanitarios del judaísmo no es menos un crimen que malversarlos. Este último malinterpreta los principios teológicos del judaísmo; el primero pisotea los estándares de conducta del judaísmo.

Las desafortunadas consecuencias de la furia desinhibida de Neumann no se limitan a dejar que la animosidad personal oscurezca la prescripción correcta de cómo exigir la rectificación de lo que él considera una apropiación indebida inexcusable. También hace que caiga en el comportamiento predicho por otra observación rabínica: ese enojo difumina la mente, causando errores consecuentes y descuidos perjudiciales.

El resentimiento de Neumann hacia los portadores de la bandera del judaísmo progresista le hace crear dicotomías donde no existen. Presenta a sus lectores una dura elección entre los valores liberales y el compromiso apasionado con los judíos y la devoción al judaísmo. De hecho, esos valores pueden vivir en perfecta armonía.

La conciencia social no mina la capacidad de ser religiosamente devoto. Mejora la devoción religiosa de uno. El cuidado universal por los oprimidos o los privados de sus derechos no disminuye el amor de uno por la gente o la tierra de Israel. Repararse a uno mismo no es incompatible con la reparación del mundo. En realidad son uno y lo mismo. Hacemos del mundo un lugar mejor al mejorarnos a nosotros mismos, y viceversa: trabajar por un mundo mejor es un trampolín para lograr un yo mejorado.

Es cierto que los valores culturales indebidos son incorrectos y, como es comprensible, Neumann y muchos otros se indignan con razón. Rectificar eso es de hecho un deber moral. El ensayo de Neumann, sin embargo, pasa por alto el hecho de que luchar por un valor no justifica negar otros valores. Como me enseñó mi maestro favorito de la infancia: defiende éticamente la ética. Hacer lo contrario no es ético.

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Los judíos liberales estadounidenses están destruyendo su propia religión - Jonathan Neumann - NYPost



El judaísmo estadounidense está roto.

Cuando dos de los escritores más célebres de la comunidad judía, Michael Chabon y su esposa Ayelet Waldman, escriben una carta abierta donde se dice: "Cualquier judío, en cualquier lugar, que no actúe para oponerse al presidente Donald Trump y a su administración, está actuando a favor del antisemitismo; cualquier judío que no condene al presidente, directamente y por su nombre, por su racismo, supremacismo blanca, intolerancia y odio a los judíos, aprobando todas esas cosas con su indolencia, no se precisa mirar muy lejos para ver por qué".

El judaísmo estadounidense está roto porque la izquierda judía lo rompió.

Una molesta fijación en el "tikkun olam", que literalmente significa "reparación del mundo", ha permitido que el judaísmo caiga en un penoso estado.

El término "tikkun olam" se extrajo silenciosamente de su contexto en una oración judía antes de la Segunda Guerra Mundial para monopolizar su uso y concentrarlo en la justicia social. Fue popularizado en las décadas de 1970 y 1980 por radicales como Michael Lerner, fundador de la revista de extrema izquierda Tikkun.

Desde entonces, se nos ha hecho creer que el propósito de los judíos en el mundo es hacer campaña por unos impuestos más altos, por la permisividad sexual, por un gasto militar reducido, a favor de la inmigración ilegal, la oposición al fracking, por el destierro de la religión de la plaza pública y cualquier otro causa liberal y progresista bajo el sol, y todo en nombre de Dios.

Pero la verdad es que el "tikkun olam" y su tergiversación como expresión de políticas izquierdistas no tiene ninguna base en el judaísmo. El "tikkun olam" actual no tiene ninguna identificación con el judaísmo, ya que representa a una religión distinta, cuyos adeptos, podría decirse, se han apropiado y desvirtuado culturalmente esta antigua fe. Esta religión actual del "tikkun olam" capta la lealtad de la mayoría de los judíos no ortodoxos (y algunos ortodoxos), que constituyen la abrumadora mayoría de la comunidad judía estadounidense. El dogma de esta religión es llamativamente simple: el judaísmo solamente puede ser el "tikkun olam", o lo que es lo mismo, solamente puede ser la religión de la justicia social y del liberalismo. Los judíos estadounidenses están llamados a no hacer menos - si no aún más - que cultivar un paraíso liberal en América.

En esto, los judíos liberales estadounidenses a menudo han tenido el respaldo hipócrita del cuerpo de celebridades judías - literatos, ejecutivos de Hollywood, académicos, políticos y financieros - que dicen una cosa en público, mientras que, en varios casos, hacen cosas bastante diferentes en privado (Weinstein).

Pero, sobre todo, este liberalismo, este "tikkun olam", enseña que el pueblo judío es una reliquia anticuada y chovinista, que no tiene necesidad de un estado nacional propio en su antigua patria. En consecuencia, los activistas judíos estadounidenses de la justicia social ayudan a difamar a Israel y debilitan los lazos de los Estados Unidos con el Estado judío.

Esta peligrosa ideología culminó en la elección y en la administración de Barack Obama, quien fue aclamado como el "presidente de tikkun olam", una especie de sinónimo del "primer presidente judío". Repetidamente Obama hizo referencia al significado del "tikkun olam" para su propia vida, alimentado por sus mentores judíos liberales en Chicago, y fue a causa de este compromiso con el "tikkun olam", no a pesar de él, que se convirtió en el presidente más hostil hacia Israel en la historia.

Pero ahora el movimiento del "tikkun olam" está en crisis. Sus activistas han sido desalojados de la Casa Blanca junto con su mesías, siendo reemplazados por una coalición de cristianos religiosos y judíos tradicionalistas y ortodoxos. Y aunque lo natural en lo que respecta a estos exiliados políticos es oponerse a la nueva administración, estos activistas están descubriendo que en las marchas de la izquierda por la justicia social no parece haber lugar para los activistas judíos.

Y entonces estos judíos se encuentran ante la alternativa que les imponen: tener que elegir entre la justicia social y ser judío. Chabon y Waldman ya han hecho su elección por la primera.

Pero hay una alternativa.

Una nueva generación de judíos tradicionalistas, orgullosos de su herencia y celosos por preservarla, no se siente impresionado ante este judaísmo roto que existe en los Estados Unidos. Estos judíos saben que sus antepasados ​​no existieron y sobrevivieron para adorar a un partido político ni para morir por las causas de moda.

Reconocen que el futuro del judaísmo estadounidense depende de superar la ecuación superficial e ignorante de un judaísmo cuyo único sentido es el del activismo de izquierdas. Lo que se necesita es una verdadera renovación judía: una comunidad que defiende la libertad religiosa y que no en contra de ella; que afirme la alianza entre los Estados Unidos e Israel, en lugar de socavarla; y, sobre todo, cree que es una comunidad que tiene una razón de peso, la herencia de la civilización cultural y religiosa judía, para persistir.

Es hora de que la judería estadounidense "se repare a sí misma" en lugar de enfocar su interés y su soberbia en "reparar el mundo".

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Saturday, July 14, 2018

La ilusión de una separación espacial israelí-palestina - Maj. Gen. Gershon Hacohen - Besa


Desconexión de Gaza 2005

Desde la apresurada retirada de Israel del Líbano en mayo de 2000, ha sido axiomático entre los responsables de la toma de decisiones israelíes que la separación espacial entre israelíes y palestinos es un interés israelí vital, incluso si no va acompañado de un acuerdo de paz. En línea con este pensamiento, a los israelíes se les prometió reiteradamente que la implementación de la separación espacial, incluida la eliminación de judíos de estos territorios y la construcción de una barrera de seguridad, reduciría la fricción diaria y crearía una situación de seguridad más estable y segura.

Trece años después de la desconexión unilateral de la Franja de Gaza, existe evidencia empírica para identificar el lugar donde se desarrolló una situación de seguridad más viable. ¿Está en el territorio donde se ha efectuado la separación completa, o en Cisjordania, donde prevalece la visión de separación parcial del Primer Ministro Yitzhak Rabin?

Desde la Operación Escudo Defensivo en 2002, las fuerzas de seguridad israelíes han llevado a cabo actividades regulares de contraterrorismo en toda Cisjordania como una cuestión de rutina. Generalmente autorizada por el Comando Central y el Shin Bet sin la necesidad de la aprobación de los niveles políticos, esta actividad rutinaria le ha dado a las fuerzas de seguridad libertad de acción y flexibilidad operativa que, junto con otros factores, ha asegurado la relativa calma y estabilidad en el Banco del Oeste.

Imagine, por ejemplo, el lanzamiento de bombas incendiarias de cometa / globo desde el suburbio Tzur Baher de Jerusalén a los barrios judíos de la ciudad. La IDF o la Policía de Israel enviarían un par de Jeeps al vecindario y neutralizarían el incidente. En marcado contraste, la separación espacial total entre Gaza e Israel a partir de la desconexión del verano de 2005, ha negado la libertad de acción del IDF más allá de la barrera fronteriza. No es que las capacidades generales del IDF se hayan reducido, pero al transformar la Franja en una entidad terrorista indestructible que puede exigir un alto precio a las fuerzas invasoras israelíes, Hamas ha logrado colocar un "precio" estratégico a una amplia gama de actividades, salvo la confrontación general.

Por ejemplo, a pesar de la eficacia del sistema israelí del Iron Dome, el arsenal de cohetes / misiles de Hamas limita la rutina operativa diaria de Israel, ya que los comandantes del IDF deben considerar su posible empleo en diversos escenarios de confrontación. No es un secreto que el equilibrio de costes, riesgos y oportunidades que acompaña a la decisión de actuar en Gaza se ha vuelto infinitamente más complejo desde la retirada.

Tampoco debe olvidarse que una barrera fronteriza también puede beneficiar a Hamas. La valla ayuda a Israel en su esfuerzo por evitar la infiltración hostil en su territorio; pero también permite a Hamas fortalecerse y organizarse de forma segura bajo su ala protectora. De hecho, bajo los auspicios de la separación espacial, Hamas ha logrado construir una fuerza militar regular compuesta por batallones y brigadas, armada con un gran arsenal de cohetes / misiles subterráneos y respaldada por un sistema efectivo de comando y control.

Nada de esto sería posible sin la plena realización del concepto izquierdista israelí de "ellos están allí y nosotros estamos aquí". Esta es la fuente de la evidente diferencia entre la formidable posición militar de Hamas en Gaza y sus dificultades para desarrollar su fuerza en Cisjordania.

La situación que se ha desarrollado en la Franja de Gaza desde la desconexión del 2005 desmiente tres supuestos fundamentales que se han convertido en axiomáticos en el discurso de seguridad israelí en las últimas dos décadas:
- que la separación total entre israelíes y palestinos inevitablemente mejorará la seguridad y la estabilidad; - que el IDF ganará cómodamente cualquier enfrentamiento futuro en los territorios evacuados- y que la actividad militar israelí en los territorios anteriormente ocupados gozará de una legitimidad y apoyo internacional masivos.
Estas son solo algunas de las principales consideraciones que deberían ser sopesadas seriamente por los políticos israelíes antes de comprometerse con "separaciones espaciales" aún más desastrosas en Cisjordania y Jerusalén.

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Los límites de la superioridad tecnológica - Maj. Gen. Gershon Hacohen - Besa



Incluso contra una amenaza simple y creativa como el terrorismo de cometas / globos, el sistema de defensa israelí apunta hacia un avance tecnológico. Para estar seguros, la superioridad tecnológica en el campo de batalla debe ser explotada siempre que sea posible (por ejemplo, el sistema israelí Iron Dome, que proporciona una solución efectiva a la amenaza del cohete). Pero el fenómeno de la guerra, al igual que los partidos de fútbol del Mundial, muestra que los factores físicos dependen en última instancia del espíritu humano. Como dijo Yigal Allon, uno de los arquitectos de la victoria de Israel en 1948: "Sin restar importancia al valor de las armas, el Palmah aprendió a ver el espíritu humano como la principal fuente de fortaleza en la guerra".

La victoria griega en la Guerra de Troya, después de diez años de lucha, se logró a través del famoso ardid del caballo de Troya. La moderna tecnología de detección podría haber expuesto la estratagema. Sin embargo, según la historia, el problema no radica en la falta de tecnología adecuada sino en un juicio desastrosamente defectuoso. La hija del rey, Cassandra, advirtió repetidamente contra el peligro que representaba el caballo de madera, pero en la euforia general que acompañaba al final de la guerra, sus advertencias cayeron en oídos sordos.

La tecnología tiene un efecto calmante ya que elimina ostensiblemente la necesidad de una vigilancia, ingenio y responsabilidad personal. Parece que nos permite superar la aleatoriedad incontrolable del espíritu humano, que siempre ha sido difícil de medir en tiempos de crisis y de guerra. Los soldados, como los atletas y los artistas, siempre han sido conscientes de la dependencia crítica de la inspiración y de "un poder oculto" que los lleva a la cima de los logros en momentos críticos. Aquellos que han experimentado la bendición de la inspiración son más conscientes que otros de la penosa privación que acompaña a su desaparición. En las palabras del lamento del Rey David en los Salmos, "Dios mío, ¿por qué me has desamparado?".

El soporte tecnológico, por otro lado, no es caprichoso. Es estable en su modo operativo y sujeto a control. Cuando algo sale mal, no es más que una falla técnica que puede ser investigada y corregida. La tecnología mitiga así nuestra dependencia de las vicisitudes del espíritu humano. La máquina no tiene dudas ni ataques de pánico ni necesidad del poder de la fe. Como resultado, la dependencia de las soluciones tecnológicas ha aumentado a lo largo de los años y ha ganado el control de los modos operativos militares y civiles fundamentales. Pero esto ha tenido un alto costo. Porque la menor dependencia de la fe y del espíritu humano en tiempos de crisis ha disminuido al individuo y lo ha reducido a un engranaje en una máquina.

Como lo muestran las palabras de Allon, una disminución del espíritu humano no caracterizó al espíritu del IDF durante las primeras décadas de su existencia, algo que sus enemigos árabes reconocieron al explicar su derrota en la Guerra de 1967. En palabras de Yusuf Karadawi, uno de los líderes espirituales de la Hermandad Musulmana: "Volver a la fe y levantar la bandera de la yihad son particularmente vitales en la lucha contra el sionismo mundial, porque los sionistas inculcan a sus soldados una fe y unos sueños religiosos". Uno puede, por supuesto, discutir y no estar de acuerdo con este pronóstico, pero sus palabras expresan una amplia percepción árabe / musulmana de la fuente espiritual de la fuerza del IDF.

Hacia el final del siglo XX, con el advenimiento de la Revolución en Asuntos Militares (RMA), los planificadores militares se encontraron en una nueva coyuntura. El establishment de la Defensa israelí optó por enfocarse en la maximización de la ventaja tecnológica de Israel. Hezbollah y Hamas, por el contrario, optaron por fortalecer la fe de sus combatientes y su disposición para el autosacrificio. Como el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, se jactó en los últimos días de la Guerra del Líbano de 2006: "El enfrentamiento que está teniendo lugar sorprendió a los israelíes en términos del factor humano... Descubrieron que están combatiendo a personas con fe, voluntad, heroísmo, perseverancia, y disposición para sacrificar".

Por lo tanto, el IDF y el sistema de defensa israelí deben interrogarse si no se han desviado hacia una excesiva dependencia cultural y mental de la dotación del soporte tecnológico. No es que uno no deba explotar al máximo el potencial tecnológico, pero la tecnología en sí misma no puede garantizar la victoria.

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La economía no ayudará. Los palestinos continuarán con los ataques terroristas - Brig.-Gen Yossi Kuperwasser - JCPA



La conexión ostensible entre la economía palestina y el terrorismo está tomando un lugar central en las discusiones sobre los palestinos. Los negociadores estadounidenses, dirigidos por el asesor presidencial Jared Kushner, enfatizan los enormes beneficios económicos que esperan los palestinos si adoptan el nuevo plan de paz de Estados Unidos, que aún no se ha publicado. En el contexto de Gaza, Estados Unidos e Israel intentan promover la inversión en la Franja de Gaza, no solo por una verdadera preocupación por la calidad de vida de sus residentes, sino también por la suposición de que la mejora de la situación económica frenará el terrorismo en el corto plazo y la amenaza de una guerra más amplia en el futuro causada por el desaliento y la desesperación.

Muchos en Israel expresaron sorpresa, ansiedad y frustración frente a los impulsos destructivos de los habitantes de Gaza (muchos afiliados a Hamas) que prendieron fuego a la instalación de transferencia en el cruce fronterizo de Kerem Shalom, mientras que Israel está haciendo esfuerzos para garantizar el flujo de bienes en Gaza. Israel incluso está considerando abrir su frontera a los trabajadores de Gaza y explorar las posibilidades de abrir un puerto para Gaza.

En las áreas bajo el control de la Autoridad Palestina y el este de Jerusalén controlado por Israel, existe la suposición de que la situación económica está afectando al nivel de terror. En un estudio publicado recientemente por el Centro para los Asuntos Públicos de Jerusalén, los autores, que son palestinos e israelíes, critican duramente la lucha de la Autoridad Palestina y el movimiento de boicot contra la normalización de los lazos económicos entre israelíes y palestinos en los lugares de trabajo compartidos. Afirman específicamente que las actividades económicas compartidas, principalmente en el Área C, podrían convertirse en una forma de crear una base para promover la paz a través de intereses económicos compartidos en el crecimiento futuro. El primer ministro Netanyahu ya planteó en el pasado la idea de la "paz económica" en este contexto

Sin embargo, la conexión entre economía y paz es extremadamente complicada y poco convincente. Los palestinos llevan a cabo ataques terroristas por motivos ideológicos, y la mayoría de ellos ven el terror como una forma justificada y efectiva de actuar para hacer avanzar sus objetivos en el conflicto con Israel. Los terroristas y sus familias tienen derecho a importantes beneficios económicos en la forma de salarios que la Autoridad Palestina les paga. El compromiso de los líderes palestinos con la lucha contra el sionismo es mayor que la consideración de los beneficios económicos, a pesar de que la Autoridad Palestina es consciente de que debe dar una respuesta a las necesidades económicas de los palestinos. Como prueba, la segunda intifada estalló durante un período de crecimiento impresionante.

La decisión sobre el alcance apropiado del terrorismo refleja la percepción de diferentes elementos dentro del sistema político palestino con respecto al coste versus beneficio de los diferentes tipos de actividades terroristas en cualquier momento. Al evaluar esta comparación, se deben tener en cuenta varias consideraciones. La economía es vista como un elemento limitante, especialmente en las circunstancias de una crisis severa. Por ejemplo, la crisis económica de 2005 se considera una de las razones que llevó a los palestinos a tomar la decisión de poner fin a la segunda intifada.

La discrepancia entre el compromiso con las consideraciones ideológicas y la importancia de las consideraciones económicas es pequeña en el sector comercial palestino. Crece entre un movimiento comparativamente pragmático como Fatah, ampliado aún más entre un movimiento religioso e ideológico como Hamas, que también tiene el compromiso de gobernar Gaza, y se ha vuelto aún más fuerte entre los movimientos más extremistas, como la Yihad Islámica, que no están comprometidos a lidiar con las dificultades de la población.

En cualquier caso, la posibilidad de que las tentaciones económicas conduzcan a un cambio en los objetivos nacionales palestinos es muy leve, siempre y cuando el sistema palestino no sea liderado por un movimiento político que priorice el bienestar de sus ciudadanos. Ese movimiento debe reconocer que para satisfacer sus necesidades económicas, debe terminar su compromiso con la lucha contra el sionismo, que se traduce como ceder el "derecho al retorno" y la decisión de renunciar al establecimiento de un estado palestino en toda Palestina obligatoria.

El enfoque de la administración estadounidense critica a los palestinos y a Hamas, en particular, por "no actuar de acuerdo con las necesidades del pueblo palestino". Esta reacción indica una falta de comprensión de las prioridades palestinas y superpone un orden occidental de prioridades, que ve en la búsqueda de la felicidad y la prosperidad como el objetivo de todas las personas.

Los palestinos le explican al mundo que tienen un orden de prioridades diferente, que incluye el pago de salarios a los terroristas, "marchas del retorno", la destrucción de un cruce de camiones vital para el acceso de bienes y el derecho a renunciar tanto a la vida humana como a la prosperidad. Sin embargo, parece que los estadounidenses, los europeos y muchos israelíes no reciben estos mensajes. Siguen creyendo que las consideraciones económicas pueden llevar a los palestinos a cambiar sus políticas contra la paz.

No debemos disminuir la importancia de invertir en el avance de la economía palestina y en la cooperación económica con ellos. Estos se basan en motivos éticos, desde el deseo de llevar la prosperidad económica a nuestros vecinos hasta el avance de la familiaridad entre ambos pueblos. Esperamos que al final esto motive a los palestinos a cambiar su orden de prioridades.

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No, el conflicto árabe-israelí no es una imagen especular - YIsrael Medad - JNS



Yossi Klein Halevi está de gira y Los Angeles Times publicó el 13 de mayo su artículo de opinión  en el que expresó las siguientes reflexiones sobre el conflicto árabe con Israel y el sionismo:

"Cada lado tendría que honrar la narración del otro... los israelíes deberán reconocer lo devastador que fue para el pueblo palestino la destrucción de su mundo natal... y el mundo árabe reconocer la destrucción de las antiguas diásporas judías en el Oriente Medio... cada uno deberá reconocer el sacrificio del otro".

Como seguidor de Ze'ev Jabotinsky, me gustaría postular una posición ligeramente diferente, incluso cuando acepto lo que está en la base de los pensamientos expuestos por Yossi. En sus ensayos en dos partes, "El Muro de Hierro y la Ética del Muro de Hierro", que apareció a finales de 1923, y estoy seguro de que Yossi está familiarizado con su contenido, Jabotinsky se ocupó de estos temas.

"Tengo la reputación de ser un enemigo de los árabes, que quiere expulsarlos de Palestina, y así sucesivamente. No es verdad... es otra cuestión muy distinta si siempre es posible alcanzar un objetivo pacífico por medios pacíficos. La respuesta a esta pregunta no depende de nuestra actitud hacia los árabes, sino de la actitud de los árabes hacia nosotros y hacia el sionismo... es absolutamente imposible obtener el consentimiento voluntario de los árabes palestinos para convertir a "Palestina" de un país árabe en un país con una mayoría judía".

La destrucción de la que hablaba Yossi seguramente sucedió, pero solo porque los árabes rechazaron un plan de partición en 1937 y otro en 1947. El movimiento sionista, que ciertamente excluyó al sector de Jabotinsky, aceptó ese compromiso. Hasta que los árabes, ahora llamados palestinos, admitan sus errores diplomáticos, no puede existir paralelismo, ese que Yossi cree que puede cumplir una función paliativa.

De hecho, ignorando la demanda a una de las partes de admitir sus errores, ya tenemos muchos, demasiados, de nuestro lado que hacen eso (Zochrot, Gush Shalom, Gideon Levy, Amira Hass y el resto del equipo del Haaretz), y todo ello simplemente para permirles vivir un sueño histórico de fantasía. Incluso el concepto de naqba ("catástrofe") que los árabes han pervertido, ignorando lo quiso manifestar en un principio Qustantin Zurayq, quien acuñó el término, de que se trataba del fracaso de los árabes a la hora de enfrentarse con éxito a los sionistas. Fue Zurayq quien acusó a los árabes de "una mentalidad primitiva y estática", no los sionistas. Si los árabes no dan lugar a "una transformación fundamental en su forma de vida", escribió, no "podrán rechazar el peligro sionista".

Como resultado de su impotencia y de sus debilidades estructurales y culturales internas, lo que otros árabes les hicieron a los árabes de Palestina es la esencia de su visión de naqba. Hoy, indica una especie de Churban (la destrucción del Segundo Templo) que les provocaron los judíos y por la cual renuncian a todo tipo de responsabilidad y autocrítica. Y es esa visión la que tiene que ser revertida.

Si no se elimina su papel de victimización, no habrá ningún éxito diplomático.

Jabotinsky continuaba y escribía:

"Nuestros pacifistas están tratando de persuadirnos de que los árabes son tontos, a quienes podemos engañar enmascarando nuestros objetivos reales, o que son corruptos y pueden ser sobornados para que nos entreguen su pretensión de prioridad en Palestina, a cambio de cultura y ventajas económicas... Sienten al menos el mismo amor instintivo y celoso de Palestina, como los antiguos aztecas lo sentían por el México antiguo, y los sioux por sus praderas onduladas. Imaginar, como lo hacen nuestros arabófilos, que aceptarán voluntariamente la realización del sionismo, a cambio de las comodidades morales y materiales que el colono judío lleva consigo, es una noción infantil, que en el fondo manifiesta una especie de desprecio por el pueblo árabe..."

Jabotinsky y sus seguidores genuinos manifiestan su respeto por los residentes árabes de la región de Palestina, es decir, Eretz-Yisrael. Hay muy pocos israelíes que desearían hacerles lo que ellos nos han hecho y desean aún hacernos. Es cierto que los nacionalistas judíos saben que los árabes tienen un anhelo de lo que consideran su patria.

Pero si no pueden admitir que el nombre "Palestina" es romano, que nunca existió como una entidad estatal, que la Liga de las Naciones en 1922, cuando creó el Mandato Británico, no empleó el término "árabes", sino "no judíos", y no porque fueran racistas sino porque lo identificaban como un pequeño rincón del antiguo Imperio Otomano, allí donde los judíos tendrían derecho a un hogar nacional.

Vemos como un peligro, la amenaza física de los árabes mientras que su concepto de peligro es existencial y, por lo tanto, solo una completa negación de la identidad nacional judía, de nuestra religión, cultura, historia y todo lo que es el sionismo, es lo que únicamente satisfará al "palestinismo".

Al final, Jabotinsky concluyó en una realización práctica:

"No podemos ofrecer ninguna compensación adecuada a los árabes palestinos a cambio de Palestina. Y, por lo tanto, no hay probabilidad de que se llegue a ningún acuerdo voluntario".

Yo sugeriría a los moderados y progresistas de izquierda que dominan la conversación judía en la búsqueda de un compromiso, de una aceptación y de la paz, que admitan sus propias contribuciones al pésimo estado de la relación que los árabes mantienen hacia nosotros, los judíos.

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Las nuevas directrices del Partido Laborista británico demuestran que es institucionalmente antisemita - Stephen Pollard - TheJC



Si no han oído hablar de la Ley de Godwin, permítame explicarles que sostiene que a medida que se desarrolle cualquier discusión en línea, alguien siempre comparará a otra persona con Hitler.

Entonces... aceleremos las cosas.

Si elaboras una lista sobre las personas menos adecuadas para elaborar una definición de antisemitismo, es mi opinión que en la parte superior estaría..... sí, él.

Pero vamos a ampliar esto. Digamos que no Adolf Hitler, sino los nazis en general. Creo que todos podemos estar de acuerdo en que no aceptaríamos una definición de antisemitismo elaborada por los nazis.

Bien, entonces, ¿quién más estaría en la lista de las personas menos adecuadas para elaborar una definición de antisemitismo?

Quizás puedas preveerlo.

Esta semana, el Partido Laborista adoptó su propia definición de antisemitismo. Está bien. El partido que ha pasado los últimos dos años atascado entre acusaciones de que se niega a tomar en serio el antisemitismo, ha elaborado su propio código de conducta de 16 puntos sobre el antisemitismo, una definición que es exclusiva del Partido Laborista.

Ninguna otra organización en el planeta opera con los mismos criterios que el Laborismo de Jeremy Corbyn acaba de adoptar. Y sin embargo, de alguna manera, el mismo Partido Laborista espera que la comunidad judía, y todos los demás, lo estimen como una prueba de su serio compromiso con el antisemitismo.

Decir que nos están tomando por tontos ni siquiera se acerca. Porque ésta es una política de la izquierda dura en su forma más cínica y vergonzosa.

Los laboristas han utilizado solamente una parte del lenguaje utilizado en la definición del antisemitismo de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), que ahora es ampliamente aceptada como la definición más útil y ha sido adoptada por el gobierno, la Fiscalía General, muchos consejos locales y muchos otros países.

Pero en lugar de adoptar la definición acordada por todos estos organismos, los laboristas "han eliminado las partes relacionadas con Israel y cómo la crítica de Israel puede ser antisemita".

Vamos a detenernos aquí para subrayarlo aunque no debería ser necesario, pero es que no hay nada de antisemita en criticar a Israel. Los israelíes critican a Israel. Los judíos lo hacen Todo el mundo es, por supuesto, libre de hacerlo. Las únicas personas que dicen que la acusación de antisemitismo se usa para detener las críticas a Israel son precisamente los antisemitas.

Pero no se trata de eso. Se trata de que los laboristas se salgan de su camino para garantizar que los miembros del partido puedan utilizar libremente el lenguaje antisemita y que puedan usar a Israel como parte de eso.

Las normas, por ejemplo, sugieren en un determinado punto que la "descripción de sí mismo como un Estado Judío" por parte de Israel puede causar una dificultad particular en el contexto de decidir si el lenguaje o el comportamiento son antisemitas".

Las directrices normativas continúan diciendo que el uso de "sionista" y "sionismo" de manera positiva por parte de los partidarios pro-Israel resulta problemática.

Este es el meollo de esto. Las directrices exigen que la "intención antisemita" sea necesaria para que cualquier crítica a Israel sea considerada errónea: "No es antisemitismo referirse al 'sionismo' y 'sionistas' como parte de una discusión considerada sobre el Estado israelí". Puedes sentirte libre de seguir adelante y gritar "Zio" a cualquier judío al azar con el que te encuentres, y seguirás siendo un miembro del Partido Laborista. El Partido Laborista no tiene ningún problema con esto, siempre y cuando tengas buenas intenciones.

O vayas más allá, si lo deseas. Gritar "Zio-nazi" no implica antisemitismo, porque mientras tu corazón esté en el lugar correcto, está bien. Como dicen las directrices: "El discurso sobre la política internacional a menudo emplea metáforas a partir de ejemplos de mala conducta histórica".

"No es antisemitismo criticar la conducta o las políticas del estado israelí por referencia a tales ejemplos a menos que haya evidencia de intención antisemita".

Cada vez que el tema del antisemitismo laborista levanta la cabeza, el mismo patrón se repite. El partido, y su estimado Líder, dice que están profundamente comprometidos con la lucha contra el antisemitismo y es escandaloso sugerir lo contrario. Incluso representa una mancha.

Y luego, ese misma partido continúa mostrando por qué cualquiera que se enamore de esas directrices, es, para decirlo de manera más caritativa, un idiota.

Miren lo que está pasando esta vez, con esta nueva definición.

El "antisemitismo recibe sus propias reglas, separadas de cualquier otra forma de racismo. Los laboristas dirán que esto muestra cuán comprometido están con la lucha contra el antisemitismo". Mientras tanto, en el mundo real de este planeta, lo que realmente significa es que, debido a que se considera que la intención antisemita es necesaria para que cualquier lenguaje relacionado con Israel sea considerado antisemita, quienes se describen a sí mismos como antirracistas de por vida, y que tienen un problema con los que llaman Zio-nazis, pueden decir que dado que el antisemitismo es racismo y ello son antirracistas, por definición no tienen una intención antisemita y, por lo tanto, no pueden ser antisemitas.

Todavía hay quienes piensan que los laboristas pueden ser arrastrados a salir de esa alcantarilla moral. Muchos de ellos son personas admirables.

Pero simplemente no están dispuestos, o no pueden, enfrentarse a lo que seguramente ahora debe quedar claro para todos los demás: que el Laborismo está ahora en manos de una izquierda dura tan maligna que el partido ya no es un vehículo principal para el cambio social sino un vehículo para el odio racial

El Partido Laborista es ahora institucionalmente antisemita.

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El misil más grande ganará - Gadi Taub - Haaretz



El odio ardiente que muchos sienten por Donald Trump tiende a hacernos olvidar que no es su personalidad sino su política lo que nos debe interesar. Y ese odio por Trump, como el amor por Barack Obama, tiende a hacernos olvidar que ambos también tenían políticas, no solamente eran personalidades. Si comparamos a los dos, podremos obtener una perspectiva de lo que ocurre ante nuestros ojos.

La política de Obama en el Oriente Medio (pero también fuera de ella) se basaba en la suposición de que el sistema tradicional de alianzas de los Estados Unidos a veces lo arrastra a guerras innecesarias. Pensaba que tales guerras aguardarían a Estados Unidos en el futuro si continuaba apoyando a los países moderados de nuestra región, los cuales temían el surgimiento del Islam político radical.

Obama creía que el Islam político no desaparecería. Si lo arrinconamos con guerras cada vez más inconclusas, solo se volvería más desesperado y violento. Es por eso que los islamistas radicales deberían entrar en un sistema de acuerdos en lugar de ser condenados al ostracismo: Irán primero, pero también la Turquía de Recep Tayyip Erdogan y el Egipto de la Hermandad Musulmana. Si ellos tuvieran interés en el nuevo orden, entonces tendrían interés en preservarlo.

Se suponía que esa era la forma de domarlos. Por lo tanto, Obama extendió su mano a los extremistas sobre las cabezas de los moderados, es decir, los aliados tradicionales de los Estados Unidos. Esta visión suponía que nuestros amigos ya son nuestros amigos, por lo que ahora tenemos que saber qué nos queda para llevar a nuestros enemigos al redil.

En efecto, esto significaba socavar los intereses de Jordania, Egipto, Arabia Saudita e Israel para aplacar a Irán, Turquía, al partido del entonces presidente egipcio Mohammed Morsi de la Hermandad Musulmana y alguna vez incluso a Hamas (en un movimiento extraño en el que Obama intentó vendernos un alto el fuego de Gaza patrocinado por Turquía y Qatar).

Pero la esperanza de apaciguar al radicalismo islámico fue un rotundo fracaso. Esta política le dio a los radicales una vía libre de facto para ahogar a el Oriente Medio en sangre y destrucción: el fortalecimiento de Irán y sus tentáculos en Irak, Siria, Yemen, Líbano y Gaza, y el abandono de Siria a los rusos fomentando así un régimen que ha combatido a sus propios ciudadanos con gases, asesinado a alrededor de medio millón de ellos y convirtió a otros millones en refugiados. Al mismo tiempo, Erdogan se hizo más fuerte a costa de los kurdos, y los matones del vecindario de todo el mundo vieron y entendieron que todo estaba permitido.

Quienquiera que hubiera sucedido a Obama, debería comenzar por reparar el daño causado, porque el orden mundial había empezado a caer en el caos y desde allí probablemente habría desencadenado en una carrera de armas nucleares por parte de las potencias secundarias, lo que es aterrador según cualquier criterio.

Trump se concentró enérgicamente en la tarea de crear orden. El lema de los sombreros rojos, "Make America Great Again", puede haber sonado vacío durante la campaña, especialmente cuando estuvo acompañado de generosas cantidades de retórica vulgar. Pero como presidente, eso es exactamente lo que Trump se propuso: restablecer la posición de superpotencia de Estados Unidos.

Es difícil cuantificar esa cualidad escurridiza, pero el prestigio y la credibilidad son esenciales para una potencia mundial si se busca preservar el orden internacional. Para ese propósito, Trump produjo una serie de zanahorias y palos, y pronto se hizo evidente para sus rivales y amigos que planeaba usarlos con entusiasmo. Los expertos continuaron diciendo que él es caprichoso, pero los enemigos de los Estados Unidos captaron el mensaje.

La cumbre en Singapur fue un logro que no se refleja necesariamente en el documento que se firmó, sino en la forma en que se logró. En un ambiente de amenazas descaradas y creíbles (y aparentemente al presionar a China también), Trump dejó en claro que cualquiera que le arroje un misil recibirá un recordatorio de que el misil de Trump es más grande.

Mucha gente pensó y todavía piensa que esto es vulgar y que le falta sofisticación. Pero cuando comparamos todo esto con la sofisticación de Obama, da lugar a algunos pensamientos melancólicos sobre cómo, con un poco menos de sofisticación, el estilo de Ronald Reagan o Donald Trump, puede haber evitado que el orden internacional se deteriore aún más. Ahora todos los ojos están puestos en Irán, y solo podemos esperar que Trump actúe con la misma determinación.

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Sunday, July 08, 2018

El dilema de la conversión en Israel - Shmuel Rosner - NYT



Israel no puede definir a un judío. Y cuanto más intenta hacerlo, más obvio se vuelve.

La última evidencia de este problema llegó a principios de este mes. Moshe Nissim, un respetado abogado y ex viceprimer ministro, había recibido la tarea del primer ministro Benjamin Netanyahu de proponer una nueva ley sobre la conversión al judaísmo. Esto fue necesario porque se espera que la Corte Suprema emita una decisión para fines de año que obligue al estado a reconocer las conversiones realizadas por varias corrientes del judaísmo. Y cuando lo haga, encenderá una crisis política.

La propuesta del Mr. Nissim fue cuidadosamente elaborada, y tan considerada con las opiniones de las distintas facciones como fue posible. Aún así, estaba muerta al llegar. Desató reacciones de enojo de los legisladores ultraortodoxos y de los principales rabinos de Israel, quienes argumentaron que la propuesta "alentaría la asimilación" al no requerir un nivel suficientemente alto para las conversiones. El primer ministro básicamente dejó caer las sugerencias del Mr. Nissim.

Esto no es solo acerca de la política. El destino de este informe explica por qué Israel debe cambiar para adaptarse a las realidades judías modernas.

Por una variedad de razones, el estado de Israel necesita una definición acordada de judeidad. La necesita porque la Ley de Retorno del país permite a cualquier judío establecerse en Israel. También la necesita porque quién es judío importa para la ley y la sociedad israelíes: en Israel, los ciudadanos judíos se casan por ley a través del Rabinato, los no judíos no; Los judíos son enterrados en cementerios judíos, los no judíos en sus propios cementerios; los judíos tienen su día de descanso por ley que es el sábado, mientras los no judíos pueden descansar en otros días.

Pero este es el problema: entre el pueblo judío, hay múltiples posiciones sobre cómo determinar el carácter judío de una persona. La tradición requiere que viene definido por tener una madre judía, pero el judaísmo reformista acepta a un padre judío. La Ley del Retorno acepta incluso a un solo abuelo judío, mientras que el Rabinato israelí insiste en una madre judía o en una conversión ortodoxa. Aproximadamente un tercio de los judíos israelíes consideraría a una persona judía si simplemente "se siente judía".

El proceso de conversión que dominó dentro del judaísmo desde la antigüedad hasta el comienzo de la modernidad evolucionó en un momento en que la mayoría de los judíos todavía se adherían a una versión similar de judeidad. Entonces, la conversión requería un compromiso de observar la ley judía. Pero el Israel de hoy, aunque deja algunas áreas como el matrimonio bajo la jurisdicción rabínica, es un estado secular y el hogar de unos judíos en su mayoría no observantes. Y es por razones mayormente seculares que Israel necesita una definición de conversión acordada.

Esto es lo que sugirió Mr. Nissim cuando le pidieron que presentara una propuesta para una nueva ley de conversión: Israel reconocería legalmente todo tipo de conversiones en el extranjero. Pero las conversiones en Israel serían reconocidas solamente si fueran realizadas por un tribunal ordenado por el estado. Este tribunal caminaría por una cuerda floja al, por un lado, adherirse a la ley judía ortodoxa (la versión más conservadora), y por otro lado, no estar bajo la autoridad del rabinato oficial, una institución especialmente conservadora. En cambio, Mr. Nissim sugirió que el tribunal de conversión de Israel estaría controlado por la oficina del primer ministro.

Sí, es bastante complicado.

¿Por qué Mr. Nissim terminó con un conjunto tan intrincado de sugerencias? Porque trató de hacer sus propuestas aceptables para tantos judíos como fuera posible. Quería darles a todos, los ortodoxos, los políticos seculares, los judíos en la diáspora, un poco de algo. Eso, puede haber pensado, mantendría cierta unidad entre el pueblo judío. Como si los judíos pudieran unirse al tener tantos abogados inteligentes sentados durante un tiempo lo suficientemente largo y emitieran informes lo suficientemente largos sobre lo que hace que un judío sea judío.

Pero aquí está la cuestión de por qué es una tarea tan difícil: ya no se está de acuerdo en los límites de la judeidad. Los judíos seculares no aceptan definiciones religiosas. Los judíos religiosos aceptan solo definiciones religiosas, pero también tienen sus propias rivalidades. Los judíos fuera de Israel no quieren que Israel determine quién es judío. Los judíos israelíes no quieren estar sujetos a las sensibilidades de la diáspora.

Si no es posible reconciliar estas prioridades en competencia, ¿qué debería hacer Israel? Creo que debería considerar forjar un nuevo camino.

El estado judío ya ha cambiado el curso de la cultura y la identidad judías de innumerables maneras. Puede cambiarlo una vez más al redefinir la conversión. Para hacer esto, debe secularizar la conversión. Dejar a un lado las prioridades de los líderes religiosos a la hora de determinar los límites del judaísmo y establecer la autoridad del estado y sus líderes políticos para hacer tales determinaciones.

Esto supondría un cambio de visión. Los rabinos salen, los líderes políticos entran. Y lo más probable es que arruine algunas plumas, pero a la larga también resolvería muchos problemas. Los líderes políticos pueden hacer lo que los rabinos no pueden hacer. Por ejemplo, un organismo político que decide sobre las conversiones podría dictaminar que servir en las Fuerzas de Defensa de Israel cuenta cuando una persona desea convertirse en judía.

Naturalmente, si Israel reconoce que las conversiones cambian, eso tampoco implicaría internarse en un sendero completamente desconocido. La tradición y las sensibilidades religiosas aún jugarían un papel importante en el proceso. Pero sin embargo, la mentalidad sería diferente. Sería la mentalidad de un pueblo. La mentalidad de los judíos que comienzan a adaptarse culturalmente a tener un estado-nación. Es por eso que servir en el ejército israelí se consideraría una muestra de seriedad acerca de querer unirse al pueblo judío.

Sí, al menos inicialmente, esto fracturaría la unidad judía. Muchos judíos religiosos al principio no aceptarían tales conversiones y continuarían insistiendo en usar sus propios criterios. Muchos judíos en la diáspora inicialmente tampoco aceptarían tales conversiones, ya que argumentarían que Israel no tiene autoridad para alterar unilateralmente los límites del judaísmo.

Pero también habría ventajas: el pueblo judío, a medida que se adaptaba gradualmente a este nuevo camino, ya no sería rehén de una interpretación irrelevante del judaísmo que es el resultado de un mundo sin un estado judío. El pueblo judío, mientras debate este nuevo camino, tendrá un proceso claro de conversión al pueblo judío, no a una versión de la religión judía que la mayoría de ellos no practica.

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El misil más grande ganará - Gadi Taub - Haaretz



El ardiente odio que muchos sienten por Donald Trump tiende a hacernos olvidar que no es su personalidad sino su política la que nos debe interesar. Y como el odio por Trump, el amor por Barack Obama tiende a hacernos olvidar que él también tenía políticas, no solo una personalidad. Si comparamos a los dos, podremos obtener una perspectiva de lo que ocurre ante nuestros ojos.

La política de Obama en el Oriente Medio (pero también fuera de ahí) se basaba en la suposición de que el sistema tradicional de alianzas de los Estados Unidos a veces lo arrastraba a guerras innecesarias. Pensaba que tales guerras aguardarían a los Estados Unidos en el futuro si continuaba apoyando a los países moderados de nuestra región que temen el surgimiento del Islam político radical.

Obama creía que el Islam político no desaparecería. Si lo arrinconamos con guerras cada vez más inconclusas, solo se volvería más desesperado y violento. Es por eso que los radicales deberían ser incorporados a un sistema de acuerdos en lugar de condenados al ostracismo: Irán primero, pero también la Turquía de Recep Tayyip Erdogan y el Egipto de la Hermandad Musulmana. Si ellos tenían interés en ese nuevo orden, tendrían interés en preservarlo.

Se suponía que esa era la forma de domarlos. Por lo tanto, Obama extendió su mano a los extremistas por encima de las cabezas de los moderados, los aliados tradicionales de los Estados Unidos. Esta visión implicaba que nuestros antiguos amigos ya no serían nuestros amigos, porque lo que ahora se trataría es de saber como llevar a nuestros antiguos enemigos al redil.

Obviamente, esto significaba socavar los intereses de Jordania, Egipto, Arabia Saudita e Israel para aplacar a Irán, Turquía, al partido del entonces presidente egipcio Mohammed Morsi de la Hermandad Musulmana y por vez primera a Hamas (recuerden ese extraño movimiento durante la guerra de Gaza del 2014 por el que Obama intentó vendernos un alto el fuego desventajoso en Gaza y patrocinado por Turquía y Qatar).

Pero la esperanza de apaciguar al radicalismo islámico resultó un rotundo fracaso. Esta política les dio de facto a los radicales las manos libres para ahogar el Oriente Medio en sangre y destrucción: el fortalecimiento de Irán y sus tentáculos en Irak, Siria, Yemen, Líbano y Gaza, y el abandono de Siria a los rusos fomentando así un régimen que combatía a sus propios ciudadanos con gases, y que asesinó a alrededor de medio millón de ellos y convirtió a varios millones en refugiados. Al mismo tiempo, Erdogan se hizo más fuerte a costa de los kurdos, y los matones del vecindario de todo el mundo vieron y entendieron que todo estaba permitido.

Quienquiera que hubiera sucedido a Obama debería comenzar reparando los daños provocados por esa administración, porque el orden mundial había empezado a caer en el caos y desde allí probablemente habría procedido a una carrera de armas nucleares por parte de las potencias secundarias, lo que sería aterrador según cualquier criterio.

Trump se concentró enérgicamente en la tarea de crear orden. El lema de los sombreros rojos, "Make America Great Again", puede haber sonado vacío durante la campaña, especialmente cuando estuvo acompañado de generosas cantidades de retórica vulgar. Pero como presidente, eso es exactamente lo que Trump se propuso: restablecer la posición de superpotencia de Estados Unidos.

Es difícil cuantificar esta cualidad escurridiza, pero el prestigio y la credibilidad son esenciales para una potencia mundial si busca preservar el orden internacional. Para ese propósito, Trump produjo una serie de zanahorias y palos, y pronto se hizo evidente para sus rivales y amigos que planeaba usarlos con entusiasmo. Los expertos continuaron diciendo que él era caprichoso, pero los enemigos de los Estados Unidos captaron el mensaje.

La cumbre en Singapur fue un logro que no se refleja necesariamente en el documento que se firmó, sino en la forma en que se logró. En un ambiente de amenazas descaradas y creíbles (y aparentemente al presionar a China también), Trump dejó en claro que cualquiera que le arroje un misil recibirá un recordatorio de que el misil de Trump será más grande.

Mucha gente pensó y todavía piensa que esto es vulgar y demuestra falta de sofisticación. Pero cuando comparamos todo esto con la sofisticación de Obama, da lugar a algunos pensamientos melancólicos sobre cómo, con un poco menos de sofisticación, al estilo de Ronald Reagan o Donald Trump, puede haber evitado que el orden internacional  se deteriore aún más. Ahora todos los ojos están puestos en Irán, y solo podemos esperar que Trump lo haga con la misma determinación.

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¿Por qué los "liberales" occidentales compran tan fácilmente los libelos antisemitas de Hamas? - Gadi Taub - Haaretz



Onion es, de lejos, la mejor publicación satírica del mundo. Pocos son tan graciosos, y ninguno es tan astuto al desvelar las falsedades morales de las mentiras moralistas. Por lo tanto, fue sorprendente ver cómo, en el tema de la  Franja de Gaza, ellos también se alinearon con lo que obviamente era un viejo arquetipo del libelo de sangre: los judíos están matando bebés de nuevo. "Soldado del IDF relata la historia del heroico asesinato de un niño de 8 meses", se leía uno de sus titulares.

Esta macabra sátira se basó en un boletín distribuido por los servicios de cable el 14 de mayo, cuando los Estados Unidos trasladaron su embajada a Jerusalén y los disturbios de Gaza alcanzaron su punto máximo. El boletín decía que un bebé de 8 meses había muerto a causa de los gases lacrimógenos que el IDF había utilizado contra las multitudes que causaban disturbios y querían arrasar la frontera. La historia inmediatamente se convirtió en una sensación, y el propio bebé, Leila al-Ghandour, estuvo a punto de convertirse en un nuevo símbolo palestino.

El caso es que, casi de inmediato, la historia resultó ser cuestionable. El portavoz del IDF sugirió que había dudas sobre las afirmaciones de que el bebé murió por inhalar gas lacrimógeno, y en un informe del 15 de mayo de Associated Press, citando a un médico de Gaza, se afirmó que había muerto como resultado de un defecto congénito en el corazón. El 16 de mayo, el reportero del New York Times  Declan Walsh explicó  que a pesar de la naturaleza cuestionable de la historia, la niña de ojos verdes se estaba convirtiendo en un símbolo de la lucha contra Israel.

Finalmente, el 24 de mayo The Guardian informó que Hamas había retirado a Leila de su lista oficial de mártires en espera de una autopsia. En este momento, al parecer Hamas también había renunciado a convertirla en un símbolo.

Por qué Hamas querría ese símbolo es bastante obvio. Lo que es menos obvio es por qué los medios occidentales "liberales" se apresuraron a cooperar con la organización. Parece que a muchos les resulta difícil resistir la tentación de atribuir atrocidades al Estado-nación judío, y particularmente cuando la atrocidad se basa en el antiguo arquetipo del libelo de sangre antisemita: los judíos matan a los niños.

Así pues, la historia de la muerte de Leila al-Ghandour ofrece la oportunidad no solo de ver cómo se crean esos símbolos, sino también la visión de cómo se construye la narrativa sobre el conflicto para generar tales símbolos, casi automáticamente.

En realidad, la historia debería haber planteado dudas desde el principio. La primera y más obvia pregunta que cualquier periodista decente se hubiera formulado es, por supuesto,: ¿Quién lleva a un bebé a una zona de guerra? De hecho, hubo algunos que preguntaron eso. Al menos la familia tenía una respuesta preparada, que encontró su camino hacia varios medios de comunicación, incluido el artículo de Walsh.

Según los miembros de la familia, el tío adolescente de Leila, de 12 años, pensó que la madre del bebé ya se encontraba en el área de la barrera fronteriza, y llevó al bebé consigo cuando abordó un autobús que transportaba personas a las manifestaciones. Pero la madre, que tiene 17 años, sufría de un dolor de muelas y se había quedado en casa. Así que el tío adolescente encontró a la abuela del bebé, su propia madre, "que estaba parada en medio de una multitud bajo un manto de humo negro, gritando a los soldados israelíes situados al otro lado de la barrera que lanzaban gas lacrimógeno", informó Walsh, y poco después, el bebé dejó de respirar.

Esta explicación no tiene demasiada verosimilitud. Pero incluso si fuera cierta, sigue planteando la misma pregunta: ¿quién lleva a niños, incluido uno de 12 años con un bebé en sus brazos, a enfrentamientos violentos con el IDF a lo largo de la barrera fronteriza de Gaza?

Incluso un periodista aficionado no tendría problemas para encontrar la respuesta. Los funcionarios de Hamas lo transmitieron alto y claro. Aquí, por ejemplo, está lo que Yahya Sinwar, el líder de Hamas en la Franja, le dijo a Al Jazeera en árabe: "Decidimos convertir los cuerpos de nuestras mujeres y niños en una represa que puede bloquear el colapso árabe".

Siendo esta la intención declarada, la pregunta no debería haber sido quiénes son esos monstruos que "lanzan gas lacrimógeno contra bebés", sino lo que Israel debería hacer cuando se enfrenta a una organización cínica y asesina que protege a sus terroristas con los cuerpos de mujeres y niños.

Aparentemente, una respuesta a esa pregunta está contenida en las críticas dirigidas al IDF por el uso de "fuerza desproporcionada": cuando te enfrentas a niños y mujeres, incluso si hay terroristas armados vestidos de civil escondiéndose entre ellos, no se debe usar la fuerza letal. Esto no parece aplicarse al caso de Leila al-Ghandour, dado que de acuerdo con la primera historia, ella murió precisamente por el uso de medios no letales.

¿Qué debería haber hecho Israel entonces? ¿Evitar usar también medios no letales? ¿Hacerse a un lado y, dado que hay mujeres y niños entre las multitudes que están atacando la barrera fronteriza, dejar que rompan y atraviesen la barrera, a pesar de que sabemos, por haberlo anunciado los propios palestinos, que planeaban asesinar a civiles en las comunidades israelíes adyacentes.

No he visto a nadie sugerir explícitamente que no hagamos nada, pero hubo muchos moralistas que parecían apoyar la ruptura de la barrera y aceptar las consecuencias para los civiles israelíes, al menos implícitamente. De hecho, muchos en Occidente (y en Israel) han adoptado la narración según la cual los manifestantes han estado tratando de "romper el asedio" que Israel supuestamente ha impuesto a Gaza (de hecho, es un bloqueo parcial, ya que existe una frontera con Egipto). Esto borra convenientemente, bajo los auspicios de una metáfora, la diferencia entre romper una barrera y romper un sitio.

Excepto que los palestinos no planearon, y no dijeron que estaban planeando, violar ningún tipo de "sitio". De hecho, la fuente de la mentira sobre las supuestas "manifestaciones contra el asedio" no provino de Hamas. Hamas denominó a los disturbios que comenzaron hace más de dos meses "la Marcha del Retorno". En otras palabras, declaró públicamente que el objetivo era la destrucción de Israel. Tampoco ocultó Hamas el hecho de que al servicio de la aniquilación de Israel como estado, también resultaba necesario aniquilar a los israelíes. El plan era "derribar la frontera y arrancar los corazones [de los israelíes] de sus cuerpos", como sinérgicamente lo expresó Sinwar, el líder de la rama militar de Hamas.

Esto significa que no hubo nada humanitario en las marchas. En todo caso, el objetivo era el opuesto a uno humanitario. Hamás quería fomentar la muerte a la mayor escala posible. Si era posible asesinar a un gran número de judíos, tanto mejor, de lo contrario, todavía era factible acumular cuerpos de palestinos a fin de enfangar a Israel en beneficio de las audiencias internacionales.

Está claro, por lo tanto, que Israel no podría haberse sentado sin hacer nada hasta que hubieran destruido la barrera. ¿Qué queda entonces, entre la pasividad por un lado, y el uso de munición real por el otro? Lo que queda son cañones de agua, gas lacrimógeno y balas de goma, no hay otras opciones mágicas. Por desgracia, ninguno de estos habría sido útil dadas las circunstancias. Las balas de goma son efectivas solo dentro de un rango de entre 30 y 50 metros. Si se usan a menor distancia, son mortales y mucho menos precisas que el fuego real, ya que pueden golpear a otras personas en las cercanías del objetivo. A más de 50 metros de distancia, son inútiles. Los cañones de agua tienen el mismo rango aproximado. Esto significa que ambos eran solamente efectivos a una distancia donde los francotiradores del IDF habrían estado expuestos a las armas que manejaban los alborotadores, que los superaban en gran número: cócteles Molotov, granadas, pistolas, tirachinas y rocas. Lo que queda es gas lacrimógeno, pero tiene muy poco efecto en entornos al aire libre, y en cualquier caso no puede detener a una multitud en estampida.

Por lo tanto, el fuego de francotirador en vivo es el único medio eficaz a una distancia de unos 100 metros, suponiendo que el tirador no sea impreciso. Esa es la razón por la que IDF lo eligió. El permiso para usarlo fue dado solamente por oficiales de alto rango, y las instrucciones eran apuntar debajo de la rodilla.

Esas instrucciones fueron seguidas escrupulosamente, como se puede ver en el resultado de heridos: el número de personas asesinadas el día en que la Embajada de los Estados Unidos fue trasladada a Jerusalén fue de 62 (61 si el nombre de Leila al-Ghandour es eliminado de la lista). Según Haaretz, alrededor de 2.770 fueron heridos, y de estos aproximadamente 1.350 de munición real. Esto significa que el 95% de los golpeados por francotiradores fueron neutralizados sin ser asesinados, a pesar del humo, el ruido y el pandemonium. De los 61 asesinados, unos 50, según Hamas, eran miembros de esa organización (lo que no quiere decir que no hubiera miembros de otras organizaciones militares entre los 11 restantes).

Esto significa que el 80% de las víctimas no parecían ser civiles inocentes, sino terroristas, militantes y activistas que fueron golpeados exitosamente a pesar de estar escondidos entre una gran multitud, en medio del humo y el ruido. Cualquier periodista con criterio debería haber llegado a la conclusión de que Israel estaba empleando una extrema precaución, tanto en su elección de las armas como en su uso, y que, sin embargo, había logrado detener un asalto masivo a la barrera, evitando así un número mucho mayor de fatalidades.

Pero la misma conclusión podría haber sido alcanzada por simple sentido común, incluso sin estos datos. De hecho, el salto lógico más preocupante en el mito de la "fuerza desproporcionada" se relaciona con la cuestión de la motivación. Después de todo, Hamas buscaba maximizar el número de pérdidas, mientras que el interés definido de Israel es mantenerlas al mínimo. También está claro que el IDF sabía que esto era lo que se esperaba de él. Entonces, ¿por qué entonces el ejército usaría una fuerza más allá del mínimo necesario para evitar la destrucción de la barrera?

No hay más alternativa, por lo tanto, que concluir que muchos medios occidentales están dispuestos a atribuir una crueldad irracional a Israel. Muchos están dispuestos a creer que la sed de sangre de Israel es tan potente que ni siquiera nuestros intereses creados pueden restringirla. Bajo esta suposición, entonces, parece relevante escribir que un "Soldado del IDF relata la historia del heroico asesinato de un niño de 8 meses".

Si desean hacer de Leila al-Ghandour un símbolo, no debería ser el que Hamas intentó crear, y que los medios "liberales" occidentales adoptaron sin pensar. En todo caso, debería ser un símbolo del cinismo y la barbarie de Hamas, y una señal de advertencia sobre la facilidad con la que los "progresistas" contemporáneos vuelven a caer en los patrones más antiguos de los libelos de sangre antisemitas. Si no fuera por los fuertes prejuicios contra Israel que acechan bajo el umbral de la conciencia occidental, ningún observador decente se dejaría llevar por esa moralidad hipócrita y sesgada dirigida contra Israel, la cual debería encarar en primer lugar a  Hamas. Nosotros, los israelíes, no somos el lado cruel, racista y bárbaro de este conflicto.

Pero esto no es todo. El antisemitismo siempre se despierta de su letargo dentro de un contexto específico, el cual deberíamos cuestionar. Y el contexto contemporáneo es ese amplio marco moral que nos legaron las rebeliones estudiantiles de los años sesenta. La cosmovisión democrática liberal se ha estado hundiendo en la ruina de un kitsch moral durante más de medio siglo. Cada vez más identificamos la debilidad con lo justo, y el poder, con independencia de los objetivos para los que se invoca, con el error. Dado que Occidente ha sido poderoso desde el advenimiento de la modernidad, ahora lo categorizamos automáticamente del lado del mal. Llámenlo el paradigma Edward Said, aunque Said solo le dio su forma más neta mucho después de su nacimiento en la década de 1960.

Durante dos generaciones, hemos estado educando a los estudiantes para que crean en el absurdo filosófico de que el liberalismo es una visión antiliberal, mientras que los enemigos del liberalismo son en realidad sus mejores amigos, aquellos que nos enseñarán a mejorarlo. Y aquí estamos, mirando a esos mejores amigos directamente a los ojos.

Lean lo que Hamas piensa sobre las mujeres y los homosexuales. No está promoviendo el espejismo de Occidente de una "política de identidad", sino que busca aniquilar cualquier identidad que sea diferente de la suya.

Sucede que este estado de ánimo en Occidente encaja con el ethos palestino del victimismo. Se encajan unos a otros como yin y yang. El resultado moralmente grotesco es que la financiación internacional alienta a un pueblo entero a volverse adicto a su sufrimiento, a evitar cada acto de rehabilitación y a engrandecer su miseria, todo al servicio de unos sueños crueles de venganza desenfrenada y grandiosidad teatral. Y Occidente, que financia al UNRWA , la agencia de bienestar de las Naciones Unidas para los palestinos, continúa alentándolos a soñar.

Por la misma razón, la congruencia también funciona en la dirección opuesta: el espíritu palestino hacia el victimismo se acopla recíprocamente con el impulso de Occidente hacia la penitencia y limpieza de la culpa por el colonialismo. Los judíos, que una vez fueron impotentes y ahora tienen poder, pueden utilizarse fácilmente para ambos extremos de la narrativa construida para este propósito: en un principio son las víctimas que nos recuerdan el pecado, y al final ellos mismos son los pecadores, y entonces debería ser castigados.

Las "víctimas de los viejos crímenes de odio se metamorfosean en la actualidad en el chivo expiatorio, a expensas del cual Europa se purificará de su propio racismo". Eso se llama matar dos pájaros de un tiro: "al complacer a los palestinos y culpar a los judíos, Occidente puede enmendar los pecados del colonialismo y, al mismo tiempo, dar al antisemitismo una justificación contemporánea". Y de esta manera uno puede absolverse del pecado de odio, mientras se lo permitan. Por lo tanto, es posible purificarse de los crímenes del antisemitismo utilizando impulsos antisemitas, y todo lo que se requiere es sacrificar la legitimidad del Estado-nación judío en el altar de los estudios postcoloniales de rectitud moral.

De esta asociación, entre el culto a la muerte y la victimización de los palestinos, y los sentimientos de culpa de Occidente, brotan más y más mitos sobre una supuesta maldad intrínseca del Estado-nación judío. Ninguna diplomacia pública y ninguna verdad, aparentemente, podrán erradicarlos. La tentación sigue siendo demasiado grande. Qué terrible que todo esto se convierta en una muestra venenosa de autojustificación sobre el cadáver de una niña.

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Tuesday, July 03, 2018

Rechazar la paz está libre de cargas para los palestinos - Shmuel Rosner



Nadie espera que un nuevo plan de paz israelí-palestino tenga éxito. No Israel, que juega con el plan de tener un plan, ya que no hay otra opción, pero que está bastante seguro de que el otro lado torpedeará el plan y, por lo tanto, le ahorrará a Israel el dolor de cabeza. Seguramente no los palestinos, cuyos representantes dijeron esta semana que no tienen intención ni siquiera de hablar con los planificadores del gobierno del presidente Donald Trump, Jared Kushner y Jason Greenblatt.

Uno se pregunta si dentro de la administración Trump alguien aún espera alcanzar un avance al dedicar más tiempo o al modificar de alguna manera detalles del plan. No sería del todo desagradable sugerir que incluso ellos, Trump, Kushner, Greenblatt, ya saben que su plan está condenado al fracaso. La paz no vendrá. Una solución no se materializará.

Los planes no son el problema. Ellos nunca fueron el problema. De lo poco que sabemos sobre el plan Trump, que se lanzará algún día (aunque todavía no sabemos cuándo), es que será en muchos aspectos similar a los planes anteriores. ¿Qué más podría tener? Unos dividen el territorio bajo algún tipo de arreglo o la mantiene unida bajo el control de Israel, con los palestinos convirtiéndose en ciudadanos de algún país. Para una tercera opción, actualmente la mejor disponible, mantener las cosas tal como están por el momento no necesita de ningún plan.

Se necesitan planes cuando las partes acuerden los parámetros básicos, pero se tienen dificultades con los detalles. Los israelíes y los palestinos no están de acuerdo en las cuestiones fundamentales, la primera de las cuales es el tiempo. Los israelíes creen que el tiempo está de su lado y que pueden posponer una solución y el desafío hasta que los palestinos acepten una serie de términos. Los palestinos creen que el tiempo está de su parte y que Israel finalmente será el que tendrá que ceder, ya sea bajo presión internacional o debido a las realidades demográficas o por quién sabe qué.

El tiempo también es el enemigo de la administración Trump mientras elabora su plan. Los palestinos miran a Trump y se dicen a sí mismos: le haremos lo que Benjamin Netanyahu le hizo a Barack Obama. Jugaremos con el tiempo, le rechazaremos, le boicotearemos y jugaremos para conseguir posponerle y deslegitimarlo.

Sus esperanzas son dos: 1) Que Trump solo cumplirá un mandato y será reemplazado por un presidente estadounidense mucho más complaciente. Los palestinos leen los periódicos y las encuestas y saben que Israel se está convirtiendo en un tema partidista, y que un presidente demócrata progresista podría ser capaz de decir y hacer ahora lo que sus predecesores no pudieron hacer. 2) Que la actitud, el temperamento y las formas de Trump les darán una excusa lo suficientemente buena como para rechazar su plan sin pagar ningún precio en el tribunal de la opinión internacional.

Esta es la razón por la cual el plan Trump va a ser un fracaso. Porque no agregará una capa de credibilidad al argumento de que los palestinos no pierden la oportunidad de perder una oportunidad.

Los planes de paz tienen dos funciones posibles. El primero es lo obvio: lograr la paz. Todos los planes hasta ahora no han logrado este objetivo. El segundo es agregar una capa más a una pila de principios que clarifiquen gradualmente tanto los parámetros de una posible paz, como los términos que ambas partes deben aceptar para hacer posible la paz. Para lograr el segundo objetivo, el plan y su autor deben ser creíbles: Bill Clinton era creíble, Trump no es creíble.

Cuando Clinton presentó su plan y fue rechazado por Yasser Arafat, fue el comienzo del fin de Arafat. Eso es porque Clinton tenía credibilidad dentro de la comunidad internacional, y cuando el presidente culpó a Arafat por el fracaso en lograr la paz, los palestinos se vieron mal. Pero esto no sucederá cuando Trump presente su plan. Trump tiene poca credibilidad internacional como pacificador, y si los palestinos rechazan su plan (y no hay duda de que lo harán), el precio para ellos en el tribunal internacional de la opinión pública será minimo.

Entonces, para ellos, rechazar el plan es algo obvio. Pueden esperar a un presidente más comprensivo, posiblemente en 2021, y pueden esperar sin que sean percibidos, excepto por Israel, como retractores de la paz. Y hay una advertencia que debería agregarse a este análisis de los próximos eventos: si la administración Trump pudiera convencer a los líderes de Egipto, Jordania y Arabia Saudita de que respaldaran su plan, el cálculo cambiaría. Se ganaría credibilidad. Es por eso que vemos que la administración está invirtiendo tanto esfuerzo en hacer que estos países participen.

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Las cometas incendiarias - Shmuel Rosner



¿Cómo combate un país las cometas y los globos incendiarios sin sentirse tonto?

¿Cómo detiene un país esas cometas y globos incendiarios que representan un peligro sin caer en la mano dura?

Estas preguntas no son teóricas en la frontera de Gaza, en la sede de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) y en la sala del gabinete de Israel. Son muy reales. Los habitantes de Gaza han encontrado una manera de herir y hostigar a Israel. Es de bajo costo y bastante eficiente. Una cometa que porta un objeto incendiario. Esperando que el viento la lleve en la dirección correcta. Esperando que el clima de verano sirva como una lupa de calor. Luego comprueben cómo sube el humo, cómo llegan y se esfuerzan los bomberos israelíes, observen como se queman los campos. Calculen el precio de una cometa contra el precio de un campo, de un equipo agrícola, del ganado. Midan su alegría al ver su éxito frente a la agonía y la ansiedad de los civiles israelíes que miran cómo su propiedad se incendia.

Imaginen a los niños de un país vecino que envían cometas ardiendo a los campos de Texas o a los bosques de Montana. Imagine que el gobierno de ese país (no Canadá o México, sino un vecino imaginario) se niega a hacer nada al respecto. De hecho, imaginen que ese gobierno fomenta la acción. Imaginen a los agricultores estadounidenses pidiendo un remedio, pidiendo ayuda. Imaginen el dilema: ¿matas a los lanzadores de comentas? ¿Matas a alguien porque tiene una cometa o un globo? ¿Inviertes miles de millones para encontrar una solución tecnológica a los ataques de cometas y globos? 

Por supuesto, puede resolver este dilema dando la habitua respuesta inútil: hacer algo con respecto a Gaza, dejar que Gaza tenga más libertad, detener la ocupación, invertir en Gaza, hablar con Hamas. Pero supongamos que esto no funciona. Supongamos que, por alguna razón, usted, el israelí, cree que su capacidad para evaluar la validez de una solución es mejor que la capacidad de otros, por ejemplo, estadounidenses, que viven muy, muy lejos y tienen pocas pistas.

¿Que haces entonces?

Puedes buscar soluciones no violentas. Atacar las cometas, apuntar a los globos mientras vuelan, controlar los cielos. Una solución no violenta siempre es preferible a una solución violenta, ¿no es así?

Bueno, pensemos en eso. ¿Qué sucede si un globo cuesta 1$ y los medios por los cuales atacas al globo cuestan 10$? ¿Estás obligado a gastar 10 veces más para evitar una solución violenta? ¿Y qué tal si un globo cuesta 1$ y su solución cuesta 1,000 o 10,000$?  ¿Qué tal una solución que cueste aún más? ¿Todavía los usas contra los globos en lugar de disparar al globo cuando lo están preparando en el suelo?

¿Y qué pasa si es un niño quien está volando la cometa incendiaria? ¿Y si disparar a su lanzador podría matar a otras personas no relacionadas? ¿Y si dispararle a ese lanzador proporciona un 90% de garantías de que se evitará el lanzamiento del globo, y la solución no violenta tecnológica da como resultado un 60% de posibilidades de éxito, es decir, hay un 40% de posibilidades de que un campo israelí de grano pronto estará ardiendo?

El 17 de junio, el gabinete israelí discutió sobre Gaza y se agregaron otras consideraciones a todas estas. Algunos miembros del gabinete creen que el IDF debería disparar a los perpetradores del terrorismo de cometas y globos. Otros creen que el IDF debería apuntar a los líderes de Hamas hasta que detengan el lanzamiento de cometas y globos.

El ejército israelí es reacio a utilizar esos medios, no necesariamente por consideraciones morales, sino más bien por prioridades operativas. Atacar y matar a la gente en Gaza, ya sean los lanzadores de cometas o los líderes de Hamas, rápidamente podría provocar un deterioro y una guerra en el sur. Y el IDF no quiere una guerra en el sur, no ahora, cuando está más centrada en el norte y el frente sirio y la necesidad de frustrar todos los intentos iraníes de fortificarse en el área próxima al norte de Israel.

Consideren esto: el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, el gabinete completo y el jefe de personal de del IDF se reunieron para reflexionar sobre qué hacer con los lanzadores de cometas y globos incendiarios. Que todavía no hayan encontrado una solución, que todavía no hayan detenido la quema de campos, no es por incompetencia. A veces, una cometa es algo muy simple: un niño, algo de tela o papel, una cola. A veces, una cometa es un desafío desagradable, y su encanto y magnificencia desaparecen en medio del humo.

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Gran artículo: El racismo ilustrado o la elevada moral de la gente del Meretz - Ben-Dror Yemini - Ynet



La semana pasada, en el kibbutz Beit HaEmek, en el norte de Israel, se realizó una votación para decidir si tres solicitantes de asilo madres solteras y sus hijos se les debería permitir permanecer allí.

Con una mayoría de 92 contra 87, la decisión tomada abogaba en contra de su absorción. Pero no se trataba de cualquier kibbutz, sino de uno con un porcentaje especialmente alto de votantes del Meretz.

En el sur de Tel Aviv, lugar de residencia de la mayoría de los ilegales africanos, no se realizó ninguna votación. ¿A quién se les permite votar para decidir sobre esa residencia ? Aunque quiénes son los habitantes de esos barrios para tener derecho a decidir sobre el destino de nadie, unos barrios compuestos mayoritariamente por población pobre mizrahi poco afecta al Meretz.

También en Afula, donde la semana pasada se llevó a cabo una manifestación en contra de la venta de apartamentos a familias árabes, nadie les preguntó a sus habitantes.

Otros kibbutzim votaron por aceptar solamente a unos pocos solicitantes de asilo. ¿Qué hubieran hecho si se les pidiera que aceptaran 100 familias? El resultado se conoce de antemano. Más de 40.000 personas viven en Afula, sin embargo solamente 150 protestaron por vender los apartamentos a las familias árabes (posiblemente quienes serían sus vecinos).

En un artículo difamatorio escrito contra esos residentes de Afula en ese diario destinado a personas que piensan que solamente ellos son gente ilustrada y un faro moral, es decir, el Haaretz, se decía que "el vertedero de aguas residuales corre por aquí, de acuerdo con el espíritu de la época, visible y maloliente".

No se mencionó en dicho artículo que criticaba la manifestación en Afula la votación en ese kibbutz repleto de votantes del Meretz. Y eso que no era posible comparar a 150 manifestantes de entre 40.000 habitantes, de una mayoría cualificada de 92 sobre 179. El racismo debe vincularse con aquellos que no son "uno de los nuestros, la gente ilustrada de una elevada moralidad".

Es seguro suponer que la mayoría de los autores de los artículos contra el racismo no tienen vecinos que sean árabes o solicitantes de asilo.

Entonces, ¿qué sucede cuando vienen? En muchas ciudades del mundo occidental hay un fenómeno denominado "el vuelo blanco". Cuando vienen los extranjeros, los viejos naturales del país huyen.

"No es una cuestión política, sino más bien debido al miedo al extranjero, a lo ajeno, a lo desconocido", dice Nurit Barkai de Beit HaEmek.

En Afula también están asustados. En Silwan y Sheikh Jarrah tampoco quieren a los judíos que llegan. Y es que a veces, solo a veces, los extranjeros son invitados no bienvenidos.

Objetar a alguien solo por su origen étnico es racismo. Cuando un judío se muda a Munich, por ejemplo, no quiere ser desalojado. Él no se opone a la existencia de Alemania. Él no toma parte en disturbios, como los que han ocurrido recientemente en el sur de Tel Aviv. Y aquellos que no lo quisieron en aquel entonces, en los días oscuros, y aquellos que no lo quieren ahora, son racistas.

Sin embargo, no toda la oposición es racista. Según el acuerdo de la UE iniciado por el ex secretario general de la ONU Kofi Annan con respecto a Chipre, existe un límite en el porcentaje de griegos que pueden vivir en el lado turco de la isla, a pesar de que fueron expulsados ​​de allí recientemente, en 1974.

Eso no era racismo, sino más bien una forma de prevenir conflictos y disturbios. El reconocimiento del derecho a la autodeterminación, no solo a nivel nacional sino también local.

Cuando alguien que quiere expulsar a los palestinos se muda a un barrio palestino, él es el problema, y ​​no los que no lo quieren allí.

Cuando a un barrio judío se muda uno de los seguidores de Raed Salah o Haneen Zoabi, ellos son el problema, no los que no los quieren allí.

El resto de la historia es predecible y no es agradable.

Por ejemplo, ¿qué debería sentir un gay británico si vive al lado de un vecino musulmán, cuando la mayoría de los musulmanes británicos consideran ilegal la homosexualidad? La respuesta es simple: si el extranjero se convierte en la mayoría, lo desalojaran de su vecindario de una u otra forma, no hay obligación de hacerle su vecino.

De acuerdo con cualquier prueba real y justa, el racismo, si hablamos de racismo real, se trata de aquellos que en el kibbutz repleto de votantes del Meretz se niegan a aceptar a tres pequeñas familias monoparentales, y no tanto las pocas personas que se manifestaron en Afula o las que se manifiestan en el sur de Tel Aviv. Pero la articulista ilustrada que escribió en el Haaretz sobre los "malolientes manifestantes" de Afula, probablemente pensará cuan maravillosos que son.

Otro escritor, del mismo diario y con respecto al mismo tema, describió como se extingue "la contribución única y el adicional rayo de luz que representa Tel Aviv ante los oscuros tiempos de Israel".

Quise limpiarme los ojos después de leerlo.

La suficiencia ensimismada de estos moralistas de la izquierda alcanza nuevas alturas. La comunidad LGBT no podría haberlo dicho mejor.

La gente elegida. El superior frente a la oscuridad. Ella y ellos son uno.

Los residentes de Afula no son racistas. Pero a veces los que escriben sobre ellos revelan su propio racismo.

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