Wednesday, September 26, 2018

Una crisis artificial entre Israel y Rusia impulsada por el antisemitismo - Ariel Kahana - Israel Hayom


- Él falló (en la intercepción de tus aviones) y la culpa es tuya (de que nos derribara un avión espía)
- Así pues, y de ahora en adelante, él nos podrá atacar (con nuestros S-300) a ambos.


La crisis entre Israel y Rusia como resultado del derribo de un avión militar espía ruso sobre Siria la semana pasada es "calculada y artificial, sin relación con la realidad o los hechos, porque los rusos quieren un pago", dijo a Israel Hayom en una entrevista el ex embajador de Israel en Rusia, Zvi Magen.

Ahora un investigador principal en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, Magen subrayó que "no importa lo que haga Israel. Desde el momento en que la otra parte quiere una crisis, no hay forma de evitarla".

"Los medios culparon a Israel el día de la crisis de una manera orquestada y en el momento oportuno, repleto de elementos antisemitas. Esto no fue al azar".

Según el análisis de Magen, el establishment de Defensa ruso nunca tuvo intención de cambiar su postura, incluso después de que el comandante de la Fuerza Aérea israelí, el general de división Amikam Norkin, visitara Moscú para presentar las conclusiones de Israel sobre el incidente.

El avión ruso fue derribado por misiles antiaéreos sirios que intentaban repeler un ataque israelí en Latakia. Los rusos afirmaron el domingo que Israel no les proporcionó la suficiente advertencia previa y "desinformaron" al comando ruso sobre la ubicación exacta del ataque. El Ministerio de Defensa ruso culpó "completamente" a Israel por el derribo del avión, que mató a los 15 miembros de la tripulación.

Sin embargo, los hallazgos presentados por Norkin sugirieron que Israel había dado a Rusia muchas advertencias anticipadas y había actuado completamente en línea con los acuerdos de "confianza" entre Israel y Rusia.

"La misma noche después de que esas reuniones concluyeron, culparon a Israel, tal como lo hicieron el día en que derribaron el avión", dijo Magen. "Es cierto, [el presidente ruso Vladimir] Putin tomó una línea más moderada, desempeñando el papel de adulto responsable. Pero hasta ese momento, no estaba claro si esa era realmente su posición o no, o si era una táctica coordinada entre él y el ministro de Defensa ruso [Sergei] Shoigu, donde uno interpretaba al policía bueno y el otro al policía malo".

Magen dijo que hay dos voces opuestas en Rusia cuando se trata de Irán.

"Una ve a Irán como una amenaza, y de alguna manera está contento de que Israel haya hecho el trabajo de Rusia al tratar con Irán en Siria. El establishment de Defensa ruso, por otro lado, y como de costumbre, ve a los iraníes como una especie de aliado contra los Estados Unidos y Occidente. Por lo tanto, no le gustan las acciones de Israel contra Irán en Siria.

Además, tres años después de entrar a Siria, Rusia quiere terminar las cosas y marcharse. En la medida de lo posible, la actividad de Israel, que desestabiliza a Siria, es un obstáculo", dijo Magen.

Magen cree que la crisis con Rusia sobre el avión derribado fue construida artificialmente y diseñada para ayudar a Rusia a obtener ganancias.

"Los rusos solo tienen 16 aviones en Siria, que son muy pocos, y saben que Israel puede causar daños graves y saben lo que dicen. No quieren otro enfrentamiento", dijo Magen.

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Tuesday, September 25, 2018

Una explicación muy oportuna del fracaso de Oslo: El peligro de la "normalidad" esterilizada - Dror Eydar - Israel Hayom



1.- Han pasado 25 años desde los Acuerdos de Oslo, y aquí estamos nuevamente hablando de que se ha abandonado la seguridad. El discurso que rodea la defensa de nuestro país está dominando los medios y oscureciendo un debate mucho más importante. En un momento en que la vieja élite cultural se aferra a conceptos que han perdido su relevancia moral y que en la actualidad están dañando el bienestar del estado y disminuyendo sus estándares morales y espirituales, es deber de las personalidades culturales volver a examinar los valores de la era actual y librarlos de la inmundicia que se ha aferrado a ellos por medio de la corrección política.

Inicialmente, el objetivo de la corrección política era proteger el discurso público de los males del racismo y del chovinismo, permitiendo que las minorías (y las mujeres) se expresaran libremente. Pero con el tiempo, el sistema de corrección política se convirtió en una especie de policía del pensamiento: una manera de monitorizar draconianamente el lenguaje (diciendo lo que podemos y no podemos decir o incluso pensar).

Por lo tanto, la corrección política ha eviscerado la dinámica del pensamiento y la libertad de dudar de todo. Por ejemplo, observen los intentos de linchamiento desde la prensa y los medios sociales dirigidos contra el escritor e historiador Gadi Taub (y no solo contra él), solo porque se atrevió a desviarse de la línea aceptada por el coro y utilizó su destreza intelectual y retórica para deconstruir los fundamentos conceptuales de los centros de poder institucionales (principalmente el Tribunal Supremo). Por cada rebelde que se atreve a decir lo que piensa, hay cientos que están cediendo a los dictados sociales y permaneciendo en silencio.

La existencia de libertad de expresión y de un lenguaje libre de los grilletes de la corrección política es un requisito previo para la libertad del espíritu y la libertad de pensamiento, incluso si el costo son insultos menores procedentes de algún grupo minoritario aquí y allá. En última instancia, las minorías también se beneficiarán de un discurso abierto e ilimitado que se atreva a examinar honestamente las normas ideológicas y morales que guían a su sociedad.

Tengo una teoría acerca de cuándo comenzó la policía política del lenguaje y de las ideas aquí en Israel. Pero por ahora, es importante que comprendamos que quienes establecieron las normas morales y políticas y definieron las creencias fundamentales que se han arraigado tan profundamente en nuestra cultura no fueron precisamente deidades. Su intelecto no es superior al de ninguna otra persona y su experiencia no es excepcional.

Es decir, sus calificaciones no justifican la reverencia casi religiosa que a menudo se les aplica en temas como la ocupación, la tierra, la pureza de las armas, la paz, la democracia, el nacionalismo, la solución de dos estados, la diáspora, el sistema legal y otros asuntos clave que toque cada aspecto de nuestra vida diaria.

2.- El pensamiento fundamental detrás del proceso de Oslo atrae una mirada más de cerca. Podemos continuar discutiendo sobre qué ideología es la más adecuada para guiarnos, pero la realidad nos ha demostrado claramente la respuesta a este argumento, en sangre y fuego. En la última década, los árabes han sido constantemente reacios a comprometerse con nosotros. Siempre hemos optado por hablar por ellos y escuchar solo las palabras agradables que deseábamos oír, volviéndonos complacientes y mal preparados. El hecho es que nunca han acordado firmar ningún acuerdo que finalice de forma permanente el conflicto y ponga fin de manera permanente a sus demandas.

La paz se comercializó bajo la suposición de que el conflicto sobre la tierra estaba entre dos movimientos nacionales: el movimiento sionista y el movimiento palestino. Esta suposición se basaba únicamente en el hecho de que deseábamos que fuera así. Lo vimos como lo "normal" y lo que esperábamos. Creímos que al igual que nosotros, los árabes quieren compartir la tierra para que todos podamos vivir una vida "normal". En cualquier caso, los desilusionados entre nosotros se dieron cuenta de que, si bien caracterizábamos a nuestros socios palestinos como representantes de un movimiento nacional, nunca aceptaron nuestro estatus nacional, viendo a los judíos como meros miembros de una religión, no de una nacionalidad.

En el mejor de los casos, vieron nuestra nacionalidad como una nacionalidad inventada, inventada no antes del siglo XIX. Los miembros de una religión no tienen derecho a una patria. La reacción actual entre los líderes árabes israelíes en contra de la ley del Estado-nación no es sobre la igualdad: la igualdad civil existe independientemente de la ley y ha existido desde el inicio de nuestra democracia. La resistencia se deriva de la objeción árabe al aspecto nacional del pueblo judío.

3.- El hecho de que generalmente evitemos discutir este tema importante, el cual deberíamos abordar antes que cualquier otro, es típico de nosotros y de las tendencias escapistas de los autores de Oslo. Dijeron que deberíamos comenzar con los temas en los que podemos estar de acuerdo, y con el tiempo, después de practicar el diálogo diplomático y pacífico, llegaremos a los temas centrales más polémicos, más receptivos y más abiertos al compromiso. Esta fue una estrategia terrible y nos costó demasiada sangre. Las cuestiones de Jerusalén y el derecho palestino de retorno deberían haberse abordado las primeras. El enfoque en asuntos menores creó una ilusión de un proceso de paz. Aprovechamos esta ilusión y creamos un volcán que, muy pronto, estalló y cubrió la realidad israelí con una lava maligna.

Con nuestras propias manos introdujimos a pandillas criminales en partes de Israel y, al principio, abusaron cruelmente de su propia gente, pero luego, usando las armas que les dimos y la legitimidad internacional que les otorgamos, comenzaron a luchar contra nosotros desde dentro de nuestra patria, más cerca que nunca de nuestras áreas más pobladas.

La violencia es fácil de entender. Quieren matarnos, y nos defendemos, y a veces atacamos. La peor parte, sin embargo, fue que los Acuerdos de Oslo aceptaron la afirmación árabe - en la que ciertas partes de Israel y la izquierda global también creen - de que robamos tierras que no eran nuestras, tierras que habían sido pobladas desde "tiempos inmemoriales" y que somos responsables del problema de los refugiados palestinos, y por lo tanto responsables de resolverlo. En otras palabras, nuestro derecho a esta tierra fue completamente ignorado. Este derecho fue el motor que impulsó al movimiento sionista desde el principio.

Los Acuerdos de Oslo "demostraron" a nuestros enemigos que no creemos completamente en que tenemos derechos exclusivos sobre esta tierra. A lo sumo, los partidarios de Oslo argumentaron que los árabes y nosotros compartimos los mismos derechos a la tierra. Pero cuando el lado israelí dice que dichos derechos pertenecen a ambos lados y el lado palestino dice que solamente les pertenecen a ellos, la realidad es la que es. Los palestinos y sus colaboradores están usando esta disparidad fundamental contra nosotros hasta el día de hoy, especialmente en la ONU y en Europa.

4.- Hay una capa más profunda en el debate que el tema de los derechos. No se trata de la disputa externa con los árabes, sino de la disputa interna entre nosotros.

Judea y Samaria, con Jerusalén en el centro, no son solo áreas geográficas. Son los "significantes" del "significado", para tomar prestados términos acuñados por el lingüista suizo Ferdinand de Saussure, que están intrínsecamente vinculados a nuestra identidad.

Nuestro regreso a nuestra historia y nuestra resurrección como pueblo moderno nos obligó a cortar las relaciones y desconectarnos de los aspectos religiosos de nuestra personalidad colectiva. Nos enfocamos en el nacionalismo secular, buscando ser como todas las demás naciones. Lo último que necesitábamos eran lugares y territorios bíblicos que pudieran despertar al demonio mesiánico y religioso dentro de nosotros, particularmente Jerusalén y el Monte del Templo.

Ostensiblemente, volvimos a Sión para que finalmente pudiéramos ser "normales" y dejar atrás la religión y la fe, esos asuntos individuales que no tendrían nada que ver con nuestra identidad nacional renovada y la entidad nacional que habíamos erigido.

El intento de entregar a los palestinos este núcleo de nuestra identidad religioso-histórica, y contentarnos con la "normalidad" nacional, implica carecer de aspiraciones espirituales y religiosas. Se consideró que mataba a dos pájaros de un tiro, llegando a un compromiso territorial que traería la paz que anhelabamos, al mismo tiempo que nos librábamos del volátil volcán mesiánico que representaban estos territorios. No debe haber un tercer Templo: fuimos destruidos dos veces debido al Templo. Pero fue una ilusión: un intento de reprimir la raíz más profunda de nuestra existencia como pueblo.

La ilusión es la creencia de que es posible separar los aspectos nacionales y religiosos de nuestra identidad. Es increíble cuán rápido olvidamos que nuestra resurrección "secular" descansó en 2000 años de historia religiosa que giraba en torno al recuerdo real de Jerusalén y la tierra de la Biblia. No hay sionismo sin Sión.

En ese sentido, la idea de dividir la tierra significaría dividir artificialmente la parte religiosa de nuestra identidad de la parte nacional. Pero todo lo que se reprime, especialmente si es algo tan importante, está destinado a resurgir. Incluso si lo encerramos detrás de un millón de cerraduras. "Le extenderé la paz como un río, y la riqueza de las naciones como una corriente desbordante... y seréis consolados en Jerusalén" (Isaías 66: 12-13).

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El triangulo Israel, Washington y judíos estadounidenses y quizás un "nuevo triangulo" - Avi Gil - JPPI



En el triángulo de la relación entre Jerusalén, Washington y el judaísmo estadounidense, el pasado año se puso de manifiesto una falta de equilibrio entre dos de los lados, con Jerusalén en el vértice. El lado Jerusalén - judíos estadounidense estaba lleno de tensiones y problemas. En contraste con esto, el lado de la relación intergubernamental entre Jerusalén y Washington se caracterizó por un apoyo y cooperación sin precedentes. (Sin embargo, la relación de Israel con el lado demócrata del mapa político estadounidense ha sido problemática, como veremos más adelante).

Salvaguardar la fuerza del "triángulo", un desafío crucial y continuo para cada gobierno israelí, exige preservar tanto el apoyo de los Estados Unidos a Israel como el vínculo de los judíos estadounidenses con Israel y su afecto. Ignorar las tendencias cambiantes que tienen lugar en la sociedad estadounidense en general, y dentro de la comunidad judía en particular, es probable que disminuyan la fuerza del "triángulo" y el equilibrio necesario entre sus lados constituyentes. El mismo efecto negativo puede ser el resultado de la subestimación de los riesgos involucrados en el ejercicio del poder y la influencia en los Estados Unidos.

La relación especial entre Israel y los Estados Unidos está tradicionalmente enraizada en intereses, valores y valores compartidos: libertad, igualdad ante la ley, democracia, derechos humanos, trato justo para las minorías, rechazo del racismo, espíritu pionero, iniciativa empresarial y una larga historia de la cooperación política, de seguridad, económica y científica. Además de todas estas características de los dos estados, existe una relación especial y un factor único: el judaísmo estadounidense.

La comunidad judía estadounidense, casi la mitad del pueblo judío, tiene prestigio, estatus e influencia en los Estados Unidos en todos los aspectos de la vida: política, gobierno, economía, medios de comunicación, ciencia, academia, cultura, sociedad... Además, el apoyo de larga fecha a Israel que cruzaba las líneas partidarias siempre se ha basado en la fortaleza de la comunidad judía estadounidense, cuyo estado y logros también han tenido un impacto positivo en la amistad y el respeto que los estadounidenses sienten por Israel. El extraordinario apoyo de los EE.UU que Israel ha recibido en los ámbitos de defensa, económico y político, a medida que la extensa red de relaciones que Israel ha desarrollado en el país a lo largo de los años, depende en gran medida de la fuerza de la comunidad judía. La relación triangular entre Jerusalén, Washington y los Estados Unidos constituye, por lo tanto,  un recurso estratégico y un multiplicador vital de la fuerza israelí y del pueblo judío.

La amabilidad de la administración Trump hacia Israel ha sido particularmente conspicua durante el año pasado. En primer lugar, fue la decisión de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel (6 de diciembre de 2017) y, a raíz de esto, el 14 de mayo de 2018, el trasladó la embajada a Jerusalén (Guatemala y Paraguay han seguido su ejemplo). Otro hecho significativo fue la decisión de Trump de abandonar el tratado nuclear con Irán (8 de mayo de 2018). Por lo tanto, se logró un objetivo estratégico definido por el primer ministro de Israel como de máxima prioridad. La decisión estadounidense también demuestra hasta qué punto Washington ha adoptado el punto de vista de Israel sobre este tema. Los Estados Unidos no dudaron en utilizar su poder de veto del Consejo de Seguridad de la ONU (18 de diciembre, 2017) en defensa de su decisión de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel (14 de los 15 miembros del Consejo apoyaron la propuesta presentada por Egipto). Cuando la embajadora de las Naciones Unidas Nikki Haley anunció la decisión de abandonar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU (19 de junio de 2018), explicó: "En esta última década, esta organización ha aprobado más resoluciones para condenar a Israel específicamente que para condenar a Siria, Irán y Corea del Norte de manera combinada". El profundo apoyo de Israel también se refleja en la visita del vicepresidente Mike Pence a Israel, quien anunció ante el Knesset (22 de enero de 2018) que "Estados Unidos nunca permitirá que Irán adquiera un arma nuclear". Netanyahu devolvió ese apoyo diciendo que "ningún vicepresidente estadounidense ha tenido un mayor compromiso con el pueblo judío".

Las amplias expresiones de apoyo a Israel se escuchan principalmente en el lado republicano del mapa político estadounidense, pero el panorama es algo diferente en el lado demócrata. La relación con Israel se ha convertido en los últimos años en un tema partidista en los Estados Unidos. Una encuesta del Pew Research Center realizada a principios de año encontró una brecha cada vez mayor entre republicanos y demócratas cuando se les preguntó si apoyaban a Israel o a los palestinos. El 79% de los republicanos informaron que favorecían a Israel en comparación con solo el 27% entre los demócratas. Mientras que el apoyo a Israel va en aumento entre los republicanos, está viendo una trayectoria descendente entre los demócratas.

Esta realidad plantea un desafío significativo a la hora de realizar el objetivo estratégico tradicional de los sucesivos gobiernos israelíes: mantener el apoyo bipartidista y salvaguardar el apoyo de los judíos estadounidenses, particularmente entre los judíos más jóvenes, la mayoría de los cuales (dos tercios o más) apoyan al partido Demócrata. Este desafío se complica aún más a medida que crece la brecha ideológica en los EEUU y las actitudes en respuesta a las medidas políticas israelíes se convierten en una manzana de la discordia entre los partidos.

En los círculos liberales e intelectuales de los EEUU hay crecientes dudas con respecto a la lealtad de Israel a los valores que han sustentado su relación especial con los Estados Unidos. Sus afirmaciones se centran en el trato de Israel hacia los palestinos, la supuesta discriminación contra los árabes israelíes, una igualdad de género inferior a la óptima, la falta de separación entre religión y estado, la preferencia de las consideraciones judías sobre los valores democráticos, y más.

Por otra parte, el apoyo a Israel entre los republicanos está creciendo y afirma que el conflicto israelo-palestino daña los intereses de los Estados Unidos o ha erosionado los valores compartidos por los dos países (en este contexto, es significativo notar el tremendo apoyo que Israel recibe de los cristianos evangélicos estadounidenses, que también tienden a apoyar políticas que favorecen el establecimiento del Gran Israel).

En una realidad estadounidense polarizada, cada vez es más difícil mantener un apoyo bipartidista para Israel. Mientras tanto, también hay una creciente tentación en Israel de obtener ganancias inmediatas del lado que más le apoya (republicano) mientras se ignora el precio que podría tener que pagar a largo plazo.

Concomitantemente, se debe estar preparado para una posible disminución de la voluntad estadounidense de continuar en el papel del policía estratégico del Oriente Medio. Tal desarrollo no se corresponde con los intereses de Israel y obliga a Israel a revisar sus expectativas en consecuencia.

Entre los judíos estadounidenses, con énfasis en aquellos con una perspectiva libera y de izquierdas, la erosión del componente judío de su identidad parece estar acelerándose. Las altas tasas de matrimonios mixtos contribuyen a esta tendencia. Más de la mitad de los judíos de los EEUU se identifica como liberal y progresista, y solo el 20% de ellos se identifican como conservadores. La mayoría de los judíos estadounidenses (el 70%) estaban en el bando perdedor en las elecciones presidenciales del 2016. Muchos judíos liberales consideran que la política israelí sobre diversos asuntos (principalmente su control continuo sobre los palestinos) es incompatible con el llamamiento a ser una "luz para las naciones" y los valores del "Tikkun Olam". (En esta línea, la aprobación de la ley del Estado-nación el 19 de julio de 2018 ha generado duras críticas entre estos grupos).

Por lo tanto, existe una tensión entre sus valores liberales y su amor por Israel. Para estos judíos, Israel se está moviendo en una dirección conservadora y distanciándose de los valores liberales y pluralistas. Un reflejo de esto también se puede ver en la controversia sobre la relación entre la "religión y el estado": el reconocimiento de las diferentes corrientes del judaísmo, la conversión y la oración en el Muro Occidental.

La concurrencia de una tendencia interna de los Estados Unidos hacia la derecha y el fortalecimiento de la derecha en Israel dificulta que muchos judíos liberales/progresistas sientan un sentido de solidaridad con Israel. La falta de unidad judía con respecto a Israel también afecta la capacidad de la comunidad para ejercer influencia política en nombre de Israel. Además, se debe considerar la posible disminución del poder de las organizaciones judías tanto a nivel comunitario como nacional, a la luz de la tendencia general de abandonar las grandes organizaciones y la era de la "post-organización" en los Estados Unidos en general, y entre los judíos estadounidenses en particular.

El liderazgo judío estadounidense también se enfrenta a un grave dilema relacionado con el presidente Trump: cómo expresar la incomodidad que sienten los judíos estadounidenses ante este presidente sin perder el estatus y la influencia que han adquirido a través de un tremendo esfuerzo durante décadas. Además, ¿cómo pueden hacer esto sin dañar los intereses israelíes? Israel ve a Trump como un amigo que merece una gran cantidad de crédito (la administración Trump no ha ocultado su frustración de que sus pasos a favor de Israel - destacados por la mudanza de la embajada - no hayan recibido el reconocimiento y la gratitud de muchos judíos estadounidenses).

La polarización interna judía apunta a otro fenómeno: el mismo grupo de judíos estadounidenses (del 20 al 30%), principalmente ortodoxos, que apoyaron a Trump sugiere una nueva estrategia para la integración judía en la sociedad estadounidense en general. Durante el siglo pasado, el modelo de integración se basó en la adopción de los valores sociales liberales - pluralismo, tolerancia e igualdad - al tiempo que se ocultaban las características culturales y religiosas judías externas (identificadas con el judaísmo ortodoxo).

El creciente impacto de la derecha cristiana estadounidense, y el relativo aumento en el número de judíos ortodoxos, subraya un camino diferente para la integración en la sociedad estadounidense basado en nociones conservadoras de equidad (recompensa y castigo), lealtad, santidad y respeto por la autoridad, en lugar que los valores liberales tradicionalmente asociados con la judería estadounidense.

Este fenómeno se ve reforzado por la realidad de que partes del público judío liberal se están asimilando totalmente a la sociedad estadounidense general, mientras que las comunidades ortodoxas y ultraortodoxas, con sus altas tasas de natalidad, están creciendo rápidamente. Sin embargo, esas comunidades tradicionalmente están menos involucradas en el discurso público y político y, por lo tanto, aún no está claro qué impacto tendrán las tendencias demográficas judías internas sobre la fuerza futura de la influencia judía en los Estados Unidos.

La polarización ideológica que tiene lugar en los Estados Unidos tiene, hasta cierto punto, un paralelo israelí. El liderazgo de ambos países descansa en partidos políticos que enfatizan las nociones conservadoras del nacionalismo, religión y tradición, y apoyan una política exterior basada en la competencia y la realpolitik sin ilusiones en una hermandad mundial. Estas tendencias ideológicas en los dos países, junto con el creciente poder del judaísmo ortodoxo en América, señalan que un desarrollo que aún no está claro se convertirá en permanente: la aparición de un triángulo de relación alternativo cuyos valores compartidos son significativamente diferentes en ciertos puntos que los que han caracterizado al "viejo" triángulo.

En este contexto, algunos de los líderes judíos estadounidenses advierten que los responsables de la toma de decisiones en Jerusalén deben prestar más atención a las tendencias cambiantes en los Estados Unidos. Creen que el paso del tiempo está erosionando la memoria de ciertos eventos históricos formativos: el Holocausto, el establecimiento heroico del Estado de Israel ("los pocos contra los muchos"), la victoria en la Guerra de los Seis Días, la Operación Entebbe, y los ataques del 11 de septiembre. Por lo tanto, Israel debe convertir en la máxima prioridad nutrir la empatía bipartidista de los Estados Unidos y aumentar la conciencia de sus logros como un valioso activo de los Estados Unidos. También enfatizan que los recursos deben asignarse para crear una base de apoyo entre la generación más joven y entre las comunidades minoritarias en crecimiento en Estados Unidos (hispanos, afroamericanos, asiáticos).

Al mismo tiempo, también argumentan que la política israelí también debe relacionarse con la dificultad de una gran población judía liberal en los Estados Unidos a la hora de sentir afinidad con un Israel conservador, particularmente entre los judíos más jóvenes.

Los fenómenos descritos colocan complejos dilemas ante el gobierno israelí: ¿Está interesado (y es capaz) Israel de adoptar un enfoque particular con la administración Trump que mantenga el nivel de cercanía y refleje el hecho de que Israel no está de acuerdo con todos sus puntos de vista? ¿Deberían existir canales adicionales para el diálogo y deberían mejorarse los mecanismos de coordinación para que las posiciones de los judíos de la diáspora se puedan ponderar más eficazmente en los procesos de toma de decisiones que se llevan a cabo en Israel sobre asuntos relacionados con el pueblo judío? Y naturalmente, ¿en qué medida Israel debería ser sensible a las opiniones y preocupaciones de los judíos estadounidenses al tomar decisiones que pueden implicarles?

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Sunday, September 23, 2018

Una cuestión de identidad - General (reserva) Gershon Hacohen - Besa




 La experiencia milenaria del exilio ha privado al pueblo judío de la integridad cultural que sustenta la existencia nacional, mientras que el componente religioso que lo mantuvo durante todo este tiempo no ha podido reemplazar la intrincada red de interrelaciones sociopolíticas e intercomunales que formaron los cimientos del pueblo judío. La reaparición del pueblo judío a finales del siglo XIX como un actor nacional y el restablecimiento de la condición de Estado en su patria ancestral medio siglo más tarde parecía haber reparado esta anomalía. Sin embargo, como lo demuestra la intensidad del debate en curso sobre la naturaleza deseada de la identidad judía de Israel, este tema sigue siendo un desafío importante tanto para los israelíes como para los judíos de la diáspora.

Tomemos, por ejemplo, los comentarios de David Ben-Gurion a fines de la década de 1960, que "veinte años después de su creación, el Estado judío que esperaba establecer todavía no existe, y quién sabe cuándo surgirá". Significativamente, el ex primer ministro habló sobre "el Estado judío" en lugar del "estado de los judíos". Mientras que de acuerdo con la perspectiva liberal, un estado es poco más que un mecanismo institucional-organizacional para gestionar y regular las relaciones entre los ciudadanos, y como tal no puede ser judío (aunque sin embargo, la gran mayoría de sus ciudadanos se identifican como judíos), Ben-Gurion concibió un estado que sería judío en su ethos, sustancia y atributos, en el sentido nacional, no teocrático, de la palabra. De hecho, incluso durante su experiencia milenaria de exilio, donde el aspecto nacional de su identidad fue reemplazado por su contraparte religiosa, la vida comunitaria judía superó con creces la dimensión puramente teocrática (halájica) para incluir el pensamiento filosófico y la mitología (agada), moralidad, cultura, social interacción y, sobre todo, un anhelo religioso-nacional de retorno a la patria ancestral.

A pesar de la visión de Ben-Gurion de un Estado judío, una pequeña minoría secularista se ha estado lamentando recientemente del "fin de una identidad israelí", como si alguna vez hubiera sido posible disociar esa identidad de su contexto judío. En su libro "Speaking Zionism: The Existential Struggle between State and Religion", Arye Carmon, el presidente fundador del Israel Democracy Institute, ofrece un manifiesto secular que espera que ayude a construir un terreno común para la sociedad israelí. En cambio, expone la profundidad de una división. Por un lado, critica a los padres fundadores de la revolución sionista por "arrojar al bebé al agua del baño y desconectar a sus hijos de su herencia y cultura" al rechazar la experiencia exílica. Por otra parte, censura a los israelíes que observan las prácticas y valores judíos tradicionales como un intento de "insertar la santidad en el espacio público". "En las democracias avanzadas", se lamenta, "Dios ha sido sacado de ese espacio".

Y es precisamente allí, en la esfera pública, donde podemos ubicar la diferencia fundamental entre un Estado que se identifica como judío y un Estado que comprende a ciudadanos judíos, incluso como una mayoría judía. La disputa entre los judíos israelíes secularistas y los judíos tradicionales / religiosos en torno al espacio público gira en el sentido estrictamente técnico-halájico de la palabra, como la observancia del sábado, las restricciones dietéticas religiosas o el registro del matrimonio. Pero estos problemas tienen dimensiones más profundas y más espirituales que requieren una expresión pública, como la obligación judía del sábado como un ideal de justicia social, o con el compromiso duradero con el juramento milenario: "Si me olvido de ti, Jerusalén, que mi mano derecha olvide su fortaleza". Tales obligaciones tienen un significado central especialmente cuando se manifiestan en la esfera pública.

Es cierto que, a los ojos de los judíos ultraortodoxos, Ben-Gurion es un secularista por excelencia. Sin embargo, la lectura de sus numerosos escritos revela una perspectiva diferente: en lugar de ver la revolución sionista como un cambio de una forma de pensar religiosa a otra secular, la veía como un cambio perceptual en la naturaleza de la acción judía, tanto en sus aspectos religiosos como en sus dimensiones nacionales. Su compromiso inquebrantable con la empresa de la aliya ofrece quizás la manifestación más clara de la acción estatal derivada de la visión judía de la salvación.

Al enmarcar la aliya en términos bíblicos como "la reunión de los exiliados", Ben-Gurion vinculó la empresa con temas judíos milenarios como la oración diaria para "tocar un gran cuerno para nuestra libertad y levantar una pancarta para reunir a nuestros exiliados", o la afirmación de los antiguos sabios de que "el día de la recolección de los exiliados es tan grande como el día en que se crearon el Cielo y la Tierra". Esta fue la esencia del cambio fundamental introducido por el movimiento sionista en su lucha por la reconstitución nacional.

Los actos individuales y públicos de la práctica religiosa no requieren un esfuerzo estatal organizado para ser ejecutado, pero el Regreso a Sión y el restablecimiento de la condición de Estado requirieron un esfuerzo nacional de primer orden. Y aunque muchos de los primeros pioneros se desviaron de un estilo de vida religioso a otro secular, su propia inmersión en la empresa de reavivamiento nacional fue más un esfuerzo por revitalizar aspectos vitales de la identidad judía que se había vuelto latente durante el exilio que una revolución secular.

Al rechazar la firme oposición ultraortodoxa a asumir la responsabilidad práctica de la salvación nacional, Ben-Gurion insistió en que "este concepto teológico no es un precepto religioso, y no tiene nada que ver con el judaísmo de Rabí Akiva, los Macabeos, Ezra y Nehemías, Josué o Moisés".

Por supuesto, es discutible que la reunión de los exiliados sea una empresa nacional, más que religiosa. Pero dada la posición única del judaísmo como religión nacional, no puede haber tal distinción entre sus aspectos religiosos y temporales. Muy consciente de esto, Ben-Gurion se vio a sí mismo siguiendo los pasos de Rabí Akiva y Josué.

En el relato final, ninguno de los extremos de la sociedad judía israelí ofrece una panacea para la mayoría de los israelíes que buscan preservar sus tradiciones y formas de vida judías. En uno de los lados  se encuentra una minoría militante secularista separada de la fe y de la tradición judías.

En el otro lado están las comunidades ultraortodoxas ausentes del corazón palpitante de la vida nacional judía en Israel. En estas circunstancias, no es la supuesta "religiosidad" lo que amenaza la identidad israelí y profundiza las divisiones en la sociedad israelí, sino la ausencia de un terreno común judío contemporáneo mutuamente aceptado.

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La complejidad de la realidad israelí - David Hazony -



Nunca me he encontrado con el rabino Sharon Brous. Sin embargo, el líder espiritual de la comunidad IKAR de Los Ángeles cree que ella me conoce.

Yo soy del "otro lado", me dice Rabino Brous. Encantado de conocela.

En una reciente columna en Los Angeles Times, Brous escribe sobre un viaje que hizo con miembros de su familia al asentamiento judío de Hebrón, un pequeño enclave fuertemente fortificado que linda con una gran ciudad palestina. La tradición judía lo ve como una ciudad santa, donde están enterrados nuestros patriarcas y matriarcas. En 1929, 67 judíos desarmados, incluidas mujeres y niños, fueron masacrados en los disturbios organizados y provocados por los árabes. Hoy es el epicentro de lo que la mayoría de los estadounidenses asocian con los colonos más extremistas de Cisjordania.

"Créeme, Ima", le dijo su hija. "Amo Israel. Necesito ver el otro lado con mis propios ojos".

Lo que vio incluyó las dificultades que enfrentan muchos palestinos allí, así como los puntos de vista francamente extremistas de algunos residentes judíos. Uno de ellos expresó su apoyo al famoso asesino Baruch Goldstein, médico y residente de Hebrón que, en febrero de 1994, abrió fuego contra un salón lleno de fieles musulmanes y mató a 29. El residente llamó a las víctimas de Goldstein "animales".

Brous luego extrapoló lo que acontece en Hebrón a todo lo que le molesta del gobierno israelí: las simplificaciones excesivas de los mensajes pro-israelíes, la alienación de los judíos estadounidenses de Israel, y demás. Cuando ves la contra realidad más extrema, parece que sabes que el gobierno israelí está alentando una línea que ningún judío estadounidense con conciencia podría tolerar.

Es una pieza conmovedora, en parte porque lo antepone al amor genuino que muestra por Israel: un amor que incluye no solo leer las noticias, sino llevar a sus hijos a Israel y asegurarse de que estén en constante contacto con su familia en Tel Aviv.

La visita a Hebrón, escribe, estaba destinada a enseñarles las "complejidades" de Israel.

Aquí está el tema.

Yo soy un halcón geopolítico que leído bastante, soy socialmente liberal y bastante secular, partidario de un libre mercado. Me opuse a la ley de subrogación y apoyo a la Ley del Estado-nación. Me opongo a la "ocupación", pero soy bastante realista acerca de los impedimentos para un acuerdo en este momento y los riesgos del unilateralismo, y la necesidad de aprender las lecciones del desastre de Oslo. Probablemente votaré al centro-derecha, pero no estoy en el bolsillo de nadie.

Soy representante, en otras palabras, de esa "otra parte" del israelí real, el tipo de israelí que el Likud, Yesh Atid, Kulanu, Kadima, Israel Beiteinu y Jewish Home parecen recoger. Somos la mayoría silenciosa de Israel, la "respuesta" al interminable desconcierto de los judíos estadounidenses liberales ante las continuas victorias de Bibi cuando todos sus conocidos lo odian.

Esa "otra parte" de Israel prácticamente no tiene nada que ver con la gente dr Hebrón, o al menos, nada que pueda aprenderse de un breve recorrido por esa ciudad. Si quiero mostrarles a mis hijos la "otra parte" de loa Estados Unidos, no los llevaré a un mitin de KKK.

Y seguramente no los hubiera llevado a Hebrón hospedados por Breaking the Silence, una organización cuya credibilidad ha sido repetidamente cuestionada, y cuyo portavoz, Dean Issacharoff, fue sorprendido inventando su supuesta paliza a un prisionero palestino.

Si quieres que tus hijos entiendan la complejidad de la realidad israelí, desafíalos de verdad.

¿Por qué los israelíes votan constantemente por los partidos de derecha, cuando claramente no comparten los puntos de vista de los colonos de Hebrón? Porque la izquierda israelí simplemente les falló.

Golda Meir les falló en la Guerra de Yom Kippur de 1973 y en las desastrosas políticas económicas de los años setenta. Rabin y Peres les fallaron en los calamitosos acuerdos de Oslo en 1993, que no llevaron a la paz que prometieron y que dieron lugar a muchos amigos israelíes muertos. Ehud Barak, el último primer ministro laborista, les falló con su impotencia para detener la Segunda Intifada.

Nada como perder a un ser querido en un ataque terrorista o en una guerra para enfocar la mente en las consecuencias de su voto el día de las elecciones.

Nos guste o no, el liderazgo de la derecha ha llevado a un período prolongado de relativa seguridad económica y física. Los israelíes, judíos y árabes por igual, se sienten más seguros y les resulta más fácil pagar sus facturas que nunca. No quieren correr el lujo de arriesgar todo eso a cambio de unos líderes que suenan bien, y que dicen las cosas que los judíos en los Estados Unidos quieren escuchar.

Obviamente, Brous tiene razón cuando dice que "amar un lugar... no necesariamente significa amar a su gobierno". Hay mucho que amar en la sociedad diversa, ecléctica y resistente de Israel. Pero el amor verdadero no es algo abstracto. Se trata de escuchar al otro, se trata de escuchar realmente. De escuchar opiniones incómodas, opiniones serias, presentadas de la manera más convincente posible.

Con la nueva generación de judíos estadounidenses, eso significa desafiarlos a pensar. Significa exponerlos a los muchos defectos y errores de Israel, es cierto, pero también a la versión más razonable de opiniones y puntos de vista con los que ellos, desde su ubicación en los Estados Unidos, no están de acuerdo. Significa exponerlos a la complejidad completa de la realidad israelí.

No te conozco, Rabino Brous, y no cuestiono tu amor por Israel. Pero si quiere saber más sobre la "otra parte" israelí real, llámeme en su próximo viaje.

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Cuando los expertos prefieren seguir ignorando la verdad sobre los palestinos - Jonathan Tobin - JNS




Cuando el columnista del New York Times Thomas Friedman ofrece un plan de paz para el Oriente Medio, "el mundo se detiene y escucha". O al menos solía hacerlo. El tres veces ganador del Premio Pulitzer ha estado opinando sobre la región durante décadas, y la sensación de desgaste de sus consejos comienza a sentirse tan evidente como su estilo de prosa que permanece tan inundado de clichés actualmente como siempre.

En 2002, cuando Friedman buscaba ser la partera de una iniciativa de paz de Arabia Saudita, el resultado fue un scoop de relaciones públicas para el columnista, incluso cuando resultó que la idea era menos de lo que parecía. Pero no es probable que su último conjunto de sugerencias para una paz en Oriente Medio, en las que ofrece a los palestinos un plan para poner al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en aprietos, cause un gran revuelo. Friedman todavía escribe como si estuviese en una posición única para decir la verdad a ambas partes y el mundo estuviera pendiente de cada una de sus palabras.

Pero no es así, aunque eso no signifique que su escritura sea insignificante, y no es solamente porque conserve su influyente posición en el NYTimes. Friedman ha evolucionado a lo largo de los años hasta convertirse en un indicador perfecto de la sabiduría convencional. Si quieres saber qué está mal con el pensamiento que dominó la política exterior de los EEUU hasta la administración Trump - y qué gente cree que volverá a funcionar después de que el presidente estadounidense Donald Trump sea expulsado de Washington -, entonces deberían leen las columnas de Friedman.

Es por eso que vale la pena echarle un vistazo a su última contribución a los cada vez más numerosos esquemas para solucionar el conflicto entre Israel y los palestinos, incluso si es tan poco habitual como el resto del género. También demuestra una vez más que aunque Friedman casi con certeza ha olvidado mucho más sobre el Oriente Medio de lo que Trump alguna vez llegó a aprender, esa administración Trump por la que tiene tanto desprecio puede en realidad tener un mejor manejo del conflicto que el veterano comentarista.

El paso del tiempo desde la publicación de su libro "Desde Beirut hasta Jerusalén" de 1989, que lo convirtió en una estrella de rock de política exterior, no ha sido amable con Friedman. La conversación  sobre la política exterior, especialmente en los tiempos de tendencia izquierdista, ha cambiado fundamentalmente en las últimas dos décadas. En un momento en que los lectores del NYTimes están más interesados ​​en resistir a Trump que en ayudarlo a tener éxito, las columnas de Friedman parecen estar fuera de contacto. Aunque sus pretensiones siguen siendo insufribles, su objetivo sigue siendo la creación de un tipo de consenso sobre una política que no encaja con el entorno polarizado en el que vivimos ahora. Como tal, incluso el más crítico de sus lectores casi puede simpatizar con la difícil situación de un escritor que parece querer que todos, incluso Trump, sean tan inteligentes como él cree serlo, en lugar de simplemente destripar a la administración Trump.

La última columna de Friedman dice mucho acerca de esa situación. Tiene razón en que Hamas es "una maldición para el pueblo palestino" y que "sigue propiciando una estrategia de sacrificio humano en Gaza". El columnista también es correcto en resumir la estrategia de la Autoridad Palestina como una de "voy a contener la respiración hasta que me vuelva azul". Su negativa a negociar con los Estados Unidos e Israel es tan inútil para los palestinos como su corrupción endémica. Este último podría usar algunos consejos inteligentes, y Friedman es demasiado listo como para arrancar algunos del pozo sin fondo de su sabiduría autoproclamada que ha estado proclamando durante décadas.

Friedman urgía a la AP para que dijera a los aliados árabes moderados de los Estados Unidos que se comprometerán con los Estados Unidos si el equipo negociador de Trump, encabezado por su yerno presidencial Jared Kushner, acordaba volver a trazar su propuesta de paz para incluir una demanda por un Estado palestino contiguo en Cisjordania con una capital en parte de Jerusalén. Eso, tal como argumenta Friedman, le daría al plan el apoyo del mundo árabe y pondría a Netanyahu en un lugar donde no puede decir que no. El resultado significaría el fin del gobierno de centroderecha del primer ministro y su reemplazo por uno que favorecería la paz.

Como toda "la sabiduría inteligente" que Friedman ha estado vendiendo desde que le dio al primer secretario de estado del presidente George HW Bush, James Baker "grita a los judíos", la idea de decirle a los israelíes que lo llamaran cuando quisieran hablar en serio de querer la paz, todo ello suena sumamente simple.

Pero a Friedman nunca se le ocurre preguntarse por qué los palestinos rechazaron propuestas similares en el pasado. Después de todo, John Kerry pasó años rogándole a los palestinos que aceptaran tal trato sin ningún resultado cuando era secretario de Estado del presidente Obama. La AP se alejó de un esquema similar cuando Ehud Olmert y la administración de George W. Bush les presionaron. Lo mismo sucedió cuando Ehud Barak y la administración Clinton hicieron propuestas similares en Camp David y Taba en 2000 y 2001.

El problema con la fe ciega en una solución de dos estados para el conflicto no es con la lógica de dos estados para dos pueblos como una idea abstracta:  los palestinos nunca han estado particularmente interesados ​​en ese concepto. Si bien las posibilidades de que Trump y Kushner negociaran un "acuerdo definitivo" son prácticamente nulas, entienden que la negativa de sus predecesores a responsabilizar a los palestinos por su apoyo al terror y a la negativa a negociar seriamente forman parte del problema, no la solución.

Friedman considera que tal idea es intolerablemente pro-Israel, y que es el resultado de un acuerdo corrupto entre Trump y los donantes judíos y cristianos de la campaña. Dejando de lado la historia de Friedman de estar dispuesto a alentar las difamaciones antisemitas sobre el apoyo de Estados Unidos a Israel para atacar a su bestia negra que es Netanyahu, el problema aquí es que Friedman simplemente no acepta que incluso los "moderados" del partido Fatah que controlan Cisjordania están empantanados en irredentismo y en odio con Hamas.

Si los saudíes y otros gobiernos árabes parecen haber renunciado a la causa palestina en los últimos años (incluso si no pueden decirlo públicamente), es porque conocen la cuestión. Consideran que su alianza estratégica tácita con Israel es una prioridad más alta que complacer a los palestinos.

Friedman cree que Trump debería escucharlo y ponerse a trabajar "retorciendo los brazos o apéndices de todos" o bien "construir condominios y campos de golf". Si la paz en esos términos fuera posible, Trump probablemente la hiciera. Pero él no está dispuesto a cometer los mismos errores que los últimos cuatro presidentes, aquellos que pensaban que Friedman sabía de lo que estaba hablando.

Lo cual demuestra que aunque Friedman sabe mucho más sobre el tema que Trump, la desconfianza instintiva del presidente hacia los "expertos" como el famoso columnista es bastante inteligente.

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Saturday, September 22, 2018

Por qué la igualdad no pertenece a la ley del Estado-nación - Evelyn Gordon - JNS



Desde que se promulgó la ley del Estado-nación de Israel en julio, ha sonado un estribillo constante: la ley debería haber incluido una disposición que garantizara la igualdad para todos los israelíes. No son solo los oponentes a la ley quienes dicen esto, también lo hacen muchos de sus partidarios, liberales y conservadores por igual. Pero están equivocados.

Agregar una disposición sobre igualdad a la ley del Estado-nación suena inocuo porque la igualdad cívica y política ya está implícitamente garantizada a través de la Ley Básica de 1992: Dignidad humana y Libertad. Las Leyes Básicas son la aproximación más cercana de Israel a la legislación constitucional, y la ley de 1992, que protege la "dignidad de cualquier persona como tal", ha sido interpretada consistentemente por los tribunales como la consagración de la igualdad sobre la base de que la discriminación viola la dignidad de una persona. Entonces, ¿qué daño podría generar una garantía explícita en la Ley Básica: Israel como Estado-nación del pueblo judío?

La respuesta es que hacerlo elevaría el carácter democrático de Israel por encima de su carácter judío. Y eso negaría todo el propósito de la ley del Estado-nación, que es restaurar el carácter judío de Israel en paridad con su carácter democrático, no la superioridad, sino simplemente la paridad.

Para entender por qué esto es así, primero es necesario entender por qué agregar una disposición de igualdad violaría la lógica constitucional básica. Este argumento fue hecho convincentemente desde el lado liberal del espectro político por Haim Ramon, ex miembro del Partido Laborista Knesset y ex ministro de Justicia. Escribiendo en la edición hebrea del Haaretz el mes pasado, Ramón argumentó que si alguien piensa que la igualdad no está suficientemente protegida por la Ley Básica: Dignidad Humana y Libertad, deberían trabajar para enmendar esa ley en lugar de la ley del Estado-nación, ya que es donde cualquier disposición sobre la igualdad se enmarca.

Esto no es mera sutileza semántica. Se supone que una constitución, como el instrumento supremo de gobierno de un país, no es un revoltijo de disposiciones aleatorias arrojadas juntas sin más pensamiento del que podría proporcionar un primate sentado al teclado; se supone que es un documento cuidadosamente elaborado. Es por eso que las constituciones generalmente agrupan todas las disposiciones relacionadas con un tema determinado en un solo artículo o capítulo. Cada artículo tiene el mismo estatus; ninguno es más o menos importante que los demás. Y juntos, crean un documento integral que aborda todas las cuestiones básicas de gobierno.

Israel ha seguido en gran medida esta lógica hasta la fecha. No tiene una constitución terminada, pero cada Ley Básica se considera un artículo de una futura constitución. Así que Israel tiene, entre otras cosas, una Ley Básica sobre la legislatura, una sobre el ejecutivo, otra sobre el poder judicial, otra sobre los derechos humanos básicos y democráticos, y ahora, una sobre el carácter judío de Israel: la ley del Estado-nación. Y así como los detalles sobre cómo elegir al primer ministro pertenecen al artículo sobre el ejecutivo más que al artículo sobre el poder judicial, también las disposiciones sobre derechos humanos universales, como la igualdad, pertenecen al artículo sobre derechos humanos, no al del carácter judío particularista de Israel.

Pero precisamente porque este es el procedimiento constitucional normal, cualquier desviación manifiesta de esta norma tendría un significado moral y legal. Entonces, ¿qué nos diría si, contrariamente a toda lógica constitucional, una disposición sobre la igualdad - algo que ya está implícitamente garantizado en un artículo anterior de la constitución de Israel - fuera expuesta explícitamente en un artículo posterior que trate sobre el carácter judío de Israel?

Nos diría que el carácter democrático universalista de Israel triunfa sobre su carácter judío. Esa sería la implicación natural de que la igualdad sea el único principio que se considere digno de ser declarado no una vez, sino dos veces, no solo en el artículo al que pertenece naturalmente, sino también en un artículo que trata un tema completamente no relacionado.

Esa también sería la implicación natural si el carácter judío de Israel fuera el único asunto constitucional que no se considerara digno de una Ley Básica enteramente para sí mismo, el único forzado a compartir su Ley Básica con otro material ya existente, y en una forma diferente. De hecho, la implicación sería que el carácter judío de Israel es tan ilegítimo que solo puede permitirse en la constitución si su significado legal se diluye añadiendo una reformulación del carácter universalista de Israel.

En resumen, el mensaje obvio de agregar "igualdad" a la ley del Estado-nación sería que las identidades judías y democráticas de Israel no son iguales, más bien implicaría que su identidad democrática tiene primacía y su identidad judía está subordinada. Esa es exactamente la situación que existía antes de la promulgación de la ley del Estado-nación, cuando Israel tenía varias Leyes Básicas que establecían su carácter democrático pero ninguna en absoluto que estableciera su carácter judío. Y esa es la situación que la ley del Estado-nación tiene destinado corregir.

Nada en la ley del Estado-nación otorga prioridad a la identidad judía de Israel sobre la democrática; la ley estaba destinada simplemente a volver a poner estas identidades duales en igualdad de condiciones. Agregarle "igualdad" sería antitético a su propósito.

En cierto sentido, toda esta discusión es discutible. Como observó Ramón, una mención explícita de la igualdad fue omitida de la ley de Dignidad Humana y Libertad debido a la oposición haredi, y casi con certeza no pudo ser promulgada hoy por la misma razón, independientemente de si se propuso para esa ley o para la ley del Estado-nación.

Pero el tema más amplio de la paridad entre las identidades judía y democrática de Israel no es discutible en absoluto. Es una batalla continua y crucial.

La gran mayoría de los israelíes quiere que Israel sea tanto judío como democrático, y una pluralidad cree que estos dos elementos deberían estar igualmente equilibrados. Pero ser una democracia no es la razón de ser de Israel. No habría razón para hacer el esfuerzo de establecer y sostener a Israel a pesar de la hostilidad regional, y a menudo internacional, para tener una democracia más, indistinguible de todas las demás.

La razón de ser de Israel es que es el único estado judío del mundo, el único lugar en el mundo donde el pueblo judío puede determinar su propio destino. Eso es lo que hace que valga la pena tenerlo. Por lo tanto, una Ley Básica que contradiga esta razón de ser al subordinar su carácter judío al democrático es algo que nadie que valore a Israel debería desear en su constitución.

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La izquierda de Israel como una amante abandonada - Martin Sherman - JNS



 La izquierda en Israel se comporta como una persona que no puede aceptar que el objeto de su amor haya elegido a otro en su lugar.
... el amor no correspondido no muere; solamente es derrotado y dirigido hacia un lugar secreto donde se esconde, acurrucado y herido... y se vuelve amargo y cruel... -  Elle Newmark,  The Book of Unholy Mischief
"... el amor es algo aterrador. Si no es correspondido, puede convertir a una persona en un monstruo" -  Michele Young-Stone,  The Handbook for Lightning Strike Survivors
Es, por supuesto, indiscutible que una buena parte de lo que se denomina como la "izquierda" israelí tiene reservas arraigadas en cuanto al concepto de un Estado-nación judío. De hecho, muchos incluso albergan una resistencia resuelta a la validez, legitimidad y/o deseabilidad de tal idea. En realidad, para todos los efectos, tal rechazo es el punto central de su credo político antisionista abiertamente declarado. En consecuencia, tienen poco deseo de ver que se desarrolle y prospere.

Sin embargo, eso no es necesariamente cierto para todo el espectro de la autoproclamada "izquierda" dentro de la política israelí. Creo que un número considerable de "izquierdistas" están imbuidos de lo que perciben como fuertes sentimientos sionistas, y realmente creen que su política de apaciguamiento político y retirada territorial es lo mejor para Israel, y ayudará a preservarlo como el Estado-nación del pueblo judío.

Sin embargo, lo que es particularmente desconcertante - y perturbador - es que a menudo hay muy poca diferencia entre la retórica peyorativa de algunos de los detractores más vehementes de Israel y la de la supuesta "izquierda sionista" en su censura a Israel - o al menos, de su gobierno elegido democráticamente y sus representantes legítimamente designados -.

Esto fue particularmente evidente en el reciente alboroto que estalló sobre la legislación del Proyecto de Ley del Estado-nación. Sorprendentemente, la semántica empleada para burlar y repudiar dicha ley por elementos abiertamente antisionistas, que rechazan a Israel como el Estado-nación del pueblo judío, fue indistinguible, en sustancia, alcance y estilo, de los supuestos sionistas de la izquierda, quien supuestamente lo apoya como tal.

Sin embargo, si bien era de esperar la vehemente condena de los primeros, es mucho más difícil de comprender (y aceptar) cuando proviene de los segundos. Después de todo, ellos son a fin de cuenta por su propia mano, o retórica, cómplices en socavar el edificio ideológico en el que dicen estar comprometidos.

Además, aunque los cáusticos gritos de crítica de la "Izquierda Sionista" alcanzaron un crescendo cacofónico  con el Proyecto del Estado-nación, ese no es el único tema sobre el cual las posiciones que articulan son sorprendentemente similares a las de los oponentes más virulentos del sionismo. ¡De hecho es lo contrario! Lo mismo es cierto en una variedad de otros temas, tales como la presencia de los judíos en partes de la antigua patria judía, los métodos empleados en los esfuerzos antiterroristas, las actitudes hacia el legado y la tradición judíos, por nombrar solo algunos.

Sin embargo, a pesar de todo, todavía tiendo a pensar - aunque con una dificultad creciente - que muchos de los que integran la "Izquierda Sionista" tienen una fuerte y sincera convicción de que su prescripción política maximizará los beneficios para Israel y contribuirá mejor a su desarrollo, seguridad y prosperidad, a pesar de la falta total de corroboración objetiva de tal creencia.

Entonces, ¿cómo es posible explicar el comportamiento perverso y paradójico de aquellos que profesan amor por el Estado judío mientras se alinean con sus enemigos más inicuos?

  • "... el amor no correspondido... se vuelve amargo y cruel..."

Una posible explicación la proporciona tal vez el trabajo de dos autoras contemporáneas estadounidenses, que abordan la cuestión del amor no correspondido y sus consecuencias. Así, en The Book of Unholy Mischief, Elle Newmark (1946-2011) advirtió: " ... el amor no correspondido no muere; solo es derrotado y llevado a un lugar secreto donde se esconde, encrespado y herido... y se vuelve amargo y cruel".

En una línea similar, Michele Young-Stone advirtió en The Handbook for Lightning Strike Survivors comentaba; "... el amor es algo aterrador. Si no es correspondido, puede convertir a una persona en un monstruo".

No es difícil diagnosticar los síntomas distintivos de estas tendencias perniciosas en la conducta de la "izquierda sionista" en los últimos años, recordando inquietantemente a alguien que no está dispuesto a aceptar el hecho de que su amante palestino ha elegido a otro en su lugar.

(Aclaración políticamente correcta: el uso del género masculino es simplemente por simplicidad estilística. Sabiendo muy bien que "el infierno no tiene tanta furia como una mujer despreciada", estoy seguro de que la analogía también es válida para el otro género).

Por lo tanto, a pesar de su amor por el objeto de su devoción, impulsado por el insulto y la angustia lo difama en público, calumniando su moralidad y hasta incluso se prepara para causarle daño físico. El protagonista de ese amor no correspondido no puede entender cómo prefería a alguien que, en su opinión, es menos digno, menos articulado y menos refinado que él. En su dolor, él se burla de su inteligencia y habilidad, a pesar de sus logros manifiestos.

Aunque su belleza no se desdibuja, de hecho muchos la consideran ahora más madura y atractiva que antes, cuando se burlaban de ella por ser fea y perder su atractivo. Por frustración, inventan mentiras sobre los defectos de su carácter y su conducta indecorosa; regularmente menospreciando sus logros mientras exagera sus fallas.

Todo esto recuerda fuertemente la forma en que la autodenominada "Izquierda Sionista" se conduce a sí misma con respecto a Israel. A pesar del impresionante récord de logros de Israel en prácticamente todos los ámbitos de la actividad humana, la izquierda persiste en degradar su valor. A pesar de las libertades individuales y el bienestar material que proporciona a sus ciudadanos, incluso aquellos con empatía para sus enemigos más acérrimos, la "izquierda sionista" a menudo respalda las mendaces acusaciones de quienes niegan el derecho de Israel a existir, validando acusaciones mendaces con sus propias afirmaciones falsas sobre un imaginario "incipiente fascismo" y manifestaciones ficticias de "racismo".

Sin embargo, exactamente como nuestro amante despechado no comprende que al ennegrecer el nombre de su amor perdido  se asegura virtualmente que nunca lo reconquistará, entonces la "Izquierda Sionista" no capta que su mancillamiento del nombre del estado judío hace que las posibilidades de reafirmar sus normas sean cada vez más remotas.

Pero lo mismo ocurre con los amantes abandonados, supongo.

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Lo obvio una vez más: Acuerdos de Oslo, 25 años de ingenuidad - Amnon Lord - JNS



No hubo celebraciones para conmemorar el 25º aniversario de los Acuerdos de Oslo, el acuerdo que supuestamente acabaría con la guerra y el terrorismo. Veinticinco años después de la ceremonia de la firma en el jardín de la Casa Blanca, el aniversario estuvo marcado solo por debates mediáticos y el lanzamiento de un documental que no reveló nada.

Un artículo de opinión del ex ministro laborista israelí, Haim Ramon, resumió lo que Oslo ha llegado a representar para los israelíes.

"Es importante dejar en claro que la Segunda Intifada no fue el resultado de los Acuerdos de Oslo. Dos primeros ministros son los culpables de su estallido: Benjamin Netanyahu y Ehud Barak, especialmente este último", escribió Ramón.

No es necesario leer más sobre el artículo de Ramon. Al elegir no culpar al presidente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat, por la campaña terrorista lanzada en Rosh Hashaná 2000, Ramón ha demostrado que la izquierda y la derecha israelíes tienen su propio conjunto de hechos y miran el mundo a través de diferentes prismas, y no puede mantener un debate apropiado.

El artículo de Ramón, en algún momento una de las principales figuras de la izquierda, es importante solo porque nos permite aprender las lecciones correctas. Sus puntos de vista generales no son tan importantes ni interesantes, porque las fallas ideológicas apenas han cambiado desde 1993. En la política actual, Ramón sería considerado un derechista: es sionista y apoya la idea de tener un Estado judío.

Otra muestra de cuánto ha cambiado la sociedad israelí se puede encontrar en una carta enviada por el ex miembro del Knesset recientemente fallecido, y un notable activista por la paz, Uri Avnery al primer ministro israelí Yitzhak Rabin en la década de 1970. Avnery escribió la carta poco después de reunirse con el representante de la OLP en Londres, Said Hammami.

"Aunque soy muy consciente de su visión radical y negativa de la idea de tener un Estado palestino y de hablar con la OLP, creo que estaría bien escuchar mi relato de primera mano, ya que esto al menos le ayudaría a evaluar su posición y actualizarla en función de las circunstancias cambiantes", escribió.

En su libro My Friend, the Enemy, Avnery escribe sobre las reuniones que tuvo con Rabin después de cada encuentro con un oficial de la OLP. Estas reuniones fueron diseñadas para legitimar retroactivamente las reuniones de Avnery con los funcionarios de la OLP.

Después de que el Partido Laborista perdió el poder en 1977, comenzó a buscar una nueva identidad ideológica y socioeconómica, y pronto comenzó a abrazar la idea de negociar con la OLP para llenar ese vacío. Por lo tanto, 18 años después de que Avnery se reuniera con Hammami, el giro de 180 grados laborista estaba completo.

Solo hay una pregunta persistente. ¿Qué hubiera pasado si Rabin se hubiera mantenido firme después de haber expulsado a 415 terroristas de Hamas al Líbano en 1992? Como recordarán, fue Avnery quien lideró la campaña contra la deportación y fue Bill Clinton, el futuro padrino de los Acuerdos de Oslo, quien obligó a Rabin a dejar entrar nuevamente a los terroristas.

Eventualmente, Rabin retrocedió bajo la presión y llegó a un compromiso que permitía que unos 100 terroristas veteranos regresaran en un año y el resto más adelante. Esto significa que varios meses después de que comenzara el proceso de Oslo, la infraestructura terrorista en los territorios recibió un gran impulso y altos funcionarios de Hamas fueron recibidos allí como héroes.

Jacques Neria, consejero de Rabin en ese momento, dijo recientemente que cuando a Arafat se le permitió ingresar en la Franja de Gaza en 1994, llevó con él a conocidos terroristas, una gran violación de los acuerdos con Israel. Cuando el Comando Sur del IDF le preguntó a Rabin qué debía hacer al respecto, Rabin les respondió: "Hagan lo que crean correcto".

Por lo tanto, ya al año siguiente de la firma de Oslo, Israel había adoptado un patrón de concesiones y compromisos que solo alentaban a Arafat a redoblar su engaño. Arafat pasó a testar la flexibilidad de Israel y descubrió que estaba dispuesto a aceptar cada violación.

Incluso después de que Arafat dijera, en un discurso en Sudáfrica en 1994, que los Acuerdos de Oslo no eran más que una versión moderna del Tratado de Hudaybiyyah, una estratagema destinada a ganar tiempo y finalmente derrotar a Israel de la forma en que el profeta Mahoma había aplastado a las tribus infieles, la izquierda israelí permaneció en un estado de negación. No solo eso, el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Shimon Peres y sus compinches de Oslo, arremetieron contra quienes volvieron públicos los incendiarios comentarios de Arafat, principalmente el diputado del Likud Benny Begin.

Peres incluso escribió al entonces ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, Johan Jørgen Holst, y prometió no cerrar las instituciones palestinas en el este de Jerusalén. Sobre todo, el liderazgo israelí (especialmente el aparato de seguridad nacional) demostró que no estaba excesivamente preocupado por la ideología de la OLP.

Rabin vio el proceso de paz como un medio para establecer nada más que la autonomía palestina. Pero su voluntad de firmar un acuerdo con la OLP desencadenó a todos los demonios: el "derecho al retorno" palestino, los refugiados, Jerusalén y la lucha armada contra Israel.

La identidad palestina moderna se formó después de la Guerra de los Seis Días y se unió en torno al terrorismo y la lucha armada. ¿Alguien realmente esperaba que la Autoridad Palestina, formada por la OLP, iba a dar la espalda a las raíces de la revolución nacionalista palestina?

Incluso hoy, algunos oficiales de seguridad israelíes, especialmente los ubicados en la izquierda, se niegan a aceptar que los palestinos jueguen un largo partido contra Israel. Algunos se han referido a esto como un plan gradual que combina la diplomacia con el terrorismo, pero ese ya no sería un término adecuado. Sería más apropiado describir el enfoque de la Autoridad Palestina como una política consistente que combina terrorismo, guerra diplomática, propaganda psicológica y una guerra legal no menos importante.

Y es que Israel, y especialmente la izquierda israelí, dieron legitimidad internacional a la OLP.

Así como nadie en 1993 pensó que la Franja de Gaza se convertiría en un centro de misiles, morteros y terroristas suicidas, nadie pensó que la OLP estaría en posición de poder negarle a Israel su legitimidad internacional.

Un cuarto de siglo después, se hizo evidente que una coalición de grupos terroristas ha logrado crear un importante cisma interno dentro de la sociedad israelí.

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Monday, September 17, 2018

¿Por qué ir a la sinagoga una vez al año? - Jack Wertheimer - WSJ



En un episodio de "Curb Your Enthusiasm", Larry David necesita las entradas para asistir a los servicios religiosos en los días festivos judíos. (La mayoría de las sinagogas requieren que los asistentes adquieran sus entradas para los asientos antes del Año Nuevo judío y el Día de la Expiación). Larry no los recibe a tiempo y recurre a la compra de un revendedor. Eventualmente se entera de que las entradas son falsificaciones, aún así acude y es escoltado fuera de la sinagoga. Está claro que no tiene ningún interés en los servicios por los que pagó un precio exagerado.

Como toda buena sátira, el episodio plantea una pregunta interesante. Un número considerable de judíos estadounidenses se mantienen alejados de la sinagoga durante todo el año, pero de repente aparecen en ella con los días sagrados. Algunas sinagogas pueden ver un incremento de hasta 20 veces en su asistencia. No solo vienen, sino que hacen que sea una prioridad tener los asientos reservados. ¿Por qué se molestan?

Algunos apuntan a explicaciones obvias, aunque menos edificantes. Un persistente sentido de una obligación seguramente motiva a algunos. Los familiares, especialmente los padres o cónyuges, dejan en claro que se espera la asistencia. La presión de grupo para ver y ser visto puede motivar a otros. Y es una excelente forma de conectarse en red.

Sin embargo, los rabinos que entrevisté ven una imagen más compleja. No son ingenuos acerca de la falta de interés que algunos llevan a este proceso. Pero muchos rabinos informan que la mayoría de sus feligreses ven los días sagrados como un momento de reconexión.

Primero, renuevan sus lazos con la familia. Los Millennials que normalmente valoran su independencia parecen disfrutar de la oportunidad de sentarse en la misma fila de la sinagoga con sus padres tal como lo hicieron cuando eran niños. Para los judíos adultos o mayores cuyos padres ya no están vivos, las melodías familiares de la liturgia del Día Santo más importante y los rituales únicos de los servicios pueden evocar recuerdos de la infancia. Un congregante explicó que asistir es "mi forma de estar con mis padres" aunque ya no vivan.

"La gente se envuelve literal o figuradamente en el chal de oración de sus antepasados", explicó otro rabino. El recital de una oración en el Día de la Expiación, centrado en los seres queridos que se han ido, aborda explícitamente este anhelo. No es de extrañar que el servicio de Yizkor o de recuerdo sea una de las partes mejor atendidas del desfile del Día Santo.

Volver a conectar con una comunidad de fieles es un hecho adicional. Pasar largas horas juntos en los servicios religiosos, especialmente durante la inmersión de un día en las oraciones del Yom Kippur, reconstruye un sentido de asociación. Es un sentimiento no declarado: pasar juntos este intenso día. Todavía estamos aquí y esperamos volver a unirnos el próximo año.

Para muchos feligreses también hay un gran poder al levantar sus voces con otros cantando unas melodías familiares. Muchas sinagogas experimentan con estilos musicales modernos o enmarcan las oraciones con canciones seculares contemporáneas muy populares. Pero algunas melodías tradicionales no deben ser manipuladas. Al escuchar las tensiones familiares del "Kol Nidrei", la oración de apertura del Yom Kippur, literalmente provoca las lágrimas. Cuando toda la congregación se une a la canción, los congregantes se ven envueltos en algo que puede sentirse trascendente, la oración de cientos de voces.

La liturgia y el comentario rabínico están diseñados para ayudar a los judíos a atender sus vidas internas y dejar atrás las preocupaciones cotidianas. Esto les permite reflexionar sobre las esperanzas, miedos y recuerdos privados. Volver a conectar con las preocupaciones más importantes es el arduo trabajo de los días de sobrecogimiento.

¿Cómo encaja Dios aquí? Varía según la persona. La liturgia se enfoca agudamente en la majestad de un Dios que se sienta en el juicio de toda la humanidad. Los judíos están llamados a la introspección que conduce a la teshuvá o al retorno a un camino de conducta apropiada. Incluso los muchos judíos que no se relacionan con las concepciones tradicionales de Dios, actúan como si lo hicieran por unos pocos días. "El Dios en el que no creen se sienta junto a ellos durante esos días", dijo un rabino.

En esta era tan escéptica, no es fácil relacionarse con un Dios personal que se preocupa por cada ser humano y escucha las oraciones. Las élites culturales descartan la creencia en un Dios así como algo delirante o ingenuo. Sin duda, la dolorosa arbitrariedad del sufrimiento humano desafía las creencias religiosas tradicionales.

Sin embargo, las experiencias del sagrado Día Santo de muchos judíos, incluidos los altamente educados y racionales, sugieren que los seres humanos también anhelan conexiones forjadas en lugares de oración. Aquí se acercan a sus miedos y aspiraciones más íntimos, a una comunidad de buscadores afines, al Dios de sus antepasados, y sobre todo a un propósito que trasciende sus vidas cotidianas. Tal vez es por eso que tantos judíos que de otro modo ignoran el calendario religioso judío entran en acción cuando llega el momento de buscar sus asientos para este Día Santo.

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¡Muy pocos judíos, Pew! ¿Dónde están los "maximalistas seculares"? ¿Y los del almuerzo del domingo? - Andrew Silow-Carroll - JTA



La nueva tipología de la religión del Pew Research Center ubica a los estadounidenses en siete amplias categorías que van desde los Fieles del Domingo (o Sábado), activos en su fe y en sus congregaciones, a los Solidamente Seculares, aquellos que prácticamente no tienen creencias religiosas.

En el medio están los Religiosos Relajados, que dicen que la religión es importante pero que no sostienen demasiado las prácticas tradicionales; los Diversamente Devotos, que creen en las religiones tradicionales pero también en los cristales psíquicos y otros encantamientos de la nueva Era; los Espiritualmente Despiertos, que parecen creer en el cielo y en el infierno de la misma forma en que creo en Marie Kondo.

Lo que encontré más interesante sobre la nueva tipología es la forma en que los judíos parecen hacer saltar todo.

Según Pew, "los judíos estadounidenses son el único grupo religioso con contingentes sustanciales en cada extremo de la tipología". En otras palabras, aunque la mayoría de los evangélicos son profundamente religiosos, y los católicos y mormones tienden a agruparse hacia el lado de los creyentes en general, alrededor del 20% de los judíos estadounidenses son Fieles al Sábado y un 45% se consideran no religiosos.

No es sorprendente: cada estudio reciente muestra que los judíos están divididos entre los afiliados y los no afiliados, los comprometidos y los no comprometidos, los Alan Dershowitz y los Adam Sandlers. Esa es una peculiaridad de la propia identidad judía que permite que un judío se defina por creencia, biología, práctica religiosa, nacionalidad, nacionalidad o si trabaja o no como abogado para la Organización de Trump.

Es por eso que llamamos al judaísmo una familia: desde luego hay personas que preferirías que no fueran parte de tu familia, pero ya sabes, la ley de sucesiones hace que sea difícil negarlas.

Entonces, y resumiendo, el Pew encuentra principalmente a los judíos estadounidenses en ambos extremos del espectro de la religiosidad. Pero los encuestadores también se pierden algunas categorías judías clave, bajo la irrisoria idea de que solo hay siete tipos de judíos. Demonios, hay 10 clases de judíos en cualquier minyan que, para empezar, se componen a partir de al menos 10 personas.

Tomemos, por ejemplo, al Irónico del Shabbat. Él o ella es el tipo de judío que va a la sinagoga todas las semanas pero que también hace muchas cosas. Ese tipo de judío que no cree en Dios, pero que abandonará su sinagoga si no sirve patata kugel en kidush. El tipo de judío que aparece en un montón de bromas, incluida esta:
El hijo de Cohen le pregunta a su padre ateo por qué va al shul (sinagoga). 
"Porque Goldberg va al shul", dice su padre. 
"¿Qué diferencia implica eso?
"Goldberg acude a shul para hablar con Dios", dice su padre. "¡Yo voy al shul para hablar con Goldberg!"
El fallecido sociólogo Charles Liebman incluso tenía un nombre para esto: "Judío Secular Maximalista".

¿A quién más nos estamos perdiendo? Al igual que esos judíos seculares maximalistas se merecen su propia categoría, permítanme sugerir algunos más:

* Semillas Perennes: asiste a un Seder cada año pero insista en no disfrutarlo.

* Bagels y Lox-smiths: Ferozmente tradicionales sobre dónde ir para al almuerzo del domingo.

* Resistentes a los Medios: su vida espiritual se centra en encontrar las fallas y sesgos en la cobertura de The New York Times sobre Israel.

* Despertado Espiritualmente: retuitea devastadores ataques contra sus enemigos políticos y lo llama tikkun olam.

* Religioso no Relajado: sigue la lectura de la Torah por si el lector comete un error y el rabino, el gabbai, el cantor y las otras ocho personas no gritan una corrección.

* Diversos Frum: piensan que viven en un vecindario multicultural porque puede ver a hombres en cuero, terciopelo y kippot de punto.

* Judíos Adyacentes: no identifican a los judíos pero disfrutan con la suspensión del lado alterno del estacionamiento de la calle en las festividades judías.

¿Y yo dónde encajo? Me llamo profesionalmente judío, que no es una de las categorías de Pew, pero realmente debería serlo. Me defino como "alguien con un sueldo por juzgar las vidas de sus correligionarios".

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Sunday, September 16, 2018

El antisemitismo soviético con un disfraz británico - Ben Cohen - JNS



El "eso" al que me refiero es un fenómeno bastante desconocido para las nuevas generaciones de judíos en términos de su experiencia directa, pero será recordado claramente por personas que vivieron la Guerra Fría, y particularmente aquellos judíos, en los Estados Unidos y en todo el mundo, que hicieron campaña por sus hermanos encarcelados en la Unión Soviética.

El antisemitismo soviético - una forma de odio a los judíos cuyas características distintivas lo distinguen de otras formas de antisemitismo - fue la política de estado en la URSS, posiblemente desde la Revolución Bolchevique de 1917, pero indudablemente desde el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.

A algunas personas les resulta difícil asumir que la misma URSS, cuyo Ejército Rojo liberó Auschwitz en 1945, también practicaba políticas antisemitas utilizando la clasificación oficial de los judíos como una "nacionalidad constituyente" para luego discriminarlos en el empleo, la educación y los derechos de emigración, acosándolos por su observancia de la religión judía y llevando a cabo una campaña de propaganda masiva en contra de los "sionistas".

Por la misma razón, es difícil para la gente entender cómo el Partido Laborista británico - muchos de cuyos activistas y líderes lucharon contra el fascismo británico en la década de 1930 - ahora mismo se ha visto inmerso en una epidemia de antisemitismo bajo la dirección de Jeremy Corbyn, quien pasó la mayor parte de su carrera política usando la palabra "sionista" como peyorativo, tal como los portavoces oficiales de la URSS solían hacerlo.

Tristemente, así como el antisemitismo nazi no desapareció por completo después de la guerra, el antisemitismo soviético sobrevivió a los escombros del Muro de Berlín, de modo que quizás fuera apropiado que resurjieran en las páginas de un periódico que lamentó la caída de ese mismo muro, y el colapso de la tiranía del Partido Comunista, como una tragedia de proporciones históricas mundiales.

Durante gran parte de su existencia, The Morning Star, el periódico comunista británico, fue un esclavo de la línea ideológica procedente de la Unión Soviética. Los viejos hábitos mueren difícilmente según parece, por lo visto en un editorial del periódico de esta semana se atacaba al "establishment judío" por supuestamente maquinar para derribar a Corbyn, lo cual era una horrible reminiscencia del tipo de maldiciones contra los "sionistas" que una vez fueron el forraje diario en la prensa soviética .

Aquí hay un especial sabor en lo que se dijo y en cómo se expresó. Para empezar, la frase "la comunidad judía" se publicó entre comillas, lo que indica que, a diferencia de otras comunidades en Gran Bretaña, de alguna manera es artificial o inorgánica. Esto se hizo para subrayar que los cuerpos comunitarios judíos británicos enumerados posteriormente en el artículo - desde la Junta de Diputados hasta los Amigos Laboristas de Israel - son en realidad agencias no representativas y corruptas que funcionan como un "lobby pro-Israel... más preocupados por silenciar a los críticos de Israel que por combatir el antisemitismo".

El artículo continuaba acusando a Margaret Hodge, una parlamentaria judía laborista y acérrima opositora de Corbyn, de "menospreciar" las experiencias de su propio padre como refugiado de los nazis, citando a un izquierdista judío que se atrevió a exigir con total severidad que los líderes judíos británicos se comprometieran a "censurar y prohibir puntos de vista distintos del suyo", advirtiendo que incluso si los laboristas adoptaban la definición de antisemitismo de la IHRA sin calificación - la fuente de la la actual polémica -, la implacable campaña contra Corbyn continuaría.

"Los enemigos del Laborismo, incluida su quinta columna más amarga, han probado la sangre", concluyó el artículo, "y no terminarán sus ataques hasta que Corbyn pase el rato en seco".

¿Cómo se parecen estas acusaciones y denuncias al antisemitismo soviético? Por poner un ejemplo, en enero de 1977 la televisión soviética emitió un "documental" titulado "Comerciante de almas". En esa película de una hora, señaló el investigador estadounidense William Korey, "la imagen del judío como cambiador de divisas se extendía a la de... comerciante de almas".

Korey continuó describiendo la película de la siguiente manera: "Imágenes supuestamente recogidas de la televisión de Israel mostraban escenas de campos de batalla sembrados de cadáveres horriblemente deformados y niños árabes aparecían vendados... Se mostró a activistas judíos soviéticos abrazando a atletas israelíes mientras el comentarista preguntaba: '¿Cómo puede ser que se permita que se formen cuadros sionistas dentro de la URSS?' "La transmisión fue seguida por una serie de artículos periodísticos con titulares como" The Espionage Octopus of Zionism", repletos de disparatadas afirmaciones que probablemente serán familiares para muchos activistas de los medios sociales del Partido Laborista británico, por ejemplo, que las compañías petroleras estadounidenses" son directamente controladas por el capital pro sionista".

Sobre todo, estaba la práctica soviética de expulsar a los "ciudadanos de nacionalidad judía" para denunciar el sionismo como una herramienta "racista" del "imperialismo". En marzo de 1983, la agencia de noticias soviética TASS incluso publicó una definición de sionismo redactada por el "Comité antisionista judío" de la URSS dirigido por el estado que decía lo siguiente:
"En su esencia, el sionismo es una concentración de nacionalismo extremo, chovinismo e intolerancia racial, justificando la apropiación y anexión territorial, un aventurerismo armado, un culto a la arbitrariedad política y a la impunidad, un ejemplo de demagogia y de sabotaje ideológico, repleto de maniobras sórdidas y perfidia".
En mi opinión, la pregunta más obvia aquí para Jeremy Corbyn, la estrella de la mañana y aquellos con un pedigrí similar, es esta: ¿hay algo en esta definición soviética del sionismo con la que no estés de acuerdo? No se equivoquen, la respuesta es críticamente importante, porque es exactamente en esta caracterización del sionismo en la que basó la persecución interna de la URSS de su comunidad judía, y su alineamiento internacional con los regímenes árabes y los grupos terroristas.

Si la respuesta es estar en desacuerdo con esta formulación, algo muy improbable, dado que Corbyn estuvo presente en docenas de reuniones políticas de izquierda durante los años 70 y 80 donde se distribuyó literatura antisemita soviética y árabe, entonces es poco sincera. Porque cuando Corbyn y los que están en su campo hablan y escriben sobre el triángulo de judíos, sionismo e Israel, estos son los términos en los que piensan y siempre han pensado.

Es por eso que el diario comunista tan pro-Corbyn usa términos como "quinta columna amarga" para describir a los oponentes judíos de su líder, también usado por Valery Emelyanov, un ideólogo oficial soviético, en 1978 para describir el "peligro interno" que representaban los judíos soviéticos. Es por eso que no tienen reparos en decir que los líderes judíos que se oponen a Corbyn han "probado la sangre", a pesar de las asociaciones que despierta esa metáfora con los libelos de sangre antisemitas. Nuevamente, Vladimir Begun, un antisemita soviético particularmente tóxico, escribió con gran entusiasmo sobre la "sed de sangre" que era inherente al "gangsterismo sionista".

Dado el número de ocasiones en que Corbyn defendió públicamente al régimen soviético: "La Unión Soviética ofrece disposiciones de educación mucho mayores que este país" (1984), "no creo que [la URSS] haya tenido la intención de invadir Europa occidental" (1990), él era claramente consciente de la postura de Moscú sobre todos los asuntos internacionales clave de la época, así como sus prácticas de propaganda. Eso no lo convierte en un espía, pero sí lo convierte en un compañero de viaje ideológico. Y como el The Morning Star ha demostrado defendiendo a Corbyn con un feo asalto retórico contra los judíos británicos, ese viaje de inspiración soviética continúa.

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Un gran artículo: Corbyn es el hombre equivocado, en el momento equivocado y defiende las causas equivocadas - Howard Jacobson - TheJC



Algo me dice que ustedes esperan que llame a Jeremy Corbyn un antisemita. Ha habido un poco al respecto en la prensa, y yo... bueno, ya saben...

Pero no voy a llamarlo nada. Él dice que no es un antisemita, Hamas dice que él no es un antisemita, el supremacista blanco David Duke dice que él no es un antisemita, y eso es suficiente para mí.

¿Estoy siendo irónico? Señoras y señores, soy incapaz de ironizar.

Sabemos cómo es un antisemita. Usa botas altas, una banda de brazo con esvástica, y grita Juden Raus; Jeremy Corbyn usa un chaleco de British Home Stores debajo de su camisa y habla suavemente. Los antisemitas acusan a los judíos de matar a Jesús; Corbyn es ateo y parece no importarle si lo hiciéramos o no. Si eso es porque Jesús era judío y matarlo significaba un judío menos en el mundo, no me corresponde a mí decirlo. Y - y - él no niega el Holocausto...

Eso sí, él conoce a un hombre que lo hace. De hecho, él conoce a una sorprendente cantidad de individuos que lo hacen. Y niega haber estado alguna vez en su compañía, hasta que aparezcan fotografías de él frotándose la nariz ante las tumbas de los asesinos, ofreciéndose a mostrarles sus sistemas de creencias si le muestran los suyos: "Dios mío, no los recuerdo".  No debería ser una sorpresa. No puede pasarse toda una vida en compañía de promotores de libelos de sangre y negadores del Holocausto y esperar recordarlos a todos por su nombre.

Si puedo citar la obra perdida de Oscar Wilde, "La autoimportancia de ser Jeremy", asociarse con un antisemita que uno no sabe que es antisemita, señor Corbyn, puede considerarse como una desgracia, pero asociarse con antisemitas con regularidad parece una predilección.

Miren, cuando pienso en los sinvergüenzas con los que me he juntado, sé lo fácil que es hacer que la gente se equivoque, incluso cuando van a encontrarse con ustedes usando capuchas y sosteniendo cruces ardiendo. Y Jeremy, ¿está bien si lo llamo Jeremy?, nunca ha sido exactamente lo que llamaríamos una persona observadora.

Tomen por ejemplo el mural que defendió, mostrando banqueros jugando al Monopoly sobre la espalda desnuda de los oprimidos del mundo. Usted y yo, damas y caballeros, miramos a esos banqueros y pudimos ver a esos financieros sionistas ávidos, codiciosos, de nariz ganchuda, sifilíticos, y los reconocimos al instante como salidos directamente del libro "Yo he espiado a los judíos" del nazi Julius Streicher. Pero tan inocente es Jeremy que no vio nada remotamente ofensivo en esa caricatura antisemita. "No lo miré de cerca", explicó más tarde. ¡Cuántas veces tiene que decirlo, por el amor de Dios! Podría haber estado allí en frente, pero no creyó que fuera antisemita.  No lo recuerda... No lo miró de cerca...

 Si esto les recuerda a aquellos que vivieron a sotavento de las chimeneas de Bergen Belsen, afirmando que nunca habían olido nada fuera de lo normal, les digo que son de naturaleza quisquillosa. Corbyn es un hombre ocupado. Los hombres ocupados deben tomar atajos emocionales. Hay una imagen de un judío chupasangre. Es idéntico a la imagen del judío chupasangre que ya llevo en mi cabeza.

¿Podría ser, me pregunto, algo así como un antisemita involuntario? Jeremy dice ser un pacificador. Un pacificador une a las partes en conflicto. ¿Por qué entonces solo le vemos llevar a los palestinos a tomar el té? ¿Podría ser que simplemente no puede recordar preguntarles a los israelíes? "Oh, maldición, he olvidado nuevamente invitar a los judíos".

A menos que perezca el pensamiento, después de todo él no quiere la paz, sino el triunfo de aquellos a los que llama camaradas y la destrucción de aquellos a los que no ama.

Según sus partidarios, Jeremy Corbyn no tiene un solo hueso racista en su cuerpo. Solo una pregunta, pero ¿qué es un hueso racista y cómo sabes si otras personas tienen alguno? Hay 64 huesos solo en el brazo humano. ¿Pueden estar absolutamente seguros de que Jeremy no siente ni la menor punzada de dolor en los huesos, en algún lugar entre la escápula y el húmero, cuando ve una figura alienígena como yo, que viene hacia él en Islington Green, llevando los discursos recogidos de Benjamin Disraeli y tarareando a Mi Yiddishe Mama?

¿Y qué vamos a hacer, hablando del inconsciente de Corbyn, de su incapacidad para rechazar el antisemitismo sin recordarnos su oposición de por vida a todas las formas de racismo? Que es como responder a la pregunta: "¿Abusas de las mujeres?" diciendo que no porque siempre compras The Big Issue (diario de la calle para desempleados y sin techo).

Porque el antisemitismo no es solamente una muestra de racismo. Está más cerca de una superstición: incrustado en la teología, envuelto en la irracionalidad medieval, actualizado para adaptarse a la economía de la izquierda, y exhumado cada vez que se busca una única explicación para todos los males del mundo. Hablar de antisemitismo como de racismo es una contradicción en los propios términos de Jeremy Corbyn, ya que a su juicio los judíos no son oprimidos ni explotados, sino que son, como usureros, colonialistas y conspiradores que son, la fuente misma y el origen mismo del racismo. Una vez que los judíos son racistas y el sionismo es un esfuerzo racista, ningún antisemita puede ser racista. Y cualquier definición que diga lo contrario debe ser modificada.

Esa es la psicología: ahora la ciencia. La vida política de Corbyn ha sido determinada por la Primera Ley de Inercia de Newton, esa que establece que un objeto en reposo permanecerá en reposo, para siempre, mientras nada lo empuje o tire de él. En física, algo que podría empujar o tirar de él es otro objeto en movimiento; en la política socialista es una visión contradictoria con la suya. Corbyn aparta su rostro cada vez que escucha la palabra judío, y pone los ojos en blanco cada vez que le hacen una pregunta, porque teme el caos, también conocido como un cambio de opinión, que podría derivarse de aceptar que hay otra forma de ver el mundo.

Pasaré los segundos que me quedan, y no me refiero a la vida, me refiero a este discurso, diciéndoles por qué les importa a todos, no solo a los judíos, que a un hombre tan rencoroso, santurrón y obstinado nunca se le puede permitir que haga a su país lo que ha estado haciendo a su partido.

Aquellos que veneran a Corbyn ven como una virtud que él nunca haya cambiado sus puntos de vista. Señores, solamente es una virtud mantenerse fiel a unos puntos de vista si vale la pena permanecer fiel a esos puntos de vista.

Persistir en una pequeña equivocación es la marca de un tonto. Persistir en una gran error es la marca de un tonto peligroso. La ideología a la que Corbyn ha sido fiel durante medio siglo ya había quedado obsoleta cuando cayó en sus manos. Supervisó la muerte de millones. Que las ideologías a las que se opone han mejorado no es un argumento para él. No tiene por qué amar a Occidente para rechazar los abrazos de aquellos cuya única ambición es destruir al Occidente... especialmente si quiere llamarse pacifista.

Esto debería haber sido un verano dorado para el laborismo británico. La pesadilla que es el Brexit, el infierno que es Jacob Rees-Mogg, la pantomima fuera de temporada que es Boris Johnson, de todos estos nos deberían haber librado los laboristas. Pero Corbyn hizo todo lo posible para que el Brexit se produjera con su débil falta de apoyo para el resto: "Estoy un siete, bueno..., un siete y medio por ciento a favor".

Este es un tipo para llevarnos a las barricadas. El hombre equivocado, damas y caballeros, el hombre equivocado en el momento equivocado y defendiendo las causas equivocadas.

No solo por nuestro bien sino por el suyo, ¿alguien tendrá piedad y lo devolverá al lugar del que vino?

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