Thursday, February 09, 2012

La crisis de Siria revela la hipocresía de los diputados árabes de Israel - Eliezer Yaari - Haaretz



Más de 300 personas fueron asesinadas en Siria por su propio gobierno durante el pasadol fin de semana, asesinadas por tanques, artillería y fuego de mortero. Sus casas fueron destruidas y cientos de cadáveres aún permanecen enterrados bajo las ruinas. Hay un largo rastro de sangre detrás de estos números, el parpadeo de las imágenes de niños pequeños que son lanzados desde las ventanas y el video tomado con un móvil de un hombre que va caminando, se escucha un disparo y ese hombre que cae al suelo.

Más de 300 personas. Esto ocurrió después de muchos días de cifras más modestas, de "sólo" 15, 35 o 58 muertos. Sucedió aquí, justo al otro lado de la frontera, a una hora en coche de Kiryat Shmona. Un fascista, un incontrolable gobernante produciendo una carnicería en su propio pueblo.

Ustedes pueden decirme, “bueno, ya lo sabíamos”, los comentaristas han estado repitiendo durante semanas que todo eso terminará en cualquier momento, que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ya ha sido convocado y... “¿ahora te das cuenta?”. Además, después de todo, este es un asunto interno en el cual los árabes se dedican a matarse entre si, así que... “¿de repente te han partido el corazón?”.

Ustedes pueden decir en definitiva de que se trata de un caso monstruoso que sólo nos demuestra que no se puede creer ni confiar en los árabes, que debemos continuar guardando silencio y dejando en el olvido cualquier posibilidad de que alguna vez lleguemos a un acuerdo con ellos en esta región, uno que se base en la comprensión, la cooperación y, por supuesto, las concesiones (¿mutuas?).

Durante semanas, he estado escribiendo acerca de esto y tratando de llamar la atención de las organizaciones de derechos humanos. He dedicado los mejores años de mi vida y todo mi energía en crearlas y apoyarlas, creyendo que no se pueden dividir los derechos humanos: no se puede discriminar a una mujer dando a luz porque sea árabe, no se puede discriminar a un alumno de Etiopía porque es negro, y no podemos encubrir actos despreciables, tiránicos, incluso si tienen lugar cerca de las tumbas de nuestros patriarcas.

Los estados no pueden permanecer en silencio ante el genocidio, por no hablar de los grupos de derechos humanos. Pero las respuestas que recibí fueron vagos murmullos: "Es el trabajo de Amnistía Internacional", o "Mira, el mundo ya está respondiendo, somos parte del mundo". Sin embargo, debemos prestar atención a lo que está sucediendo aquí a nuestro lado, ese es nuestro trabajo.

En la comunidad en la que he trabajado desde la década de 1990 hay muchas organizaciones árabes, y en las últimas semanas he estado llamándolas. Se ha estimado que cerca de 10.000 personas ya han sido asesinadas en Siria, así que les pregunté que cómo después de ver esas largas filas de cadáveres, durante todos estos meses no ha habido una sola manifestación árabe israelí en contra de esa masacre. Algo así como las manifestaciones del Día de la Tierra, o la conmemoración de la masacre de 1956 en Kafr Qasem.

Olvídense de los grupos de derechos humanos judíos, les dije - algunos tendrán que rendir cuentas algún día -, pero esta semana se cumplen 10 meses de un genocidio que está ocurriendo en un país árabe, y cientos fueron asesinados y miles heridos el pasado domingo. Las noticias aparecieron durante la mañana del sábado y el tiempo era bueno, todo el mundo, la propia gente, podía haber organizado manifestaciones espontáneas. ¿Pero que hay de ustedes? !Allí tienen amigos y familiares!

Durante todos estos años, los diputados árabes israelíes han viajado hasta allí buscando el favor del gobernante sirio, ese que ahora está masacrando a su propio pueblo. Esos diputados se sentaron al lado de este líder sangriento, absorbiendo cada palabra que decía, y después de todo esto, no hay una sola voz entre todos ellos que diga: "el derramamiento de sangre ya es suficiente".

Tal vez alguno de ellos ya ha está protestando y yo no lo he escuchado. Eso es posible. Yo no leo los periódicos árabes. Pero esto no pretende ser un debate interno que deba llevarse a puerta cerrada, todo el pueblo de Israel debe formar parte de él.

Sé que no es fácil para la minoría árabe de Israel hablar en contra de alguien del mundo árabe, pero hay un límite. ¿Trescientos muertos, miles de heridos, y no hay ninguna manifestación organizada en la plaza central de Nazaret o Shfaram (ciudades árabes israelíes)?

¿Es realmente la sangre árabe tan barata?

Me acuerdo de Octubre del 2000, cuando 13 ciudadanos árabes israelíes fueron muertos a tiros por las fuerzas de seguridad. El país entero se estremeció con las manifestaciones en Galilea y en Wadi Ara, había tiendas de campaña donde se fomentaba el diálogo, y la comisión de investigación, emitió condenas y encendidos discursos.

Y aquí estamos ahora, en los días de una "primavera" que se han convertido en un “terrible invierno“, y todo lo que escucho al diputado árabe israelí más popular en la sociedad judía, el Dr. Ahmed Tibi, es subir a la tribuna pública para leer, con inusitado fervor, un folletín alrededor de una diputada supuestamente fascista del partido Yisrael Beiteinu. ¡Qué valiente! ¡Cuanta fuerza moral!

Él sabe perfectamente que esa es una cháchara y una mera distracción, porque hoy mismo otro centenar de sirios fueron asesinados, y no a manos de malvados judíos, sino de gente de su propio pueblo. Pero no hay ninguna protesta. Ni ese diputado ni nadie dentro del liderazgo civil árabe israelí subirá al podio para añadir su voz a la demanda mundial de que se detenga la matanza.

No hay cantantes árabes que protesten, ni periodistas árabes que se lamenten, y los políticos árabes israelíes seguirán siendo entrevistados en los programas de entrevistas. En el fondo, tal vez, haya vergüenza, dolor y resignación. Tal vez. Pero todo lo que escuchamos por parte de ellos es el silencio, un silencio enorme y oscuro que permite que la sangre siria sea derramada, porque en los asuntos internos de un asesino como Bashar al-Assad está prohibido intervenir.

Es un silencio que se tendrá mucho eco durante muchos años en adelante.

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Creer (en Dios) no es el problema - Yair Sheleg - Haaretz


Jóvenes checos estudiando bajo la dirección de Issidor Weiss en una Bet Talmud - Margare Bourke-White

La indignación se ha desatado con el reciente estudio del Centro Guttman sobre las actitudes de los israelíes hacia la religión y la tradición.

En particular, la constatación de que el 84% de los israelíes judíos creen en Dios ha atraído una atención especial. Parece que muchas personas consideran que este hallazgo resulta ser un testimonio desesperado con respecto a la incapacidad de los israelíes de mantener una política racional y/o una visión del mundo democrática.

Pero es precisamente esta reacción la que pone en peligro el futuro del discurso democrático y racional, incluso en Israel, mucho más que una creencia real en Dios. Esto lo sabe cualquier persona que se base en una perspectiva racional y no sólo filosófica, y que a la vez observe la realidad humana con los ojos abiertos, pues de inmediato comprenderá que en ese 84% no se expresa una dedicación plena a cualquier doctrina teológica regulada. Al contrario, está expresando la necesidad psicológica de la creencia.

Esta es una necesidad que se inició en los albores de la humanidad, cuando el hombre comenzó a reconocer el poder de las fuerzas sobre las cuales no tenía control y el potencial caos que desencadenaban. Desde ese momento, el hombre comenzó a creer en un poder supremo, y desarrolló el deseo de creer que hay un orden detrás del caos. Es más, el hombre desarrolló el deseo especial de “creer que está dentro de la capacidad humana el influir en los poderes supremos a través de sus obras”.

En este sentido, la era secular de los últimos 250 años no es más que un episodio relativamente breve en la historia de la humanidad, e incluso durante este período no ha habido una plena exclusividad secular. Así pues resulta natural ese 84%, puesto que la creencia es casi una parte de la naturaleza del hombre, no de su naturaleza biológica, pero sin duda lo es de su naturaleza psicológica.

Por lo tanto, la pregunta clave no es si hay que creer en Dios, sino más bien cuál es la naturaleza de Dios: ¿Él es inclusivo e integrador, es misericordioso y compasivo, llevando a toda la humanidad que creó "a su imagen" bajo su manto protector? ¿O es por el contrario un Dios exclusivista, celoso y vengativo, que exige de sus creyentes que luchan contra cualquier persona que sea diferente de ellos o de la cual se percibe que no cumple con sus mandamientos?

La realidad histórica también nos enseña sobre la complejidad de la relación entre la fe y el humanismo: José Stalin era un ateo declarado, mientras que Martin Luther King creía en Dios con todo su ser.

De hecho, en el judaísmo, como en otras religiones, ambas opciones existen con toda su fuerza. Su elección, y la consiguiente responsabilidad por sus resultados, están en manos de los creyentes. Por lo tanto, el hallazgo verdaderamente preocupante en el estudio no es la aparente creencia en Dios, sino más bien la relación inversa demostrada (no por primera vez, por supuesto) entre esta creencia y la creencia en los valores democráticos: aquellos que se identifican con la visión del mundo que supone la más estricta creencia, se identifican menos con los valores democráticos, y viceversa.

Esta situación se deriva de la percepción de la identidad religiosa dentro de un contexto negativo o restrictivo, es decir, como una colección de reglas, prohibiciones y restricciones destinadas a diferenciar al judío de su entorno - en primer lugar de los no judíos a su alrededor -, y también de los entornos no religiosos. En cualquier caso, cualquier persona que quiera cambiar la relación negativa entre la identificación de los valores religiosos y los valores humanistas no debe definir la identidad religiosa sobre la base de un conjunto de restricciones o prohibiciones, sino más bien sobre el objetivo positivo al que aspira el judaísmo. ¿Qué clase de mundo queremos lograr?

Una vez logrado esto, dos cosas nos serán reveladas. Una de ellas es que cuando hablamos con el lenguaje de las metas positivas, el judaísmo, por su propia naturaleza. se hace más incluyente. La otra es que, en realidad, cuando el objetivo básico de la religión se define de una manera positiva, se hace evidente que la relación con los objetivos del "Otro" (la persona secular, el no judío y similares) no es necesariamente un juego de suma cero (el ganador se queda con todo) que invita a la lucha, sino que representa un gran espacio que debe ser al menos neutral si no se comparte.

Es como la famosa fábula de la naranja codiciada. Dos antagonistas participan en una sangrienta lucha por una naranja, hasta que finalmente se hace evidente que uno solamente necesita la cáscara mientras que el otro necesita los gajos. Para ello, sería mucho mejor que la persona secular no se definiera a sí mismo en unos términos que hagan evidente su decisión de negar la religión, sino preferiblemente en términos que pongan de manifiesto sus propios valores positivos.

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Wednesday, February 08, 2012

Europa apaciguadora mon amour







El artículo del Daily Mail

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El Global, Ilan Pappe y el affaire Tantura: el mentiroso como héroe - Benny Morris - New Republic



(Se veía venir, demasiadas malas noticias procedentes de las "revoluciones árabes", por lo tanto se hacía necesario para el Global sacar el típico artículo compensatorio que, sin venir a cuento, tratara de denigrar a Israel. Un artículo que se ocupa de un affaire académico desencadenado en 1998 y que versaba sobre una supuesto matanza ocurrida 50 años antes, en 1948.

Y para ello que mejor que dar la palabra a su 'historiador y profeta' preferido por esos pagos, Ilan Pappe, el mismo que no hace mucho tiempo, y con relación a las "revoluciones árabes", aventuraba:
Lo único que está en riesgo ahora es la pretensión de Israel de ser un islote occidental estable y civilizado rodeado por un mar de fanáticos islamistas. Lo verdaderamente 'malo' para Israel es que la cartografía siga siendo la misma pero la geografía cambie, que siga siendo un islote, un islote de bárbaros y fanáticos rodeado por un mar de nuevos Estados (árabes) igualitarios y democráticos.

(..)

Y, sí, después de todo, puede que a medio plazo estas buenas noticias no lo sean tanto para los judíos de Israel. Estar rodeados por pueblos (árabes) que dan la bienvenida a la libertad, la justicia social y espiritual, cuyos barcos surcarán las aguas, unas veces del mar en calma, otras de mar gruesa, de la tradición y la modernidad, el capitalismo agresivo y la supervivencia cotidiana, no será fácil.
Y me da la impresión que es mejor profeta que historiador. Pero es mejor dejar la palabra a Benny Morris en un extracto de su demoledora reseña del personaje Pappe en New Republic - el artículo, de Marzo del 2011, ahora mismo necesita suscripción, pero pueden existir copias en la red -)

Ilan Pappe ha optado por hablar del sueño sionista, o, como él lo prefiere, por la pesadilla sionista. Hace unos cuantos años se trasladó desde la Universidad de Haifa, donde era catedrático en el departamento de Ciencias Políticas, a la Universidad de Exeter en Gran Bretaña. En su libro “Fuera del marco (establecido o ajeno al establishment)" (Out of the Frame: The Struggle for Academic Freedom in Israel) nos da la explicación de por qué eligió el exilio. El título alude a alguien aparentemente fuera de lugar, la autobiografía de su difunto amigo Edward Said. Pero el libro de Pappé, al tiempo que ofrece algunos pequeños detalles autobiográficos, es realmente un cargo político contra el sionismo, un libro polémico no unas memorias.

Pappe nos dice que creció en una familia judía alemana trasplantada a la ciudad portuaria israelí de Haifa, donde nació en 1954. Cuando era joven era un sionista, pasando por las estaciones de rutina de la escuela secundaria, el ejército y los estudios de pregrado en Israel. (Incluso menciona su servicio militar en los Altos del Golán durante la guerra de 1973, que al parecer sigue siendo un motivo de orgullo). Su deslizamiento hacia convertirse en un militante antisionista comenzó, nos recuerda, en 1982, en el Sant Anthony College de Oxford, donde fue supervisado en sus estudios de doctorado por Albert Hourani, un historiador anglo-libanés que en una vida anterior (1945-1947) había servido como portavoz de Hajj Amin al-Husayni y de la causa palestina. Hourani se convirtió en un importante historiador del Oriente Medio y en el autor del aclamado y elegante libro “Una historia de los pueblos árabes”.

Cualquiera que fuera la influencia de Hourani sobre él, Pappe ofrece otra explicación para su desencanto. Tiene un agravio personal. En 1982, le echaron de Paz Ahora, de la que afirma que era su representante en el Reino Unido, porque había discutido con un representante de la OLP en la Cámara de los Comunes. (Él no nos dice de qué lado estaba). Se le requirió también por parte de la Embajada de Israel hablar en una manifestación pro-israelí que se iba a celebrar en el norte de Gran Bretaña poco después de la invasión israelí del sur del Líbano. Él nos informa que declinó la invitación, no sólo por un sentimiento anti-israelí, sino también porque unos días antes el embajador anterior de Israel en Londres, Shlomo Argov, había sido asesinado por militantes árabes, y a Pappe le molestó que la embajada le enviara en una misión de "buena voluntad hacia el sacrificio", tal vez por terroristas árabes. La suposición de que era muy peligroso en esos días hablar públicamente en nombre de Israel, como si los árabes mataran regularmente a tiros a los oradores, no tiene mucho sentido.

Armado con un doctorado en historia moderna del Oriente Medio, Pappe regresó a Israel e inmediatamente aterrizó en un puesto académico. Su prosa, en este punto del libro, se vuelve más opaca y enrevesada, y por buenas razones: su deseo es proyectar una imagen de sí mismo en la década de 1980 de “joven rebelde embarcado en una cruzada muy crítica de Israel y del sionismo”, y luchando valientemente contra una roca, el establishment israelí, incluyendo su sistema académico. Las universidades de Israel, según él, estaban entonces (y hoy) gobernadas por una ortodoxia sionista incansable y dogmática.

Sin embargo, la Universidad de Haifa le concedió en 1984 un puesto codiciado, y en definitiva le proporcionó la tenencia. Pappe escribe: "El logro de la tenencia es un proceso doloroso para la mayoría de jóvenes universitarios en Israel, por eso fue doblemente difícil para mí, dada mis opiniones, que ya eran bastante conocidas. Y, sin embargo, como he señalado, mis posiciones no se cristalizaron de tal manera que constituyeran una amenaza para el sistema, y me pasó por encima de los obstáculos con éxito. Y añade, un poco contradictoriamente, que su "mayor radicalismo dentro de la universidad era su afirmación del pluralismo, lo que le permitió hacer alarde de su apertura al mundo en general”. Así pues mantuvo una parte de su radicalismo en secreto con el fin de obtener la tenencia y utilizó la otra parte descaradamente con el fin de conseguirla. Hagan su elección.

La verdad es más prosaica. Aunque Pappe, como ciudadano, era un seguidor evidente de las políticas radicales, aún operaba dentro del campo sionista en la medida en que el Partido Comunista de Israel, al que pertenecía, postulaba la existencia del Estado judío en el marco de una solución de dos Estados, en consonancia con la posición de Moscú. Al mismo tiempo, la producción académica de Pappe fue inofensiva en extremo. El afirma ahora que en su primer libro, “Gran Bretaña y el conflicto árabe-israelí, 1948-1951”, que apareció en 1988, comentaba que "Gran Bretaña jugó un papel importante al permitir que el movimiento sionista fundara un estado en Palestina a través de la limpieza étnica de los indígenas palestinos”. Esta es una tergiversación. El libro se ocupa de la política británica y, más concretamente, de las relaciones británico-jordanas, un tema que fue tratado con mucha más trascendencia y perspicacia, y en un elegante inglés, por Avi Shlaim, en su libro “Al otro lado del Jordán: el rey Abdullah, el movimiento sionista, y la partición de Palestina”, y no decía nada en absoluto acerca de lo que hoy Pappe denomina la "limpieza étnica de Palestina".

En ese pasaje Pappe reivindica lo que considera como los primeros laureles antisionistas, a los que no tiene ningún derecho. En ninguna parte de ese primer libro hay una mención de una "depuración étnica" o de cualquiera de sus equivalentes. De hecho, y curiosamente, Pappe dedica menos de una página de “Gran Bretaña y el conflicto árabe-israelí” a una subsección titulada "La responsabilidad en la creación del problema de los refugiados", donde afirmaba de una manera débil y neutral que los británicos tenían dos puntos de vista sobre el tema: en el éxodo en los casos de Haifa, Jaffa y Jerusalén, "los judíos no fueron los únicos que tuvieron la culpa, y fue el Comité Ad Hoc árabe el más responsable del fomento del éxodo". En ninguna parte el más joven y honesto Pappe de la década de 1980 carga la “expulsión de los árabes de Palestina” a los judíos.

Más bien, afirma contundentemente que "los israelíes estaban preparadas [en 1949] para admitir una responsabilidad conjunta con los países árabes del problema de los refugiados, haciendo un gesto y ofertando repatriar a algunos de los refugiados". Dos décadas más tarde, por otra parte, ambas partes parecían a aceptar el status quo con respecto a los refugiados : "Los israelíes... esperaban que los estados árabes reasentaran a los refugiados [en su territorio], y… los estados árabes... decidieron aprovechar las condiciones en los campamentos de refugiados como una carta política contra Israel".

El Pappe de hoy en día no permitiría que tales verdades escandalosas salieran de sus labios.

Su obra “Gran Bretaña y el conflicto árabe-israelí” era lo suficientemente suave y vacilante (aunque, como el libro de Shlaim, postulaba una alianza británico-israelí-jordana en 1948) como para permitir que Pappe obtuviera cierta posición dentro de una universidad de Israel, allí donde la ortodoxia sionista aún seguía siendo la norma y una condición sine qua non para la obtención de una cátedra. El libro “no hizo olas” (no tuvo repercusión), no fue leído por casi nadie, ni molestó a nadie. Pappe, más o menos, lo admite cuando comenta - en su particular “honesta manera” venida a menos - que el libro fue redactado como una tesis doctoral, un hecho que de algún modo disfraza las críticas más fuertes, para luego afirmar que su publicación "provocó cartas de odio y amenazas de muerte", otra reivindicación diseñada para mejorar su autorretrato como un joven rebelde, algo que me parece muy difícil de creer.

En suma, Pappe es un farsante retroactivo, y tardíamente, ya en la década de 1990 y después de obtener su cargo universitario, cambia de dirección y se embarca en un radicalismo completo, tanto político como historiográfico. Para entonces, ya estaba defendiendo la eliminación de Israel y el establecimiento en el territorio del Mandato Británico de Palestina de un único Estado de judíos y árabes. Lo cual implicaría que habría una mayoría árabe y, en caso de ser democrático, sería regido por la población árabe para así tener la seguridad de un retorno masivo de los refugiados palestinos, algo por lo que aboga Pappe. Uno de sus libros está dedicado a sus dos hijos, a quienes desea que puedan vivir en una mejor "Palestina". En “Fuera del marco”, Pappe define el sionismo como "una filosofía malvada y racista, tanto a nivel moral como vital". El lenguaje es tan virulento como el de Hamas, o algo peor.

Durante la década de 1990 y principios de 2000, y a pesar de su encanto y de su carisma como profesor, Pappe logró alienarse a la mayor parte del establishment de la Universidad de Haifa, negándosele durante años la promoción a pesar de una lista efusiva de publicaciones. Su obra puede ser de mala calidad y se ha vuelto más chapucera con los años, además de ser abiertamente propagandística, pero la negación de su promoción fue el resultado probablemente de su alienación política y de, algo inusual por su parte, su falta de empatía. Menciona Pappe al “estatismo”, pero la verdad sea dicha, esto no es lo que empujó a los anti-Pappe a acusarle de falta de empatía. Lo que motivó la antipatía de sus colegas de Haifa fue que durante la Segunda Intifada del 2000-2004, cuando Israel estaba prácticamente en guerra con los palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza, mientras los autobuses, mercados y restaurantes de Tel Aviv, Jerusalén, Haifa y demás ciudades israelíes estaban siendo atacados casi todos los días por los terroristas suicidas, Pappe promovió públicamente un boicot internacional de las universidades de Israel, incluso a la suya propia. En nombre de los "palestinos asediados”, Pappe pidió a las instituciones académicas occidentales que paralizaran los proyectos conjuntos y cortaran los fondos de investigación, además de dejar de contactar y cooperar con los académicos israelíes, inclusive rechazando los trabajos de los académicos israelíes en revistas y editoriales universitarias. (La paradoja de todo esto resulta evidente: los académicos de Israel, que han estado durante décadas a la vanguardia de la crítica de las políticas de Israel en los territorios ocupados y hacia los árabes israelíes, eran las personas que Pappe quería castigar).

Pappe prefiere explicar de manera algo diferente por qué muchos de sus colegas llegaron a detestarle. Él alega que se debe sobre todo al "affaire Tantura", sobre el que volveremos un poco más adelante, y no su defensa del boicot lo que le provocó tantos enemigos. El objetivo de Pappe es pintar las universidades de Israel como unos bastiones de la rigidez ideológica y del macartismo sionista, y presentarse a él mismo como su víctima: un defensor de la libertad académica crucificado por una rígida doctrina ideológica e historiográfica. Esta es una burda tergiversación de la realidad. Es cierto que desde la década de 1950 hasta la década de 1970, y tal vez incluso durante buena parte de la década de 1980, las universidades de Israel fueron, en lo referente a las humanidades y las ciencias sociales, y en todo lo referente a la historia de Israel y del sionismo, unos bastiones del dogmatismo y del conformismo. Pero esta caracterización es tremendamente errónea y falsa cuando se habla de las universidades israelíes desde la década de 1990.

Desde la década de 1950 hasta la década de 1970, las universidades y facultades de Humanidades, y en menor grado las facultades de Ciencias Sociales, mantenían fuera o marginado el sentimiento antisionista y la disidencia. El sionismo, representado por la corriente sionista laborista, gobernó como si fuera el marco necesario para la comprensión de las realidades del Oriente Medio, especialmente el conflicto con los palestinos y el mundo árabe circundante. De hecho, el conflicto simplemente se había omitido del plan de estudios. Esto fue impulsado en parte por un fenómeno no político: prevalecía la visión germánica de que "la actualidad" no era digna de un tratamiento académico. No obstante, la presión ideológica del sionismo laborista fue tal que, en los años 1950 y 1960, incluso los historiadores sionistas fuera del ámbito laborista (sionistas revisionistas o de derechas), como por ejemplo Benzion Netanyahu, se les negó su reconocimiento (Netanyahu terminó en Cornell, Estados Unidos, donde se convirtió en un destacado historiador de la Inquisición española).

Pero las cosas cambiaron totalmente a comienzos de la década de 1990, en parte debido al impacto de las obras de los "nuevos historiadores" (y de los "sociólogos críticos", que ganaron un punto de apoyo, o bastante más que un punto de apoyo, en las facultades de ciencias sociales de Israel, e inclusive antes). Aún más importante, probablemente, fue la integración de la universidad israelí en la vida universitaria intelectualmente abierta de Occidente. En la década del 2000, los departamentos de Ciencias Políticas, Sociología, Literatura hebrea y de estudios culturales de algunas universidades israelíes se habían (y han) convertido en baluartes del antisionismo, allí donde los sionistas confesos apenas alcanzan algún punto de apoyo, salvo quizás en la búsqueda de la paz. Y los departamentos de Historia y de estudios del Oriente Medio, también estaban (y están) lejos de ser unos reductos del sionismo. En la universidad israelí actual se puede encontrar toda la gama política: desde los sionistas declarados, los críticos de las políticas israelíes, los críticos de la judeidad de Israel y de la existencia de Israel, además de un puñado de defensores del boicot anti-Israel.

Pero Pappe prefiere retratar su alejamiento de Haifa como enraizado en su valiente disidencia, en su lucha contra el sionismo y el macartismo. En “Fuera del marco” esta presentación llega a su punto máximo con el “affaire Tantura”. En marzo de 1998, un estudiante de la Universidad de Haifa llamado Teddy Katz presentó 211 páginas de una tesis de maestría titulada "El éxodo de los árabes de las aldeas del sur de Monte Carmel en 1948". Se trataba específicamente del destino de dos pueblos, Umm al- Zinat, en el Carmel, y Tantura, en la costa mediterránea y al sur de Haifa. El foco principal estaba en Tantura. Allí, sostenía Katz, un kibutzkim de mediana edad y un activista por la paz, el batallón 33 de la Brigada Alexandroni de la Haganá - la principal milicia judía que en la primavera de 1948 se transformó en las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) - durante la mañana del 23 de mayo de 1948 masacró a cerca de 250 aldeanos desarmados después de conquistar la aldea la noche anterior. Katz describió una masacre sistemática al estilo nazi donde grupos de jóvenes dispararon y arrojaron a las fosas excavadas a los árabes, mientras que en la aldea las mujeres y los niños se sentaron en una playa a pocos metros de distancia.

Katz había sido supervisado por un historiador de la Universidad de Haifa llamado Kais Firro, y había sido alentado en su investigación por Pappe, quien se desempeñó como su guía espiritual. El estudiante había basado su tesis en extensas entrevistas con refugiados de Tantura que vivían en Cisjordania y en Israel, y con los veteranos de la Brigada Alexandroni. Él no había trabajado en los archivos de la Haganah o del IDF, y la masacre descrita en su tesis no se basaba en ninguna documentación israelí, británica o árabe. No obstante, la tesis fue galardonada con un 97 sobre 100 por Kais Firro, un historiador de los drusos, y por otros dos profesores, uno experto en el dominio otomano y el otro un científico social, pero ninguno de ellos expertos en la guerra de 1948, por lo que en junio de 2000 Katz fue galardonado con una título de maestría "con distinción". Pero para entonces el problema ya había comenzado. En enero del 2000, el diario israelí Maariv publicó un largo artículo en su revista basado en la tesis de Katz y en las entrevistas con algunos de los entrevistados por Katz que apoyaron la alegación de masacre. Los veteranos de Alexandroni se quejaron, y al mes siguiente el Maariv publicó un segundo artículo firmado por los veteranos donde negaban la acusación de masacre. En ambos artículos los veteranos negaron que la masacre se hubiera producido tal como Katz y algunos de sus entrevistados árabes la habían relatado (aunque algunos insinuaron que tuvieron lugar algunos "hechos oscuros").

Mientras tanto, los veteranos de la brigada Alexandroni contrataron a un abogado (un izquierdista que había representado a Paz Ahora en varios casos) y demandaron a Katz por difamación. Cotejando las entrevistas grabadas por Katz y su tesis, el abogado de los brigadistas, Giora Erdinast, descubrió una serie de distorsiones, discrepancias e invenciones. Cuando se presentó ante el tribunal con estos hallazgos, Katz se resquebrajó, algunos dijeron que sufrió un ataque de nervios o una caída de tensión, y accedió a retractarse: "No quise decir que había existido una masacre en Tantura… Hoy afirmaría que no hubo una masacre en Tantura". Esta declaración fue aceptada por el tribunal así como por sus demandantes, y Katz recibió la orden de publicar su retractación. Pero él nunca lo hizo (la retractación fue publicada finalmente por los propios veteranos de la brigada Alexandroni). En su lugar, se retractó de su retractación y apeló a la Corte Suprema de Israel. Sin embargo, el alto tribunal confirmó la decisión del tribunal inferior.

Paralelamente a este proceso, y bajo la presión de varios profesores, la Universidad de Haifa estableció un comité para revisar la tesis y las pruebas de Katz. Este comité también descubrió las distorsiones y las discrepancias. En su tesis Katz había "citado" pasajes que no aparecen en las cintas de la entrevista. La universidad anuló la tesis, pero permitió que Katz presentara una versión revisada. En septiembre de 2002, Katz volvió a presentar su tesis, ahora ampliada a 568 páginas. Una vez más, e inexplicablemente, fue supervisada por Firro. Corrigió las citas erróneas, pero no hubo arrepentimiento: las tropas de la brigada Alexandroni, se decía aún, habían masacrado a decenas, quizás a cientos, en Tantura el 23 de mayo de 1948.

La universidad nombró una comisión de cinco examinadores. Pero de nuevo se echó a perder el asunto. Dos de ellos no eran claramente expertos en los sucesos de 1948, y dos de los otros tres habían publicado unos pocos años antes (junto con un tercer historiador) un libro apologético de compensación al IDF por una masacre sucedida en Lydda durante la guerra de 1948. Tres de los examinadores dieron a la tesis menos de un 75 sobre 100 en su defecto. Las autoridades universitarias a continuación, comprometidas nuevamente, otorgaron a Katz una maestría pero "no de investigación", lo que le impedía optar a un doctorado dentro de dicho recinto.

En las dos versiones de su tesis, Katz había producido un trabajo académico precario. Pero esto no significaba que no hubiera existido alguna masacre en Tantura. Me decidí a estudiar el asunto yo mismo a partir de los archivos. Me encontré con que no existían evidencias en la documentación que demostraran que había existido una masacre del nivel sugerido o sistemática en Tantura. Y esto es extraño, en verdad único, en el caso de hubiera existido una masacre, como en todas las otras masacres de árabes que ocurrieron en 1948, siempre hubo algún tipo de escrito, una prueba documental que la corroborara, un informe del IDF o británico o estadounidense, un cable de las Naciones Unidas, una transmisión radiofónica árabe que la mencionara. Sobre algunas de las más conocidas masacres, como Deir Yassin, en abril de 1948, o Dawayima y Eilaboun en octubre de 1948, hay múltiples y detallados informes disponibles en Israel, Gran Bretaña y en la documentación de las Naciones Unidas.

En cuanto a Tantura, no hay inclusive evidencias escritas de que existieran atrocidades a pequeña escala durante y, tal vez, después de la conquista del pueblo, incluyendo los disparos contra un puñado de francotiradores árabes capturados. Y un documento del IDF, a partir de junio de 1948, habla oblicuamente de un acto de "sabotaje" en el pueblo, sin mayor explicación. Sin embargo, ningún otro documento, ni siquiera oblicuamente, alude a una "masacre". No hay una sola prueba escrita que haga valer la existencia de una masacre a gran escala (y quiero resaltar que esas 250 personas supuestamente asesinadas habrían supuesto la mayor masacre ocurrida durante toda la guerra de 1948). Hay informes de inteligencia israelíes acerca de transmisiones de radio árabes, a partir de junio de 1948, alegando que las mujeres refugiadas de Tantura que habían llegado a la Ribera Occidental habían informado de casos de violación, robo e incendio. Pero ninguna menciona una masacre. Por otra parte, unos testimonios orales cuarenta y hasta cincuenta años después de un suceso, en este caso una masacre o la negación de una masacre, en un conflicto que aún está en activo y en el que la propaganda sigue desempeñando un papel importante, no necesariamente deberían ser tomados como creíbles y no pueden constituir la base de una reconstrucción fiable de los acontecimientos. En mi opinión, un gran signo de interrogación se cierne sobre lo que ocurrió en Tantura.

(En su libro “Fuera de la trama”, Pappe se basa en la masacre de Dawayima con el fin de reforzar su defensa del valor de la historia oral, "donde Benny Morris, un ardiente positivista y empirista..., y a regañadientes, tuvo que basarse en las entrevistas [por falta de] la documentación”. Esto es una mentira. No entrevisté a nadie sobre el asunto de Dawayima. Si Pappe hubiera mirado las notas de mi “El nacimiento del problema de los refugiados 1947-1949” (1988) y “El nacimiento del problema palestino de los refugiados revisitado” (2004), habría descubierto que hay un puñado de documentos israelíes, británicos y de las Naciones Unidas que dan detalles sobre la masacre de Dawayima, o al menos donde se alega que una tuvo lugar allí. Yo no hice mención de ninguna entrevista. Pero Pappe no mira las notas, los documentos o los archivos, "él ya sabe de antemano lo que sucedió").

En mi propia investigación sobre lo que sucedió en Tantura también entrevisté a los participantes de ambos lados y me encontré con opiniones igualmente persuasivas y convincentes. Ninguna permitía suponer que hubiera existido una masacre a gran escala, pero algunas sí reforzaban el puñado de pruebas documentales que dejaban entrever pequeñas atrocidades. Pappe, implícitamente, reconoce la debilidad inevitable de los testimonios orales acerca de algo controvertido que sucedió varias décadas atrás y en el marco de un conflicto que aún está en curso, y así lo afirma durante un momento en su libro “Fuera del marco”, donde asegura que "también hay un documento palestino, una lengua que está lejos de ser vaga o ambigua. Aparece en las memorias de un notable de Haifa, Muhammad Nimr al-Khatib. Pocos días después de la batalla grabó el testimonio de un palestino que hablaba de la ejecución sumaria de decenas de palestinos [en Tantura]".

El problema con este pasaje es que contiene una serie de falsedades. Ningún documento "aparece" o se cita en el libro de memorias de Al-Khatib. Se puede considerar el propio libro de memorias - “Consecuencias de la Naqbah” – como un documento, pero eso no es lo que dice Pappe. En cualquier caso, esas memorias se publicaron en Damasco, al parecer, en la década de 1950 (no tiene fecha), y fue escrito por un clérigo y político de la Hermandad musulmana de Haifa, el cual estaba residiendo en Beirut tras trasladarse allí para recibir tratamiento médico y convalecer de una graves heridas sufridas en Haifa en enero de 1948, cuatro meses antes de lo acontecido en Tantura. A partir de entonces vivió como exiliado en el Líbano. No hay evidencias de que nunca regresara a Palestina, y resulta muy poco probable que volviera. No está claro si él se inventó su propia historia de Tantura, o la retuvo sobre la base de rumores o datos que escuchó de algún refugiado de Tantura (que también pudo haberse inventado la historia o hablar de lo que él había oído a su vez, ya que en 1948 el mundo árabe estaba plagado de rumores e inventos sobre masacres judías que nunca habían ocurrido). Las memorias no nos dicen cuando, en todo caso, se encontró con el testimonio de Tantura. Las memorias de Al-Khatib están llenas de falsedades en una gran variedad de temas, por lo que no pueden considerarse como un “documento confiable” sobre cualquier cosa (aunque contiene coloridas descripciones, en parte exactas, de la huida masiva de los árabes de Haifa en abril de 1948, las cuales al-Khatib probablemente escuchó de parte de amigos y familiares que llegaron a Beirut). Bien pudo haber servido como el origen de la historia de la masacre de Tantura que resurgió en la década de 1990.

PD.  En "Observations sur la mémoire historique en Israël", en la revista francesa Cites, el historiador Ilan Greilsammer apuntaba otras perspectivas al affaire:

Sin embargo, las últimas revelaciones informan que el señor Katz, para su defensa en el juicio por difamación, había solicitado al ex ministro de la OLP en Jerusalén, Faisal Husseini, que le proporcionara fondos. El Sr. Katz ha confirmado personalmente que había solicitado y recibido de Faisal Husseini unos 18 000$ para cubrir sus gastos legales, porque afirmó no tener otra manera de financiar su defensa. Según Katz, le propuso a Husseini que financiara sus gastos legales porque "pensaba que iba a estar interesado. Le expliqué a Faisal Husseini que la Universidad estaba aterrorizada con mi investigación, y que se pronunciaba especialmente en contra. Él respondió favorablemente a mi solicitud (...). Recibí el dinero en mano, en líquido" (Yediot Aharonot, 01 de septiembre 2002). 
Es sorprendente que el investigador haya considerado cuenta esa financiación como "legítima". El caso de Tantura era, por supuesto, un regalo del cielo para la propaganda palestina. Para citar las propias palabras del investigador: “Mi solicitud de asistencia era legítima y estaba destinada a permitir la revelación de una verdad histórica sobre la Guerra de la Independencia" (sic). Del mismo modo, el investigador Ilan Pappe encontró plenamente justificada la solicitud de financiación dirigida a Faisal Husseini: "En la Autoridad Palestina, es obvio, existe mucho interés en el trabajo de Katz, y quieren que se traduzca a varios idiomas. La solicitud de financiación les fue remitida después de la presentación de la investigación, y ésta no se había realizado bajo sus auspicios. Pero no existe ninguna investigación en el mundo que no sea de utilidad para alguien...". 
Es obvio que hay límites éticos que no se deben sobrepasar, y es probable que el "investigador del affaire Tantura" los haya superado. Imaginen que se diría si un sociólogo de la Universidad palestina de Bir Zeit realizando una investigación sobre los terroristas suicidas de Hamas, y demandado por ello ante los tribunales de la Autoridad Palestina, solicitara a... Ariel Sharon que le financiara su defensa. El affaire Tantura ilustra algunos de los abusos que se han cometido durante la investigación sobre la Guerra de la Independencia.
Por último, un post adicional previo sobre Pappe y los boicot.

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Sunday, February 05, 2012

Los profetas sabateanos - Matt Goldish – Prólogo del libro del mismo título



En la primavera de 1665, el Rabbí Nathan Ashkenazi de Gaza, ya por entonces un famoso místico a la edad de veintidós años, realizó un anuncio sorprendente: había conocido a través de una visión profética que Shabbatai Zvi, un rabí de Izmir (Esmirna) y por entonces residente en la Tierra de Israel, podía ser el Mesías judío.

Shabbatai Zvi ya había, de hecho, declarado su propia condición mesiánica en el pasado, pero esta vez, debido al prestigio de Nathan, esa aseveración fue tomada en serio. Un pequeño grupo de creyentes se reunieron alrededor de Shabbatai, y durante el siguiente año y medio su fervor convenció a la mayoría del mundo judío de que él era en realidad el verdadero Mesías. Esto no fue una tarea fácil, en parte debido a las peculiaridades de la personalidad de Shabbatai.

Porque, además de ser un gran cabalista, Shabbatai también era propenso a "extraños comportamientos", alteraciones repentinas del carácter que desencadenaban en importantes transgresiones de los mandamientos del judaísmo. En la fase maníaca de sus intensos cambios de humor, llegaba a pronunciar el Tetragrámaton, las cuatro letras del nombre inefable de Dios, como si estuviera poseído (una violación del segundo mandamiento de la ley judía), comía alimentos prohibidos, alteraba los servicios de la oración o anulaba días de ayuno. Tal conducta antinómica ritualizada, ya le había ocasionado la excomunión en su ciudad natal y en otros varios lugares en los últimos dieciocho años. Sin embargo, Nathan y otros teólogos del movimiento tuvieron éxito a la hora de presentar estos extraños episodios bajo una luz positiva, explicando que eran ejercicios místicos necesarios para que el Mesías pudiera redimir al mundo.

Shabbatai continuó desde Gaza hasta su antiguo hogar en Izmir a través de Siria, donde permaneció durante algunos meses antes de trasladarse a la capital otomana de Estambul (o Constantinopla, pues muchos contemporáneos la siguieron llamando por su anterior nombre). Los judíos de todas las partes esperaban con impaciencia a que Shabbatai tomara las riendas del imperio del sultán y comenzara su reinado mesiánico. Por el contrario, acabó siendo encarcelado por el visir acusado de insurrección. Sin embargo, los guardias fueron sobornados y Shabbatai fue generosamente tratado en su lujosa cárcel, viviendo como en un palacio y recibiendo y entrevistándose con los judíos notables de todo el mundo que acudían hasta allí. Finalmente, en el invierno de 1666, fue llamado ante el sultán y, bajo la presión de una probable sentencia de muerte, se convirtió al Islam. El movimiento sabateano no finalizó ante esa difícil coyuntura como sería de esperar, sino que continuó bajo diversas formas hasta nuestros días.

La pregunta fundamental que se ha planteado durante generaciones acerca de Shabbatai Zvi es por qué fue tan ampliamente aceptado ¿Por qué tuvo mucho más éxito que cualquier otro pretendiente mesiánico conocido desde la antigüedad? ¿En qué se inspiraron las masas de judíos que creyeron en él y luego mantuvieron su devoción? Para ello, es necesario abogar por la centralidad de la propaganda profética y mesiánica sabateana, y por el impacto del peculiar medio ambiente del siglo XVII, el cual dotó de gran autoridad a las profecías de la época. Shabbatai Zvi era un hombre extraño en un tiempo extraño, es decir, una época extraña con unos rápidos y grandes cambios sociales, políticos y religiosos, donde no existía una certeza un mundo cuyo futuro, apocalíptico, parecía posible en no mucho tiempo. Fue en este ambiente donde numerosas figuras dentro del mundo judío, cristiano y musulmán se imaginaron a sí mismos como Mesías o salvadores del mundo. Shabbatai parece haber estado más calificado que algunos de esos otros profetas menos experimentados, y probablemente fue el menos seguro de su propia vocación como redentor. Poco en su educación parece insinuar su futuro destino, pero tal vez algunas pistas pueden dárnoslo a entender.

Shabbatai nació en una familia de clase acomodada en Izmir, Turquía. Dos siglos después de que Constantinopla hubiera caído en manos de los otomanos, Izmir, un puerto antes oscuro, se había convertido en una animada factoría de unas 50.000 almas, en donde los comerciantes de todo el Mediterráneo y Europa llegaban a comprar y vender todo tipo de productos. Además de una gran mayoría de musulmanes, entre los residentes se encontraban griegos, europeos de diferentes países y judíos. El padre de Shabbatai, Mordecai Zvi, trabajaba para una compañía de comerciantes inglesa y parece haberse hecho una carrera en ella. Aunque la familia de Shabbatai muy probablemente fuera de origen levantino (romaniota) en lugar de español (sefardí), la mayoría de la comunidad judía de Izmir consistía en ex conversos. Estos eran descendientes de los judíos que se había convertido al catolicismo en España y Portugal, se criaron como católicos en la Península Ibérica para más tarde escapar y volver a su ancestral judaísmo. Eran representan a un grupo único y especial. Su identidad ibérica genérica, tan fuerte como la otra judía, hacia que a menudo conservaran vestigios de las ideas cristianas. Su influencia en Shabbatai fue muy marcada: hablaba español más que turco, estudió en la sepharadi yeshivot (academias talmúdicas), y en sus períodos de euforia le encantaba cantar romances españoles. También sabía mucho sobre el cristianismo, lo cual bien podría derivarse de contactos con los muchos cristianos europeos en Izmir o de los conversos existentes en la comunidad judía.

Mientras que sus hermanos (él era el segundo de tres) se inclinaban hacia los negocios, la pasión de Shabbatai fue el estudio de la Torah, la vida ascética y la mística. Esto en sí mismo no resultaba nada raro en ese período para un joven judío excepcionalmente brillante, y Shabbatai se encontró con almas e ideas afines entre los estudiantes de las yeshivot. Sin embargo, más tarde y ya en su juventud, su camino parece diferir del de sus compañeros estudiantes. Su personalidad mostraba indicios de irregularidades que con el tiempo se convirtieron en un trastorno en toda regla, diagnosticado a título póstumo como trastorno bipolar o síndrome maníaco depresivo. Sus contemporáneos consideraban a estos síntomas, en un primer momento, como una forma de locura, tal vez como los efectos nocivos de la influencia de Saturno (Shabbatai en hebreo). Más tarde, los sabateanos refundieron o reunificaron esas mismas cualidades como positivas y místicas, como la otra cara de Saturno, donde la melancolía supone genio y profecía.

El desorden parece haber afectado a Shabbatai sólo de vez en cuando durante su juventud, pero con mayor gravedad a medida que envejecía. En estado normal, entre esos cambios de humor, Shabbatai exhibía un comportamiento ejemplar y piadoso, mostrando una gran creatividad en la interpretación de los textos cabalísticos. En sus fases maníacas, sin embargo, comenzó deliberadamente a transgredir los mandamientos bíblicos y rabínicos. Tal vez fue en esa misma época cuando comenzó a profetizar sobre su identidad mesiánica. Las transgresiones rituales y las profecías mesiánicas están relacionadas entre sí, pero Shabbatai hizo hincapié en la antigua tradición (la más elaborada por los cabalistas) de que la ley de Dios podía ser modificada durante la era mesiánica, y que en última instancia el sistema tradicional de la Halajá (los preceptos judíos) podía ser anulado. Es difícil decir si la nihilística necesidad de quebrantar los mandamientos llegó primero y se justificó posteriormente en su mente por la vocación mesiánica, o si la llamada mesiánica llego primero y fue seguida por los actos extraños.

Otro aspecto problemático de la personalidad de Shabbatai se reflejó en su relación con las mujeres. Como un asceta piadoso, Shabbatai se habría sometido desde su juventud no sólo a las constricciones habituales del judaísmo, como no tocar o mirar más de lo necesario a las mujeres antes del matrimonio, sino también a otros rigores particulares producto de sus ideas cabalísticas. Estos rigores nos hablan de los desastres cósmicos causados, por ejemplo, por la masturbación, el cual crea innumerables demonios que causan estragos en el transgresor y en el mundo. En el universo de los cabalistas "abundaban los malos espíritus femeninos, como Lilith, la mujer despechada primero de Adán, y los súcubos y otras muchas sombras que pueblan la literatura mística.

Lo femenino es a menudo representado como el lado izquierdo o demoníaco de la visión del mundo cabalístico, y el simbolismo cabalístico está repleto de conceptos complejos de género divino. La tensión sexual de un hombre joven y atractivo (según la descripción de muchos contemporáneos), la práctica de la piedad y la absorción de tales estas ideas viviendo en medio de una ciudad portuaria, podría haber sido algo habitual para los estudiantes de yeshivá, pero también podría haber generado un mayor nivel de confusión y frustración inconsciente en una persona sensible. Shabbatai parecía a venerar a su madre, la cual falleció antes de que el movimiento comenzara. Según el relato de testigos oculares como Thomas Coenen, el ministro holandés de Izmir:
Él les dijo a los judíos de Izmir (Esmirna), "que cualquiera que se acercara a la tumba de su madre (ya que era incapaz de visitarla) y coloque su mano sobre ella, merecerá ser recompensado como si se hubiera aproximado al mismo Santo Templo de Jerusalén”. Creedme que casi ningún judío de entre sus seguidores, en su caso en absoluto, se abstuvo de viajar a la tumba. Con intenso fervor religioso llegaban hasta la tumba para merecer esa gran recompensa, así como el perdón de sus pecados. Desde el día en que los judíos recibieron esta instrucción, ningún hombre o mujer encaró no apresurarse para merecer esta expiación, como las personas acostumbran a hacer en Italia y en otros lugares... También fueron hasta un pozo al lado del cementerio judío y bebían de sus aguas, y le llamaron el "Pozo de nuestro maestro", porque también era el lugar al que Shabbatai Zvi solía venir solo o con sus compañeros, hace veinte años o más, con el fin de orar, como ya he mencionado anteriormente.
De otra fuente conocemos otra historia contemporánea de Shabbatai, cuando volvió a Izmir y trató de resucitar a su madre muerta hace ya mucho tiempo. La sacralización de la tumba de su madre, pero no la de su padre o de sus otros antepasados, indica más bien una relación filial muy estrecha. La comparación que propone Coenen con la práctica católica de la peregrinación a las tumbas de los santos es completamente apropiada. Shabbatai parece haber contemplado a su madre como una figura santa, una imagen que sugiere una interpretación freudiana.

Nathan de Gaza nos proporciona una información algo más interesante sobre la imagen que Shabbatai tenía de si mismo: "Cuando tenía seis años, una llama se le apareció en sueños y le causó una quemadura en el pene, y desde entonces los sueños le asustaron, pero nunca se lo dijo a nadie. Y los hijos de la fornicación [de los demonios] se le acercaron con el fin de causarle problemas y golpearle, pero no los quiso escuchar. Eran los hijos de Na'amah, los azotes de los hijos del hombre, que siempre le persiguen con el fin de llevarlo por mal camino”. Aquí es evidente la tensión sexual latente en una vida ascética cuando sale a la superficie - y en un mundo cabalístico donde existen demonios nacidos del pecado, especialmente del pecado sexual. No sólo nos habla de una experiencia real - o imaginaria - que Shabbatai sufrió supuestamente cuando era niño, y que le provocaba una angustiosa relación con su pene, y por lo tanto con su futura sexualidad, sino que también tenía problemas con los demonios que aparecían en sus fantasías sexuales, de entre los cuales Na'amah era la reina. Nathan describe la lucha de Shabbatai con estas tentaciones como terriblemente tortuosa, lo que sin duda lo fue, pero dice que Shabbatai resultó victorioso. Podríamos preguntarnos si su victoria se produjo a costa de una relación normal con las mujeres en su vida futura, o inclusive al precio de su cordura.

Teniendo en cuenta el trasfondo de la inusual relación de Shabbatai con su madre y su lucha con la tentación sexual, no es de extrañar que sus matrimonios no transcurrieran de la forma habitual. Como un hombre joven de Izmir se casó en dos ocasiones con la mujer apropiada, y en ambas ocasiones el matrimonio terminó en divorcio debido a que Shabbatai no consumó la unión. A pesar de las explicaciones místicas y piadosas que circularon justificando dicho proceder, este extraño giro de los acontecimientos sólo puede entenderse como resultado de los problemas sexuales que ya hemos señalado en la vida de Shabbatai. Sus posteriores proezas nupciales pasaron de desafortunadas a extravagantes. Después de llegar a Salónica, invitó a los sabios de la ciudad a una fiesta donde construyó un pabellón de boda y procedió allí mismo a casarse con un rollo de la Torah. Las explicaciones místicas que ofrecía una vez más no encontraron eco en las autoridades y le expulsaron de la ciudad. En este caso, no es difícil concluir que un matrimonio con el rollo inanimado de la Torah, a quien se dirigían sus devociones espirituales, era una forma de desplazamiento (o sustitutivo) erótico. Shabbatai, se veía incapaz de formar un vínculo sexual con una mujer, por lo que buscó en su lugar, y como sustituto, materializar el simbolismo de la relación amorosa de los judíos con la Ley a través de esta extraña ceremonia. Probablemente fue esa misma disposición la que llevó a Shabbatai por la misma época a comprar un gran pez, vestirlo como un bebé, y colocarlo en un cuna. Una vez más, las explicaciones místicas ofrecidas por Shabbatai representan una primitiva máscara psicológica de una persona incapaz, emocional y aparentemente, de mantener relaciones sexuales y tener hijos. La siguiente etapa de la historia fue el "exitoso" matrimonio de Shabbatai con Sara, su esposa, a la altura de 1665-66.

Aunque los rabinos no fueron persuadidos por las explicaciones místicas de Shabbatai sobre su extraño comportamiento respecto a las mujeres y a los asuntos familiares, parece ser que el propio Shabbatai creía en sus propias interpretaciones. Se veía como un guerrero santo que luchaba contra los peligrosos demonios femeninos y que se conservaba en un estado de pureza. Como la Virgen María, la santa madre de Shabbatai había preparado el camino para que su hijo llevara la vida ascética exigible del futuro Mesías. Como explicaba Nathan de Gaza, fue la fuerza de voluntad de Shabbatai, en su dura lucha con los demonios sexuales, y el intenso sufrimiento que al que fue sometido durante esas pruebas, lo que le hizo digno del papel mesiánico. Si esto está conectado o no con el simbolismo cabalístico altamente sexual de la conversión al Islam de Shabbatai, como se ha descrito en investigaciones recientes, no está del todo claro. Ese aspecto de la “coronación” de Shabbatai con el turbante blanco del Islam fue proporcionado por Nathan de Gaza y otros teólogos sabateanos, pero parte de él puede tener su origen en el propio Shabbatai, que es descrito en un reciente artículo como la encarnación del "divino andrógino en si mismo".

El trasfondo de la personalidad de Shabbatai nos puede decir algo de su propia preparación para la vocación mesiánica. Sin embargo, es sólo a través de la lente de la perspectiva histórica de la época donde realmente podemos empezar a divisar por qué una persona como Shabbatai, con una extraña combinación de genio místico y de trastornos de la personalidad, puede atribuirse y ponerse en el papel de Mesías. Aún más significativa es la perspectiva que puede ayudarnos a entender por qué la mayoría del mundo judío estaba dispuesto a creer en él. El éxito de Shabbatai como una figura mesiánica fue en parte el resultado de una coincidencia de personalidades carismáticas, de unas favorables circunstancias locales, de una mentalidad servicial y de unas agitadas condiciones políticas. La amplitud y la velocidad de la propagación de la fe en su misión a lo largo de todo el mundo judío, y su fenomenal éxito en diversas comunidades judías, sugieren algunas suposiciones comunes que prepararon el terreno para este nuevo movimiento.

La teoría reinante durante la última generación incidía en que la idea de que el sistema místico del rabino Isaac Luria (d. 1572), con su énfasis en las ideas del exilio y la redención, representó el factor central que atrajo a judíos de todos los orígenes a esta fe. De acuerdo con este punto de vista, mediante la utilización de la teología e imaginería del pensamiento de Luria, Nathan de Gaza y otros ideólogos sabateanos fueron capaces de convencer al mundo judío de que Shabbatai era el redentor esperado.

Esta teoría se ha visto cuestionada duramente en los últimos debates. Un argumento apunta a la probabilidad de que la mayoría de los judíos no supieran demasiado sobre las ideas cabalísticas. Además, parece que la gran mayoría de los creyentes en Shabbatai adoptaron dicha fe sin ni siquiera haber estado expuestos a la teología sabateana - los escritos de Nathan tardaron bastante tiempo en circular tras las primeras y espectaculares noticias acerca de la profecía de Nathan -. Así pues, nuevos enfoques son necesarios para dar sentido y explicar el gran atractivo del movimiento. En última instancia, el factor más importante en su propagación, y en el de todos los movimientos mesiánicos judíos, siempre ha sido la profunda creencia de los judíos tradicionales de todo el mundo en la venida del Mesías. Pero la aceptación de Shabbatai Zvi como el Mesías, al igual que la aceptación de la mayoría de las proposiciones con respecto a la religión, la ciencia y la política, se fundamenta principalmente en un tipo específico de fe en la autoridad. Los movimientos sociales se distribuyen y expanden de acuerdo con la misma dinámica que las enfermedades contagiosas, y una de las claves, inclusive entre los más grandes movimientos, es la abrumadora influencia de unos pocos individuos. En el caso del Sabateanismo, un pequeño círculo de importantes rabinos se convenció de lo que habían visto y oído personalmente en Gaza, adoptaron dicha fe, y corrieron la voz entre sus más cercanas cohortes por correo o en persona (Es de notar que los creyentes más tempranos residían casi todos en Palestina, entonces parte del Imperio Otomano, y eran hombres de origen europeo, principalmente de España y Portugal).

Debido a que este era un círculo muy augusto de líderes y pensadores judíos, su juicio y opinión conllevaba la autoridad suficiente para convencer a las masas de judíos e inclusive a otros importantes rabinos. Los patrones sociales de la comunicación mitigan por lo tanto la necesidad de encontrar un único factor que afecte a todos los judíos. Al mismo tiempo, el espectáculo de la profecía, más que cualquier otra teología mística, constituyó claramente el principal catalizador del éxito inicial y más crítico del movimiento. Esto no quiere decir, por supuesto, que el mundo judío aceptó la palabra de esos rabinos a ciegas. Ellos tenían que presentar la evidencia que les convenciera para poder creer, y esa evidencia tenía que tener sentido para todos los judíos, especialmente en los principales centros de Europa y en el Imperio Otomano, desde donde se propagó el movimiento a otras comunidades externas. A pesar de que los escritos de Nathan pudieron constituir una parte de este cuadro, es evidente que un judío ordinario no se dedicaba a examinar sus tratados y decidía si resultaban convincentes como un razonamiento místico imbuido en la tradición de Luria, e inmediatamente optaba por creer. En buena medida, un factor mucho más poderoso y unificador fue la buena voluntad de los judíos del s. XVII a la hora de creer en unas profecías mesiánicas aceptablemente validadas, especialmente las de un cabalista como Nathan de Gaza. Esta apertura a la profecía no fue la causa del movimiento, pero si era una característica y una influencia excepcionalmente potente y amplia dentro del entorno del siglo XVII, lo que combinado con otros aspectos de la época facilitó el éxito de Sabateanismo. Las razones de esta actitud entre los judíos de muchas naciones deben buscarse en la historia de las ideas proféticas y mesiánicas y en su influencia especial en el mundo moderno. Fue una época compleja, donde no solamente coexistieron el mesianismo, la profecía, la ciencia, el humanismo y el mercantilismo, sino que se influyeron profundamente y se convirtieron en unos lógicos huéspedes de la mente barroca. Ese fue el mundo de los sabateanos.

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Los "vientos siberianos" también llegaron a Jerusalén en 1920-21 - a Picture a Day


Soldados británicos en el Kotel, 1921


Niños jugando en la nieve, 1920


La Ciudad Vieja en 1920

Israel's History - a Picture a Day

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Saturday, February 04, 2012

Sin noticias de las "bellas almas" de progreso, de los artistas "comprometidos", de los "flotilleros", de los "tribunales populares", de los arabistas profesionales...





Muy significativas las repercusiones en Occidente de las últimas masacres en Siria.

El Dia.es informa de que "decenas de personas se apostaron hoy a las puertas de la Embajada de Siria en Washington para protestar por la situación de represión que está sufriendo el país y las numerosas muertes de civiles que ha dejado a su paso".

La BBC informa de que "unas veinte personas, aparentemente de origen sirio, rompieron la puerta de entrada de la legación siria en Berlín, destruyendo el mobiliario en varias de las oficinas y dañando los retratos del presidente Bashar al Asad".

Según Europa Press, "un grupo de manifestantes (unas decenas) contra el presidente sirio Bashar al Assad ha intentado irrumpir en la Embajada siria en Londres durante una protesta, según informa la cadena británica Sky News".

Mientras, el ABC informa de que "un centenar de personas, en su mayoría sirios, se ha concentrado frente a la embajada de este país en Madrid para protestar por los bombardeos que han sucedido esta madrugada en la ciudad siria de Homs. Manifestantes han mostrado su rabia e impotencia y han exigido que el líder sirio Al Assad abandone el poder".

Prácticamente todos estos escasos manifestantes eran personas de origen sirio. Sin señales pues de las "bellas almas de progreso", de los "artistas comprometidos", de los "flotilleros" por una Free Siria, de los miembros de los "tribunales populares internacionales al estilo del Bertrand Russell", de los "arabistas profesionales" que sempiternamente denuncian como el imperialismo occidental explota al mundo árabe.

Hoy, en el Global, un extenso artículo sobre la "rosa del desierto", la mujer del dictador Bashar al Asad, y una de las famosas preferidas y más alabadas de las revistas de celebrities de ámbito internacional hasta el comienzo de las revueltas - dicen que bromeaba incluso comentando como sus amigos Brad Pitt y Angelina Jolie pensaban contratar "guardaespaldas sirios" tras comprobar la absoluta seguridad de la disfrutaba la primera dama de Siria -.

Tampoco en el Global, al que tanto le gusta echar mano de la terminología demonizadora de los enemigos de Israel denominándolo la "entidad sionista", podemos encontrar expresiones como la "entidad alauí" - la élite que controla el régimen sirio y pertenece mayoritariamente a esa minoría religiosa, conjuntamente con una parte de la gran burguesía sunita de Damasco y Alepo - o la "entidad baasista", aplicadas al sangriento y dictatorial régimen sirio de partido único.

Y es que el destino del pueblo sirio no parece movilizar a la gente de progreso. Así pues, ya no cabe duda alguna de que para todos estos progres occidentales el pueblo judío es el único que les saca de su somnolencia militante y activista porque es el "pueblo elegido" (para movilizarse en contra de su soberanía como nación).

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Algunas élites "laicas y humanistas" se me antojan un tanto presuntuosas y susceptibles, y yerran el blanco.




Como muy bien argumentaba Anshel Pfeffer sobre la decisión del intelectual laico Yoram Kaniuk de renunciar a su identidad judía en el Registro Civil de Israel:
La religión forma parte de nosotros, de nuestra identidad judía, aunque algunos de los religiosos nos quieren hacer creer que la religión es todo lo que hay. Durante el último siglo o casi, el sionismo (y la oposición al sionismo) también han formado parte de esa identidad, pero Kaniuk y otros israelíes parecen haber caído en la trampa de creer que el sionismo es suficiente por sí mismo. La desilusión con la situación política actual se arrastra inevitablemente, el Estado no es todo lo que esperábamos que fuera, y Kaniuk, a causa de su falta de imaginación, se queda sin nada en que creer.

(...)

Kaniuk y sus partidarios ya están admitiendo la derrota: están diciendo que después de 63 años de independencia de Israel y de 114 años de sionismo político, el campo secular o laico ha renunciado finalmente a todos los intentos de tratar de presentar su propia interpretación de un judaísmo moderno.
Matthew Ackerman, en Commentary, se hacía a su vez eco de unas opiniones vertidas por Donniel Hartman:
El muy reflexionado mensaje de Donniel Hartman publicado ayer en el blog del Shalom Hartman Institute y eJewishPhilanthropy merece una muy seria consideración por todos aquellos preocupados por el impacto del extremismo Haredi en Israel.
En vez de estar echando toda la culpa a la minoría Haredi o imaginarse soluciones fáciles a los problemas actuales, Hartman pone su ojos con toda la razón en la incapacidad de la mayoría judía israelí para articular una idea coherente y convincente de lo judío. Así él escribe:
"La fuente de la amenaza planteada por los haredim a Israel como Estado judío y democrático radica, ante todo, en el fracaso de la sociedad israelí en general a la hora de definir por sí misma el significado y los límites del carácter judío del Estado judío... Hay que reconocer que un Estado judío y democrático no será el resultado de una mera declaración, sino la consecuencia de una política y un discurso público muy bien elaborado. Al ser un pueblo soberano significa que en lugar de adjudicar la culpa uno debe asumir la responsabilidad".

El reto Haredi a las normas del espacio público israelí aparenta ser tan feroz hoy en día, cuando todavía son una minoría relativamente pequeña de la población, precisamente porque el carácter judío de ese espacio público está mal definido. Israel podrá declarar el carácter judío de Israel de 1.000 maneras diferentes, pero el verdadero contenido judío del Estado sigue derivándose principalmente de la autoridad pública otorgada a los organismos rabínicos.

El mantenimiento de la identidad judía del Estado y al mismo tiempo la liberación del espacio público para una mayor expresión del pluralismo religioso (por no hablar de lo que va a pasar durante los principales acontecimientos del ciclo de la vida, como el nacimiento y la muerte) es un problema mucho más difícil de lo que a muchos les gustaría que fuera.

Esto, sin embargo, como señala Hartman, es una de las razones para la agitación y de lo extraordinario que resulta vivir en un mundo con un Estado judío renacido. Y es que la cuestión de lo que significa ser judío está totalmente en manos de los judíos que viven como un pueblo libre en su tierra natal por primera vez en 2.000 años.

En lugar de capitular ante las posiciones de los Haredi en estas materias o de evitar la cuestión abrazando toda posible definición contemporánea de la condición judía tan amplia como sea a la vez que vacía, debemos aprovechar finalmente la oportunidad de articular un nuevo estándar lo suficientemente amplio como para abarcar el amplio marco del pueblo judío, pero en donde sin embargo también resuene profundamente la tradición.

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Érase una vez en Alepo - Marc B. Shapiro - Jewish Review of Books


El libro de Hayim Tawil y Bernard Schneider


Una página del Deuteronomio.


Una página del Códice


El Códice fotografiado en 1910.

Crown of Aleppo: The Mystery of the Oldest Hebrew Bible Codex - Tawil Hayim y Bernard Schneider

En algún momento del siglo X, en Tiberíades, Aharon ben Asher y Shlomo ben Buya'a se reunieron para elaborar una copia anotada de la Biblia hebrea. Ben Buya'a fue el responsable de su redacción, mientras que Ben Asher, cuyo padre, Moshe, fue también un gran maestro de la tradición textual o Masoreta (del hebreo Mesorah, significando tradición), añadió las puntuaciones. Estas puntuaciones convirtieron al llamado "Códice de Alepo" (un códice es un libro antiguo en lugar de un rollo), o en hebreo, Keter Aram Tsova (Corona de Alepo), en la más autorizada Biblia hebrea de la Edad Media. De hecho, el texto de ben Asher y ben Buya'a no llegó a Alepo hasta el siglo XV, y la cuestión de cómo llegó hasta allí es uno de los varios misterios históricos discutidos en el nuevo libro de Hayim Tawil y Bernard Schneider.

En la Edad Media, casi todos los judíos creían que la Torah, los cinco primeros libros de la Biblia, había sido dictada por Dios a Moisés. Pero tan importante como su recepción fue la cuestión de la transmisión de la Torah. La cuestión más preocupante en los tiempos antiguos y medievales era que los rollos de la Torah no fueran uniformes, ni en las letras que contenía, ni en las divisiones de las secciones o la vocalización de las palabras. Se trataba de una cuestión religiosa, pero también fue un reto académico, por lo que la única solución era investigar las tradiciones de los escribas, comparar los mejores manuscritos bíblicos y rollos de la Torah, y tomar las decisiones más sensatas en función del juicio crítico adquirido tras las diversas lecturas.

Aquí es donde los masoretas entraron en acción. Mediante la creación de un sistema de signos y notas marginales que unieron al texto - definiendo la forma correcta de leerlo -, transmitieron dicho texto de la forma mas perfecta y estable que fue posible.

Sin duda, previamente ya existía la preocupación por la exactitud del texto bíblico - dice el Talmud que los soferim (escribas) eran conocidos como tales por "contar" (en hebreo, soferim) las letras de la Torah -, pero no fue hasta el siglo VIII cuando nos encontramos con tratamientos sistemáticos del texto y de la vocalización y entonación de la Torah. El códice, básicamente un libro, era simplemente la mejor forma en la que grabar las notas de la masora, ya que el escriba podía escribir en ambos márgenes de la página, y el lector no necesita enrollar y desenrollar para encontrar su ubicación. Y es que la ley judía sólo permite en los rollos de la Torah el texto sin vocalizar, ni puntuar, ni glosar, lo que vuelve necesario para ello al códice.

Cien años después de que ben Asher y ben Buya'a lo escribieran, el Códice de Alepo estaba en manos de la comunidad caraíta de Jerusalén. De hecho, es posible que ben Asher y ben Buya'a también fueran caraitas. Tawil y Schneider no toman partido en esta controversia, pero no resulta inverosímil, ya que los caraítas eran unos biblistas que rechazaban la interpretación y la tradición rabínica, y tenía por lo tanto un interés tal vez aún más destacado en la investigación teológica textual y en preservar el más puro texto bíblico, al menos mucho más que sus rivales rabínicos.

Por otra parte, el campo de los estudios masorético era visto como "extraño" por la mayoría de los eruditos judíos tradicionales, que prefirieron centrarse en los campos tradicionales del Talmud y la Halajá. (Una de las mayores autoridades masorético en los tiempos modernos, C.D. Ginsburg, era un converso al cristianismo, y cuando los eruditos tradicionalistas citaban sus escritos rara vez se daban cuenta de que la "C" significa "Christian").

En su Mishné Torah, el código de la ley judía del siglo XII, Moisés Maimónides comenta que "se basó en un códice muy conocido también en Egipto, que contiene los veinticuatro libros [de la Biblia], que había estado en Jerusalén bastantes años, y en el que todos se basaban porque fue revisado por ben Asher". En los siglos XIX y XX hubo una gran discusión académica sobre si ese códice mencionado por Maimónides, y tal como la tradición sostenía, era el mismo texto que más tarde fue conocido como el Códice de Alepo. Pero tal como cuentan Tawil y Schneider en un relato que tiene algo de detectivesco, Moshe Goshen-Gottstein, de la Universidad Hebrea, demostró de manera concluyente que se trataba efectivamente de dicho texto idéntico, aunque en ese momento gran parte del Códice de Alepo se había perdido.

En 1935 Yitzhak Ben-Zvi, que más tarde se convertiría en el segundo presidente del Estado de Israel, visitó Alepo para ver el Códice, que por aquel entonces estaba rodeado de un halo de folclore y de historia local. Así era descrito ampliamente como obra no de ben Asher y ben Buya'a, sino del propio Esdras, el escriba bíblico que, por tradición, fue enterrado cerca de allí.

El códice estaba guardado en una caja fuerte detrás de una puerta de hierro en el sótano de la Gran Sinagoga de Alepo, en lo que se llamó la "Cueva de Elías", y se creía que no sólo era santo sino también mágico. Las mujeres embarazadas rezaban cerca de él y se creía que una maldición caería contra cualquiera que lo vendiera. Tanto las medidas de seguridad como la maldición puede haber sido inspirado al colorido falsificador y erudito caraíta del siglo XIX, Abraham Firkovich, en su el intento de adquirir, incluso robar, el Códice.

En cualquier caso, todo eso no ayudó a Ben-Zvi en sus intentos persistentes en los años siguientes para convencer a los más ancianos de los judíos de Siria para que dieran su visto bueno a la transferencia del Códice a Jerusalén. Aunque Ben-Zvi estaba realmente preocupado por la seguridad y la preservación del Códice, el nacionalismo también proporcionó motivos: La comunidad de Alepo había hecho bien su trabajo durante siglos, pero ahora que un hogar judío se había establecido en Palestina, la “Corona” debía regresar a Jerusalén.

Huelga decir que los ancianos de Alepo no veían las cosas de esa manera. De hecho, creían que fue precisamente la presencia del Códice la que ayudó a proteger a la comunidad. Incluso si podían llegar a admitir que el Códice podía correr peligro en Aleppo, también estaban aterrorizados con la maldición que se le atribuía. Permitir que saliera de la comunidad, aunque sólo fuera para ser fotografiado y regresar posteriormente, era considerado por ellos como algo no muy diferente de su propia venta.

Conversaciones intermitentes prosiguieron hasta la década de 1940. En 1947, después de la votación en la ONU que apoyaba la partición de Palestina, un motín antijudío estalló en Alepo. La Gran Sinagoga, que se remontaba a los siglos V y VI, fue saqueada y quemada. Exactamente lo que sucedió con el Códice de Alepo ese día, y como parte de él se salvó, todavía no está nada claro. Los autores del libro nos informan de hasta siete relatos sobre cómo se salvó la "Corona". Este es el relato de Moshe Tawil, el rabino en jefe de Alepo en aquel momento (y sin relación alguna con el autor del libro):
La "Corona" se salvó por casualidad... Cuatro días después [del pogrom], entramos en la Gran Sinagoga y vimos las cenizas de todos los libros sagrados. El sacristán [Asher Baghdadi] entró y le dijo a Rabí Yitzhak Shchebar que seis libros habían sido quemados y todo el mundo se dirigió hacia la "Corona" que estaba sucia y revuelta entre las cenizas. Inmediatamente, se llevaron la "Corona" y se la dieron a un comerciante cristiano para su custodia. Después de cuatro o cinco meses se entregó el Códice a un judío.
Pero en ese momento casi dos centenares de sus páginas, incluyendo la mayoría de los primeros cinco libros de la Biblia, habían desaparecido. Sólo los últimos seis capítulos y medio del Deuteronomio permanecían. También faltaban páginas de varios libros de los Profetas y de los escritos Sapienciales, así como los libros del Eclesiastés, Lamentaciones, Esther, Daniel, Esdras y Nehemías también estaban ausentes. Cerca de un cuarenta por ciento del Códice original había desaparecido.

En 1957 lo que quedaba del Códice fue sacado de contrabando de Siria por un hombre llamado Murad Faham. Según el relato de Faham, Moshe Tawil le dijo que si lograba sacarlo podía vendérselo a quien quisiera. Cuando llegó a Israel, Faham se lo ofreció al entonces presidente Itzjak Ben-Zvi para que fuera confiado al Estado de Israel. La comunidad judía de Siria consideraba al Códice como un bien propio y lo demandó. Aunque la historia de Faham tenía - como todas las historias sobre el Códice – ciertas debilidades, la "Corona" se quedó en Israel y hoy está depositada en el Museo de Israel (También ha sido digitalizado y está disponible en línea).

Durante mucho tiempo se pensó que las partes ausentes del Códice de Alepo habían sido destruidas, pero Tawil y Schneider no están convencidos de ello. Ellos han cotejado pruebas tentadoras que sugieren que muchas de las páginas que faltan pueden haber sobrevivido. Una página del Libro de Crónicas surgió en la década de 1970 y más tarde fue donada por la familia que la poseía al Instituto Ben-Zvi en Jerusalén. De acuerdo con la familia, la página se encontró en el piso de la Gran Sinagoga en el día del pogrom. A finales de 1980, dos hombres con vestimenta hasídica visitaron a un prominente coleccionista de arte judío en el Hilton de Jerusalén y le ofrecieron venderle un centenar de páginas de lo que parecía ser el Códice de Alepo por 750.000$, todo ello antes de desaparecer tal como habían llegado. Y luego está Sam Sabbagh, un judío sirio que emigró de joven de Alepo y que vivía en Brooklyn. Durante seis décadas, Sabbagh conservó una parte del libro del Éxodo del Códice en una bolsa de plástico en su cartera, como una especie de amuleto de buena suerte o kimeyah. Sabbagh falleció en el 2005 y su familia donó el fragmento - que incluía las palabras que Moisés dictó al Faraón en nombre de Dios: "Deja ir a mi pueblo para que me sirva" - al Instituto Ben-Zvi dos años más tarde.

Todas estas historias han convencido a los autores que las páginas que faltan no necesariamente se han perdido para siempre. En 1992, uno de los autores, Hayim Tawil, le preguntó a un agente del Mossad llamado Shlomo Gal sobre las partes que faltaban del Códice. Éste le dijo "Deja el tema. No quiere saber más. Es una historia muy sucia" [N.P: alusión al pillaje de las páginas del Códice por su carácter prestigioso y mágico y a las posteriores negociaciones para su venta]. Sin embargo, Tawil y Schneider consideran claramente que la recuperación del resto de la Corona de Alepo debería encabezar la agenda de las autoridades religiosas y culturales de Israel.

Así pues, la historia del Códice de Alepo es dramática, y si los autores tienen razón, aún sin finalizar. Sin embargo, lo que lo hace importante es su significado religioso y académico. Al menos por ahora, prácticamente todos los de los cinco libros de Moisés están ausentes del Códice, por lo que es imposible comprobar los rollos de la Torah con el texto del Códice para refrendar su exactitud textual. Sin embargo, en un descubrimiento académico insuficientemente discutido sobre la Corona de Alepo, el académico israelí Jordan Penkower fue capaz de encontrar un testimonio textual de una sección desaparecida de notas masoréticas en los márgenes de una Biblia impresa en España en 1490. Esta nueva evidencia parecería confirmar la argumentación de Goshen-Gottstein de que el Códice de Alepo fue de hecho el texto de ben Asher utilizado por Maimónides.

Maimónides había afirmado que el Códice de Alepo era el texto más preciso, y si los eruditos medievales de Europa tenían acceso a él, es seguro que lo habrían utilizado como guía para escribir un rollo de la Torah. Si no podían acceder a él, debieron lidiar con conflictivos manuscritos y obras masoréticas, y tuvieron que adoptar enfoques más eclécticos. Podríamos suponer que, dado que ahora sabemos lo que representaba el Códice (que por cierto estaba muy cercano a la tradición yemení), también las Torah contemporáneas deberían haberse contrastado con su poderosa luz canónica.

El ejemplo más famoso de por qué sería necesario contrastarlo tiene relación con cómo se supone que el escriba debería escribir el Cántico de Moisés (Deuteronomio 32). Con la excepción de la comunidad yemenita, los rollos de la Torah actuales lo redactan en 70 líneas. Sin embargo, en la "Corona" posee 67 líneas, como Maimónides, de hecho, ya declaró. En estos casos, ¿estos rollos de la Torah deberían corregirse? Uno podría pensar que sí, y de hecho algunas Biblias son impresas de acuerdo con la "Corona" de Alepo. Sin embargo, cuando se trata de corregir los actuales rollos de la Torah, las conclusiones académicas no parecen triunfar sobre la tradición religiosa.

La comunidad religiosa, la que aprecia la Torah, la estudia de manera cotidiana y la lee en público varias veces a la semana, se identifica con el texto bíblico más perfecto que ha existido, el texto del cual dependía Maimónides y con el que los estudiosos de la religión a lo largo de la historia habría dado cualquier cosa por revisar durante unas pocas horas. Sin embargo, hoy en día, y con pocas excepciones, el interés por la Corona es meramente histórico y no tiene un carácter religioso. Nuestro texto bíblico - con errores y todo – continúa siendo utilizado sin correcciones.

Hace muchos años, cuando expresé mi molestia por esto, me dijo a mi mismo: "Es cierto que los rollos de la Torah que leemos actualmente es probable que contengan errores, pero son nuestros errores". Esto aún me parece cierto. Es verdad que el texto de la Torah de mi sinagoga no es tan perfecto como el del Códice de Alepo. Cuando sus letras, saltos de línea y espacios difieran con el texto de la Corona de Alepo, es casi seguro que el Códice de Alepo tendrá la razón. Si estuviera vivo hoy en día, Maimónides posiblemente descalificaría todos los rollos de la Torah no yemenitas. Pero esta versión de la Torah "menos perfecta" fue la que escucharon en la sinagoga mi padre y mi abuelo, y es la versión que ha sido santificada por el estudio de un sinnúmero de estudiosos y amantes de la Torah. Esto es lo que hace que sea tan auténtica, más auténtica que la Corona de Alepo, que durante siglos casi no tuvo ningún contacto con las personas que más se habrían beneficiado de él.

Quizás sea por eso que la última morada más apropiada para el Códice de Alepo no sea una sinagoga, sino un museo, allí donde depositamos las partes más valiosas de nuestro patrimonio y que ya no usamos en nuestra vida cotidiana.


Una web dedicada al Códice de Alepo

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Thursday, February 02, 2012

Un Pallywood tan descarado que hasta obliga al Haaretz a "salir en defensa del IDF"


Foto número 1


Foto número 2

El YNet en versión hebrea informa de que Facebook y otras redes sociales están inundados de copias de esta imagen (Foto número 1), la cual aparece a menudo con una leyenda que dice que se trata de un soldado del IDF pisoteando una niña árabe de Palestina.

YNet remonta la presencia de esta a imagen a junio pasado en Twitter, pero esta vez titulada como si hubiera sucedido en Siria. Hay miles de ejemplares de esta imagen en todo Internet. Tazpit, una web israelí, ya la detectó en junio e hizo algunas investigaciones básicas:
El soldado de la foto parece portar una AK-47 Kalashnikov, que no es utilizado por el ejército israelí, pero que a menudo es utilizado por las fuerzas de la policía palestina y las organizaciones terroristas. El ejército israelí es conocido por usar M16 y M4, y sus uniformes son diferentes de los uniformes de los soldados que aparecen en la foto. La Agencia Israelí de información gubernamental le dijo al Tazpit al día de hoy: "la foto ha sido verificada por los portavoces del IDF y después de su investigación parece ser que la foto no es auténtica y el soldado no es israelí (Foto número 2). Por desgracia, el uso de este tipo de fotos es un método muy conocido que trata de dañar la imagen de Israel en Internet y forma parte de la guerra de información en las redes sociales".
Mientras, el Haaretz comentaba lo siguiente;
La fotografía, que fue subido por un usuario de Facebook llamado Wesley Muhammad, incluía un epígrafe que decía que el soldado de la foto formaba parte del IDF y la niña era palestina.

Los israelíes, tan estudiarla detenidamente, refutaron tal afirmación como falsa, encontrando una serie de aspectos en la fotografía (por ejemplo, detalles de los uniformes) que mostraban que el soldado no podía ser del ejército israelí. Otra irregularidad es que el fusil AK-47 casi no se utiliza por el IDF. Además, está la multitud que se ve claramente como rodea al soldado y a la niña, y que si hubiera sido un soldado del IDF probablemente habría tratado de agredirlo.

La fotografía apareció el miércoles, aunque antes de tomar cualquier acción ya se había convertido en una sensación en Internet.
Finalmente Elder of Ziyon nos da la pista final:
Un tweeter de Michal parece dar cuenta del original, y como se sospechaba parece una escena de teatro callejero, aparentemente en Bahrain, en Diciembre del 2009, durante la celebración del 9th de Muharram (Foto número 3).

Foto número 3

No me digan que están sorprendidos...

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