Saturday, April 20, 2019

Los críticos judíos de Israel tienen un problema con los israelíes, no con Netanyahu - Jonathan Tobin - JNS



La última vez que el resultado de una elección presidencial en los Estados Unidos fue tan decisivo como la votación celebrada la semana pasada en Israel, los estadounidenses fueron lo bastante unánimes en cuanto a cómo denominarlo. La expresión es triunfo aplastante. Y es por eso que los grupos y denominaciones estadounidenses que no perdieron el tiempo en no solamente denunciar al recién reelegido Benjamin Netanyahu, sino que pidieron al gobierno de los Estados Unidos que anule la voluntad de los israelíes, deberían reflexionar sobre el daño que están haciendo al pueblo judío.

El punto de referencia tradicional para un triunfo determinante es el 55% del voto popular. Desde el comienzo del siglo XX, ese total fue igualado o superado 10 veces por los presidentes estadounidenses. La reelección de Ronald Reagan en 1984 fue la última de esas ocasiones.

Menciono esto porque es importante colocar en perspectiva el resultado de la elección a la Knesset del 9 de abril en Israel.

Parecería que equiparar el sistema electoral de Israel con de los votos presidenciales norteamericanos sería como comparar manzanas con naranjas. Con los votantes emitiendo un único voto para una de las muchas listas de candidatos para el Knesset, es fácil malinterpretar el resultado. Las elecciones israelíes siempre llegan a los estadounidenses como una especie de confusión caótica, sin que ningún partido obtenga la mayoría.

Pero si creen que Benjamin Netanyahu y su partido Likud ganaron solamente por poco ante el partido Azul y Blanco de Benny Gantz, no entienden lo que realmente sucedió. Los israelíes sabían que cuando emitieran un voto por un partido comprometido en apoyar el intento de Netanyahu de dirigir el próximo gobierno, incluso cuando ese partido no fuera el Likud, sino uno de los aliados o amigos del primer ministro, su voto lo era también para el Likud. Lo mismo ocurre con aquellos que votaron por el resto de partidos, aún diferentes del propio Azul y Blanco, ya que se suponía que respaldarían el intento de Gantz de ser primer ministro.

Entonces, si quieren saber cuántos votantes israelíes votaron realmente por Netanyahu, deben sumar los votos de todos los partidos de derecha y religiosos que se comprometieron a ayudarlo. Ese total fue de aproximadamente el 55%. Es por eso que pocos en Israel (incluso entre los enemigos más duros del primer ministro) están fingiendo que la elección no fue una victoria decisiva para él.

Esto es importante porque la reacción inmediata de gran parte del mundo organizado judío en los Estados Unidos fue tratar la victoria de Netanyahu como un acto que puso en tela de juicio los lazos entre Israel y la diáspora. El rabino Rick Jacobs, jefe de la Unión de Judaísmo de la Reforma, declaró que Netanyahu estaba causando "una ruptura dramática con muchos en la comunidad judía estadounidense". Jacobs ayudó a organizar una carta firmada por nueve grupos judíos que exigían que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ignorara los deseos de Netanyahu y su nuevo gobierno, e insistieron en la creación de un estado palestino independiente y en oponerse a la extensión de la ley israelí a los asentamientos de Cisjordania, tal como prometió el primer ministro.

Por supuesto, estos nueve grupos (que incluyen algunas entidades asociadas con el judaísmo de la Reforma y el Conservador, el izquierdista Israel Policy Forum Foro de Política de Isr y la Liga Antidifamación) tienen todo el derecho para oponerse a las posiciones de Netanyahu, al igual que muchos entre la minoría de los israelíes que votaron por sus oponentes pudieron hacerlo. Pero deberían ser honestos sobre lo que están haciendo. Al hablar de esta manera solo un par de días después de que el polvo se asentara después de la votación, están destrozando el veredicto de la democracia israelí.

Dado que algunas de esas mismas fuentes se encontraban entre las más activas a la hora de expresar preocupaciones sobre el futuro de la democracia israelí, todo esto resultaba muy irónico. El sistema democrático de Israel no está en peligro, pero estos críticos están enojados porque la mayoría de los israelíes no votan de la forma en que a ellos les gustaría.

Los temas que mencionaron como excusa para descartar los vínculos entre Israel y los judíos estadounidenses son de los que apenas vale la pena. Netanyahu dejó en claro que no está hablando de la anexión de Cisjordania, sino que aplicaría la ley israelí a los asentamientos en los que, cabe señalar, la ley israelí ya se aplica como práctica general. Al hacerlo, no se evitaría una solución de dos estados si los palestinos alguna vez se inclinaban por aceptar una, algo que Jacobs y sus amigos saben muy bien que han rechazado repetidamente.

Lo que realmente está en juego aquí no es más que la ira de aquellos judíos estadounidenses que todavía están sorprendidos de que los israelíes no valoren sus consejos y los sigan a rajatabla. Una clara mayoría de los israelíes, incluidos muchos que votaron por Azul y Blanco pero por disgusto con los problemas legales de Netanyahu y porque Gantz no ofreció desacuerdos sustantivos con respecto a Netanyahu en cuestiones de seguridad, hace tiempo ha rechazado la ciega creencia de Jacobs y sus amigos sobre una retirada de Cisjordania como un fin en sí mismo.

Sabemos que Jacobs y el jefe de ADL Jonathan Greenblatt se oponen a Netanyahu y Trump. Pero es hora de reconocer que su verdadero problema es con el pueblo israelí, el cual ha rechazado repetidamente sus opiniones por unos márgenes de proporciones aplastantes. La mayoría de los israelíes creen que poner en peligro su seguridad creando un poder soberano hostil en Judea y Samaria, tal como lo hizo Ariel Sharon en Gaza con su retirada en 2005, sería una locura.

Escritores como la ex editora de Forward, Jane Eisner, y Peter Beinart, que se muestran abiertos a rechazar la voluntad política del pueblo israelí y abandonar la noción de la centralidad de Israel (Eisner), o bien trabajar para subyugar a Israel a la voluntad de las potencias extranjeras que desean imponerle una solución (Beinart), son más honestos que Jacobs y Greenblatt sobre sus objetivos.

Independientemente de sus propias opiniones sobre Netanyahu o sobre el conflicto, es probable que muchos judíos reformistas y conservadores, así como donantes de ADL, no se sientan cómodos cuando estas organizaciones expresan tal desprecio por el pueblo de Israel o sus intentos de sabotear la relación entre Estados Unidos e Israel. Y no deberían estarlo, ya que estos líderes no elegidos de los judíos estadounidenses que tienen el descaro de dar conferencias al pueblo de Israel sobre los valores y la moral de los judíos, merecen ser ignorados.

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El corbynismo se ha instalado en América. ¿Se preguntan por el futuro del partido Demócrata? Echen un vistazo a los laboristas británicos - James Kirchick - Tablet



Hace menos de cuatro años, Jeremy Corbyn era un oscuro diputado en el Parlamento británico. En sus 30 años como miembro del Partido Laborista, su mayor logro legislativo fue, paradójicamente, la ausencia de cualquier logro: de 1997 a 2010, cuando el Laborismo estuvo por última vez en el gobierno, Corbyn fue el diputado que votó en contra de su propio partido más que ningún otro. A pesar de sus continuas insubordinaciones, los sucesivos primeros ministros laboristas como Tony Blair y Gordon Brown se negaron a expulsar a Corbyn de su partido. "No hubo ninguna amenaza", comentó un adjunto del Partido Laborista al Financial Times sobre Corbyn y su pequeño grupo de rebeldes de izquierda en 2016. "Estas personas fueron toleradas porque nadie había oído hablar de ellos".

Hoy en día, todos en la política británica han oído hablar de Jeremy Corbyn, quien, como líder de la oposición más leal de Su Majestad, ha transformado completamente al partido Laborista. Un partido que una vez fue un movimiento de base amplia que podría lograr grandes mayorías parlamentarias, hoy en día es un partido que practica un culto sectario a la personalidad y que ofrece una escasa resistencia a un caótico gobierno conservador. Un partido cuyos líderes crearon la OTAN y se mantuvo firme frente a la amenaza del comunismo internacional, hoy en día está dirigido por personas que elogian a los URSS soviética y a los déspotas y terroristas antioccidentales. Lo que una vez fue el hogar político natural de los judíos británicos, ahora se ve sumido en una maraña antisemita, hasta el punto en que el 40% de los judíos dicen que "considerarían seriamente" abandonar el país si Corbyn se convierte en primer ministro. De hecho, el Laborismo se ha vuelto tan tóxico que, el mes pasado, nueve diputados abandonaron el partido, calificándolo de una organización "enfermiza, institucionalmente racista", "una amenaza para la seguridad nacional" y "un peligro para la cohesión de nuestra sociedad, la seguridad de nuestros ciudadanos", y la salud de nuestra democracia.

La forma en que el partido Laborista llegó a esta deplorable condición es algo que debería preocupar seriamente a los liberales y progresistas de los Estados Unidos, donde se está desarrollando una dinámica similar en el partido Demócrata. Un progresismo insurgente dispuesto favorablemente al socialismo, hostil a los judíos y abiertamente admirador de Jeremy Corbyn y todo lo que representa, está avanzando constantemente contra un antiguo y democrático centrismo demócrata. En los Estados Unidos, una constelación de funcionarios electos, personalidades de los medias y activistas imitan las tácticas de sus compañeros ideológicos en Gran Bretaña para tomar el poder y transformar al partido Demócrata en un vehículo para una agenda radical y extrema.

Los devotos del corbynismo estadounidense se congregan en torno al senador Bernie Sanders de Vermont, el "socialista democrático" que, como el líder laborista británico, tiene un largo historial de pasar por alto las depredaciones y abusos de los autoritarios de izquierda en el extranjero. Un vídeo recientemente descubierto de 1988 muestra al futuro candidato presidencial presentando a una audiencia estadounidense los aspectos más destacados de un viaje reciente que él y su esposa Jane hicieron a la Unión Soviética, donde viajó en un sistema de transporte "muy, muy eficaz" y fue sorprendido por una estación de tren con unas "arañas que eran hermosas". Justo un año antes del derrumbe del Muro de Berlín, estos dos peregrinos políticos sonaban como Beatrice y Sidney Webb, esos socialistas británicos que se aventuraron a la Rusia de Josef Stalin solo para informar sobre campesinos sonrientes y abundantes cosechas. Sanders, que inicialmente tuvo cosas positivas que decir sobre la revolución bolivariana de Hugo Chávez, hoy se niega obstinadamente a llamar a su sucesor, el brutal Nicolás Maduro, un dictador.

En sus reacciones defensivas a la agitación actual en Venezuela los corbynistas estadounidenses revelan sus verdaderos colores. El congresista Ro Khanna, copresidente nacional de la campaña de Sanders, repite los argumentos del gobierno venezolano sobre las sanciones de los Estados Unidos, afirmando que "dañan más a los pobres". (En realidad, las sanciones se dirigen a los funcionarios del régimen de Maduro, los cuales impiden que la ayuda alimentaria del extranjero llegue a los venezolanos pobres, los mismos por los cuales tanto se preocupa Khanna). La representante demócrata de primer año, Ilhan Omar, se ha referido en repetidas ocasiones a un "golpe de estado" de los EEUU contra Venezuela. Su colega Alexandria Ocasio-Cortez, la más popular de los corbynistas estadounidenses, se niega a condenar a Maduro, prefiriendo en cambio sacar a relucir temas de conversación de la Guerra Fría sobre el enviado del gobierno de Trump para Venezuela, Elliott Abrams. (El mes pasado, Ocasio-Cortez participó en una conversación telefónica amistosa con Corbyn, sobre la que se mostró entusiasmada en Twitter).

El corbynismo estadounidense también recoge de su origen británico la hostilidad hacia los judíos. En las últimas semanas, la representante Omar ha hecho una sucesión de crudas declaraciones antisemitas, dando a entender que el apoyo de Estados Unidos a Israel se debe a la influencia del dinero judío y que los judíos estadounidenses son culpables de "lealtad a un país extranjero". En vez de denunciar de plano estas afirmaciones, los líderes demócratas de la Cámara de Representantes se rindieron ante la presión de sus caucus progresistas y afroamericanos, que insistieron en que la resolución que señalara una denuncia del antisemitismo debía diluirse mencionando amonestaciones contra todos los demás odios posibles. Los principales candidatos demócratas a la presidencia han defendido a Omar, y algunos, como Sanders, llegaron al extremo de dar a entender que de alguna manera fue la representante de Minnesota quien fue la víctima en este incidente.

El intento de debilitar una resolución que condenaba un caso específico de antisemitismo al agruparlo con otros tipos de intolerancias, condenando "todas las formas de racismo" , es un mantra repetido cínicamente por Corbyn y sus seguidores cada vez que se enfrentan a numerosos ejemplos de antisemitismo dentro de las filas del actual laborismo. También evoca el nauseabundo intento de Corbyn y su canciller, John McDonnell, de cambiar el nombre del Día del Memorial del Holocausto por el "Día de Conmemoración de los Genocidios", una iniciativa que emprendieron porque "toda vida es valiosa". El año pasado, Corbyn y sus partidarios involucraron a los laboristas en una prolongada controversia sobre si aceptar o no la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, insistiendo en que la comparación de Israel con la Alemania nazi esté exenta de críticas. Este intento de diluir el significado del antisemitismo está siendo imitado ahora por demócratas progresistas que, como la senadora Elizabeth Warren, dicen deshonestamente que Omar simplemente estaba ofreciendo inocentemente "críticas de Israel" cuando afirmó que sus colegas en el Congreso habían sido comprados por ricos judíos estadounidenses únicamente fieles a Israel. "Ver la actual política progresista estadounidense es como ver los inicios de un accidente automovilístico en cámara lenta, uno por el que ya hemos pasado", observa Rachel Shabi, antigua defensora de Corbyn.

Omar y sus defensores buscan, en palabras del columnista del New York Times, Ross Douthat, "una política de centro izquierda que recuerde al Holocausto como una gran tragedia histórica entre muchas". Para lograr este reordenamiento, el corbynismo explota a activistas y organizaciones judías marginales y radicales para desviar las acusaciones de antisemitismo. Como el político judío de más alto perfil en los Estados Unidos, Sanders parece haber asumido este rol de manera vergonzosa, alegando que Omar está siendo difamado por una "crítica legítima" de Israel, cuando lo que está en juego es la imputación de lealtades duales a los judíos estadounidenses pro-Israel. Al hacerlo, Sanders da credibilidad a la visión cada vez más frecuente entre los progresistas en ambos lados del Atlántico de que el antisemitismo de izquierda no existe realmente, y que las acusaciones son en realidad intentos cínicos para impedir el socialismo y desprestigiar a las minorías (las cuales sin embargo demuestran claros prejuicios antisemitas). Ninguna otra forma de intolerancia, ya sea contra el racismo negro, la homofobia, la misoginia y las personas dependientes, está sujeta a estándares de prueba tan estrictos y al escrutinio semiótico por parte de los izquierdistas.

La obsesión con Israel, la decisión de hacer de este pequeño país y de su relación con los Estados Unidos, el campo de batalla en el que intentarán arrebatar el control del partido Demócrata a su liderazgo establecido, es una ventana a la visión mundial de la izquierda corbynista estadounidense. El antagonismo hacia la única democracia liberal en el Oriente Medio es como una prueba de fuego para querer reducir el poder y la influencia global de Estados Unidos. Cuando se le pidió que describiera la cosmovisión de Sanders, su principal asesor de política exterior, Matt Duss, un conocido polemista antiisraelí, dijo que Estados Unidos debería ser "una especie de facilitador global". El arsenal de la democracia y el líder del mundo libre son por lo tanto historia pasada.

Para estas personas, condenar la alianza entre los Estados Unidos e Israel es una forma de condenar algo mucho más grande que un país a 10.000 millas de distancia. Atacar al estado judío es el medio por el cual expresan su más amplia antipatía hacia el excepcionalismo estadounidense. América e Israel son naciones excepcionales, las únicas dos fundadas sobre una idea. Están vinculadas por valores compartidos y, sí, por cierta afinidad religiosa. Cuando los estadounidenses ven el Oriente Medio, naturalmente ven a Israel como el país con el que más tienen en común. Por lo tanto, el apoyo de los Estados Unidos a Israel no se explica por los "benjamines" (billetes de 100 $ con la efigie de Benjamin Franklin), como Ilhan Omar tuiteó conspirativamente, sino por una convicción profunda y generalizada de que las dos naciones comparten un destino providencial. Esto es algo que los corbynistas estadounidenses, como sus primos británicos, detestan profundamente y, por lo tanto, tratan de socavar con sus burlas, tweets y purgas.

Otra característica que el corbynismo americano comparte con sus colegas británicos es una red intelectual. El ascenso de Corbyn en la política británica se vio acompañado por el desarrollo de un ecosistema de medios izquierdistas que tratan al líder laborista como una especie de “querido líder” (al estilo norcoreano), y son tan inmunes a la realidad como cualquier otro sitio de noticias de la extrema derecha. La más popular de estas nuevas plataformas, Novara, se refiere a los desarrollos en Venezuela como un "golpe" y culpa a las "sanciones y los precios del petróleo", no a la nefasta gestión social y la corrupción de los dirigentes chavistas, por la devastación del país. En los Estados Unidos, la revista Jacobin, cada vez más influyente, declara que "solo una profundización de la Revolución Bolivariana puede salvarla" y, en un artículo titulado "Lo que debe saber sobre Venezuela", se burla de los "supuestos abusos de derechos humanos perpetrados por el régimen de Maduro". Como un ejemplo de los vínculos en desarrollo entre las variantes británica y estadounidense del corbynismo, los propietarios de la revista Jacobin compraron recientemente Tribune, una legendaria revista de izquierda de la que George Orwell era editor literario. (Y siendo tan buenos socialistas, lo primero que hicieron fue despedir y reemplazar al personal).

Chapo Trap House, una empresa de Brooklyn de radiodifusión de podcast de orientación socialista y defensora de Sanders y Corbyn, recolecta más de 100,000$ por mes en donaciones de unos 25,000 suscriptores, y ha sido el tema de una cobertura aduladora de The New Yorker (coronándola como sede espiritual del nuevo socialismo).

"¿A quién le importa si los soviéticos ganaron la Guerra Fría?", se preguntaban los anfitriones en su reciente libro, “La Guía de Chapo para la Revolución”. Esa lucha crepuscular no era "sobre democracia versus totalitarismo" sino sobre "capitalismo versus amenazas al capitalismo". (Chapo, y su autoproclamada legión de “cabronazos izquierdistas", ofrece otro paralelo entre Corbyn y Sanders, quienes, como todos los políticos extremistas están convencidos de una virtud moral superior, y comparten una capacidad sobrenatural para atraer a los partidarios más viciosos, vulgares e infantiles).

El elemento final que el corbynismo estadounidense necesita para tener éxito como sus colegas británicos es un aparato organizativo. Corbyn pudo tomar el control del partido Laborista a través de la práctica del "entrismo" trotskista, mediante el cual sus seguidores de la izquierda dura (muchos de ellos miembros de varios grupos comunistas y trotskistas), se unieron al partido Laborista en masa y lo llevaron al poder después de que el partido redujera su cuota de membresía (y de voto) a solo 3£, y eliminó un sistema de colegios electorales inclinado hacia los votos de diputados y líderes sindicales. Momentum, el grupo de campaña que se formó para apoyar la candidatura para el liderazgo de Corbyn, continúa existiendo como organismo dentro del partido y está trabajando diligentemente para "deseleccionar" a los parlamentarios laboristas que se han atrevido a criticar su liderazgo.

La asociación de Sanders con los demócratas es incluso más tenue que la de Corbyn con el Laborismo. Independiente casi toda la vida, lamentándose de "la futilidad del liberalismo", se une oportunamente al partido Demócrata cuando le conviene, es decir, cuando decide postularse para presidente. Al igual que los cientos de miles de activistas de extrema izquierda que se unieron expresamente al partido Laborista para colocar en su liderazgo a su parlamentario más radical y extremista, la creciente cohorte de progresistas estadounidenses son intrusos e infiltrados ideológicos, cuyos valores, políticas y tácticas están en desacuerdo con aquellos largamente defendidos por la corriente principal del partido Demócrata. Los corbynistas estadounidenses tienen sus propios grupos organizativos y tácticos análogos a Momentum, como los Demócratas por la Justicia y los Socialistas Demócratas de América (DSA), ambos tratando de llevar al partido hacia la izquierda apoyando a los principales retadores de los demócratas centristas y moderados considerados insuficientemente progresistas. Ocasio-Cortez, quien, a menos de dos meses de su nuevo trabajo ya había amenazado con poner a algunos de sus colegas demócratas de la Cámara de Representantes en "una lista negra" de los aspirantes progresistas a los que se dirige, es uno de los dos miembros del DSA, el otro es la representante demócrata de Michigan Rashida Tlaib, también cuestionada por su apoyo al BDS y confluencias antisemitas.

Los corbynistas estadounidenses son la vanguardia del partido Demócrata. Ya sea que tomen o no el liderazgo en los próximos 5 o 15 años, ya han empujado al partido hacia la izquierda. Programas como el Green New Deal, el Medicare para todos, la Teoría Monetaria moderna, la Universidad sin costo de matrícula, los candidatos presidenciales demócratas están constantemente tratando de superarse los unos a otros, al igual que los principales escritores progresistas en las principales publicaciones y los expertos políticos que luchan por captar posiciones en una futura administración demócrata. "Hasta hace muy poco, no era que el socialismo fuera tóxico porque daba miedo. Era básicamente irrelevante, pues estaba en el cubo de basura de la historia”, escribía Simon van Zuylen-Wood en un artículo de portada para el número actual de la revista New York sobre el auge del socialismo milenario. "Pero luego vino la candidatura de Bernie Sanders para el 2016, luego el auge de los miembros del DSA, la proliferación de productos culturales socialistas como Chapo y, finalmente, el espectacular ascenso de Ocasio-Cortez".

Para estar seguros, existen algunos obstáculos institucionales en los Estados Unidos que complican una corbynización a gran escala del partido Demócrata. El poder en la política estadounidense está más disperso, tanto geográfica como estructuralmente dentro de los propios partidos, que en Gran Bretaña, donde el líder del partido en un sistema parlamentario puede imponer más fácilmente el control de arriba hacia abajo. Los judíos tienen una presencia más significativa en el partido Demócrata que en el Laborista. La mayoría de los demócratas de primer año elegidos para el Congreso en noviembre pasado son moderados, y probablemente se resienten de la forma en que un puñado de sus colegas está definiendo al partido como mucho más radical a los ojos de muchos estadounidenses. Y como idea, el socialismo nunca ha tenido la misma simpatía en los Estados Unidos que en Gran Bretaña, donde el Servicio Nacional de Salud es un símbolo de identidad nacional casi tan fuerte como la reina.

Sin embargo, al ver esta emergente ruptura en el partido Demócrata, estas garantías suenan extrañamente familiares. Después de todo, fue solo hace unos años cuando los intelectuales conservadores y los funcionarios republicanos electos se pronunciaron confiados en que no había manera de que una estrella de los reality show de la televisión, que públicamente dudaba de que el primer presidente negro naciera en Estados Unidos, y que vomitaba regularmente invectivas xenófobas y hablaba calurosamente de un autócrata ruso, pudiera llegar a la nominación presidencial del partido Republicano, sin importar la presidencia en sí.

Una gran razón de que Donald Trump pudiera hacer todo esto es que, cuando importaba, las élites republicanas no pudieron dibujar el tipo de líneas rojas que lo habrían desactivado. Como Gran Bretaña está aprendiendo de la manera más difícil en estos días, un partido que no levanta cortafuegos para protegerse del incendio de los extremistas, finalmente será capturado por uno de ellos.

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El sentido común del votante general de Israel - Daniel Polisar - Mosaic



 Soy un ávido lector de Haviv Rettig Gur, y su último ensayo en Mosaic, "Cómo y por quién votan los israelíes", es un recordatorio oportuno que lo hace tan bueno. Al explicar las elecciones del 9 de abril de Israel, una semana antes de que tuvieran lugar, expuso los elementos clave de manera clara y exhaustiva al tiempo que proporcionaba un análisis equilibrado, mordaz y estimulante.

Al responder, quiero ofrecer tres observaciones que se basan en lo que escribió y que centran su atención en el público votante de Israel, cuyo sentido común y buen juicio se han visto oscurecidos por el enfoque incesante de los medios de comunicación en presentar la campaña de este año como la más desagradable desde las elecciones de 1981. Al reforzar mis afirmaciones, haré uso de los resultados de las 70 encuestas encargadas por los principales medios de comunicación del país durante el curso de la campaña, tres encuestas realizadas por el Instituto de Democracia de Israel y por supuesto los resultados finales en sí mismos.

Primero, a pesar de las repetidas afirmaciones de que los votantes fueron manipulados con éxito por las tácticas del primer ministro Benjamin Netanyahu de demonizar a sus oponentes, o bien fueron seducidos por la intervención de líderes extranjeros que le otorgaron regalos políticos, los más de cuatro millones de israelíes que votaron apenas fueron influenciados por ninguna de esas cosas. Por el contrario, demostraron la estabilidad de sus compromisos al permanecer leales a los bloques ideológicos con los que se identificaron antes de la campaña. Incluso la decisión del presidente Trump de reconocer la soberanía israelí del Golán, y Vladimir Putin organizando el regreso desde Siria de los restos de Zachary Baumel, un soldado israelí desaparecido en la acción, no causó más que un alza momentánea para el primer ministro y el partido Likud que encabeza.

Para apreciar la estabilidad de las preferencias de los votantes, un buen punto de partida es una encuesta del IDI de fines de enero de 2019, antes de que se finalizaran las listas de partidos y candidatos. Se pidió a los israelíes (judíos y árabes) que se ubicaran a lo largo de una escala ideológica en la que el número 1 significaba una posición a la izquierda, 4 en el centro y 7 a la derecha. Entre los encuestados que expresaron su opinión, el 14% se autoidentificó como de izquierdas (valores 1 o 2), el 8% como centro izquierdo (valor 3), el 20% como centro (valor 4) y el 17% como de centro derecha (valor 5). El grupo más grande de todos, el 41%, se declaró claramente de derechas (valores 6 o 7).

El IDI repitió esta encuesta a fines de febrero, después de un mes de intensa campaña y en vísperas del anuncio por parte del fiscal general del estado de su decisión de considerar la posibilidad de acusar al primer ministro por tres casos separados de corrupción. Las cifras se mantuvieron prácticamente sin cambios.

Más importante aún, los compromisos ideológicos expresados ​​en estas encuestas demostraron ser una excelente predicción de los resultados electorales. El Meretz y el Partido Laborista, las dos listas políticas principales asociadas con la izquierda israelí, junto con los dos principales partidos árabes (cuyos puntos de vista sobre temas clave los ubican, en el contexto de la política israelí, a la izquierda o extrema izquierda), obtuvieron 20 escaños de los 120 asientos Knesset, un 17% no muy alejado del 14% del electorado que se identificaba con la izquierda.

El partido Azul y Blanco de Benny Gantz, generalmente percibido como centrista, capturó 35 escaños, o el 29% del total, que es aproximadamente igual a la suma de prácticamente el 28% de los votantes que se identificaron como de centro y centro-izquierda. (Por supuesto, para Azul y Blanco como para todos los demás partidos, la realidad era más compleja, ya que sin duda obtuvieron algunos votos de la izquierda o del centro-derecha, y perdieron una pequeña fracción de votos centristas frente a otros partidos. Pero esto no resta valor al poder predictivo de la encuesta del IDI).

A la derecha, media docena de partidos, incluido Likud y su aliado de centro-derecha Kulanu, ocuparon un total de 65 escaños, o el 54% de los lugares disponibles en la Knesset. Esto corresponde al 41% que se autoidentificaba con la derecha y al 17% con el centro derecha, con un total del 58%. La diferencia de un 4% entre el número esperado de escaños y los resultados reales se explica en gran medida por el hecho de que dos partidos de la derecha dura, la Nueva Derecha y Zehut, obtuvieron entre ellos más de un cuarto de millón de votos, pero no obtuvieron escaños ya que ninguno de los dos cruzó el umbral electoral del 3,25 por ciento.

Para ponerlo más simple: el electorado israelí se inclina fuertemente hacia la derecha, y con la gran mayoría de los israelíes votando por partidos que reflejaron sus preferencias ideológicas, no es sorprendente que Likud y sus aliados naturales obtuvieran 65 escaños, mientras que sus oponentes obtuvieron una total de 55.

Esto no sugiere que la campaña no tuviera sentido. Los votantes cambiaron sus preferencias en las semanas previas al día de la elección, pero lo hicieron dentro del bloque al que pertenecían, lo que afectó el tamaño relativo de los partidos individuales pero no al resultado principal de la elección. Para la mayoría de los votantes indecisos que dijeron a los encuestadores que estaban deliberando entre dos partidos, esos partidos se encontraban dentro de una sola agrupación ideológica (como la izquierda) o en bloques inmediatamente adyacentes, como la izquierda y el centro-izquierda. Solamente en raras ocasiones la elección cruzó la línea de falla principal del partido, es decir, entre un grupo como Azul y Blanco, en el centro, y uno como Likud, en el centro-derecha. De hecho, una encuesta tres semanas antes del día de las elecciones encontró que solo el 3% de los votantes estaba dividido entre estos dos grandes partidos.

Desde esta perspectiva, la historia principal de las elecciones fue que Azul y Blanco capturó prácticamente todos los votos del centro-izquierda, por lo que crecieron a expensas del Laborismo y Meretz, mientras que el Likud capturó los votos de los votantes de la derecha, pero manteniéndolos a casi todos aunque sus socios son pequeños. De manera más significativa, Azul y Blanco se ganaron a muy pocos votantes de centro-derecha, que como hemos visto son el factor decisivo en Israel. Así pues, el bloque de derecha liderado por Netanyahu prevaleció sobre un competidor que englobaba a la izquierda y el centro (y centro-izquierda).

La distribución ideológica de la derecha del electorado me lleva a una segunda afirmación sobre la población israelí y su liderazgo. Aquí mi punto de partida es la observación de Gur de que, cuando se les preguntó "de qué se trataba la elección", la mayoría de los israelíes "respondieron mirando a los líderes, y especialmente a Netanyahu", y describieron "una política nacional que se consideran que se vuelva más crispada y amarga a medida que, de manera contradictoria, desaparecen los desacuerdos políticos importantes".

Sin embargo, Gur agrega que "en realidad sí hay una serie de desacuerdos políticos y divisiones reales en la sociedad israelí y en el cuerpo político israelí", aunque "importan menos en la política electoral actual que en la previa".

La percepción de que esta campaña tenía que ver con líderes y personalidades en lugar de problemas llevó a muchos observadores a culpar de este desarrollo a Netanyahu, a Gantz, o bien a la elite política de Israel en general, y/o denunciar al público general por carecer de interés en lo sustancial. Pero una lectura atenta de la situación sugiere un fenómeno más matizado y, de hecho, uno positivo en general.

A lo largo de la campaña, la competencia principal fue entre el Likud de Netanyahu y el Azul y Blanco de Gantz, dos partidos cuyos partidarios se agruparon en gran parte alrededor del centro (centro-izquierda) y del centro-derecha, y que entre ellos ganaron casi el 60% de los escaños de la Knesset. Y no es de extrañar: los líderes y partidarios de ambos partidos están a favor de continuar las políticas seguidas por una sucesión de gobiernos liderados por Netanyahu en los últimos diez años, políticas que la corriente principal de opinión en Israel considera en gran medida exitosas.

Entre esas políticas, la más importante implica una acción implacable para evitar que Irán obtenga armas nucleares o establezca un bastión en Siria. Ambas partes también creen que Israel debe retener los Altos del Golán permanentemente. Ambas coinciden en que, en la actualidad, Israel carece de un socio palestino para la paz, por lo hay que evitar negociaciones bilaterales infructuosas o retiradas unilaterales; y que en cualquier escenario futuro debería conservar una Jerusalén unida, los bloques de asentamientos y una frontera defensiva en el Valle del Jordán. Al mismo tiempo (y, a pesar de un simulacro de asentimiento de última hora por parte de Netanyahu), ninguna de las partes ha favorecido la anexión de partes de Cisjordania. También coinciden en los grandes rasgos en una política económica orientada al crecimiento y basada en el mercado que ha demostrado ser un éxito constante.

Estas opiniones a su vez reflejan el consenso general en Israel. Además, la formación de ese consenso es el signo de una ciudadanía madura y sensible que, a pesar de vivir en un país conocido por su polarización ideológica, ha adoptado las lecciones enseñadas por la experiencia y la realidad, y se ha unido detrás de un punto de vista común.

Dado este acuerdo ampliamente compartido sobre las cuestiones políticas más esenciales, se deduce que los dos partidos más grandes tenían pocas razones para discutir sobre esos temas. Más bien, compitieron sobre quién estaba mejor calificado para implementar esas políticas acordadas. Por lo tanto, los anuncios televisivos nocturnos del Likud y de Azul y Blanco carecían de cuestionamientos ideológicos o de posiciones audaces, e incluso la plataforma de 45 páginas de esta última estaba repleta de lugares comunes.

Esto en realidad es un buen augurio. Los países a menudo se gobiernan mejor cuando los principales contendientes por el poder compiten por los votos decisivos en el centro y el lado victorioso es capaz de reunir una franja más amplia del electorado para adoptar sus políticas y acciones. En lugar de denunciar la ausencia de cuestionamientos ideológicos, los observadores hubieran sido más sabios reconociendo los signos de un sistema político sano que, en lugar de crear un monopolio del poder para un partido, había dado lugar a dos competidores viables, cada uno de los cuales buscaba el voto de los votantes apoyándose sobre la base de unas ideologías que tienen mucho en común.

Una advertencia, sin embargo: esta tampoco es la imagen completa. Un poco menos del 20% del electorado, representado principalmente por cuatro partidos que obtuvieron escaños en la Knesset, está a la izquierda del bloque central del Likud / Azul y Blanco de Israel, y casi una cuarta parte del electorado, representado principalmente por seis partidos (cuatro de los que obtuvieron escaños), está a la derecha de la misma.

En gran medida, estos diez partidos más pequeños realizaron campañas basadas en desacuerdos políticos con los partidos centristas y entre sí. Como señala Gur, se enfocaron en "opiniones opuestas a las políticas religiosas, educativas, culturales y económicas de Israel", pero algunos también difirieron con el bloque centrista sobre seguridad y paz, y Meretz pidió la creación de un estado palestino en el Cisjordania y Gaza basándose en las fronteras de 1967, y la Nueva Derecha exige la anexión del 70% de Cisjordania que contiene a la mayoría de los residentes judíos y a relativamente pocos palestinos.

Pero esto también es el signo de una democracia saludable, con partidos disidentes del status quo capaces de garantizar que los temas clave se mantengan en el ojo público y se posicionen para defender sus puntos de vista en el próximo parlamento.

Esto nos lleva a la tercera cuestión: dado que la corriente principal israelí no estaba dividida con referencia a las cuestiones principales, ¿qué cuestión se encontraba en el centro de las elecciones del 9 de abril? Muchos destacados comentaristas, incluido Gur, definieron correctamente estas elecciones como un referéndum sobre Benjamin Netanyahu después de una década de su mandato como primer ministro.

Considero que este punto puede ser útil si se hace referencia a dos premisas que los israelíes sostienen ampliamente como verdaderas, aunque estén en tensión entre sí, o al menos parecen desviarse en direcciones opuestas.

Por un lado, Netanyahu ha tenido un éxito notable en la política exterior y de defensa en circunstancias increíblemente difíciles. Lo ha logrado demostrando sabiduría para determinar la política correcta para Israel, coraje para permanecer fiel a esa política a pesar de las masivas críticas de las potencias extranjeras con ideologías e intereses opuestos, y habilidad diplomática y política para trabajar en el ámbito regional, internacional, y en la arena nacional para lograr el mejor resultado posible dadas las cartas que tenía. En el transcurso de la última década, demostrando habilidades similares, también ha presidido un período de crecimiento y prosperidad que ha evitado en gran medida los escollos experimentados por las principales potencias económicas del mundo.

Y sin embargo, por otro lado, también es ampliamente aceptado, incluso por muchas personas que conozco bien que han trabajado y, en muchos casos, siguen apoyando a Netanyahu, que tiene muchos defectos de carácter y que en los últimos años estos defectos se han reproducido cada vez más y alarmantemente pronunciado. Sin enumerarlos, basta con decir en pocas palabras que no es el tipo de persona que la mayoría de los israelíes desearían como colega, vecino, amigo o modelo a seguir.

La pregunta a la que se enfrentaron los votantes israelíes era cómo equilibrar sus puntos de vista sobre la probada abundancia de virtudes políticas de Netanyahu con su manifiesto déficit de virtudes personales.

Como ha señalado el experto en estrategia israelí Dan Schueftan, sería maravilloso que todas las cosas buenas se unieran en la misma buena persona, no generándose así ningún dilema. Esto, sin embargo, ocurre raramente. En el último siglo de la presidencia estadounidense, por ejemplo, afirmaría que solo dos figuras, Harry Truman y Ronald Reagan, ejemplificaron simultáneamente ambos tipos de virtudes.

En contraste, el mayor primer ministro de Israel, David Ben-Gurion, poseía las virtudes políticas en un grado poco común entre los líderes de cualquier lugar, excepto por su carácter personal, incluso para sus admiradores, donde las interacciones humanas le demostraban hambriento de poder, mentiroso habitual, mezquino y vengativo. Sin embargo, dado que sin él es casi seguro que no habría un estado judío hoy en día, tanto los votantes como los colegas eligieron sabiamente darle las posiciones más altas en el movimiento sionista y luego en el estado de Israel durante el cuarto de siglo que comienza a mediados de la década de 1930.

Del mismo modo, los israelíes que en esta elección apoyaron a Netanyahu respaldando al Likud, o a uno de sus partidos aliados, conocían generalmente sus defectos personales, e hicieron las paces con ellos y no se dejaron conmover por sus continuas manifestaciones. A fines de febrero y principios de marzo, muchos expertos confiaban en que el anuncio del procurador general de su intención de acusar a Netanyahu, un anuncio acompañado de grandes cantidades de pruebas condenatorias, socavaría el apoyo de este último. Pero las encuestas mostraron solo una caída momentánea, después de la cual la posición del Likud realmente mejoró.

A finales de marzo, una encuesta del Canal 12 preguntó si, en un cuarto escándalo, el "asunto del submarino", las acciones de Netanyahu habían sido motivadas por preocupaciones nacionales legítimas o por intereses personales. El 61% de los encuestados, incluido un porcentaje significativo de los que tienen opiniones de derecha, eligieron ésa última opción, pero, una vez más, el apoyo a Netanyahu y Likud no disminuyó.

Aunque pocas encuestas previas a las elecciones sondearon las razones detrás de las preferencias de los posibles votantes, las dos últimas encuestas realizadas para el periódico Yediot Aḥaronot se refirieron al tema de manera indirecta. En una encuesta publicada el 28 de marzo, cuando se le preguntó qué candidato, Netanyahu o Gantz, era "más apto para ser primer ministro", Netanyahu obtuvo una ventaja de once puntos sobre Gantz. Pero cuando se preguntó a los mismos encuestados cuál de los dos "le gustaría ver como primer ministro después de las próximas elecciones", la ventaja de Netanyahu se redujo a cinco puntos. La semana siguiente, justamente antes de las elecciones, los encuestadores de Yediot hicieron las mismas preguntas. Netanyahu fue juzgado más adecuado para ser primer ministro por un margen de nueve puntos, pero fue preferido para ese puesto por un margen de un solo punto.

Uno puede explicar estas divergencias de varias maneras. Mi propia suposición es que estos votantes particulares tuvieron dificultades para soportar la falta de virtud personal de Netanyahu. No sabemos cómo este 4% en conflicto del electorado terminó resolviendo su dilema entre el candidato que encontraron más adecuado y el que querían ver ganar, pero aquellos que optaron por Gantz fueron insuficientes para cambiar la elección a una coalición liderada por el partido Azul y Blanco.

Ahora se asume ampliamente que, habiendo ganado 65 de los 120 escaños de la Knesset el día de las elecciones, el Likud de Netanyahu y sus aliados de derecha formarán el próximo gobierno. ¿Significa esto que los israelíes se han vuelto ciegos a sus defectos o se engañan de alguna manera por su táctica de desviar las acusaciones y atacar a los críticos por sus problemas?

De ningún modo. Más bien, la mayoría de los votantes se identifican con la ideología de centro-derecha de Netanyahu y Likud, y valoran más sus virtudes políticas que sus vicios personales y, por lo tanto, creen que cualquier amenaza que pueda representar para el espíritu y el espíritu democrático de Israel palidece en relación con los más graves, incluso existenciales, peligros de los cuales les protege a ellos y al país.

Ya sea que uno comparta o no este juicio, existen amplias razones para respetar la madurez y el sentido común demostrado durante la campaña y el día de las elecciones por la gran mayoría de los votantes de Israel.

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Las críticas a la ley del Estado-nación de Israel son muy extrañas - Moshe Koppel, Eugene Kontorovich - Mosaic



Estamos agradecidos a los cuatro encuestados sobre nuestro ensayo en Mosaic sobre la ley del Estado-nación de Israel. Como cada uno de ellos aborda un aspecto diferente del problema, responderemos individualmente en el orden en que se publicaron.

Simpatizamos con la apreciación señalada por Haviv Rettig Gur de que la ambigüedad en la política estatal es a menudo una virtud. Dicha ambigüedad puede permitir que los delicados problemas se bordeen con elegancia, hacer que las inconsistencias sean sutiles pero útiles, y deja espacio para una adaptación gradual a las circunstancias cambiantes. Sin embargo, estamos en desacuerdo con la afirmación adicional de Rettig Gur de que la ley del estado-nación hace explícitos algunos de los entendimientos tácitos previos (y adecuados), y por lo tanto los socava.

De hecho, nada podría ser más explícito y más universalmente entendido que el simple hecho de que Israel es el estado-nación del pueblo judío. Este hecho se manifiesta precisamente en las formas enumeradas en la ley, que simplemente otorga una posición legal especial a ese entendimiento. No revela secretos. Además, en la medida en que existan fuerzas significativas que buscan cambiar el estatus de Israel como un estado-nación judío, el fracaso en anclar este estado en la ley ha sido un lujo que Israel ya no puede permitirse.

También deseamos cuestionar uno de los supuestos subyacentes de Rettig Gur con respecto a los drusos, cuyas objeciones a la ley del estado-nación, basadas en su omisión de cualquier mención especial de su contribución al estado, son bastante diferentes de las protestas planteadas por aquellos que buscan cambiar la ley o desecharla por completo.

Los occidentales tienden a subestimar el grado en que las relaciones entre los grupos étnicos están determinadas por la conveniencia política y no por el sentimiento. Los drusos, en particular, son leales a los países en los que viven, y ello como una cuestión de ideología y política, y no como dice el portavoz druso citado por Rettig Gur “porque en el caso de Israel se identifican con los sobrevivientes de las persecuciones”. Los drusos que viven en el lado sirio de la valla fronteriza en los Altos del Golán, a solo unos metros de sus primos en el lado israelí, son leales a Siria, y probablemente no por razones sentimentales.

Por lo tanto, el temor apenas disfrazado entre algunos israelíes de que, si no somos condescendientes con los drusos, se desanimarán y se volverán contra nosotros, sería insultante para los drusos. No están obligados a actuar de manera petulante contra sus propios intereses y los nuestros si no les condescendemos con palmaditas en la espalda. Ellos merecen ser respetados, y dada su justa porción de los recursos colectivos de Israel, no deberían ser satisfechos con un lenguaje florido específicamente diseñado para escribirse sobre el carácter judío de Israel.

Estamos de acuerdo en que si los representantes drusos hubieran expresado inquietudes específicas sobre el lenguaje de la ley durante el largo proceso de su consideración, tales inquietudes hubieran merecido una audiencia exhaustiva y justa. En la medida de lo posible, sus opiniones deberían haberse reflejado en el texto final, que a su vez incorpora múltiples compromisos y revisiones de versiones anteriores realizadas en respuesta a las inquietudes planteadas por varios grupos.

Pero ese no es el caso aquí. En cambio, los diputados drusos Hamed Amar y Ayoub Kara copatrocinaron el proyecto de ley original en la Knesset, y en ningún momento durante el proceso subsiguiente de ocho años de duración ningún representante druso solicitó alguna modificación al texto. Las manifestaciones que siguieron a la aprobación de la ley no fueron presagiadas por ninguna actividad política anterior que haya sido ignorada o suprimida. De hecho, no hubo ninguna.

Jeremy Rabkin subraya con gran eficacia la abrumadora prevalencia de disposiciones de identidad colectiva en las constituciones de todo el mundo, incluso en países con minorías significativas que no comparten la identidad particular de la mayoría. Estas disposiciones son uniformemente incontrovertidas.

De hecho, al considerar si la ley de Estado-nación de Israel es realmente notable, hay que tener en cuenta no solo el contexto de los numerosos estados europeos con disposiciones similares, sino también la gran cantidad de países que específicamente hacen del catolicismo, protestantismo, islamismo o budismo la religión oficial del estado. Dichas leyes son más significativas en la práctica, ya que típicamente conllevan algún apoyo preferencial o exclusivo del gobierno hacia la secta o religión favorecida.

En este sentido, es notable que a pesar de los muchos precedentes de este tipo en otros países, la ley del estado-nación no otorga un estatus oficial a la religión mayoritaria de Israel. Uno podría pensar que Israel recibiría alguna aprobación o felicitación por este hecho notable, pero parece que no será así. Quizás la prueba más clara de la necesidad de que Israel se proclame a sí mismo como un estado-nación del pueblo judío en sus normas “constitucionales” es que su anuncio ha provocado un evidente malestar en todo el mundo. ¿Alguna vez alguien ha sugerido que Dinamarca o Grecia solo pueden ser estados cristianos si se abstienen de llamarse a sí mismos estados cristianos?

Peter Kagan muestra de manera convincente que no es posible un debate serio sobre la ley constitucional israelí sin primero reconocer honestamente que la Corte Suprema es el jugador más importante, y que es tanto el autor de las reglas como el árbitro. Aun cuando la Corte Suprema dice estar defendiendo el "imperio de la ley", el contenido de esa ley es en gran parte creado por la propia Corte Suprema a medida que avanza. Mucha más poderosa que cualquier otra parte del gobierno, no solo puede vetar las decisiones de la Knesset, sino que también requiere que el gobierno tome medidas específicas. Un ejemplo reciente es el número de decisiones de la Corte Suprema que obligan al gobierno a admitir a ciudadanos extranjeros en las fronteras de Israel.

La ley del Estado-nación fue diseñada para ser un control muy moderado de la discreción de la Corte Suprema en ciertos asuntos. Precisamente por esta razón, tal como señala Kagan, eso puede impulsar a la Corte a salir de detrás de la cortina y admitir que ha sido el mago de Oz que ha gobernado todo el tiempo.

Lo sabremos en enero, cuando la Corte escuche los argumentos sobre si la ley del estado-nación, la nueva disposición constitucional de Israel, es verdaderamente constitucional. El simple hecho de afirmar la autoridad para tomar tal decisión, incluso si los jueces finalmente defienden la medida, coloca a la Corte Suprema por encima inclusive de las medidas constitucionales en sí mismas. Si los jueces hacen valer esa autoridad, significará que no hay una ley por encima de ellos, que la Corte Suprema es el poder supremo, no solo sobre otros tribunales sino sobre el pueblo israelí y sus representantes electos.

Finalmente, está la respuesta de Einat Wilf y Shany Mor, la cual debemos confesar que nos deja perplejos. Escriben que no tienen ninguna objeción al contenido o al lenguaje de la ley. Pero entonces, como si no pudieran ayudarse a sí mismos, se lamentan: “¿Y qué pasa con la Ocupación?”.

Wilf y Mor son fuertes partidarios de Israel, pero al hacer este movimiento, toman prestado un argumento de los enemigos de Israel que nos culpan de todo, desde el calentamiento global a la guerra civil siria y hasta la administración de Israel en Cisjordania.

Estamos desconcertados por la conexión. ¿Acaso la ley del Estado-nación tiene algún impacto legal en los asuntos de Cisjordania? No. Para bien o para mal, esta ley, como todas las leyes israelíes, no se aplica en Cisjordania.

¿De alguna manera la ley hace que sea menos probable que Israel pueda alcanzar en alguna ocasión un acuerdo de estatus final con respecto a esos territorios? En todo caso, es precisamente lo contrario lo cierto. Cuando el primer ministro Netanyahu exigió que los palestinos reconocieran a Israel como un estado-nación judío como parte de un acuerdo de estado final, los palestinos respondieron -increíblemente, pero lo dejaron de lado- que, en lo que a ellos respecta, es Israel quien debería definirse (a sí mismo).

Hasta donde podemos entender, el argumento de Wilf y Mor se reduce a esto: algunas de las personas que aprobaron esta ley no están de acuerdo con Wilf y Mor en un asunto en gran parte perpendicular y, por lo tanto, son personas malas, que no son dignas de legislar en absoluto. Eso importa específicamente, dado que la actual coalición gobernante es escéptica ante la posibilidad de un acuerdo de paz, cada uno de sus movimientos, incluso uno, como la ley del Estado-nación, es "generalmente aceptable y refleja el amplio consenso de la mayoría judía sionista de Israel" pero debería ser resistido.

Si bien este tipo de purismo ideológico se ha convertido últimamente en un lugar común, no lo consideramos útil.

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Saturday, April 13, 2019

El odio a los judíos se presenta como "antirracismo" en The New York Times - Jonathan Tobin - JNS


Anuncio de Camera enfrente de la sede del NYT

Las discusiones sobre la teoría intersectorial solían limitarse a la pantanosa fiebre de la extrema izquierda. Pero esta idea, la idea que busca vincular la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos con la guerra palestina contra la existencia de Israel, y con todas las otras causas que pueden ser falsamente retratadas como de personas o pueblos desfavorecidos contra los privilegiados, ahora se ha generalizado.

La última evidencia del éxito de este intento de disfrazar el antisemitismo con el ropaje de la defensa de los derechos humanos llega con la nueva edición de The New York Times del Sunday Magazine, que incluye un artículo titulado: "Cómo la batalla sobre Israel y el antisemitismo está fracturando la política estadounidense", del conocido hipercrítico de Israel, Nathan Thrall.

El objetivo de Thrall es justificar las campañas del, BDS que anclan el debate sobre el tema en "Solidaridad entre negros y palestinos", y su esfuerzo por ver la guerra contra Israel a través del "prisma de la justicia racial". El resultado es un ensayo de 11,000 palabras que busca sutilmente pintar al sionismo como inherentemente racista y los esfuerzos para destruir a Israel como esfuerzos idealistas de defensa de los derechos humanos. La tesis del artículo también es una descripción del esfuerzo del movimiento pro-israelí para rechazar los ataques antisemitas, contaminados por los prejuicios contra los afroamericanos y alimentados principalmente por los esfuerzos de los donantes judíos para manipular al Partido Demócrata.

Una de las fuentes principales de Thrall es el ex asesor adjunto de Seguridad Nacional de Obama, Ben Rhodes, quien busca representar la lucha por el futuro del partido Demócrata como una lucha que estará determinada por la capacidad de sus líderes de superar el "factor del miedo" acerca de perder el apoyo de los donantes judíos.

Thrall, autor de un libro que busca justificar la presión de los Estados Unidos (únicamente) sobre el estado judío, ofrece una profunda y comprensiva explicación de cómo Rhodes explica cómo las preocupaciones de los políticos demócratas sobre la retribución de la "clase de donantes" (es decir, de los judíos) inhibieron los esfuerzos de la administración Obama de castigar a Israel incluso más de lo que ya hizo.

El artículo también amplía la afirmación engañosa de Rhodes de que la incapacidad de Obama para persuadir a los partidarios de Israel de que lo respaldaran en este tema (en una mayor dureza y más críticas contra Israel) se debió a un prejuicio racial. Afirma que los partidarios de Israel asumieron que Barack Obama era pro-palestino porque era negro. La tesis de Rhodes, que Thrall respalda, es que este supuesto temor a Obama fue el resultado de la comprensión de la comunidad pro israelí de que el estado judío era realmente "un opresor". Según Rhodes, los críticos de Obama estaban "reconociendo, a través de sus propios temores, que Israel trataba a los palestinos como si los negros hubieran sido tratados en los Estados Unidos".

Este argumento realmente funciona al revés. Los demócratas judíos hicieron todo lo imposible por mantener su fe en la sinceridad de Obama ante sus profesiones de apoyo a Israel cuando se postuló para presidente en 2008, y todo ello a pesar de las pruebas existentes de lo contrario, tanto en aquel entonces como en el futuro. Lejos de tener prejuicios contra él, la mayoría de los judíos estadounidenses se unieron lealmente a Obama, a pesar de su creencia de que se necesitaba más "luz de día (dureza)" entre Israel y los Estados Unidos. Incluso apoyaron sus esfuerzos por apaciguar a un régimen iraní que estaba empeñado en el genocidio israelí.

La suposición de que los palestinos y los árabes israelíes reciben el mismo trato que las víctimas afroamericanas de Jim Crow en la era anterior a los derechos civiles en el sur de los Estados Unidos, es una gran mentira. Los árabes israelíes tienen los mismos derechos bajo la ley. Tampoco la Ley del Estado-nación aprobada el año pasado por la Knesset afecta a ninguno de sus derechos. El estancamiento sobre el futuro de Cisjordania se debe a que los palestinos han rechazado repetidamente los ofrecimientos de paz y estatalidad. Habrían alcanzado la independencia hace mucho tiempo si hubieran estado dispuestos a reconocer la legitimidad de un Estado judío, sin importar dónde se dibujen sus fronteras. Aquellos que aceptan estos argumentos falaces ignoran el conflicto o expresan su propia mentalidad antisemita.

Ese es el problema con el movimiento BDS. Sus partidarios no se oponen tanto a la supuesta opresión israelí como a la existencia de Israel, ya que consideran que la presencia de un solo estado judío en el planeta ya es demasiado.

Un ejemplo es la protesta “Deadly Exchange” del grupo Jewish Voice for Peace mencionada por Thrall. Representa los programas de intercambio que permiten a los agentes de la ley de los EEUU recibir capacitación israelí, como si fueran responsables de los asesinatos de afroamericanos por la policía en ciudades de los Estados Unidos. Es un clásico libelo de sangre antisemita. Sin embargo, Thrall lo presenta como un ejemplo más de cómo los idealistas están rechazando a Israel.

Aceptar la noción de que existe una afinidad natural entre el esfuerzo por lograr la igualdad de derechos para los afroamericanos y la lucha de los palestinos para destruir a Israel requiere una gran disposición para ignorar la verdad sobre Israel y del movimiento para destruirlo.

Más cercano, el artículo presenta una crítica de la invectiva antisemita de la representante demócrata Ilhan Omar como resultado del racismo que sufre.

La razón por la que Obama fue criticado por sus posiciones en el Oriente Medio no tuvo nada que ver con su raza y todo lo relacionado con su negativa a aceptar que el odio hacia Israel y el antisemitismo era el obstáculo para la paz, no el racismo, la comunidad pro israelí o la intransigencia de Israel. Si destacan las críticas a IlhanOmar, no es porque sea negra o musulmana, sino porque al igual que el movimiento BDS que ella apoya, es culpable de un antisemitismo flagrante.

Hubo un tiempo en que los mitos interseccionales que buscaban combinar el racismo anti-negro con el sionismo y los judíos, hubieran sido rechazados como una trampa antisemita prejuiciada que no merecía una audiencia en un foro prominente como el NYTimes . Pero eso fue antes de que algunos dentro de la izquierda comenzaran sus exitosos esfuerzos para dividir al partido Demócrata y legitimar el antisemitismo.

En la batalla por el alma del partido Demócrata, son los enemigos de Israel los que han abrazado el odio, no sus defensores. Son ellos quienes hablan del dinero judío mientras tratan de deslegitimar el estado judío y blanquear a sus enemigos. Los liberales que desean reclamar la integridad de su partido, y el de la publicación principal de su movimiento, tienen una ardua lucha frente a ellos.

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En la cobertura del New York Times sobre Israel, literalmente todo vale - Tamar Sternthal - Camera



Cuando se trata de la cobertura del New York Times sobre Israel, literalmente todo vale. El último caso en cuestión es el subtítulo completamente falso de una cartelera electoral israelí junto con un artículo destinado a explicar los diversos anuncios de campaña en una carrera cerrada y acalorada.

El título en cuestión, en la página 3 de la Edición Internacional de ayer, dice:
En Tel Aviv, una cartelera del partido Azul y Blanco, compitiendo al lado de un anuncio de campaña del Primer Ministro Benjamin Netanyahu y sus aliados de derecha. Las encuestas muestran que la elección está muy competida.
Se encuentra debajo una fotografía en color de cuatro columnas, en la parte superior de la página, mostrando un cartel donde en la parte izquierda aparece el liderazgo del partido desafiante, el Azul y Blanco: de izquierda a derecha, Moshe "Boogie" Yaalon, Benny Gantz, Yair Lapid y Gabi Ashkenazi. Todos excepto Lapid son ex jefes del ejército; Lapid fue un ministro de finanzas. Sus imágenes están enmarcadas en azul y blanco y el eslogan de debajo dice "La nación de Israel vive", junto al nombre del partido, "Azul y blanco".

Inmediatamente después y a su derecha, en la fotografía del cartel, aparecen cuatro figuras más enmarcadas en amarillo y gris. Son (desde la izquierda) Itamar Ben-Gvir del partido de extrema derecha Otzma Yehudit (Poder judío), el Primer Ministro Benjamin Netanyahu, Betzalel Smotrich del partido Hogar Judío, también de derechas, y Michael Ben Ari del Poder Judío, a quien la Corte Suprema prohibió participar en las elecciones por motivos de incitación antiárabe. El eslogan debajo de estos cuatro hombres, en amarillo, dice: "Kahana vive", el grito de guerra del proscrito y extremista partido Kach, prohibido en la Knesset en 1988 por incitar al racismo.

En el artículo que lo acompaña, "En los anuncios de campaña israelíes, todo vale", el jefe de la oficina del diario David Halbfinger, escribe :
La política israelí no es sutil… Solo echen un vistazo a los carteles dirigidos a los votantes en las redes sociales a medida que se acerca la elección del martes. Están en hebreo y en árabe, pero gran parte de lo que se muestra en los anuncios requiere poca o ninguna traducción.
En realidad, parece que los desconcertados editores del New York Times tienen una gran necesidad de traductores para decodificar un cartel no tan sutil. Para empezar, la fotografía muestra solamente un cartel, y no como dice la leyenda falsamente, dos anuncios en competencia. Como resulta evidente para cualquier observador israelí, y como debería serlo para los periodistas del NYTimes encargados de explicar las elecciones a los forasteros, se trata de un único anuncio del partido Azul y Blanco de Gantz tratando de pintar al Primer Ministro como un aliado cercano de los políticos extremistas del Poder judío, conocido por su racismo anti-árabe. El anuncio apunta a una fusión entre el Hogar Judío de derecha y el Poder Judío más extremo que facilitó el Primer Ministro.

El New York Times promete a sus lectores "la perspectiva más confiable del mundo". Sin embargo, su absoluta y completa mala interpretación de un anuncio político, bastante obvio y descarado, expone una vez más el hecho de que ese diario no proporciona información objetiva sobre Israel. De hecho, han sido unas semanas difíciles para la credibilidad del periódico cuando se trata de noticias confiables sobre Israel.

Junto al lado de esta falsa noticia, los editores se negaron a corregir tanto el informe falso de que una encuesta de Pew encontró que casi la mitad de los judíos israelíes están a favor de expulsar a todos los palestinos y la afirmación completamente infundada de que "la mayoría de los residentes árabes de Jaffa fueron expulsados ​​de sus hogares" en 1948. La sección de Opinión también está haciendo su parte para erosionar "la perspectiva más confiable del mundo", con, por ejemplo, un artículo de primera línea en la Edición Internacional ("En Israel, la llamada democracia") donde se cuestiona la democracia israelí, y todo ello siguiendo de cerca el artículo anti-israelí de Nathan Thrall la semana pasada.

En el The New York Times, esto se llama periodismo.

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El New York Times reescribe la historia de la huida de la mayoría de los árabes de Jaffa en 1948 - Tamar Sternthal - Camera



El 26 de abril de 1948, el General Sir Alan Cunningham, el Alto Comisionado Británico para Palestina, escribió a Arthur Creech-Jones, el Secretario Colonial, sobre la fuga masiva de árabes de Palestina, destacando la ciudad portuaria de Jaffa:
Debes saber que el desplome de la moral árabe en Palestina se debe en cierta medida a la creciente tendencia de aquellos que deberían gobernarlos a abandonar su país. Por ejemplo, en Jaffa, el alcalde cogió 4 días de licencia hace 12 días y no ha regresado, y la mitad del Comité Nacional se ha ido. En Haifa, los miembros árabes del municipio se fueron hace algún tiempo, los dos líderes del Ejército de Liberación Árabe se fueron en realidad durante la reciente batalla. Ahora el principal magistrado árabe se ha ido. En todas partes del país, la clase effendi ha estado evacuando el país en gran número durante un período considerable y el ritmo está aumentando. (Cunningham Papers, 111/4/71, pág. 189, citado en Efraim Karsh, Fabricating Israel History ).
Ahora 71 años después, y contradiciendo tanto al Alto Comisionado como a los árabes de Jaffa que vivieron los acontecimientos, los editores del The New York Times en Manhattan reescribieron la historia este fin de semana, y publicaron un artículo de viaje que apareció en la impresión de ayer de "The Paper of Record":
"En 1948, cuando se fundó el Estado de Israel, la mayoría de los residentes árabes de Jaffa fueron expulsados ​​por la fuerza de sus hogares. ("Un inesperado lujo en Tel Aviv", 17 de marzo).
La versión digital original de Debra Kamin no incluía esta falsa afirmación. Más bien, en respuesta a las críticas de los propalestinos de un artículo que inicialmente ignoraba la historia árabe de la ciudad, los editores revisaron la versión digital agregando esta información errónea.

Además, esta nota adicional de los editores que se adjuntó al final del artículo en sí, y que también apareció no una sino dos veces, en forma impresa (en una versión ligeramente modificada), el 17 de marzo como una corrección (página 4), y el 16 de marzo como Nota de los editores (página 22):

La versión original de este artículo, centrado exclusivamente en los hoteles de alta gama y otras adiciones, no abordó aspectos importantes de la composición de Jaffa y de su historia en particular, de la historia y la presencia continua de su población árabe, y la expulsión de muchos residentes en 1948. Debido a este lapso, el artículo tampoco reconoció la continua controversia sobre el nuevo desarrollo y su efecto en Jaffa. Después de que los lectores señalaron el problema, los editores agregaron parte de esa información de fondo a esta versión.

Dejando de lado por un momento el problema de la Nota del editor, el hecho de que apareciera en forma impresa (y además dos veces) es notable. Recordemos que The New York Times se negó rotundamente a publicar en forma impresa una Nota de los editores después de que la terrorista encarcelada Rasmeah Odeh fuera calificada solamente de "polémica activista palestina", la cuál fue más tarde deportada de los Estados Unidos por haber mentido sobre su pasado criminal. ¿Cuáles fueron las consideraciones editoriales que motivaron al NYTimes? Los editores ejecutaron la Nota del Editor en Odeh solo en línea, mientras que la información errónea apareció también impresa y, por el contrario, la (falsa) Nota del Editor sobre Jaffa fue impresa dos veces, y eso aunque la supuesta información errónea nunca apareció impresa.

En cuanto al contenido de la "corrección", la mayoría de los residentes árabes de Jaffa huyeron en 1948, y no fueron expulsados por la fuerza.

En "La ciudad de las naranjas: una historia íntima de árabes y judíos en Jaffa", el periodista Adam LeBor detalló la huida de los árabes de Jaffa. LeBor, un periodista que ha escrito para The Independent y The Times (Londres), y, curiosamente, también ha publicado una serie de reseñas de libros en The New York Times , informó en su libro sobre Jaffa:
El 8 de diciembre de 1947, después de varios días de escaramuzas entre combatientes árabes y la Haganah, cientos de combatientes árabes atacaron el barrio de Hatikvah en Tel Aviv en un importante ataque frontal. El ataque fue rechazado, con sesenta árabes y dos judíos muertos. Comenzó entonces el éxodo árabe de Jaffa. Gran parte de la clase media y los a'yan , que podrían haber proporcionado liderazgo en los próximos días de prueba, se reubicaron con sus familiares o en sus casas de verano en El Cairo y Beirut, creyendo que volverían una vez que la situación se calmara. El temor y el pánico son contagiosos. Cuando los artesanos y trabajadores de Jaffa vieron que sus jefes se estaban yendo, ellos también comenzaron a abandonar sus hogares. El servicio de inteligencia de la Haganah informó que los habitantes de Manshiyyeh y Abu Kabir, hacia el sur, se estaban mudando de la ciudad, empujando carros de mano llenos de sus posesiones. (página 114)
El mes siguiente, después de un ataque mortal dirigido contra el Alto Comité Árabe, pero que se cobró la vida de 26 en su mayoría civiles, LeBor dijo:
El éxodo de la clase media aceleró aún más la furiosa acusación de abandonar a Jaffa- Quienquiera que pudiera irse [de Jaffa] se ha ido, hay miedo en todas partes y no hay seguridad", dijo un informante árabe a Elías Sasson, jefe del departamento de Asuntos Árabes de la Agencia Judía, en enero de 1948.
LeBor relata el fatídico día del domingo 25 de abril de 1948, cuando comenzó la lucha por Jaffa. Él cuenta la huida de la familia Hammami, y su hijo Fadwa la recuerda:
En un día, mis padres decidieron irse. Pero no para bien, porque dejamos todo en la casa. Dijeron que nos íbamos de vacaciones, al Líbano. . . (página 125):
Ismail Abou-Shehade también relata (página 127):
Para Ismail Abou-Shehade, también, los recuerdos del éxodo son inolvidables. "Si me preguntas sobre este momento, te lo puedo contar como si hubiera sucedido hace una hora. Todavía puedo ver a la gente irse, las mujeres y los niños gritando: "¡Al mar, al mar!"
Además, LeBor informa sobre el alcalde árabe de Jaffa en ese momento, Yousef Heikal, quien abandonó la ciudad:
Heikal volvió el 28 de abril. "Entonces nos reunió de nuevo. Dijo que Jaffa iba a ser ocupada pronto por los judíos ya que no había defensa ni armas, y nada podía impedir que se llevaran a nuestra querida Jaffa. Luego le dio a la gente permiso para salir del país si lo deseaban. Dijo que él mismo se iba con su familia. Luego la gente comenzó a partir en barcos y trenes. Todas las rutas a los países árabes se abrieron, y la gente podía salir gratis. Los países árabes fueron los responsables. Después de una semana no quedaban más que gatos y perros. Las pocas familias que declararon se fueron a vivir a los naranjales”.
Demasiado asustados para permanecer en Jaffa una vez que los británicos partieron, miles de árabes más se fueron a principios de mayo, ya sea por mar o con la ayuda de los británicos cuando cruzaron las líneas de la Haganah.

El detallado libro de LeBor contiene una descripción considerable de la huida árabe desde Jaffa y ninguna indicación de expulsiones forzadas. La historiadora, la Dra. Petra Marquardt-Bigman, ha notado que Ibrahim Abu-Lughod, un profesor de ciencias políticas que dejó Jaffa en mayo de 1948 (y también fue citado por LeBor), también documentó la huida de los árabes de Jaffa. Escribió en un especial de Al-Ahram de 1998 que el Comité Nacional Árabe impuso un impuesto a los que se fueron, un éxodo que comenzó con los ricos. Él mismo se ofreció para ayudar a cobrar la cuota:
Trabajé en una rama del comité con sede en la Asociación de Jóvenes Musulmanes, cercana al puerto de Jaffa. Nuestro trabajo consistía principalmente en acosar a las personas para disuadirlos de que se fueran, y cuando insistían, comenzábamos a negociar sobre lo que debían pagar, según la cantidad de equipaje que llevarían con ellos y la cantidad de miembros de la familia. Al principio fijamos unos impuestos altos. Luego, a medida que la situación se deterioraba, redujimos las tarifas, especialmente cuando nuestros amigos y familiares comenzaron a estar entre los que se iban.
Continuamos recaudando este impuesto hasta el 23 de abril, cuando la fuerza combinada de la Haganah y el Irgun logró derrotar a las fuerzas árabes estacionadas en el barrio de Manshiya adyacente al sur de Tel-Aviv. Ese día, cuando nos dimos cuenta de que era inminente un ataque en el centro de Jaffa, mi familia y yo decidimos que debíamos evacuarnos temporalmente. Alquilamos una camioneta, en la que metimos a todas las mujeres y niños pequeños, y los enviamos a Nablus.
¿Sobre qué base informa The New York Times que "la mayoría" de los árabes de Jaffa fueron "expulsados por la fuerza"? ¿Qué documentación histórica justifica una alegación que fue contradicha por testigos presenciales árabes? 

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Al igual que Corbyn (y los antisemitas izquierdistas americanos), Lenin tenía su propio equipo de judíos antisionistas - Colin Shindler - TheJC



El grupo declaradamente pro Corbyn Jewish Voice for Labor (al igual que las versiones americanas de Jewish Voice for Peace y en cierta medida IfNotNow) tiene muchos antecedentes en la historia judía: representa, tal como hacen, a los pocos y no a los muchos, y son abrazados de manera entusiasta por una elite gobernante o ideológica.

Algunos se han opuesto ideológicamente al sionismo, como los bundistas y los haredim, otros han sido sionistas socialistas desilusionados. Algunos incluso han sido judíos accidentales, en el sentido de que su judeidad o judaísmo nunca estuvo en el centro de su identidad, mientras que otros están especializados, en palabras de Howard Jacobson, en ser miembros de la cofradía de los "judíos avergonzados (por los otros judíos, o sea, por la enorme mayoría)".

El historiador y biógrafo marxista de Trotsky, Isaac Deutscher, dio una charla en la Semana del Libro Judío en 1958 titulada "El judío no judío". Deutscher argumentó que los revolucionarios judíos simbolizaban a "los ideales más altos de la humanidad", tal como existían en los márgenes de las diferentes civilizaciones, religiones y culturas. Desde posiciones tan ventajosas, el Sr. Deutscher creía que los "judíos no judíos" podían ver el futuro y la verdad con absoluta claridad, modelar científicamente el futuro y, por lo tanto, guiar a los desposeídos y desfavorecidos.

El episodio seminal que dio forma a tales judíos fue la toma del poder por parte de los bolcheviques en 1917. Cabe destacar que la Declaración Balfour y la revolución de octubre sucedieron a unos días entre sí. Ambos eventos resonaron dentro de la tradición judía. Uno para restablecer una comunidad judía después de dos milenios, el otro supuestamente para romper las cadenas de la esclavitud y reparar el mundo.

El camino a seguir planteaba un tremendo dilema para los muchos judíos que se regocijaron con el derrocamiento del zar antisemita.

Cuando los bolcheviques pasaron a ser vistos como un poder permanente, muchos sionistas recurrieron al comunismo. ¿Por qué construir Sión en Palestina cuando se estaba produciendo aquí y ahora la redención en Moscú?

Vladimir Lenin, un noble ruso de menor entidad, tenía poca comprensión de las masas judías trabajadoras. Nunca consideró al sionismo marxista de Ber Borokhov, sino que predicó la asimilación porque estaba rodeado de judíos cuyo judaísmo se definía "por huir del judaísmo y de la judeidad".

Los escalones superiores del partido comunista estaban compuestos por judíos altamente asimilados (Trotsky, Zinoviev, Kamenev, Sverdlov, Radek), mientras que las masas judías se dirigieron hacia los mencheviques socialistas.

Sin embargo, había que pagar un precio por tal cambio. Mientras Theodor Herzl quería que el judío se convirtiera en un tipo diferente de judío, Lenin quería que el judío se convirtiera en un tipo diferente de no judío.

En enero de 1918, Semyon Diamanshtein, el Comisario de Asuntos Judíos y un graduado de Telz, Slobodka y Lubavitch Yeshivot, estableció la Yevsektsia, la sección judía del partido comunista. Deseaba desentrañar la trama de la vida judía convencional y "llevar a cabo la dictadura del proletariado en la calle judía".

Sin embargo, las elecciones para la Asamblea Constituyente en noviembre de 1917 otorgaron en la votación para sus secciones judías el 88% para los sionistas y los religiosos.

Pero los bolcheviques abolieron la Asamblea Constituyente y, para 1919, los yevsektsias habían usado su influencia y autoridad para cerrar oficinas y publicaciones sionistas. En abril de 1920, una conferencia sionista fue detenida por la Cheka (la precursora de la KGB) y sus participantes encarcelados temporalmente.

La Yevsektsia luego dirigió su atención hacia el cierre de las escuelas hebreas y la prohibición de una floreciente literatura hebrea. El yidish, según se proclamó, era el idioma de la clase obrera judía y el hebreo el idioma de los clérigos y la burguesía.

Mientras que la Yevsektsia pintaba al sionismo con una apariencia anticomunista, las autoridades soviéticas no estaban tan seguras. El Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia, emitió un decreto en julio de 1919 que establecía que la organización sionista no era contrarrevolucionaria y que sus actividades no deberían interrumpirse. Pero los yevsektsia no estaban interesados en respetar ese decreto.

Hubo varios ejemplos de importantes figuras soviéticas que se mostraron perplejas ante la virulencia demostrada por los yevsektsias. Esto incluyó a Félix Dzerzhinsky, el jefe de la Cheka, quien cuestionó la opinión de sus subordinados de que las organizaciones sionistas realmente desafiaban el control del Kremlin.

Doce de los principales escritores y poetas hebreos, incluidos Chaim Nachman Bialik y Shaul Tchernikovsky, eligieron la emigración a Palestina. El Comisario de Educación y Cultura, Anatoly Lunacharsky, aceptó hablar en el banquete de despedida de Bialik en Moscú, pero se opuso a la Yevsektsia. El banquete fue cancelado por temor a que la Yevsektsiya tuviera éxito en la revocación de la visa del Sr. Bialik.

Los yevsektsias también intentaron usar su influencia para cortar los fondos estatales al grupo teatral hebreo, Habimah. Sólo la intervención del escritor Maxim Gorky impidió su liquidación.

Cuando los yevsektsia se atrincheraron, se volvieron con entusiasmo contra sus antiguos compañeros. En septiembre de 1924 tuvo lugar el arresto y el exilio de 3.000 sionistas, la mayoría de los perecieron en el Gulag. Unos pocos lograron sobrevivir hasta que surgió un movimiento de emigración masiva de los judíos soviéticos después de 1967.

Pero la revolución también devoró a sus hijos judíos. El 20 de agosto de 1938, Stalin firmó la sentencia de muerte de Diamanshtein y, una década más tarde, en una serie de juicios espectáculos, encontraron a los antiguos y leales comunistas judíos culpables de "sionismo", y también tuvieron su final en una lista de ejecución.

Durante los últimos 100 años, el epíteto 'yevsektsia' se ha convertido en una etiqueta despectiva para los grupos judíos periféricos ubicados en la extrema izquierda. Siempre minúsculos, pero políticamente útiles, son un producto continuo de la historia y la identidad. La mayoría de los judíos conservan sus ideales, pero han templado sus sueños con lecciones aprendidas del pasado. Lo que cuenta es la venida del mesías, no su llegada real.

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Tuesday, April 09, 2019

Otro gran artículo de Eydar: Las elecciones de 1981 como relato de advertencia - Dror Eydar - Israel Hayom


Seguidores de Begin en las elecciones de 1981

1.- Desde todas las partes escuchamos las mismas protestas de refinada sensibilidad: esta elección es la más sucia de todas. ¿Realmente, ya se han olvidado de las de 1981?

En aquel entonces, las pasiones aumentaron hasta llegar a una amenaza de guerra civil. Nadie estaba debatiendo la ideología, la tierra de Israel, ni tampoco la economía, la seguridad o la educación. Para el israelí de la calle, la pregunta principal en esas elecciones se convirtió muy rápidamente en el lugar del "segundo Israel (el Israel de segunda)". Cuatro años antes, se produjo una gran agitación política, y por primera vez en la historia del estado, el liderazgo del campo ideológico siempre rechazado, el campo rebelde, ocupó su lugar al volante de la nave sionista. El Alineamiento (como se llamaba a la lista combinada de los partidos Laborista y Mapam) estaba convencida de que lo sucedido en 1977 se trataba de un error histórico que se remediaría rápidamente. El surgimiento del Likud en 1977 fue excusado por el surgimiento del Movimiento Democrático para el Cambio, que recogió los votos del Alineamiento. Mientras se desmoronaba, el Alineamiento pensó en recuperar el volante y restaurar la antigua hegemonía política. El eslogan del Alineamiento en la campaña para la Knesset fue "¿Cuatro años más de Begin?"

Así es como el debate político se convirtió en un debate sociopolítico, en otras palabras, en un argumento emocional sobre la legitimidad del liderazgo de la derecha. El Likud y los votantes sionistas religiosos, que finalmente habían probado el poder después de largos años de estar en la puerta como mendigos, sintieron que los argumentos estándar sobre política, defensa y seguridad y economía eran solo un encubrimiento para la pregunta principal: ¿ganarían de nuevo? ¿la derecha podría continuar el cambio que solo había comenzado a tomar forma en esos cuatro años?

Los votantes del Alineamiento no entendieron el profundo anhelo de legitimidad entre los judíos de los países árabes, los revisionistas, los sionistas religiosos e incluso los haredim: todos deseaban sentirse como en casa en su país. Sabemos cómo la izquierda en ese momento desestimó el deseo de respeto de la derecha y de los religiosos. El respeto fue visto como un concepto del Oriente Medio que no tenía lugar en el sistema de valores occidentales, del cual Israel aspiraba a ser parte. Este rechazo condujo a comentarios racistas exasperantes que agitaron a varias comunidades, tanto que muchos de los mítines electorales parecían campos de batalla.

2.- Yo era un adolescente en ese momento, y en uno de los días más cargados de la campaña, fui a la cocina y vi a mi difunta madre llorando. Lloraba al ver cómo habían humillado a Shimon Peres en un mitin en Beit Shemesh, a pesar de que ella nunca había votado por él y tenía buenas razones para objetarlo. "¿Cómo podían hacerle eso a alguien que había entregado toda su vida a este país?", me dijo. Fue una gran lección de vida.

Pero la mayoría del público escuchó lo que Peres dijo en ese mitin y sus palabras marcaron sus corazones como hierro fundido. Muchos votantes del Likud también estaban en la plaza. Vieron a los oradores como a esas personas que los habían oprimido durante años. "Begin, Begin", gritaban desde abajo. El ex jefe de Estado Mayor del IDF, Motta Gur, se enojó y gritó a la multitud atónita: "Al igual que los gritos y las estampillas no les ayudaron a ellos [a los árabes], los gritos no os ayudarán a vosotros y os engañaremos". Una declaración que demostraba el odio y el desprecio que "el primer Israel sentía del segundo Israel". El arrebato espontáneo de Gur expresó la actitud de todo un campo ideológico cuya gente se veía a sí misma como los verdaderos dueños del estado, a quienes se había retirado del asiento del conductor brevemente y pronto recuperaría el volante.

Lo que Gur dijo arrojó combustible al fuego, y cuando Peres se levantó para hablar, la multitud no le dejó. Peres no vio cuán profunda era la ruptura entre su partido y ese sector en particular. Las burlas no le conmovieron y trató de educar y amonestar a los manifestantes "suavemente":
"No tendremos miedo de vosotros, ni de vuestro fascismo, ni de vuestro jomeinismo, ni de vuestros movimientos Mizrahim. Qué vergüenza. ¿Es esta una gente culta, con movimientos combativos Mizrahim? Qué vergüenza. No arruinen el nombre de Beit Shemesh. ¿Es así como aparecerá la gente, la gente de Begin? Borrachos... no griten... Ustedes no tienen derecho al odio, no saben nada. El odio y la lucha entre hermanos, el odio y la falta de cultura. ¿Estos gestos de los Mizrahim les ganarán la elección?".
3.- Cuando miras hacia atrás a las imágenes de esos años, ves que ni Motta Gur ni Shimon Peres, ni ninguna otra persona que estaba en el podio, fueron conmovidas por las protestas. La impresión es que para ellos, esto era una molestia pasajera. Toda la elección fue una formalidad procesal, el precio de admisión al proceso democrático, después de lo cual el genio volvería a la botella y la nave sionista laborista recuperaría su liderazgo legítimo.

Por aquel entonces, solo había una estación de televisión, y estaba casi enteramente dedicada a promover el Alineamiento. La radio, también. Lo mismo para los tres grandes periódicos de la época. Era obvio para la mayoría de los periodistas que Israel necesitaba "encontrarse de nuevo" o "recuperar su cordura" de las visiones mesiánicas de Begin y sus amigos,

Herzl Hanukah, quien le quitó la palabra a Peres, fue mostrado en los anuncios de la campaña del Alineamiento como un representante típico del Likud bajo el lema "Debemos detener esta locura". Esta semana, recordé a Hanukah cuando "Capitán George", un abuelo de 63 años fue atacado por ser un "bot" y fue llamado "kahanista y racista", a pesar de que se opuso a estos términos con entusiasmo y afirmó que sus 14,000 tuits incluían algunos que había escrito mientras estaba molesto después de los eventos terroristas, pero que no reflejaban su cosmovisión. También en este caso, los medios se dedicaron a equiparar tontamente al hombre con todo el Likud y su líder.

En lo que se refiere a eso, el famoso mitin de la izquierda en la que antes era la Plaza de los Reyes de Israel (ahora Plaza de Rabin), tres días antes de las elecciones de 1981, resume toda la historia en una cáscara envenenada. Frente a unas 200,000 personas, el maestro de ceremonias, un prometedor artista llamado Dudu Topaz, elogió a la audiencia con un fuerte aplauso: “Las personas que están aquí, son las que luchan en las guerras; los riffraff del Likud sirven como guardias centinelas, incluso si sirven en el ejército ”. Incluso hoy en día, los votantes del Likud son tratados como un alboroto o como sujetos faciles de manipular.

No. La elección no es sobre las personalidades de los líderes. No creas en ese disfraz. Hoy también, estamos votando sobre el futuro de la Tierra de Israel y los asentamientos; la lucha por el derecho de los ciudadanos a determinar su futuro a través de sus funcionarios electos y no a través de asesores legales y la Corte Suprema; el continuo crecimiento del libre mercado y la desregulación; sobre la identidad de Israel no solo como una democracia sino también como un estado judío; sobre temas de defensa y seguridad; sobre las relaciones Internacionales y mucho más.

4.- El jueves, me encontré con una película de miedo que la nieta de Peres, Mika Almog, realizó para esta campaña electoral. Almog atacó al primer ministro Benjamin Netanyahu con palabras similares a, incluso más duras que las que usaba su abuelo, en un estilo apocalíptico que hace que el corazón del espectador se acelere y haga que quiera buscar refugio. Al demonizar a Netanyahu, Almog descargó su amargura y expresó los sentimientos de una gran parte de la izquierda israelí.

Es como si nada hubiera cambiado en los últimos 38 años. El pensamiento de que la derecha no tiene una cosmovisión y una ideología razonable y adecuada todavía prevalece. Como si el público no supiera cómo aprender de la experiencia histórica, del fracaso de los Acuerdos de Oslo y de la retirada de la Franja de Gaza, del fracaso de la economía centralizada, como si no tuviera suficientes cerebros para ver las ventajas de un mercado libre, como si la gente hubiera sido engañada a la hora de ver que Israel podría tener éxito diplomático incluso sin pagar con la moneda de partes de la patria judía, y todo lo que se debe conseguir es desconectar a los votantes de su líder, como si intentaran conectarlos con ese "segundo Israel" de Begin de 1981, presentándolo como un peligro para el futuro de Israel. ¿Qué lección hemos aprendido desde entonces?

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Monday, April 08, 2019

Debemos ser dignos de los Altos del Golán - Nadav Shragai - Israel Hayom



"Ceguera de color rosa", una frase acuñada por el escritor Aharon Megged casi nos golpeó hace una década. En la primavera de 2007, unos años antes de la Primavera Árabe, la cuál resultó ser un invierno escalofriante, unas pocas docenas de artistas, escritores y ex diputados y funcionarios de defensa se reunieron en la Colina de los Gritos, cerca de Majdal Shams, en el norte de los Altos del Golán. Saludaron con la mano al presidente sirio Bashar Assad y le pidieron al gobierno israelí que lo viera como un socio y alguien con quien se podría dialogar. Quedó claro para todos cuál sería el precio del acuerdo: cada pulgada de los Altos del Golán, o casi hasta la última pulgada.

La página web Occupation Magazine, que cubrió la visita de ese grupo, presentó una pieza jocosa de un escritor anónimo que predijo que "Bashar era el 'shaar' [la puerta] de Europa". También hizo chistes sobre esos otros israelíes que eran tan difíciles de convencer para que se rindieran y devolvieran el Golán, diciendo que su apetito por "el hummus en Damasco y el salep en Alepo" les podía.

Las figuras prominentes en ese nuevo movimiento incluían al autor Sami Michael; al ex jefe de la agencia de seguridad Shin Bet, Yaakov Peri; y al académico sobre el Oriente Medio  el profesor Moshe Maoz. El líder del grupo fue el diplomático de carrera Alon Liel, ex director general del Ministerio de Asuntos Exteriores. Casi al mismo tiempo, el ex ministro Yossi Beilin decretó que "la cuestión de los sirios que se adentrarían en el Mar de Galilea [que los sirios querían totalmente para ellos mismos] era totalmente infantil". Dan Meridor comparó la negativa del gobierno a hablar con Siria con la anterior negativa de los países árabes a hablar con Israel. La ceguera color rosa también afectó al ex ministro de Defensa, Binyamin Ben-Eliezer; al rabino jefe de Turquía, que se reunió con Assad y pensó que era "bueno"; e incluso al general de brigada Yossi Baidatz, ex jefe de investigación en el Cuerpo de Inteligencia del IDF,

Lo que la mayoría de estas personas tenían en común era la sensación de que Israel estaba perdiendo el barco en Siria, así como la disposición a intercambiar "el 100% del territorio por el 100% de la paz", evacuar los asentamientos judíos en el Golán y devolver la soberanía siria a las orillas del Mar de Galilea a cambio de acuerdos de defensa, desmilitarización y normalización.

Años después de esto, solo dos periodistas de alto nivel, Sever Plotzker en Yedioth Ahronoth y Ari Shavit en Haaretz, fueron lo suficientemente valientes como para admitir lo equivocados que habían estado. Plotzker hizo un mea culpa y dijo que no había tenido en cuenta "la naturaleza tiránica del régimen de Damasco. Me engañé a mí mismo... Creía tanto en esa paz que me negué a ver la realidad... Benjamin Netanyahu tenía razón... no haces las paces con asesinos y dictadores".

Shavit cree que si se hubiera implementado la cosmovisión que él defendía por aquel entonces, "los batallones de la Yihad global se estacionarían junto a Ein Gev y tendríamos campamentos de Al Qaeda en las orillas del Mar de Galilea". También dijo que "el norte de Israel y sus fuentes de agua bordearían una entidad islamista armada, radical e incontrolable... si hubiéramos concedido Katzrim y [Kibbutz] Snir, habríamos obtenido terrorismo en [los kibbutzim] Dan y Dafna y todo tipo de materiales fluiría hacia las fuentes del rio Jordan. Habría frecuentes incendios en Tel Katzir y HaOn. ... El Golán sirio se habría convertido en un agujero negro".

Una década después, el presidente de los EEUU también identificó el "agujero negro", pero la histórica declaración de Donald Trump también compromete a Israel a tomar medidas históricas para evitar hundirse en una nueva ceguera rosa y evitar que la periferia de los Altos del Golán se convierta en otra Gaza. Periferia:  evitar que Tiberíades y Ein Gev se conviertan en las versiones del norte de los consejos regionales de Eshkol y Shaar Hanegev y evitar esa clase de agujero negro en el norte que la desconexión de Gaza creó en el sur.

Los gobiernos israelíes han descuidado los asentamientos judíos en los Altos del Golán. En el primer gobierno bajo el ex Primer Ministro Menachem Begin, el Ministro de Agricultura Ariel Sharon y el Ministro de Defensa Ezer Weizman libraron una batalla épica sobre qué tipo de asentamientos deberían establecerse en Judea y Samaria. Sharon quería un asentamiento en cada colina y quería expandirse a docenas, incluso cientos, de pequeños puntos como medio para controlar el territorio. Weizman estaba satisfecho con los bloques de asentamientos, seis grandes ciudades con poblaciones significativas, y no quería extenderse más. Al final, ambos ganaron: hoy, unos 450,000 judíos viven en más de 230 ciudades, asentamientos y puestos de avanzada en Judea y Samaria. En el Golán, sin embargo, no hay grandes ciudades y solo un puñado de pequeñas comunidades.

El Golán, donde los judíos han vivido desde la antigüedad y donde no existe un "problema demográfico" y que es vital para la seguridad de Israel, todavía está poblado por judíos y es una oportunidad perdida para el asentamiento y el sionismo. Durante 52 años, solo 22,000 judíos se establecieron allí, un número bastante patético, menos del 5% de la población judía de Judea y Samaria. El bloque Ariel-Elkana, por ejemplo, ahora es el hogar de una población tres veces más grande que la población judía en todos los Altos del Golán.

Incluso si comparamos la tasa de crecimiento de los asentamientos en los Altos del Golán con la tasa de crecimiento en las ciudades periféricas de Israel, vemos una brecha notable: en el mismo período en que el Golán se convirtió en el hogar de 22.000 israelíes, Eilat creció en 39,000 residentes y ciudades como Nahariya y Kiryat Gat crecieron cada una 33,000.

Los historiadores determinarán la razón de eso. Lo que es importante ahora es arreglar lo que está mal o realmente no seremos dignos del presente de Purim de Trump. Ahora es nuestro turno. Una revolución de asentamientos y empleo debe tener lugar en el Golán. El gobierno debe tomar la iniciativa. El público debe responder a la llamada. El Golán, con sus magníficas vistas y su población maravillosa, pero limitada, se ha convertido en parte de la existencia israelí. Muchos ven su paisaje, sus comunidades e incluso sus productos como parte de su vida israelí, pero siempre y como no pongamos a cientos de miles de residentes allí - lo suficiente como para poner fin a cualquier conversación sobre la entrega a Siria en cualquier momento. en el futuro - la declaración de Trump no garantizará su futuro.

El Golán, que está repleto de restos del heroísmo judío y de restos judíos desde la época del rey David hasta la heroica batalla por Gamla y el período talmúdico, merece ser mucho más de lo que hemos logrado.

El Golán es israelí y debe ser tratado como tal. El Golán fue puesto bajo el dominio francés como parte de una división colonialista y Siria, que se independizó en 1946, lo mantuvo (un total del 1% de su territorio) durante solo dos décadas. Desde ese momento, se convirtió en un punto de partida para los intentos de ocupar y destruir Israel. El ejército sirio bombardeaba regularmente las comunidades fronterizas israelíes, atacaba a los pescadores en el Mar de Galilea e intentaba desviar sus recursos hídricos. Siria convirtió en un infierno la vida de los israelíes que vivían a los pies de los Altos del Golán, como la situación actual en el Negev occidental. En 1967, el Golán fue recapturado en una guerra justificada de legítima defensa. Lo aseguramos a través de nuestra sangre. Los sirios lo perdieron por ley y Begin aplicó la ley israelí allí en 1981. Esta semana, los Estados Unidos lo reconocieron. Ahora es el momento para que hagamos lo mismo.

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