Perlas cultivadas en el ABC
A veces, un periódico es una buena inversión. Ojalá el día de las elecciones europeas venga como hoy. Perder mi tiempo con las urnas si que sería imperdonable.
ZP quiere manifestarse - César Alonso de los Ríos
Los sindicados tienden por naturaleza al verticalismo. Con Franco o con Zapatero. En realidad, sus peleas con los gobiernos lo son por parcelas de poder. Así, Nicolás Redondo con Felipe González. Las tensiones que provocó UGT (tres huelgas generales) tuvieron su origen en la lucha por el control de los carnets. Los sindicatos son conscientes de que su personalidad es marginal y buscan la permanencia en el sistema gracias a los servicios que prestan a los partidos.
(...)
Proclives al protagonismo con el poder político los sindicatos tratan siempre de disimular su subordinación real. Los Gobiernos lo saben y los cuidan. Ayer Aznar, hoy Zapatero. Sucede que este está llevando esta convivencia a la exageración. Dijo antes de ayer que su corazón estaba con los manifestantes del primero de mayo. Cualquier día bajará a la calle y se pondrá al frente de la manifestación.
Esquizofrenia madrileña - Ignacio Ruiz Quintano
ZP: Zimbawe Paradise. El Mugabe de León ha conseguido hacer de España el parque temático del paro occidental. Es su truco para ganar elecciones, que tanta admiración provoca en Sarkozy. Coges a la gente y la dejas sin trabajo. A partir de ahí, si quiere subsidio, vendrá a ti con la escudilla. Cuatro millones de parados suponen ocho millones de votos, contando que cada oveja come con su pareja. Los otros tres millones necesarios para mandar en España salen de los funcionarios (...)
El centenario de la expulsión de los moriscos - Ricardo García Cárcel
(...) En definitiva, la valoración de la expulsión de los moriscos ha estado tradicionalmente marcada por la bipolaridad, más emocional que racional, de los maurófilos y los maurófobos. Los primeros consideran que fue posible la asimilación o integración de los moriscos, que eran posibles alternativas distintas a la expulsión (ya en 1609 el extremeño Pedro de Valencia sugirió siete alternativas distintas aparte de la expulsión). Y reconocen en los moriscos una plasticidad política y cultural, una capacidad de adaptación, que podía conjugarse con los cristianos en el marco de una España tolerante, que la hubo. Los segundos, han partido siempre de la inasimilabilidad de los moriscos por su estructural capacidad conspirativa y lanzan un diagnóstico fatalista: no fue posible otra solución. Contraponen a los sueños alternativos de la España que no pudo ser, el implacable pesimismo de la España que fue.
Me temo que no hemos avanzado mucho en estas posiciones. Los atentados terroristas islamistas de los comienzos de nuestro siglo han condicionado una radicalización de la actitud ideológica. Hoy unos defienden la alianza de civilizaciones, otros el choque de culturas. Unos se mecen en el idealismo de la España de las tres culturas. Otros se lanzan por la vía del apocalipticismo catastrofista. El sueño de la tolerancia, el mundo feliz de la convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos, impregna de buenismo banal muchos análisis que ya no sólo lamentan la expulsión sino que parecen subrayar que la legitimidad histórica se halla en el Al-Andalus medieval que tendría derecho a recuperar el territorio perdido a lo largo de la Reconquista. La mirada complacida y complaciente hacia la dominación musulmana en España lleva hasta extremos tan políticamente correctos como querer borrar todo signo de expresiones racistas o violentas antimusulmanas en España expurgando incluso iconos representativos de aquella violencia como el de Santiago Matamoros y, desde luego, a exaltar el andalucismo como un puro reflejo del legado cultural musulmán. La expulsión de los moriscos, desde esta óptica, sería una avanzadilla de las «soluciones finales» dramáticas tomadas en nuestro siglo contra comunidades culturales por imperativos racistas.
En el otro lado, no faltan los que parecen no haber superado la literatura de cruzada, deteniéndose en los contenidos más integristas del Corán y exaltando la yihad como el supuesto eje que marca la vocación expansionista del Islam.
La verdad es que la atribución de connotaciones progresistas sólo a la maurofília es absolutamente ingenua, si recordamos la flamante guardia mora de Franco o las connotaciones reaccionarias de muchos aspectos de la cultura islámica.
El nacionalismo andaluz, recogiendo la semilla sembrada por Blas Infante, ha reasumido el patrimonio histórico musulmán soñando con la identificación de Andalucía con el global Al-Andalus musulmán y dejándose llevar por la nostalgia de una presunta prosperidad andaluza cortada en seco por los Reyes Católicos y los «castellanos invasores» y definitivamente liquidada con la expulsión de 1609.
Es obvio que Andalucía no sería igual sin los árabes, pero es absurdo pretender explicar Andalucía sólo en clave musulmana. Nadie puede negar la trascendencia de las aportaciones culturales de los musulmanes en España y en Andalucía en particular, pero es delirante el simplismo maniqueo que ha llevado a la mitificación de lo musulmán como intrínsecamente bueno y lo cristiano como intrínsecamente malo.
El «Mátrix progre» según Juan Manuel de Prada
En ese «Mátrix progre» que usted denuncia, pergeñado por la izquierda, ¿por qué la derecha renuncia a presentar batalla?
-El «Mátrix progre» alude a la película de los Wachowski, en donde la Humanidad está esclavizada por unas máquinas que infiltran en la mente de las personas una realidad virtual. Yo hago una metáfora, y considero que vivimos en una época en la que efectivamente hay una serie de paradigmas culturales, de patrones de juicio, que se han introducido como injertos emocionales en toda la población. Y contra los y las cuales la gente tiene la percepción de que no tiene sentido rebelarse. Son el marco o límite o terreno de juego en el que tiene que de-senvolverse la vida social, política, etc... Este territorio, efectivamente, lo ha establecido la izquierda, que en un determinado momento acepta los postulados económicos de la derecha, con leves rectificaciones, pero a cambio impone un orden social y moral que la derecha acata. De tal manera que la derecha, realmente no importa si es liberal o conservadora, siempre actúa como conservadora cuando llega al poder, porque se limita a conservar el orden social impuesto por la izquierda.
-¿Y dónde queda la ideología?
-El combate contra el «Mátrix progre» no puede ser ideológico. puesto que la ideología es una batalla que la derecha ha renunciado a ofrecer, y la única posibilidad de de-senmascarar el «Mátrix progre» es intentando dar una visión alternativa del hombre y de su lugar en el mundo, una visión antropológica.
ZP quiere manifestarse - César Alonso de los Ríos
Los sindicados tienden por naturaleza al verticalismo. Con Franco o con Zapatero. En realidad, sus peleas con los gobiernos lo son por parcelas de poder. Así, Nicolás Redondo con Felipe González. Las tensiones que provocó UGT (tres huelgas generales) tuvieron su origen en la lucha por el control de los carnets. Los sindicatos son conscientes de que su personalidad es marginal y buscan la permanencia en el sistema gracias a los servicios que prestan a los partidos.
(...)
Proclives al protagonismo con el poder político los sindicatos tratan siempre de disimular su subordinación real. Los Gobiernos lo saben y los cuidan. Ayer Aznar, hoy Zapatero. Sucede que este está llevando esta convivencia a la exageración. Dijo antes de ayer que su corazón estaba con los manifestantes del primero de mayo. Cualquier día bajará a la calle y se pondrá al frente de la manifestación.
Esquizofrenia madrileña - Ignacio Ruiz Quintano
ZP: Zimbawe Paradise. El Mugabe de León ha conseguido hacer de España el parque temático del paro occidental. Es su truco para ganar elecciones, que tanta admiración provoca en Sarkozy. Coges a la gente y la dejas sin trabajo. A partir de ahí, si quiere subsidio, vendrá a ti con la escudilla. Cuatro millones de parados suponen ocho millones de votos, contando que cada oveja come con su pareja. Los otros tres millones necesarios para mandar en España salen de los funcionarios (...)
El centenario de la expulsión de los moriscos - Ricardo García Cárcel
(...) En definitiva, la valoración de la expulsión de los moriscos ha estado tradicionalmente marcada por la bipolaridad, más emocional que racional, de los maurófilos y los maurófobos. Los primeros consideran que fue posible la asimilación o integración de los moriscos, que eran posibles alternativas distintas a la expulsión (ya en 1609 el extremeño Pedro de Valencia sugirió siete alternativas distintas aparte de la expulsión). Y reconocen en los moriscos una plasticidad política y cultural, una capacidad de adaptación, que podía conjugarse con los cristianos en el marco de una España tolerante, que la hubo. Los segundos, han partido siempre de la inasimilabilidad de los moriscos por su estructural capacidad conspirativa y lanzan un diagnóstico fatalista: no fue posible otra solución. Contraponen a los sueños alternativos de la España que no pudo ser, el implacable pesimismo de la España que fue.
Me temo que no hemos avanzado mucho en estas posiciones. Los atentados terroristas islamistas de los comienzos de nuestro siglo han condicionado una radicalización de la actitud ideológica. Hoy unos defienden la alianza de civilizaciones, otros el choque de culturas. Unos se mecen en el idealismo de la España de las tres culturas. Otros se lanzan por la vía del apocalipticismo catastrofista. El sueño de la tolerancia, el mundo feliz de la convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos, impregna de buenismo banal muchos análisis que ya no sólo lamentan la expulsión sino que parecen subrayar que la legitimidad histórica se halla en el Al-Andalus medieval que tendría derecho a recuperar el territorio perdido a lo largo de la Reconquista. La mirada complacida y complaciente hacia la dominación musulmana en España lleva hasta extremos tan políticamente correctos como querer borrar todo signo de expresiones racistas o violentas antimusulmanas en España expurgando incluso iconos representativos de aquella violencia como el de Santiago Matamoros y, desde luego, a exaltar el andalucismo como un puro reflejo del legado cultural musulmán. La expulsión de los moriscos, desde esta óptica, sería una avanzadilla de las «soluciones finales» dramáticas tomadas en nuestro siglo contra comunidades culturales por imperativos racistas.
En el otro lado, no faltan los que parecen no haber superado la literatura de cruzada, deteniéndose en los contenidos más integristas del Corán y exaltando la yihad como el supuesto eje que marca la vocación expansionista del Islam.
La verdad es que la atribución de connotaciones progresistas sólo a la maurofília es absolutamente ingenua, si recordamos la flamante guardia mora de Franco o las connotaciones reaccionarias de muchos aspectos de la cultura islámica.
El nacionalismo andaluz, recogiendo la semilla sembrada por Blas Infante, ha reasumido el patrimonio histórico musulmán soñando con la identificación de Andalucía con el global Al-Andalus musulmán y dejándose llevar por la nostalgia de una presunta prosperidad andaluza cortada en seco por los Reyes Católicos y los «castellanos invasores» y definitivamente liquidada con la expulsión de 1609.
Es obvio que Andalucía no sería igual sin los árabes, pero es absurdo pretender explicar Andalucía sólo en clave musulmana. Nadie puede negar la trascendencia de las aportaciones culturales de los musulmanes en España y en Andalucía en particular, pero es delirante el simplismo maniqueo que ha llevado a la mitificación de lo musulmán como intrínsecamente bueno y lo cristiano como intrínsecamente malo.
El «Mátrix progre» según Juan Manuel de Prada
En ese «Mátrix progre» que usted denuncia, pergeñado por la izquierda, ¿por qué la derecha renuncia a presentar batalla?
-El «Mátrix progre» alude a la película de los Wachowski, en donde la Humanidad está esclavizada por unas máquinas que infiltran en la mente de las personas una realidad virtual. Yo hago una metáfora, y considero que vivimos en una época en la que efectivamente hay una serie de paradigmas culturales, de patrones de juicio, que se han introducido como injertos emocionales en toda la población. Y contra los y las cuales la gente tiene la percepción de que no tiene sentido rebelarse. Son el marco o límite o terreno de juego en el que tiene que de-senvolverse la vida social, política, etc... Este territorio, efectivamente, lo ha establecido la izquierda, que en un determinado momento acepta los postulados económicos de la derecha, con leves rectificaciones, pero a cambio impone un orden social y moral que la derecha acata. De tal manera que la derecha, realmente no importa si es liberal o conservadora, siempre actúa como conservadora cuando llega al poder, porque se limita a conservar el orden social impuesto por la izquierda.
-¿Y dónde queda la ideología?
-El combate contra el «Mátrix progre» no puede ser ideológico. puesto que la ideología es una batalla que la derecha ha renunciado a ofrecer, y la única posibilidad de de-senmascarar el «Mátrix progre» es intentando dar una visión alternativa del hombre y de su lugar en el mundo, una visión antropológica.
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