Los judíos no son todos traperos, ni vendedores ambulantes, ni delincuentes, señor Charles Dickens - Jennifer Lipman - TheJC

Charles Dickens y Fagin
En octubre de 1845, los miembros de Jews and General Literary and Scientific Institution, en
Leadenhall Street, Londres, reflexionaban sobre la cuestión que les había planteado John Mottram: "¿La obra de Charles Dickens tienen una posición preeminente entre los estudios clásicos del país?".
El próximo año es el bicentenario del nacimiento de Dickens, y la respuesta es un rotundo sí.
Sin embargo, para la comunidad anglo-judía del siglo XIX, Charles Dickens fue una figura controvertida, un famoso escritor que como describía el Jewish Chronicle (JC) de la época era "el poeta en prosa de nuestra época", pero que también era conocido por su uso constante de caricaturas y estereotipos anti-judíos.
El más famoso de ellos fue su interpretación de la carrera criminal del personaje llamado Fagin en Oliver Twist. "El judío", tal como era descrito en más de 250 ocasiones - con más frecuencia que por su propio nombre - era un "anciano horrible [que] parecía un reptil repugnante".
A modo de justificación, el autor comentó: "por desgracia, sucedía que en la época a la que se refiere la historia, esa clase de criminales, casi siempre, eran judíos".
Dickens modificó posteriormente su representación - una lectura final que le dio el libro el año anterior a su muerte no incluía ninguna referencia a la religión del personaje - y también creó el bastante más halagador personaje judío del Sr. Riah, en Our Mutual Friend. Pero Fagin no fue un caso único en el canon de Dickens.
Como lo revela un aluvión de correspondencia por parte de los lectores del JC en la década de 1850, la serie de “libelos” en Household Words, el periódico semanal editado Dickens, fue de lo más controvertida.
El 1852, su relato Old Clothes, en el que Dickens parecía sugerir que todos los judíos parecían "viejos traperos disfrazados" - esencialmente vendedores ambulantes de clase baja -, fue objeto de una larga y sarcástica carta dirigida al JC por el lector "P".
En ella daba las gracias a Dickens por atraer su atención al hecho desconocido de que "llevar la bolsa, y gritar ‘Ogl clo’ parece ser una especie de... aprendizaje al que todos los hebreos son sometidos", y especulaba que quizás Dickens debió ser perseguido en su infancia por algún fantasma que le llevó a ver "en toda persona con barba un judío, y en cada judío un trapero, incluso en países donde no existe tal cosa como el comercio de ‘Ogl clo’".
Mister "P" apuntaba razonablemente que si los judíos eran distribuidores de ropa de segunda mano, se debía en gran parte a que los antepasados de Charles Dickens habían impedido a los judíos ocupar actividades más "nobles".
Unas semanas más tarde, el JC ofrecía la “prueba” a Dickens de que "los judíos tenían en sus mentes otras ideas por encima de las bolsas de ropa vieja", publicando el anuncio del éxito en sus exámenes de varios graduados judíos en anatomía y fisiología por la Universidad de Londres. “¿Estaría aún dispuesto el Sr. Charles Dickens a hacernos justicia, y retractarse de sus injustas calumnias?", se preguntaba.
En marzo de 1851, el JC dedicó una página a la cobertura del artículo de Dickens "Biografía de un malvado chelín", en el que se hace responsable a "un judío" del crimen atroz de fundir una respetable placa de zinc. El JC se quejaba de que el autor "no perdía la oportunidad, una vez más, de incrementar los insultos y las calumnias que había acumulado previamente la comunidad judía".
Tomando nota de que Dickens era lo suficientemente influyente como para "erradicar del vocabulario la palabra fatal: prejuicio", el JC se preguntaba por qué tantos criminales en la obra de Dickens eran judíos, cuando esto no coincidía con la "estadística criminal del país".
El año anterior, un debate encendido se desató en el JC a costa de la novela “The Old Lady in Threadneedle Street”, en la que se llegaba a afirmar que el oro del Banco de Inglaterra era "sudado por judíos". El lector "LL" se quejaba de que Dickens había “consideraba mi credo con odio y desprecio cargando a los judíos con esta práctica deshonesta", y sugería que los judíos que describía Dickens debían pertenecer a la tribu "que ha sido acusada del asesinato de niños cristianos para utilizar su sangre inocente durante Pascua".
Otro lector afirmaba que "no había admirador más entusiasta que él (de Dickens)", pero lamentaba que sólo aludiera a los hebreos "con el propósito de unir a nuestra nación a los reproches de vicio, mezquindad y falta de mérito". Y agregaba: "Si Dickens hubiera sido un miserable escritor de centavo por línea, sus observaciones no habrían sido dignas de comentario".
Sin embargo, a pesar de quejarse de los "20 años de tergiversaciones por parte del novelista más leído", se consideraba que Dickens era aún digno de un editorial efusivo a su muerte en junio de 1870. En el texto se lamentaba el hecho de que "el mayor ornamento de la prensa de Inglaterra había fallecido".
Y quizás la más clara señal de que Dickens aún era amado por los judíos al igual que por la mayoría de los lectores, fue un artículo publicado en abril de 1870, justo dos meses antes de su muerte, cuando el JC exhortaba a otro artista famoso para que aprendiera de Dickens. En un mensaje dirigido al compositor alemán Richard Wagner, se señalaba: "Nunca es demasiado tarde para remediar un error, sobre todo cuando el error es sólo literario. Un gran hombre (sin duda tan grande como el señor Wagner) se disculpó una vez ante los judíos por publicar ataques contra ellos. ¿Podría el Sr. Wagner no desperdiciar la oportunidad de hacer lo mismo?".
Para la comunidad judía, el hombre que una vez fue criticado por difamar al pueblo judío con sus palabras, era, en el momento de su muerte, un héroe que conmemoraría en los próximos años.
Labels: Antisemitismo, Dickens
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