Los profetas sabateanos - Matt Goldish – Prólogo del libro del mismo título

En la primavera de 1665, el Rabbí Nathan Ashkenazi de Gaza, ya por entonces un famoso místico a la edad de veintidós años, realizó un anuncio sorprendente: había conocido a través de una visión profética que Shabbatai Zvi, un rabí de Izmir (Esmirna) y por entonces residente en la Tierra de Israel, podía ser el Mesías judío.
Shabbatai Zvi ya había, de hecho, declarado su propia condición mesiánica en el pasado, pero esta vez, debido al prestigio de Nathan, esa aseveración fue tomada en serio. Un pequeño grupo de creyentes se reunieron alrededor de Shabbatai, y durante el siguiente año y medio su fervor convenció a la mayoría del mundo judío de que él era en realidad el verdadero Mesías. Esto no fue una tarea fácil, en parte debido a las peculiaridades de la personalidad de Shabbatai.
Porque, además de ser un gran cabalista, Shabbatai también era propenso a "extraños comportamientos", alteraciones repentinas del carácter que desencadenaban en importantes transgresiones de los mandamientos del judaísmo. En la fase maníaca de sus intensos cambios de humor, llegaba a pronunciar el Tetragrámaton, las cuatro letras del nombre inefable de Dios, como si estuviera poseído (una violación del segundo mandamiento de la ley judía), comía alimentos prohibidos, alteraba los servicios de la oración o anulaba días de ayuno. Tal conducta antinómica ritualizada, ya le había ocasionado la excomunión en su ciudad natal y en otros varios lugares en los últimos dieciocho años. Sin embargo, Nathan y otros teólogos del movimiento tuvieron éxito a la hora de presentar estos extraños episodios bajo una luz positiva, explicando que eran ejercicios místicos necesarios para que el Mesías pudiera redimir al mundo.
Shabbatai continuó desde Gaza hasta su antiguo hogar en Izmir a través de Siria, donde permaneció durante algunos meses antes de trasladarse a la capital otomana de Estambul (o Constantinopla, pues muchos contemporáneos la siguieron llamando por su anterior nombre). Los judíos de todas las partes esperaban con impaciencia a que Shabbatai tomara las riendas del imperio del sultán y comenzara su reinado mesiánico. Por el contrario, acabó siendo encarcelado por el visir acusado de insurrección. Sin embargo, los guardias fueron sobornados y Shabbatai fue generosamente tratado en su lujosa cárcel, viviendo como en un palacio y recibiendo y entrevistándose con los judíos notables de todo el mundo que acudían hasta allí. Finalmente, en el invierno de 1666, fue llamado ante el sultán y, bajo la presión de una probable sentencia de muerte, se convirtió al Islam. El movimiento sabateano no finalizó ante esa difícil coyuntura como sería de esperar, sino que continuó bajo diversas formas hasta nuestros días.
La pregunta fundamental que se ha planteado durante generaciones acerca de Shabbatai Zvi es por qué fue tan ampliamente aceptado ¿Por qué tuvo mucho más éxito que cualquier otro pretendiente mesiánico conocido desde la antigüedad? ¿En qué se inspiraron las masas de judíos que creyeron en él y luego mantuvieron su devoción? Para ello, es necesario abogar por la centralidad de la propaganda profética y mesiánica sabateana, y por el impacto del peculiar medio ambiente del siglo XVII, el cual dotó de gran autoridad a las profecías de la época. Shabbatai Zvi era un hombre extraño en un tiempo extraño, es decir, una época extraña con unos rápidos y grandes cambios sociales, políticos y religiosos, donde no existía una certeza un mundo cuyo futuro, apocalíptico, parecía posible en no mucho tiempo. Fue en este ambiente donde numerosas figuras dentro del mundo judío, cristiano y musulmán se imaginaron a sí mismos como Mesías o salvadores del mundo. Shabbatai parece haber estado más calificado que algunos de esos otros profetas menos experimentados, y probablemente fue el menos seguro de su propia vocación como redentor. Poco en su educación parece insinuar su futuro destino, pero tal vez algunas pistas pueden dárnoslo a entender.
Shabbatai nació en una familia de clase acomodada en Izmir, Turquía. Dos siglos después de que Constantinopla hubiera caído en manos de los otomanos, Izmir, un puerto antes oscuro, se había convertido en una animada factoría de unas 50.000 almas, en donde los comerciantes de todo el Mediterráneo y Europa llegaban a comprar y vender todo tipo de productos. Además de una gran mayoría de musulmanes, entre los residentes se encontraban griegos, europeos de diferentes países y judíos. El padre de Shabbatai, Mordecai Zvi, trabajaba para una compañía de comerciantes inglesa y parece haberse hecho una carrera en ella. Aunque la familia de Shabbatai muy probablemente fuera de origen levantino (romaniota) en lugar de español (sefardí), la mayoría de la comunidad judía de Izmir consistía en ex conversos. Estos eran descendientes de los judíos que se había convertido al catolicismo en España y Portugal, se criaron como católicos en la Península Ibérica para más tarde escapar y volver a su ancestral judaísmo. Eran representan a un grupo único y especial. Su identidad ibérica genérica, tan fuerte como la otra judía, hacia que a menudo conservaran vestigios de las ideas cristianas. Su influencia en Shabbatai fue muy marcada: hablaba español más que turco, estudió en la sepharadi yeshivot (academias talmúdicas), y en sus períodos de euforia le encantaba cantar romances españoles. También sabía mucho sobre el cristianismo, lo cual bien podría derivarse de contactos con los muchos cristianos europeos en Izmir o de los conversos existentes en la comunidad judía.
Mientras que sus hermanos (él era el segundo de tres) se inclinaban hacia los negocios, la pasión de Shabbatai fue el estudio de la Torah, la vida ascética y la mística. Esto en sí mismo no resultaba nada raro en ese período para un joven judío excepcionalmente brillante, y Shabbatai se encontró con almas e ideas afines entre los estudiantes de las yeshivot. Sin embargo, más tarde y ya en su juventud, su camino parece diferir del de sus compañeros estudiantes. Su personalidad mostraba indicios de irregularidades que con el tiempo se convirtieron en un trastorno en toda regla, diagnosticado a título póstumo como trastorno bipolar o síndrome maníaco depresivo. Sus contemporáneos consideraban a estos síntomas, en un primer momento, como una forma de locura, tal vez como los efectos nocivos de la influencia de Saturno (Shabbatai en hebreo). Más tarde, los sabateanos refundieron o reunificaron esas mismas cualidades como positivas y místicas, como la otra cara de Saturno, donde la melancolía supone genio y profecía.
El desorden parece haber afectado a Shabbatai sólo de vez en cuando durante su juventud, pero con mayor gravedad a medida que envejecía. En estado normal, entre esos cambios de humor, Shabbatai exhibía un comportamiento ejemplar y piadoso, mostrando una gran creatividad en la interpretación de los textos cabalísticos. En sus fases maníacas, sin embargo, comenzó deliberadamente a transgredir los mandamientos bíblicos y rabínicos. Tal vez fue en esa misma época cuando comenzó a profetizar sobre su identidad mesiánica. Las transgresiones rituales y las profecías mesiánicas están relacionadas entre sí, pero Shabbatai hizo hincapié en la antigua tradición (la más elaborada por los cabalistas) de que la ley de Dios podía ser modificada durante la era mesiánica, y que en última instancia el sistema tradicional de la Halajá (los preceptos judíos) podía ser anulado. Es difícil decir si la nihilística necesidad de quebrantar los mandamientos llegó primero y se justificó posteriormente en su mente por la vocación mesiánica, o si la llamada mesiánica llego primero y fue seguida por los actos extraños.
Otro aspecto problemático de la personalidad de Shabbatai se reflejó en su relación con las mujeres. Como un asceta piadoso, Shabbatai se habría sometido desde su juventud no sólo a las constricciones habituales del judaísmo, como no tocar o mirar más de lo necesario a las mujeres antes del matrimonio, sino también a otros rigores particulares producto de sus ideas cabalísticas. Estos rigores nos hablan de los desastres cósmicos causados, por ejemplo, por la masturbación, el cual crea innumerables demonios que causan estragos en el transgresor y en el mundo. En el universo de los cabalistas "abundaban los malos espíritus femeninos, como Lilith, la mujer despechada primero de Adán, y los súcubos y otras muchas sombras que pueblan la literatura mística.
Lo femenino es a menudo representado como el lado izquierdo o demoníaco de la visión del mundo cabalístico, y el simbolismo cabalístico está repleto de conceptos complejos de género divino. La tensión sexual de un hombre joven y atractivo (según la descripción de muchos contemporáneos), la práctica de la piedad y la absorción de tales estas ideas viviendo en medio de una ciudad portuaria, podría haber sido algo habitual para los estudiantes de yeshivá, pero también podría haber generado un mayor nivel de confusión y frustración inconsciente en una persona sensible. Shabbatai parecía a venerar a su madre, la cual falleció antes de que el movimiento comenzara. Según el relato de testigos oculares como Thomas Coenen, el ministro holandés de Izmir:
Él les dijo a los judíos de Izmir (Esmirna), "que cualquiera que se acercara a la tumba de su madre (ya que era incapaz de visitarla) y coloque su mano sobre ella, merecerá ser recompensado como si se hubiera aproximado al mismo Santo Templo de Jerusalén”. Creedme que casi ningún judío de entre sus seguidores, en su caso en absoluto, se abstuvo de viajar a la tumba. Con intenso fervor religioso llegaban hasta la tumba para merecer esa gran recompensa, así como el perdón de sus pecados. Desde el día en que los judíos recibieron esta instrucción, ningún hombre o mujer encaró no apresurarse para merecer esta expiación, como las personas acostumbran a hacer en Italia y en otros lugares... También fueron hasta un pozo al lado del cementerio judío y bebían de sus aguas, y le llamaron el "Pozo de nuestro maestro", porque también era el lugar al que Shabbatai Zvi solía venir solo o con sus compañeros, hace veinte años o más, con el fin de orar, como ya he mencionado anteriormente.De otra fuente conocemos otra historia contemporánea de Shabbatai, cuando volvió a Izmir y trató de resucitar a su madre muerta hace ya mucho tiempo. La sacralización de la tumba de su madre, pero no la de su padre o de sus otros antepasados, indica más bien una relación filial muy estrecha. La comparación que propone Coenen con la práctica católica de la peregrinación a las tumbas de los santos es completamente apropiada. Shabbatai parece haber contemplado a su madre como una figura santa, una imagen que sugiere una interpretación freudiana.
Nathan de Gaza nos proporciona una información algo más interesante sobre la imagen que Shabbatai tenía de si mismo: "Cuando tenía seis años, una llama se le apareció en sueños y le causó una quemadura en el pene, y desde entonces los sueños le asustaron, pero nunca se lo dijo a nadie. Y los hijos de la fornicación [de los demonios] se le acercaron con el fin de causarle problemas y golpearle, pero no los quiso escuchar. Eran los hijos de Na'amah, los azotes de los hijos del hombre, que siempre le persiguen con el fin de llevarlo por mal camino”. Aquí es evidente la tensión sexual latente en una vida ascética cuando sale a la superficie - y en un mundo cabalístico donde existen demonios nacidos del pecado, especialmente del pecado sexual. No sólo nos habla de una experiencia real - o imaginaria - que Shabbatai sufrió supuestamente cuando era niño, y que le provocaba una angustiosa relación con su pene, y por lo tanto con su futura sexualidad, sino que también tenía problemas con los demonios que aparecían en sus fantasías sexuales, de entre los cuales Na'amah era la reina. Nathan describe la lucha de Shabbatai con estas tentaciones como terriblemente tortuosa, lo que sin duda lo fue, pero dice que Shabbatai resultó victorioso. Podríamos preguntarnos si su victoria se produjo a costa de una relación normal con las mujeres en su vida futura, o inclusive al precio de su cordura.
Teniendo en cuenta el trasfondo de la inusual relación de Shabbatai con su madre y su lucha con la tentación sexual, no es de extrañar que sus matrimonios no transcurrieran de la forma habitual. Como un hombre joven de Izmir se casó en dos ocasiones con la mujer apropiada, y en ambas ocasiones el matrimonio terminó en divorcio debido a que Shabbatai no consumó la unión. A pesar de las explicaciones místicas y piadosas que circularon justificando dicho proceder, este extraño giro de los acontecimientos sólo puede entenderse como resultado de los problemas sexuales que ya hemos señalado en la vida de Shabbatai. Sus posteriores proezas nupciales pasaron de desafortunadas a extravagantes. Después de llegar a Salónica, invitó a los sabios de la ciudad a una fiesta donde construyó un pabellón de boda y procedió allí mismo a casarse con un rollo de la Torah. Las explicaciones místicas que ofrecía una vez más no encontraron eco en las autoridades y le expulsaron de la ciudad. En este caso, no es difícil concluir que un matrimonio con el rollo inanimado de la Torah, a quien se dirigían sus devociones espirituales, era una forma de desplazamiento (o sustitutivo) erótico. Shabbatai, se veía incapaz de formar un vínculo sexual con una mujer, por lo que buscó en su lugar, y como sustituto, materializar el simbolismo de la relación amorosa de los judíos con la Ley a través de esta extraña ceremonia. Probablemente fue esa misma disposición la que llevó a Shabbatai por la misma época a comprar un gran pez, vestirlo como un bebé, y colocarlo en un cuna. Una vez más, las explicaciones místicas ofrecidas por Shabbatai representan una primitiva máscara psicológica de una persona incapaz, emocional y aparentemente, de mantener relaciones sexuales y tener hijos. La siguiente etapa de la historia fue el "exitoso" matrimonio de Shabbatai con Sara, su esposa, a la altura de 1665-66.
Aunque los rabinos no fueron persuadidos por las explicaciones místicas de Shabbatai sobre su extraño comportamiento respecto a las mujeres y a los asuntos familiares, parece ser que el propio Shabbatai creía en sus propias interpretaciones. Se veía como un guerrero santo que luchaba contra los peligrosos demonios femeninos y que se conservaba en un estado de pureza. Como la Virgen María, la santa madre de Shabbatai había preparado el camino para que su hijo llevara la vida ascética exigible del futuro Mesías. Como explicaba Nathan de Gaza, fue la fuerza de voluntad de Shabbatai, en su dura lucha con los demonios sexuales, y el intenso sufrimiento que al que fue sometido durante esas pruebas, lo que le hizo digno del papel mesiánico. Si esto está conectado o no con el simbolismo cabalístico altamente sexual de la conversión al Islam de Shabbatai, como se ha descrito en investigaciones recientes, no está del todo claro. Ese aspecto de la “coronación” de Shabbatai con el turbante blanco del Islam fue proporcionado por Nathan de Gaza y otros teólogos sabateanos, pero parte de él puede tener su origen en el propio Shabbatai, que es descrito en un reciente artículo como la encarnación del "divino andrógino en si mismo".
El trasfondo de la personalidad de Shabbatai nos puede decir algo de su propia preparación para la vocación mesiánica. Sin embargo, es sólo a través de la lente de la perspectiva histórica de la época donde realmente podemos empezar a divisar por qué una persona como Shabbatai, con una extraña combinación de genio místico y de trastornos de la personalidad, puede atribuirse y ponerse en el papel de Mesías. Aún más significativa es la perspectiva que puede ayudarnos a entender por qué la mayoría del mundo judío estaba dispuesto a creer en él. El éxito de Shabbatai como una figura mesiánica fue en parte el resultado de una coincidencia de personalidades carismáticas, de unas favorables circunstancias locales, de una mentalidad servicial y de unas agitadas condiciones políticas. La amplitud y la velocidad de la propagación de la fe en su misión a lo largo de todo el mundo judío, y su fenomenal éxito en diversas comunidades judías, sugieren algunas suposiciones comunes que prepararon el terreno para este nuevo movimiento.
La teoría reinante durante la última generación incidía en que la idea de que el sistema místico del rabino Isaac Luria (d. 1572), con su énfasis en las ideas del exilio y la redención, representó el factor central que atrajo a judíos de todos los orígenes a esta fe. De acuerdo con este punto de vista, mediante la utilización de la teología e imaginería del pensamiento de Luria, Nathan de Gaza y otros ideólogos sabateanos fueron capaces de convencer al mundo judío de que Shabbatai era el redentor esperado.
Esta teoría se ha visto cuestionada duramente en los últimos debates. Un argumento apunta a la probabilidad de que la mayoría de los judíos no supieran demasiado sobre las ideas cabalísticas. Además, parece que la gran mayoría de los creyentes en Shabbatai adoptaron dicha fe sin ni siquiera haber estado expuestos a la teología sabateana - los escritos de Nathan tardaron bastante tiempo en circular tras las primeras y espectaculares noticias acerca de la profecía de Nathan -. Así pues, nuevos enfoques son necesarios para dar sentido y explicar el gran atractivo del movimiento. En última instancia, el factor más importante en su propagación, y en el de todos los movimientos mesiánicos judíos, siempre ha sido la profunda creencia de los judíos tradicionales de todo el mundo en la venida del Mesías. Pero la aceptación de Shabbatai Zvi como el Mesías, al igual que la aceptación de la mayoría de las proposiciones con respecto a la religión, la ciencia y la política, se fundamenta principalmente en un tipo específico de fe en la autoridad. Los movimientos sociales se distribuyen y expanden de acuerdo con la misma dinámica que las enfermedades contagiosas, y una de las claves, inclusive entre los más grandes movimientos, es la abrumadora influencia de unos pocos individuos. En el caso del Sabateanismo, un pequeño círculo de importantes rabinos se convenció de lo que habían visto y oído personalmente en Gaza, adoptaron dicha fe, y corrieron la voz entre sus más cercanas cohortes por correo o en persona (Es de notar que los creyentes más tempranos residían casi todos en Palestina, entonces parte del Imperio Otomano, y eran hombres de origen europeo, principalmente de España y Portugal).
Debido a que este era un círculo muy augusto de líderes y pensadores judíos, su juicio y opinión conllevaba la autoridad suficiente para convencer a las masas de judíos e inclusive a otros importantes rabinos. Los patrones sociales de la comunicación mitigan por lo tanto la necesidad de encontrar un único factor que afecte a todos los judíos. Al mismo tiempo, el espectáculo de la profecía, más que cualquier otra teología mística, constituyó claramente el principal catalizador del éxito inicial y más crítico del movimiento. Esto no quiere decir, por supuesto, que el mundo judío aceptó la palabra de esos rabinos a ciegas. Ellos tenían que presentar la evidencia que les convenciera para poder creer, y esa evidencia tenía que tener sentido para todos los judíos, especialmente en los principales centros de Europa y en el Imperio Otomano, desde donde se propagó el movimiento a otras comunidades externas. A pesar de que los escritos de Nathan pudieron constituir una parte de este cuadro, es evidente que un judío ordinario no se dedicaba a examinar sus tratados y decidía si resultaban convincentes como un razonamiento místico imbuido en la tradición de Luria, e inmediatamente optaba por creer. En buena medida, un factor mucho más poderoso y unificador fue la buena voluntad de los judíos del s. XVII a la hora de creer en unas profecías mesiánicas aceptablemente validadas, especialmente las de un cabalista como Nathan de Gaza. Esta apertura a la profecía no fue la causa del movimiento, pero si era una característica y una influencia excepcionalmente potente y amplia dentro del entorno del siglo XVII, lo que combinado con otros aspectos de la época facilitó el éxito de Sabateanismo. Las razones de esta actitud entre los judíos de muchas naciones deben buscarse en la historia de las ideas proféticas y mesiánicas y en su influencia especial en el mundo moderno. Fue una época compleja, donde no solamente coexistieron el mesianismo, la profecía, la ciencia, el humanismo y el mercantilismo, sino que se influyeron profundamente y se convirtieron en unos lógicos huéspedes de la mente barroca. Ese fue el mundo de los sabateanos.
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1 Comments:
Sin embargo, Nathan y otros teólogos del movimiento tuvieron éxito a la hora de presentar estos extraños episodios bajo una luz positiva, explicando que eran ejercicios místicos necesarios para que el Mesías pudiera redimir al mundo.
WTH!?
en el invierno de 1666, fue llamado ante el sultán y, bajo la presión de una probable sentencia de muerte, se convirtió al Islam.
WTH!?
¿Por qué tuvo mucho más éxito que cualquier otro pretendiente mesiánico conocido desde la antigüedad?
WTH!?
Estos rigores nos hablan de los desastres cósmicos causados, por ejemplo, por la masturbación, el cual crea innumerables demonios que causan estragos en el transgresor y en el mundo.
WTH!?
Él les dijo a los judíos de Izmir (Esmirna), "que cualquiera que se acercara a la tumba de su madre (ya que era incapaz de visitarla) y coloque su mano sobre ella, merecerá ser recompensado como si se hubiera aproximado al mismo Santo Templo de Jerusalén”. Creedme que casi ningún judío de entre sus seguidores, en su caso en absoluto, se abstuvo de viajar a la tumba.
Esto ya es demasiado, WTH!????
Después de llegar a Salónica, invitó a los sabios de la ciudad a una fiesta donde construyó un pabellón de boda y procedió allí mismo a casarse con un rollo de la Torah.
Pues no, todavía había más, WTH!?
Probablemente fue esa misma disposición la que llevó a Shabbatai por la misma época a comprar un gran pez, vestirlo como un bebé, y colocarlo en un cuna.
Ay Señó... WTH!?
Gran artículo, en serio!
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