El inquietante Rabí de Kotsk, el Kótsker Rebbe - Eliahu Toker

Se cuenta que cierta vez un hasid, un seguidor del Kotsker Rebbe, del Rabí de Kotsk, se sintió tan angustiado que estaba perdiendo la fe. De pronto comenzó a atormentarle una inquietante pregunta, una idea fija que se fue volviendo cada vez más acuciante: “UN EFSHER NISHT, UN EFSHER NISHT... Y tal vez no... Y tal vez no... Y tal vez Dios no exista... Y tal vez no tengan sentido las plegarias, las bendiciones, ni mi vida toda... Y tal vez no... Y tal vez no...”
Perdió el sueño, perdió el apetito, y ese “Y tal vez no...”, como un dibuk, como una obsesión, no lo dejaba a sol ni a sombra y le roía la mente todo el tiempo. Cuando no pudo soportarlo más, decidió viajar a Kotsk a aconsejarse con su rebbe, pese a la enorme distancia que separaba esa ciudad de su pequeña aldea, y pese a que había oído decir que hacía años ya que el Kotsker vivía apartado, sin recibir absolutamente a nadie. Pero sentía que el suyo era un caso límite, que su alma estaba naufragando y que por lo tanto, a él su rabí tendría que recibirlo.
Se despidió de su familia, y tras un largo viaje llegó finalmente a la ciudad de Kotsk. No le costó demasiado averiguar dónde vivía su rebbe, pero al indicárselo todos le recordaban que este no lo recibiría. Y efectivamente, llegado a la casa del Kotsker, el asistente le cortó el paso, explicándole que gente mucho más encumbrada que él se había tenido que volver como había venido, sin ser recibida por el rebbe. Pero, sea por empecinamiento o por desesperación, lo cierto es que ese hasid, ese seguidor del Kotsker no se amilanó; sólo se quedó dando vueltas por los alrededores.
Fue así que aprovechando una distracción del que guardaba la puerta se deslizó dentro de la casa, y con el alma en vilo, comenzó a recorrerla a ciegas. No anduvo demasiado cuando escuchó una voz monocorde que provenía de una de las habitaciones. Se acercó de puntillas y se detuvo despavorido. Allí estaba el Kotsker rebbe en persona, ensimismado, y como hablando consigo mismo, repetiendo en voz alta algo que el hasid no terminaba de entender. Sin atreverse a dar un paso más, aguzó el oído y entonces sí captó claramente lo que decía el rabí. Como pensando en voz alta, el Kotsker repetía una y otra vez: “UN EFSHER IÓ, UN EFSHER IÓ... Y tal vez sí... Y tal vez sí...”
Cuentan que cierta vez uno de sus hasidim se dirigió angustiado al Kotsker:
- Rebbe, le dijo, me paso todo el día pensando y pensando, y no hay paz en mi alma.Algunas Iluminaciones del Kotsker Rebbe:
- ¿Y qué es lo que piensas?, le preguntó el rebbe.
- Pienso si verdaderamente existen Juez (Dios) y juicio.
- ¿Y qué te importa?
- ¡Rebbe! Si no existen Juez ni juicio, ¿cuál es el sentido de la creación?
- ¿Y qué te importa?
- ¡Pero rebbe! Si no tiene sentido la creación... ¿qué objeto tienen las palabras de la Torah?
- ¿Y qué te importa?
- ¿Cómo qué me importa?, exclamó espantado el hasid, ¿Si no es esto, qué otra cosa debería importarme?
- Si tanto te importa, le dijo el rebbe, no hay problema; eres un buen judío y puedes seguir pensando cuánto quieras; no te va a causar ningún daño.
- La Torah nos advierte que no transformemos los mandamientos de Dios en ídolos
- ¿Dónde vive Dios? Dios vive donde el hombre le permite entrar.
- Lo fundamental no es estudiar la Torah; lo fundamental es aprender de la Torah.
- ¿Quién dice que la verdad está hecha para ser revelada? Hay que buscarla, eso es todo.
- De ninguna manera reconocería yo el reino de un Dios cuyas sendas y procederes fuesen comprensibles para cualquiera.
- No hay nada tan torcido como una escalera recta y nada tan entero como un corazón judío desgarrado.
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