Saturday, March 10, 2012

Elogio de la anormalidad de Israel - Israel Harel - Haaretz


Que mejor "normalidad" que el ideal kistch de Benetton

Es cierto que Israel no tiene, y muy posiblemente no pueda tener, una definición paraguas del estilo de "una nación hebrea que, desde un punto de vista político y jurídico, se supone que abrace a todas nuestras facciones y diversidades, incluida la religiosa y la étnica, mientras existe una separación entre religión y Estado", tal como Doron Rosenblum escribió en un artículo del Haaretz. Estas lamentaciones por la falta de un "israelismo", y por lo tanto, de una "normalidad", datan ya de hace muchos años, y representan los sentimientos de un segmento no trivial de la sociedad israelí.

El anhelo de una vida normal es compartido por la mayoría de la opinión pública israelí. Pero, en general, el argumento esgrimido por quienes se sienten y aspiran a ese "israelismo" es que hemos fracasado a la hora de lograr una "normalidad", básicamente porque nos aferramos a ideologías y creencias obsoletas. En cambio, la sustitución del término “judíos” por "israelíes", que delimitaría un sentido de “normalidad”, por lo menos en el momento actual resulta imposible y tampoco es la máxima prioridad nacional. Estamos aquí para vivir en un Estado judío y sionista en el que - y sólo en él - el pueblo judío pueda, a pesar de todas las disputas internas, aspirar a desarrollar sus aspiraciones nacionales y universales.

La normalidad es un objetivo deseable, pero no es un objetivo existencial. Incluso si la vida normal no fuera posible, todavía nos aferraríamos a la tierra, todavía podríamos crear, absorber a los inmigrantes y desarrollar una economía próspera y justa, incluso en condiciones difíciles y “no normales”, y si fuera necesario, aún lucharíamos para defendernos y asegurar nuestra existencia.

Es posible que incluso el sionismo y la religión se hubieran beneficiado con una neta separación entre religión y Estado, y que el producto final, al que llamaremos "israelismo", habría estado más cerca, tanto en lo que respecta al sionismo y a la religión, a lo que son hoy "los israelíes", que están alienados de ambos. Tal vez sea así.

Pero hoy en día, gracias a los esfuerzos agresivos desde hace ya muchos años de este sector - que dice propugnar el "israelismo" - por socavar la identidad del Estado judío-sionista, y no sólo su identidad religiosa, las posibilidades de separar la religión y el Estado son cercanas a cero. Y esto no se debe solamente a la oposición de los sionistas y de los religiosos ultraortodoxos, es decir, la mayoría de la población, sino también a causa de una “creencia mayoritaria en el creador del universo”, como lo demuestra la reciente encuesta de Guttman-Avi Chai que tanto ha horrorizado a tantos israelíes laicos y “normales”.

La verdad es que muchos "creyentes", e inclusive muchos judíos religiosos, apoyan esa separación. Pero hay que saber quienes son esas personas que promueven tal separación y cuáles son sus motivos, y luego obrar. Incluso las duras escenas a las que hemos asistido recientemente protagonizadas por extremistas haredim y que tanto han indignado recientemente a la gran mayoría de la opinión pública, no son suficientes para convencerlos de preferir una alternativa “israelí” post-nacional y post-sionista, que aunque no lo dice explícitamente, aspira a un "estado de todos sus ciudadanos" en lugar de un Estado judío.

"En todos los demás días del año, y en todos los demás niveles, el israelismo es un hecho vivo y floreciente", escribió Rosenblum. ¿Entonces por qué ese idea se ha vuelto "limitada" o “pobre”, incluso a los ojos de sus seguidores?. Después de todo, la facción de israelíes "normales", parte de los cuales viven en Israel sólo condicionalmente, han ocupado - y en buena medida ocupan actualmente - gran parte de los puestos de influencia que dan forma a la conciencia y a la opinión pública en las últimas décadas: los medios de comunicación, la universidad, el sistema de justicia y, lo más importante en la época actual, el sistema educativo. En los libros de texto de educación cívica que se han utilizado en los últimos 15 años el "israelismo" predomina sobre todas las otras ideologías, incluyendo el sionismo.

Una parte significativa de estos formadores de opinión y de conciencias han utilizado una desproporcionada y desenfrenada crítica del Estado y del país que prácticamente denostaba la vida en Israel. Esa especie de odio a su propio país se puso de relieve cuando algunos de ellos se posicionaron - y más de una vez - junto a aquellos que rechazan el derecho del Estado judío a existir. El resultado, debido a que cientos de miles de israelíes estaban convencidos de que estaban viviendo en Israel una vida injusta y "nada normal", optaron por la vía "normal de escape", la emigración o "yeridah” (aliyá y yeridah, con sus respectivas implicaciones de que la inmigración a Israel es un "ascenso", mientras que abandonar Israel es un "descenso"). Y así hoy en día muchos de esos israelíes que buscaban la "normalidad" hoy son "americanos", "canadienses", "australianos" o incluso "alemanes". Pero claro, todo esto es “justo y normal”, por supuesto.

Esta vibrante actividad que consiste principalmente en criticar y rechazar a Israel, sin validar ningún elemento positivo, es como la espuma sobre las olas. De hecho, eso es cierto para todo aquello que carezca de una visión clara y no tenga raíces profundas. Es cierto que el “vagón” en el que viajan los israelíes no está nada vacío. Pero parece ser que algunos han comenzado a echar su equipaje fuera del tren, y con él muchas personas están saltando en "plena ruta" en búsqueda de una “vida normal" en el extranjero, una que solamente está destinada a terminar en una completa asimilación.

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