Gran, gran artículo: El maltrato simbólico de los judíos – Shmuel Trigano – (Radio J) y UPJF

El campo de concentración de Vittel, durante la II Guerra Mundial, en la prefectura de los Vosges
(Gran análisis de Shmuel Trigano sobre lo que sucede actualmente en el país europeo, Francia, donde reside la mayor población judía europea, y dónde la deriva anti-judía está cada vez más presente entre sus élites dirigentes ante el silencio y la aquiescencia generalizada de las propias élites judías locales, que asisten sin reaccionar claramente a la degeneración cada vez más pronunciada de la situación de su comunidad en dicha sociedad (un proceso que ya es habitual en otras sociedades europeas donde la presencia judía es mucho menos representativa). Las exigencias son claras: la renuncia a una identidad judía plenamente expresada (algo que no se osa exigir a las comunidades musulmanas) o la defensa de Israel para no favorecer la importación del conflicto árabe-israelí (algo que tampoco se exige a las comunidades musulmanas y a los medias declarada e interesadamente anti-israelíes), son el precio exigido)
El antisemitismo no se reduce exclusivamente a los actos violentos que puedan sufrir los judíos en las calles y en sus edificios de culto, comprende también un clima general de inamistad y de execración que tiene como blanco algo más que a los judíos y al Estado de Israel: el judaísmo, la cultura judía, la identidad judía ella misma. De dicha inamistad, la comunidad judía está por regla general al corriente, salvo por parte de los inconscientes, que son numerosos, y de aquellos judíos que se “sienten por principio culpables o bien tienen alguna cuenta que zanjar con sus orígenes”.
Podemos decir que la escena mediática es el escenario donde se manifiesta más claramente esta inamistad, y su modo de manifestarse es mediante una hostilidad de principio a Israel y a la comunidad judía cuando ésta sale de su imagen de “víctimas de la Shoah” – la imagen preferida de los medias -. Se comprobará que solamente hay dos imágenes autorizadas por los medias, de esta comunidad judía, o bien de “mártir” (ligada a la Shoah), o bien otra caracterizada por la “agresividad” (ligada a la defensa de Israel y a las protestas ante el antisemitismo medioambiental).
El escenario de interpretación de los acontecimientos que acontecen en el Oriente Medio, y que han dispuesto los medias, esta preparado de antemano y es previo a que sucedan dichos acontecimientos. Se trata de construir y repetir la misma historia o interpretación para así enraizarla aún más en las consciencias.
El elemento principal de esta interpretación reposa sobre la culpabilidad esencial de Israel, sobre su ilegitimidad y su criminalidad: en Jenin, en Gaza, hubo sucesivos genocidios, y el Estado de Israel sufre de un racismo institucional que es la esencia misma de su existencia. Estos mitos están omnipresentes y son compartidos tanto por la mayor parte de la clase política como por la opinión pública, Los perpetradores de actos antisemitas en suelo francés contar implícitamente con la razón y la legitimidad de sus actos.
Con respecto a la execración, la opinión judía común es menos consciente de ella porque se desarrolla en la literatura, los ensayos, las revistas, la universidad. Es necesario también, y en dichos medios, tener un espíritu afilado y atento para percibirla, y es que tiene como objetivo principal al judaísmo como religión, pensamiento, cultura y sociedad. Se podría decir que desde esos ámbitos de cuestiona el prestigio de la identidad judía, su honor, todo ello sin tener en cuenta la verdad histórica y la competencia académica.
Ahora bien, son los mismos lugares de la producción cultural los que están afectados. Es necesario saber que, en las universidades, en los Institutos de Estudios políticos, se despliega un discurso que acredita la versión palestina de los hechos como referencia básica, y sin ninguna confrontación posible con otras tesis, y esto llega hasta el College de France. Generaciones de estudiantes que más tarde asumirán responsabilidades políticas, son formadas en esta nueva doxa oficial y alimentados de una versión viciada de la historia.
Más generalmente, ya sobre los planes de estudio y destino de los estudiantes, elegir como sujeto del doctorado una materia que tenga relación con los judíos (cualquier materia que sea) equivale hoy en día a un suicidio profesional, y es que les condena a estar excluidos de los jurados de selección para los raros puestos universitarios en concurso, y todo ello bajo el pretexto o la acusación de “particularismo y estrechez de espíritu”, o bien por la “elección ideológica (religiosa)”. Ya no se estudian los temas judías como se estudia la América latina o el mundo... árabe.
El descrédito se ejerce en primer lugar, por supuesto, sobre el judaísmo, cuya destrucción simbólica es alegremente perpetrada en libros, revistas, informes de prensa, salvo rarísimas excepciones. Si ustedes examinan con detalle el lugar que se le reconoce al judaísmo y la manera en que se trata (notablemente en toda esa prensa dedicada a las religiones, y de hecho y de partida, prensa católica, que produce dossier y números especiales sobre las religiones, movimientos espirituales y civilizaciones), observarán el tratamiento desfavorable del que es continuamente objeto, a menudo llevado a cabo por especialistas judíos (existe toda una corriente de autodestrucción del hecho judío en los propios estudios judíos, y sobre un plano internacional, y tiene bastante que ver con el post-sionismo y el alterjudaísmo o post-judaísmo).
Por contra, el Islam ocupa cada vez más un lugar central y abusivo. Se tiene la impresión de que el reprimido tabú sobre el Islam, a base de las amenazas de terror, se vierte ahora sobre el judaísmo, juzgado mucho menos “peligroso” y en el nivel más bajo de su prestigio.
Toda una gama de intelectuales e investigadores judíos es objetivamente excluida de dicha prensa. Ni se da cuenta de sus trabajos, ni de sus intervenciones. Esta actitud se reitera desde hace unos 10 años, hasta el punto que se dice que debe existir una lista negra que descarta a los autores no complacientes con el discurso oficial o el escenario de rigor que presentan los medias en materia judía. Estos hechos son estadísticamente demostrables, tanto en lo que se refiere al ámbito escrito como audio-visual (las radios y las TV públicas, con respecto a estas actitudes, se sitúan en la cumbre). Y es que la atmósfera de inamistad hacia la identidad judía no es resultado del azar.
Pero también existe una vertiente dentro de la edición generalista. Cierto, la edición está en crisis general y el lector judío exigente es muy limitado. Así pues, esta temática se encuentra por debajo del umbral de rentabilidad comercial requerida por una gran editorial, por lo que las posibilidades de publicación de libros de temática judaica (si exceptuamos la marea relacionada con la Shoah) se restringe cada vez más. Es necesario realizar una comparación, aquí también, con el diluvio editorial concerniente al Islam, para conocer cual es el criterio de evaluación.
Dicho esto, estos últimos años ha florecido una literatura de un género muy especial que utiliza un pseudo criticismo del judaísmo como religión, bajo unos trazos que conjugan crueldad, violencia y engaño, y a veces paganismo. Así, la religión del Israel antiguo sería la fuente de todas las violencias, de los genocidios, del odio al Otro, de la crueldad sagrada. La última semana, Le Point ha publicado un artículo de tres páginas del autor de moda Michel Onfray para defender el quinto libro (Qui est Dieu?) de una serie muy violenta sobre el judaísmo de Jean Soler, donde se centra notablemente sobre su vertiente sanguinaria y odiosa. Michel Onfray cita una frase de ese libro: “el nazismo del Mein Kampt sigue el modelo hebraico al cual no le falta ni incluso Dios”, lo que ya nos dice bastante del tenor del libro.
La manera por la cual previene las criticas que desencadenará tal discurso, muestra muy bien la pirueta retórica mas extendida para excluir de una vez el punto de vista judío: “la acusación de antisemitismo es la que más a menudo suscita sus investigaciones. Es el insulto más eficaz para desacreditar el trabajo de toda una vida de un hombre”.
Así se cierra el bucle entre lo que piensa Al-Jazeera y lo que piensa una cierta Francia: el “genocidio de Gaza” ya estaba inscrito en el judaísmo, y por lo tanto el Estado de Israel es nazi.
En tanto los judíos no defiendan su honor, en tanto no se muestren celosos de su reputación, no se observa cómo ni por qué ni cuando cesará este maltrato, esta violencia simbólica. Este maltrato simbólico se anuncia como el primer paso hacia el postrer golpe que recibiremos. No podemos contentarnos extrayendo esta única lección general de la realidad. Se vuelve necesario constatar el grado de dimisión del judaísmo francés de cara a los desafíos que se presentan en su horizonte.
Estas cuestiones deberían en primer lugar concernir al Rabinato francés. ¿Pero dónde están los rabinos? ¿Dónde está el Gran Rabino? No es posible que la solución que se instale definitivamente sea el habitual reparto de tareas entre esos que siempre presentan pelea, y que por lo tanto no recogerán más que reprobaciones, y esos otros que se limitarán a pontificar en el escenario mediático sobre la “ética” y lo políticamente correcto.
UPJF
Labels: judaísmo francés, Trigano
0 Comments:
Post a Comment
<< Home