Wednesday, July 11, 2012

El caso Eichmann (¿y el caso Arendt?) - Regards / CCLJ



Adolf Eichmann fue ejecutado hace cincuenta años, el 1 de junio de 1962, en una prisión cercana de Tel Aviv. Ningún otro como este criminal nazi ha encarnado el Holocausto. Michael Prazan, escritor y director de documentales, y Claude Klein, profesor de derecho público israelí han intentado extraer un balance del proceso contra este especialista de la exterminación de los judíos europeos.

- ¿El juicio de Eichmann debía cumplir alguna otra función además de juzgar a un hombre por los crímenes que cometió?

Michael Prazan: Aunque juzgar a Eichmann por los actos que cometió constituye un acto en sí mismo lo suficientemente importante, no se trataba de la única apuesta de este proceso. Se iba a celebrar en Israel y se iba a permitir contar a través del testimonio de los supervivientes la integralidad de ese genocidio. Es la razón por la cual, durante la fase de preparación, se decide filmar y grabar el juicio y retransmitirlo casi en directo. Cuando Ben Gurion anunció ante la Knesset el 23 de mayo 1960 que los servicios de seguridad habían arrestado a Eichmann, declara desde el principio que este ensayo será el "Nuremberg del pueblo judío".

Claude Klein: Hay en realidad dos procesos paralelos o concomitantes que tienen lugar en Jerusalén. Uno de ellos es el de Adolf Eichmann y el de sus responsabilidades propias de sus funciones dentro de la jerarquía nazi, y el otro proceso es a la Shoah. Exagerando apenas, incluso podría incluso decir que no tienen nada que ver el uno con el otro, en la medida en que el proceso a la Shoah cubre numerosos hechos y acontecimientos sobre los cuales Eichmann no tenía responsabilidad alguna. En 1961, el Estado de Israel ha querido presentar y mostrar al mundo lo que fue realmente la Shoah. Nunca debemos perder de vista que en esa época se hablaba – y se conocía - muy poco de la Shoah y muy pocos libros habían sido publicados sobre esa página oscura en la historia de Europa. Fue solamente después del juicio de Eichmann que los trabajos más importantes se han consagrado a la Shoah.

- En "Eichmann en Jerusalén", ¿Hannah Arendt aporta una interesante perspectiva sobre Eichmann?

M. Prazan: No. Ella no comprendió nada, ni a Eichmann ni al proceso. Ella tampoco comprendía a Israel. Todas esas incomprensiones han orientado en gran medida su percepción del proceso. Hannah Arendt llegó a Jerusalén con unos prejuicios de los que nunca se desprendería. En cuanto al fondo de su interés, ella quería que este juicio fuera una ilustración de lo que había desarrollado en “Los orígenes del totalitarismo”. De esta manera, no pudo penetrar en la verdadera naturaleza de un criminal como Eichmann. Y luego estaba todo lo demás. Ella detestaba a Israel, al que consideraba demasiado oriental. Ella estaba impulsada por una increíble conciencia de clase de cara a los judíos polacos [N.P.: en general, como de origen alemán, se manifestaban ante los judíos de Europa del Este y los judíos orientales o sefardíes]. A excepción de los tres jueces (de origen alemán, como ella), nada en este proceso y en Israel satisfacía sus criterios elitistas de Yekke (judío alemán en yiddish). Para ella, ese proceso era tan mediocre y vulgar como lo era Israel. Finalmente, existía un problema metodológico: ella no asiste más que a las primeras sesiones del proceso. En ningún momento oirá a Eichmann defenderse y luchar con vehemencia contra el fiscal y los jueces. En esos pocos días que acude no retiene de Eichmann más que la imagen de un pequeño señor impasible en su jaula de cristal. Desde esta perspectiva, Eichmann se presenta como un ser banal y ordinario. Y ella no pondrá jamás en cuestión ese juicio inicial sobre el proceso y Eichmann, incluso cuando toma conocimiento de las minutas del proceso para la redacción de su libro “Eichmann en Jerusalén”.

Cl Klein: Es casi temblado que critico a esta gran personalidad del siglo XX que sigue siendo un icono en París o en los Estados Unidos. Sin tratar de justificarme, es necesario de entrada recordar que los principales expertos consideran que su libro “Eichmann en Jerusalén” es el peor libro de Arendt. Tanto en su correspondencia como en este libro, se puede ver hasta que punto Arendt es presa del sentimiento de superioridad de los Yekke. Y esta "yekkitude" la conduce a mirar por encima del hombro a los judíos de Europa del Este (Ostjuden). Como los tres jueces del tribunal hablaban perfectamente el alemán, ¡ella estimaba que el proceso podría haberse celebrado en ese idioma y no en hebreo! [N.P.: nada menos que el idioma de los verdugos]. Además, formula comentarios inapropiados y despectivos contra los judíos polacos [N.P.: se refiere a ellos generalmente como galitzianos, la provincia más pobre de Polonia, y como un ataque encubierto dirigido a los líderes sionistas, la mayoría de ellos de origen polaco, además de bielorruso y ruso, judíos ostjuden en definitiva].

Esto se manifiesta claramente a través del desprecio que muestra hacia el Procurador General o fiscal Guidon Hausner. En una carta dirigida a Karl Jaspers, ella le describe a Hausner como a un poco relevante y gesticulador judío galitziano, que comete constantemente faltas en el lenguaje, y que para Arendt es “sin duda uno de esos individuos que no conocen realmente ningún idioma". De manera general, hace prueba de bastante mala fe.

- ¿Se equivocó Arendt forjando el concepto de la "banalidad del mal"?

Cl Klein: Sí, incluso si esa expresión no es más que el subtítulo del libro, "Informe sobre la banalidad del mal". Por otro lado, la expresión nunca se utiliza en el libro. Ella la añadió en la segunda edición en unas pocas líneas. Ella tampoco explicita jamás lo que entiende por "banalidad del mal". Este subtítulo ha adquirido lamentablemente una gran celebridad. Si queremos ser justos con Hannah Arendt, debemos rechazar categóricamente la idea de que sufría de auto-odio judío u odio de si. Al igual que ella nunca ha considerado a la Shoah como algo trivial. El problema es que ha construido su razonamiento sobre la base del experimento de Milgram [N.P.: El fin de la prueba era medir la disposición de un participante para obedecer las órdenes de una autoridad aun cuando éstas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal] y la sumisión a la autoridad: una persona situada en una posición de sumisión a la autoridad es capaz de cometer los actos más atroces. Aplicando estas ideas a Eichmann, ella se equivoca totalmente. Ella presenta a Eichmann como un pequeño señor banal y anodino. Pero éste no es el caso. Eichmann tuvo de cabeza al fiscal Hausner durante los contra interrogatorios, e incluso se apuntó varios puntos ante él. Arendt llega incluso a escribir que si lo llevábamos al límite, Eichmann no era antisemita y que habría hecho cualquier cosa para demostrar que era un oficial obediente y entusiasta. Ella se equivoca. Eichmann era un antisemita y su adhesión a la ideología antisemita nazi es crucial. Para él, Alemania debía imperativamente librarse de los judíos.

Mr. Prazan: Su ambición era mostrar que el caso Eichmann ilustraba la teoría que había desarrollado en su obra “Los orígenes del totalitarismo”, llegando a desresponsabilizar a los verdugos ante un entorno y un marco que les sobrepasaba aplastándolos. A causa de su impresión muy parcial de Eichmann, Hannah Arendt no pudo tener más que una percepción equivocada de ese criminal y presentarlo como un personaje banal, carente de pensamiento y sometido a la autoridad.

- ¿Este proceso está profundamente arraigado en la memoria colectiva del mundo?

Mr. Prazan: Han transcurrido cincuenta años y otros procesos se han llevado a cabo. Pero eso no impide el que ese juicio siga siendo un acontecimiento fundador para la conciencia histórica mundial. Basta con mirar el número de libros publicados sobre esta cuestión. El mérito es de dos hombres: del cineasta Leo Hurwitz, que capta y difunde simultáneamente el proceso, y de Milton Fruchtman, productor de la película que marcará sobre todo a las cadenas de televisión de EEUU y Alemania. Gracias a su difusión televisiva, este proceso se convertirá en un evento global y tendrá un considerable impacto en las conciencias. Tanto es así que sin la mediación del juicio a Eichmann, no habría existido el Mayo del 68 alemán. Toda una juventud alemana educado en el tabú y en el silencio sobre el genocidio tomará consciencia a través de este proceso de lo que sus padres habrían cometido durante la guerra. Inmediatamente, esta juventud interroga a la generación de sus padres de una manera más acusadora y violenta para tratar de entender lo que pasó. El juicio de Eichmann encabezó, en un cierto sentido, una revuelta que tendrá su apogeo al final de los años 60.

Cl Klein: En Israel, el problema no se plantea. Aún doy un seminario sobre el juicio de Eichmann en la Facultad de Derecho de la Universidad de Jerusalén y he descubierto que todos mis alumnos saben de memoria el famoso pasaje de la apertura de la acusación del fiscal Hausner. Sin embargo, si se les preguntara acerca de Herzl, algunos serían capaces de responder que vivió en el siglo XVII. El juicio de Eichmann ha influido profundamente en la conciencia histórica de Israel. Con respecto a la opinión pública mundial, tengo la sensación de que ese proceso ha comenzado a experimentar un relativo olvido. En el actual clima de deslegitimación del Estado de Israel, recordar de manera frecuente el juicio a Eichmann "podría", según los críticos de Israel, dotar de un plus de legitimidad al Estado judío, la cual reposaría únicamente, según sus detractores, sobre la Shoah.

CCLJ

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