Sunday, January 06, 2013

Los "progresistas" de Al Jazeera - Jonathan Tobiin - Commentary



La venta de la cadena de Al Gore (Current TV) a Al Jazeera es al parecer algo más que un buen negocio en el que el crítico más prominente a nivel mundial de los combustibles fósiles hace una fortuna vendiendo su cadena de TV a un emirato rico en petróleo. Según el editorial del New York Times, la creación de la nueva red Al Jazeera América podría ser beneficiosa para una mayor diversidad periodística. El NYTimes siente que Time Warner Cable comete un error prohibiendo al nuevo canal su línea de transmisión. La implicación es que aquellos que han expresado su sorpresa o indignación ante el espectáculo de un ex vicepresidente de los Estados Unidos convirtiéndose no solamente en un socio comercial, sino en un defensor de una red que es bien conocida por su sesgo anti-estadounidense y anti-israelí, han demostrado una mentalidad bastante estrecha o de alguna manera sus prejuicios contra los árabes y los musulmanes.

La idea de que el disgusto general ante los 100 millones de dolares que ganaría Al Gore procedentes del petróleo árabe sería una evidencia más del provincianismo estadounidense o de los prejuicios anti-árabes, resulta absurda. Nadie está tratando de censurar a Al Jazeera. Si hay suficientes espectadores estadounidenses que quieren ver las noticias emitidas desde la perspectiva de los dueños de este canal propiedad del gobierno de Qatar, rápidamente los proveedores de las lineas por cable se disputarán su emisión y será bienvenida. Pero eso no obliga a Time Warner o a cualquier otro distribuidor a darle uno de sus valiosos espacios en su lista de canales disponibles si no hay espectadores suficientes para justificar tal decisión. Después de todo, aquellos que quieren ver el mundo desde el punto de vista de aquellos que promueven los mitos del 11-S y que simpatizan con aquellos que lucharon contra los EEUU en Irak y Afganistán, siempre podrán ver Al Jazeera en Internet o encontrar otros nichos atípicos donde captarlo.

La verdadera cuestión aquí no es el falso argumento sobre la diversidad. De lo que se trata realmente es de lo que significa hoy en día ser un liberal o un progresista en el entorno actual de los medios de comunicación. Como señaló ayer Alana Goodman, Gore se negó a vender su canal al periodista conservador Glenn Beck (de la Fox News), diciendo que no quería ver como su proyecto caía en manos de aquellos con los que no estaba de acuerdo con sus políticas. Me parece justo. Pero el hecho de que para Al Gore la cadena Al Jazeera sí sea un buen partido para su tipo de liberalismo y progresismo americano, nos dice mucho acerca de la naturaleza de ese conjunto de creencias.

La mayoría de los estadounidenses todavía piensa en Al Jazeera como en una red que se convirtió en el punto de venta de Osama bin Laden para el mundo en los años posteriores al 11-S. Desde entonces, es cierto que se ha ganado una reputación en algunos círculos como la "mejor fuente de noticias" sobre el mundo árabe y musulmán, especialmente durante las protestas de la Primavera Árabe. Sin embargo, su sesgo y su perspectiva sigue siendo una en la que los Estados Unidos e Israel son puestos en la picota rutinariamente y ciertos grupos terroristas como Hamas y Hezbollah son presentados como combatientes por la libertad.

Lo preocupante no es que Al Jazeera sea capaz de persuadir a la mayoría de los estadounidenses para que compre esta visión sesgada del mundo. Lo preocupante es que Al Gore y otros liberales y progresistas, como los editorialistas del NYTimes, parezcan creer que hay una conexión entre esa perspectiva y la del liberalismo y progresismo norteamericano contemporáneo.

A pesar de que la abrumadora mayoría de los estadounidenses rechazan esos puntos de vista y son firmes partidarios de Israel, las encuestas siempre han demostrado que los liberales y los demócratas son menos propensos a apoyar al Estado judío que los conservadores y los republicanos. Al principio de su carrera política, Al Gore fue visto como el líder de la próxima generación de demócratas, y por aquel entonces a Al Gore nunca se le ocurrió meterse en la cama con Al Jazeera. Pero en su encarnación actual de hipócrita y especulador mercachifle ambiental, parece reflejar la forma en que la izquierda ha abandonado los principios que una vez unieron a los demócratas y a los republicanos en política exterior. Aunque los conservadores y los liberales tienen mucho de que discutir, uno habría esperado que permanecieran unidos en su rechazo contra el tipo de sesgo periodístico del que Al Jazeera es un ejemplo. Si efectivamente existe una conexión entre las opiniones de Al Jazeera y el liberalismo y progresismo americano contemporáneo, se trataría de una enfermedad de la izquierda que debería preocupar a todos los estadounidenses.

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